Aunque Sea Una Vez

Summary

Si bien es cierto que el destino actúa de maneras diferentes y muy extrañas, ¿Por qué quejarte entonces por un simple día lluvioso? Quién sabe... Tal vez ese sentimiento que llevas dentro desde hace mucho tiempo quiera florecer o... ¿Quizás no? [Koga x Edén] Wattpad 2017 ▶ 2026 palabras ૮₍ ´ ꒳ `₎ა Portada en proceso

Genre
Humor
Author
Athe-38
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

El Destino o... ¿Quizás no?

Habíamos salido victoriosos de la extenuante guerra contra Palas y Saturno. La paz, esa que Aria tanto anhelaba, finalmente había llegado al mundo. Para mí, el futuro Dios de la Guerra, esta victoria significaba un nuevo comienzo, una promesa que me hice: “Con esto ella descansará en paz.”

Tomé mi Caja de Pandora de los territorios de Athena y me dispuse a cumplir mi plan. Quería recorrer mi propio camino, observar en soledad ese mundo tranquilo y pacífico que Aria deseaba. Por ello, no esperé a que cierto caballito se inmiscuyera en mi vida y en mis planes. Yo quería ser un lobo solitario, no un niñero. No sé cómo acabé escuchándolo y, peor aún, acompañándolo.

Todo el mundo esperaría que estas fueran las mejores “vacaciones”, pero la realidad era un infierno. Fuí arrastrado por un pony hambriento que no hacía más que devorar los menús de cada restaurante, de cada pueblo o ciudad a la que llegábamos. No entendía cómo, teniendo a su madre adoptiva, Athena, una diosa de la guerra milenaria y con una fundación multimillonaria, este potro vivía al borde de la indigencia. Creo que lo heredó de su padre... Un castigo cósmico me obligaba a pagar por la similitud con nuestros ancestros. ¡Claro! Es fácil entrar a un lugar de millones cuando el dinero no es tuyo. Si no fuera porque yo tengo mi propia fortuna, estaríamos en la bancarrota.

No obstante, mientras despotricaba internamente sobre su glotonería y su falta de dinero, una parte de mí no podía evitar rebobinar.

Recuerdo la voz de Aria, pero más recuerdo la imagen de Koga, de pie en el santuario reeconstruido, en Marte, consumido por el odio y el dolor implantado por Apsu. Había una fuerza brutal en su cosmos, sí, pero la fuerza impulsiva de Pegaso era capaz de contrarrestar la oscuridad, había una lealtad estúpida que lo hacía levantarse una y otra vez, incluso cuando no tenía por qué hacerlo.

Lo vi en Palaestra, lo vi contra Saturno. Siempre por los demás, sin pedir nada a cambio. Tonto, molesto, irritante. Me exasperaba que no se rindiera, que no se quedara quieto. Pero, en el fondo, esa necedad me hacía sentir... Visto. Era un espejo roto de mi propio camino, y aunque no lo admitiría en voz alta, admiraba su corazón. Por eso lo seguía. Por eso lo toleraba.

—¡Edén, ¿qué esperas?! Llegaremos tarde al hotel y ya mañana volvemos a Grecia—Gritó Koga, unos pasos por delante, como si yo fuera su sirviente.

—Ya lo sé, no tienes por qué repetírmelo—Respondí con hastío. Koga a veces me sacaba de quicio con su energía desmedida.

—¡Qué ánimos! No te molestes, Sr. Cascarrabias—Exclamó el de cabellos vinotino con una burla que me encendió la sangre.

—¿Cómo me dijiste?—Mi orgullo es tan grande como mi cosmos. No permitiría que un caballo cualquiera me insultara.

—Te dije Sr. Cascarrabias porque así pareces... Un cascarrabias amargado.

—¡Ahora sí te mataré!

El asfalto estaba traicioneramente resbaloso por la lluvia. ¡Maldito Poseidón! Quería enfocarme en asesinar a Pegaso, no en lidiar con tu maldita humedad.

No tengo tiempo para ti, quiero acabar de una vez por todas con el hijo de Athena. Aunque, técnicamente, Koga, aún siendo un simple humano que había superado sus límites, que a diferencia de su padre, no era una reencarnación de Pegaso, ambos tendríamos la misma fuerza... Tonterías. ¡Nadie es ni puede ser más poderoso que yo por mucho que muera entrenando!

Estábamos a punto de atacarnos, justo cuando iba a darle el golpe que le haría arrepentirse de sus palabras. Pero los malditos de Poseidón y Afrodita, o quien sea que interfiriera en mi vida, tenían otros planes.

Koga resbaló.

