Mucho más que suerte

Summary

#HarryPotterWeek #Dia3 Harry ha conseguido la poción felix felicis, a pesar de que los medios no han sido demasiado éticos. Alguien lo sabe y no va a dejarlo pasar. Aviso: puro PWP, contenido slash, sexo explícito, voyerismo, chan adulto/menor, trío. Disclaimer: Harry Potter y todos los personajes y escenarios pertenecen a J. K. Rowling.

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1
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n/a
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18+

Capítulo único

Más que caminar iba pateando al suelo. Su enfado era de órdago.


Había ganado de forma poco justa y bastante Slytherin. Había engañado a Slughorn y fastidiado a Malfoy. Tampoco es para tanto, cualquiera de ellos habría hecho lo mismo.


¿Como se había enterado Snape? Seguro el mimado desteñido había ido a lloriquearle.


Menos de media hora después de la clase, el murciélago grasiento lo había interceptado en un pasillo, le habia hecho un legeremens y se había llevado el libro del príncipe mestizo y la poción felix felicis.


Ahora, pasadas las clases y la cena, se dirigía al despacho del actual profesor de DCAO, quien lo había citado. Quizás para que pudiera reclamar y defenderse. Seguro para regodearse y humillarme.


Tocó a la puerta y creyó alucinar. No estaba en absoluto preparado para aquella recepción.


Lo primero que sintió fue un aroma intenso a sándalo, canela y flores blancas. Severus Snape parecía recién duchado. Vestido con un pantalón negro, una camisa del mismo tono, abierta hasta la cintura, mostrando un buena parte del blanquísimo pecho, y descalzo.


Sin expresión alguna, el docente, volteó dejándolo en la puerta, aún abierta. Antes de cerrarla, Harry no pudo contenerse de echarle un buen vistazo a su profesor. Su largo cabello, aún húmedo, habia ondeado al girarse, sus hombros anchos y su cintura estrecha enmarcados por la tela negra lucían sumamente viriles. Las nalgas, redondas y perfectas, sobre las larguisimas piernas, marcadas por el ceñido pantalón, se bamboleaban levemente al caminar. Todo un manjar, quien lo iba a decir.


Se apresuró a seguirlo, como un buen cachorro, hasta un pequeño salón.


Allí le aguardaba una nueva sorpresa. Draco Malfoy, con un pantalón verde botella imposiblemente apretado, una camisa de seda plateada también abierta y el cabello platinado casualmente despeinado, lo miraba recostado sobre un largo sillón.


¿Como podría seguir enojado? ¿Quien necesitaba felix felicis estando en una habitación con un enorme diván y ese par de Adonis?


El rubio le hizo una seña para que se sentara casi pegado a él. No dudó un segundo en obedecer.


Frente a Malfoy había un vaso vacío de lo que parecía jugo de calabaza.


Tomó el que estaba de su lado y lo vació de un sólo trago, necesitado, sediento y con la garganta seca por la situación en la que se encontraba.


-Bien, señores, ahora que estamos los tres, podemos hablar de esta poción.


La voz grave, profunda, de tono bajo y con una leve inflexión desdeñosa, atrapó a ambos adolescentes. Más que su anormalmente relajada postura. Y mucho más que el ornamentado vial que sostenía en sus manos, y que era, teóricamente, el único motivo de aquella reunión.


—Profesor, estoy seguro que Potter hizo trampa. —sonaba a un discurso ensayado en el que ya no creía —Él és nulo en pociones, usted lo sabe— los ojos grises brillaban al pasar la mirada de un hombre a otro. Y no era rabia lo que había en ellos, precisamente. —La mejor poción, después de la suya, fue la mía.


—Le creo, señor Malfoy. Y sé que él hizo trampa. Sin embargo, su poción no fue perfecta y no merece éste premio.


—¿Me la devolverá entonces?- Harry sonaba decepcionado. ¿Pero porqué?


—Por supuesto... Que no— el adulto se regodeó en su respuesta. —la poción perfecta ha sido la de "el príncipe mestizo" y resulta ése que soy yo.


