Dilema.

Summary

¿Qué es lo que puedo hacer si me encanta? Donde Jisung está encantado con el nuevo novio de su mejor amigo. ✗ minsung No está permitido copias o adaptaciones. No jodan.

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n/a
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18+

Porque este hombre juega mi cordura


Creyó haber hecho un pacto con el demonio en alguna de sus vidas pasadas, Jisung no pudo encontrar otra respuesta a su tanta falta de amor a sí mismo. Si pudiera, se arrancaría los ojos, él mismo los tiraría al mar y se condenaría a la ceguera eterna. Porque era malo, un hombre malo y su corazón agitado lo señalaba y juzgaba cada vez que podía. Cada vez que lo veía.

No debió aceptar esa escapada de amigos a la playa, no debió traer a su pareja y sonreírle cada que se miraran, no debió haberle dicho que sí a su mejor amigo y, por supuesto, no debió mirar con otros ojos al novio de su mejor amigo.

¿Cómo evitarlo?, es todo lo que él deseó. Lee Minho era su sueño, fuerte y alto, gracioso y bueno. Cuando lo veía, suspiraba, cuando suspiraba, se arrepentía.

Podés tener a cualquier hombre que quieras, su corazón le gritó, y su mente, totalmente perdida de la razón, se rió y le dijo: quiero a ese hombre. Verlo salir del mar, empapado de pies a cabeza con el short pegado a su cuerpo, marcando cada músculo trabajado, totalmente opuesto al escuálido de su pareja lo hizo temblar.

—Jisung, voy por algo para tomar, ¿querés algo? —Hyunjin, su pareja, le preguntó. Quiero morder cada uno de sus gordos muslos, pensó, quiso, deseó, pero no dijo. Sonrió y le pidió cualquier cosa, algo fresco, algo que alivie su alma pecadora y malvada.

Cuando Hyunjin se fue, volvió a caer en Lee Minho, quien nunca lo miró, nunca lo observó, pues solo tenía ojos para Felix. Es el novio de tu mejor amigo, se repetía una y otra vez, lleno de una culpa falsa, una culpa inexistente cuando su mano y sus juguetes recorrían su cuerpo y su boca pronunciaba su nombre sin aire. Una culpa que estaba muerta, olvidada en algún rincón de su razón, cuando Hyunjin se deshacía dentro de él, el único rostro que podía ver era el de Minho.

Minho.

Minho.

Minho.

El aire salado golpeaba su rostro, la arena pegándose en sus cabellos, sus manos hechos puños y su respiración agitada. Llevaba sus labios secos, esperando un beso que su cabeza se encargó de imaginar. Unos brazos como los del novio de su mejor amigo, fuerte y musculosos, que lo sometían y una voz suave que le repetía al oído: sos mío, puta. Quería ser denigrado, aplastado, juzgado y deseado.

Estaba tan perdido que no notó cuando el hombre se le acercó a trotes.

—Hani, ¿viste a Felix?

De cerca pudo verlo mejor. El mar, desubicado, se deslizó sin vergüenza por los pectorales, alcanzando el trabajado abdomen hasta perderse en el elástico del short, el músculo marcándose, dejando a su cabeza total y completamente disfuncional.

—¿Hani, estás bien? —Minho preguntaba a la vez que movía su mano frente al mejor amigo de su novio —¿Te dio un golpe de calor?, te llevo a la cabaña si querés.

Contigo, no. Con él no. ¿Qué pasaba si no se aguantaba?, si su cordura tendía de un hombre como él. Han Jisung era un hombre débil, tan inútil y despreciable que no podría mantener sus manos lejos de lo prohibido.

Si Felix se enterara como es que miraba a su pareja, qué pasaría, qué le diría, quiénes se enterarían. Tal vez Hyunjin lo golpearía, tal vez Felix también lo haría. ¿Y Minho?, ¿él qué haría?. Si Minho supiera como su nombre y su imagen viven en su cabeza todas las horas, todos los días y en la cama con Hyunjin. Si Minho supiera cuánto se moría por tener su verga jodiendo su boca, llamándolo puta y destrozando su cuerpo y alma.

Si Minho supiera, ¿qué haría?

De repente siente una calidez en su frente, Minho lo tocó preocupado, lo notó caliente.

—¡Uy!, me parece que te dio cacho de golpe de calor, pero tranqui, yo te llevo hasta la cabaña y te acostas un toque, ¿te parece?, después le mando un mensaje a Felix y a Hyunjin.

Minho lo miraría con asco.

Y cuánto lo ponía pensar en que sea visto de esa manera por él.

Cómo la basura ramera que era.

Amar a un hombre prohibido podía ser inevitable.

Desear a un hombre prohibido era descarado e imperdonable.

