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Summary

DĂ­as atrĂĄs Lee Felix era un teniente de la PolicĂ­a de Busan, vivĂ­a feliz y nunca antes habĂ­a probado el BDSM. El Ășnico azote que habĂ­a recibido era el que provenĂ­a de las manos de su padre cuando, de pequeño, hacĂ­a alguna trastada. Pero ya habĂ­an pasado seis dĂ­as desde que recibiĂł la noticia de la desapariciĂłn de su hermano, Christopher, y se habĂ­a metido de lleno en el caso en el que este participaba. Ahora es un agente del FBI infiltrado en un torneo de dominaciĂłn y sumisiĂłn en el que interpreta el rol de sumiso, mientras trata de revelar la identidad de los diseñadores de la droga popper y de los traficantes de blancas que el FBI persigue. Unos dĂ­as antes, el corazĂłn de Felix estaba entero y era libre. En estos momentos, intenta recomponerlo despuĂ©s de que Seo Changbin, el agente a cargo de la operaciĂłn e instructor de su doma, lo rompiera y lo pisoteara sin compasiĂłn. El amor es un juego de fantasĂ­as y realidades al que, tarde o temprano, todos nos sometemos.

Status
Complete
Chapters
18
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

CapĂ­tulo 1

Al principio, nos dijeron que el amor solo debĂ­a nacer entre el binomio hombre-mujer. Hoy, el amor es cosa de hombre-mujer, mujer-mujer y hombre-hombre. Al principio, nos dijeron que el sexo Ășnico y verdadero es el suave y amable. EL BDSM demuestra que tambiĂ©n hay otro tipo de sexo. Ni bueno ni malo. Diferente.ï»ż

DĂ­as atrĂĄs solo era Lee Felix, teniente policĂ­a de Busan. VivĂ­a feliz en la calle Tchoupitoulas y solo tenĂ­a a un macho en su vida; su camaleĂłn, Rango. Nunca antes habĂ­a probado el BDSM, y el Ășnico azote que habĂ­a sentido en sus nalgas era el de la mano de su padre cuando hacĂ­a alguna trastada de pequeño.

Pero seis dĂ­as atrĂĄs, recibiĂł la mala noticia de que su hermano, Christopher, habĂ­a desaparecido en una misiĂłn, y el FBI llamĂł a su puerta para reclamar su ayuda, ya que necesitaban a alguien del mismo perfil que Christopher para introducirlo en el complicado y delicado caso que en el que su hermano participaba. Confiaban en que Christopher siguiera con vida; por eso deseaban rescatarlo. Y necesitaban su ayuda.

Ahora, en la actualidad, era Lee Felix: agente infiltrado del FBI en un torneo de dominación y sumisión llamado Dragones y Mazmorras DS, en el que interpretaría el rol de sumiso y ayudaría a revelar la identidad de los diseñadores de la drogapoppery de los traficantes de blancas a los que perseguían desde hacía un año y que utilizaban el torneo como tapadera para sus delitos federales.

HacĂ­a unos dĂ­as, su corazĂłn estaba entero y era libre.

En ese momento, intentaba reunir los trozos que Seo Changbin, el agente al cargo de la misión Amos y Mazmorras en la que se veía inmerso, e instructor de su doma, había partido, violando su confianza, infravalorando su capacidad como agente y, también, menospreciando su aptitud como hombre para mantener su interés.

Lee Felix nunca se habĂ­a sentido tan devastado ni decepcionado como lo estaba ahora por y con Changbin.

Aquello no iba a quedar así. Y si Changbin pretendió sacarlo del caso, fuera por el motivo que fuese, se lo iba a encontrar de nuevo de pleno y, esta vez, él tendría las de perder.

Viajaba en un vuelo de US Airways direcciĂłn WaParkgton D.C.

No le gustaba volar. En absoluto. De hecho, todos los trayectos los hacía en coche, por muy largos que fueran
 Pero se le acababa el tiempo e iban contrarreloj para asistir al torneo en el que todo se destaparía; pasearía por las nubes para encontrarse en WaParkgton con su nuevo partenaire: el agente del FBI, Chanyeol, su sumiso.

El FBI había utilizado la tarjeta de invitación que Felix recibió la noche anterior de parte del Rey de las Arañas. El Rey, o alguien que contestaba por el, les señaló que las invitaciones personalizadas tenían un código QR cifrado y oculto en la parte trasera. Si lo escaneaban, les llevaba directamente a la elección de una butaca en un avión que saldría desde WaParkgton D.C. y les llevaría directamente a las Islas Vírgenes de Estados Unidos, mås concretamente a la isla de Saint Thomas, y al aeropuerto Cyril E. King.

Habían puesto en marcha todas las tramitaciones con el rol, y Lee Felix se iba a infiltrar en el segundo torneo de Dragones y Mazmorras DS alias “domines y Cariades” como el rechazado y apaleado Fenix, el ex sumiso de King, que ahora retomaba el rol de amo.

