Capítulo I: “¿Y ahora qué?”
Tatiana
Solo cuando ves como lanzan tierra sobre un ataúd es cuando entiendes lo frágil, efímera y simple que es nuestra existencia, podemos añadirle una capa de dolor y tristeza cuando ese ataúd es el de tu madre. La mayoría de las personas nunca logra preparase lo suficiente para despedirse de sus padres. No soy la excepción, a pesar que había imaginado la situación un millón de veces, el estar aquí despidiendo su cuerpo parecía irreal, era una escena que repetiría incontables veces en mi cabeza, como si fuera un video, ahora debía vivir el resto de mi vida sin una madre, no seré la primera ni la última, pero ¿Cómo se hace?
La pregunta es casi ridícula teniendo en cuenta que ella estuvo mas tiempo ausente que presente en mi vida. Quizás por eso no estaba llorando, pero apretaba los volados de mi vestido negro y me dolía la mandíbula de tanta tensión. Era igual de ridículo ver a mis hermanos sosteniendo a mi padre, cuya alma esta destrozada en mil pedazos y parece que en cualquier momento tratara de saltar al hueco, sabiendo que el y mi madre no tenían contacto desde hace como 8 años.
No esperaba verlos aquí, no esperaba que mama muriera hace tres días, ellos no esperaban mi llamada, habían pasado como 8 meses desde la ultima vez que los llame o les envié siquiera un mensaje, pero volaron desde el otro lado del mundo para una ceremonia simbólica, por la que probablemente no sentían nada, aun así, lagrimas silenciosas corrían por sus mejillas.
Suspiré aliviada cuando pude alejarme del hueco, no había mucha gente de la que despedirme, solo algunas enfermeras que le habían tomado cariño a mama, la abuela se había quedado observando donde minutos antes estuvo el ataúd. Escuché unos pasos que me alcanzaban en mi camino a la salida, las dos altas figuras de mis hermanos aparecieron por cada lado.
—Es un gusto verte otra vez Tiana, lastima que sea en estas circunstancias —dijo Viktor, el menor entre ellos dos. Escucharlo hablar fue como un choque, junto a mi padre llevaban muchos años viviendo en Venezuela, necesite un momento para configurar mi cerebro al español.
—Lo mismo digo —dije aparatosamente al principio.
—Ya casi se te olvida el español —dijo Viktor guardando las manos en los bolsillos de su traje gris oscuro y riendo un poco en voz baja.
—Te hemos extrañado —dijo Vitaly, pasando su brazo por mi hombro y apretándome a él.
—Lo mismo digo —repetí ausente.
Vi a papa acercarse a nosotros y en un impulso cerré el espacio que quedaba y me lance a sus brazos, el me abrazo con fuerza, me había estado conteniendo todo el rato, llegaron directo al funeral y apenas los había saludado a la distancia, me trague las lágrimas de nuevo.
—Te he extrañado mucho —dije sin soltarlo, realmente lo extrañaba, hace casi cinco años que no nos veíamos, trataba de conversar con él lo más seguido posible, pero entre todo el caos de mi vida cuando me daba cuenta había pasado un mes desde que respondí a su último mensaje.
La abuela no les dirigió la palabra. Solo los saludo con un asentimiento de cabeza y siguió su camino hasta el aparcamiento, ella nunca le gusto papa, ni sus raíces, nunca entendió porque mamá prefirió vivir en una isla paradisiaca en Venezuela en vez del pequeño pueblucho ruso, en el que ni en verano hace verdadero calor. También preferí la isla mucho tiempo, a pesar que nací en el frio pueblucho ruso, éramos una familia feliz viviendo a la orilla de la playa, hasta que mamá tomo un trabajo en una expedición de tres años en el océano ártico, y todo se fue al carajo cuando volvió.
Volvimos todos en silencio al apartamento, se había vuelto una pesadilla estar en casa, seguía reviviendo los últimos momentos de mama, cada cosa era un recordatorio de que se había ido. De lo poco que había dejado. Mis hermanos también observaron el apartamento con aprensión al entrar, sus pocos recuerdos del lugar no eran los mas gratos, este apartamento había presenciado mas desgracias de nuestra vida de lo que nos gustaba recordar.
Tres días atrás, desperté por mi cuenta mas temprano de lo que hubiera querido y con una sensación extraña en el pecho, como si estuviera olvidando algo, el cuarto aun estaba un poco frio y los primeros pájaros ya estaban cantando, la madera de la cama crujía bajo mis movimientos, quería seguir durmiendo cuando un estruendo en la sala me hizo saltar del colchón, del apuro golpeé mis dedos del pie con una de las patas de la cama. Desde el umbral observé hacia afuera y vi a mamá sentada en la mecedora, sosteniendo una olla y una cuchara de metal.
