Cap.1
—Si aceptas este trato, no solo los humanos verán que la religión avanzó aceptando un matrimonio homosexual, tu también tendrás beneficios.
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—El Vaticano aceptó tener un matrimonio, los católicos y los jóvenes querrán aceptar la religión al ver que el está como ejemplo al estar casado con alguien de su mismo sexo y...tu, tu podrás estabilizar la economía de tu territorio, el cuenta con bastante dinero, al volverse uno por la unión, mejorará la calidad de vida de tu gente.
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—Incluso, si te comportas, el podrá devolverte el derecho sobre Malvinas, es un hombre de palabra, Argentina, piénsalo, ambos ganarán en este trato.
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El latino suspiraba pesadamente al recordar aquellas palabras, maldiciéndose a sí mismo por haber aceptado en aquel momento.
Si, había firmado, había llevado un traje blanco, se había hecho una gran y elegante ceremonia tanto en la iglesia como en el banquete, humanos, countrys, islas...fue la noticia del momento, siendo todo transmitido en vivo por diferentes canales en el mundo.
Todo tan...hermoso, elegante, alegre, todo lo que alguna vez el latino pensó que podría ser su boda pero...tras conocer al que era su esposo, el ambiente fue opacado.
Argentina era un país alto, de contextura delgada a pesar de tener su cuerpo trabajado, su cabello siempre agarrado por una pequeña cinta roja en una coleta alta, ya que, sin esta, sus celestes mechones podían llegar hasta su pecho.
Su facción siempre podía ser relajada, emanando tranquilidad incluso cuando sonreía, teniendo momentos en los que se divertía con sus amigos, terminando despeinado y algo desarreglado.
En cambio, aquel hombre que hace poco ya era considerado su esposo, era alguien casi 10 cm más alto que el a pesar de ser solo una ciudad, de una aurora pesada, manteniendo su rostro inexpresivo la mayor parte del tiempo, un hombre de pocas palabras y de fuerte presencia por lo arreglado que siempre se veía con su sotana.
Ambos diferentes entre sí pero...con la única diferencia de que el argentino estaba dispuesto a llevarse bien con su nuevo compañero de vida.
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Los días se habían convertido en semanas, las semanas en meses y...Argentina no había logrado su cometido, ni siquiera podía tener una charla con aquel bicolor sin sentirse incómodo ante lo cortante que era.
Ese día no fue la excepción, como todas las tardes había ido a la biblioteca privada de su esposo, sentándose a su lado mientras unos hombres se encargaban de colocar en la mesa que había entre ambos, los aperitivos y bebidas para la merienda, para luego, dejarlos solos en aquel gran y silencioso lugar.
El latino agarró su vaso de jugo, tomándolo mientras se cruzaba de piernas viendo hacia el mayor, quién, como siempre, parecía preferir leer un libro a que tener una conversación con el.
Claro que, el argentino no quería perder otra vez, no quería ser insistente pero...¡Era su esposo! Tenía algunos derechos como tal, ¿Verdad?.
—Ya pasaron 5 meses desde que estamos casados, ¿Aún no podremos compartir la habitación? Me parece irracional que duermas en una cama y habitación separada a la mía, yo te respeto, respeto nuestro matrimonio pero hay algunas situaciones como ese que no son de mi agrado, apenas te veo en el día.
Dijo el argentino con tranquilidad, dejando su vaso en la bandeja que había en la mesa mientras notaba como el mayor suspiraba con pesadez pasando una página de su libro.
Otra vez, parecía ignorarlo, ya había perdido la cuenta de todas las veces en que aquel bicolor lo hacía de lado o se quedaba callado ante sus preguntas, lo cuál, muchas veces le hacia cuestionarse...
¿Y si fuera mujer, lo trataría diferente?.
No era una novedad que como antigua religión fuera heterosexual, que tuviera cierto rechazo hacia los homosexuales pero...el había aceptado el matrimonio, entonces, ¿Por qué parecía despreciarlo?.
Argentina apretó sus manos con cierta molestia, se mantenía tranquilo, desde hace décadas había preferido la paz y dejar atrás su oscuro pasado como colonia aunque...momentos como ese, en los que de forma silenciosa se sentía menospreciado...solo le estrujaba su ya débil corazón.
