I.I
1981
Era una noche fría, de inicios de noviembre en Privet Drive.
De pronto, un hombre apareció en una esquina donde un gato algo curioso se había mantenido todo el día observando esa misma calle.
En Privet Drive nunca se había visto un hombre así, era delgado, alto y anciano.
El anciano, por arte de mágia fue apagando la luz de cada farola en la calle, hasta que finalmente quedó solamente la luz de un porche encendida.
El gato maulló y el anciano miró al gato.
-Debí imaginar que estaría aquí...Profesora Mcgonagall
De pronto, el gato se movió, hasta que este tomó la forma de una mujer algo mayor.
-Buenas noches profesor Dumbledore-habló la mujer mientras caminaba para ponerse a su lado-son ciertos los rumores, Albus?
-Eso me temo profesora-respondió Albus-El bueno... y el malo
-Y los niños?
-Hagrid, ha ido a por ellos-aclaró
-Crees sentato confiar a Hagrid algo tan importante como esto?
-Profesora, confiaría a Hagrid hasta mi vida
De pronto como si se tratara de un ruido sordo, el sonido de una moto empezó a escucharse detrás de sus cabezas.
Ambos se giraron, pero cerraron los ojos al ver la prominente luz que emitía dicho elemento.
Unos pocos segundos después, la moto aterrizó delante de ambos profesores.
La moto paró y Hagrid habló.
-Profesor Dumbledore, profesora Mcgonagall
-Y bien Hagrid?
-Sin problemas señor-sonrió el semigigante-los cachorritos se quedaron dormidos cuando sobrevolábamos Bristol, intenté no despertarlos. Aquí los tienen
Hagrid le entregó al profesor Dumbledore a uno de los tres hermanos Potter. Harry, el mayor.
Mientras que en su lugar, la profesora cargó a las dos hermanas, Halley, la mediana y Harper, la menor.
-Recordaba a Halley más pelirroja-habló Minerva
-Yo también-habló Hagrid-pero Harper sigue siendo una copia de su madre
-Albus, crees que es seguro dejarlos con esta gente? Los he observado todo el día! Son los peores muggles que se pueda imaginar-habló la mujer-yo podría quedarme a los tres, y seguro que sus padrinos estarían de acuerdo en criarlos
-Minerva, lamento decirte que no es tan fácil-habló el director-el padrino de Harry, Sirius Black está preso en Azkabán desde anoche, Marlene Mckinnon la madrina de Halley fue asesinada hace dos semanas en un misterioso incendio y el padrino de Harper, Remus Lupín ya tiene suficientes problemas con su licantropía. Ellos son la única familia que les queda
-Estos niños serán famosos-habló ella-no habrá niño en nuestro mundo que no conozca el nombre de los trillizos Potter
-Exacto...Y es mejor que crezcan al margen de todo eso-habló él mientras caminaban hasta la puerta de una casa-hasta que estén listos
Tanto el profesor como la profesora se agacharon y dejaron a los niños sobre el suelo, los cuales todavía seguían completamente dormidos.
Se escuchó un pequeño sollozo, de Hagrid, el cual había empezado a llorar.
-Tranquilo Hagrid-le calmó Dumbledore-no es un adiós para siempre a fin de cuentas
Él simplemente asintió.
Minerva todavía seguía mirando a los trillizos descansar plácidamente y Dumbledore dejó una carta entre ellos, dirigida a la familia Dursley
-Buena suerte, Harry, Halley y Harper
Y tras esas palabras, los tres magos desaparecieron, siendo ellos los últimos que vieron a los trillizos Potter.
1991
Una luz se encendió, y los tres hermanos abrieron los ojos al instante.
-Arriba! A levantarse!-habló tía Petunia desde el pasillo
Y luego vinieron los golpes a la puerta del armario, haciendo suspirar a Halley.
-Ya!-habló la mujer dejando un último golpe
Harry se incorporó un poco, logró encender la luz del armario y se colocó las gafas de ver.
Y de pronto se escucharon unas pisadas rápidas.
-Ahí viene-susurró Harper mientras se removía un poco
-Despertad primos!-habló Dudley dando saltos en las escaleras-Nos vamos al zoo!
Como de costumbre, cayó polvo, manchando un poco a los tres hermanos.
A ellos ya les daba igual en pocas palabras, pasaba cada vez que Dudley saltaba en las escaleras.
