Capitulo 1
— Scorpius por favor, deja de seguirme — suplicó Rose en medio del gran comedor.
— Solo si me aceptas — refutó el platino con sus dedos cruzados en señal de súplica — ya son 4 años que estoy atrás de ti, que no entiendes que estoy enamorado.
Rose suspiró cansada e hizo un pequeño intento de sonrisa y rascándose la nuca contestó — uhmm... Esta bien Scorp te daré una oportunidad, pero si te equivocas me pierdes para siempre.
— ¡Sí....! — gritó feliz Scorpius acercándose nervioso a su novia para darle un beso.
Para sorpresa de todos, Rose se dejó hacer, cerró sus ojos y recibió el beso de su novio Scorpius , que fue apenas un roce de labios, pero les supo a gloria a ambos.
Scorpius estaba tan contento que tomó las manos pálidas de Rose y las besó con devoción — no te arrepentirás — susurró.
Rose se sonrojó, su cara y su cabello eran del mismo color.
Sus amigas Pandora y Lily la sostuvieron para que no cayera, sabían muy bien que Rose amaba al muchacho y sus muestras de afecto le hacían temblar las piernas.
— ¿Quieres salir del comedor e irnos a sentar en las raíces de mi árbol favorito? — preguntó el rubio con una gran sonrisa.
Rose movió su cabeza y caminaron juntos hacia el bosque.
Atrás les siguieron sus amigos, Pandora Nott, Lili Potter, Kassy y Alexander Zabini, Frank Longbotton, Fred II Weasley.
Todos iban contentos mirando y disfrutando la felicidad de sus amigos.
Así pasaron el resto de la tarde conversando, hasta que dieron las 7 pm, regresando al comedor para la cena. Cada uno se sentó en sus respectivas mesas.
— Vamos Rose, camina por favor — pidió Pandora al terminar de cenar — estoy cansada y tengo sueño.
— Solo déjenme despedirme de Scorp — pidió la pelirroja saliendo por la puerta para encontrarse con él y darse un corto beso de despedida.
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Scorpius al llegar a su habitación se encontró con Alexander Zabini, su casi hermano de otro papá como ambos repetían causando la risa de los demás.
Se acercó a su escritorio, escribió una pequeña nota y se la amarró a su lechuza real, para luego abrir la ventana.
— ¡Scorpius deja la cursileria, por favor! — refutó Alex — recién la besaste toda la tarde, y a la salida del comedor — no se te partieron los labios.
— ¡No, no se me partieron! — exclamó Scorp cruzandose de brazos y rodando los ojos fastidiado — el mensaje no fue para Rosie, sino para mí padre.
Alexander suspiró — cierto me olvidaba que tu padre y tú son los mejores amigos y se cuentan todo — comentó — y por cierto ya descubriste de quien estuvo enamorado en el colegio, el tío Draco.
— Lo descubrí yo solo — murmuró el rubio — encontré una foto de ella con un hermoso vestido azul en un Baile de Navidad, pero ella no fue pareja de mi padre, sino de Krum.
Alexander abrió la boca sorprendido, su padre le había contado esa historia a medias ¿Estas hablando en serio? — preguntó el moreno — ella es la mamá de Rose.
— ¡Bingo! — gritó Scorpius — Y antes que me preguntes te diré que yo también estoy enamorado de Rosie por eso le pedí que sea mi novia — Lo hice por mi, no por mi padre.
— ¡Ya... te creo para que no te resientas! — susurró Alexander mirándolo con los ojos entrecerrados — quién no te conociera que te compré la idea, hermano.
— ¡Basta! — exclamó indignado el rubio — no te permito que dudes de mi amor por ella — o se te olvida que tú has sido mi paño de lágrimas.
— Ya tranquilo rubio, no te enojes — pidió Alexander — solo te estaba molestando — vamonos a dormir que tenemos pociones a primera hora con tu padre.
— Si tienes razón — dijo Scorp — cómo profesor es igual o peor que Snape.
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A la mañana siguiente, algunos jóvenes se quedaron dormidos, entre ellos, Rose Weasley, Scorpius Malfoy y Alexander Zabini.
Draco molesto había encantado la puerta, para que no pudieran entrar. Una vez terminada la clase salió del salón y se dirigió apresurado a la oficina de la Directora.
Los chicos al ver la actitud de su profesor caminaron detrás suyo, ya sabían lo que les esperaba.
Rose estaba asustada y muy nerviosa, conocía muy bien el carácter de su madre así como el castigo por su error.
— Caramelos de Limón — susurró el rubio y la gárgola le dio paso a la oficina de la directora, Minerva McGonagall.