Miró fijamente a ambos muchachos mientras destapaba, sin ceremonia alguna, el pequeño frasco. —Estoy seguro de que cualquiera de los dos malgastaría esta maravilla para ganar un partido de Quiditch o algo similar. Yo la utilizaré para cumplir un sueño, un deseo prohibido y casi imposible.


Harry, hacía varios minutos que se sentía extraño. Acalorado, nervioso y excitado. Se fijó en Draco, quien, muy cerca de él, miraba a Severus con las pupilas dilatadas y las mejillas encendidas. Realmente sexy


Parpadeó varias veces sin querer creer a sus propios ojos. Severus Snape acababa de beber la poción felix felicis de un sólo trago y se lamía los labios.


Debería haberse puesto furioso, pero se puso duro. Increíblemente duro, como nunca había estado. Azorado buscó algo para ocultar su erección, aunque no parecía haber nada.


Estaba equivocado, en pocos segundos su entrepierna estaba totalmente oculta del profesor... Y totalmente atrapada por las manos de rubio que parecía retarlo con sus hermosos ojos ahora apenas con un pequeño aro de pura plata.


—Joder—jadeó el mayor tomando asiento frente a ellos —no esperaba que fuera tan rápido. —con una mano estilizada y fuerte recolocó su propio miembro que empezaba a crecer rápidamente. —Pueden seguir, no me molesta mirar, siempre que el espectáculo valga la pena.


—La valdrá.


El doble reto de los Slytherin sólo espoleó el deseo del Gryffindor, que se lanzó a besar la mandíbula y el cuello de Malfoy.


Sin embargo, a pesar del festin para su boca, manos y oidos, (Draco gemía deliciosamente bajo sus caricias) Harry no podia apartar la vista de Severus.


Le vio sonrerir con malicia y levantar la varita hacia él, mientras murmuraba algún hechizo.


Al instante sintió sus ropas cambiar.

Su túnica desapareció junto a su calzado, su corbata y, no puede ser verdad, su boxer. Su camisa era ahora una camiseta, de red dorada, que no dejaba nada a la imaginación. Aunque debía sentarle bien por el gemido del rubio y como había reaccionado lanzándose a morder sus pezones y pectorales a través de los agujeros.


Los pantalones seguían siendo grises, pero se habían ceñido a su cuerpo como una segunda piel. Tanto que su miembro palpitaba por salir y la costura trasera se clavaba, separando sus nalgas y rozando su ano.


—Señor Malfoy, ¿Sería tan amable de desnudarse para nosotros? —un nuevo pase de varita transformó la mesa ratona en una pequeña plataforma. —suba aquí, por favor, no queremos perder detalle.


El chico abandonó los enrojecidos pezones que habia degustado con fruición y docilmente subió a la plataforma.


Estaba ruborizado hasta la linea del pelo, aún así miraba sensualmente a ambos hombres mientras se terminaba de quitar la camisa. Ésta calló con un susurro a sus pies. No tiene la marca. Sin dejar demasiado tiempo para que lo admiraran abrió el primer botón del pantalón. Era evidente que tampoco llevaba ropa interior.


Harry, totalmente avergonzado cerró los ojos, pero la curiosidad fue más fuerte. Los abrió cuando escuchó el pantalón caer. Por un segundo creyó estar soñando. El chico que habia conocido en una tarima similar a aquella, el que le había ofrecido una mano, y una amistad, que él había rechazado. El que le habia hecho la vida imposible por 5 años, ahora le miraba, totalmente desnudo, con el cabello orlando su hermoso rostro y su miembro rosado, erecto por completo, pegado a su plano vientre, tan bello y orgulloso como su dueño.


—¿Lo deseas Harry? —no había arrogancia en su voz, solo anhelo. —tómalo.


—Yo, no..., bueno, si claro... —parecía que su rostro iba a combustionar en cualquier momento —es que yo nun... nunca lo he hecho.


—¿Quiere decir, señor Potter, que los rumores son ciertos? ¿El héroe es virgen? ¿O sólo ha estado con mujeres?


—Yo, no... —se negó a sentir vergüenza por algo que no era negativo en realidad. Miró a su odiado profesor, que está para comérselo el maldito, y lo enfrentó con valentía. —nunca había deseado hacerlo con nadie.


El "hasta ahora" estaba implícito en sus palabras y como tal lo tomó Severus.