¿Qué llevaba en la maleta? Dos arneses que sumaban mås de cinco mil dólares, junto con puñados de rabia y deseos de venganza.

Madre mĂ­a, iba a ser carne de cañón para el Rey de las Arañas, estaba convencido de eso
 En cuanto ese rubio Rey sĂĄdico de las nieves viera que empezaba el torneo separado de Changbin, irĂ­a a por Ă©l y lo provocarĂ­a. No se lo iba a poner nada fĂĄcil.

Felix intentaba devorar las lecciones de BDSM a través de su iPad para, al menos, tener una oportunidad de salvarse y no caer eliminados a las primeras de cambio. Esperaba que Chanyeol le echara una mano y lo guiara un poco
 Había practicado como sumiso de Changbin, pero no sabía cómo debía comportarse como amo. Tenía la estantería virtual de su librería electrónica atestada de cubiertas con medias de rejilla, taconazos de diez centímetros, fustas, låtigos
 ¿Sería suficiente fingir durante un día que era un Dom de escåndalo hasta que desarrollara el plan que tenía entre manos?

Se lo tenía que plantear a Chanyeol antes; y esperaba llevarse bien con él.

—¿Puedo hacerle una pregunta?

Felix levantó la mirada de su instructiva lectura y miró extrañado a su vecino de vuelo: un hombre de pelo castaño claro con ondas y ojos negros y enormes. Debería tener mås o menos su misma edad. Unos veintisiete o veintiocho años.

—¿Sí?

—No quiero parecer indiscreto


Felix apagĂł el iPad y carraspeĂł. Tal vez el chico se habĂ­a escarmentado al ver lo que estaba leyendo. Cosas como:

«A veces, el sumiso no siempre disfruta, y eso se da porque, dependiendo de los castigos que se le inflijan, pueden originarse pensamientos fatalistas como el de querer abandonar la relaciĂłn de sumisiĂłn. Tranquilos. Recordad que el hombre, por memoria histĂłrica, siempre se ha creĂ­do superior al resto, y para un macho, ser dominado sexualmente por otro, no es moco de pavo —decĂ­a un amo muy popular—. Por eso mismo, hay que valorar y, tambiĂ©n saber premiar, su dedicaciĂłn y su entrega. Los azotes en el pene, la colocaciĂłn de pinzas y la tortura de los genitales, nunca deberĂ­an ejecutarse para eliminar una conducta inapropiada que deseemos erradicar.

Debe haber una lĂ­nea que separe las prĂĄcticas que se realizan para provocar placer, de las de los castigos. Debes hacer saber a tu sumiso que el dĂ­a que le castigues, lo recordarĂĄ toda su vida. Le puedes castigar haciĂ©ndole dormir en el suelo, comportĂĄndote con indiferencia ante Ă©l (eso lo matarĂĄ) o bien, negĂĄndole el orgasmo, todo dependiendo del error que haya cometido. Pero, si el sumiso reincide una y otra vez en el mismo error, debes plantearte si lo que tĂș consideras un castigo duro, no es, justamente, un motivo de placer sublime para Ă©l y lo estĂĄ disfrutando demasiado. A veces, los sumisos son un poco farsantes, y ante ello, hay que dar un escarmiento. Que no os tomen el pelo».

—Dime. —Felix le dirigió una sonrisa, como mínimo, amable y educada.

—Mi marido
 —Se quedó callado mientras se enrojecía hasta la raíz del pelo—. A mi marido le gustan esas cosas.

Felix fingió no comprender la pregunta, pero también enrojeció. Parecían dos tomates parlantes. Fantåstico: ahora abriría una consulta de conducta sexual BDSM.

O eso, o una fruterĂ­a.

—¿A quĂ© se refiere?

El joven arqueĂł las cejas y sonriĂł dulcemente.

—CreĂ­a que estaba leyendo sobre dominaciĂłn y sumisiĂłn. Solo querĂ­a hacerle una pregunta. No importa. —EntrelazĂł los dedos y mirĂł al frente con educaciĂłn, retirĂĄndose de la conversaciĂłn como un señor.

Felix observó su perfil. Era un hombre bonito y fino. ¿Por qué no le podía contestar? No le haría daño hablar sobre ello.

—Hazla. Pero te advierto que no sĂ© mucho. Soy un principiante. El chico se girĂł hacia Felix y volviĂł a sonreĂ­r agradecido.

—Bueno, yo tampoco —le dijo a modo de confidencia—. No sĂ© mucho
¿Crees que un hombre con esas inclinaciones puede aceptar de nuevo a su chico?

—No entiendo


—A su chico—prosiguió—. El mismo que lo denunciĂł por malos tratos en una sesiĂłn 
 Ă­ntima.—Le estaba hablando como si fuera una niña pequeña—
 Un poco diferente a lo habitual
 A lo que estaba acostumbrado.

A ver si lo entendĂ­a.

