Navidad? - Capítulo único
Primera navidad a tu lado
El hermoso atardecer invernal en la era Sengoku y una hermosa azabache con ojos como el océano sonreía mirando por el hermoso y gran ventanal de la habitación real del palacio de las tierras del Oeste.
Ostentaba un hermoso kimono de 3 piezas, simplemente se veía como la princesa que era o mejor dicho la reina que es pues esta hermosa joven sacerdotisa es ni más ni menos que la Señora del Oeste, compañera por las leyes youkai y esposa por las leyes humanas del Señor de Occidente, Sesshomaru Taisho.
La joven tenía la mirada fija en el hermoso jardín cubierto de nieve que se teñía de naranja con el atardecer y no podía ocultar su sonrisa.
–Hoy es día de Nochebuena, definitivamente será el mejor regalo de navidad para Sesshomaru– Dijo para sí misma con clara emoción.
–Me hace feliz poder festejar estas fechas aquí, con Sesshomaru, los muchachos y todos en el palacio– Seguía su monólogo y su mente comenzó a viajar a 3 años atrás cuando festejó la navidad por primera vez junto a Sesshomaru.
Ese fue el momento en el que el Gran Sesshomaru Lord de las tierras del Oeste decidió que en el palacio se festejaría Nochebuena, Navidad y Año Nuevo.
Él deseaba hacer feliz a su mujer y hacerla sentir en casa trayendo a sus tierras algunas tradiciones humanas de su época y justamente en el palacio había movimiento pues estaban acabando preparativos para la cena navideña y la fiesta que se llevaría a cabo por la noche y estarían presentes la manada del Oeste y los allegados a los Señores de Occidente.
A Kagome le hacía feliz festejar con todos sus seres queridos del Sengoku pues desde que ella decidió quedarse en la época de las guerras, el pozo se cerró y ya no tiene la posibilidad de visitar a su familia en su era.
–Ah!- Suspiró sin dejar de sonreír pues aunque extrañaba a su madre, hermano y abuelo especialmente hoy, era muy feliz. –Mi primera navidad junto a Sesshomaru fue hermosa, diferente y peculiar en ese entonces pero definitivamente mi favorita… Hasta el día de hoy–
****FLASH BACK****
Nuestra hermosa y joven sacerdotisa de Shikon iba caminando de la mano de su amado Inu Daiyoukai rumbo al pozo devorador de huesos mientras ella conversaba con él sobre la navidad pues estaba a solo una semana de ser.
Él tenía curiosidad por saber que era eso llamado Navidad que la joven tanto mencionaba.
–Entonces qué es eso llamado Navidad que llevas días mencionando, Kagome?- Preguntó su amado y hermoso príncipe demonio.
Ella se fascinaba cuando él preguntaba algo sobre su época o sus tradiciones, le hacía feliz saber que él se interesaba tanto en ella y en su vida hasta ahora, era simplemente hilarante pues Inuyasha jamás tuvo mucho interés en su época y en su vida en general aún cuando en aquel tiempo estaba confundido entre ella y Kikyo.
Kagome agradecía haberse olvidado del joven hanyou y encontrar el amor en el ser sobrenatural menos pensado, Sesshomaru.
–Bueno, la navidad es una festividad para celebrar en familia. Das regalos a tus seres queridos, algunas ocasiones puede ser algo que esas personas quieran desde hace un tiempo y si está a tu alcance, también puede ser algo que sepas que a esa persona le guste y quieras darle de corazón. Esos regalos los colocas debajo de un hermoso árbol qué decoras esferas de colores y luces, compartir una cena familiar; incluso hay personas en mi época que hace una fiesta para celebrar. Por lo general esto se celebra el día antes de navidad y a media noche es cuando puedes abrir los regalos o en la mañana. Lo importante es disfrutar con quienes amas– Dijo ella y de repente un fuerte sonrojo invadió sus hermosas y finas mejillas blancas.
–Y… y yo quiero que esta… sea nuestra primera navidad juntos, quiero festejar a tu lado porque…– Sesshomaru podía sentir sus nervios pero a la vez emoción.
