El esponjoso conejo
Aun no podía creer que había sido tan descuidado como para caer en una trampa así. Yo, el zorro más temido del bosque conocido como ”El emperador" caí en una trampa tan simple de humanos. Tenía que poner a mí favor que tampoco estaba tan alerta como siempre. Venía persiguiendo a un esponjoso y delicioso conejo café el cual siguió huyendo aún cuando yo me quedé aquí atorado.
Lo había identificado a unos cuantos metros atrás y se veía tan delicioso que nublo mi vista que tuve que perseguirlo para después comérmelo. Pero ahora una de mis patas traseras estaba atorada en una trampa y estaba apunto de cortarme por completo, sabía que si hacia mucho movimiento, empeoraría la situación. Había intentado quitarla pero es difícil. No quería resignarme pero había analizado todas las opciones para salir de aquí y la única que consideraba viable era con ayuda de mis compañeros, pero ellos estaban lejos de ahí .
De pronto escuché movimientos en los arbustos anunciando que algo se acercaba y me puse alerta aunque sabía que era inútil, mi pata estaba atorada en esta trampa.
Para mí sorpresa salió ese conejo esponjoso café, bastante temeroso y temblando se acercó a mí. No hice ningún movimiento, ya que en realidad no quería comérmelo estaba mas preocupado de que perdería mi pata pronto.
― Si vienes a burlarte, adelante ― dije fríamente
Pero él no hablo, solo se acercó más a mi, y en específico, a la pata donde tenía enterrada la trampa, la inspeccionó un poco y salió corriendo de ahí, adentrándose a los arbustos. Bufé un poco, que podía esperar de un temeroso conejo.
Recosté mi cabeza sobre los arbustos y estaba empezando a resignarme cuando sentí como algo tocaba mi pata, levanté de inmediato la cabeza y gire a verlo y era ese conejo pero traía consigo una rama de un árbol. Estaba intentando hacer una palanca para intentar abrir la trampa.
¿Esta loco? ¿Está ayudando al animal que iba a comérselo hacia unos minutos? ¡Qué estúpido conejo!
Se rompió esa rama que trajo, y mire expectante su rostro de preocupación. Y se fue corriendo de nuevo. Seguramente se había resignado y había huido. Pero contradiciendo mis pensamientos, regreso con una rama más grande y gruesa, enseguida lo volvió a intentar, se veía que está segunda rama le costaba más trabajo cargarla y jalarla. Yo lo miraba curioso, ¿por qué me estaba ayudando? Y además, ¿estaba poniendo todo su empeño para hacerlo? ¿Querría algo a cambio?
Y se volvió a romper y nuevamente vi su rostro de preocupación y tristeza, pero volvió adentrarse al bosque. ¡Qué estúpido conejo! ¡No ve que no lo va a lograr!
Y regreso más lento porque traía una rama mucho más grande y pesada, yo simplemente lo observaba, volvió a repetir el mismo proceso, solo que esta vez, ni con su peso y sus fuerzas lograba hacer el punto de presión necesario para abrirla, y tuve la necesidad de ayudarlo. Con mi hocico intenté poner presión como él lo estaba intentando hacer, y de pronto se empezó a abrir. Seguimos empujando hasta que me dio el espacio suficiente para sacar mi pata.
Aliviado, me arrastre un poco lejos de la trampa. Acerque mi rostro para ver el grado de la herida, era poco profundo, pero podía curarme si no hacía muchos esfuerzos, había sido buena decisión no moverme, el daño no era tan severo. Lamí mi herida y chille del ardor y dolor.
Levanté el rostro y vi que el conejo me miraba preocupado, solamente desvíe la mirada y seguí lamiéndome. Haré como que no lo veo para que se vaya, mi agradecimiento será que no me lo comeré. De pronto el salió corriendo de ahí, sabía que entendería que debía irse.
Me quedé recostado un rato, tenía hambre y sed. Pero no había visto un río cerca de donde me encontraba. Debía soportar un par de días hasta que mi pata empezará a recuperarse. Igual mis compañeros se darían cuenta de mi ausencia y vendrían a buscarme.
De nuevo escuché el movimiento de los arbustos cerca de mi, me puse alerta para cualquier cosa que se acercará. Y de nuevo vi a ese esponjoso conejo café. ¿Es que acaso no entiende? Pero me sorprendí que venía con varias cosas en sus manos, venía tambaleándose pero se acercó a mí.
En una de las vasijas que traía consigo sirvió agua y me la acerco. Al principio desconfíe del contenido así que le di primero una probada antes de tomarla por completo. Estaba limpia, así que me la bebí toda. En otra vasija puso varias hierbas y las empezó a moler con una piedra. Yo lo miraba expectante.
Al terminar, se acercó a mí pata y me miró temeroso
― V-voy a-a p-poner u-un p-poco de m-medicina ― me indicó temblando y tartamudeando , yo solo gire mi rostro para darle a entender que podía proseguir y que no miraría.
