Tarot cards: el ojo de la tormenta

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Summary

📍▎❛❛Imagnet Stoain era un lugar tranquilo y seguro, brindaba lo mejor que un humano podía pedir en este mundo pero después de ese 29 de noviembre las cosas cambiaron para el pequeño pueblo. Cosas monstruosas se acercan, ambos bosques que por décadas fueron seguros ahora habitaban bestias inexplicables. Sangre llenaba las ramas de algunos árboles, flores y plantas aplastadas por algo sobrenatural, animales huyendo y personas desapareciendo una por una. Y Camden solo pedía una cosa... encontrar a su hermano. ❜❜ Camden Blackwell siempre fue un chico impulsivo al que tenías que amarrar a la tierra para que no volara por los cielos. Cuando se trata sobre la familia no hay nada que pueda detenerlo, y más si se trata sobre su hermano menor: Denahi Blackwell, Camden es capaz de poner el mundo patas arriba para salvarlo. Camden, junto a sus primas y amigos, se adentra a un nuevo mundo solo para traer de regreso a su hermano; descubriendo y encontrando lo que sería su nuevo hogar. Con un toque oscuro, seres sobrenaturales y mucha magia conocemos una historia épica y trágica llena de mucho amor y cariño; personas que se enfrentan para proteger a sus seres queridos y quienes son capaces de darlo todo por ellos, demostrando una vez que el amor es el sentimiento más poderoso de todos. Relaciones difíciles, situaciones complicadas y problemas sin respuestas, es una historia con mucho peso y pasado; y más de una vida. ¿Cómo es que un pequeño grupo podría resolver todo en cuestión de días? Porque sí, el tiempo es oro, el reloj esta en marcha y la cuenta regresiva empezó ahora.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo. El inicio del caos

En lo más profundo de un bosque, las fuertes pisadas de algo pesado se escuchaban. Los árboles se sacudían de forma agresiva, los pájaros volaban rápido y los animales terrestres corrían a refugiarse.

El sonido del talón de su zapato impactando con la tierra, su brilloso cabello moviéndose de un lado a otro y la risa escandalosa de la cosa que lo seguía era tan enloquecedor y para nada creíble. Los ojos llenos de furia lo miraban atentamente con un aura tenebrosa que lo dejaba con los pelos de punta.

Sus piernas se cansaban de lo rápido y lejos que estaba corriendo, bajando poco a poco su velocidad estaba cada vez más cerca de ser atrapado. Intentar tener la vista fija adelante y al mismo tiempo sin tropezar era cada vez más difícil.

Sintiendo su hombro ser rozado por las manos callosas, la adrenalina aumentó y con ello su velocidad.

Pero el impacto de su cuerpo contra la tierra al tocar la dura roca en su camino lo dejó sin aliento y sin esperanzas.

"por favor, que me encuentren con vida..."

El líquido fluía suavemente hacia el borde de la ventana. Cuando la gota se excedió de un determinado tamaño, perdió su estabilidad y cayó. Estaba lloviendo.

Hay olores que nos llevan inmediatamente a momentos o lugares del pasado que ya se estaban olvidando. En un segundo volvemos a la infancia o recordamos un viaje. El aroma de un libro nuevo, el delicioso olor de una fruta que comías cada mañana como desayuno, la fragancia del recién cortado césped, el hermoso olor de tierra mojada o el famoso olor del petricor. Según los profesionales científicos: los antropólogos, nuestros antepasados establecieron una relación fuerte y positiva con el olor de la lluvia. La llegada de las tormentas marcaba el despertar de la naturaleza y, hoy en día, a través del olor de la lluvia seguimos percibiendo algo muy parecido al verdadero olor de la vida.

Imagnet Stoain es un pueblo tranquilo, el mejor lugar para vivir. Está rodeado por dos grandes bosques: bosque de los sustos —o bosque tenebroso— y bosque tormenta. Aún así el lugar es pacífico, bien protegido y con gente tan amable habitando en él.

