Lágrima de Sirena (Amanene/Tsunene)

Summary

Mentiras, mentiras y más mentiras. Idea principal de: hanakolovesnene Desarrollado por: le yo (KinkyMoonAF)

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Complete
Chapters
11
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n/a
Age Rating
18+

1

¿A dónde había ido papá?

¿Acaso seguiría sin cumplir con sus promesas de ir a visitarla en sus cumpleaños?

¿Por qué su madre se empeñaba en ocultar la localización de su figura paterna?

¿Cuál era el motivo de que se hubieran mudado a ese departamento tan feo?

Extrañaba su antigua casa; su cuarto lleno de peluches y su cama de colchas rosadas, la cocina donde tantas veces había horneado pasteles con sus padres, el patio trasero donde solía jugar durante horas con sus muñecas y el jardín que tanto ella como su mamá habían cuidado con esmero.

Su felicidad había sido aplastada en cuestión de segundos luego de que su madre recibiera una llamada telefónica que la había hecho ahogar un grito y derramar lágrimas amargas. Y pensar que sólo habían pasado unos días desde que se había trasladado a un departamento del tamaño de su antiguo cuarto...

Y ahora estaba ahí, llorando junto a una pila de basura en aquel terreno baldío que presuntamente en unas semanas se volvería un parque de juegos. Sumiéndose en la más profunda de las desdichas al recordar las duras palabras de su progenitora al revelarle que no volvería a ver a su papá, si no hasta muchos años después. ¡Tenía que ser mentira!

Su padre no sería capaz de dejarla sola. Ella era su princesa y además le había prometido llevarla a ver el espectáculo de sirenas en el acuario. ¡Incluso ya había elegido el conjunto que usaría!

El pensar que ahora tan sólo le quedaba una promesa rota y el dolor de haber perdido a una de las personas que más amaba a su tierna edad, era suficiente para que continuara sollozando.

Al menos la luna no le ordenaría callarse como solía hacerlo su mamá cada que sus ojos se llenaban de solución salina.

De repente, un sonido la distrajo de su lloriqueo y la puso en estado de alerta. Esperaba que no se tratara de su madre, quien muy seguramente ya la estaría buscando; después de todo, eran ya casi las once de la noche y ella no estaba en su cama, si no en un terreno lleno de basura y maleza a las afueras de la ciudad.

—¿Hay alguien ahí? —preguntó, temerosa de que un regaño contestara su interrogante, pues a su corta edad no podía pensar en mayor peligro que su progenitora enojada.

El sonido de los arbustos moviéndose en la oscuridad atrajo su curiosidad y, siendo más atrevida que sensata, decidió ir a inspeccionar.

¿Quién demonios se atrevía a interrumpir su melancolía?, y peor aún, ¿quién sería tan grosero como para no responder a las preguntas de una señorita como ella?

Apartó la vegetación que servía de escondite para el causante de su pausar y le vio. Se trataba de un niño, podría decir que apenas un poco mayor que ella. Estaba sentado contra el viejo tronco de un árbol cortado, con sus rodillas pegadas al pecho y su rostro oculto entre sus manos.

—¿Hola? —Intentó atraer su atención, parecía que no se había percatado de su presencia aún—. ¿Pasa algo?, ¿estás bien?

Dulce y despreocupada infante, siempre anteponiendo los sentimientos ajenos por encima de los propios, ¿cuán erróneo podría ser para ti el haberte cruzado con ese joven de cabellera oscura?

—¡Déjame en paz! —exclamó exaltado el prepuberto—. ¡No necesito la compasión de un rábano parlante!

Oh, eso había terminado de romper algo dentro de la albina.

En todos sus años de vida, que no eran muchos, jamás alguien se había atrevido a decir algo sobre sus extremidades inferiores. ¿¡Pero quién se creía que era este granuja!?

Con los puños cerrados, el rostro enrojecido, un puchero demasiado marcado, el labio inferior temblando y los ojos a punto de desbordar solución salina, se le fue encima. En el más literal de todos los sentidos.

Nene Yashiro no había tenido un buen día, ni una buena semana, y que este pelado apenas unos años mayor que ella se atreviera a mofarse de su físico cuando sólo buscaba tratar de ayudarlo... ¡Era simplemente inaceptable!

Jaló uno de los oscuros mechones con fuerza y él en su defensa trató de detener sus manos, lo tiró al piso, y en respuesta el contrario intentó apartarla jalando del cuello de su vestido. Rodaban sobre el pasto a la par que se insultaban y se ensuciaban, gritaban al oído del contrario las ofensas más infantiles y burdas que sus jóvenes cerebros podían imaginar, se tiraban del cabello, pegaban manotazos desacertados y al final, terminaron riendo, olvidándose totalmente de cuál había sido la causa principal de su enfrentamiento.