—Te refieres a que
 —le habló del mismo modo—, denunciaste a tu marido porque


—Me tiró del pelo
 Y me azotó las nalgas
 Y


—¿Y
 ?

—Me esposĂł a la cama. —CarraspeĂł incĂłmodo, mirando a Felix como si Ă©l fuera la respuesta a sus dudas.

Felix se aclarĂł la garganta. No tenĂ­a ni idea.

—¿Él te avisó de que iba a suceder eso esa noche?

—Sí
 Bueno
 Me dijo que esa noche probĂĄramos algo diferente. Que me disfrazara de esclavo y Ă©l de pirata


—Roleplay.

—¿Eh?

—Eso se llama Roleplay. —Se visualizó en una tarima recibiendo un diploma, con cientos de hombres y mujeres cubiertos con máscaras de piel, aplaudiendo su audacia—. Te disfrazas e interpretas a un personaje.

—SĂ­, ahora lo sĂ©. —Le explicĂł con ojos tristes—. La cuestiĂłn es que lo hice, pero no me imaginĂ© lo que vendrĂ­a a continuaciĂłn. Él me


—Te asustó.

—Sí
 —se lamentó—, no me imaginaba que me arrancarĂ­a la ropa y fingirĂ­a que era un pirata que iba a violar a un esclavo. Yo
 Él —no sabĂ­a cĂłmo explicarlo—
 Él me arrancĂł la ropa y me esposĂł. Yo gritaba de miedo, pero Ă©l lo asociĂł a mi papel. Y despuĂ©s me tirĂł del pelo y me azotĂł con la mano —susurró—. Con la mano abierta en todo el trasero —aclarĂł, como si aquello fuera un pecado capital—. Con fuerza. Pero


«¿No había palomitas en el servicio aéreo?». Tenía una imaginación muy vívida.

—¿Le dijiste que se detuviera?

—SĂ­. Él parĂł en cuanto vio que estaba llorando. Me quitĂł las esposas y se puso a llorar conmigo, arrepentido, cuando me vio tan descontrolado. Me puse histĂ©rico. —SacudiĂł la cabeza, como si quisiera borrar ese recuerdo—. Él me explicĂł que querĂ­a jugar a dominaciĂłn y sumisiĂłn conmigo, y que yo tambiĂ©n podrĂ­a hacerlo con Ă©l
 SacĂł una fusta del cajĂłn y me la ofreciĂł para que yo lo azotara. Para que le azotara en sus partes
 —sonriĂł con pena y apoyĂł la cabeza en el asiento, como si estuviera cansado—. Yo lo tachĂ© de enfermo. —Cada una de sus palabras era como si echara sal a sus heridas—. La cuestiĂłn es que, esa misma noche, lo denunciĂ©, aunque Ă©l me suplicĂł que no lo hiciera, que me querĂ­a y que jamĂĄs me harĂ­a daño a propĂłsito; que si no me gustaba ese tipo de juego no lo harĂ­a nunca mĂĄs, pero


—Lo hiciste igualmente. Le denunciaste.

—SĂ­. Y despuĂ©s de eso no lo vi mĂĄs, hasta cuatro semanas despuĂ©s cuando nos reunimos con nuestros abogados para pedirle el divorcio.

—Lo siento. —Siempre era triste saber que una pareja se separaba.

—Y yo —contestĂł Ă©l con la mirada perdida—. Entonces, cuando puse la denuncia, lo vi muy claro; pero despuĂ©s de salir del juzgado
 PasĂł el tiempo y poco a poco quise averiguar quĂ© era aquello que sucediĂł aquel dĂ­a
 Me equivoquĂ© al seguir mi impulso, pero tenĂ­a tanto miedo, Âżsabes? Hay tantos casos horribles que salen por la tele
 y piensas que puede tratarse de eso, que eso mismo te puede pasar a ti
 Nos enseñan que el amor y el sexo solo se sienten de una manera
 Pero no nos explican que hay otro tipo de caricias y sexo que pueden canalizar el mismo amor, incluso de un modo mucho mĂĄs divertido. Él solo querĂ­a
 jugar. Y yo creo que le acusĂ© de una cosa que no era.

Felix comprendía el miedo de aquel chico. La noche anterior, él mismo se había enfrentado a un verdadero maltratador. Y tuvo que sufrir sus golpes y su fuerza, su maltrato y tortura, como solo un hombre agresivo y malo podía impartir: sin compasión y sin clemencia. Sin embargo, Changbin no era nada de eso. Cuando él utilizaba una fusta, era para jugar, calentar, estimular y ayudar a conseguir un fin: un orgasmo demoledor. Cuando Seunghyun utilizó el låtigo lo hizo para dañar, herir, menguar y marcar. Lo habría matado si Changbin no hubiese aparecido para salvarlo.

Las personas deberĂ­an saber diferenciar entre un perfil y otro; sobre todo, las mujeres.

