BIOLUMINISCENTE
Jongin había pasado toda su vida escuchando sonidos que le resultaban hermosos; la voz de su madre, las olas, las gaviotas, el movimiento del agua en la profundidad, el motor de su lancha, las cuerdas de una guitarra, el retumbar de los bongós. Jongin amaba la música, pero más que producirla le gustaba acompañarla, para ser exactos, con movimientos de su cuerpo.
Jongin era romántico y soñador. Fantaseaba con abandonar de la pequeña ciudad costera y mudarse a la gran ciudad, en donde podría vivir en un piso alto de algún edificio moderno, encontrar a alguien que se sintiera como su otra mitad y dedicarse a la danza en lugar de pasársela todo el tiempo de pesca en mar abierto o transportando turistas al arrecife. Pero todo aquello no podría ser, al menos no aún. Sus padres estaban poniéndose viejos y lo necesitaban, sus sueños tendrían que esperar.
Y no es que Jongin fuera infeliz, era solo que por alguna razón se sentía incompleto.
Esa noche en particular la playa estaba bastante desierta de turistas —tal vez porque era lunes—, por lo que Jongin y sus amigos estaban haciendo una especie de fiesta de cumpleaños adelantada ya que al día siguiente cumpliría diecinueve años.
La guitarra de Yixing acompañó al sonido de las olas y, al reconocer la melodía, Chanyeol se unió a él con su propia guitarra. Minseok empezó a darle suaves palmadas a sus bongós y Jongdae se encargó de la lírica con su increíble voz.
Jongin no se perdió el destello en los ojos de Minseok cuando Jongdae empezó a cantar mirándolo fijamente a los ojos. Había crecido siendo vecino y amigo de Jongdae y había tenido que presenciar cómo su desgraciado pero perseverante amigo caminaba año tras año detrás de Minseok. Incluso tuvo que acompañarlo a emborracharse por primera vez cuando, el verano pasado, Minseok había salido por un corto tiempo con un turista. El tal Luhan se había quedado una semana completa y Minseok se había encargado de ser su guía turístico personal. Pero desde la navidad pasada Jongin notaba ciertas miradas fijas o de soslayo y uno que otro sonrojo. No pudo evitar envidiarlos un poco, especialmente porque, además de Yixing, ahora sería el único soltero de su grupo de amigos.
Baekhyun se puso de pie y empezó a bailar al son de la música. El fuego de la hoguera le daba un semblante misterioso además de sensual. Jongin levantó la vista y salió de su ensoñación en el momento en que una mano se extendió hasta él; Baekhyun estaba invitándolo a bailar. Jongin le dio una rápida mirada a Chanyeol para asegurarse de que bailar con su novio estaba bien. El guitarrista le dio su aprobación con un asentimiento y una de sus enormes sonrisas. Jongin tomó la mano de su amigo y bailó con él mientras los demás le daban vida a una canción popular.
Do Kyungsoo detuvo su solitaria caminata a la orilla de la playa. El hilo de sus pensamientos se perdió completamente cuando divisó a un grupo de lugareños que bailaban y cantaban alrededor de una fogata. Todos se veían tan felices. Por un momento, la idea de mandar toda su vida por el caño, mudarse a una playa con agradables lugareños y empezar de nuevo, en donde todo fuera más sencillo, cruzó por su cabeza. Sonrió con amargura, sería el paraíso. Siempre fantaseaba con huir de su vida, pero al final no eran más que imposibles, nunca podría escapar de su realidad. Suspiró y retomó su caminata, acercándose cada vez más al grupo de alegres jóvenes que cantaban y danzaban.
Sus ojos se clavaron en la figura de uno de los bailarines. Nunca había visto a alguien que le resultara tan atractivo como aquel lugareño. Era alto y delgado, aunque no en exceso, su piel estaba un poco más bronceada que la del resto de jóvenes que lo acompañaban y el reflejo del fuego sobre su piel casi la hacía parecer dorada. Su cuerpo se movía con una soltura increíble al compás de la música en vivo. Kyungsoo pasó su lengua sobre sus labios resecos de forma inconsciente y la salinidad del mar que se coló dentro de su boca no le pareció desagradable. Siguió observando los fluidos y sensuales movimientos del moreno hasta que Junmyeon apareció a su lado.