El niño empezó a reir y en su lugar, Harry trató de levantarse para salir del armario y dejar salir a sus dos hermanas menores.
Pero Dudley le empujó, haciendo que Harry volviera a meterse de nuevo dentro del armario.
Se hubiera dado un golpe contra la pared, si no hubiera sido por que Halley lo agarró de su espalda evitando así que su hermano fuera golpeado.
-Gracias Hall
-No hay de que hermanito-sonrió ella
Dudley también cerró la puerta de la cocina, pero aún así podían escucharse las voces de tía Petúnia.
-Oh! Aqui viene! Mi chico cumple años!
Halley finalmente pudo salir del armario, siendo seguida de Harper, la menor de los tres.
Harry abrió la puerta de la cocina y entró.
-Feliz cumpleaños, hijo-habló Vernon sentado en su sitio habitual en la mesa, presidiendola.
Tía Petúnia mimaba a su hijo de una manera vergonzosa y como de costumbre, a los tres hermanos les parecía gracioso.
Pero su tía se tuvo que fijar en ellos.
-Por que no vais a hacer el desayuno?-les ordenó-y con cuidado de no quemar nada!
-Si tía Petúnia-hablaron los tres hermanos a la vez
Harry se puso a vigilar el bacon, Halley sacaba los vasos para la leche y Harper se aseguraba de que las tostadas no se quemaran, mientras que seguían escuchando a su tía.
-Quiero que todo sea super perfecto... En el día especial de mi Dudley!
-Daros prisa!-ordenó tío Vernon-trae mi café niña!
Halley supo perfectamente que se dirigía a ella, por lo que tomó su taza y la llenó del café que había en la cafetera.
-A que es maravilloso cariño?-sonrió tía Petúnia
Halley dejó el café sobre la mesa de su tío y se permitió observar el enorme montón de regalos que había en el salón.
Fue entonces cuando con seriedad, Dudley miró a su padre.
-Cuantos regalos hay?-preguntó él
-Treinta y seis!-le sonrió su padre orgullosamente-yo mismo los he contado
De pronto el rostro de Dudley se puso rojo de la ira.
-Treinta y seis?!-gritó el niño-el año pasado tuve treinta y siete!
-Ya, pero algunos son más grandes que los del año pasado-aclaró el hombre
-Me da igual lo grandes que sean!-gritó el niño
-Oh, no, ya se lo que vamos a hacer-le calmó su madre-iremos a la ciudad y te compraremos dos regalos más, que te parece cariñito?
Eso pareció calmar un poco al niño, por lo que se sentó en la mesa y se dispuso a desayunar.
Tía Petunia también empezó a desayunar, mientras que los tres hermanos como de costumbre desayunaron un triste vaso de leche con tres galletas.
Para ellos nunca había bacon, huevos revueltos o leche con tres cucharadas de chocolate para el desayuno.
Tras el desayuno, tía Petunia les obligó a limpiar la cocina mientras que Dudley abría sus treinta y seis regalos de cumpleaños.
Y cuando finalmente terminaron, la mujer les entregó la ropa que usarían para salir hoy.
Harry siempre tenía mala suerte en ese aspecto, puesto que usaba la ropa vieja que a su primo no le gustaba y esta siempre le iba bastante grande, porque además los hermanos Potter eran mucho más delgados que su primo.
Mientras que sus otras hermanas llevaban la antigua ropa de Petunia y de su madre.
Era la ropa que usaban ellas a finales de los años 60, casi los 70. Así que era ropa de hacía más de 20 años.
Pero almenos a Halley y a Harper les gustaba la ropa, la cual en su mayoría eran vestidos de flores y faldas, por lo que no les importaba.
Además así tenían algo de su madre.
Una vez los tres hermanos se vistieron, esperaron dentro del armario el momento de salir a la calle.
Y unos quince minutos más tarde finalmente se estaban preparando para meterse en el coche.
Harry iba a meterse en el coche, cuando de pronto tío Vernon cerró la puerta dejando a los tres hermanos fuera junto a él.
-Os lo advierto ahora, niños-les amenazó con la llave del coche-Una sola cosa rara...Tan solo una! Y os quedareis sin comer una semana
Harry le miraba seriamente.
Y cuando finalmente el hombre les ordenó meterse en el coche, Halley rodó los ojos.