Sentí como esa pasta que había generado la colocaba en mi pata herida, y ardía mucho, intenté no soltar un chillido, no quería que el lo escuchará pero realmente dolía. Lo mire de reojo e intentaba por todos los medios no lastimarme de más. Así que recosté mi cabeza y cerré mis ojos para soportar el dolor, y me desmaye.
Abrí los ojos poco a poco, mire alrededor identificando donde me encontraba y recordé mi situación, de inmediato gire mi rostro a ver mi herida, para mí sorpresa se veía mejor. Tenía dolor si, pero no tanto como hacía unas horas (?) Ya era de noche. Y entonces enfocando mi visión note algo que no había hecho hace unos momentos. El conejo café estaba echo bolita a mi lado. Se había quedado a dormir ahí conmigo.
Lo mire por unos segundos, ¡¿qué diablos tenía este conejo!? ¿Pensamientos suicidas? ¿Cómo es que ayudaba y cuidaba a su depredador? ¡Qué tonto conejo!. Lo observé mejor y en realidad era una buena oportunidad para comerlo. Tenía hambre, el estaba ahí indefenso y lo haría rápido para que no le doliera.
¿Para que no le doliera? ¿De cuando acá me preocupaba el dolor de mi presa? .
Volví a mirarlo dormir, tenía que admitir que le debía mucho a ese conejo tonto, me había ayudado a sacar mi pata, había traído agua para mí, había traído medicina para mi herida y además se había quedado a mi lado a cuidarme. ¡Diablos! No podía hacerle nada, muy dentro de mi, estaba agradecido con el.
Bufé y me volví a recostar, creo que podría conciliar el sueño nuevamente, además el calor que desprendía aquel conejo café, me reconfortaba en esos momentos.
Volví a despertar pero ya era de día, y ya no estaba el conejo. Me imaginaba que ya se había ido, estaba un poco decepcionado quizá, quería despedirme de el.
De pronto los arbustos se movieron nuevamente y muy dentro de mi quería que fuera el, y así fue. Venía con más agua y con una bolsa con algo a dentro.
― T-traje más agua ― anunció y me acercó la vasija y la tomé sin siquiera probarla antes
― Gracias ― dije, y el se sorprendió. En realidad ambos lo hicimos. Nunca fui capaz de decirle eso a alguien de manera sincera.
― N-No h-hay de q-que ― dijo avergonzado, y volvió a hacer la medicina con las hierbas, y solamente me limité a observarlo ― V-voy a ponerlo ― me dijo como pidiendo permiso
― Adelante ― continúe
Dolía menos, pero aún así lo hacia, pero realmente estaba funcionando esa pasta, así que deje que lo hiciera.
― ¿Por qué? ― salió de la nada mi pregunta, el me miró confundido
― ¿P-por qué? ¿Q-qué? ― preguntó
― ¿Por qué me ayudas? Yo iba a comerte ― sentencie
― Es que, no podía dejarte así. Los humanos dejan esas trampas para lastimar a los animales y eso es horrible. No podría ver a algo así e irme como si nada ― dijo sin tartamudear, lo mire sorprendido y cautivado por esa determinación.
Retiraba lo que había pensado, no era para nada un conejo cobarde, había dejado de lado su instinto de supervivencia para ayudar a otro animal que no era de su especie y además era su depredador.
― Te traje algo de comer, bueno, sé que tú comes otras cosas, pero solo pude conseguir algo de frutos de los arboles, al menos para que no tengas tanta hambre ― dijo y me acerco lo que había recolectado. Lo acerque a mi, y sinceramente no tenía ni una pizca de ganas de comerlo. Sin embargo, el hizo un esfuerzo por traerlo así debía valorarlo.
Sorpresivamente no tenía mal sabor, pero no era lo que esperaba mi paladar. Pero aún así lo hice por el. Quien me miraba contento por verme comer lo que trajo.
― ¿Y vives cerca de aquí? ― pregunté para salir de este silencio
― S-si, bueno es provisional. Cambio de sitio continuamente ― informó
― ¿No tienes familia? ¿Manada? ―
― Y-yo... ― parece que toque un tema sensible ya que bajo la mirada y tartamudeo de nuevo ― Unos cazadores... ― y se cortó su voz
― Entiendo ― dije para que no tuviera que continuar ― No quise incomodarte ―
― N-no te preocupes ... ―
― Akashi Seijurou ― me presente ― ¿Cuál es tu nombre? ―
― Furihata Kouki ―
― Kouki... Te agradezco lo que has hecho por mí ― dije de manera sincera y el de inmediato se sonrojo y sus orejas se bajaron de manera sumisa
― N-No hay de que. Creo que será mejor que descanses un poco más. La medicina ayudara a cerrar la herida. Iré por más agua ― indico y obedecí, me volví a recostar. Era cierto mi pata estaba recuperándose más rápido de lo que había calculado yo
Me quedé meditando un poco, seguramente mis compañeros se habrán dado cuenta de mi ausencia y vendrán a buscarme, yo esperaba que a más tardar al día siguiente pudiera ponerme de pie.
Me quedé dormido otra vez durante un largo tiempo. Estaba realmente cómodo donde me encontraba y hacía tiempo que no descansaba tanto.
