Capítulo Único. 🃏

En pleno horario de clases, dentro de la academia privada Hyakkaou, el crudo sonido de la carne chocando entre sí, rebota por los pasillos estrechos del patio trasero que conectan con el gimnasio. Al aire libre en completa exposición, dos alumnos que se saltaron las clases, disfrutan de un momento privado, manteniendo relaciones sexuales detrás de la academia.
La joven, con la falda encima de las caderas y las bragas por debajo de las rodillas, gime histérica mientras su cuerpo es embestido repetidamente contra la pared por el adolescente con los pantalones bajos detrás de ella. La respiración del chico calienta su oreja tintada de un fuerte color carmesí, enviándole escalofríos a su columna vertebral. Las piernas le tiemblan del cansancio y agradece en silencio a sus frágiles brazos por mantenerse firmes contra la pared que evitan que pierda el equilibrio.
El chico la embiste desde atrás con mucha astucia y terquedad, entrando en un punto sensible.
—Ay, Dios~. —recita la chica mientras se obliga a mantener los gritos lo más bajo posible, pero aún así, pese a los esfuerzos, los gemidos guturales se escapan de entre sus labios.
—¿Te gusta? —le pregunta ronco.
Su voz le atraviesa el cerebro como una descarga eléctrica que eriza su piel y le agita el pecho.
—C-claro que no, i-imbécil —le contesta, agachando la cabeza y ocultando su expresión intoxicada en placer, no quiere darle la satisfacción de que la vea desmoronarse.
El chico se ríe por el titubeó de su voz y su agresividad constante.
—La gatita sigue con las garras bien afiladas ¿eh? —le dice malicioso, abofeteando la suave y redondo trasero frente a él, enrojeciéndole la piel—. No olvides tu lugar, minina. —le recuerda con autoridad y deja otra marca, esta vez más oscura, en su carne mientras disfruta de los dulces sonidos que escapan por la boca de la rubia.
Con el rabillo del ojo, el desagrado de ella se hace notar.
—C-Cierra la boca, p-puto desgraciado. —escupe con dificultad mientras jadea en busca de aire.
—Aww ¡Qué gatita tan luchadora! —el joven se burla de ella y saca el pulgar de su trasero lubricado—. Veamos... si de esta forma sigues arañando —dice mientras alineando su miembro erecto contra la entrada más estrecha.
La rubia abre los ojos y el ceño fruncido cubre su rostro al instante.
—¡Oh no!, no te atrevas, si lo haces te juro que te voy a--
Su voz se corta con un largo y escandaloso grito cuando la penetra, ella se arquea hacia atrás y él tira de una de sus coletas para curvar su espalda aún más para acercarla.
—¡¿Harás qué?! ¡¿Eh?! ¡¿Qué harás?! Fuiste tú quien decidió apostar tu culo, ahora eres mía y lo sabes. —Tira de su cabello con más fuerza y el interior de la joven se aprieta con la mucha intensidad.
—Voy Ah~ matarte. —escupe con una pizca de diversión en sus ojos.
Él se ríe.
—Mary, Mary, Mary, tu cuerpo me pertenece. —explica, besando detrás de su cuello—. Solo eres un contenedor de esperma, nada más. Eres incluso menos que una persona.
Las entrañas de la minina vuelven a estrecharse por lo degradante de sus palabras.
El sube la velocidad y la fuerza con la que entra y sale de su interior en cada choque de caderas mientras los síntomas del clímax llegan a la joven; la voz se le quiebra, el pecho se le agita, el cuerpo le tiembla y la espalda se le encorva aún más, sus piernas se convierten en gelatina y su cavidad interior se aprieta como nunca, deseando ordeñar al chico por completo.
—¡Te odio! —exclama entre gemidos mientras sus fluidos ensucian en el césped.
El gruñe mientras se lanza a una ráfaga de empujes.
—Yo te odio mucho más —dice sin detener sus caderas, perforando profundamente su agujero más estrecho. Los gemidos cachondos de la rubia y el increíble extasías por llegar son las únicas cosas en las que puede concentrarse.
Como si su saco estuviera a punto de explotar mientras se tambalea al borde del éxtasis, se aferra a ella lo más fuerte que puedes y hace una última inmersión final en el interior de la chica, su cuerpo se convulsiona y dispara estallido tras estallido de semen viscoso, pintando sus entrañas de blanco.
POV Lector:
Espera, espera, espera, si, sé que esto parece demasiado cruel. Soy consciente de eso, pero en mi defensa, ella me hizo cosas mucho peores, y aunque no lo parezca, ella disfruta de ese trato, puede que no lo admita, pero tiene un lado muy, pero muy masoquista, su boca no concuerda con NADA de lo que hace.
¿Cómo fue que todo esto empezó?
¡Gran pregunta!
Todo comenzó en un día como cualquiera dentro de la academia. Era hora de entrar a clases así que me dirigí al salón seguro de que sería otro día desastroso haciendo labores de mascotas y esas cosas, realmente deseaba poder ocultar la tarjeta que me asignaba de esa forma, pero por experiencia, eso solo empeoraría las cosas, sobre todo si sumaba a María Saotome a la ecuación, la perra que me hizo convertirme en mascota.

Dios mío, como la odiaba, era una perra con todas las letras, era manipuladora, egoísta, ególatra, orgullosa, y más tarde descubriría que hasta tramposa. Lo único a destacar de ella era su cabello rubio peinado en forma de dos coletas, un físico delicado, un buen par de tetas y un sensual culo que la mayoría se quedaba mirando hipnotizados, después de eso, no había ninguna razón para querer estar a su lado.
¿Cómo me convertí en su mascota?
Simple, al igual que ella, yo era estúpidamente orgulloso y esa fue mi perdición, caí en su trampa como pato en temporada de conejo. Luego de que pasará un mes desde el inicio de clases, Mary me pidió apostar en un juego.
Apostar jamás me había importado, la única razón por la que vine a esta escuela fue porque mis padres me obligaron, querían que forjara carácter así que me anotaron en una escuela llena de enfermos obsesivos y apostadores compulsivos.
¡Qué gran idea!, ¿no? ¿Qué podría salir mal?
Digo, aparte de quedar endeudado el resto de mí maldita vida por un simple juego de cartas o mejor aún, morir jugando a la ruleta rusa con una estúpida tuerta, sin duda, mis padres tuvieron la peor idea del mundo, o al menos eso creía.
Como decía, apostar no me importaba, así que me negué, no había ningún juego que me llamara la atención, pero ella supo donde golpearme... Los videojuegos, al principio no lo entendí «¿Videojuegos? Que tienen que ver con la escuela, además, la mayoría de juegos no dependen de la suerte, si no la habilidad de cada jugador».
Creí que estaba tan necesitada de una apuesta que comenzó a delirar. Hasta que me dijo que jugaríamos 1 vs 1 en un videojuego de pelea. Me reí y pedí el título del juego. Cuando me lo dijo, supe que mi orgullo estaba en riesgo.
Se trataba del juego al que le dedicaba horas y horas e incluso iba a torneos profesionales, no sabía si lo había elegido al azar o si de alguna manera había descubierto que me dedicaba a eso, al menos no hasta que me llamó por el nombre de los torneos. Así que sí, definitivamente era personal, iba a decirle que era una pérdida de tiempo y que no estaba interesado en apostar, pero ella fue directo a mi orgullo.
—¿Acaso tienes miedo, pequeña gallina?
Su insulto fue la gota que derramó el vaso, me levanté de la silla y le dije que aceptaba. Ella sonrió como la gran perra que era y dijo que apostaríamos una cantidad desorbitante de dinero, acepte sin dudarlo a pesar de que no había forma de que pudiera pagarle si perdía, pero mi orgullo no me permitía retroceder.
Acordamos que cuando llegará el recreo, haríamos la “apuesta” dentro del club de frikis de la escuela, donde tendríamos un testigo (uno de los mismos integrantes del club) para hacer “oficial” la apuesta.
…
Cuando la campana sonó, fuimos juntos al lugar de la apuesta. Debo de admitir que pensé que el lugar apestaría a perro mojado, pero para mi sorpresa, en la habitación había una fragancia afrutada.
El cuarto estaba lleno de escritorios con computadoras y había una gran pantalla en medio de la sala y debajo, sobre la mesa central, había diferentes consolas, algunas más retro y otras más novedosas junto a sus respectivos controles.
Mary me explicó que sería como en los torneos: un combate 1 vs 1 con tres personajes cada uno, al mejor de tres, es decir, él que llegue primero a las tres victorias en el marcador, gana.
Me pareció bastante aceptable así que, sin más dilación, el integrante del club encendió la consola y nosotros dos agarrábamos los mandos mientras esperábamos a que iniciara. Seleccione el juego y al terminar la pantalla de carga, preparé el versus. Escogí a mis 3 luchadores y con curiosidad observe cuales escogía ella. Agarró los peores del juego. Sonreí confiado, no había forma alguna de que no ganará algo taaaaan fácil.
Perdí con un contundente 3-0.
Me quede boquiabierto, no lo podía creer ¿Cómo era posible? No había logrado conectar ni un solo golpe, su defensa era demasiado buena, tanto que ni siquiera parecía humanamente posible. Me gire hacia ella y una estúpida sonrisa adornaba el rostro de la perra rubia.
Fue entonces que en ese momento, con los ojos pegados en la pantalla, descubrí que hay algo que nos relaciona demasiado entre los apostadores compulsivo y los gamers...
Somos unos putos masoquistas.
—¡OTRA RONDA! —exclamé, dándole un golpe a la mesa frente a mí
—¿Seguro? Si pierdes vas a tener que pagarme el doble de lo que acordamos.
—¡NO IMPORTA!
—¡JA! Bien, sigamos adelante.
3-0
—¡OTRA!
—Está bien, pero aviso que será el triple.
3-0
—¡¡OTRA!!
—El cuádruple~ —ya no había nada que perder, ni dignidad me quedaba.
3-0
—¡¡¡OTRA!!!
—El quintu—
—¡CIERRA LA BOCA!
3-0
—¡MIERDAAA! —grité, estrellando el control contra el suelo, rompiéndolo.
—Una deuda más para tu cuenta~ Jajaja—se burló.
Caí de rodillas al suelo, me humilló con los peores personajes del juego, y no solo eso, si no que en cada oportunidad que tuvo me ganó con un Perfect, ni siquiera le hice un solo rasguño. Mi estabilidad mental pendía de un hilo y para colmo...
—Bienvenido, nueva mascota, a partir de este momento, y por el resto de tu vida, serás mi perra personal~ —su estúpida sonrisa nunca dejo sus labios en ningún momento.
—Te odio.
—Aww, espero que estés preparado para tu nueva vida, Pochi.
Tal y como lo dijo, a partir de ese momento, fui su perra personal, tuve que hacerle todo tipo de favores ridículos cómo: ser su sirviente, peinarla, hacer sus tareas domésticas, hacer sus deberes, limpiarle zapatos, lamerle los pies e incluso dejarme usar cómo si fuera un taburete
Sé que parece como si no fuera la gran cosa, pero se pone peor. Un día, llevó al colegio con un collar y una diadema con orejas de perro, y me obligo a usarlos en el comedor enfrente de todos, la muy perra hasta trajo un cuenco de mascota y me obligo a comer en el suelo a su lado, amenazándome con que si no lo hacía me podría la cola de perro, créanme, estoy seguro que nadie quiere saber cómo se colocaba. No creo que haga falta decir lo mucho que los espectadores se rieron de mí.
Pero esto no es acaba acá, otro día, mientras andaba por los pasillos de la escuela mi teléfono sonó, era María, quise ignorarla, pero sabía que vendría un castigo si no atendía.
—¿Y ahora qué quieres? —le pregunte a la perra rubia.
Una carcajada de escucho del otro lado de la llamada.
—Primero, me hablas con más respeto escoria, sino haré que te desnudes y bailes alrededor del comedor. —me amenazó.
Me tragué el orgullo.
—¿Qué desea, señorita Saotome? —pregunté, ocultando mi disgusto.
—Así me gusta más, perrito. —dijo alegre—. Necesito que vengas al baño de mujeres y me traigas papel de baño.
—Pero es el baño de mujeres, no sé qué podrían hacerme si me ven entrar al baño de las chicas, señorita Saotome.
—Tampoco yo, pero te aseguro que cualquier cosa que te hagan, será mucho menos problemática que si no vienes ahora mismo.
—Bien, bien, voy para allá.
—No tardes, pequeña perra —cortó la llamada.
«DIOS COMO LA ODIO», grité en mi mente.
Tal y como lo ordenó, conseguí el papel y fui hasta el baño de damas. Me aseguré que no hubiera nadie a mi alrededor y me escabullí dentro. A diferencia del baño masculino, el femenino era elegante y estaba bien cuidado. El peligro constante de que alguien me atrapara me llenaba de nervios así que, sin perder el tiempo me puse a buscar el cubículo de Mary, afine la voz y simulando que era una mujer susurre.
—¿S-Señorita S-Saotome dónde está? —pregunté lo suficientemente bajo para que me escuchara la persona detrás de cada cubículo hasta que.
—Tranquilo idiota, no hay nadie. —dijo Saotome, aliviándome.
Exhale todo el aire de mis pulmones y me acerque de mala gana a la puerta.
—Le traje el papel, ¿cómo se lo paso?
—Entra.
—¿Perdón?
—¡Entra! —Insistió de nuevo con la voz entrecortada y agitada.
—¿Por q--?
Su voz volvió a la normalidad por un instante.
—Es una orden, mascota. No me hagas repetirlo. —me amenazó demasiado agresiva.
No tenía muy claro lo que quería que hiciera, pero no podía replicar. Abrí la puerta y Mary entró en mi visión, el papel higiénico se resbalo de mis manos, tuve que maniobrar con mis reflejos para agarrarlo en el aire. Me ardían las mejillas y el calor me inundó el rostro mientras me concentraba en los dibujos dentro del cubículo, buscando distraerme de la chica sentada en el váter frente a mí.
—¿Eres idiota? No te quedes ahí parado, entra y cierra la maldita puerta antes de que alguien te vea.
Hice lo que dijo, dentro había poco espacio entre nosotros.
—¿Q-Qué necesita? —le pregunté evitando mirarla para ignorar el hecho de que su blazer rojo estuviese desaliñado y su cabello despeinado.
—¿Por qué pareces tan nervioso? —me preguntó con asco—. No me digas que ¿es la primera vagina que ves en tu vida? —dijo burlonamente.
—C-Claro que no, solo es que jamás había estado en este... tipo de situación.
Un suspiro gracioso escapó de ella.
—No mal pienses las cosas mascota, no creas que vas a ser recompensado o algo parecido.
—¿Para qué me llamó? —pregunte yendo al punto.
A través del rabillo del ojo, la observe acercarse al final del váter.
—¿No es obvio? —me preguntó en un tono como si fuera algo evidente.
—No —le respondí.
—Argh, claro que no, sí no me miras, perro.
La posibilidad de que se burlara aún más de mí si la miraba era alta, pero quería acabar con todo lo más rápido posible, así que lo hice y me sonroje aún más.
Al borde del váter con la espalda sobre la tapa subida del sanitario. El pecho de su uniforme desabotonado y descubierto, exponía un sostén de un elegante color blanco que se ceñía a sus senos a la perfección. No había indició alguna del porque su pecho subía y bajaba agitado. Baje la vista por su abdomen plano y desnudo hacia el final del uniforme. Sí mi rubor antes era fuerte, ahora era 10 veces peor.
Las medias altas del uniforme escolar rodeaban sus piernas regordetas abiertas de par a par que mostraban su intimidad en todo su esplendor; el vello rubio encima de su pubis con forma de corazón, decoraba con elegancia la tan anhelada y delicada fruta prohibida entre sus piernas, de un aspecto demasiado apetecible para ser real.
Me asqueé, me asqueé de que aquella rosada y perfecta vagina creada por la mismísima afrodita estuviera pegada en el cuerpo curvilíneo de una gran imbécil.
—¿Qué tanto miras, perra virgen? —me preguntó en un tono soberbio y burlón.
La boca se me seco y las palabras se me atascaban en la garganta, pero aun así logre que algo saliera por mí boca.
—Sigo sin entenderlo ¿Qué necesita de mí?
Una sonrisa se formó entre sus labios pintados de un suave beige rosado mientras dos dedos de sus dedos sobre su vulva, abrian sus labios rebosantes de humedad.
—Límpiala —pronunció con malicia.
Quede incrédulo ante la petición.
—¿Qué?
—Ya escuchaste, límpiala.
—¿Estas bromeando, cierto?
Sus cejas se fruncieron, pero su sonrisa no desapareció.
—Es una orden, Pochi.
"Es una orden", odiaba esas palabra desde lo más profundo de mi alma. Su sonrisa se agrandó, le divertía que la mirara lleno de odio mientras me arrodillaba frente a ella con las rodillas sobre la falda gris tirada en el suelo.
» Sí~, sé una buena putita —dijo mordiéndose el labio, gozando mi humillación.
El piso frio traspasaba la tela debajo de mis rodillas. Desenrolle el papel higiénico y corte un pedazo dispuesto a hacer lo que me ordenó, pero antes de que siquiera moviera un musculo cerca de ella, un escalofrió recorrió por mi espalda.