—¿Se lo has dicho? ¿Le has dicho a tu ex marido lo que me estás diciendo a mí?

—No quiere verme. No quiere hablar conmigo desde hace seis meses. Él lo intentĂł muchas veces antes, pero yo seguĂ­a un poco confuso y asustado. Y despuĂ©s de la orden de alejamiento que le impuse


—¿Pediste una orden de alejamiento? —estaba sorprendido—. Cada vez lo pones peor


—Dios, sĂ­; Âżmuy mal, verdad? No sĂ© quĂ© me pasĂł. Supongo que estaba perdido
 DespuĂ©s de la orden, se colĂł una noche en mi casa, entrĂł por el balcĂłn y
 Me dijo todo lo que pensaba de mi comportamiento
 RompiĂł todo intento de contacto conmigo —se acongojó—. Yo me mudĂ© a Seul, a casa de mis padres. Y no volvĂ­ a saber de Ă©l hasta hace poco


Felix no sabĂ­a si consolarlo o no.

—No comprendiste lo que Ă©l te pidiĂł aquella noche y tĂș cometiste un error llevado por los prejucios.

—Por supuesto que no lo comprendĂ­ —murmurĂł mordiĂ©ndose el pulgar, nervioso—. Ahora llevo seis meses aprendiendo ese tipo de juegos
 Aprendiendo a saber cĂłmo actuar. Porque quiero comprender quĂ© fue lo que le llevĂł a querer hacer eso
 QuĂ© fue lo que vio de divertido en disfrazarnos y jugar a someterme. Y, despuĂ©s de lo que he aprendido, Âżsabes quĂ©?

«No me lo digas. Te gusta».

—¿QuĂ©?

—Me gusta. He comprendido, incluso, muchas cosas sobre mí mismo
 Cosas que antes no sabía. Y creo que puedo recuperarle y pedirle perdón. Al menos, lo voy a intentar.

—¿Lo has localizado? ¿Sabes dónde está?

—SĂ­. Y voy a cometer una locura
 Estoy muy loco. Mucho
 Pero solo me queda esta carta para que acceda a escucharme una vez, al menos. Solo una vez —repitiĂł para sĂ­ mismo, con los ojos oscuros llenos de esperanza—. DespuĂ©s de todo lo que te he contado, Âżcrees que podrĂĄ perdonarme? — volviĂł a preguntar, consciente de que era una tarea difĂ­cil—. TĂș eres amo o Dom, Âżverdad? ÂżCrees que puede darme otra oportunidad?

Felix intentĂł transmitirle fuerzas con una sonrisa sincera.

—No. No lo soy
 Solo me informo. Pero creo que si Ă©l te sigue amando y tĂș le amas
 Todo es posible.

—SĂ­. —JugĂł con el anillo dorado que cubrĂ­a su dedo anular—. Sí
 No le he dejado de amar. Le amo con todo mi corazĂłn. Le echo de menos. Todo. Todo de Ă©l
 Âżentiendes? Y tenemos una niña en comĂșn. Mira. —CogiĂł su bolso de mano, muy caro, y lo abriĂł para hallar su cartera y mostrarle la foto de carnĂ© de una preciosa niña muy rubia y con los ojos negros como Ă©l—. Es Cindy. Tiene solo dos añitos.

—Es una niña muy guapa. Felicidades.

—SĂ­, y muy buena. Extraña tantĂ­simo a su padre
 Seokie adora a la pequeña. La quiere, siempre la tratĂł tan bien
 Pero con lo que yo hice, ya hace tiempo que no la ve
 Creo que Ă©l me odia. —Sus labios temblaron de la pena.

Felix puso una mano sobre la de aquel chico. Su tristeza le habĂ­a llegado al corazĂłn. Era una historia bastante sĂłrdida, aunque estaba convencido de que iba a ganarse ese perdĂłn con sudor y lĂĄgrimas. Pero tenĂ­a que pelear.

—No hay nada imposible. ¿Cómo te llamas?

—Changkyun —le ofreció la mano, mientras se sorbía las lágrimas y sonreía avergonzado.

—Soy Felix, encantado.

—Igualmente. Lo siento, no hago esto nunca
 No explico mi vida al primero que se cruza en mi camino. Pero te vi leyendo eso y soy del tipo de maleducado al que a veces le da por leer la revista del de al lado
 Y pensĂ© que tĂș sabĂ­as lo que era coger a un hombre por los
 —LevantĂł la mano y colocĂł los dedos en posiciĂłn cĂłncava.

—¿Principios?

—Sí —Changkyun se echó a reír.

Acercó su rostro al de él y le confieso:

—No tengo ni idea, Changkyun. Pero voy a dar lo mejor de mĂ­ para ponĂ©rselos por corbata.

—Los principios, claro.

—Obvio. —Le guiñó un ojo—. Somos personas de principios.