—Bien, entonces le ayudaremos. Ustedes saben que enseñar es mi vocación —las palabras estaban cargadas de sarcasmo.


- Acérquense .


Ambos lo hicieron.


-De rodillas.


La orden fue acatada con mansedumbre.


El moreno sintió las miradas gris y verde devorar su cuerpo y, aún así, no retiró prenda alguna. Sin prisa desprendió uno a uno los botones de su pantalón. Un precioso miembro, largo, grueso y sonrosado se balanceo, húmedo de preseminal, ante los chicos. Severus acarició la cabeza rubia.


—Pruébalo, Draco. Muéstrale como se hace.


Harry no podía creer lo que estaba viviendo. Draco Malfoy, completamente desnudo, de rodillas en el suelo y lamiendo la polla de Severus Snape.


Y lo estaban gozando. Draco había engullido el grueso miembro hasta la mitad y lo mamaba con deleite, mientras Snape, con los ojos entrecerrados, guiaba a su alumno gimiendo bajito.


—Pruébalo Harry. —su nombre en labios del rubio se sintió correcto y sucio a la vez. Tomó la gruesa verga y comenzó a chuparla tímidamente. En pocos segundos ganó la confianza necesaria para tragar una buena parte y masturbar el resto con una mano.


Malfoy, Draco, lo miraba deseoso, con la respiración entrecortada, lanzando, a cada rato, tentativas lamidas que unas veces terminaban en el miembro del adulto y otras en los labios del otro muchacho. Harry buscó los labios y recibió un delicioso beso con abundante lengua y saliva. Al separarse Draco tomó la turgente virilidad de su profesor en la boca. Sin perder un instante Harry hizo lo mismo con el hinchado falo del rubio.


Los gemidos lo estaban haciendo delirar. Un sonido gutural, casi un rugido abandonó los labios de su profesor. Cuando se fijó en él pudo ver su rostro congestionado por el placer, ojos cerrados, labios entreabiertos. Su cuerpo curvado y convulsionando en la boca del rubio.


Harry soltó el delicioso pene de Malfoy y se lanzó ansioso a su boca, buscando el sabor de la esencia de Severus.


—Buen chico, Draco. Ha sido realmente agradable. Por eso vas a tener una maravillosa recompensa. —Severus lo miraba con ojos angostados y una sonrisa perezosa. —vas a desvirgar al heroe. ¿No es magnífico? Lo haría yo mismo, pero necesito unos minutos para recuperarme y no creo que él pueda esperar.


Era cierto. Harry estaba a punto de estallar. Se había retirado al diván y los miraba mientras frotaba su miembro sobre el pantalón y gemía apenas.


Draco se acercó con andar felino. Su miembro humedo, húmedo de mi saliva, se mecía ante sus ojos. Se lanzó a violar la jugosa boca sonrosada y dulce. Mil manos vagaban por su cuerpo, mesando, apretando, acariciando, marcando toda su piel y retirando las escasas ropas.


Sabía que no era sólo Draco quien lo tocaba, pero cuando otro par de labios, cálidos y mullidos, se unieron al juego erótico, paseando por sus caderas, no pudo contenerse y un lloriqueo, surgido de lo más hondo de su pecho, chocó contra la boca del rubio.


—En cuatro señor Potter —el tono formal y esa voz profunda le enajenaban.


Adoptó la postura indicada, a pesar de la feroz turbación que sentía. Un susurro a su espalda y sintió frescor y humedad en su trasero.


—Un par de hechizos muy útiles. —Severus utilizaba su voz de docente, como si se hallara frente al pizarron dispuesto a comenzar la clase y no frente a dos de sus alumnos, completamente desnudos. —limpieza y lubricación— Dos alumnos a los que, como premio por hacerle una mamada, iba a enseñar como follarse uno al otro. Ojalá y también me muestre la parte práctica.


—Ahora que lo tiene preparado, señor Malfoy, debería comenzar con un rimming.


¿Un que? ¡Joder! ¿eso es la lengua de Malfoy dentro de mi culo?


—Potter, ¿Cuantas veces me has dicho "chúpame el culo" mientras peleábamos? —el aliento calido rozaba su muy sensible entrada.