Una vez que las carcajadas terminaron y que pudieron recobrar el aliento, ambos se levantaron y se miraron.

De cabello platinado y corto, mejillas rosadas, ojos tan rojos como una paleta de fresa, piernas rechonchas, y algunos dientes faltantes, se encontraba ella. Nene Yashiro.

Y por otro lado, de cabellera oscura, ojos acaramelados, sonrisa traviesa, hoyuelos y brackets, estaba él. Amane Yugi.

—Eres más lindo cuando no estás llorando. —Las palabras de la infante dejaron perplejo al pequeño de cabellera oscura y tierra en las rodillas. Volteó a ver a otro lado, inseguro de cómo responder y a la vez, tratando de ocultar su sonrojo—. Mi nombre es Nene Yashiro y tengo siete años, ¿qué hay de ti?

El mayor de ambos recordó las palabras de su tutor. No debía, por ningún motivo, revelar su identidad. Miró a todos lados, verificando que nadie los estuviera observando en lo que intentaba recordar algún nombre.

—¡Ha-Hanako! Y tengo diez años.

—¿Hanako? ¿No es ese un nombre de niña?

—¡N-no, es un nombre muy masculino!

—Si eso dices...

—¿Qué haces aquí? No deberías estar sola en un lugar como este. —Desvió la conversación.

—Estaba... estaba... —Y nuevamente, lágrimas bajaron presurosas por sus mejillas cubiertas de tierra.

—¡Ey, no llores!

—Es que... es que... ¡no volveré a verlo!

—¿A quién?

—¡A mi papá!

—¿A dónde fue?

—Mi mamá no quiso decírmelo... Sólo me dijo que algún día regresará. —Continuaba sollozando a la par que trataba de limpiarse con el reverso de su mano.

—Al menos sabes que tu papá regresará... tu mamá debe estar preocupada por ti. —Sacando de su bolsillo un pañuelo ayudó a secar las lágrimas que habían mojado los mofletes sonrosados. Eran redondas y muy suaves. Y esos ojos, lo veían con tanto dolor que empezaba a sentirse impotente al verla tan indefensa.

—¡Pero mi papá me prometió llevarme al acuario, y dijo que ya no faltaría a mis fiestas de cumpleaños! —Interrumpió en una rabieta infantil, pausando al mayor de ambos.

—Y ya verás que lo cumplirá cuando regrese. —Trató de consolarla, reanudando la limpieza del tierno rostro.

—Desearía que fuera pronto...

—No desesperes, ya verás que el tiempo pasará rápido. ¿Qué hay de tu mamá?

—Mi mamá no me quiere, sólo me regaña y me dice que no haga esto y aquello... No quiero hablar de ella, ¿y tú, por qué estabas llorando? —El varón se detuvo y desvió la mirada.

—No estaba llorando...

—Sí estabas llorando.

—Que no.

—Que sí.

—... ¿en verdad quieres saberlo? —Él mismo se sorprendió con la facilidad que su voluntad se había doblegado ante ella. Esa niña era peligrosa.

—Sí.

—No volveré a ver a mis papás de nuevo... Nunca más.

—¿Fueron de viaje?

—Algo así, pero no regresarán... Ahora un... tío, me está cuidando. Dice que una vez ya sea lo suficientemente grande podré hacerme cargo del negocio familiar.

—¿Negocio familiar? ¿Algo así como una pastelería?

—No sé muy bien a que se refiere con eso; pero, quiero pensar que es algo así... Espero que sea un negocio de donas...

—¿Podrías hacer mocchi también?

—¿Mocchi?

—Sí, mis favoritos son los de fresa. ¡Si haces mocchi siempre te compraré muchos! ¡Seré tu cliente número uno!

Rieron y divagaron entre pensamientos infantiles e inocentes. Jugaron y corrieron hasta que sus pulmones ya no pudieron más. Siendo las criaturas de la noche los únicos testigos del inicio de una historia que más allá de parecer una novela rosa, se convertiría en fuente de dolor y angustia para sus actores principales.


—¡No volverá a pasar, mamá!

—Eso espero, señorita. Sabes que no puedes andar por ahí deambulando y menos a estas horas, ¿qué sería de mi si algo malo te pasaba?

—Lo siento.

—¿Es todo lo que tienes que decir?

—No sé qué más podría decir...

—¿En dónde estuviste?

