The Way I Loved You (bkdk ONE-SHOTS)

Summary

•Serie de one-shots del ship bakudeku, conformado por Katsuki Bakugo e Izuku Midoriya del manga y anime 'Boku no Hero Academia'. •Cada capítulo nos cuenta una historia diferente, por lo que habrá distintas temáticas y situaciones las cuales pueden seguir la historia original. Sin embargo, también se explorarán otros temas y universos que se desvían por completo de lo oficial. •Personajes originales del anime/manga 'Boku no Hero Academia', creado por Kōhei Horikoshi. •La imagen de la portada no me pertenece, he tratado de buscar al artista, pero no lo he encontrado. ¡Si alguien lo sabe, que se ponga en contacto conmigo y así doy créditos!

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

1- La carta

Premisa: Este capítulo está inspirado en el episodio 327 del manga.

Tal y como se fue, Deku regresó a la U.A., o más bien fue convencido y arrastrado por sus compañeros de clase, los cuales se mostraron muy implicados en hacer que este último volviese, pues como era de esperar, estaban preocupados por el joven.

Un hecho comprensible, considerando que el peliverde lucía agotado. Su cara reflejaba el cansancio que había acumulado en las últimas semanas.

Por no hablar de las ojeras que se postraban en la parte inferior de sus ojos. Estos también parecían cansados, y por desgracia y durante un largo periodo de tiempo, perdieron el brillo que tanto los caracterizaba.

Además, aunque había ganado músculo, Deku estaba más delgado que de costumbre. Seguramente no se alimentó de forma adecuada, aunque nadie se lo recriminó.

Sabían que pocas veces tenía en cuenta sus propias necesidades, ya que siempre anteponía al resto.

No es que el muchacho estuviera irreconocible, sin embargo, sí que es cierto que su apariencia había experimentado ciertos cambios. Cambios que Bakugo percibió al instante.

Y más ahora que ambos se encontraban en las duchas comunes de la academia. Sus compañeros se marcharon. Aquellos dos tenían mucho de lo que hablar, así que les cedieron unos minutos para que arreglaran sus asuntos en privado.

No obstante, el tiempo comenzó a transcurrir y ninguno soltó prenda. Era como si sus bocas hubieran sido selladas mediante un hechizo.

El ruido monótono de las gotas de agua que caían siguiendo un ciertotempose hacía cada vez más presente y se entremezclaban con un extraño, pero no incómodo, silencio.

Una cálida atmósfera había inundado el lugar.

Los jóvenes yacían completamente desnudos, aunque el nivel de agua era el suficiente como para taparlos de cintura para abajo.

El rubio estaba de espaldas, tratando de ocultarse de algo, o más bien de alguien.

Por otro lado, un chico de ojos resplandecientes y verdes como el mismísimo jade, observaba con atención la ancha y ejercitada espalda del contrario.

Se fijó en sus fornidos hombros, su estrecha y delicada cintura, el tono pálido de su piel y su esbelta figura en general.

Pero lo que más le intrigó fueron las múltiples cicatrices que estaban desperdigadas por las diferentes partes de su cuerpo.

Fue justo en aquel momento que un flashback azotó su mente por completo, dejándolo en blanco. Incluso palideció al rememorar aquel fatídico día.

Su cerebro lo visualizó: se veía a él mismo enfrentándose a Shigaraki, cuando, de repente, alguien lo había apartado de un sopetón. Sus ojos se cerraron por inercia, pero cuando los abrió de nuevo, deseó que aquello fuera una pesadilla.

Sin embargo, la realidad era esa; el torso de Bakugo había sido atravesado cruelmente. El peliverde se quedó estático, contemplando la cara de su amigo de la infancia, que reflejaba el pánico y la determinación que estaba sintiendo.

Lo último que vio antes de perder la razón fue el cuerpo inerte de Bakugo cayendo al vacío.

El flashback finalizó.

Su corazón se oprimió con fuerza. Segundos después, y aun mirando fijamente la espalda del rubio, rememoró cómo se disculpó ante él bajo la lluvia y el oscuro cielo, rodeado por sus otros compañeros de clase.

