Russian roulette || jinsu

Summary

Quizás en algún momento esa persona frente a ellos había sido lo mas precioso que habían tenido, pero las cosas cambian y cuando te has sumergido tanto en el sentimiento amargo de la realidad las cosas dejan de importar. "En esa habitación solo habían manchas asquerosas, desespero, sentimientos amargos y tragedias." ↳Angst ↳One-shot ↳JinSu/SuJin ↳300519

Genre
Drama/Other
Author
♡ lila
Status
Complete
Chapters
1
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

El inicio del fin

Dentro de ese pequeño departamento del piso siete nada importaba.




La música sonaba a un volumen ensordecedor ganándose quejas de los vecinos a su alrededor, pero ¿A quien le importaba? Definitivamente a ellos no.




Las manos de Seokjin recorrían la piel pálida de su amigo mientras este jugaba con la botella, de algún alcohol fuerte, en su mano. No le importaba si quizás estaba siendo un poco rudo con las caricias, causando que los dedos se quedaran marcados en la piel blanquecina  del pequeño chico de cabello gris. Llevo sus labios abultados a los del contrario para devorarlos, esperando que ese sabor agridulce nunca se borrara de su memoria.




Yoongi se alejo de él soltando una risa destartalada y ahogada, quizás alguna otra persona se hubiera preocupado pero no Seokjin, que poco le importaban las cosas. No eran de esas parejas que se preocupaban por el otro, nada que ver, lo único que podía ser comparado con una pareja cualquiera era ese sentimiento de dependencia que los rodeaba a ambos por igual. Eran el dúo perfecto. Ya nada importaba, ni siquiera ellos mismos lo hacían. Quizás en algún momento esa persona frente a ellos había sido lo mas precioso que habían tenido, pero las cosas cambian y cuando te has sumergido tanto en el sentimiento amargo de la realidad las cosas dejan de importar. A veces te das cuenta y otras no, solo pasaba. A ellos le había pasado.




Seokjin se une a su risa escandalosa cuando lo ve tirarse al sillón causando un desastre con la bebida de color borgoña. Todo se vuelve un remolino de piel, sabanas calientes y manchas frescas de un color atrayente. No le dice ni una palabra. Ya todo el departamento estaba cubierto de feas manchas, una mancha mas o una mancha menos ¿que importaba? 




El peligris lo atrae hacia su cuerpo para empezar una guerra de poderes que empieza con sus bocas y termina en sus manos, que no pierden el tiempo para escarbar entre la ropa ajena tocando piel por todo el camino. La camisa de Kim queda tirada por alguna parte junto a otros objetos que nunca se preocuparon en recoger, el pantalón de Yoongi queda a medio desabrochar cuando la mano del mayor lo utiliza como su escondite preferido.




Ambos están perdidos en ese departamento con olor a desgracias y manchas imborrables. Ambos están perdidos en el otro y ya no importa, nada importa.




Los labios de Yoongi toman como presa a esa piel tersa que cubre el cuello de su amigo. No le importa apretarlo contra él y sentirse posesivo, sentir que era su único dueño. Tampoco le importaba esas pastillas de colores que el pelinegro había pasado por su garganta hace tan solo un par de pestañeos y que se habían vuelto tan necesarias en la vida del mayor, y por lo tanto también en la suya. Porque eran uno, de alguna manera lo eran.




Por un momento solo sintió el deseo de apretarlo contra si sin importar nada mas y eso hizo. Detuvo el juego de incitación que él mismo había empezado para apretarlo en un desesperado abrazo como en los viejos tiempos. Habían llegado esos pequeños minutos de la noche en los que se sentía como en la secundaria; feliz y amado. Recordaba los abrazos de Jin, los besos en la piel, las bromas silenciosas, las caricias en el cabello, las noches viendo películas que terminaban en ellos haciendo el amor. Ahora era diferente, solo era sexo sin mas. Solo piel contra piel buscando matar el deseo que sus cuerpos sentía por el contrario. Ya no había cariño, ni respeto, ni amor.




