End Game

Summary

"Sé lo que todos dicen, pero no estoy tratando de jugar..."

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝚉𝚎𝚛𝚘: 𝙽𝚒𝚐𝚑𝚝𝚖𝚊𝚛𝚎 𝚍𝚛𝚎𝚜𝚜𝚎𝚍 𝚕𝚒𝚔𝚎 𝚊 𝚍𝚊𝚢𝚍𝚛𝚎𝚊𝚖

— "Oh, Dios mío, mira esa cara... Pareces mi próximo error"

— "Oh, por Dios, mira esa cara... Te ves como mi próximo error"

...

A pesar de que sólo había estado un año fuera del país, el día que Lee Jeno regresó a Seúl se sintió como si se hubiera ausentado una década. Pese a que, estrictamente hablando, había sido un extranjero en una tierra lejana durante doce meses, volver a su ciudad lo hizo sentir más ajeno que todo su tiempo en Londres. Todo se sentía diferente, a pesar de que el idioma le era familiar e incluso los ruidos de las personas eran conocidos, tenía un regusto nuevo que lo hizo preguntarse si acaso una ciudad podía cambiar tanto en un par de meses.

Sabía que cualquier persona le señalaría más probable que el cambio fuera en sí mismo y no en la ciudad, dirían que Europa había dejado huella en él y la razón de aquel sentimiento era que Seúl conocía a un nuevo Jeno. No podrían estar más equivocados. Era más lógico esperar mutabilidad en una metrópolis en constante actividad en lugar de buscarla en un muchacho que recién volvía.

"Cuando vayas a Roma, haz como los romanos”.Había pasado un año entero en Inglaterra, viviendo y respirando una cultura totalmente diferente, se había adaptado al estilo inglés con bastante rapidez, de algún modo curioso encontró un lugar para él entre la prisa y el arte londinense. Si hubiera sido elección suya, probablemente no habría vuelto, pero los viajes siempre encuentran su fin y el Programa de Intercambio Estudiantil que lo había enviado allí, lo exigió de regreso.

Había pensado que la melancolía del regreso lo acompañaría un tiempo, nublando sus días para combinar con los cielos lluviosos de la Inglaterra que extrañaría, pero una vez devuelto en su casa no pudo evitar la sonrisa que le asomó en el rostro a pesar de contemplar el polvo acumulado sobre sus muebles cubiertos de sábanas. Su departamento era un loft sencillo en el segundo piso de un edificio pequeño de sólo tres plantas, desordenado y amontonado como un reflejo de su propia vida y aunque sus padres habían ido a hacer limpieza el mes pasado, podía apostar que al menos un par de arañas estaban compartiendo su casa. Le hizo feliz estar allí, y armado con escoba y una mascarilla, dejó su equipaje junto a la entrada para poner manos a la obra.

Hizo falta mucha paciencia y una bolsa grande de basura, pero finalmente terminó de desempolvar su casa y pudo ponerse a la tarea de desempacar, con algo de música de fondo y un aromatizante de lavanda, estaba bastante ensimismado en la labor cuando el timbre de la entrada irrumpió ruidosamente. Ni siquiera se molestó en preguntar quién era, la costumbre y el instinto ya se hacían una idea, por lo que directamente presionó el botón para abrir, apenas escuchó el murmullo acelerado de los pasos en la escalera antes de que la puerta de su casa fuera abierta sin golpear y un tornado ingresara corriendo directamente hacia él.

—Estás aquí. Empezaba a temer que fueras a quedarte allí para siempre. — dijo Hwang Hyunjin, apretándolo entre sus brazos con emoción.

Jeno sonrió. No había querido que alguien fuera a recogerlo al aeropuerto, incluso aunque sus padres habían ofrecido viajar a Seúl para recibirlo al bajar del avión, prefirió ahorrarles el viaje; pero había compartido con las personas importantes de su vida la fecha de su regreso. Por supuesto que su mejor amigo no puso un pie en el aeropuerto, pero corrió a su casa para caerle encima. No daría quejas al respecto, lo había extrañado mucho.

—No lo habría hecho. Extrañaría el kimchi.

—Y a mí también.

—Ajá.