A las once de la mañana llegaron finalmente al zoo, donde se encontraron con un amigo de Dudley, Piers, al parecer pasarían el día con él también.
La madre del amigo de su primo se marchó a hablar con Petunia, mientras que los tres hermanos permanecieron juntos.
Los trillizos Potter acudían a la misma escuela que Dudley, de hecho estaban en el mismo curso, salvo que él estaba en otra clase, pero eso no significaba que los amigos de Dudley le hicieran la vida a Harry algo imposible, de hecho él era el saco de boxeo personal de Dudley.
Harry siempre prefirió que fuera así, nunca dejaría que golpease a sus hermanas.
Pero ellas tampoco se quedaban atrás, cada vez que Dudley golpeaba a Harry, Halley le contaba alguna historia de miedo para que por la noche tuviera que dormir con sus padres por el miedo o sin ir más lejos, se hiciera pis en la cama con 10 años.
Harper en su lugar, le molestaba de algún modo más discreto.
Le hacía pequeñas bromas, pero sin duda su favorita era dejarle flojos los saleros y para cuando fuera a usarlos para la comida... Zas! Cae toda la sal y Dudley estropea la comida.
Estuvieron por el resto de la mañana viendo todo tipo de animales, aunque las dos hermanas no pudieron evitar reir en el momento en el que su hermano Harry hizo un comentario burlesco sobre el parecido de Dudley con el gorila que estaban viendo en aquel momento.
Para la sorpresa de los trillizos también comieron en el zoo y por primera vez en mucho tiempo comieron comida en condiciones.
Muy en condiciones no era a decir verdad, pero era mucha más comida de la que podrían comer cualquier medio día en casa de sus tíos
Sus tíos le dieron a cada niño un perrito caliente junto a una pequeña bolsa de patatas fritas.
Halley pensó que era la mejor comida que había probado en mucho tiempo.
Tras la comida, a Dudley y Piers le compraron un helado de dos bolas, mientras que a regañadientes, tío Vernon les tuvo que comprar un polo de limón.
Una vez terminaron fue el momento de entrar en la zona de reptiles, donde como de costumbre, los tres hermanos iban detrás de todos.
Cuando ya llevaban unos quince minutos ahí dentro, Dudley se fijó en una gran serpiente y sus padres fueron tras el.
-Haz que se mueva!-ordenó Dudley
Tío Vernon dió un par de golpes a la vitrina que los separaba de la serpiente. Los trillizos se acercaron a observar.
-Muevete!-le ordenó Vernon
No es como si fuera a hacerte caso, pensó Halley.
-Muevete!-gritó Dudley en esta ocasión
-Está dormida!-le aclaró Harry
-Que aburrimiento-respondió el niño mientras se marchaba con sus padres para seguir viendo cosas
Así que los tres hermanos se quedaron solos viendo a la enorme serpiente.
A Halley le pareció bonita la serpiente, aunque le daba algo de pena que siendo tan grande la mantuvieran en un lugar tan pequeño.
-Disculpale-le habló Harry a la serpiente-no entiende lo que supone estar ahí metido día tras día, viendo como la gente te mira, con sus feas caras
De pronto, la serpiente alzó su cabeza y empezó a mirar a Harry y a Halley.
Halley, al igual que sus dos hermanos se sorprendió notablemente.
-Puedes oirme?
Y la serpiente asintió.
-Nunca había hablado con una serpiente-sonrió Harry-le hablas a menudo a la gente?
La serpiente negó.
-Eres de Burma, verdad?-le preguntó él-Es bonito aquello? Hechas de menos a tu familia?
La serpiente señaló un letrero.
-Criada en cautividad-leyó Harper-mira! Como nosotros
Pero de pronto esa pequeña paz donde se habían visto los tres hermanos desapareció cuando escucharon a su primo gritar, por decima vez en todo el día.
-Mamá! Papá!-gritó él mientras empujaba a Harry al suelo y hacía tropezar a Harper-no os vais a creer lo que está haciendo la serpiente!
El niño se apoyó en el cristal y mientras que Halley ayudaba a Harper a levantarse del suelo, observó a su hermano, el cual miraba a su primo con detenimiento.
Y de pronto se escuchó como si alguien cayera a una piscina.
-Oh dios mío-rió Harper por lo bajo-creo que este es el mejor día de mi vida
Halley miró en dirección a donde había venido el sonido del agua y se encontró a su primo empapado, tirado en el agua del terrario de la misma serpiente con la que habían hablado.