—Señores pasajeros, les rogamos que se abrochen los cinturones. El aviĂłn estĂĄ a punto de aterrizar en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de WaParkgton D.C. Son las cuatro y cuarto, y el dĂ­a es soleado en la capital. Esperamos que hayan tenido un buen vuelo.

Cuando Felix bajó del avión, después de despedirse cariñosamente de Changkyun y de desearle suerte en la reconquista de su ex marido, recogió su maleta, salió de la terminal y se dirigió al lugar de encuentro con Chanyeol.

Un señor trajeado tenía entre sus manos un cartel con su nombre y lo alzaba por encima de la cabeza.

Felix se acercó a él.

—¿Señor Lee?

—Sí, yo mismo.

—La guiarĂ© hasta la sala de conferencias.

El agente Park lo esperaba en una sala privada de reuniones que había alquilado el FBI en el mismo aeropuerto. Estarían solos y podrían hablar de lo que necesitaran, como ponerse al día sobre sus
 preferencias y su modo de actuar como pareja.

El aviĂłn que les llevarĂ­a a la isla de Saint Thomas partĂ­a a las seis de la madrugada del domingo y llegaba a la isla a las cinco y media de la tarde. Casi once horas de duraciĂłn de vuelo y dos paradas en el itinerario: en Newark y San Juan, respectivamente.

La sala estaba vacĂ­a, a excepciĂłn del hombre corpulento y rubio, con el despeinado, que permanecĂ­a sentado al final de la mesa de reuniones. Una camiseta de color lila oscuro se pegaba a su torso e hinchaba sus bĂ­ceps. Sus ojos ĂĄmbar la evaluaron con amabilidad, y se levantĂł con educaciĂłn para recibirlo. Era alto.

Felix llevaba un pantalón negro ajustado, una camisa azul cielo que no se ceñía a su cuerpo, y unos zapatos negros. Se había ondulado un poco el pelo y llevaba sus gafas grandes de sol.

—Te pareces a tu hermano —dijo Chanyeol con simpatía—. Aunque sois
 diferentes.

—SĂ­. Él es moreno y tiene los ojos grises. Yo soy mas palido —se señalĂł el brazo mientras se acercaba a Ă©l—, y tengo los ojos cafes avellanadoz. —DejĂł la bolsa de viaje en el suelo y le ofreciĂł la mano—. Lee Felix. Un placer, Chanyeol.

—Lo mismo digo. —Se la tomó con convicción y le retiró la silla para que se sentara.

Felix accedió y esperó a que él hiciera lo mismo, pero en vez de eso, se dirigió al bufé que habían preparado para ellos.

—¿Quieres tomar algo, Felix?

—Una Pepsi Light y —oteĂł lo que habĂ­a sobre la mesa con interĂ©s— y
 ensalada y un sĂĄndwich.

Chanyeol asintiĂł y le sirviĂł un plato y la bebida.

Felix lo observĂł intrigado. O era todo un caballero, o se habĂ­a metido demasiado bien en el papel de sumiso.

Chanyeol se sentĂł a su lado y lo observĂł mientras comĂ­a.

—¿Fenix, eh? —preguntó intrigado—. La pareja perfecta del Rey.

—Eso mismo pensĂ© yo. —Pero no lo era. No era la pareja perfecta. Changbin lo habĂ­a retirado.

—¿QuĂ© sucediĂł?

Felix lo mirĂł de soslayo.

—¿Cómo?

—¿QuĂ© sucediĂł para que Changbin decidiera retirarte del caso? Eras clave para Ă©l y para nosotros. Tu parecido con Christopher es inquietante, te formĂł durante dĂ­as
 ExplĂ­came quĂ© pasĂł para que pueda entenderlo, por favor. Por lo que sĂ©, Changbin no permitiĂł que nadie mĂĄs te formara. El subdirector Zitao iba a escoger a otro amo para ti. Pero Changbin fue intolerante con esa opciĂłn. Le conozco desde hace tiempo y esa actitud no es propia de Ă©l.

—No estoy seguro de saber la respuesta. Es
 complicado.

—Tenemos tiempo hasta que salga el avión. —Hizo un gesto indiferente con la boca.

—¿Incompatibilidad de caracteres? Supongo que no nos entendimos.

—¿Es un amo duro?

ParecĂ­a que Chanyeol se divirtiese con la situaciĂłn, como si nada le preocupase o, peor, como si ya nada le importara. Estaba en una misiĂłn haciĂ©ndose pasar por sumiso y se avecinaba una semana definitiva para la resoluciĂłn del caso; si al final habĂ­a una intervenciĂłn policial, probablemente, se pondrĂ­an en peligro
 Y ese hombre, extrañamente relajado, tenĂ­a una actitud indolente hacia su papel y su responsabilidad.

—No lo sĂ©. Nunca he tenido un amo antes.

—¿Os habĂ©is ejercitado juntos?

—Sí.

—¿Te ha dado miedo o
 asustado?

Detectó algo en el tono de voz. Había algo importante para él en la respuesta de aquella pregunta. Qué extraño.