—Vamos, ya contraté una lancha para el espectáculo.
Kyungsoo intentó contar hasta diez, estaba cansado de que su primo lo persiguiera por todas partes.
—No quiero ir —respondió con desgana.
Junmyeon apretó sus dientes.
—¿Sabes qué? Estoy harto —espetó sin poder contenerse más—. Yo solo intento hacer que te sientas mejor, se suponía que veníamos aquí a celebrar tu cumpleaños.
—No, yo no vine —Kyungsoo protestó—. Literalmente ustedes me secuestraron.
—Mi tío solo quería que tuvieras unas buenas vacaciones antes de tomar el mando de la compañía, no lo culpes ni a él ni a nosotros por...
—Solo vete ¿si? —Kyungsoo pidió intentando contener su frustración, su primo tenía razón, él no tenía la culpa de nada—. Ve con Kris a algún bar.
—Kris no está, seguramente se fue por ahí a tener sexo con algún extraño —Junmyeon murmuró lo último con desdén.
Kyungsoo no supo si la expresión en el rostro de su primo se debía a que se sentía celoso o a que le parecían despreciables los habitantes del lugar. Probablemente lo primero. A Kyungsoo le causaba gracia que el perfecto e incorruptible Junmyeon, estuviera colado por su alguien como Kris.
—Eso suena bien —Kyungsoo señaló con una sonrisa carente de bondad—, deberías hacerlo tú también. Ve y búscate a alguien con quien tener sexo, tal vez sea lo que te falta.
—Vete a la mierda —Junmyeon siseó, muy irritado por la inadecuada sugerencia de Kyungsoo.
Un hombre mayor se acercó en ese momento a los primos con un joven a su lado.
—Él los llevará —anunció el anciano, señalando al moreno que Kyungsoo había visto bailando junto a la fogata.
Si de lejos había pensado que ese chico era atractivo, se había quedado corto. Viendo de cerca su piel canela, su largo cuello, sus esbeltas piernas, sus carnosos labios rojizos, la marcada línea de su mandíbula, sus pómulos, sus cejas perfectamente delineadas, su cabello oscuro y especialmente sus ojos —que miraban como si desearan absorber aquello sobre lo que se posaban—, resultaba deslumbrante.
—Solo irá él —Junmyeon señaló a Kyungsoo y echó a andar de vuelta al hotel.
El anciano asintió y también se marchó, dejándolo a solas con el deslumbrantemoreno.
—Por aquí —Jongin anunció, guiando al turista hasta una de las lanchas que descansaban a la orilla de la playa.
—“La lancha de la pasión” —Kyungsoo leyó en voz alta la frase escrita sobre un costado de la lancha.
—No, no es... ¡Arg! —Jongin desvió su mirada avergonzado—. Mis amigos lo escribieron porque aún no le hemos puesto un nombre —su cliente intentó reprimir una sonrisa y luego levantó una ceja ante la siguiente palabra escrita dentro de un gran corazón “Minseok”—. Ese fue Jongdae y voy a matarlo —agregó, sin saber porqué diablos le estaba dando una explicación a un desconocido.
Jongin se subió a la lancha con la gracia de una pantera y le ofreció una mano a su cliente para ayudarlo a subir.
Jongin siempre había sido más bien tímido con los extraños, pero su trabajo con turistas le había enseñado que no existía cliente más satisfecho que aquel que se trata con calidez. Hablando de calidez, una mano más pequeña que la suya, tibia y delicada tomó su mano grande y callosa; tiró de ella con fuerza y le indicó al joven en dónde sentarse antes de encender el motor.