Harry no pudo evitar sonreir.
Halley se apartó de Harper y con una pequeña sonrisa en el rostro, caminó hasta su hermano, con la intención de levantarle del suelo.
Pero la vista de ambos estaba puesta en la serpiente, puesto que ella sola se estaba encargando de buscar su própia libertad.
La serpiente les miró mientras salía del terrario, sacó la lengua y tocó el suelo.
Ahora, ambos hermanos estaban realmente sorprendidos, puesto que la serpiente se había puesto a la altura de Harry, el cual seguía sentado en el suelo y Halley a sus espaldas.
-Gracias!-habló la serpiente
-No hay de que-habló Harry algo sorprendido
Y tras eso la serpiente siguió reptando, causando gritos allí por donde pasaba.
Halley ayudó a levantarse a su hermano y ambos pusieron la vista en el terrario en el momento en el que Dudley empezó a gritar mientras que a su vez lloraba.
Ahora había un cristal que le mantenía encerrado.
Fue entonces cuando los trillizos se dieron cuenta en todo este mar de caos, que tío Vernon les miraba amenazadoramente, por lo que sabían que significaba esa mirada.
Castigados.
Obviamente la excursión concluyó con eso y pasadas las cinco de la tarde ya se encontraban de vuelta en la casa.
Dudley junto a su madre fueron los primeros en entrar y los trillizos fueron detrás con tío Vernon.
Él le agarró el pelo a Harry para darle un tirón y este evidentemente, se quejó.
-Que ha pasado?
-No lo sabemos!-respondió Harry- te lo juro, no lo se! Había un cristal y de pronto desapareció!
-Ha sido mágia!-habló Harper
Tío Vernon sin querer escuchar más, los metió a los tres dentro del armario bajo la escalera y les puso el seguro.
-Nunca ha existido la magia!-habló el hombre desde el otro lado del armario
Y con eso, los dejó a oscuras.
Los días para los hermano Potter seguían pasando, lo que implicaba seguir haciendo tareas para sus tíos.
Era otra mañana de verano, había pasado una semana desde el pequeño incidente de la serpiente.
Y como cada mañana, los trillizos eran los encargados de preparar el desayunos
-Niños, id a por el correo-les ordenó Vernon
-Iré yo-habló Harry mientras salía a paso tranquilo hasta la puerta de la entrada
Harper y Halley siguieron a lo suyo, mientras que Harry recogía el correo.
Harry miró para quien iban dirigidas todas las cartas, pero hubo una en especial que llamó su atención.
Una carta dirigida a los trillizos Potter, es decir a él y sus dos hermanas menores.
-Papá!-habló Dudley repentinamente-Harry tiene una carta!
Inmediatamente Halley y Harper alzaron la vista, para ver como Dudley le quitaba la carta de sus manos y se la entregaba a su padre.
-Es mía y de mis hermanas!-se quejó Harry
-Vuestra?-rió tío Vernon-quien diablos os escribiría a vosotros tres
Pero de pronto se sumió el silencio en el salón.
Esa misma tarde, en el armario bajo la escalera los trillizos hablaron.
-Tío Vernon miente-habló Harry-leí quien era el receptor de la carta y eramos nosotros, los señores Potter, además ponía nuestra dirección
-La de casa de los tíos?-preguntó Harper
-Ponía esa, además de que ponía en la dirección que el lugar de entrega no tenía que ser el buzón-aclaró él-tenía que ser el armario bajo la escalera
~
A la mañana siguiente aparecieron tres cartas más, y a la siguiente se habíam multiplicado.
Ese mismo día, los trillizos escucharon como tío Vernon hacía de las suyas con el buzón.
-No entrarán más cartas en este buzón!-habló tío Vernon orgulloso
Los tres hermanos miraron por la puerta.
Evidentemente había puesto una madera en el buzón para que las cartas no entrasen.
Al tercer día fueron 6 cartas y las cuarto 12, las cuales tío Vernon no dudó en tirar a la chimenea.
Y así, cada día que pasaba recibían más cartas que el anterior, hasta que llegó el domingo.
Era un domingo a media mañana y todos estaban en el salón.
-Bonito día, el domingo-sonrió Vernon-en mi opinión el mejor día de la semana, por que será hijo?