Hyunjin le dio un empujón amistoso y se estiró para alcanzarlo rodeando su cuello para atraerlo hacia sí con un brazo, Jeno había estado en esa posición la cantidad de veces suficientes para saber lo que vendría, pero no había forma de evitarlo. Por más que forcejeó y protestó en voz alta todavía acabó perdiendo ante su amigo y tuvo que soportarlo frotando los nudillos contra su cabeza, desordenando aún más su cabello naturalmente despeinado. Sólo después de que Hyunjin se sintió satisfecho de haberlo usado como cerillo, aflojó el agarre en su cuello y lo dejó ir entre risas.

Jeno se apartó trastabillando, usando ambas manos para tratar de aplacar la melena alborotada que su amigo le había dejado, pero a pesar de fruncir el ceño y mascullar maldiciones en un inglés fluido, se sentía feliz. Quizá era bueno volver. Estaba en casa después de todo.

—Extrañé tanto esto — rió Hyunjin, señalando su melena —Realmente iba a poner una queja en la escuela si seguías ausente un día más.

—Sí, y con lo diplomático que eres seguramente habría acabado mal. Lo más probable es que al final, te habrían hecho arrestar.

—Es sólo que soy muy apasionado, y como Academia de Artes deberían estar felices de tener entre sus estudiantes a alguien con tanta pasión como yo.

—Ah, sé que lo están. Publican sobre ello cada día en el tablero: “Gracias, señor Hwang porque debido a usted, nunca falta el drama en nuestras aulas”. — lo molestó Jeno y recibió un quejumbroso“¡YAH!“,seguido de un golpe que esquivó riendo.

Por supuesto Hyunjin tenía algo de razón, la escuela a la que asistían seguramente valoraba el talento que ponía en la mesa y lo recompensaba igualmente con su excelente programa. La Academia de Artes Donggyo en Hongdae, era un sueño para los artistas. Se trataba de una escuela pequeña en comparación a grandes universidades, pero estaba enfocada únicamente en las ramas artísticas dejando que las ciencias sociales y científicas las cubriera alguien más. La Academia se dividía en ocho secciones reguladas por tres departamentos: Artes Escénicas, Gráficas y Literarias.

Ambos chicos estaban en el inicio de su tercer año en la Academia, a sólo un par de días para dar comienzo al quinto semestre de sus respectivas carreras. Lo cierto es que, a pesar de su amistad estrecha, en realidad sus áreas de estudio eran bastante diferentes, por lo que ni siquiera pertenecían al mismo departamento, pero se habían conocido en su primer día escolar durante la Asamblea de bienvenida que los tuvo sentados uno junto al otro. En algún punto del evento, Hyunjin había decidido que el discurso del orador era lo suficientemente aburrido para matarlo y decidió iniciar una plática casual con el chico a su lado, después de resumirle su vida y preguntar sobre la suya, salieron de ahí como mejores amigos.

A decir verdad, Jeno y Hyunjin eran un contraste interesante: negro y blanco, agua y fuego, luz y oscuridad; esa clase de cosas definirían las diferencias notables entre sus personalidades.

Formando parte del departamento de Artes Escénicas, Hwang Hyunjin era un estudiante de Arte Dramático y como tal, llevaba el drama en las venas. Tenía una personalidad excéntrica, naturalmente extrovertido, y un carisma magnético con el que fácilmente hacía amigos. No le molestaba hablar de sí mismo, lo cual hacía regularmente porque también tenía un talento especial para encontrar aventuras que terminaban en grandes anécdotas para contar a sus amigos. Era interesante sin ser fastidioso y lo acompañaba un aura de seductor innato que lo hacía perfecto para la cámara, tampoco molestaba el hecho de que fuera tan obviamente atractivo. Era la clase de persona que recordaba al Dios Sol, seguro que Apolo también tenía su sonrisa.

Por otro lado, Lee Jeno se encontraba estudiando Escultura, regulado bajo el departamento de Artes Gráficas, y lo que él llevaba en las venas era la pasión silenciosa del artista. Las personas que lo conocían podían decirlo, no era la clase de chico que buscaría los reflectores y hablaría sobre sí mismo por iniciativa; pero tenía el arte en las manos y lo usaba con maestría para esculpir, transformando el mundo básico en esculturas impresionantes. Era introvertido, con un amor por el cine y los programas de ciencia ficción que no compartía con casi nadie; también ocultaba su miopía con lentes de contacto. Aunque era un chico atractivo, pocas personas se fijaban realmente en él, Jeno era para ellos como el personaje de algún filme antiguo, envuelto en un silencio melancólico de seria timidez; él era luces y sombras en una película muda. No cualquiera se detenía a apreciar su belleza.