La fama de esa playa se debía a que, en los primeros meses del año, una especie de plancton luminoso salía de las profundidades del mar y se quedaba atascado en un arrecife cercano a tan solo un par de kilómetros de la playa. Era como ver estrellas dentro del agua. El fluorescente plancton azul era algo maravilloso que Jongin siempre disfrutaba tanto o más que los miles de turistas nocturnos que visitaban las playas en esa época del año solo para presenciar el espectáculo. Al principio, la idea de alejarse de las playas e internarse en la aplastante oscuridad, en donde era difícil encontrar la línea divisora entre el cielo y el océano, podría parecer aterradora, pero al final siempre valía la pena.
Aunque conocía el arrecife como a la palma de su mano, Jongin condujo con cuidado. Al llegar apagó el motor y se hizo el silencio.
Mientras el joven turista apreciaba boquiabierto el agua a su alrededor, Jongin se ocupó de apreciarlo a él. Era la primera vez que algo de equiparable hermosura a la que los rodeaba le acompañaba. Su cliente debía tener unos veinte años, tal vez un poco más, pero su rostro se veía un poco aniñado todavía. Su cabello era oscuro, probablemente negro, pero no sabría decirlo en la oscuridad de la noche. Lo que sí veía con claridad eran sus grandes y brillantes ojos marrones que miraban el agua maravillados. Sus gruesos y rosáceos labios estaban entreabiertos y Jongin se preguntó a qué sabrían. Como si leyera sus pensamientos, su cliente se relamió los labios y Jongin tragó con dificultad lo que fuera que estuviera obstruyendo su garganta.
—¿No tienes que darme información? —el turista preguntó con timidez, también había cierto rubor cubriendo sus mejillas.
Jongin sonrió avergonzado porque el chico guapo lo hubiera pillado mirándolo como idiota. Para compensar su idiotez, se irguió en su asiento y adoptó su tono más profesional.
—La bioluminiscencia que vez, es creada por un alga del plancton microscópico del grupo de las Dinoflageladas llamada ‘noctiluque’. Cuando se agita se hace luminosa, aquí hay una concentración enorme, se cree que se debe al calor que nos acompaña incluso por las noches.
Jongin sonrió tímidamente y Kyungsoo se distrajo con esa encantadora sonrisa. Sentía una curiosidad enorme y no solo por el plancton.
—¿Por qué brillan? ¿Que eso no atrae a sus depredadores? —preguntó luego de aclarar su garganta, que de pronto estaba más seca que un desierto.
—Una teoría defiende que se trata de un mecanismo de defensa. Cuando movemos el agua, el alga piensa que se trata de un crustáceo microscópico a punto de comérsela, por ello lanza un pequeño destello con la intención de atraer a algún pequeño pez que pueda comerse a su enemigo el crustáceo. La verdad es que la chispita de luz que emite no dura más que una décima de segundo, pero al existir miles de ellos en cada centímetro cúbico de este lugar, parece que la luz es emitida de forma continua siempre que movemos el agua. Otra teoría dice que brillan a causa del estrés que les provoca ser golpeados por algo o alguien.
—¿Qué opinas tú? —Kyungsoo preguntó con interés.
—Que brillan para competir con las estrellas, para que el océano no tenga nada que envidiarle al cielo.
Kyungsoo lo observó con fascinación. No se había esperado una respuesta como aquella, pero sus palabras le parecieron hermosas, como salidas de un corazón puro y soñador.
Jongin se dio un golpe mental. ¿Qué estupidez acababa de decir? Por supuesto que era lo que pensaba, pero el protocolo de la gente inteligente decía que debía apoyar alguna de las dos teorías, no decir una niñería. Aunque, por extraño que parezca, su solitario acompañante de esa noche no se rio, al contrario, lo miró directamente a los ojos con cierta ¿admiración?
Cuando Jongin estuvo seguro de que saltarían chispas en medio de ellos, el turista desvió su mirada con las mejillas levemente encendidas. Miró una vez más hacia el océano, que brillaba como si millones de luciérnagas se hubieran quedado pegadas en la superficie del agua.
—¿Por qué en algunos lugares forman figuras? —Kyungsoo preguntó luego de unos pocos minutos de silencio.
