Capítulo 1: Belleza Hegemónica
El video estaba terminado tras algunas horas de edición. Me sentía satisfecha con el resultado, un video corto para una plataforma, el proceso completo para otra. El contenido era suficiente para llenar la semana y mantener las estadísticas fluyendo. Me recliné en la silla de mi escritorio, rodeada por las luces tenues de mi habitación, que generaban un ambiente de calma y concentración.
Al empezar a leer los comentarios mientras subía el nuevo contenido, mi mirada se detuvo en uno particular. “Ese maquillaje solo funciona en gente bonita, si lo intentas en una cara normal no se va a ver así”, se leía en la pantalla. Un suspiro escapó de mis labios. “Siempre hay alguien…” pensé, intentando sacudirme la pequeña punzada de duda que ese comentario había sembrado.
El video estaba arriba, programado para salir el martes a las 4pm, el pico de mis visitas. Con todo listo, tomé mi teléfono y tecleé rápidamente “ya voy saliendo” y lo envié. Al recoger mi bolso y un suéter, la brisa fresca de la tarde me rozó el rostro al salir de casa. La ciudad estaba bañada en el cálido resplandor del atardecer. Julián estaba ya en su auto, su silueta recortada contra el brillo del sol poniente. Se giró brevemente para mirarme cuando me acerqué.
Julián conducía su auto mirando hacia el frente, atento al camino, pero siempre relajado. No pude evitar admirar su actitud despreocupada, que añadía tanto a su ya evidente encanto. Observé sus manos, firmes en el volante, los músculos de sus brazos ligeramente tensos. Su rostro sereno, con esa perfecta nariz y mandíbula definida, sus fríos ojos ámbar qué contrastaban perfecto con su piel bronceada.
—¿Qué tal estuvo tu día? — preguntó Julián, rompiendo el silencio
Reflexioné un momento, pensando en los comentarios del video
—Fue... interesante— respondí, con una leve vacilación
Julián me miró brevemente con una ceja levantada, una señal de que no me creía del todo
—¿Todo bien con el canal? — preguntó
—Sí, ya sabes, el drama de las redes sociales— dije, intentando sonar despreocupada.
Miré hacia afuera, las luces de la ciudad parpadeaban al pasar, logrando distraerme brevemente de mis propios pensamientos.
—Bueno, mira, te contaré— dije antes de revelarle mi preocupación — alguien hizo este comentario en mi último video, dijo que mis técnicas solo me funcionan a mí, pero que, si otra chica se maquilla como yo, él resultado no sería bueno, y llevo un rato pensando en ello
—Ya veo— respondió Julián calmadamente —¿y crees que eso es cierto?
—creo que si, tal vez me falta sensibilizar mi contenido— dije tratando de pensar en cómo darle una solución al problema que parecía hacerse evidente.
— Sara, no es tu culpa qué tus seguidoras sean feas— dijo Julián secamente.
Me mordí el labio, tratando de no dejar que su comentario descarado me descarrilara.
—Baby, no seas así. No es que haya culpas, es que creo que tienen razón en algo, las mismas técnicas no funcionan en todos los rostros, y tal vez es hora de traer diversidad al canal.
Mientras las luces de la ciudad pasaban velozmente a mi lado, una idea empezó a tomar forma en mi mente.
— ¿Y si empezara a invitar a diferentes personas a mi canal? Podría mostrar una gama más amplia de técnicas adaptadas a distintos tipos de rostros.
—Supongo que es una buena idea, dijo Julián sin mirarme, ¿y a quién vas a invitar?
—No lo sé, debo buscar personas no hegemónicas qué estén dispuestas a tener un makeover, esto me servirá incluso a mí, para aprender cosas
—“No hegemónicas” qué manera tan complicada de llamar a la gente fea— dijo Julián de una manera sarcástica
—No se trata de belleza, Julián. Se trata de mostrar que la belleza tiene muchas caras— expliqué con calma esperando que entendiera mi punto
—Bueno, puedes empezar con gente de mi carrera, lo que dicen de las mujeres en ingeniería es real, ninguna es “hegemónica” —dijo Julián con cierto dejo de burla — O de tu grupo, si quieres empezar con más confianza.