Y yo caí sobre él.

El impacto fue tan repentino que no tuve tiempo de reaccionar. Mis labios se estamparon contra los suyos en un beso forzado.

Ambos abrimos los ojos como nunca antes, la sorpresa congelada en nuestras pupilas. Esto no estaba en mis planes, ¡ni en mis más retorcidos sueños creí que sucedería!

—Yo... —Alcanzó a balbucear Koga, su rostro se puso de un rojo intenso, casi queriendo competir con la furia de su color de cabello. La verdad... Se veía muy lindo. ¡¿Pero qué diablos estoy pensando?! —Yo... —Intentó cubrir su vergüenza con sus manos.

—Fue un accidente. Volvamos al hotel—Declaré, sintiendo mi propio rostro arder.

Intenté ayudarlo a levantarse, pero él se puso de pie y corrió hacia el hotel como si no hubiera un mañana. Fue increíblemente vergonzoso... Yo, Edén, hijo de Marte, el futuro Dios de la Guerra... No creí que me estaría pasando esto. O más bien, pasándonos.

Empecé a sentir algo extraño en mi pecho, algo que no había sentido desde que... No. Esto debe ser una broma. ¡Debe ser una broma!

🔮

Corrí hacia nuestra habitación lo más rápido que pude y me encerré en el baño. No podía creerlo. Me lavé la cara con agua fría una y otra vez, intentando borrar esa imagen de mi cabeza, pero no podía. Algo me lo impedía.

¿Acaso será... Que me gustó el beso No, no, no, no, no. No puedo estar enamorándome, y mucho menos de Edén. Creerá que soy un bicho raro, pensará cualquier cosa menos lo correcto. Asssh, cómo odio mis sentimientos. ¿Qué puedo hacer?

A la hora de cenar, traté de no mirar a Edén, pero se me complicó demasiado. Cuando alcé la mirada por mera casualidad, él se me quedó mirando fijamente. Sentí cómo me sonrojaba, pero traté de disimularlo.

—P-por... ¿Por qué me miras tanto?

—Quería... Disculparme contigo—Dijo, con un tono más suave de lo habitual.

—¿Dis... Disculparte?

—Quiero que sepas, Pegaso, que lo que pasó hace unos momentos... No fue culpa tuya... Ni la mía. El piso simplemente estaba resbaloso y...

Me puse rojo como un tomate. Esta vez, el sonrojo fue imposible de controlar. Sentí que mis labios no se moverían aunque quisiera. Edén se limitó a sonreír ligeramente y se fue a dormir. Me quedé inmóvil, con el cuerpo sin responder y la cara ardiendo.

Tardé media hora en culminar y me fuí a dormir, pero tenía una inquietud: Mañana volveríamos a Grecia. Si ese era el caso, yo... No podría confesarle a Edén ¡lo mucho que quiero estar con él!

Así que me armé de valor y me metí a su lado en la cama.

—¿Qué te ocurre?—Preguntó él, más que confundido.

—N-no quiero dormir solo—Murmuré.

Vamos, Koga... Tú puedes. Solo cree en ti.

—¿Pero es que te picó un...?—Fue interrumpido de golpe.

Me tumbé encima suyo y le di un beso en los labios para que se callara y me dejara hacer lo que mi corazón deseaba. Cuando me separé de él, Edén me volteó sobre la cama y me devolvió el beso. Correspondí rápidamente y me alegré de que, por primera vez, pensara como yo. Que, aunque fuera una vez, no acabase este día en el que tuve el valor de... Confesarle todo mi amor a Edén.

Puede que eso suene raro, que diga que me enamoré solo por un beso en un accidente de lluvia, pero... Al menos si es por hoy, por esta noche, ¿se vale hacer cualquier locura para olvidarlo todo después, no?

🔮

El primer rayo de sol se coló por la ventana, cayendo directamente sobre mi rostro. Desperté con una sensación de paz inusual y con un peso familiar sobre mi pecho. Abrí los ojos, y el pánico que debería haberme invadido se quedó atascado en mi garganta, reemplazado por algo cálido y suave.

Koga estaba durmiendo profundamente sobre mi hombro, con una expresión casi infantil. Sus mechones de cabello vinotinto estaban esparcidos sobre la almohada, y uno de sus brazos caía y cruzaba por casi todo mi cuerpo.

El muy idiota seguramente creía que era una especie de peluche gigante o algo así.

Intenté moverme, pero él se acurrucó más, suspirando.

—Cinco minutos más, Sr. Cascarrabias...—Murmuró entre sueños, apretándome aún más.

