Capítulo 1
Un chico moreno, alto y bastante guapo se miraba en el reflejo del espejo, admirando lo bien que se ajustaba el traje oscuro a su cuerpo. Se notaban los músculos de su pecho y brazos anchos, su cuerpo bien trabajado, sonrío satisfecho, la figura que miraba le gustaba y sus ojos de halcón estaban alertas a cualquier arruga o pelusa en la negra tela que se le estuviera pasando.
Debía estar perfecto.
No sólo porque era un chico conocido y popular en el colegio o porque era la mano derecha del capitán del equipo de básquetbol.
Quería estar perfecto para su novio.
En su mano izquierda sostenía el antifaz dorado que utilizaría para la fiesta de fin de año de su colegio, se preocupó de que el color combinara con su corbata. Sonrió al colocarlo encima de su rostro, había sido una excelente idea del consejo de estudiantes hacer un baile con antifaces.
Por el espejo vio a un pequeño con cabello castaño entrando a su habitación con la mirada baja, moviendo sus dedos rápidamente tecleando el celular.
JiHoon se acostó en la cama sin saludar o decir una sola palabra.
—Hola MinGyu ¿cómo estas?, bien ¿y tú? —Rió entre dientes mirando a JiHoon sacándose los zapatos para subir los pies a la cama.
—Bien, gracias —Sonrió apagando el celular, llevándolo a su bolsillo para guardarlo y miró a MinGyu —¡Woah! —Sus ojos se abrieron mostrando un pequeño brillo en ellos.
—¿Tan bien me veo? —Sonrió coquetamente mostrando sus colmillos.
—No hablo de ti, idiota —JiHoon se levantó saltando de la cama pasando por al lado de MinGyu, ignorándolo completamente y tomó en sus manos lo que llamó su atención; una esfera de nieve con un pingüino dentro.
JiHoon había comenzado a trabajar hace cinco meses en “Aqua World”, trabajo que consiguió gracias a su tío, el padre de MinGyu. Se encargaba de cuidar a esos pequeñitos animales que robaron su corazón, también realizaba el espectáculo enseñándole a la gente sobre los pingüinos.
Tenía libros de sus amados pingüinos y podía aburrir a las personas hablándoles todo el día de ellos.
Aunque entrando al colegio su trabajo de la semana cambiaría solamente a los fines de semana, buscaría algún trabajo de medio tiempo para gastar su tiempo en algo útil.
También tenía pensado ocupar algún cargo en el consejo estudiantil este año.
JiHoon era un chico de diecisiete años con ciertas ambiciones en la vida, siempre realizando algo productivo evitando las preguntas de sus padres o familiares sobre por qué aún no tenía novio.
Utilizaba sus trabajos y actividades como una buena excusa.
No era que nunca quisiera tener un novio pero conocía muy bien a los chicos de su edad, veía las relaciones de sus compañeros que no duraban más de tres meses, ese parecía ser el plazo para saber si la relación era seria o un juego para alguna de las dos partes. Y él no iba a terminar con el corazón roto por un loco y desorientado adolescente, definitivamente no.
Se había besado antes con otros chicos, chicos que jamás le volvieron a hablar o que jamás volvió a ver, pero él sabía que era así, por lo que prefería mantener guardados sus sentimientos antes que dárselos a alguien que no los merecía. Para él, el amor iba mucho más allá que besos o tener relaciones sexuales.
Quería encontrar a alguien con quien ser confidente, saber lo que pasaba con solo mirarlo y viceversa. Alguien con quien estar en silencio y no sentirse incómodo. Un chico con quien pueda divertirse, pasarla bien con pequeñas cosas, que le gusten los pequeños detalles tanto como a él.
Uno de esos antiguos amores que eran eternos y verdaderos, con un chico...
De los que ya no existen.
—Dámelo —Exigió JiHoon con la voz gangosa mostrando la linda esfera de nieve.
MinGyu rió al escucharlo hablar —¿Qué te pasó en la voz?
—Resfrío, se llama resfrío. Pero dámelo.
—No puedo —Negó con la cabeza manteniendo el rostro serio, muy seguro de su respuesta.
—¿Por qué no? soy tu primo, debes regalarme cosas, es como una ley en las familias —Habló exigente.
—Me la regalo WonWoo, no puedo.
Hace tres días cumplió un año de relación con WonWoo, su novio. Se conocieron cuando tenían años en un partido de fútbol, WonWoo lo iba a ver escondido a las prácticas y campeonatos, hasta que un día MinGyu lo miró detrás de las gradas y sin una pizca de vergüenza lo invitó a salir, claro que ese fue un consejo de JiHoon, al igual que los regalos que tuvo con su chico.
MinGyu conocía el lado romántico y sensible de JiHoon, era una de las pocas personas que lo conocía, por lo que recibía gustoso sus consejos amorosos.
Una idea se pasó por su cabeza —JiHoon —Llamó al bajito cuando dejó triste la esfera encima del mueble.
—¿Hmm?
—¿Por qué no vas a la fiesta conmigo?
—¿Y qué se supone que haré yo ahí? —Se volvió a sentar en la cama del moreno.
—Distraerte un poco, divertirte o conocer a alguien —Dijo MinGyu, aunque esperaba la respuesta obvia que siempre salía de los labios del pequeño.
—Mañana debo trabajar —Se colocó los zapatos encontrando la excusa perfecta.
—Anda, te divertirás —Insistió.
—Aunque quisiera, no me dejarán entrar, según me dijiste es solo para personas que asisten en ese colegio.
—Te dejarán si llegas conmigo, como WonWoo va ahí no necesita pasar con nadie. Vamos, te iré a dejar a tu casa luego. Aparte este año entrarás a mi colegio, es mejor si vas haciendo amigos nuevos.
JiHoon lo miró detenidamente de pies a cabeza, pensando en alguna otra excusa —No tengo traje, mucho menos un antifaz.
El moreno se giró mirándose por milésima vez en el espejo —Tienes el traje del año pasado, ya sabes, el que usaste para el matrimonio de mis padres.
—Es del año pasado, MinGyu.
—¿Y qué? ¿piensas que te quedará chico? —Sonrió de lado frente al espejo colocándose el antifaz sobre su rostro.
De pronto sintió una almohada estrellándose en su cabeza haciendo volar al antifaz de sus manos, se volteó mirando al pequeño quien tenía el ceño fruncido.
JiHoon disimuladamente miró detrás de tu primo, sus ojos se abrieron y su rostro enojado se esfumó.
—Acepto, iré a la fiesta contigo —Dijo de pronto, cosa que le pareció extraña al más alto pero lo ignoró —Pero con una condición.
—¿Cuál?
—Si me aburro, me vas a dejar a casa.
—Está bien —Aceptó sin protestar.
—Eso si, tendremos que hacer dos paradas antes de irnos a la fiesta —Habló JiHoon en un tono nervioso jugando con sus manos.
—¿Dos? —Preguntó confundido, sabía que debía llevar a JiHoon a casa para que se cambiara, en dos horas comenzaba la fiesta.
—Una en mi casa y otra en la tienda para comprar dos antifaces —Forzó una falsa sonrisa.
—¿Por qué dos? —Levantó una de sus cejas.
MinGyu se volteó mirando a dónde JiHoon apuntaba con su dedo, el antifaz había caído en el suelo, cerca de la puerta de la habitación y el pequeño perro de la casa se estaba encargando de destrozarlo por completo.