La idea de mi novio, de hecho, era un gran punto de partida
—¿Sabes? No es mala idea— admití, sorprendida de estar considerando seriamente su propuesta —Invitaré a alguna chica de mi grupo— La idea de colaborar con alguien de mi entorno académico me parecía menos intimidante que buscar completas desconocidas.
Julián asintió, mientras devolvía la mirada hacia el camino.
—Solo asegúrate de no transformar tu canal en un proyecto de caridad— dijo y siguió conduciendo sin apenas seña de alguna emoción. Me quedé mirando por la ventana, reflexionando sobre la conversación.
La mañana siguiente era tranquila, los domingos son en general un día flojo.
Julián aún dormía a mi lado, compartíamos ese aroma a alcohol qué nos dejó la noche anterior. Bailar y beber en compañía de algunos amigos, era algo que hacíamos ocasionalmente, la mayor parte del tiempo éramos sólo nosotros dos.
Me levanté lo más silenciosamente qué pude y me dirigí a la cocina en busca de agua. Mientras bebía, mis pensamientos vagaron hacia el proyecto que había considerado la noche anterior. La idea de introducir diversidad en mi canal me emocionaba, pero también me inquietaba. Debía planearlo bien. Estaba concentrada en ello, lo suficiente como para casi olvidar qué era casi medio día y no había desayunado.
Llevé mi tablet al comedor para hacer algunas notas, mientras tomaba una taza de café y vi salir de la habitación a Julián, que aún se veía adormilado.
—¿Qué haces? — preguntó acercándose a mí
—Solo estoy planeando algunas cosas— respondí manteniendo la concentración
Julián se acercó y colocó sus manos en mis hombros
—Deja eso y ven a bañarte conmigo
Reí, sabiendo que era lo que en verdad quería decirme. Julián qué era siempre directo elegía no serlo en estas situaciones, me parecía una característica sumamente adorable
—Ni siquiera has desayunado
—Ya lo haré después, ven— me dijo tomándome de la mano y dirigiéndonos a la habitación.
Mi depa yacía silencioso por la tarde, luego de que Julián regresará a su casa dejándome sola.
Desde que empecé la universidad me mudé a este lugar que mis padres rentaron, primero para mi hermana, y luego para mí. Era un espacio pequeño pero muy cómodo, en una buena zona, cerca de la universidad.
Vivía sola en el tercer piso de un edificio de 5 niveles. De vez en cuando recibía la visita de mis padres, de mi hermana, algunas amigas, y más frecuentemente de Julián, quien a veces pasaba la noche conmigo.
El lunes llegó, mi primera clase en la universidad era a las 9 am. Ese día en clase estaba decidida a buscar a la candidata perfecta para empezar la nueva fase de mi canal. Un día antes me tomé la molestia de regalar a mis seguidores de redes un pequeño teaser de que venían cosas nuevas para el canal, y que pronto anunciaría cosas, primero necesitaba asegurar la participación de las personas que tenía en mente.
Anoté los nombres de algunas de mis compañeras que consideraba potencialmente interesantes para mi canal, y la primera de ellas se cruzó conmigo en el pasillo afuera del aula. Luisa Castillo, una chica de mi grupo a la que había considerado como opción.
Si me lo preguntasen objetivamente diría que ella tiene un gran potencial, sus rasgos eran distintos a los míos, pero excelentes para experimentar otro tipo de maquillajes. Lo más destacable en su rostro eran sus prominentes pestañas, lo cual hacía innecesario el uso de mascara. Sus ojos marrones, redondeados y enmarcados en el grueso armazón de sus lentes. Su piel apiñonada me obligaría a cambiar mi gama de colores de siempre. Pensar en un maquillaje para ella me hacía sentir entusiasmo por salir de mi zona de confort.
