La Traductora del Idol

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Summary

De la saga Idols, en el vibrante mundo del K-pop, Teresa, una latina audaz y segura de sí misma, se aventura en Corea con la esperanza de alcanzar sus sueños. Pronto se cruza en el camino de un ídolo del K-pop, y lo que comienza como una relación profesional se transforma en una historia llena de emociones intensas y desafíos inesperados. A lo largo de sus aventuras y desventuras, Teresa aprenderá que soñar en grande tiene sus riesgos, pero también sus recompensas. Entre apuestas del destino, obstáculos culturales y las dificultades de un amor improbable, Teresa no se detendrá ante nada para lograr lo que quiere: una historia de amor real y un final feliz, a pesar de las adversidades

Status
Complete
Chapters
10
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

¡No puedo creerlo! ¡Pellízquenme, por favor! Debo estar soñando. Laura me acaba de invitar al concierto de mi grupo favorito aquí en Corea. ¡Son buenísimos! Oh my gosh, estoy temblando de la emoción. Ella está saliendo con uno de los integrantes de la banda, Mi Joon, quien es el más joven y popular.

No he podido concentrarme en toda la tarde, solo pensando en lo afortunada que soy. Conseguir entradas para los conciertos, sobre todo para los de este grupo, es como ganarse la lotería, cuesta muchísimo y además son carísimas. Yo ni siquiera lo intentaba ya, al principio lo hacía, y muy pocas veces lo conseguí. Por eso desistí y me conformaba con verlos en televisión o en canales digitales.

Para este concierto ni siquiera hice el intento, porque si no conseguía las entradas, me frustraba.

Entonces llegó Laura con la invitación. Ella es mi jefa en el trabajo y somos muy pocas latinas las que trabajamos en esta empresa, así que formamos como una cofradía, aunque Laura también tiene amistad con coreanos. Me ofreció ir con ella al concierto para ver a su amorcito. Esta invitación me llegó como caída del cielo.

El concierto era en una semana, así que esa semana se me hizo eterna.

De verdad, nunca he sido fanática de nada, pero estando en Corea, la efervescencia por el K-pop es tan grande que casi no me puedo abstraer. Aquí todo es K-drama, K-pop, K-beauty, y quedarse afuera es marginarse de la sociedad, de las conversaciones, de la vida. Me gustan varios grupos musicales, pero no soy fanática de ningún grupo ni de ningún miembro en particular. Los encuentro guapos, pero nada del otro mundo, a mí me gusta su música y estilo. Y ahora tengo la oportunidad no solo de ir al concierto, sino de que Laura tiene pases para después del concierto, para ir tras bambalinas y estar con ellos de forma privada. ¡Y eso no lo hace cualquiera! Ni una coreana tendría ese privilegio, a menos que sea familiar o novia de alguno de ellos. Eso se llama tener suerte.

Finalmente llegó el día del concierto y Laura me pasó a buscar por mi departamento. Vivimos cerca, pues la empresa nos dejó a todos los latinos en el mismo sector cuando nos trajeron a Corea.

Gran parte del día me la pasé debatiendo qué ponerme. Soy latina, mexicana para ser exacta, pero casi no lo parezco, al menos no en color. Soy rubia de ojos azules, ya que mi padre es sueco y se enamoró de mi madre, y se quedó en México por amor. Soy curvilínea, tengo harto de todo, y con eso no digo más. Aquí eso me hace distinguirme de las coreanas, que son muy delgadas, pero también me excluye de los estándares de belleza impuestos. Sin embargo, al ser rubia de ojos azules, me aceptan más.

De todas maneras, me cuesta encontrar ropa adecuada porque todo me queda chico. Aquí soy talla súper grande, mientras que en México o Estados Unidos soy talla M.

Trato de elegir ropa que me tape más, pero hace mucho calor, porque es pleno verano, así que tengo que ponerme ropa delgada que, inevitablemente, muestra más.

