Bendición de amor

Summary

Esclavos de diferentes razas fueron llevados a territorio europeo, pueblos americanos y africanos serian mezclados con tal de servir al Rey. ¿Quién diría que en medio de aquella tortura e infierno surgiría un amor puro y verdadero entre un sudafricano y un latinoamericano? Ambos, a pesar de las circunstancias harán florecer su amor, pasando por tormentos e injusticias que pondrán a prueba su relación. ¿Podrán pasar los obstáculos o terminarán por lo diferentes que son? 🍫Sudáfrica x Argentina .

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cap.1

Argentina aún recordaba aquel día...unas imágenes tan vivo que sabía que aunque pasaran mil años seguía recordándolo con tal detalle que podría jurar que pasó hace apenas unas horas..

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Dolor, eso era lo que había sentido, dolor al sentir sus manos entumecidas por llevarlas tanto tiempo detrás suyo, aquellas cadenas que tenia en sus muñecas hasta su cuello junto a un extraño y duro collar que no le permitía hacer muchos movimientos, apenas y podía respirar adecuadamente.

Aunque....bueno, esa era su menor preocupación, estaba rodeado, miraba cuando sus ojos le permitían a todas aquellas personas que habían alrededor suyo, ¿Por qué lo miraban así? ¿Por qué se alejaban y hablaban todos a la vez?...ciertamente le daba asco ver a esa multitud, todos eran horribles, su piel parecía haber sido manchada por polvo blanco y sus prendas eran tan amplias que podría jurar que parecían más colores flotantes con pelo blanco que humanos.

No fue hasta que recibió un leve empujón que reaccionó, miró ligeramente hacia atrás, mirando a su amigo darle otro empujón para seguir caminando, algo que...le dio una punzada a su corazón, durante todo el viaje aquel avivado y alegre chico que había conocido desde la infancia ahora...ahora era un simple cuerpo sin alma.

Odiaba a todos aquellos hombres por lo que habían hecho, sus tres amigos estaban casi iguales, al igual que las tribus de cada uno.

Ya no tenían casa a la que volver, sus familias habían dado todo por proteger al pueblo y ellos...ellos no pudieron defenderlos, no pudieron llevarlos a un lugar seguro de aquellos hombres blancos.

Eran huérfanos, eran líderes, eran todo y a la vez nada en aquel territorio tan extraño e incierto...

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—Su majestad, es un honor para mi volver a mi tierra natal con las manos llenas de obsequios para mi Señor, no sólo vengo a mostrarle dos de mis hallazgos, he traído nuevas verduras y frutas de tierras vírgenes, tan exóticas y deliciosas que espero que complazcan su paladar.

Se escuchaba el eco de aplausos y risas de alegría en aquella amplia e inmensa sala del palacio, notándose como al poco los guardias hacían espacio para proteger a las mujeres y hombres de alto rango que estaban presentes para así, dejar que aquellos tripulantes pasaran jalando de varias cuerdas.

Viéndose al poco y quedando en absoluto silencio...aquellas personas de pieles, vestimentas y razgos tan únicos ante los ojos de todos.

Portugal, aquel Rey esbelto miraba con suma atención y asombro la exquisitez que se le presentaba ante sus ojos.

En un grupo, variedades de hombres y mujeres de un tono de piel que jamás había visto, de gran altura, delgados pero de cuerpo curvilíneo y trabajado, y, el grupo que había a un lado, una pequeña pero hermosa cantidad de personas de mediana estatura con vestimentas llenas de colores tan vivos y brillantes, hermosas plumas y ropas de pieles, aretes y decoraciones de oro y plata...era simplemente exquisito lo que uno de sus navegantes le había traído.

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Fueron despojados de sus prendas, forzados a separarse entre ellos, llevados a rastras hacia habitaciones donde entraban y salían aquellas mujeres y hombres europeos solo para manosear sus cuerpos mientras otras personas se acercaban a pasarles un pedazo de tela mojado por sus cuerpos para estar más “presentables”.

Fue asqueroso, denigrante, y aún así, a aquellos de colores vivos luchaban cada que podían para escapar, así sea que tuvieran un segundo solos, lo intentaban, en cambio, aquellos hombres y mujeres de labios gruesos y de mirada tan apagada...preferían solo seguir ordenes.