La primera cosa por hacer sería acercarme para invitarla y esto no sería tan fácil. En realidad, yo jamás había hablado con Luisa, no tenía mucha idea de qué clase de persona era. La veía llegar siempre a tiempo y tomar lugar en las primeras filas del aula, si bien solía estar ahí parecía aun así esconderse entre los demás. Algunas veces la escuché participar en clase cuando los profesores hacían preguntas que nadie más sabía responder. Luisa hablaba con una voz lineal y con un timbre grave, respuestas breves antes de quedar en absoluto silencio. Incluso, creo que conocía más su voz que sus expresiones faciales, jamás la había visto de otra forma que no fuera con su rostro serio y su mirada baja.
Al finalizar la clase decidí acercarme a Luisa, la seguí por un instante al salir del aula caminando tras ella en dirección al patio central.
—Hey, Luisa — dije tocando su hombro—¿Podemos hablar?
Luisa se giró para mirarme y lo primero con lo que me encontré fue su mirada de confusión enmarcada en sus gafas.
—Sí, dime— respondió con la misma voz grave y robótica con la que responde en clase.
Tomé un respiro, sabiendo que debía ser directa pero también sensible en mi aproximación.
—Okay, la razón por la que te busco es... no sé si lo sabes, pero tengo un canal en YouTube sobre maquillaje y belleza. Y, bueno, he estado pensando en incorporar nuevas ideas y rostros en mi contenido.
Luisa me miró con creciente incertidumbre.
—¿Y qué tiene eso que ver conmigo? —preguntó.
—Verás, creo que tienes una belleza única y me encantaría mostrarte en mi canal. Quiero explorar estilos de maquillaje en una variedad de rostros, y creo que podrías ser perfecta para eso —expliqué, esperando convencerla con mis palabras.
Su rostro que normalmente era serio y casi estático parecía mostrar sorpresa y confusión a partes iguales.
—No sé —dijo finalmente— No estoy segura de querer estar frente a una cámara, y menos siendo parte de un canal de maquillaje. — respondió, claramente incómoda con la idea.
—Lo entiendo completamente, y no quiero presionarte —respondí rápidamente, al ver su incomodidad —Pero te ofrecería todo el apoyo que necesites. Podemos empezar con algo pequeño, tal vez una sesión de prueba sin cámaras, solo tú y yo, para que veas cómo te sientes al respecto.
Luisa pareció pensarlo por un momento.
—No puedo decir que no me intriga la idea, pero... es algo muy extraño para mí —admitió
—Eso es totalmente comprensible. ¿Qué tal si te invito un café y hablamos un poco más sobre ello? Sin compromisos, solo para contarte bien y con calma la idea que tengo —sugerí, esperando que una atmósfera más casual pudiera facilitarme la persuasión.
Luisa asintió lentamente, aún con reserva.
—Está bien, podemos hablar. Pero no prometo nada —dijo, y por un instante, su mirada se elevó, encontrándose con la mía por un segundo antes de desviarse rápidamente.
—Genial, eso es todo lo que pido. Gracias, Luisa. —Dije sonriendo ante la oportunidad que parecía haberme dado
Mientras se alejaba, no pude evitar sentir una mezcla de emoción y nerviosismo por ver mi nuevo plan dando sus primeros pasos.
El ambiente de la cafetería tenía un aroma delicioso, una mezcla de granos recién molidos y pan dulce. En ese momento pensaba que había sido una gran idea reunirnos en un lugar como ese. Aun así, me sentía nerviosa mientras esperaba a Luisa. No sabía bien por qué, pero algo en su aceptación reacia a mi propuesta me hizo sentir un poco insegura. Quizás era la idea de salir de mi propia zona de confort, o tal vez era la curiosidad sobre qué tipo de persona era en realidad.
Luisa llegó puntualmente, con su habitual expresión seria, su vestimenta era lo que acostumbraba usar; zapatos deportivos, jeans y una hoodie gris sin ningún estampado, su cabello recogido en un chongo desordenado.