Los ojos de Saotome no mostraban sentimiento alguno, no pude descifrar en lo que estaba pensando hasta que habló.
—¿Qué crees que haces? —preguntó monótona.
—¿Limpiarte? —le dije, poniendo el papel frente a sus ojos.
Rápido y sin previo aviso, tomó mi corbata y tiro de ella para quedar cara a cara, aunque me miraba desde arriba como si estuviera degradándome.
—Escucha atentamente —me ordenó con despreció—. Eres un perro, un estúpido y sucio animal, que se revuelca en basura. Y como todo perro asqueroso, usaras la lengua, no tienes derecho a usar las manos, mascota. —pronunció lo último con el tono más asqueroso y humillante que pudo reunir desde el fondo de su podrida alma.
Por primera vez, la rabia me ganó y me cegué, olvidándome por un instante las consecuencias que tenía contestarle.
—No pienso hacer eso, no voy a lamer tu sucio y asqueroso coño con olor a orina de zorra.
Lo disfruté aunque solo fuera por unos segundos, me desahogue por todo lo que me había hecho. Lamentablemente, la diversión duro poco.
Los mismos dedos que uso para abrir su jodida vagina, me agarraron la barbilla y parte de la mejilla. Puedo jurar que por un momento sus ojos avellanos brillaron con una emoción deslumbrante.
—Veo que eres un perro que necesita que lo castren para comportarse como corresponde. —Sonrió apretando mi rostro—. Supongo que tengo que domesticarte mejor... —dijo afilando la mirada antes de reír y hablar con lentitud—. ¿Qué te parece si te trasvisto y te llevo al baño de simios para que te usen como les plazca? Apuesto a que no les importara que seas uno de ellos. Después de todo, ustedes solo piensan en rellenar cualquier agujero que tengan en frente ¿no es así? —El terror que recorrió mis venas y el odio resentido en mi pecho creció hacia ella. —Sí eres inteligente, comienza a lamer —dijo con una sonrisa—. Y cuidado con los dientes, tienes que ir practicando para la próxima vez que se te ocurra desafiarme. —compartió, palmeándome la mejilla antes de volver a abrir su coño.
Cerré los puños por la impotencia, maldije a mis padres por traerme a esta escuela, y a la escuela de mierda por esas reglas de mierda acerca de las mascotas endeudadas, maldije a la puta de Saotome por todo, y a mí mismo por mi orgullo delicado que me hizo caer en su trampa; si tan solo me hubiera rendido en el primer juego que perdí no hubiera llegado esa situación.
Iba a deshacerme del papel colocándolo en su lugar vacío, pero me congele al ver que nunca hizo falta papel. Lo deje en el piso sin importarme que se ensuciara.
Humillado, con las piernas temblando mientras me secaba las manos sudorosas constantemente en el blazer del instituto, me acerque a su entrepierna, jamás había visto una vulva tan de cerca.
Los dedos de la zorra exhibían su coño rosado en todo detalle; su segundo par de labios estaban demasiados húmedos (supuse que debido a la orina) y su clítoris hinchado palpitaba desesperado. Estaba seguro que hubiese disfrutado mucho de la vista si no fuera porque le pertenecía a ella. Me asqueaba lo que tenia debía probar, me preguntaba si podría hacerlo sin vomitar ¿Qué sabor desagradable me esperaba ahí abajo? ¿A qué sabría la orina? Eran preguntas que realmente no quería tener que contestar, pero que debía hacer si para terminar lo más pronto posible.
Sin más tardar, saque la lengua y la acerque con duda a su feminidad. Ella pareció darse cuenta de mi inseguridad y deslizó los dedos por mi cabello, sujetando y tirando de mechones para zambullirme en sus pliegues mojados.
Un suspiro salió de sus delgados labios.
—No dejes ni una sola gota.
Con disgusto, arrastre la lengua arriba y abajo por su vagina goteante. Para mi sorpresa, el olor no era tan desagradable como esperaba, de hecho, ni siquiera tenia olor, eso no quiere decir que no me sintiera humillado por lo que estaba haciendo, una cosa no quitaba la otra.
En cuanto al sabor, era un poco acido, pero también dulce, algo así como una mandarina, perfectamente equilibrado, aunque como dije, una cosa no quitaba la otra, seguía siendo una puta mierda.
A medida que lamía su piel rosada, los jugos de su vagina se derraman con más fluidez. Lo que hacía no tenía sentido, no importara lo mucho que lamiera el centro de su sexo, cada vez se humedecía más y más. Me iba alejar de ella, pero la palma de su mano en la parte posterior de mi cabeza me mantuvo entre sus piernas. La miré a los ojos con torpeza por primera vez desde que inicié a lamer su vagina.
—Sí, sigue mirándome de esa forma. —gimió.
«¿Acaso se está excitando?», me pregunté con los ojos abiertos.
El sudor sobre su piel brillaba mientras el rubor que siempre tenia en sus mejillas se oscurecía. Mi lengua siguió masajeando su interior, buscando detener la fuente que escapaba entre sus piernas. Sus caderas acompañaban el movimientos contra mi cara empapándome el rostro. Gemidos dulces salían de su boca mientras recorría la superficie de su flor.
—Solo un poco más —dijo cerrando los ojos.
Su agarré se apretó más, no planeaba soltarme pronto. No fue hasta que la puerta del baño se abrió que ambos nos detuvimos. Nuestras miradas se conectaron durante unos segundos como si nos perdiéramos en la mirada del otro. Nos odiábamos, y Saotome lo demostró al empujarme lejos de su falda.
—Buen trabajo, perro sucio —dijo devuelta a la normalidad.
Se abotono el blazer, se peinó ligeramente el cabello con las manos, y se limpió la entrepierna con papel antes de subirse las bragas blancas que le hacían juego con el sostén. Se colocó la falda y por ultimó, los mocasines marrones junto al váter.
Una vez preparada, era como si nunca hubiese ocurrido nada. Volvió a mirarme con desagrado y salió por la puerta sin decir una sola palabra. Sin duda, la odiaba con toda mi alma.
Pasaron semanas tras semanas, donde seguí siendo su esclavo en diferentes actividades, pensé que así pasaría el resto de mi vida, no tenia esperanza alguna de volver a ser libre... Hasta que ese inesperado, pero afortunado día llegó para salvarme la vida.
La semana escolar recién comenzaba. A Mary siempre le gustaba hacerme llevar sus cosas y ese día no fue diferente. Era casi la hora de almorzar y la perra rubia me ordenó llevar su bolso al comedor una vez terminaran las clases de historia.
Cuando finalizó, el profesor la mandó a llevar algo a otra sala, Mary se enojó, pero no lo demostró, estuvimos tanto tiempo juntos que poco a poco iba descifrando su forma de ser. Ella salió de la habitación y me pidió que siguiera la orden de todas formas, asentí con la cabeza e hizo lo que me pidió,
Llegando al comedor, un idiota me empujó apropósito por culpa de mi rango como mascota, era normal que me maltrataran mientras caminaba solo sin molestar a nadie, de verdad odiaba esta escuela. El bolso de Mary se me cayó y todo lo del interior se esparció en el suelo, el estúpido se rio de mí y paso a mi lado. Suspiré enojado y recogí las cosas de “mi ama”, hasta que una libreta entre todas las cosas llamó mi atención; era un cuaderno anillado completamente negro que jamás había visto antes.
La curiosidad me ganó, aunque lo dude bastante, después de todo la curiosidad mató al gato, sin embargo, esta vez, el gato salió vivito y coleando. Abrí el libro y lo primero que había en la caratula era: “Diario de María Saotome”.
Una sonrisa se formó entre mis labios, todos los oscuros secretos que de la perra rubia estaban a mi disposición. Leí el diario, y oh... lo que encontré. No lo podía creer, en el diario admitía toda clase de fraude, no lo creí, tenía que ser algún tipo de broma, ella no era tan descuidada como para correr el riesgo de dejar dentro del bolso algo tan importante con la posibilidad que pudiera encontrarlo. Sin embargo, todo estaba bien detallado; las trampas en sus juegos, como es que usaba a las otras mascotas para ganar en la mayoría de apuestas.
En el diario había más cosas, como sus gustos, sus miedos, pero nada de eso me importaba, me quede cegado, quería darle un poco de su propia medicina. Me aseguraría que deseara jamás haberme convertido en mascota.
Guardé el diario de vuelta en el bolso, me alisté y fui al comedor.
Lo había decidido, le haría lo mismo que me hizo: golpearla donde más le duele, el orgullo, y lo haría ganándole en su juego favorito.
«Lo voy a gozar como no te lo puedes imaginar, pequeña zorra».
Cuando ella entró al comedor, como siempre, caminó hacia mí con aire de grandeza mientras movía las caderas con elegancia en cada paso que daba.
—Ey, idiota, el plato frente tuyo es el mío, ¿no?
Le di la sonrisa más falsa que pude reunir.
—Claro que sí, señorita Saotome.
—No podía esperar menos de mi pequeña perra. —dijo sentándose frente a mí con toda la calma del mundo, al menos, hasta que vio que frente a ella—. ¿Qué estas haciendo en la mesa? Creí haberte dicho que los perros cómo tú comen cómo cerdos en el suelo. —escupió apuntando el piso.
El momento llegó, era hora de confrontar a mi demonio.
—Sí, lo sé, es solo que no pude prestarte atención, por que te apestaba la boca —dije calmado.
Su expresión de ira fue demasiado satisfactoria.
—¿Qué fue lo que dijiste, hijo de puta?
—Dije que le apesta la boca, señorita Saotome.
El golpe en la mesa sonó en todo el comedor, alertando a todos a nuestro alrededor mientras se levantaba de la mesa.
—Pequeña mierda, me aseguraré de hacerte la puta de todos a partir de mañana.
—Me temó que eso no será posible.
—¿Ha? ¿De que estas hablando? ¿Perdiste la cabeza, imbécil?
Fui directo.
—Apuesta conmigo, Saotome.
Su mirada quedo en blanco, pero tras unos segundos, carcajeó.
—Jajaja ¿Por qué crees que apostaría contigo? Ya tengo todo lo que quería, un perro faldero ¿Por qué me arriesgaría a perderlo?
—Entonces ¿Admites que puedes perder?
Otra vez la mirada de desagrado.
—No te confundas, mascota. No hay forma que pierda contra alguien que jamás ha apostado en toda su vida. —aclaró, sentándose de nuevo frente a mí con el codo sobre la mesa e inclinando la cabeza hacia su mano—. Ni siquiera podrías cancelar tu deuda con una simple apuesta. Estas en el fondo, la única que tiene algo que perder soy yo.
Olfateé lo suficientemente alto para que pudiera escuchar.
—Eso que huelo... ¿Es miedo? —pregunte sonriendo con malicia.
Su mano impacto de nuevo contra la mesa.
—¡¿Miedo?! —Se paró de nuevo con una mano sobre la cadera—. ¿Qué quieres apostar?
—Todo.
—¿Todo?
—Mi vida te pertenecerá en todo sentido, todo lo mío será tuyo, y haré CUALQUIER cosa que me pidas al pie de la letra, sin rechistar. Seré un objeto de tu propiedad por el resto de mi vida. —Ya no tenía nada que perder, como ella misma lo dijo: estaba en el fondo.
Ella sonrió, aunque con algo de molestia. Se acercó a mí y me levanté para que ambos nos miráramos de frente a solo unos centímetros de distancia.
—No te olvides de traer lubricante para mañana cuando te gane. —la maldad de sonrisa superó a todas las anteriores, acompañe su sonrisa, ocultando el miedo de mi pecho.
—Para mañana te traeré una menta para quitarse el aliento a mierda de tu asquerosa boca.
—Antes de hablar de alientos, procura sacarte la vagina de la boca, imbecil.
Ambos chasqueamos la lengua y fuimos al salón de clases, donde jugaríamos la apuesta. Todos los alumnos nos rodearon, curiosos por el “espectáculo” que libraríamos.
Agarramos dos pupitres, los enfrentamos el uno al otro y nos sentamos. María saco un mazo de cartas completamente en blanco con solo el dorso escrito. Jugaríamos un juego “original” de Mary; “piedra, papel, o tijera”. Ella no dejaba de sonreír, confiada en que me ganaría fácilmente.
—Lo haremos tal y como lo hicimos la vez que te partí el culo en tu propio juego, al mejor de tres. —dijo feliz, recordando aquel momento tan amargo para mí.
—Sí así es como quieres alargar tu sufrimiento, estoy de acuerdo. —dije con confianza, pese a saber cuál era el truco, el miedo no me abandonaba.
Pareció que mi burla logró superarla, ya que una vena se marcó en su frente.
—No sabes lo mucho que voy a disfrutar convirtiéndote en la puta de los baños. —escupió desquiciada.
Gané 3-2.
Deseaba terminar 3-0, pero lamentablemente no fue posible, a pesar de saber sus trucos sucios, la suerte no estuvo conmigo en dos rondas.
La mirada de Mary cuando gané, no tuvo preció. Era la primera vez que la veía tan desbastada... Fue tan placentero, ni siquiera mi primera paja fue tan satisfactoria.
—E-es imposible, ¿c-c-cómo es posible? —preguntó con el rostro pálido.
Las personas a nuestro alrededor también parecieron sorprenderse por lo ocurrido, había murmullos por toda la sala.
—Saotome... ¿perdió? —dijo alguno de los alumnos.
De pronto, las carcajadas se hicieron escuchar, carcomiendo todo el lugar, sobre todo las risas de las féminas.
Entre los chicos, las insinuaciones de todo tipo no tardaron en llegar.
—Uff... las cosas que le haré hacerme. —dijo una de las personas más desagradables del salón.
Puse los ojos muertos, les iba a dejar bien en claro cómo iban las cosas ahora.
—Ey, imbéciles ¿de qué mierda están hablando? —les pregunte a todos con mucho asco, ganándome su atención—. Ella se convirtió en mi puta personal, cualquiera que se atreva a ponerle un solo dedo encima. Lo mató. —No lo dije por la seguridad de ella, no me importaba su seguridad, solo no quería que nadie saliera beneficiado de lo que tuve que sufrir para hacerla una mascota— A partir de hoy, esta perra me pertenece, ¿escucharon? —dije asegurándome de que nadie tuviera quejas.
Todos bajaron la cabeza, aunque sabía que solo era cuestión de tiempo para que algún idiota tratara de sobrepasarse y no dudaría en clavarle una tijera en el ojo.
Y así, mis días como rey iniciaron con Mary como mi súbdita-sirviente. La usé tal y como ella lo hizo conmigo, fue mi asiento personal, también fue la encargada de llevar mi mochila a donde sea que fuera, la mucama que me abría las puertas, la esclava que limpiaba el cubículo del baño que iba a utilizar. No hubo nada mejor que darle un trago de su propia medicina.
Con el paso del tiempo, me di cuenta que no era muy diferente a ella... La verdad es que tenía que ser mejor, y dar el ejemplo de que un gran poder conlleva una... Nah, que la chupen con dar el ejemplo y esas mierdas, yo obtendría lo más sabroso de este mundo: La venganza. Y que mejor forma de vengarme que hacerle lo más degradante que me hizo hacer.
Ocurrió llegando al fin de semana, tal y como ella se estaba acostumbrando, le tocaba limpiar el baño. Coloque el cartel de limpieza frente a la puerta para que nadie pasara, de todas formas, estaba el otro baño arriba en el primer piso de la escuela así que no podían quejarse.
María limpiaba el piso del cubículo, le había dado unos guantes, una cubeta con jabón y una esponja. Arrodillada, refregaba el suelo una y otra vez. Su trasero levantado se sacudía ligeramente cada vez que frotaba con la mano. Verla tan humillada era demasiado placentero, y el hecho de que con cada movimiento se le subiera un poco la falda, mejoraba mucho más el espectáculo. Sin embargo, tenía que completar mi venganza.
—Terminé. —informó Mary en un tono demasiado enojado para mí gusto, pero lo deje pasar porque sabía lo que vendría después.
—A ver, veamos... —dije haciéndola a un lado—. El suelo esta limpió... las paredes también, el váter igual... sí, todo está limpio. —dije con una sonrisa.
María exhaló molesta, se sacó los guantes y se lavó las manos.
—Bien, ¿podemos irnos? —preguntó, señalando la pared delante de la puerta que sirve para que no se pueda ver dentro del baño desde afuera.
—Seguro. —asentí y ella dio el primer paso para largarse de ahí—. Oh, espera, minina. —Se detuvo—. Aún hay algo sucio que debes limpiar. —dije en un tono amistoso, invitándola a entrar al cubículo para que viera el problema.
—No me jod--
La interrumpí.
—Cuidado el lenguaje, perra. —advertí.
Mary cerró la boca y caminó a mi lado.
—¿Dónde me faltó limpiar, señor? —preguntó, fingiendo sonreír.
Cerré la tapa del váter y me senté sobre él.
—Aquí —dije, señalando mi entrepierna.
—¿Perdón?
Me levanté mientras me desabrochaba el cinturón y me baje el pantalón lo suficiente para mostrar la erección en mi ropa interior por estar mirándole el culo mientras limpiaba.