—Es el rastro que dejan los animales ahí abajo. Inténtalo, mueve el agua.
Kyungsoo obedeció, acercó sus manos al agua y dibujó un zigzag, una estela luminosa siguió el movimiento de sus manos.
—Woah —Kyungsoo sonrió y Jongin evaluó con curiosidad la sonrisa del turista; al sonreír, sus labios formaban un corazón, era impresionante—, es hermoso.
—Sí —Jongin musitó con la cabeza en las nubes. Esas eran las palabras exactas que él tenía en su mente. La asociación de objeto-adjetivo era una completamente distinta a la que su acompañante se refería, sin embargo.
Por unos minutos, ambos se sumieron en un silencio sepulcral, cada uno apreciando la vista a lados contrarios fuera del pequeño bote.
—¡Dios mío! ¿Qué es eso? —exclamó Kyungsoo de pronto.
Jongin se acercó cuidadosamente para ver de qué se trataba.
—Son peces —anunció en voz baja, señalando los grandes peces que se alejaban, y aunque su dedo señalaba hacia el agua, Kyungsoo lo miraba fijamente a él.
En ese momento, Jongin se percató de la poca distancia que había entre ellos y su pulso se disparó. Su cliente parecía generar algún tipo de electricidad que levitaba en el aire.
El retumbar del latido del corazón de Kyungsoo casi se escuchaba por sobre el sonido de la tranquila marea y sus manos temblaban a pesar de ser una noche cálida.
Ninguno de los dos podría decir con exactitud quién fue el primero en hacer el movimiento, ya que al parecer se habían acercado uno al otro al mismo tiempo, pero algo sí es seguro; fue Kyungsoo quien acunó el rostro de Jongin entre sus manos y fue Jongin quien puso sus labios sobre los de Kyungsoo primero.
Los labios del lugareño eran dulces —como la fruta que coronaba su pastel de cumpleaños— y se movían apaciblemente sobre los suyos.
Al notar que estaba siendo correspondido, Jongin se atrevió a llevar sus manos hasta el cabello de su cliente y hundió sus dedos entre las cortas hebras. Lo sostuvo con firmeza y profundizó el beso. Absorbió sus labios con ganas, dejando que sus deseos más profundos guiaran su atrevimiento.
Kyungsoo suspiró, complacido con aquella forma tan apasionada de besar, y su tembloroso aliento chocó contra los labios del moreno. El beso no duró mucho y Kyungsoo se encontró necesitando más, fue como si le hubieran dado una pequeña probada del caramelo más dulce y adictivo y se lo hubieran arrebatado cruelmente. Abrió sus ojos lentamente y notó que el desconocido lo miraba con un gesto de disculpa.
Jongin era consciente de que se había propasado con un cliente. Nunca lo había hecho antes, aunque había recibido un sinfín de insinuaciones tanto de hombres como de mujeres, de distintas edades y clases sociales. No es que fuera un santo, pero era tan romántico —o bobo como solía decirle Chanyeol— que tendría que encontrar a alguien realmente especial para poder aceptar tener una aventura de una noche. Aunque tal vez sus pensamientos estaban yendo mucho más allá de la realidad, ya que el joven frente a él no había hecho ninguna insinuación, solamente se había dejado llevar por un impulso.
Un impulso que extrañamente había nacido en ambos.
—¿Cuánto tiempo más podemos estar aquí? —el turista preguntó, como si el beso no hubiera sucedido.
Jongin se avergonzó, era obvio que el joven quería regresar a tierra lo antes posible para poder alejarse del lanchero pervertido.
—Regularmente estamos aquí media hora y luego volvemos —contestó suavemente—, pero si quiere que nos vayamos ya...
Jongin no pudo terminar su frase. El desconocido se acercó y cuidadosamente se sentó a horcajadas sobre él. Pasó los brazos por sus hombros e inició un segundo beso.
Jongin comprendió entonces lo que realmente había significado aquella pregunta. Se apresuró a llevar las manos a sus caderas para sostenerlo y le devolvió el beso con intensidad. No fue un beso recatado en absoluto, el desconocido parecía saber muy bien lo que hacía. Pronto, Jongin sintió la lengua del otro tocando tentativamente sus labios y no dudó en separarlos para permitirle pasar.