—Hola, gracias por venir —dije, intentando romper el hielo mientras le señalaba que tomase asiento
Luisa tomó lugar en la silla frente a mí y se quitó las gafas para limpiarlas dejándome ver esas largas pestañas que habían sido el foco de mi interés al mirar su rostro.
—No hay problema. Aunque aun no entiendo bien por qué yo —respondió Luisa, colocándose nuevamente las gafas.
Tomé un sorbo de mi café para darme tiempo de formular mis palabras.
—Pienso que tienes una belleza única, y me gustaría que más gente la viera. Mi canal es una plataforma donde puedo mostrar eso. No se trata solo de maquillaje, sino de autoexpresión y confianza.
Luisa me observó en silencio con una expresión que no me permitía leer entre líneas, rígida como siempre.
—Nunca me he considerado alguien... atractivo —admitió con honestidad, aún con su voz lineal.
—Ese es mi punto, de hecho, lo eres, pero no de una forma convencional —respondí —La belleza no normativa o fija, es diversa y personal. ¿Te imaginas lo inspirador que sería para otras chicas verte y sentirse representadas?
Ella jugueteó con la cuchara de su café mirando hacia abajo.
—Okay, pero eso no responde mi pregunta ¿Por qué yo?
—Porque veo algo en ti que quizás tú aún no ves —dije tratando de mirarla a los ojos—Además, creo que podríamos aprender mucho la una de la otra, considero que eres “un reto” por tu personalidad tan reservada, creo que realmente podemos hacer magia en un video, puedo sacar otro lado tuyo. —dije con entusiasmo esperando haberla convencido
Hubo un largo silencio en el que Luisa parecía pesar sus opciones.
—Significa que me vas a grabar y voy a aparecer en tu video ¿no? ¿Qué tal si no me gusta el resultado? — preguntó tras unos momentos
—No te preocupes, haremos esto, primero tendremos una sesión de práctica, sin cámaras, esto me ayudará a familiarizarme con tus rasgos, y a ti a sentirte tranquila si el resultado no te gusta, si de verdad sientes que no lo hago bien, lo dejamos ahí y no te obligaré a grabar nada ¿te parece bien?
—Está bien —dijo finalmente—. Lo intentaré. Pero no esperes que me convierta en una fan del maquillaje ni nada, lo hago solo para saciar mi propia curiosidad
Sonreí, sintiendo una oleada de alivio y emoción.
—Eso es todo lo que pido, Luisa. La curiosidad es un excelente punto de partida —respondí con una sonrisa, tratando de erradicar la tensión entre nosotras.
Luisa asintió ligeramente con un gesto casi imperceptible que, sin embargo, sentí como una gran victoria. Era evidente que salir de su zona de confort no era algo que hiciera a menudo, pero su disposición a probar algo nuevo era un paso en la dirección que yo quería.
—Y quién sabe, quizá descubras algo nuevo sobre ti misma en el proceso —agregué, tratando de mantener el ambiente ligero y positivo.
Luisa esbozó una sonrisa leve, la primera que había visto desde que la conocí. Era un pequeño indicio de que, tal vez, estaba más abierta a la experiencia de lo que sus palabras sugerían.
—Ya veremos —dijo con una cautela maquinal.
La conversación fluyó un poco mejor después de eso. Hablamos sobre los detalles logísticos: cuándo y dónde realizaríamos la sesión de práctica, qué tipos de looks consideraríamos, y cómo podríamos ajustar todo para que se sintiera cómoda durante el proceso. También aseguré a Luisa que tendría control total sobre cómo se presentaría en el video, reafirmando que su consentimiento y comodidad eran mi prioridad.
Y finalmente al cabo de una hora nos despedimos con algunos acuerdos sobre ese día que esperaba con ansias.









mi pasión es la lectura , un interesante comienzo de la historia
QUE VEO? UN RETELLING MITOLOGICO? No llevo ni un capitulo y ya lo amo💗