—Mi hija esta muerta —susurraba mientras golpeaba la olla vacía, de repente alzo su vista hacia mí, —¿Quién eres? ¡Que haces en mi casa! —grito.
—Mama, soy yo Tatiana —dije, me iba a dirigir a la mesa del comedor donde estaba el libro de fotos que solía mostrarle cuando tenia un episodio de memoria. La abuela habría salido hace poco al mercado por lo que estábamos solo las dos. Apenas moví un musculo cuando mamá grito asustada.
—¡Vete de mi casa! —grito lanzándome la cuchara de metal que me golpeo en el rostro con fuerza.
—¡Mamá! —me quejé sorprendida, nunca me había hecho nada parecido, me miraba con los ojos bien abiertos, claramente asustada, sosteniendo la olla como escudo, debí reprocharme por alzar la voz. Trate de avanzar de nuevo, la cuchara me había pegado sobre el ojo y me había quedado doliendo, tendría un gran hematoma luego.
—¡Vete de aquí, intrusa! —grito de nuevo, ahora abalanzándose sobre mí y haciéndome caer, se sentó sobre mí y sostuvo mis muñecas contra el sueño.
—Mamá, soy yo, Tatiana, tu hija —dije ahora alzando inevitablemente la voz, trataba de no forcejear demasiado para no alterarla más.
—¡Mi hija esta muerta! —dijo gritando muy cerca de la cara y escupiéndome un poco.
Soltó una de mis manos, para tomar la olla, aproveche y me libre de su agarre, me levante para correr al teléfono fijo, marque un botón y empezó a sonar. Recibí un golpe fuerte en la cabeza por la espalda antes que pudiera hablar, mamá me había golpeado con la olla, solté el teléfono de la sorpresa. Ahora sostenía un cuchillo de mesa en la otra mano. Alcé las manos tratando de tranquilizarla.
—Mi nombre es Tatiana —dije en voz muy alta, deseando que se escuchara a través del teléfono, el servicio de emergencia ya me conocía, tenía el numero en marcación rápida —Soy tu hija, baja el cuchillo —trate de hacer énfasis en esa última palabra.
—Mi hija murió —dijo apuntándome con el cuchillo, trate de alcanzar el teléfono, pero volvió a lanzarme la olla y a tirarme al suelo, no estaba presentando resistencia alguna, en un segundo la tenia sobre mi con el cuchillo en mi cuello —¡Mi hija murió! ¡Mi hija murió! —repetía frenéticamente.
—Mama estoy aquí —dije llorando debajo de ella, escuche pasos y voces en el pasillo del edificio —¡Ayuda! —grite —¡Alguien llame una ambulancia!
Volvió a golpearme con la olla en la cabeza y de repente se alejó, pareció perder fuerzas y un segundo después se desplomo sobre el suelo. Me arrastre hasta ella y agite su cuerpo mientras gritaba por ayuda. La ambulancia tardo unos minutos en aparecer y me encontraron sollozando abrazada a su cuerpo, me había hecho una herida en la frente y tenía el rostro ensangrentado.
Cada centímetro de mi cuerpo temblaba, tenía el corazón desbocado y casi me desmayo en la recepción del hospital cuando el doctor me dijo que mamá había tenido un infarto fulminante. La gente me veía con una combinación de lastima y miedo, no deje que me trataran la herida porque quería verla, al final no se si me desmaye por la perdida de sangre o por el exceso de adrenalina.
—¿Cuándo se van? —pregunto mi abuela en ruso, mientras cenábamos, mis hermanos intercambiaron una mirada fastidiados.
—Mañana en la mañana—respondió Viktor en español, sabia que lo hacia para molestar a la abuela, desde que se mudaron ella siempre se porto odiosa con ellos, como si hubieran tenido la culpa de todo —Hay un pasaje para ti, si así lo deseas —dijo mirándome.
—¿Por qué tanta formalidad? —dije molesta, desde hace mucho tiempo la relación con Viktor era demasiado conflictiva, no podíamos estar en la misma sala diez minutos sin pelear, una de las razones por las que deje de visitarlos en Venezuela —Soy tu hermana, no una desconocida, imbécil —abrió la boca para decir algo, pero papa lo detuvo poniéndole una mano en la nuca.
Hubo silencio por unos segundos, pero igualmente Viktor dijo entre dientes —Casi eres desconocida —le lance una papa de mi plato, el me vio indignado.
—Tatiana —se quejo Vitaly fastidiado —no ahora.
—No iré con ustedes —dije ahora comiéndome otra papa.
—Bien, te necesito aquí, ahora que tu mama no esta necesito alguien que me ayude en la iglesia —dijo la abuela complacida, de solo pensarlo me dolió la cabeza, la abuela pasaba mas tiempo mandoneando en la iglesia que aquí en casa, mama solía ayudarla a veces, ahora mis vacaciones de verano estarían condenadas a cargar cajas, limpiar chicles de debajo de los asientos y cualquier otra tarea tediosa que pudiera ocurrírsele.