—Sé que no eres muy lista, pero supongo que llegaste a la conclusión de lo que quiero. —me burle de ella.
—Eres un cerdo. —escupió con desagrado mientras se arrodillaba.
Sonreí y me acerqué a su rostro.
—Cuidado con lo que dices, perra. No olvides que solo estoy haciendo lo mismo que me hiciste. —dije tomándola de la mejilla y arrimando su cabeza contra mi erección para frotar su otra mejilla contra mi entrepierna.
—Te odio. —escupió con rabia.
—Aww, yo te odio más. —dije despegándola de mi ropa interior—. Dame tus manos —ordené. La frustración apareció en su cara, pero me las dio. Las tomé y las llevé a cada lado de mi cadera. —Bájalos.
Con el ceño fruncido, María me bajo el bóxer y mi erección saltó, golpeándole la nariz. No pude evitar reírme y ella me lanzó una mirada de odio puro, lo disfruté. Volví a sentarme en el váter con los pantalones bajos y mi pene totalmente erguido frente a ella. Ella arrastró sus rodillas con mala gana por el mismo suelo limpio.
Cuando se inclino hacia delante, tapó su nariz y frunció el rostro.
—Apestas.
Eso me molestó, siempre fui muy fino con la higiene.
—No es cómo si tu vagina oliera a flores, idiota.
Ella sonrió con soberbia.
—Sin embargo, no te quejaste.
—Porque sí decía algo, ibas a castigarme de la peor forma posible. Agradece que al menos a ti, te dejo hablar.
—No dijiste nada, porque sabias que lo disfrutarías. Después de todo, eres un perro asqueroso amante de la orina.
Sus mejillas ganaron un color más rosado.
Tomé su rostro con dos dedos, tal y como ella lo había hecho hace tiempo atrás.
—Vas a arrepentirte de haber dicho eso. —le aseguré, acercando sus delicados labios a mi polla—. Trágatelo.
—No voy a hacerlo —dijo con desafío.
Su expresión llena de confianza, me trajo recuerdos amargos que prefería olvidar, pero como la mayoría de veces; dentro de lo malo hay algo bueno, y de entre esos pocos memorables recuerdos estaba la palabra que más odiaba oír durante mi “estadía” como mascota.
No se que clase de sonrisa se formó en mi cara, pero las mejillas me dolían como nunca antes. nunca había sonreído antes.
—Es una orden, gatita.
Si las miradas pudieran matar, en ese momento ella me hubiera enviado tres metros bajo tierra.
Con el ceño fruncido, tragó saliva y acercó la mano a mi entrepierna, respiré hondo, anhelando su delicado tacto. Mary envolvió los dedos alrededor del tronco, estremeciéndome por la temperatura fría de su mano, la sensación fue muy diferente a lo que imaginaba, pero no por eso era malo.
Cerré los ojos y me concentré en la presión placentera de sus delicados dedos mientras hacia lo que le pedí, frotó la palma por mi eje carnoso y un gruñido escapo de entre mis labios, sus caricias fueron a un ritmo lento, pero constante mientras liquido preseminal goteaba desde la punta palpitante, lo que le lubricó la palma e hizo que se deslizará aún más fácil a lo largo de mi pene. La tomé de la muñeca y le pedí que fuera un poco más rápido, apretó mi pene con más fuerza y aceleró las caricias, deslizando la mano hacia la punta. Mi erección latía y se retorcía con cada frotamiento que me daba.
María dejó de tocarme y colocó las manos sobre mi regazó, se inclinó hacia mi pene excitado, y con los labios temblorosos, abrió la boca, sacó la lengua y probó la punta, arrebatándome un gemido. Pasé la mano por su cabello rubio y acaricié su rostro mientras ella arrastraba las rodillas hacia delante para llevarme más profundo a través de su lengua, y muy pronto tuvo alrededor de un tercio completamente dentro de su cálida boca. Cerró los labios y presionando sobre mi eje venoso, tomó los primeros centímetros con mucha confianza, chupando como si fuese una pajita. Movió la lengua con algo de torpeza, remojándome el miembro con saliva. Mary se animo y tiró la cabeza hacia abajo, tomando más centímetros y poniendo a prueba sus limites hasta que se atragantó.
—¡Vaya! Sí que le pones emoción, zorra. —acaricie su mejilla burlonamente.
Mary golpeó mi mano y tirando la cabeza hacia atrás, se sacó la polla lubricada de la garganta.
—S-Solo quiero acabar lo más rápido posible, bastardo. —dijo entre jadeos mientras reanudaba las caricias.
Exhalé.
—Sin duda, te ves mucho más bonita cuando mantienes la boca ocupada.
Entrelacé mis dedos en su cabellera rubia, y con un gemido la hice volver a recorrer el tronco de mi pene. Sus manos volvieron a mi regazo. Mary movió la lengua a lo largo como si estuviera chupando y saboreando un cono de helado. Cada vez me resultaba más difícil contenerme. Su cabeza se balanceó a lo largo de mí eje y uno que otro gemido se escapó de mis labios. La perra me miraba engreída mientras hacia todo lo posible por resistir y no soltar mi carga, pero tenía claro que no podría sostenerlo por mucho más tiempo.
—Mierda, eres muy buena en esto. Apuesto a que vas por ahí regalando mamadas a cambio de que apuesten contigo. —dije en un tono burlón. Ella detuvo sus movimientos y rápidamente una presión rodeo mi longitud—. Ni siquiera se te ocurra. —advertí ante la posibilidad de que me quisiera morder.
Sus labios hicieron un sonido de chapoteo al separarse.
—No soy esa clase de chicas. No es mi culpa que seas tan virgen te estés por correr por el simple toque de una mujer. —dijo con soberbia.
Sostuve mi polla baboseada con la mano y negué tres veces con la cabeza.
—Saotome, Saotome, Saotome...¿Qué dije acerca de respetarme? —golpeé sus labios con mi erección—. Acaso, ¿no entiendes en la posición que te encuentras? Eres menos que una persona, menos que una mascota. Eres un objeto, un objeto el cual usaré a mi antojo, sin importar cuanto supliques. —deslicé el pene a su mejilla, ensuciándola con su propia saliva—. Te recomiendo cerrar la boca, si no quieres que te haga algo todavía más depravado. —volví a meterme en su caliente boca mientras me quemaba con la mirada. —Joder~ sí, sí ah~ sigues así, no duraré mucho.
Al decirle de la cercanía de mi orgasmo, pareció que Mary redobló los esfuerzos y movió la cabeza a un ritmo más rápido, chupando y lamiendo un poco más fuerte. Tiré de su cabello con fuerza y la hice gemir alrededor de mi pene. Con cada golpe hacia abajo, poco a poco me acercaba al limite. Las comisuras de sus labios se elevaron y Mary se retiró hasta que la punta estuvo entre sus labios y pasó la lengua por la hendidura, riéndose del repentino temblor mis caderas.
—Carajo~ —gemí.
La rubia se echó hacia atrás para recuperar el aliento y apartar algunos mechones sudorosos de cabello de la cara mientras respiraba agitada.
—¿Te vas a correr tan rápido? Además de virgen ¿precoz? —preguntó. Se inclinó hacia adelante y arrastró su lengua a lo largo de la parte inferior de la longitud, con una sonrisa maliciosa grabada en el rostro—. Que desagradable~
Antes de que pudiera cuestionar sus filosas palabras, deje escapar un grito ahogado cuando Mary me tomó por completo una vez más, girando la lengua alrededor de mi eje mientras gemía contra mi polla. La presión en mi abdomen se rompió y mis sentidos se inundaron en puro placer.
—¡S-Saotome! —dije entre gruñidos. Ella me miró fijo sin dejar de arrastrar la lengua a lo largo de la barra de carne—. Me voy a correr, trágalo todo, no dejes ni una gota.
Ella asintió obedientemente mientras luchaba por tragar el pene más profundamente en su pequeña boca. Agarré con fuerza sus mechones y tire de su cabeza hacia abajo. Ella abrió los ojos y se atragantó al empujar hacia adelante en su boca, besando la punta con la parte posterior de su garganta.
Con los ojos llorosos fijos en mí, Mary me clavó las uñas en los muslos cuando la usé para mi placer. La sensación de su boca húmeda y caliente fue demasiado para mí, mis bolas se contrajeron y mi pene palpitó entre sus labios.
—¡URG~! —Mary gimió, su boca de repente se llenó de semen al liberar mi carga. Cuerda tras cuerda de semen salpicó en su boca, llenándola y ensanchando sus mejillas. Luchó por tragar, las gruesas cuerdas de semen quedaron atrapadas en su garganta, dejando escapar un poco por los costados de su boca, que todavía estaba medio llena por mi polla ablandada. Lágrimas, semen y saliva se derramaron por su rostro. Ella me esperó a que aflojará el agarre en su cabello y finalmente se retiró mi pene de la boca, saboreando lo que quedaba de mi corrida y jadeando por aire.
—Sí que eres una verdadera puta, eso fue asombroso. —dije con soberbia.
El rubor de sus mejillas se intensificó.
—Me alegra que lo hayas disfrutado. —dijo con la más falsa de las sonrisas y se limpió los labios con el dorso de la mano.
—¿Te gustó el sabor del semen? —pregunte sonriendo.
—Sabia totalmente asqueroso, malditamente salado y estúpidamente amargo —dijo, manteniendo la fachada.
—¿Estas segura de eso... Minina? —dije, escondiendo la amenaza.
Le temblaron las cejas.
—P-Pero, supongo que no fue tan malo. —corrigió.
—Me alegra que mi semen sea de tu agrado, te lo daré más seguido, después de todo, es mi deber alimentar a mi perra ¿no?
Las cejas le temblaron.
—Sí, mi a-a-amo. —su forma de llamarme hizo que me palpitara la cabeza de abajo—. Ahora si me disculpa, ¿podría irme, por favor? Tengo cosas que hacer.
—Seguro. —dije, y ella se levantó lista para irse—. Espera. —Se detuvo—. No te vayas sin antes saludar a tu amante. —Sonreí burlón.
—¿Disculpa?
Señale mi entrepierna.
—Bésalo y agradécele por alimentarte.
Mary cerró los puños con fuerza. Se arrodillo de nuevo frente a mí, y unió sus labios a la punta de mi miembro semi-erecto.
—Gracias por todo. —dijo antes de levantarse e irse del cubiculo.
Fui detrás de ella por curiosidad hasta que entró al baño de mujeres, supuse que se haría vomitar o algo así, por lo que me fui de nuevo al salón de clase.
Luego me enteraría que, en ese día, se escucharon sonidos "extraños" saliendo del baño de mujeres
La mamada en el baño dio inició a mis más depravadas fantasías con Mary, al menos en lo que respectaba a sexo oral. No hubo un solo lugar (excepto en el consejo estudiantil y la sala de profesores) que no me la comiera. Incluso la semana después de lo que sucedió en el baño, me la chupó dentro del salón de clases cuando faltó el maestro y todos los alumnos aprovecharon para apostar entre todos.
Logré colar a Mary debajo del pupitre sin que nadie se diera cuenta, y luego la cubrí con un abrigo que llevé exclusivamente para eso.
Los ruidos guturales de su garganta apretando mi pene, eran silenciados por el ruidoso barullo de fondo. Movía ligeramente mis caderas mientras tiraba de sus coletas rubias y embestía lo más profundo en su boca. Las lágrimas involuntarias en sus ojos eran una muestra clara de lo duro que cogía su garganta. Empujé su cabeza hacia abajo y se atragantó, pero resistió; empujé con más fuerza, y se atragantó aún más. Mary me golpeó la pierna; pero no la deje ir. La lujuria era demasiado fuerte, sentía mi gruesa polla abriéndose camino dentro de su apretada garganta, que se contraía alrededor de ella. Disfruté de obligarla a hacer una garganta profunda, y para mi sorpresa ella no se defendía, trataba de soportarlo sin echarse para atrás.
Mary tosió y escupió un poco, pero no se alejó. Me miró con ojos suplicantes y mucha saliva goteando de las comisuras de su boca.
Tuve suerte en que el volumen del desorden de fondo era más fuertes que sus arcadas.
Le metí la polla profundamente en la boca. Ella hizo todo lo posible para asimilarlo todo, tragando lo más que podía. Mi pene se endureció y palpitó a medida que me acercaba al orgasmo. Estaba cerca de llenar su garganta, ella pareció darse cuenta y me tomó más adentró, mirando hacia arriba con los ojos llorosos como si buscará complacerme.
Sujeté su cabeza con ambas manos y eyaculé con fuerza, corrida tras corrida hasta llenarle la garganta con mi fluido caliente. María trató de tragarlo, tosiendo y atragantándose hasta que un poco de semen lsalió por su nariz y por lados de su boca aún ocupada con mi vara de carne.
Solté la cabeza de Mary, y deslicé lentamente la polla fuera de su boca babosa. La vista ante mí era de lo más erótica, su leve maquillaje se le arruinó, remarcando el fuerte sonrojo plasmado en su rostro. Su respiración agitada acompañaba la mía. Su boca y su barbilla cubiertas de nuestros fluidos fueron suficiente para casi ponerme en marcha de nuevo, Mary se sorprendió cuando mi falo recobró vida frente a sus ojos.
Sin embargo, me había arriesgado demasiado a que me descubrieran y no quería que nadie pudiera disfrutar de esa vista. Al mirarla tan destrozada, deseaba poder enmarcar su rostro derrotado en lo más profundo de mi mente y convertirla en mi obra de arte; en mi Mona Lisa personal a la que solo yo tenía permiso para admirar.
Con el ceño tan fruncido, como cuando inició a comérmela en medio de todos, Mary se limpió la boca y la nariz con el dorso de la mano lo mejor que pudo, pero solo consiguió esparcir la suciedad. Me reí de su fracaso, saqué un pañuelo del bolsillo de mi blazer y le limpié la carita toda bonita lo mejor que pude.
Pese a lo mucho que mi miembro erecto deseaba volver a sus labios, volví a encerrarlo en mis pantalones. Espere a que todos estuvieran distraídos para sacar a Saotome de debajo de mi escritorio. Al levantarse, la falda se le engancho en el pupitre, exponiendo lo húmeda y mojada que estaban sus bragas blancas.
La ayude a liberarse y ocultó su vergüenza. María se sacudió la ropa y se preparó para alejarse de mí.
—¿Necesitas ayuda para aliviarte? —le pregunte con una sonrisa e hice un gesto sexual con los dos dedos del medio.
Ella me dio la espalda, intentando ocultar el color carmesí de sus orejas.
—Púdrete. —me maldijo, alejándose de mí y yéndose por la puerta .
…
Las siguientes semanas pasaron de la misma forma: Mi persona recibiendo gratificación sexual cada vez que tenía ganas, mientras que Mary apostaba día tras día, buscando poder saldar la deuda. Durante nuestro tiempo juntos, llegamos a un punto donde al menos, podíamos tolerarnos un poco más que al principio, e incluso hablar como conocidos. Saotome poco a poco se acostumbraba a su nueva vida.
…
Transcurrió un mes y medio desde la primera mamada. Nuestra relación había “mejorado”, podía decirse que llegamos al nivel de ser “más que conocidos, pero menos que amigos”. Claro que, en cuanto a lo sexual, me la seguía chupando cada vez que me entraban ganas.
A pesar de lo mucho que nos relacionábamos (más que nada, debido a que ella no tenía permitido apartarse de mi lado: Uno, porque era mi mascota personal y dos, porque podía protegerla de los demás.) no existía ninguna clase de sentimientos hacia ella, no la amaba, y ella tampoco, así estábamos bien.
Éramos una clase de “enemigos con beneficios” sin sentimiento complicados en medio, era mi mascota (es decir un estudiante rango Mike/Kitten) no me importaba si alguna vez se enamoraba o si ya lo estaba, después de todo, su vida me pertenecía, así que no me importaba con quien coqueteara... o al menos eso creía.
El día en el que se cumplió dos meses y medio desde la primera mamada, me desperté tarde y no llegue a tiempo a encontrarme con Mary en nuestro punto de encuentro. Supuse que se había ido a clases y me dirigí a la academia.
Al llegar frente al salón, localicé a Mary a través del vidrió de la puerta. Iba a entrar hasta que la vi hablando con un chico, que al igual que ella, tenía el collar de mascota alrededor del cuello, si no me equivoco se llama Kuzui o algo así.
Lo sorprendente era que Mary le sonreía de una forma amorosa y reía como tonta cada vez que él decía algo. Las mejillas de ella estaban notablemente más rojas que siempre, y lo más llamativo era que en sus labios siempre pintados de un suave beige, destacaba un rojo carmesí.
Me quede congelado frente a la puerta, mientras ella tomó delicadamente un mechón de su flequillo y se lo acomodo detrás de la oreja. En algún momento de la charla, Mary y yo conectamos miradas y me sonrió casi burlona, fue entonces que entré al salón, me acerque a ella, le agarre la muñeca con fuerza y la lleve al baño de mujeres.
No hace falta recordar lo rudo que fui ese día, solo diré que el carmesí de sus labios se grabó a lo largo de la base de mi hombría.
