Love Story (VANOÉ)

Summary

•Historia corta del ship vanoé, conformado por Vanitas y Noé Archiviste. •Personajes originales del anime/manga 'Vanitas no Carte', creado por Jun Mochizuki. •La imagen de la portada no me pertenece, créditos a la autora Jun Mochizuki (@jun_mdesu en Twitter).

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

“Mi generosidad es tan ilimitada como el mar, mi amor tan profundo; cuanto más te doy, más tengo, pues ambos son infinitos”.

Eran jóvenes la primera vez que ambos se vieron.

Un encuentro que violentamente azotó sus vidas, cambiándolas casi por completo y ocasionando el inicio de una historia de amor, la cual, por obvias razones y debido a la época y a las respectivas posiciones sociales de cada uno, no fue bien vista y mucho menos aprobada.

Sin embargo, no dejarían que las habladurías y los cuchicheos de simples desconocidos se interpusieran en aquella relación que había comenzado de la manera más mundana posible.

Todo empezó por culpa de los asuntos reales atribuidos a nuestro protagonista; Noé Archiviste, un peliblanco y despistado noble, conocido por ser el próximo heredero al trono, estaba junto a unas mesas plagadas de comida, sentado en una incómoda silla de madera.

Contemplaba con aburrimiento a las personas que, a diferencia de él, estaban gozando de la fiesta que Veronica de Sade había organizado diligentemente.

Por desgracia, esta sanguinaria y cruel mujer era la consejera y tutora de Noé, ya que era sabido por todos que el muchacho había perdido a sus familiares más cercanos, por lo tanto, quedó huérfano a temprana edad.

Ese trágico suceso bastó para que la familia de Sade, aliada desde tiempos inmemorables de los Archivistes, decidiera adoptar al joven, permitiendo que se quedara en su palacio y recibiera la educación adecuada para que en el futuro pudiese convertirse en un gran rey.

A pesar de las estrictas enseñanzas de aquella mujer y el pésimo trato que mostraba hacia Noé, la estancia en aquel castillo no era tan mala.

El peliblanco disponía de la leal amistad de sus Louise y Dominique, los cuales eran los hermanos menores de Veronica, que al contrario que ella, tendían a ser amables con él y lo entendían perfectamente.

Como era de esperar, la razón por la que se celebró aquel festejo no era simplemente para que la nobleza disfrutara de buena música, comida y vino.

Había un motivo oculto. Cuestiones políticas y matrimoniales que involucraban de forma directa a Noé. Por supuesto, él estaba al tanto de ello.

Ya que los diecinueve años lo habían alcanzado, Veronica declaró que pronto tendría que encontrar a una esposa idónea que cumpliera todas las características necesarias para poder llegar a ser una buena reina.

El peliblanco odiaba la idea de casarse con alguien que no conocía.

Se podría decir que era un romántico sin remedio.

Y es que antes de que su tutora le prohibiera el paso a la biblioteca real, el joven pudo hacerse con varios libros que hablaban de increíbles romances, los cuales estaban plagados de una brutal intensidad y una pasión indescriptible.

Quizá aquellos cuentos lo habían influenciado, porque ansiaba vivir un romance similar a los de las grandes historias de amor que se expresaban en esas antiguas y polvorientas páginas.

Sin embargo, sabía que desear eso era estúpido e infantil. Conocía su lugar y su deber como monarca.

Es por eso que tenía la obligación de dejar de soñar de una vez por todas y ceñirse a la realidad.

Volviendo a la fiesta; la espalda de Noé se había cansado de estar apoyada en aquel asiento.

El muchacho se levantó de un salto y se refugió en un balcón. Quería alejarse del resto. Puso ambas manos en aquella especie de barandilla de piedra y respiró hondo.

Una brisa de verano recorrió su nuca, erizando su piel.

Alzó la mirada y desde ahí se podía divisar cada rincón de aquella ubicación.

Observó las luces que iluminaban a los invitados que se regocijaban ante la entretenida velada.

También se fijó en los coloridos vestidos de las jovencitas, los cuales parecían estar diseñados únicamente para el baile y la fiesta.

Se sentía fuera de lugar.

Fue entonces cuando recordó las palabras que Veronica le comentó horas antes:

«Noé. Concéntrate y no arruines esta noche. Pon atención a las damas y busca alguna que sea de tu agrado».

Era verdad. Por un momento había olvidado su cometido. Encontrar a su futura prometida.

De repente, una curiosa persona apareció en escena. Se abrió camino entre la multitud, acercándose cada vez más al peliblanco.

Su brazo soportaba un extraño libro que captó el interés del contrario. Noé se fijó en el rostro del otro joven, el cual exhibía una pícara sonrisa que desbordaba seguridad.

Se aproximó al aún príncipe y lo saludó como si nada.

—Hola —dijo.

—¿Hola? —contestó, extrañado.

No solía mantener conversaciones con personas que no fuesen del palacio.

Sin previo aviso, las palmas de sus manos empezaron a sudar.

—Su alteza, ¿cómo es que está aquí solo y no en la pista de baile?

Noé arqueó la cabeza y lo miró a los ojos. Aquellas esferas azules le recordaban al mar que tan solo pudo contemplar una vez en su vida.

—Podría preguntar lo mismo.

El chico no esperó ese comentario. Se colocó al lado del peliblanco y fijó su atención en la gente que bailaba.

—No estoy acostumbrado a este tipo de eventos. Se podría decir que me siento como un pez fuera del agua.

Noé se sorprendió al notar que los dos estaban experimentando lo mismo.

—Te entiendo.

El pelinegro redirigió su mirada y la puso en el joven príncipe. Se quedaron en silencio durante unos largos segundos.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, su alteza.