–Porque eres el macho a quien amo…– Dijo con su corazón latiendo acelerado y eso, el enorme macho de Inu podía escucharlo y lo hizo sentir orgulloso, saber que era el macho dueño del corazón de la gran y poderosa miko de Shikon era para sentir orgullo.
–Entonces este Sesshomaru quiere tener el honor de pasar eso que llamas navidad a tu lado, amada mía– Dijo seductor con una sonrisa ladina haciendo que la joven casi colapse por los nervios.
–Me… me encantaría– Dijo para dejar sus nervios de lado y ponerse de puntas de pie para besar su mejilla pero ni así alcanzó la mejilla del platinado pues era muy alto por lo que tuvo que agacharse a la altura de la chica para que ella posara sus labios en la tersa mejilla del macho.
–Entonces… nos vemos en siete días– Ella no lograba disimular su emoción.
Parados frente al pozo se miraron nuevamente y en esta ocasión el gran Inu tomó a su amada de la cintura y la levantó para así besar sus suaves y carnosos labios.
Como deseaba hacerla suya en ese momento pero aún no le había propuesto ser su mujer, deseaba marcarla como suya y que ella lo marcara como suyo pero quería proponérselo y no dejarse llevar por sus instintos youkai e Inu.
–Claro, en siete días me verás aquí esperando por ti– Su voz masculina y sensual la hizo estremecer.
Ella asintió y sin más le dio una última mirada y una tímida e inocente sonrisa y se dejó ir en el pozo a su hogar.
Sesshomaru miró a su pareja desaparecer dentro del pozo y de inmediato tomó camino para irse y buscar el regalo adecuado para su amada miko.
–Será algo digno para mi elegida y destinada. Un regalo digno para la futura Señora de Occidente– Dijo para sí mismo y emprendió vuelo, ya sabía que podría regalarle.
Sería algo complicado pero lo conseguiría.
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Llegando al otro lado del pozo la joven ojizafiro salía del mismo para encaminarse a su casa.
Tenía solamente unos días para encontrar el regalo perfecto para su el amor de su vida, el Inu Daiyoukai de mirada fría.
–Ah! No sé qué regalarle a Sesshomaru, él tiene todo lo que cualquiera pudiera tener, es un Lord y adinerado como tal.
¿Qué podría darle una joven miko de origen sencillo a comparación de su posición social? Aaah! Que complicado– Seguía con su desesperado monólogo que no se dio cuenta que su madre había escuchado su grito y abrió la puerta.
–Kagome, hija– Habló la joven madre sacando a su hija de su frustrada ensoñación.
–Mamá! No me di cuenta que estabas aquí– Se sobresaltó.
–Eso es claro, mi niña– Soltó una risita la señora Higurashi. –Ahora le dirás a tu madre que es lo que te tiene exasperada?- Preguntó tomando la mochila de su hija y entraron a la casa.
–Pues verás…– Se sonrojó. –Esta navidad deseo pasarla con Sesshomaru y él se tomó la molestia de preguntarme de que se trataba y le expliqué así que… no dudó ni un instante en pedirme pasarla con él– Su emoción era evidente y su madre estaba feliz de escucharla pues sabía que en el pasado había sufrido mucho por Inuyasha y su amor indeciso.
–Eso es maravilloso, mi amor. El Señor Sesshomaru realmente te ama y eso se nota al ver que le interesa hasta el mínimo detalle de tu vida y de lo que te emociona o te entristece– La joven mujer le daba una sonrisa de emoción a su pequeña hija, aunque ya no ten pequeña.
–Sí y realmente quiero darle un regalo especial pero como sabes, él es un Lord, un príncipe y tiene una posición social muy importante además de mucho dinero y riquezas de la época– Suspiró otra vez con frustración.
–Mmm es verdad que él tiene toda la riqueza que cualquiera podría desear pero creo que no tiene que ser algo costoso para que sea importante y especial para él, si viene de ti es más que seguro que lo va a valorar aun cuando es un youkai muy serio e inexpresivo– Dijo siempre con sabiduría su madre.