—Me alegra que volvieras. Changbin y Yuna son geniales, pero necesitaba a mi dúo dinámico. La próxima vez no te vuelvas a ir así. — se quejó Hyunjin.

—Vamos, fue toda una experiencia.

Hyunjin, que se movía por el departamento mirando todo distraídamente, detuvo su caminata junto a la ventana, congelado momentáneamente en un pensamiento. Abriendo la persiana para dejar entrar un poco de sol, disparó una mirada por encima del hombro para verlo a los ojos, los suyos teñidos de una seriedad inusual en él.

—No estarás considerando volverte a ir, ¿verdad?

—¿Por qué no lo haría?

—¡Amigo! Fue todo un año, ¿cómo puedes estar pensando en irte cuando recién llegas. Ni siquiera has acabado de desempacar del todo, ¿y ya haces las maletas en tu mente? — dijo Hyunjin.

Jeno sonrió. —Tranquilo, sólo era un comentario. De cualquier forma, debo dejar pasar un tiempo si quiero volver a postular. Me quedaré estos dos semestres.

—Más te vale. No sé ni siquiera por qué estabas tan ansioso por inscribirte al Programa el año pasado. No me contaste hasta unos tres días antes de largarte.

El comentario hizo sonrojar a Jeno, consciente de que no era solo el dramatismo natural de su mejor amigo, sino la verdad expuesta. No había comentado con nadie sobre su interés en el Programa Internacional y realizó su inscripción en silencio sin querer compartirlo, al principio porque no estaba seguro de que fuera a ser seleccionado y después, porque no había querido que trataran de hacerlo cambiar de opinión, (como eventualmente ocurrió). Siempre había tenido el sueño de salir del país y viajar a algún lugar lejano, así que había hecho una apuesta arriesgada con su inscripción, tan acostumbrado a mantenerse siempre en su zona de confort se animó a dar un paso fuera y lo disfrutó enormemente.

— No fueron tres días.

— Como si lo hubieran sido... Mejor ni hablemos de eso que me pongo furioso de nuevo, debiste decirlo apenas te aceptaron en el programa. — se quejó el actor, haciendo un puchero berrinchudo — Ni siquiera pude hacerte una fiesta de despedida apropiada.

— Y no sé quién está más molesto por eso, si tú o mi padre.

Era un recuerdo todavía presente, la cantidad de lágrimas que había soltado su padre cuando habló con ellos para dar la noticia. No lloró cuando dijo que viajaría a Reino Unido en el programa Internacional, e incluso se mostró animado al saber que la estadía sería de un año completo, alentándolo efusivamente a conectar con el arte gótico Londinense y descubrir nueva cultura con qué enriquecer su ojo artístico. Sin embargo, cuando mencionó que no quería ninguna clase de fiesta de despedida, soltó un mar de llanto. Había sido un poco gracioso, y aunque Jeno siempre había tenido problemas para conectar con su padre, pensar en aquel momento siempre lograba llenarlo de cariño por aquel hombre. Lee Donghae, era después de todo, un increíble padre.

—Jinnie... — llamó de repente, atrayendo la atención de su amigo — Sí el próximo año decido volver a aplicar para el Programa Internacional, ¿vienes conmigo?

—¿Juegas conmigo? Necesitas promedio de 4.0 para aplicar,Excelencia Académica. Mi promedio apenas es de 2.7, no podría. — el tono amargo de Hyunjin fue reemplazado rápidamente por una seriedad aterradora — No será... ¿De verdad estás pensando en volver a postular?

Jeno se encogió de hombros.

—En mi último año me gustaría ver París, la cuna del Arte... o quizá Nueva York, tiene museos increíbles... Y el Programa Internacional queda muy bien en experiencia curricular, aprendes otro idioma y todo. Dependiendo de la escuela y ciudad que elijas, ofrecen un programa de un año entero o un semestre solamente y es bueno para probar.

—¿Estás tratando de vendérmelo? ¿La escuela te da alguna comisión por este servicio?

—Gracioso, pero no... Sólo he pensado en esto estando en Londres, que quiero seguir viajando mientras pueda. — dijo Jeno —Y que quiero que vengas conmigo.

Hyunjin lo miró sorprendido por un segundo, un poco sensible por la emoción de que su mejor amigo hubiera pensado en hacerlo juntos en lugar de partir solo nuevamente. Sonriendo lentamente, se acercó a rodear sus hombros en un abrazo fraternal.