—¿Me ensenarías el libro que esconden tus manos?

La comisura de su boca se curvó.

—¿Por qué? ¿Siente curiosidad por él?

Noé asintió con efusividad.

El pelinegro levantó su brazo y le cedió el libro.

—Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Jamás había escuchado acerca de esta historia.

Analizó la portada de la obra.

—¡¿En serio?! —cuestionó, incrédulo—. Alteza, con todo mi respeto, me temo que no goza de un buen conocimiento literario.

El muchacho lo observó indignado.

—Eso no es cierto. Hablas como si nunca hubiese abierto un libro. Pero para tu información, he leído miles de ellos, sobre todo de romance.

Noé mordió su lengua al decir la última frase. No debió soltar aquel dato.

Quizá el pelinegro que tenía delante de sus narices se burlaría de él, ya que no era común que un hombre leyese ese tipo de lecturas. Y mucho menos el futuro rey.

—De modo que su alteza es un romántico empedernido, ¿eh?

Las mejillas del príncipe adoptaron un tono escarlata.

—Yo... —su voz se notaba inquieta.

—No es el único que disfruta de obras así. De hecho, a mí también me gustan las narraciones que están llenas de romanticismo. Son interesantes.

Al oír aquello, un alivio inmenso invadió al peliblanco.

—Sí que lo son —expresó, sonriendo.

—¡Al fin! —espetó, gesticulando sus brazos—. Mis ojos lo han seguido durante toda la noche y esta es la primera vez que lo veo sonreír.

Noé no supo qué decir. Del mismo modo que la presencia de aquel individuo lo ponía nervioso también lograba tranquilizarlo.

Un hecho contradictorio que el joven no comprendía del todo.

—¿Y a qué se debe que tus ojos estén puestos en mí? —preguntó el noble.

—Quería comprobar si eras como decían los rumores.

—¿Rumores? ¿Qué rumores?

—¿De verdad quiere saberlo?

El joven asintió.

—Bueno... En la ciudad se comenta que no suele salir demasiado de palacio. Algunos ponen en duda sus habilidades y se preguntan si será un buen rey. También se habla de que eres una persona fría y cruel. Otros opinan que al haber sido criado por Veronica, tiene un carácter sanguinario.

—Oh...

La cara de Noé palideció.

—Pero no tiene por qué preocuparse. Acabo de confirmar que los rumores no son más que eso. Es imposible que una persona aficionada a las lecturas amorosas sea así.

El príncipe no sabía si hablaba en serio o si se estaba burlando de él.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de ello? No me conoces de nada.

—Puede ser. Sin embargo, no creo que seas una mala persona. Y por alguna razón, mi instinto me dice que nos llevaremos realmente bien.

Ambos se miraron. La música de fondo acompañaba la escena. Al mismo tiempo, los candelabros colocados en los bordes del balcón, hacían relucir los ojos púrpuras de Noé.

—Por cierto, ¿de qué trata el libro?

—Habla de un amor trágico. No diré nada más, ya que el resto de la historia deberás descubrirla tú.

—¿Qué?

—Te lo presto —añadió, haciendo alusión a la obra literaria—. Pero que conste que no es un regalo. Una vez leído, tendrás que retornarlo. Así nos volveremos a ver.

La sonrisa del peliblanco perduró durante toda la conversación.

—¿Estás seguro? ¿Y si no te lo devuelvo? ¿Y si lo pierdo o se rompe?

—Vendré a por él —respondió—. Aunque sé que me lo devolverás de una pieza.

—¿Por qué lo sabes?

—Porque jamás había visto a alguien mirar este libro con estrellas en sus ojos.

El pelinegro empezó a caminar, separándose del peliblanco.

—¡Espera! — mustió, para después agarrarlo del brazo—. ¿Te vas?

—Tengo que hacerlo, su alteza. ¿Algo que quiera decirme antes de irme?

Las palabras se atascaron en su garganta. El corazón de Noé estaba agitado y, al igual que un tambor, retumbaba sin cesar.

De alguna forma se sentía en deuda. Por lo tanto, quiso ofrecerle algo a cambio. Y optó por lo más cliché y cercano.

Agarró el tajo de una gardenia blanca y lo quebró, quedándose con una única flor. A continuación extendió el brazo y se la regaló al contrario.

El muchacho aceptó aquel simple detalle que iluminó su rostro con una cálida sonrisa.

—Estas flores representan la pureza, la dulzura y el amor. Diría que se ajustan a ti.

Noé no entendió a lo que se refería.

—La conservaré. Hasta la próxima, su alteza —comentó, realizando una reverencia y alejándose lentamente, hasta que se entremezcló con los demás invitados.

El peliblanco inhaló una elevada cantidad de aire.

Sorprendentemente, aquella noche no resultó tan aburrida como él había previsto.

A pesar de la alegría que estaba sintiendo, un pensamiento cruzó su mente. Cayó en la cuenta de que había olvidado preguntarle una cosa.

Quizá la más importante de ellas. Su nombre. Durante toda la charla ni siquiera se molestaron en intercambiar aquella información considerada básica.

El joven se puso la mano en la frente, ejerciendo presión.

Obviando aquel despiste, costara lo que costara, el joven noble estaba decidido a averiguar el nombre de aquel intrigante sujeto.

Este fanfic está basado en la canción ‘Love Story’ de Taylor Swift.

Subí esta historia hace un tiempo, pero la borré porque me parecía algo cursi. Hoy me encontré con ella, la releí y decidí subirla de nuevo, porque no estaba tan mal.

Espero que a vosotros os guste y paséis un buen rato, que eso es lo importante.

Gracias por leer 💐


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