—Mu... Muchas ahh.. veces.


—Y ¿recuerdas mi respuesta cada vez?- alternaba lengüetazos y palabras.


¿Como cojones quiere que recuerde algo en este momento? —De.. Decías "Que te den".


—Exacto, y voy a hacer ambas cosas, con mucho gusto. —Su supuesto rival había recuperado la arrogancia que parecía olvidada y ese hecho, paradojicamente, excitó a Harry más que las pálidas manos que separaban sus nalgas con suavidad y firmeza o que la lengua caliente y humeda que trataba de adentrarse más y más en su interior.


—Señor Malfoy, habla usted demasiado y chupa muy poco. Creo que necesita una demostración de como se hace. —De nuevo esa voz y ese tono magistral, como si explicara la forma de trocear una raiz. La polla de Harry respingó y goteó profusamente contra el tapizado. —En cuatro también mocoso.


El nombrado se movió perezosamente hasta quedar tumbado junto a él. Lo miró con una sonrisa y un guiño pícaro. —Enséñeme profesor, por favor.


Maldito bastardo, poniendo vocecita de niño es aún más caliente.


—¿Promete ser bueno y obediente?- Severus preguntaba con inusitada dulzura, como si se dirigiera realmente a un niño. Un suave lloriqueo fue la única respuesta. —Ábrase para mí. Demuestre cuanto me desea.


Draco frotó su mejilla en la tela acolchada, echó los brazos hacia atrás separando sus propias nalgas con un gemido y mostró impúdicamente su diminuto esfinter rosado y arrugado. Todo ello sin separar la mirada de los ojos verdes un sólo instante.


—Quizás debería compartir ésta soberbia visión con usted, señor Potter.


Severus Snape permanecía totalmente vestido, correcto e inmutable, como si nada pasara. Fascinante —Venga junto a mi, si es tan amable.


Harry tubo que comenzar a masturbarse, era imposible ser inmune a la escena que se desarrollaba ante su atenta mirada.


Draco Malfoy, el epítome de toda belleza, expuesto sin censura alguna y Severus Snape, perdida toda corrección y rectitud, lamiendo entre sus nalgas, introduciendo la lengua en el estrecho esfinter, chupando y succionado como si bebiera de las aguas de la fuente de la vida y no del culo de uno de sus alumnos, menor de edad e hijo de uno de sus mejores amigos.


Ésto debe ser un sueño, no puede estar realmente sucediendo.


—Más, por favor, más. —el príncipe de las serpientes volteó el rostro con los grises ojos llenos de lágrimas de desesperación. —Severus, ya no puedo esperar. Ya no quiero esperar.


El profesor abandonó el sabroso manjar que había estado saborando y se puso en pie. Ayudó al sly más joven a hacer lo mismo y se paró frente a él mirándolo, firme y serio, a los ojos.


—¿Estás seguro de atravesar esta puerta?—el rubio cabeceó con firmeza. —Cuando esto suceda sabes que ya no hay vuelta atrás ¿a quien otorgarás tan magnífico regalo?


Draco no dudó, aún con la mirada onix clavada en él.


—A Potter.—no había duda en la voz, aunque sí cierto tono de disculpa. —será la primera vez de los dos.


—Lo entiendo. ¿es posible que en su voz suene, más que decepción, tristeza? —Quizás debería dejarles solos.


Harry hizo acopio de todo el valor que le atribuían por ser un león y, prácticamente, se lanzó sobre su profesor aferrándose a la tela de su camisa.


—No te vayas Severus, por favor. Yo, yo te deseo y te necesito mucho. Tomaré a Draco pero, por favor, quiero ser tuyo.


Snape tomó entre sus grandes manos los puños aferrados a su ropa y observó incrédulo al alumno que tan mal había tratado durante años.


—No es real.—Miró a Harry con tristeza. ¿Porqué su voz parece tan cansada? —Creí que necesitaría mucho más felix felicis para tener la oportunidad de gozar de los dos hombres que me vuelven loco. El jugo de calabaza contenía una poción de lujuria. —Admitió con los ojos cerrados y el rostro oculto parcialmente por la melena oscura.