—¿Me ayudarás a subir el promedio? No puedes volver a irte sin mí, promételo.

—Lo prometo, en serio.

—Es un trato — dijo, soltándolo con alegría — Pero ahora, cámbiate. Recién llegas y ya estamos pensando en irnos, debemos darnos también un respiro. Me parece que hace falta que recuerdes las cosas increíbles que tenemos en casa... Tengo que llevarte a enamorarte de Seúl.

—¿Y cómo piensas hacer eso?

—Vístete bonito, te llevaré a una fiesta esta noche... Me dejaste sin fiesta de despedida, pero ni loco te pierdes la de bienvenida.

—¿Cómo dices? — preguntó Jeno, perdiendo la sonrisa — P-pero... ¡Es fin de semana antes de que inicie el semestre! Tenemos mucho que preparar... Y-yo... Ni siquiera he acabado de desempacar, y debo llevar papeles a la escuela antes del lunes.

—Tú lo dijiste, galán... Es fin de semana. Harás todas tus cosas aburridas mañana, hoy eres mío.

—Pero yo no quiero ir a una maldita fiesta. — murmuró Jeno.

—Pues te jodes.

▪︎

El sitio donde terminaron esa noche fue un club popular cuya cercanía a las universidades de Hongdae, propició un ambiente cargado de estudiantes celebrando su último fin de semana libre de responsabilidades. Hyunjin había reunido a algunos amigos para compartir unos tragos en honor a Jeno, aunque su popularidad acabó atrayendo extraños y pronto se vieron rodeados de nuevas caras compartiendo bebidas y bailes entre el humo del club y la música estridente.

El efecto hipnótico del ambiente y las caras desconocidas que no paraban de llegar, lograron agotar la batería social de Jeno más pronto de lo que le habría gustado, por lo que, buscando una excusa para apartarse se alejó en dirección a la barra para conseguir un trago diferente a la botella que estaban compartiendo en su mesa. Realmente los clubes grandes no acababan de encajar con él, ya que por lo regular cuando se sentía con ánimos de compartir una bebida con amigos recurría a bares pequeños de ambiente hogareño, nunca acababa por acostumbrarse al ritmo apretado y acelerado que llevaban esos lugares.

Su elección de escondite resultó ser también el peor lugar del club.

La barra era un organismo vivo. Personas llegaban y se retiraban a un ritmo acelerado, meseros y consumidores en constante flujo, con demasiada prisa para prestar atención a nadie. Incluso a pesar de los taburetes altos que había alrededor, nadie se quedaba lo suficiente para hacer uso de los asientos, los ligues se intercambiaban como las bebidas sobre las bandejas y los bármanes detrás de aquel monstruoso sistema, eran como entes indiferentes al resto del mundo.

Como era de esperar, no consiguió llamar la atención de ninguno de ellos. Habría sido más sencillo hallar un donador de órganos antes que conseguir un trago en ese lugar. No importó cuantas veces gritó o agitó la mano, lo más que consiguió fue un vago asentimiento de cabeza de parte del barman más cercano mientras preparaba un coctel colorido. Fue ahí cuando llamaron su atención. No fue más que un sutil movimiento entre aquella agitada marea, un chico tomando asiento a su derecha, pero bastó para hacerlo mirar y fue incapaz de apartar la vista.

Era un chico precioso. A simple vista parecía un muñeco de porcelana, con la piel clara y los rasgos definidos, tenía un rostro elegante, pequeño y con mejillas adorables que componían una dulzura similar a un Principito. Incluso sentado era notorio que su estatura era baja, con hombros delgados que acentuaban una complexión pequeña. Sin embargo, a pesar de su cara bonita, lo más llamativo de aquel chico era su extravagante estilo.

Llevaba el cabello un tanto largo, de un bonito color chocolate oscuro que se entretejía con mechones blancos en la base del cuello y en sus orejas brillaban zarcillos plateados con forma de espina que atrapaban las luces neón como un reflejo. Su estilo recordaba un poco a las estrellas de Rock de antaño, con pantalones de cuero y una camiseta ancha que llegaba la altura de sus costillas, revelando una cintura delgada. Llevaba en la mano una chaqueta de cuero que apoyó sobre sus rodillas al tomar asiento. Lo más bonito de él eran sus ojos de fénix, oscuros como la noche sin estrellas, y aún así lucían cargados de luz interior; todo eso resaltado bajo la mano hábil que había trazado un delineado oscuro y un eyeshadow negro.