—Bien, entiendo, ya es hora de que me vaya, que agradable tarde.
Comentó levantándose de su sillón, diciendo aquellas últimas palabras con cierto sarcasmo ya que, usualmente era una hora de convivencia pero el no podía aguantar estar más minutos ahí, con alguien que no cooperaba o siquiera lo veía como su pareja legal.
Salió de la biblioteca caminando por los largos pasillos de aquel enorme lugar.
Si, tras el casamiento el menor había sido llevado a vivir en aquella ciudad italiana, pasando la mayor parte del día en aquel sitio extremadamente religioso, incluso, el tenia que usar una sotana negra como los demás sacerdotes de ahí, con la única diferencia de que en su cintura llevaba una cinta blanca y amarilla, signo de estar unido en sagrado matrimonio con el Vaticano.
Había aceptado todo lo que le era exigido, se levantaba temprano, rezaba, leía la Biblia, era educado y silencioso pero...¿Por qué parecía más estar siendo adoctrinado que vivir una vida normal como un esposo extranjero?.
Apretó sus labios entre si, había sido paciente por meses, no buscaba acostarse o tener afecto con el mayor, ya que, el no sentía nada por aquella ciudad pero aún así...pedía respeto, un poco de empatía dada la situación..
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Las horas transcurrieron con rapidez, los preparativos para el descanso poco a poco eran llevados aunque...aquel bicolor de gran edad aún permanecía en su oficina, leyendo unas cartas de algunos curas y sacerdotes ante alguna noticia o petición hasta que, al oír que tocaban su puerta suspiró dejando dichos papeles sobre su escritorio.
Dio el permiso viendo a una monja pasar con la cabeza agachada caminando hacia el, deteniéndose frente a la mesa con algo de...nerviosismo.
—Cosa sta succedendo?.
》¿Qué sucede?.
—Mio signore, con le mie sorelle siamo andati nelle stanze di vostro marito per prepararlo ma lui non c’è, lo cercavamo con i nostri fratelli e non siamo riusciti a trovarlo, non volevamo preoccuparlo ma... non lo vogliamo sa dov’è, chiedo alle guardie che lo cerchino in giro o avverto la polizia della zona?
》Mi señor, con mis hermanas fuimos a los aposentos de su esposo para prepararlo pero no se encuentra ahí, lo estuvimos buscando con nuestros hermanos y no logramos hallarlo, no quisimos preocuparlo pero...no sabemos donde está, ¿Le pido a los guardias que lo busquen alrededor o aviso a la policía de la zona?.
El silencio se hizo presente en aquella habitación, escuchándose a los pocos minutos un suspiro del mayor levantándose de su sillón dejando sus lentes sobre su escritorio.
—È colpa mia se non te l’ho fatto sapere, sta studiando in biblioteca, torna a riposare, non è un motivo per fare storie.
》Es mi culpa por no avisarles, el está estudiando en la biblioteca, vuelvan a descansar, no es motivo para hacer un alboroto.
Aquel hombre observó a la menor hacer una pequeña reverencia antes de salir de la habitación, dándole...tiempo para cerrar sus ojos unos segundos, tratando de mantener la calma ante la indisciplina y llamados de atención que hacía el latino.
No soportaba su comportamiento pero...sabia donde estaría, por lo que, empezó a caminar teniendo sus manos detrás de su espalda, dispuesto a salir de su oficina para enseñar a su “esposo” como era la vida ahí.
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—S-solo un poco más, un poco más...
Susurraba el argentino extendiendo su brazo, estando sobre las puntas de sus pies semi apoyado sobre un viejo banco de madera en aquel oscuro jardín.
Tenía frío, sentía su brazo algo dormido por todos los minutos en que estuvo estirado, ya que, ahí, en una esquina del jardín escondido del lugar, podía llegar a obtener el WiFi de uno de los edificios vecinos.
Ya no aguantaba más, quería hablar con sus amigos, no podía salir a esas horas por la restricción de los guardias, no podía tener Internet por lo conservadores que eran, y, para el colmo de su situación, tampoco debería tener su celular, ya que, según el pensamiento de los sacerdotes, al ser la “mujer” del bicolor, no debía tener distracciones hacia los pecados del exterior, lo cuál, claramente le era molesto.
