Inicio - New Hope Club - Love Again
Nosotros dos dejamos de vernos. Yo me fui, y durante un año nos desconectamos casi por completo de la vida del otro. Yo no sabía casi nada de él, y él no sabía casi nada de mí. Fue por paz mental, por intentar avanzar. No porque dejáramos de querernos.
Evan estaba en otra dimensión ahora. La fama lo había alcanzado de golpe, su voz, su guitarra, su imagen, todo era observado, seguido, esperado. Tenía que cumplir horarios, entrevistas, ensayos... y yo no podía competir con eso. Así que decidimos poner nuestra relación en pausa. Fue doloroso, pero necesario.
"Hay amores que nunca terminan", decía su voz en mis auriculares. "Aunque se separen, siguen conectados, aunque sea a kilómetros de distancia o tras meses de silencio. Miran por la ventana y se preguntan: ¿Qué estará haciendo en este momento? Sienten, sin certeza, que ninguno ha olvidado al otro. Y aunque el tiempo pase, parece solo una pausa, esperando el momento de reunirlos otra vez... Soy Evan, de Ultravioleta. Escribimos esta canción para esos amores. Que la disfruten."
La voz se desvaneció, y segundos después la melodía de "Pausa" comenzó a sonar. Era una canción que hablaba de parejas separadas por mil razones, de amores que no se olvidan aunque la vida los mantenga distantes.
Evan había sido elegido por una disquera para formar parte de una banda. Él era el vocalista principal y también tocaba la guitarra. Tres chicos más se unieron después, y así nació Ultravioleta, un grupo de pop-rock que rápidamente se convirtió en un fenómeno. Su éxito era tan grande que cada entrevista, concierto, post en redes sociales parecía recordarme que ya no podía tenerlo cerca.
Durante ese año, yo no había dejado de pensar en cuánto lo quería, en cuánto lo extrañaba. Aunque habíamos puesto pausa a nuestra relación, mis sentimientos seguían intactos. Pero no podía retenerlo, no podía robarle su libertad y permitirle explotar, cuando el me había dado esa libertad a mi.
A menudo tenía problemas para dormir y, en mis noches de ansiedad, lo llamaba a las tres de la mañana. Un Evan somnoliento siempre trataba de calmarme y prometía que, cuando yo aterrizara, estaría esperándome en el aeropuerto con un gran letrero.
Pero ahora, ya no lo veía como una opción.