Lo ayudó a levantarse y le sacudió la ropa llena de arena, lo tocó y no supo cómo Jisung se derretía mientras lo miraba. Tal vez haya sido cierto, tal vez haya sido un golpe de calor y por eso no pudo controlarse.

—Agárrate de mí, así no te caes —Minho le sugirió y Jisung obedeció, aprovechó para apretar y clavar las uñas en sus hombros, acción que no pasó desapercibido por Minho. —Te vas a bañar y te vas a acostar cuando lleguemos, ¿me escuchaste?

Jisung asintió, totalmente intoxicado por la culpa y el deseo, sintiendo en su cuerpo vibras por el tono demandante, por la orden que le había sido dada.

Caminaron juntos, sus cuerpos en contacto, un tambor que recibe el nombre de corazón que no paró de sonar y acelerar, un cuerpo duro y firme que sostenía a otro y no dejaba que se aleje.

Y Jisung quiso saber acerca de qué pensaba Minho sobre él, qué tipo de ojos aburridos tenía cuando lo miraba, si sabía que solo era tímido cuando se trataba de él.

Mi propia condena, mi dilema, de él estoy embrujado.

Al llegar a la cabaña, la penumbra los recibió, las luces apagadas y las sombras de los muebles esperaron con paciencia. Minho no encendió las luces cuando entraron, tampoco habló ni lo soltó. Jisung no preguntó por qué, no quiso hablar o tal vez no pudo. Habrá sido su imaginación, o será que Minho lo tenía agarrado demasiado fuerte de la cintura.

—Minho… —susurró.

—Mhm.

—Me duele.

Susurraron como si fuera pecado hablar, como si ocultaran algo, como si no quisieran ser descubiertos. Lo impensable, pensado por Jisung, lo imperdonable.

Minho abrió la puerta del baño, nunca lo soltó, abrió la llave de la ducha y reguló la temperatura. Su mano nunca abandonó ni la fuerza ni la cintura de Jisung. Incluso la apretaba aún más.

Cuando creyó que la temperatura estaba perfecta no preguntó, lo metió debajo del agua con una violencia cuestionable, provocando que la cadera de Jisung golpeara contra las llaves. El agua los mojó por completo, se llevó consigo la arena y el mar salado.

Después de un silencio, finalmente uno habló en voz baja: —sos muy flaco, se te marcan todos los huesos.

La voz del dueño de sus pensamientos sonaba ronca, baja y desgastada, como si pidiera permiso para hablar, lleno de miedo y suspiros. Jisung no respondió, no era de comer mucho y siempre estuvo fascinado por tener un cuerpo delgado, rozando lo trastornado.

—Muy flaco… —Minho siguió, esta vez con una mano involucrada. Recorrió sin prisa la zona golpeada recientemente, los huesos de la cadera sobresaliendo y subió hasta las costillas. Jisung no creyó pero sintió que las contaba. Y luego bajó hasta su ombligo, donde un dedo no pidió permiso para entrar y salir varias veces. —¿Vos sabés que siempre me gustaron las personas delgadas?

—¿Un fetiche, quizás?

—Quizás.

Nuevamente la ausencia del ruido más allá del agua chapoteando contra las baldosas, el redoble de un corazón y la agitación de Minho. La mano siguió recorriendo sin pedir permiso, llegando a puntos peligrosos, cuestionando la cordura de Jisung. Una prueba de qué tan fiel podía ser, de cuánto podía aguantar.

Y no aguantó.

Se puso de puntitas, llevó su brazo alrededor del cuello de Minho y lo atrajo ansioso para fundirse en sus labios. Lo besó desesperado, sin orden y con la incomodidad del agua de la ducha. No le importó no ser correspondido, mordió y golpeó para obligarlo, queriendo adentrarse a una cueva peligrosa e impropia.

Pero incluso la peor basura puede rendirse, con el alma rota se separó de unos labios que siempre estuvieron inmóviles ante su confesión.

—Lo siento —se disculpó, pero Minho no respondió, entonces creyó que sus disculpas no serían aceptadas.

¿Qué haría Minho?

La misma mano que abusó de su ombligo apretó sus cachetes, lo sometió y lo obligó a mirar hacia arriba. Minho lo miró serio, con sangre en los labios por una mordida que él le dio.

—Qué puta.

El agarre se volvió fuerte, lo lastimaba, deñaba sus cachetes dejando marcas rojas que temía se pusieran moradas. Movió la cabeza de Jisung a su antojo, era un muñeco que se dejaba hacer entre quejidos.

—¿Te quejás?, hace un rato estabas tirándote al novio de tu mejor amigo. Sos una puta, Jisung.

Y qué, quiso responder él. Pero no pudo. El agarre le impedía gesticular, y si lo intentaba entonces babeaba.

—Quiero que sepas, que no fui yo quién empezó esto.