Aunque esa semana parecía haber sido la más caótica del pueblo en décadas, pues varios habitantes juraban haber visto y escuchado cosas extrañas. En especial los que vivían más cerca de los bosques, decían escuchar gritos dolorosos y rugidos sorprendentes. Se había mantenido más protegido que nunca, con los guardabosques asegurando que no había nada y que no escuchaban cosas.

Tal vez las personas mayores —quienes eran las que vivían más cerca de los bosques— se estaban volviendo locas.

O había llegado un animal peligroso y ahora habita ahí.

Quién sabe.

En una casa —lo más lejana de los bosques— gris oscuro con poco espacio, un pelinegro estaba recostado en el vidrio de la ventana de su sala mirando hacia el exterior. Los últimos días había estado lloviendo demasiado fuerte y parecía que no iba a parar por un largo tiempo.

A Camden Blackwell le encantaba la lluvia, le tranquilizaba de una manera tan deliciosa y única que amaba más que a nada. Le hacía recordar a cuando era un niño y vivía con sus padres; cuando tenía que cuidar a su hermano menor mientras ellos trabajaban, o cuando se reunía con Rubin a jugar en los charcos de lodo en su patio, a cuando su tía venía de visita y hacía esa sopa deliciosa; o cuando Rhea aparecía de repente en su casa y jugaban hasta que sus pies dolieran.

Lastima que los buenos momentos siempre tengan un final.

Perdido todavía en sus pensamientos, en su visión periférica vió acercarse a su hermano menor, Denahi Blackwell. Camden ni siquiera había sentido ni escuchado cuando llegaba a la sala, solo lo noto cuando ya estaba lo suficiente cerca, parecía que estaba demasiado absorto mirando la lluvia.

—Cam, voy a ir de visita a la casa de Jake. —Se escucha la voz del hermano menor de fondo—. Si no tenemos planes para hoy, claro.

Los hermanos Blackwell solían tener noches de películas y aunque esta tradición con el paso del tiempo iba desapareciendo no se descarta la idea. El hermano Blackwell mayor siempre intentaba mantener los viejos momentos vivos aunque nada de ellos quedará, sin perder la esperanza de que algún día las cosas fueran iguales.

El menor de los Blackwell sonríe en grande esperando la afirmación de su hermano mayor —como siempre sucedía pues parecía que esa gran sonrisa era una de las mayores debilidades del mayor— mientras Camden intentaba alejar sus viejos pensamientos.

—No, no hay planes para hoy, suerte con Jake —le desea—. Solo cuídate.

Esos días parecían ser demasiado pesados, ambos se la habían pasado ocupados todo el fin de semana. Denahi en la escuela y Camden en el trabajo. Una noche divertida no le parecía mala idea a Camden, sabía lo pesada que se podía poner la escuela a veces y un alumno necesitaba despejar su mente aunque sea por unos minutos.

—Gracias y adiós —gritó rápidamente mientras corría a la puerta de la entrada.

Las agujetas de sus tenis mal amarradas, su cabello despeinado, su playera al revés y su chamarra en la mano le decían a Camden que probablemente le acababan de avisar sobre la reunión.

Denahi se reunía con Jake cada que ambos podían, eran amigos cercanos desde hace algunos años y eran muy inseparables. No le sorprendía a Camden que Denahi dejará todo de lado y con el peor look del mundo corriera a la casa del otro.

Con su cabeza distraída con los pensamientos sobre su hermano y el amigo de este: Camden regresó su atención a la ventana donde veía a los árboles ser sacudidos por el viento, al sol ocultándose y al gato vecino entrar a su casa —que cabe aclarar que de milagro aparecía hoy—.

Unos fuertes brazos rodeándolo lo sacaron de su trance sin darle tiempo de reaccionar, ni siquiera noto cuando su hermano había regresado a abrazarlo. Colocando sus pequeñas manos en el suave cabello de su hermanito, Camden peinó suavemente.

—No me iba a ir sin un abrazo —susurra el menor en medio del abrazo —. Te amo.

Y esas palabras le llegaron al corazón a Camden. Su hermano hace tiempo que no se las decía y que lo hiciera esa noche era algo inesperado.

Como si las necesitara por alguna razón.