Kyungsoo, desconociéndose a sí mismo, recorrió la boca del moreno con su lengua y se balanceó lentamente sobre su regazo. Jongin suspiró, sintiendo cómo su hombría crecía ante la estimulación.
Sus respiraciones se volvieron forzadas con el paso de los minutos y la excitación se disparó bajo sus pieles. Jongin, que había estado acariciándole la espalda por sobre la camisa, se atrevió a quitar la prenda y luego lo levantó para quitarle también el pantalón de algodón blanco que llevaba enrollado hasta las rodillas, hizo que Kyungsoo se sentara frente a él y se posicionó de rodillas en medio de sus piernas. Acarició sus gruesos muslos, sus caderas, toda la llanura que suponía su abdomen y finalmente colocó la mano sobre su nuca para sostenerlo mientras le devoraba sus sonrosados y esponjosos labios que sabían a sal y a menta.
Jongin descendió de sus labios y dirigió sus besos hacia el cuello del turista. Lo escuchó murmurar suavemente y sintió su cuerpo estremecerse. Llevó su otra mano a la estrecha cintura e hizo un corto recorrido hasta su masculinidad. El turista gimoteó suavemente y se aferró a sus hombros mientras él lo acariciaba de la base a la punta con deliberada y enloquecedora lentitud.
Kyungsoo echó su cabeza hacia atrás y disfrutó del placer que esas toscas manos le regalaban. Enredó sus dedos entre el lacio cabello oscuro del desconocido y lo atrajo de nuevo a su boca para saquear sus deliciosos labios con roces impetuosos.
Jongin, ya sin aliento y con la excitación rozando el cielo, finalizó el beso y se alejó un poco para deshacerse de su ropa bajo la atenta mirada del bello turista. Cuando ambos estuvieron en las mismas condiciones, Jongin volvió a sentarse frente a él.
Kyungsoo estaba ansioso, no podía apartar la mirada de esa voluptuosa erección, la necesitaba invadiendo sus entrañas a la mayor brevedad posible. Se acercó al escultural moreno y se sentó a horcajadas sobre él una vez más.
—¿Cómo te llamas? —Jongin preguntó suavemente.
—Kyungsoo —el bello turista respondió con voz lujuriosa.
—Yo soy Jongin —informó el moreno con una sonrisa demasiado provocativa como para poder suponer que era legal—. Kyungsoo —Jongin musitó degustando aquella palabra—, dime en dónde te gusta que te bese.
Jongin arrastró sus labios detrás de la oreja de Kyungsoo y puso un húmedo beso ahí. Kyungsoo se estremeció ligeramente y Jongin besó otro punto cerca de la mandíbula obteniendo un nuevo estremecimiento. Otro beso a un costado del cuello y con él vino otro estremecimiento más un suave gemido. Jongin fue hasta la curva en donde termina el cuello y empieza el hombro y esta vez, además de estremecerse, Kyungsoo dejó salir de su boca una maldición muy apropiada para el momento. Jongin lo besó en el mismo lugar una vez más y rozó la piel con sus dientes provocando la misma reacción.
—Sí, ahí, Jongin —Kyungsoo murmuró sosteniéndose de los anchos hombros de aquel que no paraba de buscar lugares que lo volvieran loco, encontrándolos cada vez con mayor facilidad.
Cuando no pudo retrasarlo más, Jongin usó su propia saliva para lubricarse y ayudó a Kyungsoo a alzarse un poco para que fuera él mismo quien guiara la penetración.
Fue lento, doloroso y a la vez muy placentero. Kyungsoo se sentía completamente lleno. Se abrazó a Jongin con mayor fuerza e intentó recobrar su respiración mientras se acostumbraba a su tamaño.