Me puse una minifalda de mezclilla y una camiseta morada, que es el color que representa al grupo con sus fans. La camiseta es un poco ajustada, y aunque me cubre el busto, se puede ver su tamaño. La falda es corta y mis piernas son largas; soy alta por mi herencia europea, pero aquí, mostrar las piernas no es problema. Me maquillé con tonos morados para ir a juego, y mi larga y ondulada cabellera rubia la coroné con un cintillo morado con luces a juego. A pesar de ser rubia, no soy tan blanca y me bronceo fácilmente, por lo que mi piel tiene un tono bronceado que hace que mis ojos azules resalten muchísimo. En realidad, nunca paso desapercibida a donde quiera que vaya, y no es que quiera hacerlo. De hecho, aquí en Corea me he sentido intimidada y estuve a punto de operarme para reducirme el busto y ajustarme a los estándares locales, pero mis amigas me desanimaron y no me lo permitieron. Soy una mujer muy segura de mí misma, pero a veces aquí me han hecho sentir como un bicho raro. Laura ha sido un gran apoyo y no ha permitido que mi autoestima se vea afectada por eso.

Con Laura somos cercanas a pesar de nuestra diferencia de edad. Ella tiene treinta y seis y yo veintiocho, pero nuestros intereses son similares: las dos somos extranjeras y solas en Corea, latinas, con gustos musicales parecidos. Nos apoyamos mucho aquí, sobre todo ella a mí, por ser la jefa y mayor.

De todas maneras, yo le doy seguridad para hacer cosas que no se atrevería a hacer sola. Ella es más reservada y racional, en cambio yo soy extrovertida e impulsiva. Mi lema de vida es, “La vida es una sola, y hay que vivirla a concho”. Por eso estoy en Corea, para hacer cosas que, en otras circunstancias, no haría. Soy traductora de profesión, hablo español (mi idioma materno), inglés (porque viví casi toda mi vida en Estados Unidos), sueco (por mi padre), y coreano a la perfección, ya que lo estudié en Estados Unidos. Decidí estudiar un idioma que no tuviera nada que ver conmigo. Estaba entre japonés y coreano, pero justo en ese momento mi padre trabajaba en una empresa coreana en Estados Unidos y pensé que me podría servir en un futuro laboral, así que me decidí por el coreano. No me arrepiento en absoluto, pues gracias a eso estoy trabajando en esta empresa y viviendo en Corea. Soy la traductora de la empresa y también trabajo como intérprete particular cuando necesitan mis servicios.

Llegamos al concierto con dos horas de anticipación. Somos precavidas y nos fuimos con tiempo, por si había algún problema. Como íbamos con invitación, nunca se sabe

No tuvimos ningún problema para entrar, y un acomodador nos llevó a nuestros asientos VIP en la primera fila, con una vista despejada del escenario. Yo no podía creerlo, estaba eufórica. Laura también lo estaba, pero además estaba nerviosa, yo no tanto. Durante esas dos horas, Laura me puso al tanto de los detalles de su historia con Joonie, como ella lo llama, y conversamos sobre la vida, sintiéndonos siempre muy observadas.

El concierto fue una locura, canté tanto y grité tanto que, al terminar, casi no tenía voz. Después pudimos acceder al VIP e ir al encuentro del grupo. Laura estaba muy nerviosa por ver a Joonie, pero yo estaba excitadísima solo de pensar en conocerlos personalmente y poder conversar con ellos.

Cuando llegamos al VIP y todos se voltearon para vernos, sentí por un momento que éramos unos bichos raros, algo que he sentido muchas veces viviendo aquí. Joonie fue muy amable y educado, se acercó a nosotras para saludarnos y nos llevó donde estaba el grupo y otras personas, por supuesto, todas coreanas.

Ellos nos recibieron muy educadamente, y los que pudieron hablar en inglés lo hicieron para que Laura, que era el centro de atención, pudiera entenderlos mejor. Ella habla coreano, pero no muy fluidamente, aunque ha estado tomando clases privadas con Joonie. Pude ver cómo dos mujeres miraban mucho a Laura, sobre todo una que no le quitaba los ojos de encima y la miraba con mala cara.

Mi instinto protector afloró y decidí distraerlas para que no se interpusieran entre ella y Joonie. Así que me acerqué a ellas y comencé a hablar en coreano, lo que las sorprendió mucho, pues nunca pensaron que lo hablaba tan bien. En medio de la conversación, se acercaron algunos miembros del grupo, que en ese momento no estaban hablando con Laura y Joonie, y se unieron a la conversación. Rápidamente, fui el centro de atención y estas dos mujeres se alejaron, dejándome hablar sola con tres miembros y algunos de sus familiares.