—También te amo —murmuró amorosamente.

El dulce olor a vainilla llegó a sus fosas nasales, el delicioso olor del cabello de Denahi. Separándose lentamente masculló un: "hasta mañana" recibiendo como respuesta una brillante sonrisa y un suave "hasta mañana" de regreso.

Lo vio caminar hacia la puerta lentamente mientras se despedía con un movimiento de mano. Guardando la imágen mentalmente volvió a fijar su vista a la ventana. Era una noche fría, Camden agradece que Denahi no olvidara llevar consigo su chamarra.

Era el tiempo donde el clima andaba como quería, pasaba de grandes tormentas a un hermoso sol con un brillante arcoíris. Cuando pequeños, los hermanos Blackwell amaban esta época, salían a jugar bajo la lluvia aún cuando su mamá los regañaba y desde la ventana del cuarto veían al sol salir, después volvían a salir a escondidas para apreciar al arcoíris.

Como aquella vez que Denahi tenía seis años y le había pedido a su madre salir, el cielo anunciaba que una tormenta se acercaba entonces su madre se había negado. Denahi se había quedado triste en su cuarto, con un libro ilustrado en sus manos, acostado. Camden en ese momento debía llegar de la escuela, por lo que todavía acostado, Denahi lo estaba esperando.

Y así sucedió. Camden llegó y fue a buscar a su hermano. Al ver a este triste, preguntó la razón y esté con un puchero le dijo el porqué. Camden había buscado mil formas de alegrar al pequeño aunque todos sus intentos fallaban. No fue hasta que Camden empezó a hablar de una de sus anécdotas favoritas de su prima que pareció que su hermano ahora le prestaba atención.

El lugar oscureciendo, el cielo siendo tapado por nubes grises y negras, la lluvia cubriendo el lugar y el olor a petricor llenando el hogar. La casa de los Blackwell estaba cerca del bosque tormenta por lo que el sacudir de los árboles por el viento era el mayor ruido.

Un joven Camden y un Denahi niño estaban bajo las sábanas y almohadas, las habían puesto como si fuera un refugio, las luces apagadas, una linterna —Camden la había robado del cuarto de sus padres— y mil aventuras que el mayor habría empezado a narrar. No terminaron hasta que el ruido de la lluvia cesó.

Asomándose por la ventana, viendo un brillante sol y un hermoso arcoíris, los hermanos habían salido a jugar con sus botas especiales para la ocasión. Se habían divertido tanto que el día terminó con Denahi diciéndole a Camden: "gracias por ser mi felicidad".

El castaño se quedó en la misma posición por un largo rato hundido en lo más profundo de sus pensamientos, recordando viejos momentos y deseando regresar a ellos. La vida cambiaba tan drásticamente, había empezado a olvidar disfrutar el día a día, a sonreír sinceramente y reír con el corazón. Extrañaba los viejos tiempos pero no se esforzaba en regresarlos.

Tal vez debería.

El sonido de unas llaves y la puerta siendo abierta anunciando la llegada de alguien al hogar sacó a Camden de sus pensamientos y sus viejos recuerdos. En su vista apareció una pelinegra alta a quien le seguía otra pelinegra más baja.

—¡Llego por quien lloraban! —El fuerte grito resonó por toda la casa silenciosa—. Oh, me voy unos días y todo está como una mierda, ¿qué pasó?

Camden maldijo mentalmente al olvidar que ambas chicas regresaban hoy de su largo y pesado viaje.

La cara indignada de Rhea fue lo primero que vio, a su lado, Kathryn sonría amablemente mientras negaba con la cabeza. Kathryn era la más tranquila de la casa mientras que su hermana era todo lo contrario, sus tíos siempre decían que Rhea había salido igual que el abuelo y Kathryn a la abuela.

Kathryn y Rhea eran sus primas maternas menores, vivían juntos desde que se mudaron al pueblo. Aunque mayormente salían de viaje por lo que casi no pasaban tiempo en casa.

—Estuvo insoportable todo el viaje, ya no la aguanto —suspira Kathryn.

