TENDRÁS QUE CASARTE CONMIGO
DISCLAIMER:
Naruto pertenece a Kishimoto y esta historia, “La propuesta”, es una adaptación de la película del mismo nombre, distribuida por Touchstone Pictures el 1 de junio de 2009, historia escrita por Pete Chiarelli y protagonizada por Sandra Bullock y Ryan Reynolds.
Favor de NO plagiar la historia y, si algún día gustas hacer una adaptación, puedes hacerlo siempre y cuando me menciones en tu historia.
ACLARACIONES:
(bla) *bla = notas de autora.
Bla, bla = flashback, onomatopeyas.
“Bla, bla” = POV de personajes.
💍💍💍 = cambios de escena/escenario
N/A: Hola, queridos lectores... aquí les traigo otra historia... La había escrito ya hace muchísimo tiempo, pero con otros personajes y, sinceramente, me gustó para adaptarla al SasuSaku... Está inspirada en la película de Sandra Bullock “La propuesta”, solo que aquí invertí los papeles; Sakura es la asistente y Sasuke el editor. Al igual que la anterior, es un AU (jaja, no sé por qué, pero me da mucho por escribir AU xD).
Se darán cuenta de que hice algunos cambios, o mezclé familias; bueno, ahí verán... Espero que la disfruten. :D
N: Todo lo que está en () son pensamientos de la autora. xD
Era un día como cualquier otro en Tokio; la gente se movía de aquí para allá corriendo a sus respectivos lugares de trabajo. Ese día, se podía observar a un hombre blanco, de unos veintiséis años, ojos color negro, delgado, alto y muy atractivo, sin olvidar que entrenaba a diario y eso se podía notar en su perfecta musculatura. Él estaba en camino a su trabajo, hablando por celular a sus clientes, ya que él era el jefe de una importante editorial de la ciudad; su nombre: Sasuke Uchiha.
Al mismo tiempo, se encontraba una mujer apurada; era blanca, de cabello único rosado, ojos verde jade, de veinticinco años y muy hermosa, quien corría de aquí para allá, ya que su jefe la estaría esperando con ansias para tomar su café; su nombre: Sakura Haruno.
Sakura había llegado justo a tiempo, pero por azares del destino chocó con uno de los trabajadores, regando todo el café de su jefe. Afortunadamente, tenía una blusa de repuesto en su pequeña oficina, ya que estaba acostumbrada a este tipo de situaciones. Cuando Sakura se había cambiado de blusa, Sasuke estaba llegando al trabajo. Como era de esperarse, todos en la oficina se comunicaban por WhatsApp, así que empezaban a comunicarse con “El amargado está en camino”, para que así todos dejaran de hacer lo que estaban haciendo y se pusieran a “trabajar”. Cuando el pelinegro entró, todos lo saludaban con respeto; él, como siempre, los ignoraba. Al llegar a su oficina vio que Sakura estaba lista con su café... oh sí, cabe mencionar que la ojiverde era su asistente.
—Buenos días, jefe, aquí está su café como siempre —decía ella tratando de mostrar una sonrisa.
—Sí, sí, buenos días, ponlo en la mesa —le respondía Sasuke.
—Oh, por cierto, habló su abogado con respecto a lo de su inmigración, dijo que...
—Sí, sí, sí, cancela la conferencia de mañana y dile a mi abogado que me espere —decía él interrumpiéndola.
—Bien, excelente.
—Si quisiera que me alabaras, te lo pediría —decía Sasuke mientras Sakura rodaba sus ojos, y justo cuando ella estaba a punto de salir, el ojinegro le habló—. Y bien, ¿quién es Sasori y por qué quiere que lo llame? —decía mientras observaba el café.
—Bueno... en realidad ese era mi café.
—Y yo me voy a tomar el tuyo porque...
—Porque derramé tu café —decía la pelirrosa mientras él la observaba.
—Bebes café con leche con un poco de canela —mencionó Sasuke al momento de darle un sorbo.
—Sí, es la Navidad en café.
—Ya veo. —Al decir esto, el teléfono del magnate empezó a sonar, así que Sakura, como buena asistente, contestó.
—Oficina de Sasuke Uchiha... ¡Hola, Deidara! De hecho, vamos a tu oficina ahora. Está bien —diciendo eso, ella colgó el teléfono—. ¿Para qué vamos a su oficina? —le preguntaba Sakura a Sasuke, pero él solo le hizo señas diciendo que por el momento no quería contestarle.
Al salir, Sakura se dirigió a su oficina para escribirles a todos que ″el amargado iba en camino″, así que todos de nuevo se pusieron serios para seguir haciendo sus labores. Justo después de haber escrito eso, Sasuke salió de su oficina para dirigirse junto con su asistente a ver a uno de sus empleados.