De manera imprevista lo atacó, sometiendo sus labios en un violento y salvaje beso, no dejándolo corresponder, no dejándole ni tiempo ni fuerza para responder.

Jisung gimió extasiado y mojado, creyendo que la fiebre lo llevó de viaje a un mundo impensado dónde podía ser feliz con un hombre prohibido.


Querido Diario, conocí a la tentación encarnada,

sueño que me toca y me desarma y vuelve armar,

oh, Diario mío, lo lamento con todo mi pesar, soy incapaz de a un hombre prohibido no amar.


El universo se apiadó de él, la culpa muerta, su verdugo fue la tentación. Las manos de Minhos no se apiadaron de su culo, lo amasó mientras lo pegaba a la pared, el frío erizaándole el vello. Minho mordió y adentró su lengua a la boca, lo devoró y succiono como un chupasangre.

—Todo este tiempo aguantando las ganas de empotrarte contra un mueble y joderte bien duro por respeto hacia vos y a Felix.

La lengua de Minho abandonó la boca de Jisung, dejando un hilo de saliva en el camino hacia el cuello del delgado, se deshizo en sus clavículas a mordisco, como un animal queriendo arrancar la piel de su presa.

Los gemidos de Jisung se perdían con la lluvia de la ducha, las manos de Minho eran traviesas, recorrían un cuerpo prohibido sin pudor, sin respeto, pellizcando sus pezones, tirando de ellos y arrancándole fuertes gritos a su amante.

Porque eso eran ahora, ¿no?

—No lo soporto más —susurró Minho extasiado con el cuerpo de Jisung. Se alejó y contempló su gran obra maestra, un cuerpo delgado hasta los huesos lleno de marcas y mordiscos, un cuerpo marcado por la lujuria y el placer de lo incorrecto e inmoral.

—Por favor… —suplicó Jisung tocando el miembro ajeno —nadie se tiene que enterar…

Y no es como si a Minho le importara que alguien se enterara en este momento, su cabeza estaba nublada por la imagen del hombre que tenía enfrente, deshaciéndose en súplicas porque lo hiciera suyo.

—Te voy coger tan rico que vas a olvidar tu propio nombre de tanto que repitas el mío.

Minho se acercó como una bestia hambrienta a su presa, y la presa lo recibió entusiasmado por ser devorado. La fría pared de azulejos fue sometida a un pecho totalmente descuidado, Minho lo había dado vuelta y chupaba con vehemencia el comienzo de la columna y bajaba con una lentitud tortuosa.

Cuando finalmente llegó al final sus dientes no tuvieron piedad en imaginar que podrían arrancarle un pedazo de piel al culo de su amante. Jisung gritó, el dolor era indescriptible, el frío del azulejo se deleitaba con su propio miembro y la bestia detrás suyo lo hacía con su culo.

—Por favor, Minho —volvió a suplicar, y lo volvería a hacer pero de pronto una sensación cálida y placentera se apoderó de su zona íntima. El nombre de Minho resonaba en aquel baño como si a un perro estuvieran matando sin piedad, desaforado, tembloroso, completamente roto y maltratado. Minho se aprovechó del culo de Jisung, su lengua arremetió tantas veces como el músculo pudo, la sal del mar todavía no se había disipado por completo.

Minho.

Minho, por favor.

Por favor.

Minho.

Minho.

Y a Minho le encantaba como se escuchaba su nombre desde Jisung. Oh, cómo le encantaba.

Abandonó su culo no sin antes morder uno de los muslos violentamente, lo dio vuelta y besó a Jisung desesperado, su lengua queriendo tener un registro total de su sabor. Entre aquel despiadado beso el agua y las súplicas de Jisung se interponían y eso fastidiaba a Minho.

—Vas a chuparmela —le dijo. Jisung lo miró desconcentrado y no fue hasta que Minho lo arrodilló con fuerza y le restregó su propio pene en la boca. Acarició su pelo mojado y su mandíbula mientras su otra mano daba golpecitos en la boca cerrada de Jisung. —Abre —ordenó. Jisung obedeció.

El miembro ajeno se introdujo junto con un gruñido por parte de su dueño. La boca de Jisung era pequeña, era fascinante ver cómo entraba y como apretaba. No creyó poder esperar demasiado, debió, pero no lo creyó.

El mejor amigo de su pareja estaba arrodillado engullendo su pene como una puta y pidiendo ser follado como un animal en celo.

¿Por qué debería esperar?

Tomó el rostro de Jisung y penetró su boca, este se atragantó y trató de frenarlo con una mano en su cadera. Aquello molestó a Minho y de castigo volvió a introducir su miembro bruscamente en la boca de Jisung.

