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Summary

Escrito está. Ya sea en piedra o papel y tinta. ********* • [ Historia 100% mía ] •

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

• • • [ ESCRITO ESTÁ ] • • •

Algunas personas creen que el destino está tallado en piedra.


La pregunta es ¿será verdad?


Emille es una de los usuarios de viento más débiles de todo el reino.


Siempre es abandonada días después de unirse a algún equipo por su actuar mediocre.


Pero, ¿podrías culparla?


¡Simplemente tiene miedo de esas criaturas con las que tiene que combatir y le da asco su extraña sangre verde! Es demasiado asqueroso, así que solo los aleja y no los lastima.


Entonces cuando despertó en medio del bosque en el que había acampado junto al quinto grupo al que acababa de unirse hace tres días y darse cuenta de que estaba completamente sola, se dió cuenta de que otra vez la habían abandonado.


Se sintió miserable.


No hizo falta darse cuenta de la situación en la que estaba para saber que este equipo era muy diferente a los anteriores en los que estuvo. La querían muerta. Pero como ninguno de ellos estaba dispuesto a mancharse las manos con su sangre, la dejaron a su suerte en lo profundo de uno de los bosques más peligrosos del continente.


Sabía que era demasiado sospechoso ir a ese bosque al segundo día de unirse cuando en el primer día mostró sus mínimas intenciones de querer lastimar a los monstruos.


Se levantó conteniendo las ganas de llorar y recogió su saco de dormir, al parecer sus pertenencias se las habían llevado.


Usando su habilidad con el viento, libero una honda a su alrededor que recorrió todo el perímetro.


Era algo así como lo que hacían los murciélagos, chillaban y el sonido rebotaba en las superficies para saber si tenian un obstáculo cerca.


Solo que ella usaba el viento para saber a dónde ir, era la única habilidad que no la hacía sentir débil, aunque jamás tuvo la oportunidad de demostrarlo a este nuevo equipo.


Pocos minutos después su habilidad se topo con suelo deslizante, que identifico inmediatamente como un río.




Después de tomar un baño rápido y beber agua, amarró su saco de dormir con una liana a su espalda y se puso en marcha.


En el camino encontró algunas frutas y bayas comestibles y se las comió.


Para su desgracia, no tardo mucho en toparse con un ogro.


Presa del miedo, uso una ráfaga de viento y lo empujó lo suficientemente fuerte como para que se cayera, luego hecho a correr.


Mientras escapaba se topo con varios goblins, hizo lo mismo con ellos y corrió más rápido.


A la distancia vislumbró un gran arbusto, pero detrás ya no se veían árboles. Era un claro, y si era un claro eso significaba que estaba a nada de salir del bosque, porque según el mapa que habia logrado ver, en este bosque no había claros.


Se emocionó y aceleró, emocionada de haber logrado encontrar la salida, ya se preocuparía después de en qué lado del continente había terminado.


Tras ella, escuchó los pasos apresurados y los chillidos y gruñidos de los monstruos que había derribado.


Cruzó el arbusto y no sintió nada bajo sus pies.


Se dió cuenta demasiado tarde que se había dirigido a un acantilado y no a un claro como había creído al principio.


Trato de frenar su caída con el viento, de todas formas terminó golpeando el suelo lo suficientemente fuerte como para desmayarse.




El dolor punzante en su pierna derecha y en sus costillas fueron lo que la despertaron.


Abrió los ojos y se topo con el dosel de una cama... y se quedó confundida.


¿No había ella caído de un acantilado?


—Despertaste —susurró una voz grave a su lado.


Sobresaltada giró la cabeza y vislumbró a un hombre hermoso que le sonreía suavemente. Sintió su cara calentarse y su corazón latir frenéticamente.


El hombre también estaba sonrojado, pero cuando levantó su mano, se dió cuenta que en realidad su piel era roja.


Toda su piel era roja, tenía colmillos, sus pupilas eran rasgadas y un par de alas sobresalían de su espalda.


Si la corona en su cabeza era una indicación...


¿Cómo terminó en manos del Rey de los monstruos?


Lloró internamente y maldijo su suerte.




Para su sorpresa, desde el momento en el que llegó, fue muy bien cuidada, demasiado bien cuidada.


Cada pequeño goblin, grande ogro y cualquier criatura que ingresara a la recámara (que estaba segura era del Rey) le sonreía emocionado y se inclinaban ante ella antes de dejarle alguna medicina o comida.


Inclusive tenía sirvientas que la ayudaban a asearse porque ella sola no podía a causa de sus lesiones.


Y Kellan

(como se había presentado el Rey)

la mimaba.


La trataba con ternura, le daba de comer

(él mismo, oh dioses)

, la trataba con una delicadeza que no creía posible que existiera.


Y sus acciones solo lograban cautivarla.


Fue a la tercera semana de su estancia alli, que finalmente sucedió, Kellan la besó.


Y tuvo que aceptar que se había enamorado.


Para su consternación, después del beso, fue capaz de entender a todas las criaturas a las que antes solo oía chillidos y gruñidos.


Y se enteró que ese día no estaban tratando de atacarla, solo ayudarla, puesto que se había ganado una gran reputación entre los monstruos por su postura de no querer lastimarlos.


Motivo también por el que su Rey la había rescatado, quería que fuera su Reyna. Su falta de malicia hacia su gente lo habían fascinado y cautivado.


Unos meses después, cuando se curo completamente, se casaron.


Sin embargo, sucedió algo que Emille nunca hubiera esperado.


En su primer mes como Reyna, hizo una excursión con un grupo de ogros hacia una cueva que se rumoreaba que habitaba una cría de dragón.


Kellan estaba ocupado con otras cosas importantes del reino y ella como su Reyna tenía que hacerse cargo de esto.


Cuando ingreso a la cueva, quedó rodeada de total silencio y oscuridad.


Giro su cuerpo y se dió cuenta de que estaba completamente sola, su grupo de ogros no estaba a la vista y tampoco se veía la entrada de la cueva.


(Afuera, los ogros estaban frenéticos porque tanto la cueva como su Reyna habían desaparecido.)


Antes de que Emille pudiera usar su honda de viento para encontrar una salida, antorchas se prendieron a ambos lados de la cueva alumbrando así el camino hacia el interior de la cueva.


Con duda avanzó, y mientras más se adentraba, más antorchas aparecian.


Escalofríos recorrían su columna con cada paso que daba, algo le decía que no querría saber lo que se encontraba al final.


Activo su honda de viento y no lo dejo de usar en caso de que sucediera algo.


Más solo logro sentir camino vacío y una especie de mesa de piedra al final. Ni trampas ni nadie que pudiera lastimarla.


Finalmente, al acercarse a la mesa, notó un libro de tapa roja muy bonito encima.


Y cuando abrió el libro y lo leyó, todo su mundo se vino abajo.


Toda su vida, hasta el momento de su boda, estaba escrito allí.


Porque al parecer todo lo que había vivido no era nada más que un cuento.


Cada momento feliz y triste, cada acción, cada pensamiento, todo, estaba plasmado en papel y tinta.