Le costó un terrible minuto darse cuenta de que aquel impresionante par de ojos estaba mirándolo de vuelta.

Sosteniendo una cerveza que había conseguido sin mucho esfuerzo, Chico Bonito lo miró a los ojos con seriedad. Había ladeado un poco la cabeza y sostenía entre los dientes el aro plateado que adornaba su labio inferior, cuando arqueó con ligero desdén una de sus elegantes cejas, Jeno tuvo la certeza de que estaba midiéndolo con la mirada, preguntándose si valía la pena tener curiosidad sobre él.

Interrumpiendo su escáner visual, Jeno se dio la vuelta con prisa excusándose en su teléfono, causando sin saberlo, que aquel bonito chico sonriera divertido.

Hyunjin había comenzado a llenarle el buzón de mensajes preocupados que iban desde preguntar si estaba destilando el alcohol él mismo y por ende tardaba tanto, hasta cuestionar si se había marchado del club sin siquiera avisarle o esperarlo. Se dio a la tarea de tranquilizarlo, mencionado que la travesía de un introvertido para comprar cualquier cosa siempre lleva mucho tiempo invertido, pero aprovechó para comentar que le gustaría volver a casa temprano porque estaba cansado. Su amigo contestó con una foto de sí mismo en compañía de un chico atractivo con el que parecía haber “conectado”, y añadió la promesa de irse juntos a medianoche.

— Perdona la tardanza, llevas un rato esperando, ¿qué te ofrezco? — preguntó el barman que le había saludado antes.

El chico le sirvió la bebida más amable de la noche, un coctel colorido acompañado de una sonrisa gentil. A Jeno le habría gustado incluso sacarle una foto al vaso por lo bonito que lucía, pero ni siquiera llegó a poder darle un trago. Entre el bullicio propio del lugar y su distracción, ni siquiera fue consciente de la pareja ruidosa que buscaba pasar detrás de él. Entre la gente que se arremolinaba en aquella zona y su propio juego, la chica terminó empujando a su novio contra Jeno, provocando que el impacto acabara por vaciarle el trago encima.

Jeno dejó el vaso en la barra con un golpe sordo, sujetándose la camiseta mojada y pegajosa que se adhería a su piel, sentía las mejillas arreboladas debido a la vergüenza y encontró la mirada un poco ebria del novio.

—Oups... — dijo entre dientes, con una risa floja — Parece que te salpicaste un poco, amigo.

Las mejillas de Jeno ardían de vergüenza, sintiéndose muy pequeño al verse sujetando la camiseta pegajosa para separarla de su piel, mientras las personas a su alrededor le daban miradas de soslayo y murmuraban con lástima por su situación. La novia asomó la mirada detrás de su pareja y rió entre dientes, tirando de su mano para instarlo a alejarse.

Un vaso golpeó la barra con un sonido sordo que debió ser muy bajo, pero para Jeno retumbó en su cabeza. Chico Bonito dejó su banquillo, dándose la vuelta para involucrarse en la situación, con una expresión de furiosa seriedad, alzó la voz para dirigirse a aquella pareja.

—¡TÚ! — dijo — Debes estar jodiendo.

—¿Hablas conmigo? Porque yo...— sus palabras murieron en su garganta, atropelladas entre sí al ver a aquel Chico Bonito levantar la mano para callarlo, caminando hacia él hasta plantarse frente a frente.

Aunque era varios centímetros más bajo y de una constitución más delgada, tenía la presencia de un maldito huracán, haciendo retroceder a aquel borracho estúpido.

—Si cometiste un error deberías disculparte, pagarle el trago y retirar a ser un idiota en privado, no es necesario hacer alarde de ello como si estuvieras orgulloso.

—Oye, fue un accidente, ¿vale? Yo sólo...

—Lo llamas accidente y sigo sin oír una jodida disculpa.

Jeno miró a la pareja intercambiar miradas de ahogado, atrapados ante los ojos de pistolero que apuntaban a sus cabezas. Chico Bonito, por su lado, se cruzó de brazos y avanzó un paso, haciéndolos retroceder.

—No lo hicimos a propósito. — susurró ella.

—Lo siento, yo...

—No conmigo, idiota. Con él, discúlpate con él —ordenó, señalando a Jeno. —No se cobra por la estupidez, pero debes pagar por su trago.