Recordó como agachó la cabeza y pidió perdón por todo el mal que le causó en el pasado. Jamás lo había visto tan vulnerable. Hasta lo llamó por su primer nombre con una calmada voz. Hacía años que no se refería a él de ese modo.

Una especie de electricidad recorrió cada ápice de su cuerpo al repetir aquella escena en su cabeza. Sin duda alguna, era demasiado para asimilar.

También pensó en todo el esfuerzo empleado por sus compañeros para traerlo de vuelta. Se sintió agradecido, pues contaba con buenos amigos que se preocupaban por su bienestar.

Deku no apartó su vista de Bakugo.

—Oye —intervino serio.

El peliverde se sobresaltó al oír su voz. Aún no se acostumbraba a aquel tranquilo tono. Y a decir verdad, Deku creía que Bakugo tenía una voz muy armónica, relajante y casi adictiva.

—¿Sí, Kacchan? —respondió nervioso.

—Puedo notar como me perforas la espalda con tus ojos, ¿eres un acosador o algo?

Se giró y ambos quedaron cara a cara.

Deku soltó una risilla.

—Lo siento —comentó.

Sus miradas se cruzaron en un instante fugaz. El rojo pasión chocó contra un verde esperanzador.

El joven echó un vistazo al torso del rubio, que se veía cubierto por una extensa cicatriz. Deku hizo una triste mueca. A continuación, abrió la boca, pero las palabras no salieron.

Bakugo se dio cuenta de su comportamiento y enseguida se acercó al chico.

—Si hay algo que quieras decir, suéltalo de una maldita vez —declaró, irrumpiendo el nuevo silencio que se había formado.

—Yo... —murmuró y no supo cómo continuar.

Se aproximó al rubio, dejando una inexistente distancia entre ellos, y posó su mano cubierta de rasguños sobre el pecho desnudo del otro muchacho. Deku palpó la suave, pero dura superficie, y suspiró.

Ante el repentino contacto, Bakugo se estremeció. Hasta se le escapó un latido, cosa que lo dejó atónito.

El peliverde recorrió con su dedo la parte en la que se hallaba la cicatriz y la acarició con delicadeza. El rubio ató cabos y comprendió por qué estaba actuando de ese modo.

—Kacchan —susurró—. Prométeme que no volverás a ponerte en peligro, que no arriesgarás tu vida, y menos por mí.

El adolescente lo contempló con incredulidad.

—No puedo prometer eso, Izuku. ¿Qué clase de héroe sería si lo hiciera?

—¡Pero...! Estuviste a punto de morir por mi culpa. ¡¿Cómo podría seguir adelante sabiendo que ya no estás?!

Lo que decía era cierto, pues Deku no podía imaginar un mundo en el que Kacchan no existiera.

Bakugo quiso responder, pero el peliverde continuó con su monólogo. Seguía teniendo la mano a la altura de su corazón.

—Esta cicatriz... Cada mañana, cuando te levantes y mires en el espejo, recordarás lo sucedido en aquella batalla. El insufrible dolor que sentiste, como tu corazón estuvo a punto de detenerse... ¿No lo entiendes? Esta cicatriz simboliza el día en el que casi moriste.

—No —negó en rotundo—. Simboliza el día en el queviviste. ¿Acaso crees que te culpo por ello? No seas tan arrogante, Izuku.

El cuerpo del nombrado se tensó y se percató de que su nombre era mil veces más bonito cuando era pronunciado por los labios del contrario.

—En aquel momento mi cuerpo se movió por sí solo. Fue un impulso. Mi instinto y cada célula de mi cuerpo gritaba que debía y quería protegerte, aunque eso significara tener que morir para lograrlo.

Los ojos de Izuku se llenaron de lágrimas. Sabía que el rubio tenía razón, pues él hubiese hecho lo mismo en su lugar. Lo habría salvado sin siquiera pensárselo dos veces.

Retiró su mano, la cual temblaba. Y cuando esto ocurrió, Bakugo notó como el frío invadía su piel.

—Yo solo... No quiero perderte. No quiero que desaparezcas.