La pequeña de piernas rechonchas miró sus zapatos llenos de tierra, su vestido cubierto de manchas verdes por el pasto donde había estado jugando y el moño entre sus manos, se había roto luego de su primer enfrentamiento físico con Hanako-kun, su nuevo amigo.

—Fui al parque que está en la calle vecina, me caí y por eso estoy así...

—Te fui a buscar allá y no te vi.

—E-es que... me escondí... —Mentiras, una tras otra.

—¡Estás castigada, no saldrás ni tendrás postre durante dos semanas!

—¡Te odio!, ¡por eso prefiero a papá, él no me castiga ni me dice cosas feas!

—¡Ve a tu cuarto y date un baño, mañana irás a la escuela y no quiero que llegues tarde por haberte desvelado!

—¡Preferiría que fueras tú quien no regresara y no papá!

Exclamó la pequeña antes de correr a su recamara y encerrarse. No era justo. Estando en casa no podía llorar en calma la ausencia de su figura paterna, pues su madre siempre estaba ahí para callarla, no le permitía externar todo su dolor.

Miró al reloj que estaba sobre su mesita de noche, eran las dos de la mañana.

¿En verdad tanto tiempo había pasado jugando con aquel niño?

Le parecía haber estado con él solo por unos minutos. Se preguntaba cómo estaría él, esperaba que a diferencia de ella, estuviera bien.


—¿Y bien?

—Lo siento.

—Bien, ahora dime, ¿dónde estabas y qué estabas haciendo? No es normal encontrarte lleno de tierra y la ropa tan desacomodada. De ser Tsukasa lo creería, pero no eres él, Amane.

—Estaba en el parque, quería ver las estrellas pero me caí y me ensucié...

—¿Estás seguro de que sólo eso paso?

—... sí.

—Sabes que no puedes ni debes exponerte así. Hay mucha gente que confía en que algún día serás mayor y podrás ponerte al frente del negocio familiar.

—Tsuchigomori... ¿Qué es el negocio familiar? ¿Es una pastelería?

El más viejo sonrió.

—Sí... supongo que sí puedes llamarla de esa manera.

—¿Y mis padres también hacían mocchi?

—¿Mocchi? Creí que tus favoritas eran las donas.

—Sería para atraer nuevos clientes... —mencionó mirando al piso, tratando de no hacer evidente el rojo que teñía sus mejillas.

—Ya veremos en un futuro.

—Bueno... ¿cuándo podré ver a Tsukasa?

—Yo te diré cuándo podrán verse. Por ahora es mejor que estén separados, sería peligroso tenerlos a ambos en el mismo lugar.

—¿Por qué?

—A duras penas puedo controlarte a ti, ¿acaso crees que a mi edad puedo aguantarlos a ambos?

—Hablas como si fueras un anciano.

—Desde que llegaste a mi vida siento como si hubiera envejecido veinte años.

—¡Pero si apenas llevo cinco días contigo!

—Exacto. Ahora vamos a dormir, mañana buscaré una escuela para que pueda deshacerme de ti por al menos unas horas al día. Ah, y otra cosa; estás castigado, nada de salir por al menos una semana.

—¡Awww!


Había sido un error, un completo y gran error el haber desobedecido a su mamá. No debió mentir y decir que iría a jugar y hacer tarea con su nueva amiga, Aoi, sólo para haberse aventurado hasta el terreno baldío donde había conocido al muchacho de ojos acaramelados.

“¿¡En qué estabas pensando, Nene!?“, se reclamaba una y otra vez mientras puños de arena caían sobre su cabeza y se metían entre su ropa. Ella sólo les había preguntado si habían visto a un niño bonito de cabello oscuro y brackets, y en respuesta esos barbajanes le respondieron con más de una ofensa dirigida a sus tobillos para poco después rodearla y empezar a tirarle tierra encima.

—¡Déjenme en paz! —exclamaba furiosa mientras apretaba los párpados, tratando de que el polvo no entrara a sus ojos.

—¡Miren el pequeño rábano quiere llorar!

—¡No es cierto! —Intentó defenderse, aunque tampoco era como si una niñita de siete años fuera capaz de hacer gran cosa contra unos pubertos de casi trece.

—¡Claro que sí!

Un empujón y terminó cayendo de sentón sobre el pasto en lo que el trío de bravucones seguían tirándole tierra encima y haciendo bromas de mal gusto a expensas de sus extremidades inferiores.

—¡Quiere llorar!

—¡Que no!

—¡Quiere llorar!