El tipo miró a Jeno incómodamente, como si recién recordara su existencia y sacó de su bolsillo algunos billetes que le entregó nerviosamente.

—Perdona por todo, amigo, estoy algo borracho... Y no es excusa, claro, pero lo siento. Espero que eso cubra la bebida y si puedo compensar por tu camiseta...

— Está bien. Sólo déjalo, y sobre esto...— dijo Jeno, queriendo devolver los billetes, cuando la pareja salió corriendo de ahí.

El Chico Bonito lo volteó a ver, su expresión feroz quedó atrás y le dio una sonrisa suave acompañada de una mirada de simpatía al notar cómo sostenía su camiseta mojada.

—No está bien, estarás muy incómodo así. Necesitas cambiarte. — dijo.

—No es como si tuviera otra camiseta a la mano. —dijo Jeno con un suspiro.

El chico, con notable ascendencia china, lo miró fijamente antes de tener una idea que pareció agradarle, recuperando su chaqueta del banquillo, tomó a Jeno de la mano para hacerlo acompañarlo.

—Ven conmigo.

Más debido a la incomodidad de la ropa mojada que a cualquier otra cosa, Jeno se dejó arrastrar. El chico lo llevó a un extremo del club, donde un letrero de “sólo personal autorizado” detenía el acceso en una puerta.

—No creo que debamos entrar ahí. — dijo, haciendo reír al chino.

—Tranquilo, será rápido. Te conseguiré una camisa y saldremos.

Con una mirada vigía, lo empujó rápidamente al interior, entraron a un pasillo y en la siguiente puerta, encontraron un vestidor para los trabajadores del bar. El chico Bonito serpenteó entre los casilleros, como un experto moviéndose en su territorio, hasta detenerse en uno específico del que abrió el candado sin problema.

—¿Trabajas aquí? — preguntó Jeno.

—No... Uno de los barmanes es amigo mío. Él siempre guarda una camiseta extra en su casillero, por si algún idiota le tira encima las bebidas. Ya le ha pasado varias veces.

A pesar de haberse visto frío y distante al llegar, e incluso feroz y furioso al enfrentar a la pareja, cuando lo miró le dio una sonrisa dulce que suavizaba su rostro. Con su estilo extravagante y el aro en el labio, parecía una pieza de arte moderno... Del bueno, nada de latas de sopa y pintura salpicada.

—No estoy seguro de que quiera prestarle su camiseta a un extraño. — dijo Jeno.

—Le diré que es para mí, tranquilo. De verdad no quieres quedarte así, podrías enfermarte.

Cuando tuvieron la camiseta, Jeno insistió en salir del área restringida e ir al baño a cambiarse. Para su sorpresa, el castaño lo acompañó sin decir nada; la camiseta le quedó bien, algo grande porque el chico era más alto que él, pero aun así bien. Cuando salió, el chino le sonrió y alzó los pulgares.

—Te queda mejor que a Jun. Te lo juro... Le envíe un texto, dice que no debemos preocuparnos por la camiseta, él sabe lo incómodo que es.

—Bueno, le debo una, en ese caso —dijo — También a ti, gracias por todo.

—Ni lo menciones. Sé que me vi como un sujeto loco, pero no podía creer que no se disculpó por ser un idiota.

El pasillo donde su ubicaba el baño estaba escasamente iluminado con luces de neón rojas, lo que daba cierto aspecto vampírico al ambiente, pero a pesar de ser extraños, avanzaban sin prisa o incomodidad. La música del antro se acercaba conforme llegaban a la boca del túnel, cuando Chico Bonito congeló sus pasos y se dio la vuelta con una expresión de cómico pánico.

Jeno ni siquiera alcanzó a preguntar que pasaba, el chino tiró de su muñeca y lo jaló hacia sí, haciéndolos girar en un baile desorganizado para esconderse en las sombras. La espalda del castaño golpeó la pared y Jeno tuvo que apoyar las manos a ambos lados de su cabeza para frenarse antes de aplastarlo.

—¿Qué es? ¿Un terremoto? — preguntó.

El chino se encogió como si tratase de mimetizarse con la pared a su espalda y al mismo tiempo usar el cuerpo de Jeno como un escudo protector.

—Peor aún... Mi ex.

La risa floja le ganó a Jeno, que no pudo evitar la mirada burlona preguntando si era en serio. El castaño captó su diversión y se relajó un poco, protestando juguetón.

