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—¡Jo! Aquí estás —dijo Harua mientras respiraba agitado—. Te estaba buscando.
—¿En serio? No te vi, lo siento. Estuve toda la mañana en la biblioteca.
—No corrí mucho, así que no te preocupes —sonrió.
Harua seguía a Jo por los pasillos de la universidad, al ser más bajo en estatura y tener piernas cortas debía caminar más rápido de lo que su novio lo hacía para seguirle el paso. Ambos se dirigían a la clase de Literatura que compartían.
Ese día debían hacer una exposición sobre la reseña de un libro clásico, por lo que Harua suponía que esa era la razón por la que Jo había estado en la biblioteca tan temprano, de otra manera no creía que hubiese pasado por ahí un Viernes.
—Fuiste a la biblioteca por lo de la exposición, ¿verdad? —preguntó el castaño sin poder aguantar más la curiosidad aunque se imaginara la respuesta.
—Sí. No encontré mucha información además de la que ya teníamos, pero le agregué una opinión mía a la presentación —dijo como si nada—, tú también deberías agregarle una, solo si quieres.
—Creo que la presentación estará mejor sin mi opinión. —Se encogió de hombros—. Tú eres el inteligente aquí.
—Está bien si no quieres agregar algo más, pero deberías considerar hacerlo ya que no has ayudado en nada —Jo alzó la voz.
Se detuvieron a unos cuantos metros del aula. El ambiente entre ellos era tenso. No era algo nuevo que discutieran por asuntos que podían resolverse con una buena comunicación, lamentablemente, la actitud de ambos no ayudaba mucho en esos casos.
Jo era paciente, una persona tranquila que no decía más de lo que debía, medía sus palabras y pensaba antes de actuar, pero con Harua era difícil mantener la compostura. Harua, en cambio, no sabía mantener la boca cerrada, era directo y parecía que siempre estaba a la defensiva, incluso con su novio.
—También busqué información, eso es ayudar, ¿no? —Rodó los ojos. No le interesaba ni un poco la tarea, pero le estaba molestando ver a otros estudiantes detenerse para escuchar a Jo regañarlo.
—Harua, esa información no sirvió para nada. Lo que tú buscaste fue completamente distinto a lo que debíamos hacer.
—Si tanto te molesta que no haya hecho nada, ¿por qué no lo hiciste con Ni-ki? Él es igual que tú.
Jo cerró los ojos y tomó aire antes de responder con el tono más suave que le salió—: Ni-ki no es mi novio, tú sí. Además, siempre hemos hecho los trabajos juntos, no entiendo porqué ahora actúas así.
—La gente cambia, Jo. Es más, puede ser que tal vez me dejaste de gustar.
Jo siempre supo que no era buena idea salir con Harua. Pasar de ser amigos a ser pareja era algo que Jo no ha sabido manejar con el pasar de los meses. Después de vivir muchos momentos juntos durante la niñez y adolescencia, vio más allá del niño de ojos grandes que hacía berrinches cuando no obtenía lo que quería, se sintió atraído por el Harua de veinte años que había crecido, y fue correspondido. Pero justo cuando pensó que tal vez no sería tan malo tener sentimientos por él, Harua le demostró que seguía haciendo lo que fuera para obtener lo que quisiera, incluyéndolo a él.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Quieres terminar con nuestra relación?
—Tal vez sí, tal vez no. No sé.
Jo llevó a Harua afuera, al jardín donde nadie más podía escucharlos, esto ya no se trataba de la tarea, había tomado más importancia y odiaría ser tema de conversación de los chismosos que iniciarían rumores sobre ellos.
—Esa no es una respuesta para algo serio como esto, Harua. Si quieres terminar conmigo, solo dilo y ya.
—Que ya no me gustes no significa que no pueda seguir contigo. Yo sí te quiero, Jo.
—¡Ja! ¿Te estás escuchando siquiera? Las personas que ya no se aman, no pueden seguir juntas. —Jo no sabía si la presión en su pecho se debía a que estaba dolido por sus palabras o si era porque en realidad estaba furioso con él y por su actitud—. ¿Sabes qué, Harua? Terminemos todo aquí, lo mejor será que dejemos de vernos definitivamente. Nada de ser amigos, nada de ser novios.
—No, estás siendo egoísta conmigo, solo estás pensando en ti y en tus sentimientos. Nunca me has querido, ¿verdad?
—El único egoísta aquí eres tú. —Suspiró cansado—. Lo siento, pero creo que lo mejor por ahora es terminar. Ambos tenemos que pensar mejor las cosas.
Harua lo miró incrédulo, él solo quería jugarle una "broma" a su novio, nunca pensó que Jo se lo tomaría en serio al punto de querer terminar su relación con él. Si bien no tenían mucho en común, Harua siempre trataba de ser distinto a como era habitualmente, porque sabía que su personalidad no le ayudaba mucho en su relación con Jo.
Sin darse cuenta, el cielo sobre ellos se puso gris, estaba tan nublado como los ojos de Harua, que por un momento las gotas de lluvia se mezclaron con sus lágrimas. Jo no sabía si era otra actuación dramática de Harua, o si de verdad estaba llorando, era difícil saberlo cuando las gotas de lluvia caían con más intensidad.
Lo único que ambos sabían con claridad era que todo se había acabado de verdad esta vez.