–¿Qué te parece si mañana por la mañana vamos al centro comercial y buscamos algo para tu príncipe youkai?-
–Sí! Gracias, mamá– La joven abrazó a su madre con una gran sonrisa. –De verdad muchísimas gracias–
–No tienes que agradecer, hija mía– Las dos sonreían mientras permanecían abrazadas.
Después de ese pequeño momento madre e hija, Kagome subió a su habitación, tomó algo de ropa limpia y fue a darse un relajante baño.
Y así el siguiente día llegó, Kagome se levantó temprano y ayudó a su madre con el quehacer para luego arreglarse e irse juntas en busca del regalo que tanta ansiedad le había provocado desde el día anterior para el Gran Lord y luego aprovecharía para abastecerse de suministros para volver a la época antigua.
–Bien, aquí estamos– La señora Higurashi miró a Kagome y le dio una sonrisa. –Alguna idea?-
–N… no– Suspiró. –Pero vamos a caminar y ver aparadores, quizás algo llame mi atención y crea que pueda gustarle al Lord– Esa última palabra la dijo con un tono algo divertido.
–Claro, además recuerda que él siempre se muestra interesado por las cosas de nuestra época– La mujer mayor sonrió y se encaminaron a ver las tiendas de todo el lugar.
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Mientras tanto el Lord Inu había emprendido un peligroso viaje a tierras algo alejadas de sus dominios pero con el tiempo suficiente para conseguir el regalo para su amada, Sesshomaru había decidido mandar a forjar para ella la reliquia dada a las mujeres del Clan Taisho siendo por demás decir que no todas las mujeres que se unen a un Taisho son dignas de llevar esa valiosa prenda, siendo hasta el momento Lady Irasue y la madre de el Gran General Perro las únicas hembras dignas de portar tal reliquia y ahora sin duda alguna Kagome, nadie más digna de ella para llevarla.
Antes de partir el platinado había ido con el viejo Totosai y le había encargado forjar el valioso collar de su Clan y que él iría a buscar la piedra preciosa que iría decorando el blanco y hermoso cuello de su princesa sagrada.
Así fue como emprendió su viaje en busca de una piedra de la que había escuchado en historias.
Una joya qué era conocida por su poder de protección pero no era tan simple un poder de protección cualquiera. Debías ser considerado digno primero que nada para poder obtenerla y según cuentan las historias, esta hermosa joya debía ser entregada al ser amado del ser que ha sido considerado digno de la piedra preciosa y ésta protegería al ser amado, a su descendencia, al amor de ambos y sus almas por la eternidad aún si llegaran a renacer.
–Hmp… nadie más digna que Kagome para ser su portadora, nadie más pura y de gran corazón que ella…– Sin más que pensar o decir, el ambarino apresuró su vuelo pues debía enfrentar una prueba impuesta por el guardián de la joya.
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Luego de dar vueltas por el centro comercial por unas 3 horas y viendo aparadores de las tiendas sin encontrar algo que Kagome considere apropiado para el amor de su vida llegó a una joyería, su madre la instó a entrar.
–Entra, mi amor. Quizás encuentres algo para Sesshomaru ahí y si necesitas ayuda con algo de dinero solamente dime– Kagome miró a su madre y con una sonrisa asintió y se animó a entrar.
Comenzó a mirar los escaparates del lugar, viendo desde pendientes, sortijas, relojes y collares. Todo tipo de joyería.
El hombre del lugar miró a la joven y le ofreció su ayuda comenzando a mostrarle piezas de joyería.
Nada.
No había nada que le gustara, todo lo consideraba simple para el Gran Lord que debía de tener joyas más valiosas.
Siguió mirando hasta que sus ojos se detuvieron en una pieza hermosa y tenía aspecto antiguo pero elegante y masculino.
Ese era, definitivamente esa pieza era el regalo perfecto. Así lo había decidido una vez lo tuvo en sus manos y lo vio.
–Me hace muy feliz que por fin consiguieras el regalo para el Señor Sesshomaru, hija– Su madre no pudo evitar sonreír al ver la alegría de su hija, ella realmente se veía feliz y satisfecha con el regalo.