—¿Leíste el manuscrito que te mandé? —preguntó Sakura a su jefe.
—Leí unas páginas, no quedé impresionado —dijo él cortante.
—¿Quieres escucharme?
—¡No!
—He visto toneladas de manuscritos y ninguno me ha convencido, pero este sí, hay una increíble novela ahí, la clase de novelas que publicabas.
—Ah, no, por el momento no quiero discutir de eso, así que entraremos a la oficina de Deidara y tú no dirás nada.
—Sí, ya sé —le dijo Sakura un tanto molesta porque Sasuke nunca la escuchaba.
Él podría ser uno de los solteros más codiciados y guapos de la ciudad, pero nadie en su sano juicio quisiera estar en una relación con él y mucho menos ella. Despejándose de sus pensamientos, la pelirrosada abrió la puerta de la oficina de Deidara y ambos entraron.
—¡Hola, pasen! —decía un hombre blanco, de cabello rubio, ojos azules y por su forma de delinearse sus ojos y por su flequillo largo, pudiera decirse que era algo dark.
—¿Cómo estás, Nendo? (Le puse ese apellido que significa arcilla; la verdad, no tengo idea si tiene apellido xD).
—Ya le dije que me llame por mi nombre, Deidara, estamos en confianza, no es necesario que me llame por mi apellido.
—Sí, pero yo no. Dime, Nendo, ¿ese mueble es nuevo? —preguntaba Sasuke mientras señalaba un librero.
—Ah, sí, qué bueno que lo notaste, sí, lo acabo de comprar para mi oficina.
—Bien, iré al grano. Nendo, te voy a dejar ir —dijo Sasuke de una forma seria, haciendo que Deidara se quedara boquiabierto y Sakura se sintiera incómoda.
—¿Perdón? —preguntó el rubio.
—Te pedí mil veces que Killer B fuera con Sabaku no Gaara y nunca lo hiciste. Así que estás despedido. —Al decir eso, Sasuke, Sakura se quedó callada, pensando en la reacción de su compañero ante tal situación.
—Ya te dije que Killer B no ha dado entrevistas en veinte años y...
—Eso es interesante porque acabo de hablar con él y lo hará.
—¿Disculpa?
—Ni siquiera lo llamaste, ¿cierto?
—Pero...
—Lo sé, lo sé, sé que Killer B puede ser aterrador. Bien, te voy a dar dos meses para que busques otro empleo y vas a decirles a todos que renunciaste —al decir esto, Sakura y Sasuke salieron de la oficina—. ¿Qué está haciendo? —le preguntó él a su asistente mientras ella volteaba hacia la oficina.
—Está caminando y creo que enloqueció —dijo Sakura al ver que Deidara se aproximaba hacia la salida de su ahora exoficina.
—No lo hagas, Nendo, no lo hagas —decía casi susurrando el ojinegro.
—¡Tú, venenosa serpiente! —gritó Deidara a Sasuke, haciendo que todos abrieran la boca en sorpresa—. No puedes despedirme, ¿tú crees que no sé lo que estás haciendo? Me regañas por lo de Gaara para quedar bien ante el consejo, te sientes amenazado por mí, y tú eres un monstruo.
—Ya basta —decía Sasuke con tono burlón.
—Tú no tienes nada parecido a una vida, crees que a todos los de esta oficina puedes tratarlos como esclavos personales. ¿Sabes qué? Siento pena por ti, porque... ¿Sabes qué habrá en tu lecho de muerte? Nada ni nadie.
Al terminar de decir esto, Deidara, todos estaban en un completo silencio, ya que nadie antes se había atrevido a hablarle de esa forma al temible Sasuke Uchiha, pero antes de que la situación se hiciera más incómoda, él suspiró y empezó a hablar.
—Déjame decirte una cosa, no te despedí por sentirme amenazado. No, te despedí por holgazán, arrogante, incompetente y por pasar más tiempo leyendo revistas de góticos y manualidades de arcilla que trabajando en esta oficina, y si dices otra cosa, Sakura tendrá que ponerte en tu lugar...
—No...
—Otra palabra y saldrás de aquí escoltado por guardias, Sakura lo filmará con la cámara de su teléfono y lo subirá a ese sitio de internet que... ¿Cuál era?
—TikTok —le respondió la pelirrosa.
