Bloodline [Damian Wayne x OC]

Summary

Damian creyó tener todo bajo control, bueno... hasta que cierta criatura insana llegó a su vida. ¿Quien diría que la locura sería tan atractiva?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Uno

Las oscurecidas calles de Gótica parecían cernirse sobre Valeska, los olores nauseabundos junto con las avenidas poco transitadas y los alrededores grafiteados únicamente le provocaban desagrado y ciertamente algunos escalofríos

Giró la cabeza hacia su mentor en busca de seguridad, pero lo único que logró fue que el humo proveniente de su cigarrillos llegara directo a su nariz, sacandole una buena tos.

—¿Puedes apagar esa maldita cosa?—Le preguntó con molestia. John tenía la maldita costumbre de fumar todo el tiempo, nunca le había dado mucha importancia, pero hace un tiempo que su adicción había traspasando todo tipo de límites.

Constantine se giró sonriendo de forma burlesca y le dio otra calada a su cigarrillo—Si no quieres oler el humo deberías haberte quedado en casa.

Valeska apretó los labios, pero no dijo nada y simplemente rodó los ojos, discutir con John era un abismo sin final, así que prefería ignorarlo.

Siguió caminando a un lado del mago, en completo silencio, intentando no ahogarse con el humo proveniente del mayor.

Frunció el ceño, y en un intento de distraerse, vislumbro los alrededores, sin duda ciudad Gótica no era muy diferente a ciudad Star, de hecho eran muy parecidas, basura, ratas, vagabundos y gente mentalmente inestable, como estar en casa.

Suspiró mirando a su mentor, aquel idiota suicida ni siquiera le habia dicho la razon por la cual habian ido hasta Gotica, aunque, claro, tenia sus sospechas, pero aun así queria confirmarlas.

—John—Llamó su atención, pero el mayor parecía ignorarla a propósito—. Constantine—Repitió, pero fue ignorada nuevamente.

Se detuvo en su sitio y rodó los ojos con fastidio, John Constantine podía llegar a ser muy molesto cuando se lo proponía… o bueno, sin quererlo también.

—No puedes ignorarme para siempre—Le dijo volviendo a la marcha detrás de él.

Esperaba que John le respondiera, pero se mantuvo en silencio, hasta que vio cómo se detuvo para sacar su celular.

—¿Desde cuándo usamos GPS?—Preguntó mirando la pantalla de su mentor.

John se volteó para verla—¿No sabes cerrar la boca?.

Ella lo miró ofendida, y le levantó el dedo de enmedio.

—No seas vulgar, mocosa—Gruño John, antes de lanzar su cigarrillo al suelo, y darle un manotazo.

—¡Ay!—Chillo sobandose—. Tú no eres nadie para decirme eso.

—Claro que soy alguien, soy el adulto a cargo.

—El adulto a cargo, si claro—musitó Valeska cruzándose de brazos—. Muy bien, adulto a cargo, ¿A dónde vamos?

El mago miró la pantalla de su celular y luego levantó su brazo para apuntar una calle.

—Por allí—Dijo, y no esperó ni un segundo antes de comenzar a avanzar.

Valeska lo siguió nuevamente, caminaron alrededor de unos quince minutos hasta encontrarse en otra parte de la ciudad, una mucho más bonita, que parecía ajena a todo lo que sucedía a su alrededor. Las casas tenían una pintura brillante, jardines bien cuidados y no había ningún vagabundo pidiendo dinero en las aceras, simplemente no parecía ser parte de Gótica.

—John, ¿Qué hacemos en este lugar?—Preguntó frunciendo el ceño, aquel sitio no parecía un lugar donde aguardaran entidades demoníacas, o nada por el estilo, de hecho se notaba bastante tranquilo.

—Espera y verás, ya estamos cerca—John seguía mirando la pantalla del aparato, pero no hizo falta que dijera nada para que Valeska supiera cuál era su destino.

Era imposible no notar que al final de la calle, una de las tantas casas bien organizadas estaba envuelta en cinta policiaca.

Al llegar a su frente John se detuvo a examinar un poco más el sitio desde afuera, dando vueltas de aquí para allá, y frunciendo el ceño de vez en cuando.

—¿Vas a entrar o qué?—Preguntó, era divertido ver a Constantine actuando como un esquizofrénico, pero luego de media hora de lo mismo, era algo… tedioso, por decir lo menos.

Vio que John la miró con molestia, pero luego se dirigió hacia donde estaba parada.

—¿Ya me vas a decir para lo que vinimos, o me vas a seguir ocultando la información?—Preguntó observandolo a su lado.