El chico de abultados labios detallo la piel bajo su cuerpo. Antes era pálida pero lograba sonrojarse con facilidad, era lindo, demasiado lindo, ahora se veía enfermiza y cenizosa. Las venas relucían por lo pálido que se encontraba y hematomas comenzaba a brotar por la mala alimentación y cuidado. Era penoso mirarlo, había días en los que solo quería apartar la vista porque verlo de esa manera solo le recordaba al chico de cabellos negros, mejillas llenas y piel rosada al tacto, él chico del que alguna vez se sintió enamorado. Solo quedaba cenizas de ese chico. 




No supo exactamente cuando Yoongi comenzó a morir en cuerpo y alma, pero cuando lo noto él ya estaba igual de muerto. 




¿Acaso importaba? Ya no lo hacia.




Pero Seokjin ya no extrañaba la piel delicada y rosada bajo sus labios, ahora deseaba esa piel marcada y maltratada porque no debía cuidarla, ni tratarla con amor. Yoongi ya no era una persona a la que se le debía tratar con amor o delicadeza, ya no tenia miedo de lastimarlo y la necesidad de protegerlo de cosas que podrían romperlo había desaparecido. Yoongi ya estaba roto ¿que iba a proteger?




Ya no había amor. Oh, claro que no lo había. En esa habitación solo habían manchas asquerosas, desespero, sentimientos amargos y tragedias.




Cuando el calor en su cuerpo comenzó a disminuir el pequeño chico se quito de encima al mayor, tanteo en la mesilla a su lado y logro encontrar un frasco de pastillas para el dolor de cabeza, sin pensarlo dos veces se llevo una a la boca esperando sentir la misma sensación que le ofrecía la excitación hace un rato, consciente de que esa sensación no llegaría a menos que tomara otra pastillita de color rojo.




Jin siguió con su juego, metiendo la mano entre sus pantalones para sacarle un jadeo al menor de los Min.




—Juguemos, Jinnie.— la voz profunda de Yoongi contrastaba con su tono infantil y exigente.




No espero respuesta y se levanto del sillón para buscar a su querida amiga. Seokjin ya sabia a que se refería pero no tuvo miedo, desde hace mucho tiempo había dejado de tener miedo y menos cuando se trataba del peligris. A los pocos minutos Yoongi regreso con un revolver en su mano, al que miraba con ojos brillosos de deseo y quizás admiración. Fue imposible no sentirse un poco celoso por no ver ese brillo en sus ojos cuando lo miraba a él, pero no menciono nada, ya que, de igual manera se encontraba mirando el objeto encantado.




No era la primera vez que Jin veía al de piel pálida con ese revolver en la mano. Recordaba perfectamente cuando hace un tiempo lo había encontrado en la cama con la mirada perdida mientras jugaba con aquella arma de fuego, días después lo encontró llorando y repitiendo que se quitaría la vida un par de veces antes de que el pelinegro decidiera abrazarlo para calmar los espasmos que recorrían su cuerpo.




Sabia que este momento llegaría, de una manera u otra iba a tener que encontrarse frente al objeto que se llevaría a la única persona que tenia a su lado directo a la muerte. No sabia si detenerlo o no. Desde hace mucho tiempo que ya no sabia nada.




—Juguemos a la ruleta rusa— una gran sonrisa adorno sus labios delgados permitiendole a Seokijin ver sus encías rosadas por ultima vez.




Sabia que el pequeño a su lado no recibiría un no por respuesta y si se lo decía solo provocaría una gran pelea que terminaría en lagrimas, insultos y, si pasaban la linea, golpes. Todo esto había querido ahorrárselo desde que Yoon se había mostrado débil ante él, era algo que nunca ocurría y que pasara le había advertido la gravedad de la situación. Quería llevar la fiesta en paz para no arrepentirse de nada luego, definitivamente ya no quería cargar con mas arrepentimientos y menos si tenían que ver con el menor de los Min, suficiente tenia con el arrepentimiento de haberle hablado una vez por primera vez.




—Esta bien, pero solo un par de rondas.




Ese fue el gran error de Seokjin.




Siempre había sido débil ante esa voz profunda y ojos gatunos, aun cuando ya no sentía su corazón palpitar por él seguía siendo débil ante cada una de sus partes. No podía ni sabia decirle que no y ese era su mayor error. Siempre lo había sido.