Bakugo salpicó su cara con el agua de la bañera.

—Lo dice alguien que abandonó la U.A. sin siquiera consultarlo con los demás —expresó—. ¡Tan solo dejaste una puta carta! Que por cierto, la hice pedazos.

—¡¿Qué has hecho qué?! —espetó sorprendido—. Kacchan, ¿ni siquiera la leíste?

—Por supuesto que no. ¿Por qué leería las mismas mierdas que les escribiste a los demás extras?

—¡Porque tu carta era la única diferente! Había escrito cosas importantes... Cosas que deberías saber y otras que probablemente ya sepas.

El rubio arqueó una ceja.

—Si tan importantes eran, ¿por qué no me las dices ahora?

—¿Qué? Ni hablar. Podría morir de vergüenza.

Bakugo chasqueó la lengua para luego soltar una jocosa carcajada.

—Por Dios, ni que me hubieras escrito una carta de amor.

Sin embargo, Deku no se rio.

Permaneció callado mientras sus mejillas iban adquiriendo un tono rojizo, similar al de los ojos del rubio. Además, su cara ardía y el órgano encargado de bombear sangre latía desbocado.

Su reacción lo delató.

—Oh —anunció cuando al fin entendió la situación.

Se quedaron en silencio. Los latidos se adueñaron de la sala, y no solo los de Izuku, pues el corazón de Bakugo se unió a esta especie de recital.

Deku se volteó. Le dio la espalda y se desplazó por el agua con la intención de huir de ahí.

Antes de que eso sucediera, se hizo con el brazo del peliverde y lo sujetó con desesperación, casi rogando que se quedara con él.

Temía que se marchara para siempre. Se aferró a su mano y le proporcionó pequeñas caricias.

—Izuku, yo... —su voz se escuchaba temblorosa.

—Está bien, Kacchan. No tienes que sentirte obligado a corresponder mis sentimientos. Está bien —repitió—. Somos héroes después de todo. El amor no es algo que entre en nuestros planes.

—¿Qué mierda estás diciendo? Todo el mundo merece amar y ser amado. Incluso los villanos a los que nos enfrentamos diariamente.

Izuku se quedó en silencio.

—¡¿Y quién dice que nuestros sentimientos no son mutuos?! ¿Ya te estás rindiendo conmigo? Por favor, si ni siquiera lo has intentado —añadió enfadado—. Este no es el Deku que conozco.

Era mucho para procesar, pero, ¿acaso Bakugo Katsuki acababa de confesar que estaba enamorado de Izuku Midoriya? ¿O qué al menos sentía algo por él?

No. Debía estar soñando.

Aquello sin duda era un sueño, un muy buen sueño.

Bakugo pudo notar como la incertidumbre y las múltiples dudas se dibujaban en su cara. Es por eso que quiso solucionar las cuestiones que nublaban el juicio y atormentaban la mente del peliverde.

Colocó su mano en la cintura del adolescente y lo empujó hacia él, acortando los centímetros que los mantenían alejados. Ante tal acción, sus pechos chocaron con sutileza. Ambas pieles se tocaron y sintieron una intensa calidez.

Estaban cerca. Demasiado, pues podían percibir la agitada y descompensada respiración del otro.

Deku lo observó con interés. Su mirada descendió hasta los labios del rubio. Es aquí cuando Bakugo lo supo. Le estaba dando permiso para besarlo, o más bien, estaba suplicando que lo hiciera.

No le dio demasiadas vueltas. Se inclinó levemente e hizo realidad aquel beso que llevaban tanto tiempo anhelando.

Sus labios se rozaron con cuidado. Esta sensación era nueva para ambos. Nunca habían experimentado nada similar y jamás habían compartido una cercanía tan íntima con nadie.

Sus corazones revoloteaban como las alas de una hermosa mariposa monarca, mientras que una extraña electricidad circulaba por sus venas.

Sus labios colisionaron una y otra vez. Sus dientes se encontraron en alguna ocasión, al fin y al cabo no tenían demasiada experiencia. No obstante, esto no los detuvo.