[3 años después]
Era una tarde de verano, el sol se ponía lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos y naranjas mientras Jo y Hikaru paseaban por la playa tomados de la mano. Jo tenía una sonrisa en el rostro, estaba disfrutando de la tranquilidad del ambiente, cuando de repente, sus ojos se encontraron con los de alguien que conocía muy bien. Harua estaba allí, observando el atardecer con alguien más, otro chico.
Sintió un nudo en el estómago y su corazón empezó a latir con fuerza.
—¿Jo? ¿Estás bien? —preguntó Hikaru.
—¿Ah? —Jo desvió la vista hacia su pareja—. Sí, estoy bien.
Después de esos años, nunca pensó que encontraría a Harua de nuevo. Los recuerdos inundaron su mente: las risas compartidas, las discusiones, las reconciliaciones. Había pasado tanto tiempo desde que rompieron por última vez, y aunque siguieron con sus vidas, tomando caminos separados, siempre hubo una parte de ellos que anhelaba volver a estar juntos.
—Karu, ¿te importa si voy a saludar a alguien?
—No, para nada. Puedes ir tranquilo, yo te espero aquí —dijo mientras tendía una manta en la arena.
Jo vio como Harua le susurraba algo al otro chico mientras lo observaba a lo lejos, como si lo estuviera llamando.
Harua se puso de pie mientras sacudía la arena que se le había quedado en la ropa. Se despidió del chico pelirosa y caminó hasta llegar a las escaleras que conducían al estacionamiento mientras Jo lo seguía a lo lejos.
Ambos se sentían ansiosos, con ganas de saber sobre la vida del otro durante los últimos tres años. Si bien su relación ha terminado mal más de dos veces, eso no les impedía volver a hablar, ¿o sí? Jo sentía que había crecido y madurado desde la última vez que lo vio, lo suficiente para enfrentar aquella situación.
Por un momento perdió de vista a Harua, no tenía idea del camino que había tomado, pero después de un rato lo encontró sentado en una vereda, fumando. Eso era nuevo.
—Hola.
—Hola —dijo Harua mientras tomaba la segunda calada—. Puedes sentarte si quieres.
—Prefiero estar así.
—Como quieras.
Otra calada.
—¿Por qué empezaste a fumar?
—No te preocupes, no es un hábito.
El ambiente entre ambos era tenso. Ninguno tomaba la iniciativa para decir algo más y era algo incómodo.
—Yo…
—¿Cómo…?
Ambos hablaron al mismo tiempo.
—Habla tú primero —Harua hizo un ademán con la mano.
—Bueno, eh, ¿cómo has estado?
Aunque al inicio fue un poco extraño, no pasó mucho para que la conversación entre ellos fluyera con normalidad. Hablaron de sus vidas, de lo que habían hecho durante esos tres años, de las personas que habían conocido y amado. Reconocieron que intentaron borrar su pasado juntos, pero fallaron, y que después de todo, no había sido tan difícil volver a hablar como ellos solían hacerlo.
Cuando no tuvieron nada más que decir, se acercaron y se abrazaron. Los abrazos siempre habían sido su manera de comunicarse sin palabras, y esta vez no fue diferente. La conexión entre ellos seguía intacta. Luego de unos segundos se separaron, pero sus manos estaban entrelazadas.
Ambos se pusieron alertas, no querían que sus parejas los vieran escaparse juntos. Caminaron por la arena hasta que se dieron cuenta de que se habían alejado lo suficiente de donde estaban sus parejas. Se quitaron los zapatos para estar más cómodos y disfrutaron caminar por la orilla del mar dejando que la arena suave acariciara sus pies desnudos.
—¿Cómo te sientes ahora, Haru? —preguntó Jo mientras mecía sus manos entrelazadas.
—Un poco raro, no voy a mentirte. Al principio estaba muy nervioso porque pensé que íbamos a pelear como siempre, pero fue todo lo contrario. Estoy feliz ahora.
—Yo también estoy feliz —dijo Jo besando el dorso de la mano de Harua.
El sol comenzaba a descender en el horizonte lentamente. Pronto iba a anochecer. La playa estaba casi desierta, solo quedaban unos pocos grupos dispersos disfrutando de la brisa marina.
El sonido de las olas rompiendo contra la costa creaba una melodía relajante que envolvía el ambiente. El viento jugaba con sus cabellos, mezclándolos con los rayos de luz que se filtraban entre las nubes.
En un momento, Jo se detuvo y giró suavemente a Harua hacia él. Sus ojos se encontraron, brillando con complicidad y amor. Con timidez, Jo acarició suavemente la mejilla de Harua con el dorso de su mano, acercándose lentamente a sus labios. El mundo pareció detenerse en ese instante. El suave susurro del viento se convirtió en un eco lejano mientras Jo y Harua se acercaban aún más, sus labios finalmente encontrándose en un beso tierno y apasionado.
El calor del sol se desvaneció ante la calidez que irradiaba de ese beso, perdidos en el momento, con el sonido del océano de fondo.
Los dos se separaron, pero permanecieron con sus rostros cerca.
Fue un instante mágico para los dos, una escena de amor y complicidad que quedaría grabada en sus corazones para siempre. Jo y Harua sabían que ese momento especial en la playa al atardecer sería uno de los recuerdos más preciados.
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