El era un país, uno hombre, uno que fue a diferentes guerras, pasó por duras situaciones y batallas pero...su título poco a poco dejaba de tener validez para los humanos, incluso más ahí, que pasó a ser solo la sombra de su esposo.
—Argentina.
El latino sintió su cuerpo congelarse al oír la voz de aquella ciudad, llegando a girarse poco a poco viéndolo desde lo alto a aquel hombre de brazos con el ceño fruncido.
No hacia falta decir que el menor se terminó bajando, siendo sentado en aquel viejo banco mientras tenía al Vaticano mirándole molesto frente suyo.
—Ambos fuimos casados por motivos políticos, nuestro matrimonio es falso en ciertas perspectivas, entonces, ¿Porqué no puedes cumplir tu deber como esposa?, estás viviendo bajo mi techo y bajo mi nombre, esperaba que como país tuvieras un mínimo de respeto y responsabilidad sobre nuestra situación, ¿Qué hubiera sucedido si las monjas te veían aquí?, ¿Cuánto crees que hubiera durado la noticia sin que lleguen a los medios de comunicación?, es una vergüenza.
El albiceleste desvío la mirada al oír el tono molesto con el que hablaba el mayor, si, sabia que aquella ciudad había estado casi desde el principio de los tiempos, tenía siglos de años, con ello experiencia y respeto pero...¿Por qué le hablaba así?, ¿Acaso no sabia que el también tenía pensamientos?...
Apretó la tela de su vestimenta, no sabia si era su orgullo o el cansancio de la larga rutina que seguía hace ya unos meses pero se levantó, mirando con molestia al mayor.
—¿Por qué solo piensas en ti y tu imagen? ¡Yo también tengo sentimientos! ¿Acaso no piensas en lo duro que es para mí estar aquí? ¿En seguir estos reglamentos de mierda? Yo también tuve una vida antes de aceptar todo esto, yo sabía que iba a ser nuevo y complicado esta situación pero aún así estaba dispuesto a llevarme bien contigo, en hacer llevadero nuestro matrimonio por las ventajas que ambos tenemos de esto, ¡Pero a ti te importa una mierda!, ¡No me asombra que ONU haya tenido que recurrir a un país latino, seguro ningún europeo estaba tan desesperado para pasar una miserable y sola existencia a tu lado!.
Argentina dijo con enojo, sintiendo su respiración un poco agitada por al fin haber soltado todo lo que se guardó en esos meses, incluso, estaba dispuesto a decir más al respecto si el mayor le respondía pero...lo único que obtuvo de su contrario, fue una bofetada.
Una que provocó que tuviera que sostenerse del posa brazos de aquel viejo banco de madera para no caer al césped...
Pudo sentir como los mechones de su cabello tapaban un poco su rostro ya que, aquella cinta que usaba en este, se había deslizado hasta caer al suelo por el impacto.
El menor llevó una de sus manos hacia su mejilla izquierda, sintiendo el ardor que empezaba a tener el dicha zona, aún sin poder siquiera procesar lo que había sucedido, ya que...nunca se imagino que aquel hombre, aquel mismo que era la religión y ciudad en sí...fuera a golpear a su propio esposo.
No fue hasta que sintió que era tomado de los hombros, que logró ver el rostro del bicolor, notando como este apretaba su mandíbula con molestia al igual que fruncía el ceño.
—Ni se te ocurra faltarme el respeto de esa manera otra vez, y menos frente a los demás, no dudaré en hacer que te lleven a los calabozos sólo para que te adoctrines como debe de ser. Dejaste de ser un país una vez firmaste y te colocaste el anillo, ahora eres desgraciadamente mi esposo, ¿Acaso crees que yo elegí esta situación? No soporto la idea de estar comprometido con un hombre, menos tener tu cercanía y estúpidas ideas sobre dormir a tu lado, las personas como tu solo son unos malditos enfermos de la cabeza, solo toma tu maldito lugar y respeta las normas de convivencia sin interferir en mi vida.
Fue lo único que escuchó el latino antes de sentir que el mayor lo soltaba, separándose para irse en silencio entre las penumbras de aquel jardín...provocando que el menor terminara por sentarse en el suelo, apretando su sotana con sus manos temblando...
¿En que se había metido?..