Uno de ellos, Soo Wook, me llamó mucho la atención por su personalidad extrovertida y alegre. Fue muy entretenido conversar con él. Diría que hasta me gustó un poco, lo encontré guapo y seductor. Intercambiamos nuestros teléfonos para seguir en contacto, y quién sabe si algo más.

Llegué a casa extenuada pero feliz. Me duché rápidamente y me acosté, no sin antes enviarle un mensaje a Soo Wook que decía:

“Hola, soy Teresa, amiga de Laura. Nos acabamos de conocer en el concierto. Fue un gusto haberte conocido y espero no perder el contacto, ya que no tengo muchos amigos coreanos. Buenas noches.”

No lo pensé dos veces y apreté enviar. Esperé una respuesta que no llegó, pero a los cinco minutos ya estaba dormida plácidamente.

Al día siguiente, me levanté temprano y salí a trotar, como todas las mañanas, por el sendero a la orilla del río en Gangnam. Mientras trotaba, mi teléfono vibró, y me detuve para mirarlo. Vi que tenía un mensaje de Soo Wook:

-Me encantó haberte conocido. ¿Te gustaría tomar un café conmigo?

Contesté de inmediato, y quedamos de vernos al día siguiente en un café cercano.

Ese sábado me dediqué a limpiar el departamento, hacer las compras de la semana y, por la tarde, ver K-dramas para no pensar en nada. Me dormí temprano, pensando en la reunión del siguiente día. Nos juntaríamos a las once de la mañana.

El domingo, me levanté temprano para desayunar, lo cual era siempre algo simple, café con leche y tostadas con mermelada, ya que aún no me acostumbraba al desayuno coreano, que básicamente consiste en comida. Hice mi rutina de belleza, casi sin maquillarme, me apliqué un poco de bálsamo labial. Como aún estaba bronceada, la imagen que me devolvía el espejo me agradaba. Me puse perfume y salí de casa rumbo al café donde me encontraría con el Idol.

Llegué al café con cinco minutos de anticipación, me senté en una mesa libre y un joven que atendía se acercó. Me dijo que me esperaban en el segundo piso, un espacio destinado para reuniones privadas o celebridades que necesitaban algo de privacidad. En ese momento caí en cuenta con quién me estaba reuniendo, así que subí al segundo piso para encontrarme con él.

Cuando nos vimos, sentí una especie de felicidad y comodidad que pocas veces había experimentado. Me sentí a gusto.

Nos saludamos con una reverencia, luego nos sentamos y comenzamos a conversar como si nos conociéramos de toda la vida. Estábamos en plena conversación cuando, de repente, se acordó de algo y me preguntó por Laura.

-¿Y Laura?, preguntó.

-Está en Jeju, respondí. Iba a pasar el fin de semana con Mi Joon.

Soo Wook puso cara de confusión y dijo:

-Pero yo estuve con ella ayer, y se fue esa misma tarde-noche. Al parecer, hubo una urgencia en su empresa.

Me preocupé y le dije que la llamaría para asegurarme de que todo estuviera bien. Marqué su número, pero automáticamente me salió la contestadora. Qué raro, pensé. ¿Será que tiene el teléfono apagado? Le mandé un mensaje para que, cuando encendiera el teléfono, pudiera leerlo y seguimos conversando.

Me contó sobre su vida y yo sobre la mía. Descubrí que tenemos personalidades muy parecidas. No me pareció para nada reservado o cauteloso con su privacidad, de hecho, sentí que se abría conmigo muy fácilmente. Pensé que tal vez eso se debía al hecho de que yo era extranjera y no entendía completamente la dinámica de Corea, ni quiénes eran exactamente ellos.

Pasamos dos horas conversando, y el tiempo voló. Me dijo que estaba estudiando inglés junto con otros miembros del grupo y que necesitaba practicar mucho. Me pidió, por favor, que solo habláramos en inglés para poder mejorar. Acepté encantada.

Cuando nos despedimos, quedamos en seguir viéndonos cuando su ajetreada vida lo permitiera, pero mientras tanto seguiríamos hablando por mensajes.

De camino a casa, sentí que había encontrado al gran amigo que la vida tenía para mí, ese confidente con el que tienes mucha química, pero nada más. No me atraía como pareja, y sentí que yo tampoco le gustaba de esa manera, lo cual me hizo sentir aún más cómoda.