Jongin deslizó sus manos de un lado a otro por la espalda de Kyungsoo, la estrechez era fascinante. Kyungsoo empezó a rodar sus caderas lentamente, ajustándose a la intromisión y complaciéndose con ella. Jongin le tomó las caderas y lo ayudó a moverse mientras repartía besos por su pálida piel.
La fricción era deliciosa. Jongin no paraba de recorrer con sus dedos la piel de Kyungsoo mientras robaba de su boca ese delicioso elixir que funcionaba como un potenciador de la lujuria. Sus lenguas jugaban a buscarse y a encontrarse en la boca de uno o del otro y sus cuerpos se movían en un lento y placentero vaivén.
—Jongin—Kyungsoo susurró sin aliento, apretando sus párpados cuando el mencionado rozó ese lugar especial en su interior.
—¿Es ahí? —Jongin le preguntó al oído con voz ronca. Presionó sus caderas, lo alzó un poco y luego lo dejó caer penetrándolo con fuerza.
—¡Sí! —la voz de Kyungsoo se quebró en medio de un gemido.
Jongin buscó su mirada y cuando sus ojos se encontraron quiso contarle su vida y hacerle saber que esa inusual experiencia era lo mejor que había vivido hasta el momento, pero enmudeció al verlo, tan hermoso, con la fantasmagórica bioluminiscencia reflejándose en su pálida piel.
Kyungsoo observó a su amante; Jongin parecía tener millones de preguntas y respuestas en su profunda mirada y él no supo qué decir, nunca había tenido sexo con alguien a quien no conocía y no sabía cuánta información era prudente compartir. No es que temiera revelar su identidad, pero ¿para qué? Si lo más probable era que nunca jamás en la vida sus caminos volvieran a cruzarse. Kyungsoo optó por acelerar un poco sus rebotes sobre el miembro de Jongin, pero el moreno se mantuvo impasible, alargando el placer, moviéndose lentamente, alcanzando las profundidades de Kyungsoo como si fuera el dueño del tiempo.
A pesar de su parsimoniosa manera de hacer el amor, Jongin logró extraer con facilidad la locura de Kyungsoo y encontrar la propia. Y mentiría si dijera que ese no era el mejor orgasmo que había logrado en su vida. No hubo necesidad de apresurar nada; sus labios, sus dientes, sus dedos y sus palmas siguieron deslizándose sobre la piel desnuda de su acompañante y Kyungsoo tuvo la certeza de que ni mañana ni nunca sería capaz de borrar de su piel el tacto de Jongin.
Ambos jóvenes perdieron la cuenta de los minutos en la lancha que no podría dar cabida a más de doce personas a la vez, Jongin nunca había tenido un mejor momento en el océano y Kyungsoo pronto se dio cuenta de que hubieran podido estar en un pantano sucio y apestoso en lugar de estar rodeados de la incandescente luz que diminutos seres vivos generaban por sí mismos y para él hubiera sido igual de perfecto, porque era este desconocido —que ahora conocía su cuerpo mejor que cualquier otro amante— quien había hecho de su supuesta celebración de cumpleaños la mejor experiencia de su vida, la más excitante y a la vez la más hermosa.
Los amantes admiraron en silencio la maravilla acuática uno al lado del otro hasta que la mente de Jongin decidió volver a la realidad.
—¡Mierda! —exclamó al echarle una mirada al reloj que había junto al motor—. Si no nos vamos ahora, vendrán a buscarnos —anunció.
Kyungsoo asintió, era evidente que ninguno de los dos quería volver a tierra, pero no tenían otra opción.
—Ha sido un placer —Kyungsoo se despidió, dándole una educada inclinación luego de bajar de la lancha.
—Ha sido mucho más que un placer —Jongin aseguró, tomando su mano para atraerlo hacia su pecho y darle un apasionado último beso en el que prometía no olvidar esa maravillosa experiencia—. Sabes en dónde encontrarme si quieres volver a verme.
Las palabras y la mirada de Jongin estaban bañadas de esperanza. Kyungsoo asintió y en sus grandes ojos se reflejó la tristeza. Retrocedió un paso y se alejó de él antes de hacer alguna promesa que no podría ser capaz de cumplir.