La de piernas rechonchas se esforzó en no derramar lágrimas, pero entre la tierra que se le metía a los globos oculares, el dolor en su trasero y las burlas sobre su cabello, sus piernas y el hecho de que le faltaban algunos dientes, era casi imposible. Lo único que le quedó fue hacerse bolita y esperar a que se aburrieran de molestarla pronto.

—¡Déjenla!

Una voz algo chillona los hizo voltear y ahí, frente a al grupito de malhechores y la niña con ojos cristalinos se encontraba él.

—¡Hanako-kun! —exclamó aliviada, mientras corría a su lado.

—¿Hanako? —preguntó extrañado.

—¡No te metas en nuestros juegos! —ordenó el mayor de los tres, tratando de imponerse, era el más alto, el más fuerte y muy probablemente el más tonto.

—Natsuhiko siempre me ha dicho que los niños deben ser gentiles con las niñas, ¡así que déjenla en paz! ¿Qué importa si parece más un rábano que una niña? —La fémina frunció el ceño luego de haber escuchado su intervención. Agradecía el gesto, pero hubiera preferido que omitiera esa última frase.

—¿O si no, qué?

El de cabellera oscura sonrió y sacó de su pantalón unas tijeras de punta filosa, en definitiva algo que ningún infante de su edad debería andar cargando como si nada, y les dedicó una sonrisa en lo que colocaba a la blonda por detrás de él.

Un escalofrío recorrió la espalda de los agresores, algo les decía que ese niño no era alguien que debiera tomarse tan a la ligera. ¡Al diablo con todo! Era mejor retirarse en ese momento a luego contar la anécdota de como un enclenque menudito los había espantado con sólo mirarlos a los ojos.

—Vámonos, que sea él quien se divierta con el rábano feo —Indicó el jefe del trío, tratando de guardar la compostura.

—¡No soy un rábano feo! —Alcanzó a gritar la menor.

Nene sacudió su vestimenta a la par que agradecía al infante azabache, sin darse cuenta de que él ya estaba encaminándose a la salida.

—¿A dónde vas? —preguntó en cuanto logró alcanzarlo.

—A mi casa.

—¿No quieres jugar?

—¿Jugar?

—¡Sí, como la otra vez!

—¿La otra vez? Lo siento niña, pero no te recuerdo en absoluto.

Ante la respuesta, la más pequeña suspiró. Tal vez el peso de la noche le había jugado en contra a una mente tan joven y débil como la de él; pero aun así, no se daría por vencida.

—Entonces, ¿qué te parece si me presento de nuevo, Hanako-kun?

—¿Hanako-kun? No has parado de llamarme así.

—¿Te molesta?

—No... es sólo que...

—¿O debería llamarte Hanako-san? Como creí que como ya éramos amigos, pensé que podía llamarte así... Además, no eres tan mayor.

—No, está bien así. Tengo diez años.

—Y yo soy Nene y tengo siete años.

—¡Entonces te llamaré Nene-chan!

—¡Me alegro de volver a verte, Hanako-kun! —exclamó emocionada la de mejillas rosadas mientras lo abrazaba.

Aun cuando por lo regular él solía ser quién demostraba su afecto de manera física, eso no evitaba que se sintiera extraño al contacto del pequeño cuerpo que se aferraba a él. ¿Sería acaso obra de los piojos de las niñas? Sus compañeros de clase solían decir que si te juntabas mucho con ellas te podían pasar sus piojos y que te sentirías raro luego de que te mordieran...

Y ahora que lo pensaba... ¿De dónde había sacado la extraña rábano el nombre de su abuela? ¿Acaso la conocía y por ende a él?

Era cierto que había heredado su color de ojos; pero aun así, era raro que no recordara en absoluto a esta niña, sobre todo cuando poseía unos tobillos tan singulares.

—¡Hanako-kun, vayamos a jugar, vi que están limpiando el parque y están construyendo juegos nuevos! ¡Incluso instalaron un castillo, vamos! —Sugirió alegremente en lo que lo tomaba de la mano y lo encaminaba.

Él, por su parte, se dejó guiar, sonriente y olvidándose de que tenía que volver a casa pronto. Unas cuantas horas de retraso no afectarían a nadie, ¿cierto?


El sol ya casi se ocultaba cuando sus juegos cesaron; estaban cansados de correr, saltar, imaginar y gritar. Tirados en el piso veían como poco a poco las estrellas empezaban a aparecer en el firmamento, sus dedos apenas rozando.

—Me divertí mucho hoy. —Confesó el pequeño.

—Yo también. Deberíamos volver a vernos, ¿qué te parece?

—Claro, pero... ¿cuándo? Casi no me dejan salir.