—Me ha impactado, pero nunca he tenido miedo. Supongo que me concienciĂ© bien. El agente Seo hizo un buen trabajo y se esforzĂł en tranquilizarme.

—¿Te sentiste cĂłmodo? ÂżCĂłmo es para ti estar sometido? —Su mirada ĂĄmbar refulgĂ­a con destellos de interĂ©s.

—No debe de ser muy diferente a tener a un amo. Changbin
, digo, el agente Seo, solo ha tenido esta semana para instruirme como sumiso
 Es muy estricto, supongo.

Chanyeol miró a través de las cristaleras que daban a las pistas de aterrizaje y salida del aeropuerto.

—En realidad, hay diferencias entre un amo y una ama.

—Dímelas —ordenó interesado—. Necesito saber cuanto más, mejor.

—Las mujeres, definitivamente —remarcó, observando cómo despegaba y se elevaba un avión de más de mil toneladas—, son más duras y crueles que los hombres.

—No estoy de acuerdo.

—No hablo en lĂ­neas generales. Pero la dĂłmina tiene que ser asĂ­ con su sumiso. Los hombres tendemos a relajarnos con una mujer y creemos que son incapaces de hacernos daño. Nos da por vacilar de vez en cuando, Âżcomprendes? —girĂł el rostro hacia Ă©l y sonriĂł.

Felix estudiĂł su expresiĂłn. Era un hombre de facciones clĂĄsicas y hermosas, como las de una escultura griega o un ĂĄngel torturado. Le dieron ganas de abrazarlo y aliviarlo de todos sus demonios. Los tenĂ­a, y muchos.

—¿Sabes que el rol que vas a desarrollar conmigo es lo opuesto a lo que te han enseñado a comprender estos dĂ­as? Tienes que cambiar el chip totalmente.

—He leĂ­do lo que he podido. Estoy haciendo un maldito intensivo sobre dominaciĂłn y sumisiĂłn. Me preparĂ© para entrar con Changbin, pero no esperaba este giro del destino. Lo harĂ© lo mejor que pueda, Park. Cuento con tu ayuda y tu colaboraciĂłn.

—Tendrás que ser cruel, Felix.

Felix dio cuatro tenedorazos a la ensalada y mordió el såndwich con gusto. Sí, por supuesto que lo sabía. Tenía que comportarse como un Dom, y él solo había intentado darle órdenes severas a Rango; y el camaleón jamås le hacía caso. Ese era su don de mando. Vaya cosa.

—SĂ­. Lo intentarĂ©; pero no creo que estĂ©n en mi ADN las actitudes hitlerianas. Por esa razĂłn me gustarĂ­a proponerte algo, Chanyeol.

Chanyeol sonriĂł de medio lado y se cruzĂł de brazos.

—Los Dom dan órdenes, nunca sugieren. Vamos muy mal.

Él lo miró fijamente y se ayudó de la bebida para tragar la comida que tenía en la boca.

—¿Ya estamos en el rol?

—Estoy en el rol las veinticuatro horas del dĂ­a desde que entrĂ© en la misiĂłn, agente Lee.

Felix se secĂł los labios con la servilleta y recostĂł la espalda en el respaldo de la silla.

—Puedo ser Dom si me lo propongo, Chanyeol.

—La dominaciĂłn —hizo el amago de querer inclinarse sobre la mesa y hablar mĂĄs de cerca a Felix. Pero algo lo echĂł para atrĂĄs, y se quedĂł muy recto en la silla— nace aquĂ­ —se señalĂł en la cabeza—. Un buen Dom, no lo es porque te ponga a cuatro patas, te dĂ© con un lĂĄtigo y te meta la mano en la bragueta. Un buen Dom te mete la mano en el cerebro, te seduce, te excita y te pone nervioso desde ahĂ­. Dime algo que llame mi atenciĂłn y que me ponga en alerta para obedecerte, Felix. Enséñame quĂ© sabes hacer.

El agente entendiĂł la necesidad de Park por ponerlo a prueba. De todo lo que habĂ­a leĂ­do hasta entonces sobre dominaciĂłn, tenĂ­a algunas mĂĄs claras y grabadas que otras. DeberĂ­a echar mano de eso.

«Un amo era altivo, pero no prepotente. Todo se basaba en la actitud. Un buen amo redirige las situaciones y las hace suyas.

El buen amo aplica disciplinas y no tortura. No teme a hacer daño al sumiso porque él busca ese tipo de estimulación. El tono de voz del amo es imperativo en todos los sentidos».

«Estå bien, Felix. Vamos a allå. Puedo hacerlo».

Felix inclinĂł la cabeza a un lado, se levantĂł y caminĂł lentamente hasta colocarse tras la espalda de Chanyeol.

Le acarició la cabeza a Chanyeol y
 ¡Zas! Hundió los dedos en su pelo hasta echarle el cuello hacia atrás y susurrarle al oído.