El suspiro de la más joven hizo reír al mayor, no podía imaginar lo pesado que sería un viaje largo junto a una persona que habla mucho, se queja, grita, llora, crítica todo lo que se cruza en su camino.

Rhea se cruzó de brazos ofensivamente, mirando a su hermana con la boca abierta. Ambas tenían una dinámica graciosa, eran realmente cercanas y les gustaba bromear entre ellas siempre. Eran raras las veces que se peleaban y si lo hacían no tardaban en reconciliarse.

Rhea era la mayor pero Kathryn —Katie para los amigos— era la más madura y tranquila. Ambas pelinegras, la de veintiún años de ojos grises y la diecinueve años de ojos azules, mostraban un gran parentesco. Si no fuera porque Katie era cinco centímetros más baja y sus ojos de color diferente fácilmente podrían confundirlas con gemelas.

—Siendo sincero olvide que existían —bromeó el mayor entre risas. Mirando a ambas hermanas se levantó de su lugar junto a la ventana y se acercó a la entrada donde todavía se encontraban ambas chicas— ¿no piensan pasar? —pregunta divertido.

Parece que la pregunta les hizo darse cuenta que todavía seguían en la entrada. Camden agarró una de las maletas más pesadas —que supuso que la propietaria era Kathryn— y la dejó cerca de la entrada mientras Rhea empujaba a su hermana dentro, agarrando la otra maleta entró y después cerró la puerta. Después de dejar sus abrigos, se adentraron a la casa seguidas de Camden y se acomodaron en la sala de estar. El sillón marrón viejo pero cómodo recibió a ambas chicas y el sillón individual azul a Camden.

—¿En dónde está el otro feo? —La pregunta de Rhea hizo reír al chico y hacer negar a su hermana.

La pelinegra tenía la costumbre de molestar al chico alto que no era parte de la familia pero se sentía como si lo fuera, o bueno, ya había empezado a considerarse como parte de ella.

Rubin Mcgrath era el mejor amigo de Camden desde los cinco años, un chico que actualmente tenía veintitrés años y era el más alto de la casa midiendo un metro y ochenta tres centímetros. Vive junto a Camden desde los diecisiete años y desde entonces es considerado un miembro más de la familia.

Los cinco vivían juntos desde hace aproximadamente un año cuando se mudaron a Imagnet Stoain. Camden Blackwell; su hermano, Denahi Blackwell; sus primas, Rhea Mckee y Kathryn Mckee; y su mejor amigo, Rubin Mcgrath.

—Rubin fue a no sé donde con Allen y Dani fue a visitar a Jake —contestó el chico antes de que preguntaran también por su hermano, que conociendo a las chicas estaba seguro que harían.

Ambas chicas asintieron con la cabeza para después decidir poner una película que a los tres les gustaba mucho —cabe aclarar que tenían gustos diferentes pero esa película siempre fue la excepción—. Así pasaron el resto de la tarde, riendo y llorando por una película de hace años.


Imagnet Stoain.

Al día siguiente, pasando las 09:00 pm, Camden empezó a preocuparse. Denahi odiaba salir de noche por lo que regresaba siempre temprano a casa, sin excepciones. Nunca se iba más de veinticuatro horas, siempre regresaba en la mañana o tarde del día siguiente.

Decidió por terminar llamando a Jake ya que Denahi no contestaba sus mensajes ni llamadas.

Sonando tres veces la llamada fue respondida.

—¿Hola?

—¡Jake!, ¿cómo están? —Interrumpiendo y hablando en una rápida velocidad, Camden se escuchaba alterado.

—Aquí todo bien, ¿cómo están allá? —Con una respuesta vaga y una voz tranquila habló Jake— Dani dijo que me llamaría cuando llegara pero no he recibido su llamada, ¿se le apagó el celular? O no me digas que se quedó dormido porque yo-

—¿perdón? —Vuelve a interrumpir Camden con un hilo de voz y su corazón latiendo como loco.

Mil escenarios que acaban de malas formas pasaron por su cabeza. Mil respuestas que todas acaban mal. Un miedo inexplicable que empezó a crecer dentro de él y un sentimiento de horror que no podría describir.