En la semana siguiente, Mary se juntaba con él cada vez que tenía la oportunidad de separarse de mí. Verlos tan juntos me hizo incomodarme incluso, a pesar que ella me pertenecía.
En ese momento me dije a mi mismo que estaba molesto por que ese imbécil trataba de jugar con un juguete de mi propiedad. No eran celos, no, solo me enojaba porque trataban de quitarme algo que era mío.
En realidad... solo estaba celoso.
Odiaba a esa Mary. A esa que sonreía a otro de una forma que nunca había hecho conmigo, a esa que coqueteaba con otro en vez de hacerlo conmigo; a esa que estaba dispuesta a fingir alguien que no era para llamar la atención de una estúpida mascota de clase baja. Odiaba a esa Mary... a esa que no podía tener.
Intenté contenerme, lo necesitaba, no quería mostrar debilidad, pero todo se fue a la mierda el siguiente fin de semana.
Era domingo, andaba por el barrio con una bolsa con las compras del día. Fue entonces que, al girar en una esquina a unas cuadras de casa, Mary estaba caminando de espalda a mí, tenía puesto un vestido amarillo que le llegaba hasta por encima de las rodillas, que ondeaba por el viento con cada paso que daba.
Pensé en saludarla y decirle algo que la hiciera enfadar solo para ver su rostro enrojecido de rabia, pero me arrepentí, creí que mejor debía hacer lo mismo que hacia ella cuando era su mascota, dejarla respirar los domingos.
Mary iba con un espejo de cartera en la mano y parecía estarse arreglando el cabello preocupada por su aspecto. A través del reflejo, sus labios eran del mismo tono rojo de semana anterior y su maquillaje siempre natural (normalmente era solo rímel y rubor) era más elaborado; con una fina capa de maquillaje y un suave delineador de ojos que hacia resaltar el color avellano de sus iris. La sonrisa entre sus labios delataba su felicidad, por dentro me alegré de que su confianza y autoestima siguieran intactas.
Al cruzar la calle, a mitad de la cuadra, entró en una tienda. Iba a ignorarla y seguir mi camino, pero la curiosidad me ganó y entré al establecimiento. Todas las compras fueron normales, refrescos, botanas, ramen instantáneo y una que otra mierda más, nada a destacar. Lo inesperado llegó cuando fue a la caja. Mary miró hacia los lados una y otra vez como sí quisiera asegurarse de que nadie la estuviera viendo (Estaba lejos detrás de ella, así que no me vio). Las orejas se le pusieron rojas y se puso nerviosa, su reacción era inexplicable, al menos hasta que comprendí todo cuando señalo detrás de la cajera, pidió una caja de condones extra finos.
Quedé en blanco por un momento, la imagen del idiota de Kuzui pasó por mí cabeza. ¿Acaso ella tendría el atrevimiento de tener sexo con él aún sabiendo que me pertenecía? Sus derechos como humano normal, terminaron día en que le gane en su propio juego, ¿Cómo tenía la osadía de desobedecerme? Era tal y como ella misma lo dijo, su vida me pertenecía completamente, no tenía permiso para hacer ese tipo de cosas al menos que se lo ordenara. «Ella me trató como si ni siquiera fuera una persona, solo me estoy vengando, no estoy celoso», me mentalice, tratando de convencerme.
Cuando terminó de comprar, mis piernas se movieron solas y cuando quise calmarme ya arrastraba a Mary fuera de la tienda. Al salir, la arrincone contra la pared, tuve mucha suerte de que fuera un sitio poco transitado, porque podrían haber malinterpretado la situación.
Ella me miró como casi siempre lo hacia conmigo, con las cejas fruncidas.
—¡¿Qué mierda te suce--?!
Le tape la boca.
—Cierra la boca y sígueme, es una jodida orden —dije con autoridad, dejándole en claro que no podía negarse.
La tome de la mano y la lleve a mi lado hasta que llegue a casa. Abrí la puerta y el empuje adentró. Vivía solo, así que no tenía que preocuparme por explicarle a nadie lo que sucedía entre nosotros.
Ella se paró frente a mí.
—¿Qué fue eso? —dijo molesta por lo de la tienda—. ¿Quién mierda crees que eres para sacarme de esa forma?
Deje la bolsa con comida a un lado de la puerta.
—Tu dueño. —dije y señalé su bolsa—. Dame eso.
Mary colocó los ojos en blanco.
—¿Por qué?
—Dámela —insistí—. Es una--
—Es una orden, sí lo sé. —Completó con desagrado y me acercó la bolsa—. Dios, deberías conseguirte uno de esos masturbadores para hombres, no puedes estar dependiendo de mí cada vez que estas necesitado. —se burló mientras se sacaba los zapatos y los dejaba en la entrada.
Tomé la bolsa y saqué lo que compró.
—¿Qué es esto? —dije enseñándole los condones.
Mary levantó la ceja.
—¿Enserio?, ¿necesito darte clases de educación sexual? —preguntó cruzando los brazos.
—No te hagas la tonta, ¿con quién ibas a utilizarlos?
—Con nadie que te importe.
—¿Con quién ibas a utilizarlos? —repetí con seriedad.
—Que te importa.
—¡Mary! —dije en un tono más molesto y ella puso los ojos en blanco.
—Deja de hacerla tan larga, si solo querías un oral para calmar tus hormonas alborotadas solo tenías que bajarte los pantalones y ordenar que te la comiera.
—No quiero eso.
—Bien, entonces me voy. —dijo, y se dio la vuelta para tomar sus cosas.
Le agarré el brazo y la detuve.
—No tienes permiso para hacerlo, ¿te queda claro?
—¿Porqué?
—Porque no.
Una sonrisa maliciosa se formó entre sus labios.
—¿Estas celoso?
—¿Celoso? Pff. No seas ridícula, ¿por qué estaría celoso por ese idiota?
—Hay muchas razones por la que podrías estar celoso de él, por ejemplo... —Me enfrentó cara a cara—. Porque es mucho más hombre que tú.
—¿Perdón?
Ella sonrío y negó con la cabeza.
—No importa. Apuesto a que coge rico, a diferencia de alguien como tú que se conforma con una simple mamada. —Hizo un gesto sexual como si estuviera chupándosela al aire.
—Deberías cuidar tus palabras, mascota.
—Me da igual, no es mi culpa que estés celoso porque la persona que quiero que me folle no seas tú.
No sabía que mosca le picó para enfrentarme tanto cuando las últimas semanas estuvo más sumisa que nunca. Todo esto fue una sorpresa para mí, me tomó tan desprevenido que no sabía que decir. Elevé el pecho y fui tan primitivo que solo seguí mi instinto.
—Entra a la habitación. —dije señalando mi cuarto—. Es una orden.
Ella exhaló aire
—Bien —dijo alejándose de la puerta principal.
Entramos a la habitación y estaban tan ordenadas como la deje, siempre me preocupo en la limpieza.
» Vaya, ¿Quién lo diría? Creí que tú cuarto apestaría a suciedad y semen seco, veo que al menos sabes limpiar tu chiquero. —Se acercó al estante junto a la televisión plana— ¡Oh! Ese es el juego en el que te humille. Me trae tantos recuerdos... sin duda luego de todo lo que sucedió hasta ahora, me arrepiento de no haberte hecho la puta del baño. —volteó a verme con una sonrisa y me acerque a ella.
—Cierra la boca. Quítate la ropa y súbete a la cama.
La confianza se escapa de sus poros.
—¿Es enserio?
—Es una orden.
Se carcajeó.
—¡Vaya! Perder la virginidad a base de poder. —Negó con la cabeza—. Que poca dignidad. —Volvió a reír—. No es muy diferente a perderla con una prostituta solo porque no eres lo suficientemente capaz para atraer a una chica. —Se acercó a mi oído—. Es por eso que él es mucho más hombre que tú.
—Creí haberte ordenado algo —dije entre dientes. Su mirada de odio alimentó mi ego—. Eres una idiota por haber aceptado la apuesta.
—Me das asco—. Su confianza anterior desapareció por completo.
Me despoje del abrigo y me saque la remera por la cabeza, quedando solo en pantalones. Mary dejó caer los tirantes de su vestido y sostuvo los brazos sobre el pecho evitando que el escote se cayera.
Su rostro tan rojo como un tomate parecía dudar respecto a como seguir, y la guie, aparte sus brazos del camino y la parte superior cayó, para mí sorpresa, debajo tenía lencería roja con encaje que le ceñía sus pequeños, pero esponjosos senos. La desprendí del vestido y expuse más lencería rodeando sus caderas con la diferencia en que esta se conectaba con las medias altas a través de un ligero.
Que Mary estuviera tan descubierta, vestida con prendas de lo más eróticas, hizo que algo se levantará debajo de mi pantalón.
Mary evitó mirarme, un fuerte enrojecimiento contorneaba su rostro femenino. La lleve de las caderas hasta el borde de la cama y la empuje ligeramente para que se sentara, el odio hacia mí lo demostró a través de sus cejas fruncidas. Evité reírme ante la cara colorada de ella, me encantaba picarla.
—Supongo que sabes cómo seguir, señorita me burlo de los vírgenes. —dije acercando las caderas a ella.
María apretó los puños mientras subía las manos hacia mí.
—Cierra tu estúpida boca, idiota. —contestó desabrochándome el pantalón y bajándolos hasta que mi erección se contorneó debajo de mi ropa interior, tenia un rastro de humedad sobre punta de mi miembro, me excité bastante en el momento en que me confrontó, algo en su personalidad conflictiva y orgullosa lograba excitarme cada vez que salía a flote.
Finalmente, me bajo él bóxer, mi polla saltó emocionada. Ya acostumbrada, Mary evitó que la golpeara inclinándose ligeramente hacia atrás. Ella me quedo mirando un rato, cómo si esperara alguna clase de orden.
—¿Qué esperas? —pregunté ante su indecisión—. ¿No querrás que te entre en seco, cierto?
Con la misma mueca de molestia, sin quitarme los ojos de encima, colocó las manos a cada extremo de mis caderas, se humedeció los labios carmesíes e hizo lo que mejor sabía hacer, chuparla. Fue una mamada rápida, pero muy descuidada. Sumergió mi polla tiesa hasta el fondo de su garganta y se retiró con rapidez, preocupándose por empaparla de saliva. Se embistió una y otra vez contra mi ingle, asegundándose de humedecer mi pene completamente mientras una que otra arcada escapaba de su garganta cada vez que me llevaba demasiado profundo.
Estuvo un rato largo trabajando con mi pene hasta que lo soltó cuando perfectamente lubricado. Separó los labios regordetes de la punta, escupió el tronco y usó la mano para refregar la saliva a lo largo del eje, frotó arriba y abajo mientras se llevaba una de mis bolas a la boca.
—Te odio —escupió con desagrado, soltando mi saco.
—Yo más —dije con una sonrisa acariciándole la mejilla—. Ahora sé una buena niña y sácate el sujetador.
Mary se limpió la mano con las sabanas.
—Ja, ¿Por qué no vienes y lo haces tú? —me retó—. Seguro eres tan virgen que no tienes idea de cómo desabrocharlo. —se burló.
Mi sonrisa se agrando sin quererlo, fue inevitable no reírme de su acusación. Me incliné a ella y con habilidad, le desprendí la prenda con una sola mano.
—¿Quién te dijo que era virgen? —pregunté viéndola fruncir el ceño de nuevo.
…
Era verdad, no era virgen, sorprendentemente había perdido la virginidad en una fiesta que no recuerdo muy bien...
Fue antes de entrar a la academia... Había salido ganador de un torneo de videojuegos, así que fui a celebrarlo en el bar del evento, estaba en la barra cuando conocí a una chica con una personalidad muy... particular, tenía el cabelló azabache negro como la noche, recortado en un perfecto corte hime, sus hermosos ojos café resaltaban, llamando la atención de cualquiera que la mirara, y que decir de su tremenda... uff, tenia tremenda pechonalidad.
Se acercó a mí con una preciosa sonrisa y me preguntó qué es lo que celebraba, de pronto fui lo más espantaviejas que pude y le expliqué detalladamente como había humillado a mi rival con un perfecto 3-0. Ella pareció sorprenderse y comenzó a aplaudirme, confesando que ella también había salido ganadora en un “inocente juego” (así lo llamó ella). Me dijo que era bastante lindo y si quería ir con ella a la zona vip. Le dije que no podía porque además de no tener pase, tampoco tenía la edad mínima, pero me confesó que tenía ciertos contactos que nos permitirían entrar. A pesar de que todo era demasiado extraño, especialmente porque no soy del tipo que llama la atención de las chicas, acepté.
La zona vip era un pequeño cubículo privado dentro del bar, las camareras nos trajeron alcohol a pesar de nuestra corta edad. Fui un inconsciente y me emborrache muy fácil al no tener resistencia al alcohol. Si bien tengo recuerdos en blanco de ese día, algunas imágenes de lo que hicimos son muy claras en mi mente, sobre todo la recuerdo a ella en distintas posiciones mientras la cogía, o mejor dicho... me cogía, era ella quien llevaba el control de la situación. Lo ultimó que recuerdo de esa noche, aunque estoy casi seguro que fue producto del alcohol, fue que mientras me montaba, sus ojos brillantes llenos de deseo se tornaron de un fuerte e intenso rojo sangre.
Al día siguiente, desperté con jaqueca en la cama de un motel completamente sólo. Mi cuerpo lleno de mordeduras y marcas de labial rojo se reflejó en el espejo a lo largo de la habitación. Para mi suerte, ella pagó todos los gastos (y... vaya que gastamos) antes de irse, y volví a casa cómo si nada hubiera pasado.
…
Volviendo a lo de Mary...
Sus maleables pechos quedaron descubiertos frente a mí. La rigidez de sus pezones rosados me incitaba a jugar con ellos.
—Deja de verme tanto, ¿o es tu primera vez viendo un par de tetas en la vida real? —dejó escapar una risa mientras evitaba mirarme.
—No. —Sonreí—. solo me preguntaba si tu actitud de mierda es para compensar la falta de busto.
Supe que toqué un nervio cuando me dio una mirada de muerte por la declaración.
—Eres un hijo de-- Mhm~ —Mary se interrumpió mordiéndose el labio para silenciar un gemido cuando me llevé uno de los pezones a la boca—. ¿Q-Qué crees q-que estas h-haciendo? —preguntó intentando alejarme con las manos.
Le agarré las muñecas y las puse contra la cama.
—Pueden que sean pequeñas, pero me gustan —dije, succionando ligeramente.
—Ah~ Eso no importa, eres un desgraciado —escupió con un poco de dificultad.
Seguí con sus pezones, acaricié, estiré, lamí y mordí mientras ella me insultaba entre gemidos, diciendo lo mucho que odiaba lo que le hacía y como era que no se sentía bien en absoluto.
Entre juego y juego, sus manos dejaron de forcejear, las deje y bajé por su vientre hasta presionar con la tela de sus bragas. Estaban húmedas, demasiado para algo tan simple como un ligero toqueteo.
—Hablas mucho para estar toda mojada —me burlé rozando los labios empapados por encima de la tela.
—Ah~ e-estoy así desde que compre los c-condones... Al imaginarme lo bien que él me cogería, puto imbécil. —A pesar de tartamudear en cada gemido, logró decirme lo último con toda claridad.
Me encantó que intentara luchar a pesar de la dificultad, eso es lo que más me gustaba de mi perra luchadora.
—¿Oh, segura que no estas disfrutando esto? —pregunté, frotando el índice y el dedo del medio arriba y abajo en sus pliegues húmedos, hundiendo el pulgar contra su clítoris.
—C-Como si pudiera d-disfrutar de algo como esto, ni siquiera lo siento.
—Tal vez debería quitarte esto para que lo sientas —dije moviéndole las bragas a un lado.
Su pecho subía y bajaba agitado.
—Je, deberías conseguirte una muñeca inflable, tus flacuchos dedos solo decepcionarían a cualquier mu-- —la silencie al unir nuestros labios.
Su boca tenía un suave sabor a cereza. Solo la había besado para callarle la boca, pero disfruté del dulce contacto de sus labios. Fue delicado, pero no tanto como un beso romántico o apasionado, fue más como un beso torpe e inexperto de esos que se tocan los dientes. En ese momento no lo sabía, pero era el primer beso de Mary. Me separé por la necesidad de aire. Sus ojos húmedos me miraban con intensidad, su piel caliente y sudorosa contra mí, era como una ola de intenso placer y satisfacción. La acosté sobre la cama y me subí encima de ella con las rodillas a cada lado de su cadera.
—Intenta seguirme. —ordene colocando la mano detrás de su cuello.
Sin dejarla contestar, la empuje en un beso repentino y contundente, cargado de lujuria.
—Hmhph–mmmhh... h-ha-haaaah~♡
Pareció asustarse al principio, por un instante sus dientes me apretaron dispuesto a morder, pero se arrepintió y me dejó tomar el control. Mordí y estiré su labio inferior burlonamente antes de besarla de nuevo, rocé sus labios con la lengua y María me permitió entrar. Algo se derritió dentro de mi pecho, llenándome de una sensación caliente y flotante.