Draco se puso en pie. —No necesitabas ninguna poción conmigo. No recuerdo cuando la infantil adoración que sentía por ti se transformó en algo más . No sé ponerle nombre a lo que siento, pero es real e incontrolable. —Giró la vista a su condiscípulo. —Y a ti, Potter, no te he mentido. —los ojos grises transmitian sinceridad como nunca antes. —Te deseo tanto que me duele y no es por la poción. Quiero darte lo único puro que hay en mi, porque tu eres lo único que queda, realmente bueno e inocente, en el mundo que me rodea. Porque, si no salgo vivo de lo que se avecina, quiero saber que el hombre del que estoy enamorado me hizo suyo.


Harry no podía creerlo. ¿Realmente Draco Malfoy ha dicho que está enamorado de mi? ¿Que es lo que siento yo?


—Draco, me halagas y me excitas hasta la locura. —iba a ser brutalmente sincero y lo que menos deseaba era dañar al chico que acababa de exponer sus sentimientos. —Sé que saldremos de ésta y quizás tengamos una oportunidad de que exista un nosotros.—Había tomado el rostro perfecto de Malfoy entre sus manos y acariciaba las mejillas aun sonrosadas. Observó el contraste entre la piel palida y sus manos morenas hasta que captó el anhelo en los ojos grises y la lengua nerviosa que humedecía aquellos labios llenos. Draco iba a besarlo y, a pesar de desearlo, Harry lo evitó volviendo a hablar —Pero desde que entré por esa puerta muero por tocar a Severus. Por sentirlo dentro de mi. Por desnudarlo de una maldita vez y marcar esa piel que me está llamando como la luz a la polilla.


Jamas imaginó la respuesta de su profesor. Casi con furia lo levantó del suelo y se lanzó contra el respaldo del sillón devorándole la boca de un modo voraz.


—Harry, joder, Harry. Haré lo que me pidas, aunque sé que no lo merezco. No soy tan noble para no aprovechar la oportunidad. —Permitió que el muchacho le quitara la camisa, revelando la marca tenebrosa, a la que el Gryffindor prestó nula atención.


Draco dudó un instante, pero ante la muda aquiescencia de los otros dos, se apresuró a colaborar en la ardua tarea de retirar el cinturón y los pantalones del espléndido cuerpo del mayor.


Severus miró, con ternura desconocida en él, a ambos chicos.—Sois tan dulces, tan bellos. —Acarició cada rostro con reverencia y les besó los labios con exquisita suavidad. —Mereceis mucho más que un viejo sillón y un amante amargado, pero no voy a retirarme, no ahora.


Despues les tomó de las manos y los dirigió, desnudos los tres, a su propio dormitorio.


La estancia que se abría ante ellos era enorme, algo ascética y, al mismo tiempo, acogedora.


La inmensa cama dominaba la habitación y los chicos no vieron nada más.


Severus llevó al otro Slytherin hasta el borde del lecho, alzó la puntiaguda barbilla del menor mirando, desde arriba, los impresionantes ojos grises.


Tomó los labios rosados en un beso hambriento, hundiendo los dedos en la cabellera platinada y volviendo, asi, a encender la pasión.


Por Godric, son tan calientes, podría correrme sólo mirando.


El hermoso rubio flotaba en una nube de sensual lujuria, aun así lo llamó para que se acercara.


En dos zancadas estaba tras su profesor, de puntitas para husmear en la melena oscura y llenarse de su aroma, mientras sus manos repasaban los músculos de aquella ancha espalda y su pene, totalmente erguido, se frotaba contra las blancas nalgas, con desesperación.


Bajó, sin prisa alguna, por aquel cuerpo cincelado, hasta llegar a las duras redondeces que lo cegaban de deseo, dejando pequeñas marcas de succión.


Al otro lado Draco también había pasado el ecuador y hundía la respingada nariz en los rizos negros del pubis aspirando el aroma almizclado del hombre.


Ninguno de los dos había notado los esfuerzos del mayor por apartarse ni sus exhortaciones a detenerse.


—¡MALDITOS MOCOSOS CALENTURIENTOS! Yo no tengo quince años. Si vuelvo a correrme posiblemente se acabe el juego para mi. —habia vuelto al tono docente y recuperado la expresión controlada. —A la cama, señor Malfoy.