–Sí, mamá y ya solo le falta un pequeño detalle para que quede perfecto. Ahora vamos, debo encontrar el envoltorio perfecto– Dijo mirando la cajita de terciopelo donde iba guardado el regalo de su amado.
La mayor asintió y siguieron con sus compras.
Después de lo que pareció una mañana complicada en busca del dichoso regalo para el Lord, terminaron las compras para el hogar Higurashi y para que Kagome llevara al Sengoku y ya se encontraban subiendo los escalones del santuario.
–No importa cuánto tiempo pase, digo sin soportar subir estos escalones con todas las compras que solemos hacer– Se quejó la joven ojiazul haciendo reír a su madre.
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Habían pasado ya cuatro días y el Lord había conseguido con éxito la joya, fueron cuatro días difíciles, no fue fácil comprender que tipo de prueba le había sido impuesta hasta que todo tuvo sentido y solo recordaba las palabras del guardián de la joya.
–“Nadie más digno que tú, Lord Sesshomaru para ser el poseedor de esta valiosa joya y esa mujer a quien deseas entregarla es definitivamente la persona correcta. Su alma y corazón puros y el amor de ambos igual de puro y sincero son los únicos de despertar el gran poder de esta piedra, la joya los protegerá por la eternidad y sin importar cuantas veces tengan que renacer su amor seguirá intacto” – Esas habían sido las palabras dichas por el guardián de la joya.
Sesshomaru llevó su mirada a su mano izquierda mientras volaba rumbo a la cueva de Totosai y la abrió para mirar la hermosa joya azul, ese tono azul tan místico, el mismo color azul que tenían los ojos de Kagome. Un tono azul que nadie en el mundo, humano o youkai poseía, era único y era solamente ella la poseedora de ese color tan místico.
Para el Gran Inu fue algo curioso pues la joya que él observó antes de tomarla en sus manos era de un blanco muy brillante y esférica pero en cuanto el guardián se la entregó ésta tomó el tono azul de los ojos de la azabache de sus sueños y antes de sus pesadillas y además su forma esférica quedó atrás para tomar la forma de luna en cuarto menguante símbolo de su Clan.
Curioso e interesante, ese fue el pensamiento del Lord al ver el cambio tan radical que tuvo la joya pero aún así podía sentir el inmenso poder que ella emanaba, impresionante.
–Definitivamente solo Kagome es digna de algo tan puro y poderoso– Se dijo así mismo el macho ambarino.
Y sin más continuó su vuelo, debía llegar pronto al palacio del Oeste pues tenía mucho por preparar antes de la llegada de su hembra pero antes debía pasar por la cueva de Totosai.
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El día pactado para regresar a la época feudal había llegado. Era la víspera de la navidad según había investigado en la biblioteca hace un tiempo según el calendario de esa época y Kagome estaba muy emocionada pero también muy ansiosa.
Había decidido quedarse hasta después del año nuevo del Sengoku y continuar con su misión después de todo estaba de vacaciones y aprovecharía eso para quedarse más tiempo.
–Ya llevas todo, cariño?- Preguntó la madre de Kagome al verla ansiosa.
–Sí! llevo todo lo necesario desde las medicinas, comida, ropa adecuada para el clima. Todo!- Dijo sonriendo.
–¿Llevas el regalo para Sesshomaru?- Se aseguró de que su hija no dejara el presente tan importante para ella.
–Aquí– Mostró el regalo en una hermosa envoltura. –También llevo regalos para mis amigos, para la abuela Kaede, Rin y hasta para el molesto de Jaken, jajajaja– Ambas mujeres rieron a lo dicho la joven.
Sin más que decir, Kagome se despidió de Sota, su madre y su abuelo y se fue al pozo donde se dejó ir por el cálido poder que emanaba del mismo.
Al otro lado se podía ver y sentir un hermoso día nublado y frío.
Una gran mano pálida con marcas color magenta, señal de su linaje puro aparecía desde arriba. El Inu Daiyoukai recibía a su amada y le ayudaba a salir del pozo.