Su hijo le miró, sin intenciones de responder puesto que estaba más centrado en el plato de galletas que Harry tenía en sus manos.
-Por que no hay correo el domingo?-respondió Harry mientras le entragaba el plato de galletas a su tío
-Tu lo has dicho Harry-respondió él mientras aceptaba una galleta-no hay correo. Ni una maldita carta! No señor!
Mientras que tío Vernon seguía hablando, Halley se fijó en como su hermano se dió la vuelta y empezó a mirar por la ventana.
Ella vió algo volar, llevaban toda la semana viendo lechuzas cada mañana.
Y fue entonces cuando una carta bajó por la chimenea y Vernon se calló.
De pronto la casa empezó a temblar y miles de cartas empezaron a salir de la chimenea.
Halley escuchó jadear sorprendida a Harper.
-Haz que pare mamá-habló Dudley asustado
Petunia andaba igual de asustada que su hijo.
Harry corrió al centro del salón y trató de agarrar una carta.
Agarró una, pero tío Vernon se dió cuenta y se avalanzó sobre él.
-Coge una carta-le susurró Harper a Halley
Halley miró a su alrededor, Vernon estaba tan concentrado en quitarle esa carta a Harry,que estaba segura de que no se daría cuenta si ella robaba una carta.
Harper cogió una carta e inmediatamente se la entregó a Halley, la cual no dudó en metersela en la camiseta que llevaba aquel día puesta.
Harry corría por el salón y Vernon le seguía.
Tía Petunia se levantó y Harper gritó, pensando que les habían pillado.
Pero en su lugar salió corriendo con Dudley en busca de Vernon.
Cuando las dos hermanas llegaron a la entrada de la casa, Vernon seguía peleando con Harry, pero además desde la puerta salían muchas más cartas.
-Son nuestras cartas!-gritó Harry-sueltame!
-Se acabó!-gritó Vernon mientras mantenía a Harry agarrado-nos vamos de aquí! Muy lejos! Donde no nos encuentren!
-Mamá, papá se ha vuelto loco!-habló Dudley
Halley no dudó en reir.
Tío Vernon los obligó a meterse en el coche y sin saber donde ni como, terminaron a muchos kilometros de Prive Drive.
Es más, tío Vernon los metió en una barca hasta que terminaron en una isla de piedras con una casa muy pequeña de dos pisos.
Y por si fuera poco había una tormenta increiblemente fuerte.
Las horas siguieron pasando y llegó la hora de irse a dormir.
Como era más que obvio, solo había una cama y un sofá, por lo que en la cama durmieron Petunia y Vernon, mientras que en el sofá Dudley.
Dudley no tardó en dormise, mientras que a los trillizos les tocó quedarse sobre una alfombra sucia con una manta para los tres.
-Estoy cansada de dar vueltas-se quejó Harper-encima me da miedo que Dudley se caiga encima nuestro mientras dormimos
-Está tan gordo que nos aplastaría-rió Halley
-Oye, ahora que estamos los tres “solos”-susurró Harper-saca la carta Hall!
-Que carta?-preguntó Harry
-Halley y yo conseguimos una carta-sonrió Harper
-La he tenido escondida todo el día-sonrió Halley mientras se la enseñaba a sus hermanos
Halley abrió la carta y empezó a leerla, pero cuando llevaba la mitad dejó de leerla algo decepcionada.
-Debe de ser una broma-resopló
-Seguro que ha sido idea de Dudley y sus amigos-se quejó Harper
Los tres hermanos siguieron en silencio por unos minutos.
De pronto el reloj de Dudley pitó y los tres se giraron a mirar dicho reloj.
Media noche del 31 de julio de 1991.
El cumpleaños de los trillizos.
-Feliz cumpleaños Hall y Harp-sonrió Harry
-Feliz cumpleaños Har-hablaron las niñas a la vez
De pronto se escuchó un fuerte golpe en la puerta, el cual hizo despertar de golpe a Dudley.
Otro golpe, seguido de un tercero.
En el cuarto golpe, los cuatro niños se levantaron inmediatamente y se apartaron algo desconcertados de la puerta, la cual cada vez les quedaba más lejos.
En el sexto golpe a la puerta, Vernon apareció con una escopeta en la mano, seguido de Petunia.
-Quien anda ahí?!-gritó Vernon
Y con el séptimo golpe, la puerta cayó.