Una embestida de volvieron dos, y tres, Minho tenía el rostro de Jisung moviéndolo a su placer, arremetiendo contra su garganta mientras le pedía a Dios su ayuda. A Jisung le ardía la garganta pero el placer de ver a Minho con los ojos cerrados, frunciendo el seño y rogando una ayuda divina lo excitaba aún más. Intentó tomar su propio pene y masturbarse pero Minho lo permitió.

Salió de su boca y lo cacheteó, luego lo empujó, la cabeza de Jisung había golpeado la pared de azulejos fríos y este miró hacia arriba. El pene de Minho todavía seguía erguido. Lo miraba como si no entendiera lo que estuviera pasado, como arrepentido y al mismo tiempo sediento.

Esperaba con ansias que la sed fuera mayor a la culpa.

Y así fue.

Minho lo levantó y no dijo nada, tomó el acondicionador y puso un poco en dos de sus dedos. No esperó, no preguntó, lo dio vuelta e introdujo sus dedos con la crema en su entrada. Fue violento, le dolió, no lo disfrutó pero Minho ya no hablaba y cuando lo miraba no sabía que clase de mirada tenía. Quizás lo odiaba y se odiaba a sí mismo por hacer aquello. Tal vez estaba a punto de arrepentirse.

Pero mientras jodia el culo del mejor amigo de su pareja con sus dedos no podía quitarle la vista de encima, ver sus expresiones, ver cómo se removía y murmuraba ido su nombre. No aguantó, se dió cuenta que no podía aguantarse con Jisung.

Alineó su pene en la entrada ajena y entró, los ojos de su amante se pusieron blancos y su boca se abrió en busca del aliento. Lo besó mientras lo penetraba por primera vez, brusco y desesperado, Jisung creyó que podría morirse por la falta de aire y por tener encerrado dentro suyo a Minho.

—¡Oh, Dios! —gritó. El pene de Minho salió y volvió a entrar con un poco más de fuerza.

—No soy Dios, Hannie —Minho se rió y volvió a penetrarlo más fuerte todavía.

Para Jisung era inevitable no pedir por Dios, el nombre divino se le escapaba y enfurecía a Minho, lo notaba por como las embestidas se volvían fuertes, secas, bruscas y violentas. No podía respirar, una mano se cerró en su garganta y apretó, golpeaban contra él como si fuera un saco sin vida. El placer tardó en llegar, un punto dulce fue golpeado y envió electricidad por todo su cuerpo, Jisung tembló y Minho lo notó, arremetió contra ese punto desesperado por seguir oyendo los gritos de Jisung.

De la mano de quién arremetía sin control se escapaban hilos de saliva y Jisung ya no era capaz de ser consciente de su alrededor. La verga de Minho se abría paso a gran velocidad dentro suyo y el punto dulce que era abusado desvivía su mente. De pronto se vio a sí mismo como nada, como un objeto sin valor del que Minho podía hacer y deshacer. Tanto lo esperó, tanto lo soñó que esperó con toda su alma que fuera real, por favor sé real, rogaba desde su alma.

—Estás tan caliente y apretado que me enfermas, en serio, ¿crees que el insulso de tu novio puede hacerte sentir como lo hago yo? —disfrutó de la ausencia de Jisung, de lo tan excitado que estaba y de como su cuerpo conseguía moretones oscuros y grandes por los golpes contra los azulejos con cada embestida que daba. En cuanto se sintió llegar disminuyó la velocidad, fue profundo esta vez, llegando a lugares que Jisung creía incapaz de llegar. —no… —lo penetró lento y duro —vales… —salió y volvió a penetrarlo, el cuerpo de Jisung tembló, Minho liberó su boca, tomó su mentón con la misma mano llena de saliva, lo giró para que lo mirara y abrió su boca con el pulgar—...nada —finalmente escupió y la saliva se deslizó por la lengua de Jisung con lentitud.

No aguantó, encorvó su cuerpo y junto a un gemido lastimero se corrió manchando esos azulejos que fueron partícipes del acto. Pero Minho no se detuvo, salió de él y lo obligó a arrodillarse, su pene no esperó para volver a introducirse en su boca y joderle la garganta.

En un instante se detuvo, con un gruñido tan ronco y oscuro liberó todo su semen en la garganta de su amante. Se salió y Jisung lo tragó todo, siempre mirándolo, sé relamió los labios hasta que no quedó rastro de la esencia amarga de Minho.

—Vístete —ordenó Minho, tomó una toalla y lo abandonó.

El cuerpo de Jisung era delgado hasta los huesos, Minho decoró su cuerpo con manchas negras, moradas y verdes. La garganta le dolía, el culo también, y el corazón un poco más y olvidaba como latir. Sonrió, pues en ningún momento el rostro de Felix y de Hyunjin cruzaron por su cabeza, ni durante ni después.