De un solo tirón sin ser brusco la sacó a la superficie y ella sonrió antes de lanzarse a sus brazos y besar los suaves y cálidos labios del Lord.
–Te extrañé mucho, Sesshomaru-sama– Dijo eso último con un poco de burla pues ella jamás usaba ni usaría honoríficos con su macho.
–Veo que hoy estás muy graciosa, sacerdotisa– Regresó el platinado sabiendo que ella no soportaba que la llamara de esa forma.
–Bien, bien– Suspiró derrotada. –Te dejaré ganar por hoy ya que es un día especial– Sonrió y tomó la mano de su príncipe demonio.
–Sabes que siempre voy a ganar– Dijo con tono serio pero con leve picardía.
–Mmm tengo derecho al beneficio de la duda, le puedes ganar a todos los demás menos a mí, jajaja– Ella estaba feliz y eso calentaba el corazón del ambarino.
–¿Vamos a la aldea? Quiero saludar a los chicos y a Rin, porque imagino que la dejaste ahí para venir por mí–
–Tus amigos e Inuyasha no están en la aldea y Rin se quedó en el palacio con Jaken– Se limitó a decir.
–Que?! En serio los muchachos salieron de la aldea hoy? Cuando les dije que día era!- No podía creerlo, ellos habían olvidado que hoy era el día de nochebuena y mañana sería navidad.
–Vamos al palacio, ya luego verás como castigar a tus amigos y al idiota de Inuyasha– Dijo el Lord tomando la cintura de su amada y emprendió el vuelo a sus tierras.
Kagome iba abrazada a su macho Inu mientras pensaba dónde podrían estar sus amigos pues esperaba entregarles sus regalos antes de irse con su amado Señor.
Sesshomaru abrazaba fuertemente a la joven y pasó a mokomoko alrededor de ella pues hacía frío y volando el aire helado era más fuerte, el viaje en aire tardaría unas horas con la velocidad del ambarino a diferencia de ir a pie que podría ser de 2 a 3 días.
Al entrar a los dominios del Daiyoukai se pudo vislumbrar el enorme palacio del Oeste, la vista era simplemente hermosa cubierto de nieve.
–El palacio se ve hermoso, la nieve lo hace ver aún más mágico!- Dijo la joven azabache fascinada.
–Imaginé que te gustaría en cuanto comenzó a nevar– Respondió el Lord.
–Mucho, se ve hermoso– Ella mostró esa sonrisa que tanto ama el ambarino.
Cuando llegaron fueron recibidos por un grupo de soldados y sirvientes.
–Bienvenido, Sesshomaru-sama. Bienvenida, Señora Kagome– Dije a coro.
Kagome se sonrojó pues no estaba acostumbrada a ser llamada Señora.
Sesshomaru la puso en el suelo y ella tomó su mano entrelazando sus dedos.
–Te llevaré yo mismo a tu habitación para que descanses un poco y tomes un baño en las termas– Sesshomaru soltó la mano de Kagome y la puso en su cintura y comenzaron a caminar mientras eran reverenciados.
Luego de dejar a nuestra ojiazul en su habitación, el Lord se retiró a supervisar que los preparativos estuvieran en orden pues estaba decidido en sorprender a su amada.
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Las horas pasaron y luego de descansar un poco nuestra querida azabache tomó un baño relajante en las aguas termales, al terminar fue recibida por su dama quien tenía preparado sobre el enorme futón el atuendo que usaría esa noche.
–Señorita Kagome, me alegra verla– Saludó con una pequeña reverencia y una sonrisa la joven youkai kitsune.
–Ame! Que alegría me da verte también– Respondió Kagome con una gran sonrisa.
–Aquí tengo el kimono que Sesshomaru-sama mandó a confeccionar para usted– Dijo la kitsune mostrando un hermoso kimono de 3 piezas, muy elegante.
La joven youkai comenzó a asistir a Kagome y colocando pieza por pieza del precioso atuendo en tonos blancos y lilas y diseño de lirios.