Yo, Edén de Orión, el futuro Dios de la Guerra, el hombre que abandonó su lado semidios, el que solo ha conocido el dolor y la disciplina, ¿estaba disfrutando de la compañía matutina del Pegaso?

Me quedé inmóvil, observándolo. Su sonrisa, incluso dormido, era brillante. Por primera vez, en lugar de repelerlo, sentí el impulso de acercarme y... Le acaricié suavemente el cabello.

Koga se despertó lentamente. Sus ojos de colores avellana se enfocaron en mí.

—Buenos días... Edén —Dijo con esa voz ronca de la mañana. Luego suspiró dramáticamente.

Koga, sin inmutarse, se sentó en la cama lentamente. Viéndome con la misma seriedad que ponía al pensar.

—Escucha, Edén. Sobre anoche... Sé que todo pasó muy rápido. El beso, la lluvia... Y luego, ya sabes...—Hizo el mismo ademán de rascarse la cabeza, un gesto de nerviosismo o incomodidad—Lo de anoche. Yo... No tengo que volver a ser el Pegaso insoportable que te sigue a todas partes, si no quieres. Pero... —Koga entonces bajó su mano desde la cabeza y acercó su puño—Me he dado cuenta de que, desde que empezamos esta búsqueda de la paz, eres lo único verdadero que veo. No como un aliado, no como un rival. Sino como la persona que siempre está ahí para ayudar fuera de las batallas, ese alguien en el que me puedo apoyar, incluso en la cotidianidad. Claro que puedes tomarlo con la profundidad que quieras, a fin de cuentas solo son palabras, Y la verdad, no me importa tu orgullo, tu dinero o tu mal genio por más que avanzaras en eso. Sabes que nuestro viaje no ha terminado y estamos dispuestos, ambos, a seguir enfrentando todo tipo de problemas, ¿qué te parece si vemos todo esto como una prueba? Así como en Palaestra, donde te reté a que te vencería si bajabas la guardia.

El aire se había ido de la habitación. Koga, el chico impulsivo y tonto, estaba haciendo una especie de confesión seria a la luz del día. Koga, el tipo arisco y extremadamente sarcástico e irrespetuoso, pero amable y genuino. El hermano de mi querida Aria, la chica que durante tanto tiempo fue mi luz dentro de la oscuridad de Marte. Ambos compartían la misma luz.

Quizás eran cosas que debían pasar crecer. Algo que me aferraba más a mi lado mortal.

Por primera vez, las palabras que salieron de mi boca no fueron un desafío.

—Koga...—Supuse que era la primera vez que mis labios pronunciaban su nombre y no solamente “Pegaso”, por la forma en que un destello de color azul pasó por sus ojos. A diferencia de él, que desde el primer instante que se interpuso en mi camino, nunca me llamó “Orión”—Eres un idiota ruidoso y molesto. Y un tragón también. Pero... No me desagrada que seas el idiota que me saca de quicio—Junté mi puño con el suyo, en una promesa—Acepto tu desafío.

Koga me sonrió con tanta felicidad que sentí un hormigueo. Se inclinó y, esta vez, el beso no fue un accidente ni un arrebato nocturno. Fue lento, dulce e increíblemente convincente.

—Entonces, ¿podríamos decir que hemos hecho una travesura?—Preguntó, atreviéndose a juntar su frente con la mía.

—Significa que... Por ahora... Tienes mi atención, Pegaso—Concedí, sintiendo un peso enorme levantarse de mis hombros.

Nos levantamos de la cama, la tensión de la noche anterior convertida en una burbuja incómoda, pero genuina, de afecto. Koga canturreaba mientras terminaba de , planeando qué desastre culinario encontraría en el desayuno del hotel.

—Tenemos que irnos pronto, Edén. ¡Grecia nos espera!—Dijo Koga, emocionado. Claro, estaba por volver a ver a su madre.

—Vamos, Koga.

Ambos salimos de la habitación, caminando juntos, hombro con hombro, con las cajas de Pandora casi rozando, sintiendo que un nuevo capítulo, uno inesperado que comenzaba.

🔮

—¡Oigan, niños!—Gritó un señor a las afueras de su local.

—Ya se fueron, Henry —Dijo una voz femenina—Te dije que era mala idea darles ese afrodisíaco a los clientes.

—Se suponía que era para nosotros, ¡un potenciador de negocios!

—Te pasa por idiota. Solo los hace actuar bajo un impulso pasional temporal de veinticuatro horas. Ahora, ¿quién sabe qué estarán haciendo y qué tan incómodo será cuando el efecto se pase?

¿Qué demonios había pasado realmente esa noche y en esa mañana?

Fin.