[WEDNESDAY] Kryptonite.

Summary

Gracias por darme tú atención, tus sonrisas, tus risas, tus esplendorosos ojos chillones y esas horas de alegría. Gracias, Enid Sinclair, por ser mí kriptonita selecta.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Kryptonite.

Sábado por la noche, con la música de fondo y ese roto corazón interfiriendo en mis enormes lagunas; mis ojos se escondían entre esas aguas, evitando romper aún más lo que se había tornado en una grieta sin freno.

- ¿Mer? - escuché.

Le miré, con esos rojizos tratando de evitar mis penas. Eugene me miró con esa mueca... Él siempre tuvo razón.

- Nadie podía saberlo - intentó confortarme.

- Nadie podía saberlo - murmuré y reí - ¿Quién podía saber qué ella siempre me ocultó la verdad? - me pregunté.

- Mer, ella no es la única chica en la ciudad - intentó animarme.

- No es la única chica, pero es la única kriptonita qué me robó el aliento, qué me corrompió hasta el fondo de mis corduras; ella es la única luna que anhelaba cautivar - declaré.

Mientras escondía mis penurias tras esas paredes, no me permití apartar la vista de esa pequeña pantalla; la batería amenazaba con culminar mí terquedad, quizás no podría responderle una vez más. No hasta llegar a casa y fingir una sonrisa, con las mentiras en el aire y una amistad que rompió todo.

KRYPTONITE

Agosto

Una historia de amor es un cliché andante. Todos enamorados, tomados de la mano, declarando dulces susurros al oído del más anhelado corazón. Esa no era yo, esa no era mí postura, esa no era mí ilusión.

Iniciar las clases con una nueva cordura al final del aula era horrendo... Tormentoso; todas las mañanas perdía la paciencia en la espera de que esa bola de colores pasará por esa puerta, con esos saltitos alegres, acompañados de un sinfín de sonrisas líricas. Esa era la conocida Enid Sinclair, la misma qué cautivaba a medio mundo con sus chismes y su aura alegre. La misma qué tuve a mí lado en cada clase de esos años escolares, los mismos qué me hicieron ver lo ciega que estaba.

Comprender qué un rostro humano podría ser atractivo sin heridas de por medio era un shock emocional, pero... ¿No lo era preocuparse por la persona más escandalosa del lugar?

- Es hermosa - declaré en aquel receso.

Eugene me miró sorprendido, y aún con esas papas fritas expuestas en sus mejillas, se atraganto.

- Pero... ¿Cuándo...? - preguntó.

Levanté mis hombros en respuesta. Nunca iba a comprender porque mis adentros anhelaban hablar con esa rubia sonriente.

- ¿Qué piensas hacer? - me preguntó.

¿Qué podía hacer?

Ignorar las palabras de Eugene fue mi respuesta natural más... Esa pregunta me cautivo. Todo el mundo actúa ante sus agruras y busca una solución al problema, pero sinceramente, dudé de sí se trataba de un problema o un destello de negrura en esa vida sin perdón.

Te miré una vez más, al fondo del aula con esa chupasangre de lentillas negras; me pregunté cómo sería hablarte, mirarte directamente a esos cristalinos tuyos, provocar una de esas risas aduladoras; alguna vez celé el hecho de que esa piel pálida rodeará tus células, besará aquella frente de reflejo. Yo también quise hacerlo. Quería hacerlo.

La tarde dentro de esas falacias tecnológicas fue el gran declive. Era adicta a mirar cualquier tontería que publicaras en esas redes, siempre estaba atenta, siempre respondí con algún emoticón o con simples palabras, hasta qué encontré mí poco triunfo. ¿Te sentías sola e incomprendida? Yo podía ser tú refugio, yo podía conocer hasta el más rechazado pensamiento dentro de esa cabecita tuya, podía abrazar con mis frías circunstancias lo qué fuera que me cedieras. Inicié lo qué nunca pensé atender: eras mí amiga.

- Son amigas - corroboró mis palabras y asentí con la cabeza - ¿Sólo buscas una amistad o vas a buscar algo más? - preguntó.