Para el cabello, la dama tomó la larga y negra cabellera de la miko de Shikon e hizo un chongo alto y lo decoró con un hermoso kanzashi, algo de maquillaje, muy natural y se veía simplemente hermosa.
–El amo quedará encantado… aunque no lo demuestre, estoy segura de que será así– Dijo la youkai viendo a Kagome.
–Sesshomaru es muy atento aunque no lo parezca, solo mira, se tomó el tiempo de mandar a confeccionar este hermoso kimono que solo las princesas usan– La sonrisa de la sacerdotisa era más que evidente, ella amaba cada detalle que el Inu tenía con ella por más pequeño que fuera.
–Usted ama mucho al amo, verdad?- La joven kitsune miraba a Kagome con una sonrisa.
–Con mi alma, Ame. Sesshomaru es el ser a quien más amo– El corazón de la joven latía acelerado con solo decir esas palabras a su dama y confidente en el palacio.
–Me hace feliz que exista alguien quien ame a Sesshomaru-sama realmente pues siempre ha sido codiciado por su posición y poder, lo normal en estos tiempos aún así jamás cedió a una unión política, el amo jamás necesitó de algo así y en cambio la eligió a usted que estoy segura que lo hizo porque realmente siente lo mismo que usted– Decía la joven youkai mientras terminaba pequeños detalles en la apariencia de la pequeña miko.
–Es verdad, Sesshomaru es un Daiyoukai honorable y no haría algo que no quisiera o que no estuviera de acuerdo, además estoy segura de sus sentimientos por mí pero no digas nada, ya sabes como es– Ambas rieron a ese último comentario de Kagome.
–Aunque confieso que eso lo hace ver tierno– Concluyó la guardiana de Shikon.
–Está lista, señorita Kagome. Es momento de llevarla con el amo–
Ambas salieron de la habitación de Kagome y Ame guió a la joven hasta donde se encontraba Sesshomaru, en la biblioteca del palacio pues no quería que en ese día tan especial para su amada miko lo viera en la habitación donde atendía los asuntos de sus tierras y políticos.
La joven youkai kitsune en cuanto llegaron tocó la puerta y al escuchar la autorización de su amo, abrió la puerta.
–Sesshomaru-sama, la señorita Kagome ya está aquí– Dijo ella y le abrió paso a la azabache que en cuanto entró dejó impresionado a su amado.
–Kagome– Fue lo único que pudo decir en ese instante.
La dama de su querida princesa sagrada se retiró dejándolos en su burbuja, dándoles la privacidad que su amo exigía.
–Y? Que tal me veo, Sesshomaru?- Preguntó la joven completamente sonrojada.
–Magnífica– Fue lo que el Lord alcanzó a decir antes de comenzar su andar hacia ella para así poder besarla.
–Tú también luces muy apuesto con tu atuendo, imponente y elegante. Los colores oscuros te lucen de maravilla– La joven decía esto muy sonrojada lo que provocó la sonrisa ladina del macho.
–¿Qué te parece si vamos? Hay algo que tengo que mostrarte– El platinado ofreció su brazo para que ella lo tomara y así lo hizo.
Sesshomaru guió a Kagome hasta el salón principal del palacio y en cuanto las puertas se abrieron se dejó ver la hermosa decoración del lugar, todo era lo más exacto posible a lo que ella le había contado a Sesshomaru sobre decoración navideña e incluso el hermoso y gran árbol tenía unas preciosas rocas qué lo iluminaba gracias al youki como si realmente tuviera luces, las esferas eran de nada más y nada menos que de cristal; simplemente elegante y mágico.
Además de la decoración del lugar, también vio a sus amigos ahí que se acercaron a saludarla. Ella realmente creyó que sus amigos se habían ido a alguna misión olvidando este día tan esperado pero todo fue parte del plan del Lord para que ella pudiera celebrar eso que llamaba navidad a su lado siendo lo más parecido posible a como solía celebrarlo en su época.
–Es… hermoso, Sesshomaru. Gracias por este hermoso regalo– Dijo ella y se puso de puntas de pie para poder besar al temido Daiyoukai.