Estaba duro como una roca, presionando mi erección contra su estómago. Para cuando separé nuestros labios, toda apariencia de lucha o pánico se desvaneció de ella. Me miraba con los ojos muy abiertos y vidriosos, con el cabello deshecho y enmarañado por culpa del beso. Cerré los ojos por un momento, simplemente inhalando su olor divino mientras disfrutaba de la cercanía.
—Me encanta verte así debajo de mí, nunca he estado más excitada en toda mi vida. —admití en un susurró—. Me encanta ver cómo te arrastras como un perro sacudiendo tu bonito y pequeño trasero. —dije apretando una de sus nalgas—. Cuando estamos en clase, te miro, y todo en lo que puedo pensar es en cómo quiero agarrarte del cabello y sentir esos sucios labio alrededor de mi pene.
—Eres un jodido pervertido —dijo con los ojos perdidos. La bese y sus brazos me rodearon el cuello—. Te odio. —gimió necesitada, desesperada, era tan... hermosa.
—Yo te odio más. —dije levantándola por los muslos y sentándome sobre la cama con ella en mi regazo—. Mantén tus brazos en mí.
Recogí una de sus coletas rubias y tiré de su cabeza hacia un lado, dejando al descubierto la hermosa curva de su delicada garganta. Haciéndola chillar, ahuequé su trasero con los dedos extendidos, maximizando el delicioso contacto con su piel. Cada respiración, cada jadeo, cada contracción me erizaba la piel.
Presione los labios contra su garganta, saboreando su piel sudorosa con la lengua, tarareando de puro deleite. Su respiración descontrolada se convirtió en gemidos mientras seguía besando, lamiendo y chupando su cuello, manteniendo el fuerte agarre en su cabello todo el tiempo.
Apreté las caderas contra ella, mi polla húmeda se deslizó arriba y abajo contra su pelvis, rozando su clítoris. El fino material de su ropa interior hizo poco para disminuir el placer del frotamiento. Todo lo que hacía era para saciar mi deseo, que ella lo disfrutara era irrelevante, pero el conocimiento de que ella lo disfrutaba, satisfacía mi orgullo masculino.
Volví a pegar los labios en su garganta.
—Voy a hacerte mía —susurré sobre contra su piel.
Solté su coleta y subí su trasero incitando a que levantará un poco las rodillas. Ella me abrazó y colocó el mentón sobre mi hombro. Alineé la polla en la apertura de su vagina, separando sus labios mientras Mary contenía el aliento, la tomé de las caderas y la embestí en seco contra mí, deslizando mi pene dentro de su estrecho y maravilloso coño. Entrar en su interior fue mucho mejor de lo que imaginaba, era demasiado apretado y cálido, era la gloria misma, sin embargo... Un grito ahogado salió de su garganta, su espalda se arqueó y sus uñas se clavaron profundamente perforándome la espalda. El dolor me sobrepaso, todo el placer anterior se esfumó como si nada. Iba a insultarla y a vengarme de ella entrando y saliendo de su agujero sin piedad. Le apreté las caderas y me preparé.
—No te muevas. —ordenó muy agitada.
Mi espalda dolía y la sangre bajaba por mi cuerpo, no tenía derecho de exigirme nada.
—¿Qué?
Envolvió sus brazos tensos detrás de mi espalda, encima de los cortes que hizo con las uñas.
—Por favor, no te muevas, duele mucho. —Su cuerpo tiritaba demasiado y su pecho alterado oprimía el mío—. No tenías por qué ser tan brusco, idiota —dijo con la voz quebrada.
«Se supone que estaba bien lubricada, entonces ¿porque...»
—Espera, Mary ¿Tú eras...?
Las lágrimas bajaron por su rostro, cayendo sobre mi hombro y deslizándose por mi piel. Deje sus caderas y la abrace, dándole un beso en la mejilla para tranquilizarla.
—Te odio, te odio, te odio. —repitió una y otra vez.
Fue imposible no sentir un poco de culpa, jamás pensé en la posibilidad de que fuera virgen, besaba pésimo, pero eso no significaba nada.
Acaricié su espalda con delicadeza.
—Tranquila, el dolor va a desaparecer pronto, solo espera un poco —dije plantándole otro beso en la mejilla.
Estuvimos abrazados un rato hasta que su agarre cedió mostrando que el dolor cedió. Me mentalicé en que era la última vez que sería gentil con ella. Volví a tomarla de las caderas y levante su cuerpo aún tensó.
—¡Espe--! Ahh~ —un gemido involuntario salió de su boca al zambullirla repentina y contundentemente contra mi eje, golpeando mis bolas contra su culo.
Hice una pausa por un momento, sus paredes internas me apretaron con amor, y me sumergí de nuevo, esta vez asegurándome de rozar dentro de ella hasta hacerla gritar.
Gruñí con ella cuando las paredes y los labios de su coño se estrujaron, retorciéndose alrededor de mí mientras los jugos de su interior se escapaban como una cascada. Su saliva todavía en mi pene, actuaba como lubricante mientras lo metía dentro de ella lento, pero profundo, subiendo la velocidad en cada empujón que daba.
»Ahh~ ah~ mierda... —gimió de placer mientras su cuerpo temblaba en cada embestida.
Le di un buen golpe a su gordo trasero antes de empujar otra vez. Sujete sus caderas redondas, gimiendo al mismo tiempo cuando metí la polla más y más profundamente en su coño.
La cama crujía mientras me tiraba a la encantadora rubia sin ninguna pausa. Desde que la conocí no fui capaz de apartar los ojos de su impresionante cuerpo; sus tetas no eran muy grandes, pero me volvían loco, y su trasero... su trasero con forma de melocotón era perfecto. Solo tenia que sumar a su atractiva sensualidad; el hecho de que fuera una mujer de personalidad fuerte para hacerla aun más irresistible
Mary se mordió el labio, evitando chillar cada vez que penetraba y estiraba su vagina apretada. Sus uñas se clavaron en mi espalda y empezó a mover las caderas por voluntad propia, asegurándose de que mi pene llegará al lugar correcto e inclinó la cabeza se hacia atrás, liberando un gemido.
Exploré las tentaciones de su cuerpo, desde sus muslos a su pecho, ahuequé y apreté sus encantadores senos mientras ella saltaba sobre mi pene. Mary se apretó contra mí aún más rápido, perforándose implacablemente, sus caderas y mi pene se volvieron borrosos a la vista mientras entraba y salía de su matriz maltratada. Los espasmos no tardaron en llegar, su cuerpo tembló mientras las paredes vaginales se contrajeron, Mary me mordió el hombro, insonorizando un gemido profundo y se corrió, manchándome la ingle y las piernas con fluidos sexuales.
Cansada, agitada, y con el corazón palpitándole a mil contra mi pecho, se derrumbó sobre mí y le acaricié la espalda.
—Te hice venirte con fuerza ¿Eh? Nada mal para ser virgen, ¿no? —me burle, subiendo y bajando por su piel.
—N-No sé de qué hablas, n-ni siquiera sentí cuando entró. —Se rio con soberbia, dando bocanadas de aire.
—Tus gemidos de zorra, no decían lo mismo.
—Ja, no lograrías hacerme gritar ni aunque te esforzaras.
—¿Ah no?
No le di tiempo para descansar, la tiré sobre la cama, le levanté el trasero y la puse en cuatro “patas”.
Apunté el miembro contra su coño y ella gritó de placer al ser penetrada. Mis embestidas fueron feroces, metí cada centímetro de mi excitación en su vagina húmeda, gimiendo de alegría al recibir un cálido masaje por parte de sus paredes resbaladizas felices de volver a verme.
La cama crujió con los duros movimientos, me aferré a las anchas caderas de mi rubia mientras seguía metiendo la polla dentro de ella. Los gemidos absortos en placer y el sucio sonido de nuestra carne chocando entre sí, me sedujeron a disfrutar más de su excitante cuerpo, con tentación, abofeteé el trasero redondo de Mary y ella dejó escapar un quejido antes de voltear a verme por unos segundos.
—Hazlo de nuevo... —murmuró en voz baja lo suficientemente alto para que la escuchara.
«¿Es una pequeña masoquista que le gusta el sexo duro?» Pensé.
Ella deseaba que le diera lo suficientemente fuerte para que se sintiera adolorida el día siguiente.
La golpeé por detrás de nuevo, poniendo un poco más de fuerza a mis embestidas mientras sus senos se balanceaban por el impacto. Volví a nalguearla, su trasero rebotó y otro chirrido se le salió de la boca. Todo su cuerpo se sacudía desesperado mientras Mary tomaba cada parte de mí dentro de su coño inexperto.
El placer fluía en mis venas. Nuestra postura se volvió un poco más descuidada con el que paso el tiempo; Me incliné un poco hacia adelante, todavía estrellándome contra ella con fuertes empujones mientras levantaba el trasero más alto, acercando el rostro al colchón.
—Oh~♡ carajo... —susurró para si misma contra las sabanas.
Ella miró hacia atrás, sonriendo en su propio deleite mientras me sumergía repetida y profundamente en su necesitada vagina. Mis embestidas se volvieron más fuertes y la fricción más caliente. Las tetas de María se balanceaban como flanes mientras la cogía salvajemente.
Sin prestar atención, estuvimos moviéndonos un poco sobre la cama hasta que sus manos quedaron al borde del colchón. Podía ver la pila de nuestra ropa en el piso. Nuestros cuerpos se volvían más sudorosos a medida que las cosas progresaban. Recorrí los costados de su cadera, ahuecando su trasero grande y firme.
—Golpéame de nuevo —ronroneó, gimiendo sin parar por culpa de las embestidas.
Le di otro apretón a su culo antes de llevar la mano hacia atrás y estrellar la palma contra su trasero. Si no la hubiera conocido mejor, habría pensado que era una especie de zorra a juzgar por el tremendo gemido que lanzó al aire cuando la nalgueé.
Enrollé una de sus coletas con la mano y tiré de su cabello mientras la follaba lo más fuerte posible, convirtiéndola en un desastre gimiente. Inclinado sobre su espalda y estiré la mano entre sus muslos para frotar su clítoris hinchado, las piernas le temblaron, y una maldición salió por sus dulces labios antes de dejar escapar el sonido más dulce que escuché en toda mi vida, uno de puro placer y emoción, su interior se retorció, su vagina se apretó intensamente expulsando chorros calientes sobre mi mano mientras se corría, la repentina prensa convulsionada entre sus piernas me llevó al limite. Gimiendo abrumado, salí de la prisión de carne y de rodillas, me masturbé en dirección a su cuerpo hasta llegar al éxtasis solitario, mi eje palpitó y se contrajo mientras derramaba mi orgasmo, descargando varias hebras de semen pegajoso sobre su culo regordete y su espalda curvilínea.
Mary se derrumbó sobre la cama, la tonta sonrisa entre sus labios y sus ojos perdidos en el techó se reflejaron en el espejo, su cara terminó enrojecida, y el maquillaje en el que tanto trabajó para él, se arruinó.
Cerró los ojos unos segundos, al abrirlos, su ceño se frunció de nuevo. Se intentó levantar, pero sus piernas flaquearon y cayó contra la cama. Luego de unos segundos, con el pecho aún agitado, logró pararse. Mi semen brillaba perversamente sobre su tersa piel mientras cojeaba hacia la puerta.
—¿Dónde está el baño? —preguntó sin mirarme, con las piernas le temblándole como si fueran gelatina.
—La primera puerta a la derecha. —Jadeé. Ella abrió la puerta—. Mary, espera. —Detuvo el pasó y me miró de reojo—. ¿Ahora sí te hice sentir algo? —pregunté con la mano bajo la barbilla.
—Claro que no —dijo estampando la puerta con fuerza.
«Mininas... ¿Quién las entiende?»
Me acosté sobre la cama con los detrás de la cabeza y esperé a que volviera.
Después de unos 15 minutos, Mary entró a la habitación, semidesnuda con una toalla cubriendo sus senos y con el pelo suelto y mojado. Recogió la ropa que tiró al suelo y empezó a vestirse; primero fue el sostén con encajes por lo que no pude evitar reírme de eso.
—¿De qué te ríes, imbécil? —preguntó con demasiada agresividad.
—Nada, solo pensaba que ese conjunto te queda muy sexy —dije. Sus pómulos tomaron color—. Lo que me sorprende ya que eres casi tan plana como una tab--
Me silenció con un “toallazo” en la cara.
—¡Cierra la boca, maldito pervertido! —dijo mientras oprimía su mano en forma de puño—. ¡Y deberías comer más fruta, idiota!
Su comentario final me desconcertó, pero de todas formas carcajeé hasta que me dolió el estómago mientras ella terminaba de vestirse.
Era mediodía, así que la invite a comer, pero me rechazó, al menos hasta que su estomagó sonó, supuse que el hambre era uno de los efectos secundario del sexo. Fuimos a la cocina, cociné para ambos y una vez terminamos satisfechos, Mary se levantó de la mesa y se fue, tenía varias razones para no querer estar conmigo, sin embargo, me esperó en la entrada o eso pensé al principio, pero en realidad se estaba poniendo los zapatos.
Abrió la puerta del exterior y volteó a verme.
—Gracias por la comida. —agradeció con monotonía.
—¿Cuál de las dos? ¿La de la mesa o la de la cama? —bromeé.
Me miró con desagrado.
—Eres un imbécil ¿lo sabes, no?
Me reí del insulto, me acerqué a ella y le día muy firme y clara orden.
—No quiero volver a verte con él.
Mary revoloteó los ojos.
—¿O si no que? —preguntó enfrentándome.
—O si no voy a cogerte en frente de él. ¿Quedó claro? —dije a unos centímetros de su rostro.
—Te detesto —escupió con odio.
—Yo te detesto más —dije con una sonrisa.
Dio media vuelta y se fue hasta desaparecer de mi vista.
…
A partir de ese día, el sexo se volvió más cotidiano, aunque no llegó a ser tan habitual como las mamadas, por diferentes razones: como que era más tardado, menos silencioso, cauteloso y... discreto, además apenas teníamos tiempo dentro de la escuela para llevarlo a cabo, y el estudiar y completar las tareas en casa hacía imposible poder hacerlo después de clase, así que me conformaba con recibir una mamada en su lugar de vez en cuando.
Aunque eso no quiere decir que a veces no la obligara a salir de clases y coger en una habitación vacía o en algún otro lugar menos recorrido, solo que lo hacía con poca frecuencia, claro que Mary odiaba cada vez que lo hacía, pero era mi mascota y me importaba una mierda su opinión, tanto que hasta un día, cuando se completó dos semanas desde la primera vez que cogimos, me la tiré en el jardín del colegio mientras todos estaban adentro haciendo quien sabe qué cosa.
…
La campana sonó, la clase había terminado y la hora del descanso llegó. Deje el salón y fui al baño. Cuando regresé me encontré con que Mary andaba muy coqueta con dos chicos de la clase (ni siquiera conocía sus nombres), la tomé de la mano y la arrastre fuera de ahí ignorando sus insultos. La llevé hasta el jardín detrás del colegio, donde la mayor parte del tiempo no frecuentaba gente.
Me senté en uno de los tres bancos del lugar y tiré de ella hacia abajo inclinándola sobre mi regazo, dejando su trasero en el aire.
—¿Qué te dije acerca de coquetear con otros? —pregunté actuando el enojo.
—¡No estaba coquetea--! —Impacté la palma abierta contra su culo—. ¡OWW! —se quejó.
Le subí ligeramente la falda, exponiendo las bragas verdes ocultas debajo de las pantimedias que rara vez utilizaba. Mi erección no tardó en empujar contra mis pantalones.
—Vamos, ni siquiera te nalgueé fuerte —me burle.
—Todavía duele, idiota. —La abofeteé de nuevo—. ¡Púdrete!
—No me faltes el respeto.
—D-detent... Ah~ —Se le escapó un gemido cuando cayó otra bofetada en su mejilla izquierda.
—¡¿Estás disfrutando esto?!
—¡Claro que no! —dijo con enfadó.
—Tus gemidos dicen lo contrario. —Le di otra nalgada.
—Ahh~ deja de molestarme —suplicó la masoquista.
Cada grito arrancado de la garganta de Mary hizo que mi eje palpitará con anticipación.
—Solo estoy divirtiéndome un poco —dije acariciando las marcas rosadas que dejé en su trasero.
Ella resopló.
—Bien, solo termina tu diversión para que podamos volver a clases. —dijo antes de suspirar—. Ser azotada por un puerco, que manera de caer... —murmuró.
La levanté del cuerpo y la senté en mi regazo de espaldas contra mi pecho.
—Si así lo quieres, dejaré de burlarme e iré directo al punto.
Mary volteó para verme.
—¿Qué quieres decir con es--
Silencié su pregunta al inclinarla hacia mí para conectar nuestros labios. Su boca me excitó con facilidad, y para mí sorpresa, pese a que pudo ser un accidente de su parte, sus caderas se movieron por toda la longitud del bulto en mis pantalones. Mientras continuábamos el beso, le subí la falda, dejando su trasero cubierto a la vista de cualquiera que pasará.
» Alguien podría verme, idio-- ¡mmph~!