—Exacto, ¿es lo que quieres? —decía el pelinegro mientras miraba al ojiazul que no podía responder nada—. Eso creí, bien, adiós, tengo trabajo —y diciendo esto se retiró, dejando a un Deidara muy consternado, ya que él pensaba ponerlo en su lugar, pero terminó siendo al revés—. Bien, que seguridad se encargue de que se lleve todas sus cosas —le ordenaba Sasuke a Sakura.
—Sí, claro.
—Y este fin de semana te necesito para que revises sus archivos y manuscritos.
—¿Qué? ¿Este fin de semana?
—¿Qué, algún problema? —preguntaba él con su mirada fría.
—No, es que... bueno, es el cumpleaños número 90 de mi abuela y quería pasar el fin de semana con la familia y... está bien, lo cancelaré —dijo Sakura al ver que Sasuke la ignoraba por completo.

Un rato después se podía ver a la asistente, quien hablaba con un familiar por teléfono, tratando de explicar por qué no iría a visitarlos.
—Lo sé, lo sé, dile a abue Chiyo que lo lamento, yo... ¡Mamá! Es solo el fin de semana... No, no puedo hacerlo, escucha, me he esforzado para subir de puesto, así que no pienso renunciar... Sí sé que está muy molesto, pero... tomamos en cuenta los documentos que nos envió y nosotros le llamaremos, hasta luego —fingió Sakura al darse cuenta de que su jefe había entrado a su oficina.
—¿Era tu familia?
—Sí.
—¿Te piden que renuncies?
—Como todos los días —en eso sonó de nuevo el teléfono—. Oficina de Sasuke Uchiha... de acuerdo —diciendo esto, colgó—. Era el Sr. Sarutobi, dice que subas a su oficina. (Aquí nuestro querido tercer Hokage es el mero dueño de la editorial).
—Hummm, sí. Bueno, iré, pero sube por mí en diez minutos porque tengo que trabajar —le decía él al momento en que se dirigía a ver a su jefe.
Ya subiendo a la oficina del jefe supremo, Sasuke se dispuso a entrar, ignorando los saludos de la secretaria que siempre le coqueteaba.
—Sr. Sarutobi, Sr. Asuma, ¿cómo les va? —se dirigía Sasuke a su jefe y al socio de este, quien a su vez era su hijo—. ¿Están hablando de mi próximo aumento? —Bromeaba él con ellos.
—¡Hola, Sasuke! —le respondió Asuma.
—Siéntate, por favor —le dijo Hiruzen Sarutobi.
—No, así estoy bien, gracias.
—Bueno, Sasuke, como recordarás, acordamos que no podías ir a la feria del libro en Kioto porque no podías salir de la ciudad mientras se procesaba tu solicitud de visa —decía Hiruzen.
—Sí, claro.
—Y... Fuiste a Kioto, ¿no?
—Claro que fui.
—Como siempre, tú arreglando todo a tu modo —decía con un tono algo divertido el Sr. Sarutobi.
—Ya hablamos con tu abogado de inmigración —le dijo Asuma.
—¿Y? ¿Todo en orden? ¿Qué pasó?
—Sasuke, la visa solicitada fue negada. —Al decir esto, Hiruzen, Sasuke sentía que se le caía un balde de agua helada.
—¿Y-Y entonces? —balbuceaba él.
—Vas a ser deportado —dijo serio su jefe.
—¿Deportado? —preguntaba más sorprendido el ojinegro.
—Y al parecer hay unos papeles que no llenaste a tiempo —dijo Asuma.
—¿Cómo, ni que fuera un inmigrante? Bueno, vengo de Corea del Sur, pero he vivido muchos años aquí, y cuántos así no hay en esta ciudad. Miles, miles de esa nación, entre ellos yo, pero ya soy más de Japón que de otro lugar. Debe de haber algo que se pueda hacer, ¿no?
—Habría que intentarlo, pero por lo menos debes dejar la ciudad por un año —decía Asuma.
—Entiendo, lo puedo manejar, no será lo mismo, pero puedo manejarlo por Zoom, internet o...
—No, Sasuke. Por desgracia, si eres deportado, no puedes trabajar para una compañía de esta ciudad.
—Y hasta que todo se resuelva, todo quedará bajo la dirección de Deidara Nendo —le dijo Hiruzen, a lo que él no sabía que Sasuke acababa de despedirlo.
—¿Deidara Nendo? ¿A quién despedí?
—Necesito un editor en jefe y es la única persona con experiencia en esto —decía Sarutobi algo exaltado.
—Bueno, yo les pido que...
—Sasuke, estamos desesperados porque te quedes —le dijo con sinceridad Hiruzen—. Si hubiera una forma, la que fuera, para que funcionara esto, lo intentaríamos, créelo.