—EstĂĄ bien, bebĂ©. No sĂ© si eres mi tipo de sumiso, Âżsabes? No sĂ© si tengo feeling contigo. —ApresĂł su lĂłbulo entre sus dientes y tirĂł con fuerza mientras decĂ­a—: Pero como sigas hablĂĄndome asĂ­, te voy a poner un delantal de chacha y vas a limpiarme los zapatos con la lengua.

—Vas bien por ahĂ­, Lee. SorprĂ©ndeme.

Él se echó a reír sin pizca de diversión. Lo hizo con frialdad, asegurándole que no lo iba a pasar bien si lo molestaba.

—¿Crees que no lo harĂ©?

«Un buen amo sabe lo que el sumiso quiere cuando le replica. Él contesta; su amo responde. Él pide; su amo castiga».

Felix le pasó las uñas por el pecho, arañåndole lo suficientemente fuerte como para que él sintiera sus garras a través de la tela de la camiseta.

—Quiero que me complazcas. Y lo harás en el torneo. —Apresó un pezón y se lo estiró y retorció con fuerza—: ¿Te gusta esto, Channie?

—No me llames, Channie —gruñó aceptando gustoso ese trato.

—Te llamo como yo quiero. No te tocarĂ©, ni siquiera jugarĂ© contigo. Lo que quiero, lo que de verdad me placerĂ­a, es ver cĂłmo disfrutas con las Criaturas.

Chanyeol se echĂł a reĂ­r, gozando con el tirĂłn de pelo y el dolor de su pezĂłn.

—¿Cómo dices? No


—Silencio.

Chanyeol se callĂł inmediatamente.

—¿Quieres complacerme? —Volvió a zarandearle por el pelo.

—Sí.

—SĂ­, ÂżquĂ©? — «¥Toma ya! Eso me lo enseñó, Changbin».

—Sí, amo.

—PregĂșntame quĂ© deseo que hagas.

—¿QuĂ© deseas que haga?

—Quiero que te dejes la piel en ayudarme a conseguir el primer cofre en la primera jornada. Es muy importante para mí obtenerlo. ¿Me complacerás?

Chanyeol tragĂł saliva y lo mirĂł de reojo.

—Vuelve a mirarme y te cogerĂ© la lengua con pinzas.

El agente, de lleno en su papel, mirĂł hacia abajo.

—No hagas que te lo repita dos veces, ¿me complacerás?

—SĂ­, amo. DarĂ© lo mejor de mĂ­ para entregarte el cofre.

—¿Escucharás mi proposición?

—Depende.

—Aquí no hay dependes, guapo, o te juro que te pongo los huevos del color de las uvas negras. ¿Escucharás mi proposición? —Le dio un tirón más fuerte que el anterior.

—Sí, amo.

Felix le soltĂł y dio un paso atrĂĄs. La atmĂłsfera imperativa desapareciĂł poco a poco. Felix se cruzĂł de brazos y, fingiendo una seguridad que no sentĂ­a, tomĂł su lugar en la silla.

—Esa es la actitud —confirmó Chanyeol desconcertado.

—¿Sí? —El rostro de Felix se iluminó con esperanza, y de repente, se puso a aplaudirse a sí mismo y a dar votes en la silla como un colegial—¡Bien por mí! ¡Bien por mí!

Chanyeol no sabĂ­a cĂłmo actuar ante aquella reacciĂłn.

—IncreĂ­ble —murmurĂł Chanyeol intrigado. «¿Y aquel era el chico de Busan que habĂ­a logrado enloquecer al Rey LeĂłn? Interesante». —. CuĂ©ntame tu plan.

Media hora después, Chanyeol intentaba asumir el rol que le confería su nuevo amo. Lo cierto era que Felix y Baekhyun eran totalmente opuestos.

Baekhyun había sido inexorable e intolerable con él. Eso era exactamente lo que Park Chanyeol buscaba para purgar sus pecados. La misión Amos y Mazmorras le había ido como anillo al dedo para poder exterminar sus demonios y desahogarse.

Sin que el agente Baekhyun lo supiera, le estaba dando terapia. Pero Baekhyun se había roto el brazo y no lo podía acompañar en el torneo; y ahora tenía que emparejarse con el ex sumiso del agente Seo. A saber lo que había pasado entre ellos realmente.

Changbin estaba muy arisco cuando habló con él esa mañana para darle las instrucciones sobre el lugar exacto en el que iban a dejar las bolsas con las municiones en las Islas Vírgenes.

Lee Felix era como un gatito en medio de un bosque de lobos. TenĂ­a agallas, porque las tenĂ­a. Pero no era Dom. PodĂ­a simular serlo en alguna ocasiĂłn, como cuando le habĂ­a hablado, pero el Dom nacĂ­a y se hacĂ­a. A Felix le quedaba mucho por aprender.

Y lo cierto era que, para que ambos continuaran con la misiĂłn, lo mejor era seguir paso a paso el plan trazado por el joven: uno muy original y estudiado.

