Único
Jay acaricia su vientre abultado con cariño y delicadeza, susurrando palabras bonitas cada cierto tiempo.
—Masita linda, ya no puedo esperar para ver tu carita cachetona —. Murmura, con una sonrisa en su rostro mientras las yemas de sus dedos pasan de manera lenta por su pancita cubierta con una holgada camisa de su alfa.
Su sonrisa se extiende aún más al recordar a su pareja, Ni-ki, el hombre más cariñoso, inteligente, amoroso y por supuesto, su destinado.
Las personas a su alrededor solían decirle que Ni-ki era todo lo contrario a lo que Jay necesitaba, ya que el alfa acostumbraba ser bastante serio, distante y en ocasiones algo rudo, pero todo esto solo aplicaba para el resto del mundo, no para Jay.
En casa, cuando solo eran ellos dos, Ni-ki era expresivo, sensible y muy empalagoso con Jay, quien era su omega mimado.
Soltó un suspiro embelesado antes de apoyar sus manos en el pequeño sofá individual en el que se encontraba, quería ir a la habitación a descansar y eso siempre era una tarea complicada ya que su vientre no era lo único hinchado, sus manos y pies también se habían vuelto gorditos, se quejaba mucho de eso y Ni-ki siempre le repetía hasta al cansancio que se veía precioso.
Un jadeo adolorido salió de sus labios cuando por fin logró ponerse de pie, justo cuando estaba por subir las escaleras hacia la habitación, el sonido del timbre le distrajo.
Nadie más llegó a su cabeza a excepción de su alfa cuando pensó en quién podría ser, así que tomo algo de aire antes de hablar. —Adelante, está abierto.
Supo que tenía razón cuando la encantadora voz de su alfa llegó a sus oídos. —Ya estoy en casa, ¿cómo están mis bellos ángeles?
Jay suelta una risita justo cuando Ni-ki aparece en su campo de visión, le encantaba el apodo que utilizaba para referirse a su cachorro y a el. —Estamos bien, iba a la habitación a descansar —. Responde, ignorando descaradamente la mirada de reproche en el rostro de Ni-ki.
—Jay, ya te he dicho que no debes subir las escaleras tú solo ahora que falta tan poco para que nazca el bebé —. Jay había cumplido los ocho meses de embarazo hace algunos días y le habían pedido a Ni-ki que se encargará de que estuviera en absoluto reposo.
Pero estar todo el día en cama resultaba aburrido, Jay había visto su película favorita al menos unas sesenta y siete veces antes de perder la cuenta, sabía las líneas de todos los personajes a la perfección, la pequeña estantería de libros en la habitación no había logrado entretenerlo ni una semana porque ya los había leído todos, cuando Ni-ki se enteró, dijo algo como “tú no leíste los libros, los devoraste” y tal vez tenía razón, pero no pueden culpar a Jay, de verdad era una tortura estar en cama sin hacer nada.
Al ver a su omega haciendo pucheros, Ni-ki ríe un poco antes de acercarse y tomar su cintura y piernas, cargándolo al estilo nupcial. —Nunca dejarás de hacer pucheros como un niño pequeño cada vez que intento regañarte, ¿cierto?
Jay sonríe, colocando sus manos en la parte trasera del cuello de su alfa, negando un par de veces con la cabeza. —Debiste pensar en eso antes de embarazarme —. Ni-ki suelta una carcajada mientras sube las escaleras con cuidado.
Al llegar a la habitación deposita al omega con delicadeza sobre la cama, dejando un rápido beso en su vientre para después besar sus labios. —Llegamos a su destino, ¿mi bonito omega necesita algo más?
Jay acaricia su barbilla mientras finge pensarlo seriamente. —Uhm, ¿puedes recostarte conmigo? Al bebé le gusta tenerte cerca.
Ni-ki sonríe, acercándose al rostro de su pareja para acariciar sus negros cabellos. —¿Solo al bebé?
—Bien, tú ganas, a mí también me gusta tenerte cerca —. Responde.
Jay se acomoda en la cama y palmea el espacio libre a su lado, sonriendo en grande cuando Ni-ki obedece y recuesta su espalda contra la cabecera de la cama mientras deja que Jay se recueste sobre su pecho, permitiéndole escuchar los tranquilos latidos de su corazón.
Ni-ki comienza a acariciar su cintura de manera distraída, después se pasa al vientre hinchadito y habla con el bebé durante unos minutos, finalmente sus ojos se detienen en los pechos de su omega, gracias al embarazo, estos también están hinchados, listos para amamantar al cachorro que viene en camino.
—¿Qué pasa Ni-ki? —. Jay pregunta al sentir que las caricias en su vientre se detuvieron.
Las grandes manos entran por debajo de la camisa holgada del omega, se detiene al sentir el pequeño pedazo de carne, comienza a acariciar el derecho mientras escucha a Jay jadear. —¿Duele?
El contrario niega. —No, dolían hace un rato, pero tus caricias se sienten bien —. Ni-ki casi suspira al tener ese aroma a leche tan cerca, Jay se había acomodado para darle un mejor acceso a su cuello, dejándole olfatear el dulce olor.
Comienza un recorrido de besos a lo largo del cuello del omega, desde el lóbulo de su oreja hasta llegar a su hombro, quiere hundir su nariz en ese lugar durante horas.
Por fin sus labios vuelven a encontrarse en un beso lento, Ni-ki se toma su tiempo para disfrutar de los suaves belfos de Jay mientras el omega suelta jadeos complacido.
—¿A Jeonggie no le importará que papá robe un poco de su comida verdad? —. Ni-ki pregunta, Jeonghoon era el nombre que habían elegido para su bebé y a Ni-ki le fascina llamarlo “Jeonggie”.
—Uhm, n-no lo creo —. Jay niega, pero en un abrir y cerrar de ojos su cuerpo ya se encuentra bajo el alfa, quien levanta la camisa, dejando a la vista el precioso cuerpo de su omega.
Sus boca se dirige hacia uno de los hinchados pechos y contornea el centro con su lengua antes de succionar un poco, gozando del exquisito sabor de la leche.
—¡Ni-ki, espera, um! —. Jay gimotea cuando siente una de las manos de su alfa comenzar a juguetear con el otro de sus pezones.
El alfa continúa con lo que estaba haciendo, bebiendo gustoso cada pequeña gota que sale del pecho de Jay hasta saciarse.
Para cuando termina los pechos de Jay están aún más hinchados y algo rojos gracias a una que otra pequeña mordida juguetona.
—Si continúas así no le dejaras nada a Jeonggie —. Ni-ki ríe, acomodando la camisa de Jay para abrazarlo de la cintura.
—Oh, me aseguraré de dejarle un poco, no te preocupes —. Murmura, acomodándose mejor en la cama.
—Ni-ki, ¿puedo abrazarte? —. Jay pregunta con timidez.
—Uhm, podemos lastimar al bebé cariño, pero puedo abrazarte yo si quieres —. El omega asiente efusivamente, dándose la vuelta para que su espalda quede contra el pecho de Ni-ki.
—Solo por un tiempo, seré la cuchara pequeña —. Jay murmura, suelen dormir así todo el tiempo, pero a Jay le gusta ser "la cuchara grande" y abrazar a Ni-ki lo suficientemente fuerte como para sacarle algo de aire de los pulmones.
—Lo que diga mi bonito —. Ni-ki susurra, cubriéndolos a ambos con una manta y rodeando el cuerpo de Jay con sus brazos.