—Primero vamos a entrar—dijo John. Y pasó sobre las cintas policiacas como si nada—. Ten cuidado y evita tocar cualquier cosa—Le advirtió.

—Si, si, como digas—le respondió cruzando las cintas detrás de él.

Lo siguió en el interior de la casa, realmente no estaba poniendo mucha atención a su alrededor, hasta que una pequeña mancha en una pared llamó su atención, no lograba distinguir de lo que era, así que se acercó para verla mejor, parecía catsup, o al menos eso creyó, hasta que giró su cabeza y lo que vio allí le hizo querer salir corriendo. Había sangre, mucha de hecho, demasiada, lo suficiente como para saber al instante que nadie dentro de aquel lugar había sobrevivido.

—Oye niña—Escuchó la voz de John llamándola detrás—. ¿Dónde habías ido? Creí haberte dicho que no te separ-... Mierda.

Valeska escuchó sus pisadas acercándose a ella.

—Oye, ya no veas eso, no quiero que te traumes, tu padre me mataría—Dijo sosteniéndola por los hombros y arrastrandola lejos.


—Creo que voy a vomitar—Habló respirando de forma abrupta.


—Oye, oye, oye. No, no puedes vomitar aquí, vas a contaminar la escena del crimen, y no quieres hacer eso. Solo respira con calma y resiste hasta que se te pasen las náuseas.


Valeska odiaba la forma en la que decía aquello, como si fuera así de fácil.


Se afirmó de sus rodillas respirando con dificultad y tapó su boca intentando retener el vómito que subía por su garganta.


—Iré a investigar un poco más—Dijo John—. Quédate aquí, no te muevas, volveré pronto.


Ella asintió con la cabeza, y sin más, Constantine desapareció de su campo visual.

Poco a poco se atrevió a incorporarse, hasta que sintió que las ganas de vomitar se esfumaron.


—¿John?—Habló, llamando a su mentor, pero no recibió ninguna respuesta, en cambio sólo obtuvo el eco de su propia voz resonando en las paredes.


Aún un poco mareada, decidió buscarlo, era eso o quedarse sola en aquel lugar, y después de lo que había visto, le daba un poco de temor la segunda opción.

Dio un paso tras otro, girando para entrar en cada habitación que se encontraba, pero no había tenido suerte, era como si Constantine se hubiera esfumado de la nada, y bueno Valeska estaba casi segura de que él tenía la capacidad de hacerlo, pero aún así era extraño, John podía ser un imbécil, pero no la dejaría sola, no en una escena del crimen, dentro la ciudad más peligrosa del planeta.

—¿Constantine? ¡Ya dejó de ser gracioso, aparece de una buena vez!—Grito, para este punto estaba segura de que la tierra se lo había tragado.


Cuando dobló en una de las esquinas, pudo oír pequeños murmullos que parecían provenir del exterior. Se acercó a una ventana, desde la cual solo pudo distinguir la espalda de su mentor.


Suspiro con alivio al saber que no se había ido, y rápidamente buscó una puerta. Por suerte no tardó mucho, así que en un par de segundos se halló en el exterior, completamente dispuesta a regañar a John por haberla dejado sola.


—¡Oye, idiota!—Grito para llamar la ateción de su mentor, pero él parecía estar ignorandola deliberadamente.


Con el ceño fruncido se acercó más hasta él, pero grande fue su sorpresa cuando cayó en cuenta de que no estaba solo, de hecho estaba acompañado con la figura a quien muchos criminales temían, temblando de tan solo oir su nombre, aquel que era llamado el murciélago de Gótica. Aquel hombre, si es que se le podía llamar de esa forma, era mucho más grande de lo que se lo había imaginado, y por supuesto que daba mil veces más miedo.


Abrió la boca, lista para reclamarle a John una respuesta, necesitaba saber lo que sucedía, pero se interrumpió a sí misma al sentir un piquete en su cuello, se dobló en su sitio soltando un quejido de dolor, para luego llevar la mano a la zona adolorida.


—Mierda—Murmuró.


Sintió los dedos de sus manos entumecerse. Era una sensación parecida a cuando se le dormía alguna extremidad, la única diferencia era que aquella sensación se expande rápidamente por todo su cuerpo. Los ojos comenzaron a pesarle, y en un punto, ya no pudo mantenerse de pie, así que su cuerpo cayó fuertemente contra el césped.

El grito de Constantine llamándola fue lo último que alcanzó a escuchar, antes de que sus párpados se volvieran muy pesados y sucumbiera ante la necesidad, y se durmiera en su totalidad.