—Ajá, se fue desde temprano y ni un solo mensaje me respondió, ¿ahora que pasó? —Jake, sin tener ni una sola idea, seguía hablando tan tranquilo y sereno, su voz grave quejosa siguió balbuceando cosas que Camden había dejado de escuchar pues sus oídos ahora no funcionaban.

El mayor de los Blackwell en ese momento sintió su mundo detenerse. La cabeza le empezó a dar vueltas, sintió su respiración pesada y una fuerte presión en su pecho.Su mente le empezó a jugar una mala partida, reproduciendo mil malos escenarios de lo que pudo pasarle a su hermano. El mundo era cruel, las calles eran peligrosas, las personas eran horribles... no, en Imagnet Stoain no.

Soltando el teléfono, que con suerte cayó en la cama, Camden corrió hacía la entrada. Apenas y poniéndose correctamente los zapatos salió apresurado de casa.

Había decidido ir camino a la casa del amigo de su hermano. El lugar no quedaba tan lejos por lo que en unos minutos estaría llegando al hogar.

Algo estaba sucediendo, lo sentía en sus entrañas, algo tan horrible se acercaba, algo que no podría aceptar nunca.

Queriendo alejar todo pensamiento negativo, Camden siguió corriendo y tropezando varias veces hasta que finalmente llegó al lugar. Era una casa bonita de color azul con lindas decoraciones y una puerta de madera de entrada. Tocando la puerta de la casa, ni cinco minutos pasaron y abrieron. La señora Bell estaba delante de él con una sonrisa amigable.

—Oh, Cami, que lindo tenerte por aquí. —La suave voz de la adulta distrajo a Camden, ella se veía tan feliz— ¿buscas algo?

La pregunta le hizo mal a Camden quien ya había empezado a ponerse incómodo. Sentía una gran presión en su pecho y un amargo sabor en su boca.

—¿ha visto a Denahi?, lleva muchas horas fuera de casa— dijo en un susurro. Su voz se escuchaba muy débil, asustada. La cosa empeoró cuando noto el cambio en la mirada de la señora Bell.

—¿Denahi? —La pregunta salió con un hilo de voz, con miedo—. Lo siento, jovencito pero Dani se fue desde hace alrededor de ocho horas de aquí y desde entonces no lo he visto. Dijo que no le gustaba llegar tarde a casa, ¿no ha regresado? —La voz de la señora Bell entonaba preocupación, su rostro se deformó en una mueca.

El camino a casa no debía tardar más de media hora, ni aunque se distraerá con todo, Denahi no tardaría más de siete horas en llegar a casa.

—Señora Bell, debe de haber un error, ¿no? Han de estar todavía aquí —dijo intentando tener esperanzas.

Debía ser una mala broma, su hermano no suele ser así pero tal vez hoy quería hacerlo. Tal vez hoy quería seguir divirtiéndose, tal vez quería olvidarse de las clases escapándose un rato con Jake aunque eso significa asustar un rato a su hermano mayor, ¿no? Después aparecería, se disculpará y Camden lo perdonará —con una buena regañada— porque eso significa que su hermanito se encontraba bien.

No podía ser otra cosa porque Camden sabía que Jake era la única persona especial de Denahi y estaba seguro que en esos momentos no había nadie más, Dani debería haberlo mencionado... o tal vez era eso, tal vez se había ido con alguien más sin avisar... no, Denahi no era así, él no hacía esas cosas.

Denahi siempre había sido un buen niño, cada que salía le decía todo. Hasta anoche le había mandado mensajes diciendo cómo había sido su día con Jake, contándole hasta detalles que no eran importantes, terminando con un "mañana regreso, aunque no sé a qué hora pero prometo avisarte desde antes".

La mirada de la señora Bell era de pánico disfrazado de confusión. Su pequeño movimiento de cabeza que negaba las palabras lo dejó sin aliento.

—Dios... esto no puedo estar pasando —susurró débil.

Debía ser una broma, debería ser un sueño, el mundo no podía ser tan cruel, no con Dani, no con su hermanito.

