Prólogo #1
- Dígame... ¿qué muestran las pruebas? – pregunta –
- Si señor – hace saludo militar – Son tres alfas y una omega –
- ¡¿Una omega?! – se altera – ¡¿Cómo ocurrió esto?! Debían ser 4 alfas –
- No sabemos bien, majestad, es lo que dicen nuestros calculos – se mantiene rígido el soldado –
- ¡No, de ninguna manera! – grita él – ¿Dónde está ella? –
- Está en su habitación, alimentando a los be... niños, señor – informa el soldado –
- Prepara la droga PTX-1674, nadie en mi familia debe ser omega, ni siquiera mi hija – ordena – ¡Muevete! –
- ¡Sí! – corrió el soldado –
- Le daré de beber eso durante la lactancia, para cuando empiece a caminar, ya no será más que una beta – aseguró él –
- Sanji – Sora abrazó a su pequeña hija omega escuchando fuera de la habitación –
- Mami, mira, para tí – trajo una pequeña de cabellos rubios –
- Vaya, es precioso – la mamá se deja colocar el pulso de flores silvestres – Pero, recuerda, no debes cortar las flores del jardín, ¿no quieres que mueran? –
- No mami – negó ella con carita de arrepentida –
- No estoy molesta, amor, me gustan – sonrió su mamá –
- ¿De verdad? – sus ojitos brillaron de emoción –
- ¡Tú, mocosa, ven a entrenar! – su padre la toma del cabello –
- ¡Duele, duele! – chilla la niña tomando su cabeza para apartar la gran mano –
- Por favor... deja a Sanji – ruega su mamá –
- ¡Tú, cállate! – ordena su alfa y ella inclina su rostro – ¡Tú tienes la culpa de dar a luz una omega, debió nacer alfa como sus hermanos! –
- ¡Duele! – chilla la menor – Entrenaré, solo no le grites a mami... a madre –
- Sanji – susurra su mamá –
- Solo me das problemas, vete a entrenar – cacheteó su rostro para que saliera –
Ella corrió como le dijo con una mano en su rostro por el ardor del golpe. Salió al patio, donde la ponen a entrenar rigurosamente.
- ¿Por qué no puedes hacer una cosa bien? – su padre la tira al suelo –
- Padre – lo observa con la vista cristalizada por las lágrimas –
- ¡No me mires de esa forma! – grita él – Eres tan inútil como tu madre –
- Mami – cerró con fuerza los puños al pensar en su difunta madre –
- Pero ya verás – la toma de la muñeca y la arrastró – He sido demasiado flexible contigo pero no tengo más opción, ¡de volverte beta a la fuerza! – la arroja dentro de un calabozo –
- ¡Padre! ¡No quiero! ¡No quiero estar aquí! ¡Padre! – gritó la niña pero fue ignorada – Soy... tu hija... ¿por qué... me tratas así? – se sienta abrazando sus piernas –