Portugal era un Rey que le fascinaba presumir de sus riquezas, y teniendo como competencia a otros reyes de gran poder, era claro que iba a domesticar a sus nuevos esclavos, todo para que se comporten cuando algún príncipe o familia real fuera de visita a su hogar, para que pudiera alardear de la mano dura y gran control que tenia incluso sobre otras razas.

No hacia falta decir que aquellos, a quienes los europeos nombraron “indios”, recibieron largas horas de disciplina en el sótano de aquel palacio tan bien cuidado...

Azotes, crujidos, ruidos estrepitosos de cadenas y gritos de agonía se escuchaban con facilidad por aquellos oscuros pasillos...día tras día...mes a mes hasta que, aquellos rebeldes fueron silenciados y educados...

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¡Dejen a mi bebé por favor!

¡Suéltenla!

¡Ayúdenos!

¡Por favor, perdónenme, no lo volveré a hacer!

¡Dejen a la niña!

¡Por favor, paren!

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Argentina.....Argentina...Arge...despierta...


Aquel albiceleste al empezar a escuchar aquella suave, acentuada y grave voz, fue abriendo poco a poco sus ojos, logrando notar el rostro de su pareja cerca del suyo...


Estabas teniendo otra vez esos sueños, creí que sería mejor despertarte antes.


Esos delicados y tranquilos susurros en medio del silencio en la “habitación” en la que estaban fue realmente un alivio para el menor.

Soltó un leve suspiro y se acurrucó en el amplio pecho del sudafricano, ese mismo que le había traído tanta paz por tantos meses...ese era su único lugar seguro en medio de aquel infierno...

Ambos se habían conocido por simple casualidad al pasar de los días en el palacio y, como si fuera algún tipo de bendición por los dioses...quedaron atrapados en el otro a primera vista.

Sudáfrica, era un hombre alto, de un cuerpo bastante trabajado por la dura vida que le había tocado vivir, de unos labios gruesos y suaves al igual que su piel, y, aunque para aquellos europeos podía ser un atractivo sexual o una amenaza por su contextura imponente...para aquel latino no era más que el hombre más amable y sabio que había conocido, y es que, cualquiera con buen ojo podría notarlo por la tranquilidad y empatía que irradiaba de su mirada..


—Perdón...no quise despertarte...deberías dormir más...yo voy a cuidar


Respondía el albiceleste en voz baja y en español como le habían enseñado, después de todo, en aquel mediano salón, estaban ambos pueblos mezclados, no eran muchos pero el espacio si era bastante reducido para la cantidad que eran.

No habían camas u armarios, cada uno dormía en el suelo y se improvisaba su propia almohada o manta a como podía con telas desechas o algún otro material.

Era incómodo para muchos, eso era un hecho pero...para aquel chico de ojos dorados no era más que una buena excusa para dormir acurrucado en medio de la profunda oscuridad con su amado...


No importa, pronto va a amanecer, solo quería aprovechar para estar un poco más juntos.


Argentina no pudo evitar sonreír al entender casi todo lo que el más alto le había dicho, y es que, a pesar del tiempo que llevaban viviendo ahí, siendo obligados a solo hablar español, aún le era complicado entender algunas palabras.

Claro que, sentir los musculosos brazos del tricolor rodear su cuerpo hasta estar apegado a el le hizo reír por lo bajo, ese tipo de contacto si entendía, no hacían falta palabras para entender que el africano quería atención.

Así, sin pensarlo dos veces, aquel albiceleste rodeó el cuello del más alto, empezando a dejarle suaves y muy delicados besos en esos labios que tanta calma le transmitían...

No podía evitarlo, ninguno de los dos podía, aquellos hombres blancos y de colores fríos solo veían bien a una relación entre hombre y mujer según al Dios que tanto alababan pero...aquella pareja...esa inusual, romántica y pura...se amaban más que cualquier pareja europea.

Lo suyo era único, ambos lo sentían, ese tipo de amor y necesidad de estar con el otro, de tener discretos roces o caricias cuando nadie los veía, incluso el hecho de sentirse sin energías o con melancolía al estar tanto tiempo separados por los trabajos que le daban...

Ambas tribus sabían del tipo de relación que tenían, y la respetaban, después de todo, cada quien salía de aquella horrible realidad como quería, además, ¿Quién los iba a culpar de solo haber encontrado el amor en medio del caos?...