— Profesor Malfoy — dijo la directora ¿A qué debo el honor de su visita?.
— ¡Buenos días! — saludó Draco — el motivo es por el atraso de tres estudiantes, pero del castigo de uno de ellos, me encargaré yo personalmente.
— Comprendo — aseveró Minnie — Ayúdeme con los nombres de los otros dos alumnos, por favor.
Draco sacó su libreta para revisar los castigos de sus alumnos — Rose Weasley es excelente estudiante, no seré muy severo con ella, pero requiero la presencia de su representante.
— ¿Y el otro estudiante, cómo se llama? — preguntó la directora.
— Alexander Zabini — respondió Draco meditabundo — por favor llamé a su madre — ella sabrá darle un castigo ejemplar.
— Bien — refutó la directora ¿ A qué hora desea entrevistarse con los padres? — para enviar las lechuzas.
— A la hora del almuerzo, estará bien — respondió Draco — ahora si me disculpa me retiró, tengo una clase que dar antes de eso. Y se retiró.
Rose estaba con los ojos vidriosos y la nariz roja, a su lado Scorpius avergonzado, con las manos dentro de sus bolsillos y por último Alexander preocupado, sabía de antemano que de los tres padres, su madre Ginny Weasley, era la peor... Me dejara sin salidas por todo el año o peor no me permitirá visitar a mis tíos en Sortilegios Weasley — pensó para si.
Al bajar Draco se los encontró a los tres, se giró y llamó a su hijo — ¡Scorpius! ¡Ven aquí!
El pequeño rubio se acercó temeroso a su padre y le dijo — Dígame papá...
— Ve al almacén de las pociones, quiero que lo limpies a conciencia y ordenes las pociones en orden alfabético — ordenó Draco.
Scorpius asintió y camino hacia el lugar.
— Srta. Weasley — llamó Draco — Usted vaya a la biblioteca, necesito 2 pergaminos sobre la poción Amortentia, que me lo entregará hoy antes de la cena. ¡Entendido!
— Sí, profesor — aseveró la pelirroja y salió casi corriendo para cumplir su castigo.
Alexander lo miró vacilante esperando su castigo, pero Draco ni lo miró.
— Profesor — llamó el moreno ¿Cúal será mi castigo?
— De eso se encargará tu madre — respondió Draco serio — lo siento ya no puedo ayudarte más, has excedido el límite de mi paciencia — he dejado pasar algunos errores tuyos por el cariño que nos tenemos tu padre y yo, pero tú te has aprovechado de eso.
El muchacho trago grueso, estaba más que consciente de todos sus errores, así que solo le tocó asentir en silencio y esperar que su suerte no se haya escapado por la ventana.

Draco terminó sus clases y se dirigió a su oficina, para revisar el castigo de Scorpius.
Al llegar, su hijo había cumplido a cabalidad su trabajo y descansaba en un pequeño sillón con la corbata floja y la capa doblada sobre el espaldar del sillón.
— ¿Terminaste? — preguntó su padre serio ¿Tienes hambre?
— Si padre y mucha — respondió Scorpius ¿Podemos llamar a Stuart?
Draco asintió con la cabeza mientras entraba a su habitación para refrescarse un poco.
— ¡Stuart! — exclamó Scorp bajito ¡Ven rápido! Tengo mucha hambre.
El elfo apareció con una bandeja llena de alimentos, para sus amos e hizo una reverencia para luego preguntar — ¿El menú es del agrado del amito?
— Sí, todo se ve delicioso Stuart — aseveró Scorp emocionado, pero ya te he dicho que no me llames amito.
Stuart con lágrimas en los ojos se golpeaba duro la cabeza en la puerta — elfo malo, elfo malo — dijo.
— No hagas eso, Stuart — gritó Scorpius llorando y abrazándolo — tú eres mi amigo y no quiero perderte.
Draco que escuchaba los lamentos del elfo y los sollozos de Scorpius salió a su oficina. Le partía el corazón ver sufrir a su hijo, que después de la muerte de su madre no quería perder a nadie más.
— Scorp, hijo por favor, deja de llorar — pidió su padre — Stuart esta bien ¡miralo!!.
Stuart se soltó del agarre del adolescente y haciendo una reverencia desapareció.
Draco suspiró y abrazó a su hijo tratando de que sintiera la calidez de su alma, él lo amaba mucho, era su adoración — no presiones a Stuart con tus muestras de afecto — ellos son criados así, para servir a sus amos — si tanto lo quieres tratalo bien y se educado con él.
— Sí, padre — refutó el pequeño rubio limpiandose las lágrimas con las manos — no volverá a pasar te lo prometo.