Uno que podría tener éxito solo si conseguían uno de los cofres que se ocultarían el lunes.

Ninguno de los dos podrĂ­a continuar si seguĂ­an juntos.

Él no podrĂ­a hacer de amo. Él podrĂ­a enseñarle a azotar y a realizar algunas tĂ©cnicas sencillas, pero no podrĂ­a continuar adelante cuando llegaran las pruebas mĂĄs complicadas. Felix no sabrĂ­a atarlo a la cruz, ni tampoco inmovilizarlo, ni sabĂ­a cĂłmo a Ă©l le gustaba que lo tocaran. Los eliminarĂ­an a las primeras de cambio. Y debĂ­an llegar a la final fuera como fuese.

Así que, lo propuesto por su compañero era la mejor opción. Con un nuevo respeto hacia él, conferido por su agudeza, decidió instruirlo en la sala privada. Como mínimo lo båsico. El nivel uno de la dominación.

Le indicó cómo debía constreñir el pene con el anillo estrangulador; le explicó en qué zonas del vientre y de las nalgas debía golpear.

—Eres un amo de rango Shelly —advirtiĂł el rubio agente—. Baekhyun tenĂ­a ese rango, y tĂș deberĂĄs interpretarlo. Eso quiere decir que en la presentaciĂłn del torneo deberĂĄs llevar este tipo de ropa. —AbriĂł la bolsa de los accesorios. Unos pantalones de lĂĄtex negro muy ajustado, con un arnĂ©s de piel de color azul.—. Ya sabes. Eres cariñoso y controlador, y utilizarĂĄs el lĂĄtigo.

Felix se estremeció al oír la palabra låtigo. Tenía el cuerpo lleno de marcas porque un maldito maltratador psicópata le había dado varios latigazos a conciencia. El sonido del låtigo al cortar el aire y golpear la piel le ponía enfermo. Pero si como amo tenía que jugar a dar, daría. Aunque intentaría no tener que utilizar el maldito låtigo porque, seguramente haría daño sin querer.

Para ello, necesitaba utilizar bien las cartas.

—Llegaremos a Saint Thomas sobre las cinco y media —explicó Chanyeol—. Nos dirigiremos al hotel. Por la noche acudiremos como pareja a la cena de presentación del torneo. Y, al día siguiente, empezaremos a quemar nuestros cartuchos.

—¿Crees que en la cena podremos obtener algĂșn tipo de informaciĂłn?

—La Ășnica informaciĂłn que podremos sacar serĂĄ la relaciĂłn de las parejas entre ellas. Las Criaturas estarĂĄn en la cena. El Rey de las Arañas nos irĂĄ presentando pareja por pareja
 Deberemos observarlas y estudiar sus puntos dĂ©biles. Y saber con quiĂ©nes podremos contar para crear alianzas. AquĂ­ tienes tu pasaporte falsificado. Eres de Texas, Fenix.

—SĂ­. Lo sĂ©.

—De acuerdo —murmuró—. Las pulseras del todo incluido que nos han enviado para el torneo llevarĂĄn un chip detector vĂ­a satĂ©lite. Changbin tiene en su poder las falsificaciones que nos han adjuntado los de logĂ­stica. Cambiaremos unas por otras y podremos salir de los complejos sin que nadie nos controle. Nuestro equipo desplegado nos dejarĂĄ una bolsa con armas en una de los cuarenta islotes que completan las islas. Es posible que el domingo por la noche o el lunes, alguien contacte con nosotros para facilitarnos material de audio y espionaje. Empezaremos a colocar micros de audio y cĂĄmaras satĂ©lite en todos los escenarios y locales a los que vayamos. Debemos tener toda la zona completamente vigilada y pasar las imĂĄgenes en tiempo real al equipo de control audiovisual.

—Perfecto.

—¿EstĂĄs nervioso, agente Lee? —preguntĂł extrañado.

«¿Nervioso? Nervioso yo, ¿por qué, eh?, ¿por qué? ¿Porque me muero de ganas de ver la cara del león cuando vea a su gatito?», rio internamente.

—Estoy ansioso. Mi hermano Christopher estĂĄ ahĂ­. Changbin, que me ha apartado de la misiĂłn, estĂĄ ahĂ­. El Rey de las Arañas estĂĄ ahĂ­. Y quienes sean los Villanos, aparecerĂĄn en la final
 Y estarĂĄn ahĂ­. No estoy nervioso — asegurĂł contemplando el mapa de las Islas VĂ­rgenes—. Estoy histĂ©rico.

Chanyeol se echĂł a reĂ­r.

—Creo que, si controlas tus nervios y tus ansias tan bien como controlas todo lo que hay a tu alrededor, todo te saldrá a pedir de boca.

Claro. Pero la verdad era que él no tenía poder para controlar lo de su alrededor.

Prueba de ello era que estaba con una pareja que no era Changbin.