–Realmente preferiría celebrarlo solo nosotros pero según lo que me dijiste, esto es lo más similar a lo que sueles celebrar en tu hogar– Ella asintió a las palabras de su príncipe demonio y se abrazó a él.
–Nuestra primera navidad juntos y es mágica– La emoción en las palabras de la chica era evidente y el Lord no hizo más que sentirse orgulloso al ver que todo había salido según lo planeado.
Kagome compartió con sus amigos mientras el platinado la miraba a la distancia pues él no era de compartir con otros incluyendo a los mismos señores cardinales pero había preparado esta celebración para hacer feliz a su amada humana.
Poco después Rin se les unió y se emocionó cuando Kagome le explicó sobre la navidad. También pidió a su dama y a Jaken que trajera todos los regalos que estaban en su habitación para poder colocarlos bajo el bello árbol.
La pequeña fiesta transcurrió sin ningún contratiempo, incluso el mismo Inuyasha se había comportado para no arruinarla y después de la cena todos siguieron festejando.
Ya sobre la media noche, con la luna en lo más alto del cielo, Kagome tomó el regalo que tenía para su amado y fue a él.
Una vez a lado de Sesshomaru tomó su mano y le pidió que la siguiera al jardín que estaba cubierto de nieve, una imagen espectacular a su parecer.
Ya en el jardín, el ambarino tomó el rostro de Kagome en sus manos y simplemente la besó.
–Elegiste un buen momento para alejarnos del alboroto– Dijo serio pero con cierto tono burlón.
–Quiero tiempo a solas contigo, después de todo es nuestra primera navidad juntos– Sus mejillas se tiñeron de un adorable rosa.
Sesshomaru asintió y volvió a besarla. Tomó su mano y comenzaron a caminar para alejarse un poco de la entrada al salón.
Cuando estuvieron lo suficientemente alejados, Sesshomaru detuvo su andar y miró a Kagome mientras tomaba sus dos pequeñas manos.
–Kagome, sabes que este Sesshomaru no es de muchas palabras y difícilmente habla de sus sentimientos por lo que he tratado de hacerte ver lo que siento con mis acciones– Comenzó a hablar el gran Lord a lo que Kagome asentía a sus palabras.
–Pero ahora yo, Sesshomaru Taisho Señor de las tierras del Oeste deseo pedirte a ti, Kagome Higurashi sacerdotisa de Shikon qué seas mi compañera de vida por la eternidad–
Los ojos de Kagome se abrieron de par en par, no podía creer que su amado príncipe le pidiera que se emparejaran, su corazón comenzó a latir con violencia en su pecho y sus mejillas se pusieron aún más rojas mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de emoción.
–Sí, sí! Es… es lo que más deseo, Sesshomaru. Ser tu compañera, tu esposa, tu hembra– Las lágrimas de alegría comenzaron a salir de esos mares cristalinos.
Sesshomaru sacó la caja de plata y la abrió dejando ver el precioso y valioso collar con una muy impresionante luna en cuarto menguante hecha con una joya que se veía realmente costosa a sus ojos.
–Este collar es parte de una reliquia de la familia Taisho que los machos del Clan le dan a sus hembras siempre y cuando ellas sean dignas y en el Clan solo han habido 2 hembras dignas de llevarlo con orgullo. La madre de mi padre y mi propia madre, Lady Irasue. Ahora tú serás la tercera en llevarlo y más que digna eres para ostentar tal reliquia y esta la mandé a forjar especialmente para ti pues la joya que lleva es una piedra preciosa con poderes impresionantes que te protegerá a ti, a nuestra descendencia y a nuestro amor y nuestras almas– Impresionante, eso era lo que Kagome pensaba al escuchar a su amado hablar sobre los poderes de la joya, simplemente romántico.
El imponente Daiyoukai se acercó a ella y colocó el tesoro del Clan Taisho en el frágil cuello de su amada y volvió a besarla.
–Yo… también tengo un regalo para ti– Sacó la pequeña caja con una elegante envoltura y se la puso en sus manos.