La emoción que creció en Yoongi podría ser comparada con la de un niño al recibir una respuesta afirmativa de su madre para algo que quería realizar desde hace mucho tiempo. Algo dentro de Seokjin se estremeció al ver como el pequeño y alegre Yoongi salia a la luz una vez mas, quizás si lo extrañaba un poco, solo un poco. Sintió miedo por lo que podría pasar, pero guardo el sentimiento bajo llave una vez mas dejando solo desinterés y desapego emocional.




El primero el jugar fue Yoongi, quien se llevo la boquilla del revolver hasta la cien, apuntando sin titubear ni una sola vez, con sus ojos centrados en los de Seokjin esperando aunque sea una leve señal que lo hiciera parar todo ese juego absurdamente necesario. Pero nada llego, los ojos contrarios solo lo miraban impasible, esperando pacientemente su turno para entablar una conexión con el armamento.




Al apretar el gatillo nada sucedió. No hubo ruido, no hubo manchas de sangre, ni hubo un final. Seokjin pudo respirar porque ese chico de bonita sonrisa aun seguía con vida.




El arma paso a manos del mas alto y la apretó con fuerza esperando mostrar seguridad. No aparto los ojos del otro ni una vez, quería asegurarse de verlos brillosos y con vidas por todo el momento que fuera necesario. Se llevo el arma a la cabeza y antes de apretar el gatillo los labios fríos de Yoongi impactaron con los suyos, solo que esta vez no fue un beso desesperado o lujurioso. El beso era dulce y anhelante, deseoso de ese amor bonito que compartieron hace unos años. Aun así no cambiaría nada, ya nada podría cambiarlo.




Apretó el gatillo sin separarse de sus labios, teniendo así solo un simple roce. No ocurrió nada y por mas que una parte de ellos estaba aliviada, la parte de si mismos que se encontraba mas dañada se preguntaba cuando uno de los dos caería, cuando llegarían a su fin. Era algo que necesitaban.




El sentimiento destructivo fue lo que los llevo a repetir el proceso un par de veces mas. El revolver era de seis balas por lo que Yoongi comenzó a contar cada una de las rondas, fue inevitable no sonreír cuando noto que la ultima bala seria su premio de suerte y consuelo. Desde hace tiempo estaba esperando por algo así, pero se sentía como un pequeño siamés atado a su otra mitad. No podía quitarse la vida, pero de alguna manera ya estaba muriendo, solo que de una manera mas lenta y dolorosa. Ya no quería vivir así, sintiéndose dependiente de sustancias destructivas ni de personas malditamente asfixiantes, por esa razón guardo silencio y espero a que su turno llegara.




Ese fue el error de Yoongi.




Siempre esperaba como iluso a que su turno llegara, a que las cosas buenas llegaran a él después de haber pasado por las manos de los demás. Seokjin siempre se lo llevaba todo, lo bueno y lo malo, aun así él no podía impedirse lo. Siempre había sido así.




Todo se movió en cámara lenta cediéndole el paso al sonido que llego sin avisar, porque sus cálculos habían salido mal, completamente mal. La ultima bala de su precioso juguete tenia nombre y apellido, pero para nada era Min Yoongi.




La sangre broto de la cabeza del chico que le agarraba la mano y lo cubría del frió, del chico que le sonreía en clase y le brindaba abrazos cuando algo salia mal, del chico que se disculpaba por haberlo hecho sentir mal por algún comentario. Vio como su cabeza cayo como peso muerto contra el respaldar del sofá manchando todo a su paso.




Una mancha mas, otra mancha imborrable en ese departamento repleto de desgracias.




Las lagrimas brotaron de los ojos del único sobreviviente, trayendo consigo el sentimiento de desolación y vació. Oficialmente lo había perdido todo y aun seguía con vida. Se sentía pequeño y asfixiado. El olor a sangre fresca se metió por sus fosas nasales quemando todo a su paso y causándole unas horribles ganas de vomitar, pero eso no le impidió sentarse a horcajadas sobre el cuerpo inerte de la única compañía que había tenido en años. Se acurruco intentado buscar el calor que le brindaba Seokjin cada día, pero era algo que nunca volvería.




Se acorruco como un niño dejando que el vació lo consumiera y se permitió ser débil, se permito llorar como hace años no hacia, se permitió abrazar una vez mas al delgado chico bajo su cuerpo con amor.




Y lloro.




Y lloro por perder a su única compañía, a su única persona en el mundo.




Y lloro por aun seguir vivo, siendo la muerte lo único que quería.