—Se los suplico, yo quisiera que... —pero Sasuke fue interrumpido porque la puerta se abrió mostrando a Sakura que entró a la oficina.
—Disculpa, no quisiera interrumpir, pero...
—¿Qué? ¿Qué? —preguntaba Sasuke de forma irritada.
—Te están hablando de la oficina de Sabaku no Gaara; sé que estás en una reunión, así que les dije que estabas atendiendo un compromiso muy importante, dije que les regresaría la llamada, así que... —¿Qué les digo? —preguntó Sakura, esperando una respuesta de él, pero Sasuke, al escuchar de la boca de ella la palabra “compromiso”, se le vino a la mente una idea muy brillante.
—Ah... Entra —decía susurrando él a la pelirrosa, así que ella obedeció y entró—. Aaah... —continuaba Sasuke ahora mirando a su jefe y su hijo—. Caballeros, entiendo, entiendo la situación en la que me encuentro y, eh... Tengo, vengo a decirles que deben estar enterados de algo —decía esto él mientras se acomodaba al lado de su asistente—. Sakura y yo... nos casaremos. —Cuando él dijo eso, Sakura se quedó en estado de shock; no sabía si había escuchado bien, así que se dispuso a preguntar:
—¿Quiénes se van a casar?
—Tú y yo nos casaremos —fingía Sasuke ante sus jefes.
Sakura aún estaba ida de lo que sus oídos habían escuchado, pero al ver la insistencia de él, decidió seguirle el juego.
—Sí, nos casaremos —decía sin emoción alguna.
—¿No es tu secretaria? —preguntó Asuma.
—Asistente —corrigió ella.
—Ejecutiva —le contestó Sasuke—. Pero no sería el primero que cayera rendido ante su secretaria —decía riéndose, aunque había cierta verdad en ello, pues Sakura era una mujer bastante atractiva—. Y sí, lo cierto es que… Sakura y yo somos dos personas que no debían enamorarse, pero... sucedió. Ya saben, todas esas largas horas en la oficina y las ferias de libros y, pues... pasó, je —decía el pelinegro tratando de sonar convincente.
—Sí, pasó —decía la pelirrosa.
—Sí, no pude evitarlo… no pude evitar enamorarme de esta mujer, je, je, je. Eeeh... ¿Están de acuerdo? ¿Están de acuerdo con esto? —preguntaba Sasuke, esperando que su plan hubiera funcionado.
—Sasuke... ¡Es hermoso! —decía emocionado Sarutobi, ya que él era un hombre muy familiar—. Pero que sea legal, ¿eh?
—¡Legal! Sí, claro, je, je... bueno, pues, creo que tendremos que presentarnos en la oficina de inmigración para solucionar este detalle —seguía sonriendo Sasuke para aparentar que estaba enamorado—. Se los agradezco, caballeros, nos retiramos, gracias —decía él mientras tomaba a Sakura del brazo para salir de ahí.

Cuando ambos bajaron de nuevo a sus respectivas oficinas, el mensaje del compromiso llegó rápido a todos los empleados, así que cuando Sakura, aún en shock, caminaba detrás del pelinegro, todos sus compañeros empezaban a silbarle, otros se burlaban y otros le hacían caras de “te vas a arrepentir”. Ella no entendía por qué lo hacían, así que decidió ignorarlos y entró a la oficina de su jefe.
Sasuke solo se sentó y empezó a escribir en su computadora. Sakura no dejaba de observarlo; estaba ahí parada contemplándolo, así que el ojinegro no tardó en notarlo y le preguntó:
—¿Qué pasa?
—No entiendo qué está pasando.
—Tranquila, te beneficiará.
—Sí, explícate.
—Convertirían a Deidara en tu jefe.
—Y es obvio que por eso debemos casarnos.
—¿Y cuál es el problema? ¿Te estabas reservando para alguien especial? —dijo con sarcasmo.
—Quiero pensar que sí; además, ¿eso no sería ilegal?
—Quieren a los terroristas, no a personas como nosotros.
—Sasuke.
—¿Sí?
—No voy a casarme contigo.
—Sí lo harás, déjame explicarte. Tu hermoso libro de tocar la vida de millones se irá —dijo él mirándola de una forma seria, mientras ella seguía aún procesando toda la información en su cabeza—. Deidara te despedirá en cuanto pueda, así que perderás el empleo y tu sueño de ser editora quedará truncado; pero no te preocupes: después del plazo obligatorio podremos divorciarnos, así que, te guste o no, tendremos que ser cómplices. ¡Teléfono! —diciendo esto, Sasuke, Sakura seguía procesando cada palabra, ya que nunca se imaginó que tendría que casarse con su temible jefe.