—No se preocupe, joven Blackwell, de seguro fue a caminar por ahí... tal vez-

No. No con todas esas noticias y rumores del pueblo. No, en primer lugar ni siquiera debió dejar salir a Denahi sabiendo la situación actual. No, se supone que solo iría rápido, estaba cerca, era un lugar cerca, estaba a treinta minutos, era de las calles más protegidas con personas cercanas. No, no podía estar sucediendo. No, no, no.

Cada centímetro de este lugar estaba protegido, este lugar era el más lejos de los bosques, estaba bien aquí. Debía estar bien aquí.

Debía estar aquí.

—Denahi no. —dijo más fuerte de lo que esperaba. Él conocía muy bien a su hermano, sabía de memoria cada uno de sus hábitos, el cómo funcionaba su cerebro. Debía estar ya en casa, debía estar con él ahora, debían estar viendo una película juntos a esa hora.

—¿Perdón?

—Él no es así, Dani no es así. Lo conozco, es mi hermano, vivo con él, lo ví crecer, él no es así. Siempre avisa, cualquier cosa, él...

—Tal vez se quedó sin batería —supuso Bell, parecía querer calmar al chico delante de ella. Intentaba buscar cualquier alternativa, una respuesta que no fuera horrible.

—No, no es eso. Ya hubiera encontrado una manera de contactarme —concluyó sin duda el mayor de los Blackwell.

Porque claro que conocía a su hermano. Podría estar perdido en un desierto y aún así encontraría la manera de comunicarse. Como esa vez que se fue de campamento con Rhea y Kathryn, no había señal y Denahi había caminado kilómetros hasta encontrarla para mandarle un mensaje de que ya habían llegado y estaban bien.

Algo malo estaba sucediendo, algo malo debió haber pasado para que...

—Por Santo Dios —Por fin reaccionó la mujer.

Denahi Blackwell no estaba.

Cuando pasó una hora, donde Camden no dejaba de hacer llamadas a todos los conocidos de Denahi y a varios hospitales, decidió finalmente que su hermano estaba desaparecido. No podía dejar de pensar en lo peor, él sabía que su hermano no se iría de casa por tanto tiempo sin hacer ni una sola llamada y para acabar estaba solo, Denahi odiaba estar solo.

Los siguientes días fueron un infierno para la familia Blackwell.

Había llamado a sus padres, quienes con mucha justificación se habían alterado y viajaron camino a su casa en cuestión de horas —aún cuando vivían lejos—.

Después de estar en espera por tanto tiempo, con sus padres haciendo varias llamadas llegaron al escenario actual, la peor conclusión: Denahi había sido declarado como desaparecido.

Horas y horas de preguntas, dudas, pánico, miedo, desesperación, culpa, tristeza... La noticia del menor de los Blackwell dejó a todos mudos. Denahi siempre había sido muy querido por todos, era un joven muy amigable.

En estos momentos todos estaban en la casa de los cinco jóvenes en la sala esparcidos en silencio con solo el sonido del llanto.

Rhea abrazaba a su hermana quien, aferrada a ella, estaba llorando al borde del pánico; Allen, amigo de los chicos, se encontraba callado con la mirada pérdida sumergido en sus pensamientos; Rubin se encontraba con la mirada en el suelo; Los señores Blackwell se veían acabados. La señora Blackwell se encontraba destrozada, llorando desconsoladamente mientras su esposo se encontraba a su lado, parecía enojado pero realmente estaba asustado, no tenía ni una idea de que pensar o hacer; y por último teníamos a Camden, quien estaba sentado en el piso con su cabeza metida entre sus piernas, se podía notar el temblor de su cuerpo ante sus sollozos.

Se sentía tan malditamente culpable.

Se suponía que él era quien debía cuidar de su hermano, de su hermanito. En primer lugar fue él quien le dijo a sus padres que confiaran en que cuidaría del menor, que Imagnet Stoain era un buen lugar para vivir y que ambos estarían bien.

Y ahora no sabían donde estaba Denahi.

