Prólogo
Kai sueña con escapar y abrazar su libertad, pero su camino se cruza con el de aquel rey… un caído despiadado que arrasa con todo a su paso, tomando lo que desea, cómo lo desea y cuando lo desea, sin que nadie se atreva a desafiar su voluntad y ahora su necesidad son aquellos ojos ámbar que lo observan temeroso.
La guerra era cruel… y el frío no daba tregua.
Cuando la tercera guerra terminó y el mundo se paralizó, surgieron clanes; personas que luchaban por su supervivencia. Nadie estaba listo para el apocalipsis que algunas mentes desquiciadas y egoístas provocaron.
El hambre hizo estragos y los pocos que sobrevivieron optaron por asesinarse antes de caer en el canibalismo, pero hubo a quienes aquello no les importaba, el punto era sobrevivir y harían hasta lo impensable por lograrlo. El caos reinó durante los siguientes meses hasta que la humanidad empezó a crear sus propias reglas.
En el continente que quedó surgieron trece sectores. Todos habían acordado un tratado de paz, dividiéndose para el mejor funcionamiento de los residentes, pero existía alguien que no seguía reglas… “El rey Sádico”.
El nombre no era en vano. Todos le temían y evitaban cualquier enfrentamiento. Por las noches, él tomaba lo que deseaba; comida, ropa e incluso mujeres a su antojo, mataba por placer y fundaba el terror a su paso. Nadie podía detenerlo porque los pocos que lo intentaron terminaron empalados o con la cabeza en una lanza siendo exhibida ante todo aquel que osara enfrentarlo.
La oscuridad lo coronaba como rey, y el temor inclinaba la cabeza ante él.