El aludido se tumbó de espaldas, abriendo las piernas con descaro mientras se relamía los labios. Un nuevo hechizo lubricante, ¿donde cojones tenía la varita todo el tiempo? y un largo dedo se hundía con decisión en el rubio. Tras unos minutos de suaves giros e introducciones insertó uno y después otro, logrando llenar la habitación de excitantes sonidos.


Harry, subyugado por el fascinante espectáculo no atinaba ni a tocarse.


—Potter, su turno. —El mayor introdujo tres dedos en la boca del chico, esos tres dedos. —Draco está listo, pero su pene también necesita lubricación.


Esperaba el agradable frescor del hechizo, pero no llegó. Severus había tomado su polla y pasaba la lengua una y otra vez por la gruesa cabeza morada. Ignorando los gemidos implorantes de ambos muchachos, repitió la operación en todo el duro mástil.


Con los nervios a flor de piel y espoleado por la necesidad Harry trepo sobre el hermoso cuerpo que lo esperaba anhelante. Dirigió su adolorida erección a la dilatada entrada del rubio pero sin atravesar el palpitante anillo. Se inclinó sobre su amante para depositar un cálido beso en los labios entreabiertos. —Dime si duele y pararé. —profundizó el beso y al mismo tiempo movió las caderas enterrando el sensible glande en el estrecho ano.


Oyó el dolor en los gemidos del Sly, siguió besando y penetrando lentamente. Cuando se hallaba totalmente fundido con su bellísimo compañero sintió las manos de éste en su culo. —tu turno Potter.


Ahora si llegó el hechizo refrescante y una sustancia resvaladiza impregnó su entrada. Completamente estático, hundido hasta la raiz en el culo de un hombre y con tres dedos de otro abriéndole, el Gryffindor se sentía en la gloria.


Un punzante dolor lo sacó de su extasis. Severus Snape lo había penetrado de una sola estocada y comenzaba a ondular las caderas despacio. —Déjate llevar.—la voz era tan grave y sedosa que creyó no poder contenerse.


Poco a poco se acompasaron. Severus hundía su gruesa y rosada verga en el culo de Harry, mientras que la polla, mucho más oscura de éste, se enterraba en el delicioso trasero del rubio Slytherin.


Draco no podía abrir más las piernas buscando intensificar el contacto con la deliciosa verga que, por puro azar, había encontrado su próstata y la golpeaba incesantemente.


Severus, rodeado de una deliciosamente ceñida calidez, trataba de hallar el punto exacto para derretir a su amante, mientras controlaba sus deseos de envestirlo sin piedad hasta liberarse.


—Harry...


—Harry...


—Harry...


—Harry...


Los gemidos y jadeos de sus amantes exaltaban los sobreestimulados sentidos del chico. Hundiéndose incansable en el exigente interior del príncipe de plata. Siendo penetrado hasta la locura por el príncipe mestizo. Ni siquiera fue consciente de que había empezado a marcar el ritmo. Embistiendo a Draco y reculando con ansia para sentir la cabeza de la polla de Severus en su punto dulce. Una vez, y otra, y otra y otra...


Sintió una mano entre su cuerpo y el del otro chico. Severus aferraba la verga de Draco y comenzó a masturbarlo ferozmente mientras lo embestía con fuerza, enterrándose en su culo como si fueran a morir mañana.


Draco llegó el primero, abandonado totalmente al doble placer, eyaculó abundantemente en la mano del profesor y entre los vientres de ambos.


Las contracciones del esfinter del rubio, unidas a una acertada estocada del mayor en plena pròstata, urgieron la liberación del león, que como tal rugió, entre espasmos de placer, mientras sentía el cálido semen de Severus llenarle.


—Al final te he jodido yo a ti, Malfoy— el chico rió

—Y yo a ti Potter.

—Es cierto, pero eso lo hace siempre...


Estaban demasiado exhaustos para más. Un hechizo de limpieza y las suaves sábanas cubriéndolos, fue lo que necesitaban para dejarse llevar por el sopor.


La próxima vez cambiaremos posiciones, estoy deseando que Draco me folle, pero para que Severus sea pasivo necesitaré mucho más que suerte.


FIN