- Quiero conocerla y quizás... Intentarlo - confesé.

Nunca me había sincerado tanto, ni siquiera en esos meses ocultos de mis prejuiciosos sentimientos hacía ti.

- No está mal pero... No siempre podrás ocultar la verdad - advirtió.

Mí verdad, la única fiel a mis ambiciones era conocerte y confesar mis sentimientos, entregar todo mí ser al lustro más luminoso de esa institución. No había verdad más oculta y más sincera.

Nadie podía saber lo que realmente pronunciaba en cada palabra que te dedique, en cada mirada tímida en la lejanía, en cada fijación de rubor. Siempre te miraste tan hermosa, con cualquier prenda, a la moda o sin ella, eras la chica más encantadora, y aún lo eres. Ni siquiera conseguí contar el tiempo de charlas y risas, ni siquiera me di cuenta de mis curiosidades.

Ni siquiera me di cuenta de lo vulnerable que me volví a tú lado. Eso da una respuesta a mí hermosa kriptonita.

Actualidad

Mucho tiempo analicé mis instintos, aquellos qué me dictaban salir a gritarle al mundo lo enamorada qué estaba, aquellos qué me incitaban a ir a la mitad del aula y abrazarte hasta que el polvo se volviera en uno mismo; los mismos qué anhelaban saber el sabor del labial rosado resguardado en el primer bolsillo de esa bolsa extravagante.

- Ella puede sentir lo mismo - confesé.

Eugene suspiró.

- Puede que lo sea, pero por más señales que ella te dé, puede qué simplemente te miré como una amistad más, y nada más - declaró.

- Pero sus ojos, sus acciones... Ella me busco - mencioné.

- Una sola vez y el resto, te olvidó - recordó. - Mer, eres la única interesada - intentó hacerme ver.

Realmente quise escucharlo, pero no era yo, nunca lo fui... Me perdí en ese mar de melismas, tanto para ver ese tulipán con ese amor plasmado. Ni siquiera lo pensé, ni siquiera me atreví a mirarte a los ojos aquella vez. Ni siquiera quise hacerme ver cuándo los rumores de que alguien más te adoraba surgieron por ahí.

Aún pienso el por qué decidí dictar mis sentimientos, por más que la cobardía me amenazó para enviar un solo mensaje. Uno solo.

Creí ser una heroína, pero ni siquiera Superman fue capaz de romperse tan rápido con su kriptonita selecta.

"En efecto, tengo pareja..."

Ese destrozó dentro de mí pecho fue el peor avancé.

Escuché la música de fondo, con esas melodías románticas reflejando a las parejas del lugar, mientras el último aliento del celular mostraba mis temblorosas manos, respondiendo el mensaje tan cordial y unilateral qué lograste corresponder.

"Gracias por no tomarlo a mal... Te deseo lo mejor, a ti y a tú pareja. De verdad."

Ahora me encontraba en esa oscuridad, pensando en qué nunca sentiste nada por mí, ni siquiera me dijiste de tú novio adorado. Vaya verdad oculta.

No puedo pensar en nada más, porque sé que está noche estás con él... No podré dormir pensando que amas a alguien más. Pero eso está bien. Nunca fuiste nada más que una amistad, nunca fuiste nada más y nunca lo serás.

Pero a pesar del dolor, estoy segura de algo: nunca me arrepentiré de haber amado con intensidad, nunca me arrepentiré de haber amado a mí kriptonita designada, nunca me arrepentiré de amarte, Enid Sinclair; este mundo está lleno de tanto amor prohibido, desinteresado y no correspondido que es inútil no perder, más es peor no arriesgar.

Arriesgué mí valor y eso es lo que más adoraré por lo qué, está noche, te dedicó mis lágrimas y te dedicó la más sincera sonrisa, esperando que ames tanto a ese tipo cómo yo lo hice contigo.

Gracias por darme tú atención, tus sonrisas, tus risas, tus esplendorosos ojos chillones y esas horas de alegría. Gracias, Enid Sinclair, por ser mí kriptonita selecta.