—Camden... —El llamado de su padre resonó en las cuatro paredes por sobre los sollozos de los Blackwell—. Cami, sabes que nada de esto es tu culpa, ¿si? Nadie imaginaria esto, encontraremos a Denahi, él es fuerte, lo sabes.

Pero él no. Camden no era lo suficientemente fuerte para soportar esta situación.

Camden escuchaba atentamente a su padre pero no podía dejar de pensar en lo peor, se sentía horrible consigo mismo por no cuidar a su hermano como debía hacerlo y ahora no sabía ni en donde se encontraba; no sabía si estaba lastimado, aterrado o asustado y todo era tan abrumador.

—No debiste dejarlo solo... —El susurro de su madre apenas fue audible. Creyendo escuchar mal, nadie dijo nada ante sus palabras pero lo siguiente dejó a todos mal—. Sabías que no era seguro pero igual dejaste salir a un niño de dieciséis años solo, por Dios, Camden, ¡se supone que lo debías cuidar!

—¡Sophie! —El grito del señor Blackwell calló cualquier cosa que su madre, entre lágrimas, tenía pensado seguir diciendo.

Para este punto Camden no podía dejar de llorar con su mirada directa a su madre. Rubin se encontraba incómodo y con las lágrimas cayendo de sus ojos, Allen mirando de reojo a la señora Blackwell por los gritos que hasta a él le dejaron los pelos de punto, Kathryn lloraba más fuerte y Rhea miraba todo sin saber qué decir o hacer.

—Dios, Cam, perdón yo-

Ni siquiera pudo seguir hablando cuando se acercó a él para arrodillarse a su lado y abrazarlo. Todos estaban aturdidos, alterados, era una situación en donde nadie sabía qué hacer. Sus mentes no funcionaban, solo querían llorar, gritar, romper algo. Camden entendía a su madre, malditamente lo hacía, él ni siquiera debió descuidar así a su hermano.

Pero la señora Blackwell también comprendía que no era momento de gritar, ahora más que nunca debían estar unidos. Abrazo fuertemente a su hijo, no queriendo que se fuera nunca. Diablos, se sentía la peor madre del mundo por dejar a sus dos amores solos en un lugar desconocido. Sus dos niños...

—Perdón, perdón, perdón...


Los días continuos del suceso fueron los peores. Eran apagados, oscuros, fríos, sin colores. Apenas hablaban, el silencio había reinado en el hogar de los Blackwell.

Después de la desaparición de Denahi muchas otras personas empezaron a desaparecer y en un abrir y cerrar de ojos el número de desaparecidos ya era muy mayor.

Imagnet Stoain era un lugar tranquilo y seguro, brindaba lo mejor que un humano podía pedir en este mundo desde hace décadas pero después de ese 29 de noviembre las cosas cambiaron para el pequeño pueblo.

"Sorpréndete y horrible. El número de desaparecidos ha subido a catorce el día de hoy, primero de diciembre, en Imagnet Stoain. Sí, Imagnet Stoain, el pueblo de las tierras de los Ángeles. No lo puedo creer-"

Rubin apagó la televisión cuando vio a Camden entrar a la sala. Se veía horrible, ni siquiera se parecía al Camden que había conocido. Todos habían cambiado tanto.

—No es necesario quitarlo, Ruby. —La voz grave y demacrada de Camden apenas se escuchó y Rubin creyó estar soñando.

Negando inmediatamente le dijo que no había problema, que realmente ya no quería ver la televisión y después de todo no mentía.

Todas las noticias parecían hablar de lo mismo, pues cada día que daba una nueva persona se anunciaba desaparecida. Por día el número aumentaba y cada vez era peor para un pueblo que había sido tan tranquilo por años.

Nadie salía de sus casas, todo era un caos actualmente, ni siquiera habían explicaciones hasta el momento y las personas estaban asustadas. Cada día había menos habitantes en el pueblo, entre las personas que empezaban a irse y los desaparecidos, el lugar empezaba a aparecer abandonado.

No podían entender como de un día a otro todo se había marchitado. El cielo azul ahora solo eran nubes negras.

Y Camden solo pedía una cosa... encontrar a su hermano.

Taeyble ©knowh19