Abrí de nuevo mis ojos y note que ya era de noche y Kouki estaba echo bolita a lado de mi, en la posición en la que estaba podía apreciar su semblante al dormir. Se veía en completa paz. Me tomé el atrevimiento de tocar sus largas orejas y vaya que eran suaves y esponjosas.
Acaricie su rostro y note que se movió un poco y aleje mi mano de el. Abrió lentamente sus ojos y me miró adormilado
― ¿Quieres más agua Akashi-san? ― me ofreció mientras tallaba sus ojos y se sentaba
― Si, un poco ― mentí, en realidad no la quería pero cómo le iba a explicar que lo había tocado y que lo miraba al dormir
― Déjame voy por ella ― y fue en busca de la vasija donde la traía
Tome un poco y él me seguía viendo adormilado, se notaba que estaba muy cansado
― Duerme Kouki ― dije e hice la indicación de que se recostara
― Si necesitas más agua me dices ― dijo y se volvió a quedar dormido sin problemas y sonreí. Era muy adorable este conejo.
Me coloque que más cerca de él y fue reconfortante el calor que desprendía y volví a intentar conciliar el sueño, que no tardó en llegar. No tenía intenciones de comérmelo, por primera vez no veía a un conejo como una presa. El tendría mi eterno agradecimiento. Es más, pasaba por mi mente decirle que viniera conmigo. Pero si yo estuve a punto de comérmelo, mis compañeros no lo dudarían y sería un peligro para el.
De pronto escuché un ruido y desperté alerta, no vi a mi lado a Kouki y me preocupo eso y escuché algunas voces cerca de ahí
― Vaya, vaya pero qué hermoso y jugoso conejito tenemos aquí ― esa voz la conocía. Me intenté levantar y me dolía la pata, sin embargo como pude me equilibre en tres patas y empecé a cojear
― Tranquilo Nebuya, no todo es tuyo ― ese era Kotaro, me apresure un poco
― Es cierto, estaba a lado de Sei-chan. Quizá era su presa y no podemos quitárselo así ―
― Yo solo quiero un pedazo ― dijo y se abalanzó contra Kouki y como pude intervine
― ¡Basta! No lo toquen ― dije poniéndome delante de aquel conejo café, con mi respiración agitada, por el esfuerzo y por el dolor
― ¡Akashi-san! ¡¡Tú herida!! ― gritó Kouki y de inmediato me tomo del hombro y sostuvo parte de mi peso
― ¡Sei-chan! ― preguntó Reo quien nos miraba sorprendidos, y sabía que era por dos motivos, uno por qué estaba defendiendo a un conejo y otra que había pasado con mi pata
― No toquen a Kouki, ni se atrevan a comérselo, ¿les quedó claro ? ― ordene y ellos asintieron bastante desconcertados
― ¿Qué te pasó? ― preguntó Kotaro
― C-cayo en u-una t-trampa de h-humanos ― habló Kouki porque vio que aún estaba agitado
― Será mejor llevarlo a nuestra guarida. Mayuzumi sabrá que hacer ― dijo Reo y Nebuya se acercó a nosotros y lo mire amenazante
― No te preocupes, no le haré daño como pediste, solo que voy a cargarte ― dijo y asentí. Kouki me miró preocupado y solamente asentí para que no se preocupara.
― Bien conejito, pues gracias por cuidar a nuestro líder. Vamos a hacernos cargo desde aquí ― dijo Reo con una sonrisa y Kouki se sonrojo y asintió
― Gracias por todo Kouki ― lo mire por última vez en lo que Nebuya me cargaba en su lomo
― No hay de que Akashi-san. Qué se recupere pronto ― dijo y me sonrió
Y así nos fuimos de ahí, no quise mirar nuevamente hacia atrás, algo de esta separación me inquietaba. Siempre estaría agradecido con el, pero me preocupaba su seguridad, así como yo había otras manadas de zorros y otros depredadores que podían atacarlo, eso me inquietaba mucho y no sabía porque.
Habían pasado ya 3 meses de esa situación, después del primer mes, mi pata estaba en perfectas condiciones y el primer día que pude ponerme bien de pie, acudí al mismo lugar donde había conocido a Kouki e intenté buscarlo. Pero no lo encontré.
Revise por los alrededores y no estaba. Recordé que había dicho que ese lugar era temporal así que entendí que quizá se había ido a otra parte. Esperaba que estuviera bien y no lo hubieran atrapado o cazado.
Había entendido que algo dentro de mi había cambiado desde que lo conocí, no he podido comer un conejo después de conocerlo, yo no he dejado de pensar en el y tengo muchas ganas de volver a verlo.
En los últimos dos meses había regresado al mismo lugar varias veces , pero en ninguna de ellas lo encontré. Ya estaba resignado a no volverlo a ver otra vez, y eso me dolía un poco aceptarlo.
Me recosté en el mismo lugar donde se había dormido junto a mi, y entonces escuche entre los arbustos un ruido familiar.
― Akashi-san! ― y reconocí esa voz que gritaba alegre. Realmente me hizo feliz escucharlo y ver su rostro otra vez, pero en esta ocasión, no me alejaría de el.