–Quizás no sea algo tan impresionante como este collar tan significativo que me has dado pero es algo que te doy porque lo he elegido con todo el amor que tengo en mi corazón y mi alma por ti–
El Señor de Occidente comenzó a rasgar la envoltura y luego abrió la pequeña caja dejando ver un hermoso collar de oro con un dije relicario.
Sesshomaru miró a Kagome y sonrió acercando su rostro al de ella y frotó su nariz con la de la joven.
–Gracias, atesoraré esto durante mi longeva vida– Le susurró.
–No… no es solo un collar, mira– Ella lo tomó y abrió el relicario dejando ver en una cara una pequeña foto de ambos donde ella besaba su mejilla y él miraba a la cámara y en la otra cara del relicario se podía apreciar una foto solamente de Kagome sonriendo.
–Al abrirlo podrás ver estas fotografías cuando estemos separados ya sea porque debes realizar algún viaje por algún asunto político o no podamos estar juntos por alguna circunstancia– Terminó de decir.
–Esto lo hace aún más especial, mi hermosa miko. Definitivamente esto me hará sentirte más cerca cuando no podamos estar juntos por alguna razón– Él fue acercando sus labios a los de la joven para volver a sellarlos con un beso suave y lento.
****FIN FLASH BACK****
–Nuestra primera navidad fue mágica– Sonrojada y con una gran sonrisa, la guardiana de la Shikon no Tama decía para sí misma mientras en su mano derecha sostenía la joya de luna cuarto menguante.
Después de esa primera navidad, derrotaron a Naraku y ella se emparejó con el Lord del Oeste. El pozo se selló y no pudo volver a ver a su familia pero era feliz, tenía a su lado al youkai qué más amaba y a sus amigos que eran su familia, simplemente no cambiaría nada de lo que tenía ahora.
Su familia? Pues ella sabía que tarde o temprano alcanzarían su época y ahí se volvería a reunir con ellos.
Ame tocó la puerta y le avisó a su Lady que todos la esperaban en el gran salón para dar comienzo a la celebración navideña que ahora era una tradición del Oeste.
Kagome salió y seguida de su dama se encaminaron al salón donde fue recibida por su Señor quien besó su mano y dio inicio a la festividad.
Como cada año, todos sus amigos y allegados estaban presentes para celebrar a su lado.
Al igual que la primera nochebuena juntos, después de la cena, Kagome llevó a Sesshomaru al jardín; al lugar donde él se lo propuso.
–Kagome?- El Taisho mayor estaba algo confundido por la actitud sospechosa y silenciosa de su amada mujer.
–Tengo un regalo para ti, otro regalo además del que ya preparé con anticipación– Ella comenzó a hablar y a sonreír ampliamente.
–Estás actuando más extraño que de costumbre, mujer– El platinado levantó una ceja.
–No me interrumpas, Sesshomaru. Arruinas el momento– Dijo riendo y continuó bajo la mirada incrédula de su marido.
–Quiero darte primero este regalo porque es el más valioso e importante– Tomó una bocanada de aire y volvió a sonreír.
–Sesshomaru, estoy embarazada. Tendremos un hermoso cachorro o una hermosa cachorra– Soltó y al mismo tiempo liberó su esencia que había ocultado para que él no se enterara antes pues deseaba sorprenderlo.
Los ojos de Sesshomaru mostraron sorpresa, por primera vez en sus siglos de vida había mostrado una expresión y en ese mismo instante el dulce aroma de su esposa llegó a sus fosas nasales y con él, el aroma de su cachorro creciente en el vientre de la joven sacerdotisa.
El gran Señor se acercó a ella y la abrazó para besarla suavemente.
–Este es el mejor regalo que he recibido junto con el relicario que llevo siempre en mi pecho. Te amo, Kagome–
Sesshomaru unió sus labios una vez más a los de su esposa, otra navidad mágica marcaba nuevamente el inicio de otra etapa de sus vidas.
Ser padres.
Ambos sentían sus vidas completas y ahora más que nunca pues dentro de unas cuantas lunas recibirán su tesoro más valioso.
Fin
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