—Nos haría feliz que vinieras —dijo papa.
—A ti solamente —dije revolviendo mi plato, Vitaly me pateo por debajo de la mesa y Viktor dejo caer su tenedor sonoramente.
—¿Para que lo intentamos? —dijo este último levantándose y retirándose. Vitaly lo siguió sin decir nada, papa se quedo otros minutos antes de irse también.
—piénsalo ¿Sí? —dijo antes de irse dándome un beso en la cabeza.
—No te desgastes, estas mejor aquí conmigo.
¿Lo estaba realmente? Alejé el plato y me fui a mi habitación con esa pregunta en la cabeza. La abuela es una mujer estricta y poco afectiva, pero a pesar de ello, nunca me ha faltado nada, me enseño a coser, cocinar, tejer, a todo lo que se necesitara en la casa, gracias a ella se disparar tres tipos diferentes de arma y a desactivar trampas para osos. Mama no era invalida, pero si consumía mucho tiempo y ella me necesitaba ocupándome de lo que ella no podía, tomo el lugar de mama y me educo como pudo. Y, aun así, desde que murió mama me preguntaba como sobreviviría ahora solo con mi abuela, aun me quedaba un año de instituto. Podría conseguir un trabajo de medio tiempo, pero eso no me llevaría muy lejos del apartamento.
Trataba de conciliar el sueño mientras pensaba en el futuro, un terror inmenso se apodero de mí, debí sentarme pues me faltaba el aire. Hasta hace unos días mi vida giraba alrededor de mi madre, iba a clases, volvía para cuidarla y estar con ella mientras la abuela trabajaba en el supermercado y luego iba a la iglesia, la abuela quería que me enfocara en los estudios por eso no me dejaba trabajar. En mis días libres debía quedarme cuidando a mama y estudiando, no tenía permitido salir con amigos, ni pensar en tener novio. Ni siquiera podía considerar que tuviera amigos, me había cambiado de colegio cuatro veces en los últimos tres años por problemas de conducta, literalmente había estado en todos los colegios del pueblo y debí transferirme a uno en la ciudad, recordar la charla que tuve con la abuela cuando me dijo que si no lograba terminar el colegio me obligaría a unirme al ejercito me pone los pelos de punta.
Trate de llamar al hotel de papa, pero no contesto nadie. Eran las tres de la mañana y me levanté para guardar mi ropa en una maleta vieja de forma desordenada, las manos me temblaban mientras lo hacía, tuve que cerrarlas en puños y contar hasta diez para lograr calmarme, la herida de la frente empezó a palpitar.
Me detuve en la puerta para mirar al apartamento oscuro y silencioso. Había escrito una nota para la abuela que deje sobre la mesa del comedor, ella lo entendería ¿Cierto? Serian solo unos días. Sintiéndome culpable, fui hasta su habitación y toqué la puerta, no salió después de tres veces así que la abrí y me encontré con la habitación vacía.
—Al carajo —dije cerrando la puerta con fuerza y saliendo del apartamento.
Tarde en encontrar un taxi a esa hora y discutí con el hombre como por diez minutos el precio del viaje, si esperaba por el primer autobús, no llegaría a tiempo. Finalmente llegamos a un acuerdo, en el que de igual forma pague de más. Recorrí difícilmente el aeropuerto porque a la maleta se le partió una rueda y debía arrastrarla, después de un rato reconocí a Viktor comprando algo de comer, al verme alzo las cejas sorprendido.
—Ahórrate lo que quieras decir —dije fastidiada sin aliento después de haber arrastrado la maleta a todos lados, el ahogo una risa y me ayudo con la maleta.
Papá y Vitaly se vieron mas contentos de verme y me envolvieron en un abrazo grupal. Mi teléfono sonó varias veces y reconocí el numero de la casa.
—Yo hablo con ella —dijo papa quitándome el celular y alejándose para hablar, después de como 15 min finalmente colgó —no te matara cuando regreses.
—Solo te esclavizara por el resto de tu vida —dijo Viktor riéndose.
Me reí con él, eso aligero el ambiente entre nosotros, después de unos minutos en silencio, Viktor se acerco y me dio un abrazo incomodo — me alegro que vengas con nosotros. — No respondí, solo sonreí y apoyé mi cabeza en su hombro.
También estaba feliz de ir con ellos, había ido antes, pero esta vez se sentía increíblemente aterradora, como si fuera la primera vez, sentía como si no supiera que estaba haciendo, realmente no lo sabía, ahora que mama no estaba me había quedado sin rumbo y estaba improvisando mis pasos.