La interrumpí con otro beso en el que se hundió de inmediato, acerqué su cuerpo más a mí y coloqué la mano en el borde de la pantimedia insinuando que se la iba a quitar, su cuerpo se tensó por un momento, inmediatamente me aleje del borde y deslicé los dedos con suavidad al frente de la adorable prenda interior, froté sus dos labios por encima de la pantimedia, ella gimió ligeramente al mismo tiempo que sus bragas se empapaban con jugos de placer.
Que gritará bajo mi toque delicado llevó mi excitación a grados inimaginables. Seguí jugando con su cuerpo disfrutando del dulce sonido de su voz hasta que la lujuria me domino, me acerque a su oreja y susurré:
—Quiero escucharte gemir mi nombre.
—N-no~
Moví el segundo par de labios con suavidad y ligereza, haciendo que se le pusiera la piel de gallina, mis manos se empaparon en su humedad. El olor a sudor y a sexo se impregnaba en nuestra ropa.
—Te lo haré decir.
María no dejaba de gemir.
—Eres un Ah~ pervertido.
—Tienes toda la razón, pequeña minina.
Abandoné su feminidad por un segundo, y pellizqué el centro húmedo de la pantimedia con las manos, estiré la tela e incrusté los dedos en el medio.
—¡Ni siquiera lo pienses! —dijo entre jadeos. El sonido de la rajadura de la tela llegó a nuestros oídos—. ¡Hijo de puta! —dejó escapar con rabia.
—Me lo vas a agradecer. —dije haciendo a un lado sus bragas completamente mojadas y levantando sus caderas mientras me bajaba los pantalones.
—¿Agradecerte? ¡Más te vale comprarme un par nuev-oh~!
Un fuerte gemido se le escapó de los labios cuando usé la humedad de los juegos previos para empujarla contra mí y llenarla con mi pene erecto; estiré las paredes a mi alrededor mientras la bajaba sobre mí hasta estar completamente incrustado en ella. Mary se fue hacia atrás y apoyó la cabeza sobre el hueco de mi cuello mientras la penetraba.
Toqué su clítoris y lo froté en pequeños patrones circulares mientras embestía con fuerza. Le desabotoné impaciente el uniforme, lo abrí, le desabroche la camisa blanca debajo, mostrando su piel desnuda al frio aire del ambiente. Agarré el frente del sostén y lo baje por debajo del pecho para ahuecar una de sus tetas, ella gimió suavemente cuando hundí los dedos en su carne blanda.
—Nadie más puede hacer esto ¿entendido? —susurré.
Ella rebotaba en mi regazo mientras me impulsaba hacia arriba, me incliné una vez más hacia delante para unir los labios en la suave piel de su cuello, recibiendo gemidos como respuesta a mis besos. La sensación fue suficiente para volverme jodidamente loco. Acaricié más rápido su pequeño botón y aceleré el paso. Su interior me apretó con más fuerza.
—Yin... —Mi nombre escapó de entre sus labios en forma de susurro.
Me moví con rapidez dentro y fuera de su coño. Algo de la saliva de Mary cayó ligeramente en mi hombro, pero no me importó considerando que en primer lugar ella era un desastre gimiente gracias a mí.
Cuando las cosas se estaban encendiendo, un arbusto cerca de nosotros se movió, asustando a Mary (A mí me daba igual si alguien nos veía), distinguí al culpable al instante, pero no dije nada.
Ella se tensó por completo.
—¿Oíste eso? —preguntó asustada.
—Sí, ¿y? —dije deteniendo las caderas.
—A-Alguien podría estar cerca, d-detente —dijo temerosa.
—Sí, tal vez ¿Cuál es el problema de que nos vean?
—¡No quiero que me vean cogiendo contigo? —susurró con un fuerte rubor.
—¿Tanto asco te doy?
—N-no es eso idiota, solo no quiero que-- —Di una leve embestida en su interior, sacándole un gemido.
—Dices eso, pero te apretaste demasiado ante la idea de que alguien podría estar observando, no será que... ¿además de masoquista eres una pervertida de closet?
—No digas estupideces, no me compares contigo, imbécil Ahh~
Sus gemidos fueron un coro sensual para mis ansiosos oídos. Aceleré los embistes; acariciando su clítoris hinchado con más velocidad. Sus cálidas paredes internas se abrazaron fuertemente alrededor de mi carne, y la cálida sensación de su vagina asustada casi me hace llegar al clímax al instante. María clavó los dedos en mis manos con desesperación.
Sonreí con malicia.
—Sabes, creo que estoy escuchando varios pasos acercándose. —Mentí y ella tragó saliva— Me pregunto... ¿Qué pensaran al verte? —susurré en su oído, generando que sus paredes me apretaran aún más fuerza.
Mary se tapó la boca intentando silenciar los gemidos guturales.
Seguí embistiendo sus profundidades con fiereza, golpeando en los puntos más dulces; su cuerpo tembló, la espalda se le arqueó hacia adelante y la cabeza hacia atrás gritando mi nombre. Su interior convulsionó, ralenticé los movimiento y di una ultima embestida que hizo que mi saco se empapara de jugos al chocar contra su vulva, Mary se corrió, y se corrió duro, cubriendo mis dedos sobre su clítoris con su néctar de amor. Saqué la mano húmeda de la acalorada feminidad y tuve el gran placer en probar la crema dulce y tibia (el cual se me hizo familiar) mientras la rubia suplicaba por aire desde mi hombro.
—Sabes muy dulce para ser un limón tan acido, Mary. —bromeé, pero ella no contestó, parecía tener dificultad para bajar del éxtasis, tanto que creo que en ese momento no le importaba si alguien nos encontraba—. Estoy cerca. —informé mientras sus paredes internas se retorcían sobre mi eje—. Solo un poco más. —dije clavando los dedos sobre las caderas de la minina.
—¡Espera! ¡No te vayas a mov--! ¡Ay~ dios~! —Su interior volvió a apretarse al revotar de nuevo contra mi polla palpitante.
Solo necesitaba de un par de embestidas profundas para alcanzar la gloria, seguí metiéndola una y otra vez hasta que en la última me aseguré de meterla lo más hondo posible hasta tocar un punto esponjoso. Apreté los dientes y me mordí el labio intentando contener la carga mientras sus paredes prácticamente me ordeñaban pidiendo a gritos para que la llenara. Resistí la tentación, saque el eje cubierto de jugos mixto de su interior y me levanté del asiento abrazando a Mary para asegurarme que pudiera permanecer de pie a pesar de sus piernas gelatinosas.
Giré su cuerpo de frente y aproveché su confusión para bajar sus pantimedias, con las manos a los costados de su cadera, me incliné hacia ella y la adentré a otro beso, los labios de Mary se curvaron en una sonrisa tonta. Apreté su trasero y agarré mi furiosa erección con una mano. Presioné la punta entre sus muslos firmemente cerrados y empujé hacia delante, deslizándome entre sus piernas gruesas y jabonosas.
Gemí cuando la cabeza atravesó al otro lado. Me froté entre sus piernas una y otra vez, la humedad, el calor y los roces me aproximaron al borde del abismo. Apreté los dedos en la carne flexible de su trasero y arrastre a Mary más cerca mientras se aferraba a mí, evitando caerse.
Disfruté la sensación del cálido cuerpo contra el mío, especialmente el calor presionando contra mi pene rígido.
Los gemidos que escapaban de la boca de Mary mientras me follaba sus muslos me excitaron, el placer se hundió en mis hombros. Palpité impaciente dentro del apretado agarré de sus piernas y con un leve gruñido entrecortada disparé mi carga. Gruesas hebras de semen brotaron del glande, las primeras cuerdas salpicaron en el suelo, pero me retiré, disparando el resto contra la carne de sus cremosos muslos y contra la suave tela del interior de sus bragas, pintando la ropa intima en forma de líneas descuidadas mientras acariciaba su firme y caliente trasero.
Comenzamos a jadear recuperando el aliento. Las piernas de Mary flaquearon y se derrumbó en mis brazos con la barbilla aún sobre de mi hombro. Las gotas de sudor caían por su cuerpo y su cabello estaba despeinado por la forma irregular en que me la cogí. Aún con el rostro cansado, su ceño fruncido predominaba ante todo. María levantó la mano en el aire e instintivamente me preparé pensando que me golpearía, pero me tomó de la corbata y me acercó a sus labios.
—Por tu culpa estaré pegajosa todo el puto día —dijo soltando su agarré.
—Es tu castigo por coquetear con otros, solo marqué mi territorio. —dije en un tono burlón, acomodándome la corbata.
Ella miró con mucho disgusto su ropa interior cubierta de mi fluido.
—Eres un puto pervertido de mierda.
—Lo sé.
Sus ojos se abrieron de golpe.
—¡Los pasos! —exclamó asustada, acomodándose el sostén y abrochando la camisa.
—¿Oh eso? Solo fue una ardilla —dije riéndome.
Su ceño se pronunció aún más mientras se cerraba el uniforme..
—¡¿Lo supiste todo el tiempo?!
Sonreí haciéndome el tonto.
—Quien sabe —dije encogiendo los hombros.
Ella giró la cabeza hacia un lado y cruzó los brazos.
—Argh, te odio.
No pude evitar reírme por su enfado.
—Yo te odio más, pequeña masoquista.
De nuevo me gané su mirada.
—Si vuelves a llamarme así, voy a patearte.
—Sí lo que digas, señorita me excita la exhibición.
Mary gruño frente a mí, tomó el borde de sus bragas y volvió a mirarlas con inseguridad.
—Eres un gran hijo de puta —dijo subiéndolas hasta cubrir su feminidad; su cuerpo tembló ligeramente, y un quejido de desagrado escapó de sus labios—. En serio, te odio —escupió con cierta dificultad al caminar.
Mary pasó a mi lado y me golpeó el hombro con el codo mientras se peinaba, haciéndose las coletas para estar presentable al regresar a clases. Me reí de su actitud y abofeteé su trasero, sacándole un suave grito antes de caminar a su lado de vuelta al salón.
Las semanas siguieron pasando mientras teníamos sexo cada vez que se daba la oportunidad; en mi casa, en la suya, en el colegio, durante las clases, en el jardín, en los baños, en los salones vacíos, en la habitación del conserje, en el centro comercial. Prácticamente cualquier lugar en donde existiera la pequeña posibilidad de que pudieran encontrarnos, eso la hacía mojarse más que ninguna otra cosa.
…
Luego de un mes desde la primera vez que follamos en el jardín, por primera vez, nos escapamos de clases por para tener sexo detrás de la academia, en el patio del colegió.
Con las manos contra la pared, Mary encorvó la espalda hacia atrás para resaltar su hermoso y desnudo trasero. Tenía sus bragas mojadas y arrugadas dentro de mano y sostenía sus cadera con la otra
Con las manos contra la pared, Mary se encorvaba hacia atrás con su hermoso y desnudo trasero resaltando a la vista. Apreté sus bragas mojadas y arrugadas contra la suave carne de sus caderas y hundí los dedos en su piel mientras empujaba en forma de pistón dentro de su culo por primera vez, recorriendo cada parte blanda y esponjosa de su interior.
—¡Te odio! —exclamó entre gemidos llenos de odio.
—¡Yo te odio mucho más! —gruñí, empujando la polla por detrás con firmeza en el apretado y estrecho agujero de Mary. Lo único importante era mi propia satisfacción.
Golpeé todo el camino hacia adelante, meciendo mi eje de un lado a otro dentro de su trasero con la alegría de tener sus cálidas paredes anales apretando mi pene. El ritmo era un poco diferente al vaginal; el culo de Mary era mucho más apretado y tuve que contenerme, el placer aumentaba, pero el calor podía ser aún más intensó, me llené las manos con sus nalgas y las apreté con fuerzas mientras disfrutaba de la calidez de sus entrañas.
Todo el día estuve esperando este momento, no me podía quitar a María de la cabeza, quería disfrutar con ella de una buena y dura cogida, y estaba feliz por poder darle precisamente eso.
—¡Mierda! —maldijo mirando el suelo.
Siguió insultando al aire mientras me sumergía repetidamente dentro de su culo necesitado mientras mis bolas iban hacia adelante en cada embestida, abofeteando su coño empapado. Las cosas se pusieron más agitadas una vez mis embistes se volvieron más feroces y la fricción entre nuestros cuerpos más caliente.
—¡Golpea mi trasero! —ronroneó sin ninguna pizca de vergüenza.
Mary gemía sin parar mientras mi polla entraba y salía por su trasero. Le di un apretón fuerte a su trasero y la nalgueé haciéndola chillar de placer. Empuje dentro y fuera de sus entrañas con facilidad, la pura estrechez del pasaje anal era un buen complemento a la calidez que rodeaba y apretaba mi vara al cogerla.
Empuje a Mary hacia adelante y enderezando su espalda la acerque contra la pared. Su cuerpo sudoroso y su piel febril alimentaban la lujuria. Le levanté la pierna a la altura de la cadera y apretando uno de sus senos profundicé las embestidas.
La tenía como siempre soñé, con sus manos aferrándose a los ladrillos de la pared mientras gritaba por más, sin embargo, no era suficiente.
Quería... No, necesitaba más, más de ella y de su cuerpo que tanto me encendía. Existían diferentes formas de hacer que sus pasajes se hicieran más estrechos, la más efectiva haría que su cuerpo suplicará mi nombre, solo necesitaba activar el interruptor; el fetiche más depravado de la masoquista, Mary Saotome.
—Sabes —susurré contra su piel—, hasta ahora he logrado vengarme de todo lo que me hiciste, sin embargo —mordí detrás de su cuello—, hay algo que todavía no hice. —Ella seguía gimiendo, tal vez ni siquiera estaba escuchándome, pero no me importó—. ¿Te acuerdas con que me amenazabas cada vez que me negaba a obedecerte? —pregunte, esperando una respuesta que nunca llegó. Me mordí el labio, tentando por su contestación—. ¿Qué tal si te hago la puta del salón?
Sus entrañas se apretaron a mi alrededor más de lo que pensé, Mary jadeó con desesperación.
—¡¿Q-qué?! ¡N-Ni siquiera se t-te ocurra! —dijo con cierto rastro de rencor en su voz.
Las mejillas me dolían de la emoción.
—¿Por qué no? Solo hago lo mismo que hiciste tú.
—Porque no quie-- —un gemido le corto las palabras.
—Tu cuerpo estrecho dice todo lo contrario —La provoqué—. A una zorra masoquista como tú —pronuncié, apretando su seno, arrebatándole otro gemido—, la calienta el solo pensarlo. —Su interior volvió a contraerse, me incliné hacia ella y con la mano en la que tenia sus bragas, acaricié provocativamente su vientre—. Apuesto a que te excita imaginarte estando en frente de toda la clase mientras un grupo de hombres utiliza cada uno de tus sucios y apretados agujeros para satisfacer sus más depravadas necesidades. —Deje su pecho para acariciar su figura en general—, usándote como si no fueras más que una simple muñeca desechable que solo sirve para ser rellenada con semen.
Sus entrañas se aferraron fuertemente a mi pene, pidiendo a gritos que acabará en ella, sin embargo, antes que nada, quería dejarle algo muy en claro.
» Estoy bromeando, no te hagas ilusiones, pequeña perra —dije riendo—. De verdad, eres una pervertida de closet. —dejé las caricias y apreté con delicadeza su garganta—. Tal vez te decepciones, pero mientras seas mí minina no dejaré que ningún otro hombre te toque y al que se atreva a tocarte aunque sea solo pelo... Lo mato. —Uní los labios detrás de su cuello—. Eres mía Mary, solamente mía.
Al terminar mi declaración, su culo se apretó a mi alrededor como si quisiera ordeñar mi pene. El cuerpo de Mary se tensó, las piernas le temblaron y un conjunto de gemidos melódicos se le escaparon por la boca.
La sensación en mi ingle llegó al punto de inflexión. Con lo último de mi energía, me lancé a una ráfaga de empujes poderosos, perforando perforas profundamente su culo apretado. Los fuertes sonidos de bofetadas húmedas de nuestros cuerpos chocando, los gemidos cachondos de Mary y el increíble éxtasis de su sexo son las únicas cosas en las que pude concentrarme.
Como si mis bolas estuvieran a punto de explotar, me tambaleé al borde del clímax y a juzgar por sus gemidos y su expresión bizca, ella también lo estaba. Me aferré a Mary lo más fuerte que pude y con los labios pegados en su espalda, conduje mi pene a una última inmersión final en lo más profundo de su entrada trasera, antes de que mi cuerpo convulsionará, disparando estallido tras estallido de semen viscoso dentro de su culo, inundando y pintando sus entrañas de blanco.
Mary gritó de felicidad y su cuerpo se estremeció ambos teníamos un orgasmo al unísono. Luego de un tiempo, la tensión en sus músculos se evaporó. La adrenalina que corría por mis venas hizo que mi corazón latiera con fuerza en mi pecho.
Me separé de su espalda no sin antes dejar una marca muy bonita marca que estaría oculta por su uniforme, me hice a un lado y miré su bonito trasero abierto mientras mi semen se escapaba de él. Sus piernas flaquearon y la ayude a deslizarse por la pared hasta llegar al suelo. Su caja torácica se agitaba con respiraciones pesadas mientras su cuerpo aspiraba aire para reponer todo el oxígeno gastado.