Bakugo lo acercó aún más a él. Izuku suspiró al notar como la palma de su mano se deslizaba por su piel. El peliverde se aferró al rubio y no lo dejó ir.

Izuku lo sostuvo del cuello y profundizó el beso. Introdujo su lengua en la cavidad bucal del contrario e hizo que ambas lenguas se conocieran y juguetearan entre sí.

Bakugo se quedó quieto como un bicho palo. La sorpresa no tardó en hacerse presente. Le pareció curioso que el peliverde tomara la iniciativa. Aun así, no dejaría que este le ganara. No podía quedarse atrás.

Deslizó sus dedos adentrándose en el verdoso cabello de Deku y estiró de él sin ejercer demasiada presión.

El pecoso soltó un grito ahogado mientras continuaba besándolo con ganas. Sus lenguas seguían luchando a la vez que las manos de Bakugo mimaban la espalda del contrario.

Izuku sentía que estaba en las nubes y que pronto se desmayaría de lo bien que se sentía. Los labios de Bakugo eran perfectos. Quería, no, necesitaba aferrarse a ellos para siempre. El rubio opinaba lo mismo.

Ambos estaban a punto de ahogarse, ya que rara vez paraban para llenar sus pulmones de aire. ¿La razón? No querer separarse.

Hacía calor, y no solo por el sitio en el que se ubicaban. Tampoco se debía a la elevada temperatura del agua. Sus caras estaban enrojecidas y sus respiraciones se entremezclaban con frecuencia.

Se alejaron un poco para recobrar el aliento. Y cuando volvieron a sus sentidos, se quedaron callados. Las piernas de Izuku temblaban como un flan y su expresión avergonzada delataba todo lo que estaba sintiendo.

Por otro lado, Bakugo estaba igual o incluso peor. Su corazón estaba desatado. Creía que le iba a dar un infarto. Y como no sabía disimular sus nervios, el rubio salpicó de nuevo la cara del joven para que no viese el rojo de sus mejillas.

Deku sacudió su cabello e inmediatamente sonrió. Esto produjo que más latidos surgieran del corazón de Bakugo.

—No te rindas tan fácilmente, idiota —volvió a decir. Deku no sabía si se refería a él o a todo en general.

—Y mantén tus ojos puestos en mí, Izuku —añadió.

Esto lo sorprendió.

—Kacchan, nunca he dejado de mirarte. ¿Lo sabes, no?

El nombrado se quedó parado y desvió la mirada. Una risita salió de los labios de Deku y a continuación, besó la mejilla del rubio, demostrando todo su amor en este efímero beso.

Antes de que Bakugo pudiera reaccionar, la puerta se abrió de sopetón, interrumpiendo la escena y asustándolos. Era Kaminari, el cual anunció que la hora de cenar había llegado.

—A las nueve. En mi habitación. Y más te vale ser puntual —le susurró al oído.

A Izuku se le salió una sonrisa tonta y asintió con emoción.

Bakugo se levantó de golpe y se encaminó hacia la salida. Cuando iba a cruzar la puerta, Kaminari se dirigió a él:

—¿Bakugo, estás bien? Tus orejas están rojísimas—rio.

—Cállate o te exploto la cara —gruñó y se fue caminando con el corazón a mil.

Kaminari miró a Deku el cual estaba embobado y sonriendo como un idiota enamorado.

—Vaya dos... —dijo en alto.

Cuando la luna se elevó, la oscuridad de la noche llegó junto a ella. Y tal y como habían planeado, Izuku fue al cuarto de Bakugo.

Una vez allí, hicieron palomitas y vieron películas de All Might, las cuales ya habían visto miles de veces cuando eran pequeños.

Dialogaron y se pusieron al día, se sinceraron acerca de sus sentimientos, arreglaron malentendidos del pasado, hubo alguna que otra lágrima por parte de ambos y finalmente se escucharon varias carcajadas que resonaron por toda la habitación.

Siguieron hablando hasta quedarse dormidos el uno al lado del otro.

Y es aquí cuando Deku supo que por fin estaba en casa.


Mil gracias por darle una oportunidad. Ojalá os haya gustado. 🌷

¡Nos vemos pronto con más one-shots!