La de piernas rechonchas lo pensó por un momento. A ella tampoco le daban permiso de salir tan seguido, y a decir verdad a duras penas había logrado burlar a su madre. Ya vería cómo agradecerle a Aoi después.

—Bueno, ¿qué te parece si cuando podamos esperamos al otro... en...? —Lo meditó un rato, viendo a todos lados, tratando de localizar algún punto fácil de recordar—. ¡El castillo de madera! Así podremos encontrarnos fácilmente.

—¡Me parece bien!

—Entonces, nos veremos cuando se pueda ahí, ¡más te vale que no lo olvides! Y mientras tanto, es mejor que me vaya... ¡No es apropiado que una niña esté a altas horas de la noche sola con un chico!

—¿Apropiado?

—¡Sí, imagina el escándalo si alguien de mi escuela me viera!

—No veo el problema.

—¡Es porque eres un chico, Hanako-kun! Deberías ser más caballeroso.

—¿Caballeroso?

—Sí, como los príncipes de las películas y los cuentos. ¡De lo contrario nunca tendrás novia!

—¡Ew, las niñas dan asco! —exclamó el niño, sacando la lengua.

—¡No es cierto! ¿O acaso... yo te doy asco? —preguntó algo herida.

—¡No, no me das asco! Es sólo que no te veo de esa manera, es más como... ¡como si fueras otro niño!

La cara de la contraria lo había dicho todo, tal vez lo mejor hubiera sido no volver a verlo.

—¡Espero no volver a verte, tonto! —Le gritó, claramente molesta y ofendida.

—¿Qué, pero por qué?

—¡No oigo, no oigo, soy de palo y tengo orejas de pescado! —Emprendió la huida con las manos en las orejas en lo que entonaba la canción infantil sin darse cuenta de que el atolondrado prepuberto iba tras ella y, en menos de un segundo, la abrazó por detrás, impidiendo que siguiera huyendo.

—Perdón, no sé qué dije o por qué te molestaste... pero no quisiera que dejaras de ser mi amiga. Además de que si le digo a Natsuhiko lo que pasó hoy, me regañará por haber herido los sentimientos de una niña.

La más pequeña se removió entre sus brazos, que aun siendo bastante delgados se sentían fuertes. Apartándose del agarre, lo miró y llegó a una resolución.

—¡Entonces debes prometer que te portarás mejor!

—¡Sí!

—Muy bien, y para que te sientas comprometido. —Tomó su meñique y lo enlazó con el de ella—. ¡Si no cumples tu promesa, tu dedo se caerá! —exclamó divertida antes de salir huyendo.

El infante observó su meñique, ¿qué tipo de magia negra había usado la niña rábano como para comprometer la integridad de su dedo? Asustado, corrió hasta su hogar, sintiendo como su corazón estaba a punto de salir de su pecho.


—¡Yako-nee! ¡Yako-neeeeeee!

—¿En dónde te habías metido, mocoso?

—¿¡Es cierto que si no cumplo una promesa se me caerá el dedo chiquito!? —preguntó preocupado mientras mostraba el dedo maldecido a su tía.

—¿Quién te dijo eso?

—Eh... estaba en el parque y... y un rábano gigante me atacó y... y... luego me tiró al piso y me... me... quitó el dinero del almuerzo y... y...

—Olvídalo, es mejor que vayas a cambiarte antes de que empiece a salir humo de tu cabeza. En verdad, no puedo creer que hayas salido del vientre de mi hermana.

—¿Qué?

—Nada, sólo ve a darte un baño y luego baja a cenar. Entonces hablaremos sobre el dedo que se te caerá y tu castigo por no haber llegado a la hora que habíamos acordado, enano.


—¡En verdad no sé qué haré contigo, Nene-chan! Ese vestido recién te lo había comprado y sabes que ahora mismo no podemos gastar dinero a manos llenas...

—¡Pero fueron los niños del parque los que me echaron tierra encima!

—¿Y qué hacías en el parque, acaso no estabas en casa de Aoi-chan?

—Ah... es que pasé por el parque cuando venía de regreso...

—Nene...

—¡Sólo fue un rato, lo juro!

—¡A partir de hoy iré a tu escuela personalmente por ti!

—¡Pero, mamá!

—Nada de peros, ya veré como arreglármelas en el trabajo. Ahora ve a darte un baño y prepárate para cenar.

—¿Qué hay de cenar?

—Sopa de miso.

—¿De nuevo?

—Sabes que el dinero es escaso

La menor hizo un puchero y fue a marcha forzada a su cuarto donde se desvistió y lanzó a la cesta de ropa sucia su vestimenta. ¿Hasta cuándo podría volver a ver a Hanako-kun?