—Te odio, puto pervertido.
—Yo-Yo te odio más, perra masoquista.
Ella apoyo las manos en el suelo y se inclino hacia delante, sin darse cuenta que levantó el trasero como si me invitará a una segunda ronda. Mis fluidos caían pegajosos por sus muslos hasta salpicar el suelo, era una vista digna de enmarcar. Por instinto, abofeteé su trasero otra vez, enrojeciendo aún más la marca que le hice antes.
—¡Hijo de puta! —chilló sorprendida—. ¡Eso dolió~! —dijo sonando como si lo hubiese disfrutado.
—Eso te pasa por tentarme.
—¿De qué carajos hablas yo no estoy --Ah~ Mierda~
Demasiado tarde, de nuevo con vida, mi pene volvió a su interior.
No tenía caso, me hice adicto a ella, quería dominarla por completo, no iba a dejar ningún lugar en su cuerpo sin marcar para que todos supieran a quien le pertenecía.
…
Luego de dos rondas más, con nuestra ropa interior puesta, me quedé sentado en el suelo con Mary descansando en mis brazos. Ella se durmió. Al inicio de las clases me contó que no había dormido mucho ese día, así que al relajarse tanto no pudo evitar desmayarse entre mis brazos.
Su rostro era pacifico aunque aun mantenía las cejas fruncidas, sus largas pestañas acompañaban sus parpados cerrados que ocultaban los ojos más bonitos que había visto. Acaricié su cabello y un ronquido adorable escapó de los labios a los que me volví adicto. En ese momento, mientras la veía dormir tan serena, me di cuenta que no existía ninguna otra mujer más hermosa que ella, incluyendo a esa chica que me quitó mi primera vez.
Mi mayor terror se hizo realidad. Me mordí el labio y me maldije a mí mismo por ser tan idiota de caer en la peor de las drogas, en la peor desgracia y en la enfermedad más dolorosa del mundo...
El amor.
La rubia tonta que se suponía que era mi mascota y nada más. La que se suponía que usaría a mi antojo cuando quisiera sin importar lo que pensara. La que se suponía que odiaba y que jamás lograría sentir algo por ella. La misma puta perra que me hizo su sirviente sin preocuparle una mierda. Era la misma estúpida egocentrista que no dejaba mi mente.
Para mis más profundos lamentos, me habia enamorado Mary Saotome.
La dejé dormir sobre mí un rato largo hasta que mis brazos se cansaron, corríamos peligro de ser atrapados en ropa interior y sería una situación muy difícil de explicar. La desperté y ella se levantó, me cambie rápido y la ayudé a vestirse. Al terminar nos alistamos a la perfección para que nadie pudiera sospechar que estuvimos ausente por estar teniendo sexo salvaje en el patio del instituto. Acordando pensar en una buena excusa del por qué no estuvimos en clases, nos dirigimos de vuelta al salón.
…
Las semanas pasaban y mientras más pasaban, más me enamoraba de ella. Oculté mis sentimientos lo más posible, de cualquier forma, no tendría ninguna oportunidad de ser correspondido, no después de todo lo que le hice.
Un mes después de lo que ocurrió detrás del instituto, a la tarde, recostado sobre la cama de mi cuarto, un mensaje de María me llegó al teléfono, pedía que nos encontráramos en su casa porque necesitaba mi ayuda para “algo”, le dije que estaría allí y entonces luego de un largo viaje, llegué a la puerta de la casa esperando a que me abra.
Era domingo, el clima caluroso era sofocante, sacudí la camiseta musculosa que tenía puesta para refrescarme mientras el tintineo de las llaves se adentraba detrás de la cerradura.
Mi mascota abrió la puerta. Vestía ropa hogareña; shorts negros y una camiseta de tirantes blanca que transparentaba sus pezones.
—Entra —dijo monótona.
—¿Ni siquiera un hola?
Ella rodó los ojos.
—Hola. Ahora entra de una vez, idiota. —Dijo haciéndose a un lado.
—Sí, sí. —Hice lo que me pidió y cerró la puerta detrás de mí—. ¿Qué necesita mi pequeña perra de mí? —dije en un tono burlón.
Al girarme hacia ella, me rodeó el cuello con los brazos y presionó sus labios contra los míos. Fue realmente inesperado. María jugó dentro de mi boca con desesperación, como si estuviera sedienta por mis besos, su lengua acarició la mía y sus dedos se clavaron en mi cabello. El delicado olor de su perfume inundó mis sentidos. Luego de un rato, la minina se separó de mí dejando un rastro de saliva conectando nuestras bocas que duro unos pocos segundos antes de que se rompiera.
—Por una vez, solo por una vez, no seas un imbécil y solo haz lo que tengas que hacer sin decir alguna estupidez. —susurró casi suplicante sobre mi cuello—. Estoy demasiado cachonda. —su aliento contra una de mis zonas erógenas me erizó la piel.
—Solo pasaron dos días desde la última vez que lo hicimos. —le recordé sonriendo—. ¿No crees que estas dramatizando un poco?
—Hijo de perra, tienes el valor de decir eso luego de lo que me hiciste ayer.
Levanté la ceja.
—¿Ayer? —fingí sorprenderme—. Oh, hablas de eso. —me reí—. Vamos, solo fue un jueguecito.
—¡¿Jueguecito?! —dijo con las manos en las caderas e inclinándose hacia mí— Te recuerdo que me hiciste usar un vibrador a control remoto en medio del puto centro comercial.
—Sí y fue muy divertido ver cómo te retorcías cada vez que subía la intensidad.
Mary me golpeó el brazo.
—Eres un idiota pervertido. —Me rodeó el cuello de nuevo.
—Je ¿Lo soy? —pregunté inclinándome hacia ella.
—Sí, lo eres. —Su respiración me golpeó el rostro.
Sonreí de lado.
—Y aun así estas dispuesta a besarme.
—Tal vez sea porque yo también soy una gran idiota. —Sus labios hicieron contacto con los míos.
Durante el ansioso beso, fue guiándome por la sala, abrió puerta tras puesta hasta que llegamos a su habitación. Nos separamos unos segundos y ella levantó los brazos, le quite el top y volvimos a juntar los labios. Ella me empujó a la cama y se sentó a horcajadas de mí regazo, me sacó la musculosa de la misma forma que hice con ella e inició un ciclo de besos continuos a lo largo de mi clavícula.
Su nombre escapó de mí a través de un suspiro y una sonrisa orgullosa se formó entre sus labios. Los besos subieron por mi piel hasta mi cuello, sacó la lengua y se dedicó a lamer alrededor de la nuez de Adán.
No pude evitar sonreír.
—Jamás habías tomado la iniciativa antes.
—Siempre hay una primera vez para todo. —dijo uniendo nuestros labios una vez más mientras me bajaba los pantalones.
Al cabo de un rato, me encontré desnudo acostado encima de ella, entrando y saliendo de su húmedo interior mientras sostenía sus brazos por encima de la cabeza. Su rostro sonrojado le daba un aspecto muy adorable y sus ojos perdidos en placer me incitaban a seguir moviendo las caderas.
Los gemidos persistentes de su boca fueron silenciados por mis labios estrellándose contra los suyos. Nuestras lenguas entraron en un baile fogoso que no estaba dispuesto a perder.
Al separarnos, miré los rasgos tan delicados de su rostro. Era tan hermosa, no entendía como fue que jamás me di cuenta antes. Mary jadeó con suavidad mientras su pecho subía y bajaba agitado, el sudor en su piel la hacía brillar ante el sol que atravesaba la ventana.
El nuevo collar alrededor de su cuello con forma de corazón me trajo un pensamiento amargo; la imagen del estúpido chico que le gustaba se plasmó en mi cabeza y los celos me consumieron.
Pegué los labios sobre su clavícula y un suspiro escapó de su boca, succioné su piel salada con suavidad y deje una marca oscura sobre su carne.
Realmente deseaba que ella me viera con los mismos ojos que lo veían a él, que ella me quisiera como lo quería a él, pero era imposible, jamás me vería de ese modo, estaba bien, todo muy bien, me conformaría con lo que tenía.
Subí por sus brazos encima de la cabeza para tomar sus manos y entrelacé nuestros dedos, buscaba obtener un cariño que no me correspondía, pero que necesitaba. Aumenté la velocidad de las arremetidas, elevando el volumen de su voz, si no tendría su corazón al menos tendría su cuerpo.
Al cabo de un rato, puse a Mary sobre su espalda, colocándome entre sus piernas y cerniéndome sobre ella con las manos presionadas sobre el colchón a cada lado de su cabeza. Se quedó allí, un poco sin aliento por el movimiento repentino, pero al instante se rio y me llamó “estúpido pervertido” antes de que la silenciara con mi boca mientras empujaba hacia delante.
María chilló al llenarla con mi longitud, sin embargo, no empecé a cogerla inmediatamente. Esta vez esperé un momento, la besé profundamente y me separé de ella.
—Te odio —dije sin aliento.
—Yo te odio más. —Sonrió y unió nuestros labios de nuevo.
Profundice el beso y empuje hacia delante, no de la misma forma que generalmente la embestía.
—Te odio —repetí al separarme por un momento.
Me metí en la estrechez familiar, abriendo sus labios vaginales con mi pene, pero no con la misma desesperación e imprudencia que cuando la cogía en un rapidito.
No, esto fue lento, deliberado como lo fue mi beso. Sostuve la parte posterior de su cabeza, enredando los dedos en su cabello mientras nuestros labios bailaban en un vals sensual pero apasionado. Ella envolvió sus piernas alrededor de mi espalda y cruzó los tobillos para atraparme en un agarre (no era como sí planeara separarme).
Me presioné más profundamente en ella, empujando mi virilidad más adentro mientras para hacerla gemir más fuerte, Mary aprovechó eso y se inclinó, gimiendo directamente en mi oído, estimulándome más. Por lo general, esto me volvería loco y me haría golpear su coño hasta que ella eyaculará o le estuviera bombeando una gran cantidad de semen, o tal vez ambas cosas, pero me contuve.
—Mary. —gruñí su nombre, haciendo que se mordiera el labio de una manera sexy.
Nos miramos fijamente a los ojos, sin desviar la mirada y sin alejarnos mientras deslizaba la mano hacia su pecho para masajear y amasar uno de sus senos e incluso pellizcar su pezón. Esto fue seguido por mí inclinándome hacia la segunda teta para succionar su otra mama, obteniendo más gemidos de Mary mientras apretaba las piernas y envolvía los brazos alrededor de mi cabeza.
Me abrazó mientras aceleraba un poco las embestidas, pero no lo suficiente como para romper el ritmo, no lo suficiente como para que se considerara coger.
—No te detengas —gimió suavemente mientras me abrazaba la cabeza y pasaba los dedos por el cabello.
—No lo haré —respondí, inclinándome para capturar sus labios en un beso rápido, pero apasionado mientras bombeaba constantemente en su vagina.
Cuando me separé del calor de su piel, me incliné hacia su hombro para ahuecar su cuello con mis labios, empujando su interior más profundo al mismo tiempo en el que sus piernas se abrían, dándome un acceso mejor y más fácil a sus profundidades, permitiéndome entrar lo suficientemente hondo como para que, incluso con el ritmo moderado, la euforia la hiciera temblar.
Mary se apretó con fuerza a mi alrededor, apretó los dientes y se mordió el labio cuando de repente se corrió mientras seguía empujando su interior extasiado. Apoyé la cabeza en el hueco de su cuello y ella tarareó por mis labios contra su piel, animándome a dejar un chupetón, invitación que por supuesto acepté. Besé y chupé el cuello de mi perra rubia, ahuecando y apretando uno de sus blandos senos mientras aún experimentaba el resplandor de su reciente orgasmo.
Ella empapó mi polla en sus jugos, era el momento perfecto para levantar repentinamente sus piernas sobre mis hombros y empujarla hacia abajo en una prensa de apareamiento hasta que estuviera babeando. Pero no lo hice, mantuve un ritmo templado, incluso cambiando la posición en la que estábamos.
Mary tuvo que agarrar mis hombros al levantarla, giré para sentarme en la cama con ella en mi regazo. Me aparté de su hombro, dejando un descarado mordisco de amor en lugar de mis labios, y la miré a los ojos cuando ella me montó inmediatamente.
Ella podía simplemente mover las caderas salvajemente, estaba en la posición para hacerlo, pero en lugar de eso, simplemente envolvió sus brazos y piernas alrededor de mí de nuevo y me abrazó acompañando el movimiento de mis caderas mientras la ayudaba a rebotar en mis embestidas.
Mary gimió en mi oído y su cuerpo tembló al deslizar mis dedos por el pliegue de la parte baja de su espalda. Su pecho empujó contra el mío e inclino su frente a la mía, besando mis labios.
Luego, desenvolvió sus piernas de mi alrededor y dobló las rodillas para poder levantarse mientras sus manos empujaban contra mi pecho para que me acostara. Una vez más, podía haber aprovechado esta oportunidad para volverse salvaje, pero en lugar de eso, me montó constantemente al estilo vaquera mientras la embestía hacia arriba.
Acaricié su cuerpo, tocándola por todas partes maravillándome de su figura y admirando su belleza. Me perdí en sus ojos, acaricié su mejilla y su mano cubrió la mía mientras cabalgaba contra mis embestidas. Ella tomó mis dos manos y entrelazó nuestros dedos, haciendo que mis mejillas me quemaran.
Me mantuve sereno mientras Mary me montaba. Tras un rato pasional, arqueó la espalda de nuevo, al parecer golpeé un punto dulce y se mordió el labio antes de inclinar la cabeza para mirarme. Tiré a María sobre mi hombro, esta vez soltando sus manos para deslizarme por su cintura hasta su trasero.
Le di un apretón haciéndola reír, antes de bombear mi eje dentro de ella con un poco más de velocidad, pero aun así no lo suficiente como para incitar a follar. No la estaba cogiendo, por primera vez le estaba haciendo el amor.
Le hacia el amor, incluso cuando susurré su nombre completo y le dije.
—Te odio.
Ella me abrazó con fuerza, apretando su vagina mientras mi eje palpitaba dentro de ella, indicándome que los dos estábamos cerca.
—Yo también —gimió empujando sus labios contra los míos una vez más mientras ambos nos encontramos en un clímax mutuo.
Sus ojos se cerraron con fuerza mientras se entregaba al beso, me incliné hacia delante y la llené con mi carga caliente mientras ella, una vez más, me cubría el miembro con sus jugos.
Ambos nos acostamos allí. No fue por fatiga, tenía la energía para hacer otra ronda, y luego otra más. Pero en lugar de tener una sesión maratónica de sexo, me acosté junto a ella, abrazándola mientras recuperábamos el aliento por la ráfaga de orgasmos. Incluso después de eso, solo abrace a Mary.
Ella escuchaba los latidos de mi corazón con los ojos cerrados, parecía muy relajada.
—Estas demasiado cómoda, ¿no te estarás enamorando de mí? —bromeé.
—Y tenías que decir una estupidez... —resopló—. No seas idiota, solo estoy... un poco cansada. Además es imposible que me enamore de alguien como tú, sucio pervertido.
—Sí, lo sé. —murmuré con amargura.
Nos mantuvimos en silencio, se acomodó sobre mi pecho y la deje descansar mientras frotaba su espalda y acariciaba su cabello para calmarla.
—Tus latidos son tan... relajantes... —susurró muy bajo.
Los suaves ronquidos no tardaron en llegar. Era mí turno de descansar, la rodeé con los brazos y la acosté a mi lado para abrazarla mientras olía el champú afrutado de su cabello. Solo me bastó unos minutos para dormir plácidamente.
…
Cuando desperté unas horas después, Mary seguía dormida, me levanté de la cama y fui al baño a orinar. Al volver a la habitación, solté un quejido molesto al aire; el lugar era un completó desastre. Entré tan caliente al cuarto con ella que no presté atención a mi alrededor, el suelo estaba desparramado de cosas: ropa, libretas, libros, hojas escritas, zapatos impares, y claro lo más llamativo; nuestra ropa interior en cada esquina de la habitación. Me coloqué el bóxer y me dispuse a ordenar el cuarto, realmente no era la primera vez que lo hacía y seguro que tampoco sería la última.
…
Una vez logré levantar, doblar y guardar toda la ropa en el armario, seguí con los zapatos, luego con los libros, las hojas escritas, y por último las libretas que las dejé encima del escritorio exceptuando dos; una era el famoso “diario de Mary” que me ayudó a estar donde estaba y la otra era una libreta completamente amarilla que no tenía nada escrito en la portada a diferencia de todas las demás.
Me aseguré de que María siguiera dormida y abrí su diario, sorprendentemente no había casi nada nuevo escrito desde la última vez que lo miré, la última nota hablaba de cómo me ganaría la apuesta haciendo trampa y luego de eso las paginas quedaron en blanco.
Sin darle muchas vueltas al asunto, dejé el diario debajo de toda la pila sobre el escritorio y abrí la libreta que era completamente amarilla.
La primera hoja tenía un diseño muy... “femenino” rodeando un “17" escrito en grande que ocupaba todo el papel. La segunda página mostraba un texto escrito que iniciaba con un subtítulo:
“9 de marzo: ¡Feliz cumpleaños a mí!”
En la descripción, Mary relataba como había sido su cumpleaños. En resumen, fue solitario, sus padres no estuvieron con ella y apenas pudo pasar un rato con las pocas personas a las que podía llamar amigos. Debajo de todo eso, dejo un reglón y volvió a escribir una nueva fecha:
“10 de marzo:”
Otra descripción de Mary contando su vida.
Pasé a la siguiente página y más relatos de su vida con fechas incluidas. «¿Es otro diario?» Volví a tomar el primer diario y lo leí desde el principio, comparándolos, ambos eran parecidos, pero con la diferencia de que el primero era mucho menos expresivo, detallado, y que las fechas comenzaban desde el 1 de enero.
Pasé las páginas de los dos diarios hasta la fecha donde hicimos la apuesta. Tal como lo imaginé, a diferencia del primer diario el segundo no terminaba ahí, sino que seguía en la siguiente hoja con la fecha y un subtítulo:
“¡Al fin soy suya!”
Quedé boquiabierto al leer el relato; Mary escribió acerca de como yo era un idiota cabeza hueca por tardar tanto en encontrar su diario falso, pero que a pesar del tiempo, todo salió como quería, al fin se convirtió en mi mascota. Me refregué los ojos para confirmar que no estuviera alucinando, volví a dejar el “diario falso” devuelta en el mueble y me puse a leer el “diario verdadero” desde el punto en el que ella apostó ganarme en mi juego favorito.
Fue difícil poder creer en todo lo que leía; desde la parte en la que le pagó a un miembro del club de videojuegos para modificar su control, trucándolo especialmente para humillarme, hasta la parte en la que decía estar segura de que pronto encontraría su diario falso en su bolso y una vez supiera que hacia trampa buscaría vengarme de ella.
No podía creerlo prácticamente siempre estuve bailando en la palma de su mano, siempre tuvo el control de toda la situación, yo era malditamente predecible para ella.
Cambié de página a nuestra primera experiencia sexual como mi mascota, Mary escribió lo mucho que se masturbo en el baño de mujeres luego de darme la mamada.
Volví hacia atrás, esperando algún tipo de explicación a todo esto, hasta que, entre las hojas, encontré su secreto más profundo. Mary llevaba enamorada de mí desde hace años. «Es imposible». Ella y yo nos conocíamos desde hace relativamente poco, intenté buscar alguna pista o algo que pudiera decirme desde cuándo y el porque se enamoró de mí. Entonces, en una página, la verdad se reveló y fue como si un piano me cayera en la cabeza.
Conocía a Mary, desde la primaria, al verla por primera vez llegué a cuestionarme que su cara se me hacía conocida, sin embargo, no conocía a ninguna Saotome por lo que creí equivocarme, pero todo se debió a que en primaria Mary usaba el apellido de la madre, además tampoco la reconocí, su personalidad era completamente distinta, era muy reservada y apenas hablaba para evitar destacar, todo lo contrario, a la Saotome soberbia que conocía.
En primaria habíamos sido buenos amigos, no de los que van a la casa del otro o salen juntos los fines de semana, sus padres eran demasiados estrictos y ella tampoco tenía teléfono para contactarnos fuera de clases así que hablábamos solo en la escuela, su compañía era reconfortante, fue mi única amiga y la apreciaba, con el pasar del tiempo esos sentimientos aumentaron hasta enamorarme de ella. Pero para lamentablemente, en el día en el que iba a confesarme, ella dejo de venir a clases, se cambió de escuela sin avisar y sin despedirse, perdimos absoluta comunicación.
Seguí leyendo el diario. No sabía exactamente en qué momento se enamoró de mí, pero que la traía loquita, la traía loquita. Al no encontrar nada más que tuviera que ver conmigo, cerré el diario y lo puse sobre el escritorio.
Tuve un momento reflexivo acerca del porque no me dijo todo desde un principio, tal vez era por su masoquismo o simplemente su orgullo, después de todo lo que leí en el diario, no me sorprendería que supiera que a la larga me enamoraría de ella y esperaba a que me confesará primero... o tal vez solo le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, no lo sabía.
Sin llegar a una conclusión clara, fui de vuelta a la cama, me acosté a su lado y la estreché contra mis brazos, Mary abrió los ojos con lentitud, pestañando un par de veces mientras se espabilaba. Cuando se adaptó al ambiente, un bufido de molestia escapó de sus labios.
—Argh, ¿aun sigues aquí?
—Hablas como si te diera asco.
—Es justo lo que me haces —se quejó—. Por cierto, ¿te falta afecto o algo así?, porque no me has soltado desde que cerraste los ojos.
—¿Y eso te molesta?
—¡Claro que me molesta!
—No lo parece.
—No seas ridículo, no dije nada porque no quería que me ordenaras hacer algo más vergonzoso.
—Uy sí, muy creíble.
—No te burles de-- —Planteé los labios en su frente y sus mejillas rápidamente tomaran color—. ¿Q-Qué e-estas--?
—Te amo.
—¿Q-Qué? —preguntó con el rostro completamente rojo.
—Te amo. —repetí con una sonrisa.
—I-Idiota, e-enamorarte de tu m-mascota, sí q-que estas necesitado. —Se reía sin poder mantener la mirada en mi por más de unos segundos
Negué con la cabeza.
—Solo estoy diciendo lo que en ese entonces no tuve el valor de decir —aclaré—. Te amo, Mary... —dije, susurrando su apellido anterior en el oído.
Sus ojos se abrieron por el impacto.
—¿Lo recordaste? —preguntó con un semblante asustado totalmente distinto a la Saotome de siempre.
—Digamos que tuve que usar algunos trucos sucios. —Señalé el mueble.
Ella frunció las cejas.
—Se supone que los diarios son privados, tonto.
—Lo siento, pero entre amo y mascota no existe el concepto "privacidad". —bromeé.
—¡Eres desagradable! —dijo con las mejillas infladas.
—¡Hey! ¿Qué pasó con la Mary que dijo amarme con todo el corazón?
Su rostro volvió a enrojecerse.
—¡E-Eso fue hace mucho!
—¿3 días es mucho para ti? Vaya, ahora entiendo porque pediste que viniera a cogerte.
—Púdrete. —escupió enojada levantándose de la cama aún desnuda.
Silbé ante la vista de las hermosas y delicadas curvas de su cuerpo.
—Que bien que como. —dije mirándola de arriba abajo.
—¡Deja de burlarte de mí! —chilló, recogiendo la ropa interior que deje sobre la mesita de luz junto a su cama.
Se vistió y fue hacia la puerta.
—¿A dónde vas? —pregunté curioso.
—Al baño, ¿algún problema “amo”? —Remarcó lo último con enfado.
—Claro que no, tienes mi permiso para ir. —Seguí burlándome.
Abrió la puerta y me miró.
—Te odio.
—Aww~, yo también te amo, cuchurrumin.
El sonrojo se profundizó en sus mejillas antes de que cerrara la puerta.
Al cabo de un rato, Mary volvió a la habitación más relajada. Fue inevitable no seguir bromeando con ella.
—No me harás limpiarte de nuevo, ¿cierto?
—¿Lo único que sabes decir son estupideces? —preguntó.
—La mayoría del tiempo, sí. —dije palpando la cama a mi lado, invitándola a sentarse.
Ella se sentó junto a mí y tomé el cepillo sobre la mesa de luz para cepillarle el cabello. Mary me dio la espalda y empecé a desenredar su pelo.
—Entonces... —titubeé—. ¿Quisieras salir conmigo?
—No seas idiota, ¿a quién demonios le gustaría salir contigo? —dijo cruzando los brazos. «Es dura de conquistar», pensé—. S-Sin embargo, para evitar que otras se lleven una gran decepción, me sacrificaré por ellas y me quedaré contigo.
—Tampoco es como si tuvieras opción —dije aludiendo a que aún seguía siendo mi mascota.
Suspiró.
—Sí como sea, a veces eres tan odioso.
Cepillar su cabello rubio era relajante, pero me detuve por un momento.
—Ya que estoy aquí... —dije esperando hasta que volteó a verme—. ¿Qué tal si te llevó a comer en algún sitio —sus ojos brillaron—, luego vamos por unos helados —se emocionó—, y por ultimó cogemos en un motel? —Me miró con desagrado y dejó escapar otro suspiro, volteando de nuevo para que siguiera cepillando su cabello—. ¿Eso es un no?
—Sí prometes dejar de decir idioteces durante el resto del día, acepto darte una mamada mientras comemos helado.
—No puedo prometer eso —admití dejando el cepillo a un lado de la cama.
—Sabía que dirías eso —dijo decepcionada.
—De todas formas... —agarré su cuello y apreté con suavidad—. Antes que mi novia, eres mi mascota, así que harás todo lo que te ordené, no lo olvides, Mary —susurré con picardía.
Ella me miró mordiéndose el labio.
—Te amo —dijo por primera vez.
Las mariposas golpearon mi estómago con fuerza.
—Yo te amo mucho más —compartí, y uní nuestros labios con fulgor en un dulce y muy candente beso.
…
Luego de ese día, nuestra relación cambió para siempre, si bien seguí siendo mi mascota, al fin podíamos expresar lo mucho que sentíamos el uno por el otro. Pasamos mucho tiempo juntos, saliendo, comiendo, apostando, y claro, cogiendo también.
Pasaron las semanas, los meses, las clases terminaron y llegaron las fiestas, donde pasamos las festividades juntos: Navidad, Año nuevo, etc. Cuando las vacaciones terminaron, el ciclo de clases inició, y es justo donde estoy, ahora mismo.
Presente:
Primer día de clases, misma institución, mismos compañeros, diferente salón. Hoy es el día más perezoso del año, donde los profesores se dedican a presentarse y a dar una breve explicación de cada guía de trabajo. Argh Es fastidioso, lo único bueno de toda esta mierda es que al menos no haremos casi nada.
Juego con la tapa de la lapicera para pasar el tiempo. Mary parece hablar muy entretenida con el grupo de zorras, espero que me haya escuchado y no se deje influenciar por ellas, son malas personas.
La puerta se abre y el mismo profesor de historia del año pasado entra por la puerta... Genial, como ya lo conocíamos probablemente nos ponga a escribir al instante.
—Jóvenes, se me ordenó informarles que a partir de hoy tendrán una nueva compañera de clases. —dice el viejo con la voz igual de ronca, que la ultima vez que lo escuche.
Mis compañeros susurran alegres de que sea una mujer, preguntándose qué tan bonita puede ser mientras que la mayoría de chicas tienen un aura asesina oculta detrás de una alegre sonrisa. Mary me mira fijamente con el ceño medio fruncido, supongo que está amenazándome con la mirada, ¿acaso está preocupada? No es como si me importara la chica nueva, la tengo a ella como novia y la amo, no necesito a nadie más.
De hecho, soy bastante feliz, no creo que nada pueda arruinar mi vida, es perfecta, tan perfecta que sí tiempo atrás alguien me hubieran dicho lo que tendría, no le creería.
Simplemente me relajo en mi pupitre con los brazos detrás de la cabeza mientras me tiro para atrás, balanceando la silla.
—Puedes entrar —ordena el profesor—. Permítanme presentarles a su nueva compañera de intercambio.
La chica nueva entra por la puerta... Un minuto, ¿la conozco? Desde su perfil no estoy tan seguro pero ese cabello azabache... Ella camina con gracia, muy elegante. No me sorprende, al fin y al cabo, esta escuela es para gente con mucho dinero, claro al menos que se tenga una beca como la mía o la de Mary. Pero esa chica parece de la clase de gente con mucho dinero.
Se pará al frente de todos con una sonrisa muy encantadora... Esos ojos cafés, esa mirada inocente, esas tet-- DIGO, ese cuerpo... Estoy seguro de que la conozco, pero no sé de dónde.

—Encantada de conocerlos a todos, mi nombre es Yumeko Jabami.
Oh, ya veo, se llama Yumeko.
—A pesar de ser nueva aquí, espero que...
Un momento...
. . .
¡ESPERA! ¡¿YUMEKO?!
¡OH POR DIOS!, esa chica... ¡ESA CHICA ES LA QUE ME QUITÓ LA VIRGINIDAD!
Nuestras miradas se encuentran, parece sorprenderse por un momento, pero su sonrisa rápidamente se agranda.
El calvo del profesor señala la mesa detrás de mí.
—Ahí tienes un pupitre libre detrás de... ese chico —¡nos conocemos desde el año pasado al menos apréndete mi apellido, calvo de mierda!
Ella asiente sonriente y se acerca a mí para sentarse donde le indicó. El profesor sale de clases y cierra la puerta. Supongo que solo vino para informarnos de esto y nada más. Me hago el estúpido e ignoro la presencia de Yumeko, evito cruzar miradas para que no me reconozca. Tampoco quiero cruzar miradas con Mary, puedo sentir como me quema con los ojos.
El profesor vuelve a entrar, esta vez con 58 libros encima. ¡OH, MIERDA! Aquí vamos de nuevo. Saco la libreta de la mochila junto a todo lo necesario para su clase.
—Profesor, se lo requiere en la oficina inmediatamente —dice una voz detrás de la puerta abierta. Desde el ángulo en el que estoy no sé quién es y tampoco le reconozco la voz.
—Enseguida voy, señorita —dice el cabeza de rodilla y voltea a vernos—. Vuelvo en un rato, estén listos para escribir cuando vuelva, apenas entre por la puerta comienza la lección. —se va del salón.
—Que viejo puto —dice enojado uno de mis compañeros.
Me dejo caer en mi pupitre con cansancio. Que fastidio, quisiera dormir. Cierro los ojos, tal vez pueda descansar un rato hasta que vuelva el pelado.
Una voz susurra mi nombre y levanto la cabeza con rapidez.
—¡Lo sabía, sabía que eras tú! —dice Yumeko a mi lado ¿En qué momento se paró? Ni siquiera la escuche—. ¡No puedo creerlo, luego de tanto tiempo finalmente te encuentro! —dice en un tono un poco demasiado alto.
—Y-Yumeko ¿Q-Qué tal?
—Quería disculparme por haberme ido ese día sin despedirme, pero sucedió algo importante que requería mi completa atención.
¿Y ahora donde carajos me meto?
—N-No, tranquila, no hay problemas, de hecho, agradezco que te hayas preocupado por pagar todos los gastos. —Los cuales no hubiera sido capaz de pagar.
—No, no, por favor no me lo agradezcas, es lo mínimo que podía hacer por ti después de darme una noche tan placentera. —dice con una sonrisa.
Solo espero que ELLA no haya escucha--
—Con que una noche placentera ¿eh? —Mierda, me doy la vuelta, Mary esta cruzada de brazos y su rostro definitivamente no está alegre.
—¿Quién eres? —pregunta Yumeko con inocencia.
—Su novia, ¿y tú? —dice, levantando la cabeza.
—¡Oh! ¡Qué buena pregunta! —Me mira—. ¿Qué soy para ti?
Maldición.
—Yo... esto... Tú...
Mary agarra mi corbata y me atrae a ella.
—Sí, ¿Quién es ella, estúpido mujeriego?
—Pues ella es... una... ¿conocida?
Las cejas de Yumeko se curvan hacia arriba.
—¿Solo una conocida? No sabía qué hacías ese... tipo de cosas con cualquier conocida.
—No, yo no--
—¡¿A que te refieres con “ese tipo de cosas”?! —me interrumpe Mary.
—Oh, lo siento, señorita novia, me temó que es algo privado entre nosotros.
—¡No existe el concepto de privacidad entre--! —Mary se detiene y sus mejillas se sonrojan. Aww, iba a decir lo mismo que le dije hace tiempo ♡—. ¡Novios! —ª... lo cambio.
—Lo entiendo, sin embargo...
Aprovecho la discusión para alejarme de ellas e intentó escabullirme por la puerta.
—¿A dónde crees que vas? —pregunta Mary, amenazante.
—Emmm ¿Al Baño? —Levanto los hombros.
—Vuelve aquí, ahora mismo —ordena. Pff ¿Acaso se olvidó que ella es quien es la mascota?
—Enseguida mi reina. —Me siento de nuevo en la silla con cada chica a cada uno de los lados, evitando mi escape.
—¿Quién es ella? ¿Cómo y cuándo se conocieron? ¿Y qué fue eso de la “noche placentera”?
—Bueno, verás, esto...
Yumeko agarra mi mano.
—Por favor, no le digas nada, es realmente vergonzoso para mí si esto llegara a promulgarse en toda la escuela.
—Yo... yo... yo...
Mary golpea el pupitre, a pesar de estar sonriendo alegre puedo ver el odio en su interior.
—Tengo una idea, Jabami.
—¿De qué habla, señorita novia?
—¿Qué tal si jugamos a un juego?
—¿Un juego?
—Claro, si gano, me dirás todo lo que quiero saber.
—¿Y si gano yo?
—Puedes ponerte al corriente con él.
Yumeko aplaude.
—¡Me gusta la idea! ¿Qué jugaremos?
—¿Qué te parece una pequeña apuesta?
—¡Genial, adoro las apuestas!
Algo me dice que esto... va a terminar muy, pero muy mal...
Fin del One-Shot.