—No te rías, esto es serio — protestó — Es sólo que no suelo reunirme con mis exparejas después de romper, viene directo hacia acá y... Uh, entré en pánico.

—Lo disimulaste como un experto.

—Gracias, me alegra que lo notaras.

—Pero ¿es necesario esconderse? ¿Y qué hay sobre ser amigos? — inquirió Jeno.

—Eso nunca es real.

—¿Dos personas que salieron no pueden tener una amistad?

El chino se puso de puntas y le sonrió, estirando la mano libre para apartarle los mechones rebeldes de la cara.

—Eres adorable, ¿te lo habían dicho?

Las mejillas de Jeno ardieron, pero no le dio tiempo a decir nada antes de que el chino mirara sobre su hombro y maldijera. Finalmente. un chico entró en su campo de visión, hablando por teléfono, mientras caminaba al baño, parecía imposible que fuera a fijarse en ellos, pero algo pareció captar su interés y detuvo sus pasos, tratando de mirar a la figura escondida del chino. Al notarlo, éste se removió y se pegó más a Jeno.

—Sé que es mucho pedir, pero podrías darme una mano... Quizá si te acercas un poquito y me tocas a mí, no a la pared. No muerdo, lo juro. — pidió en voz baja.

—No estaría tan seguro sobre eso. — susurró Jeno y lo hizo reír.

—Vale, muerdo. Pero te juro que no lo haré.

—No me refería a eso, pero... ¿No vas a sentirte incómodo? Ni siquiera me conoces.

—Me llamo Renjun.

—Soy Jeno.

Lentamente, Jeno quitó las manos de la pared y las bajó para rodear su cintura, acercándolo con firmeza a su cuerpo, debido a la camiseta corta de Renjun, sus dedos rozaron la piel desnuda de su espalda, así que murmuró una disculpa. El chino sonrió enternecido, bailando sobre las puntas de sus pies como si tuviera intención de romper distancias y besarlo, levantó los brazos para rodear su cuello. Como una burbuja, una pintura de intimidad para alejar a los mirones.

—¿Esto cuenta como que yo te ayudé y tú a mí? — ofreció Jeno.

—Totalmente. — prometió Renjun, una mirada de reojo le confirmó que el chico había entrado al baño, así que se alejó. — ¿Quieres beber algo? Yo invito.

Jeno accedió con una sonrisa.

▪︎

Una cerveza se volvió dos rápidamente y a esas dos le siguió una tercera e incluso un baile. Jeno accedió porque era bueno bailando, pero en general se mantenía demasiado tímido para hacerlo. Sin embargo, Renjun era divertido y tenía una sonrisa encantadora, era como estar hipnotizado y ni siquiera se le ocurriera negarse. Después del segundo baile y de beber la mitad de la cerveza número cuatro, Renjun anunció que debería irse a casa, pero antes quería fumar un cigarrillo y le preguntó si quería salir con él.

Jeno, que nunca en su vida había fumado, dijo que sí.

El aire frío los golpeó al salir, era como ingresar a un mundo totalmente distinto, frío y casi privado con sus calles vacías a diferencia del cálido bullicio dentro del club. Renjun se puso entonces la chaqueta de cuero y Jeno pudo ver con claridad el dibujo de la cobra amarilla que mostraba los colmillos ferozmente. Pensó en preguntar al respecto, pero desistió. Cuando Renjun se puso un cigarro entre los labios y ofreció otro, negó con la cabeza.

—¿Entonces no fumas? — preguntó. — ¿Te molesta el humo?

—No, está bien... ¿Viniste solo hoy?

—Se suponía que vendría con dos amigos, pero al final me plantaron. Así que decidí salir yo solito y resultó bien... ¿Qué hay de ti?

—Vine con un amigo, aunque probablemente ya debe creer que me fui. Está bien, conoció a alguien así que estaba divirtiéndose.

—Chico con suerte. — comentó Renjun. El cigarro bailó en sus labios cuando prendió el encendedor y acercó el fuego hacia sí.

Jeno no pudo evitar compararlo con los muchachos ingleses que conoció en Londres. Renjun era como una estrella de rock, con su chaqueta y pantalones de cuero, la camiseta corta y el maquillaje ahumado resaltando sus ojos oscuros. Era como mirar una noche sin estrellas y descubrir un mundo nuevo.

—No del todo, es algo más que nada usual — comentó Jeno, encogiéndose de hombros. — Le gusta a las personas.

—Así que tu amigo es guapo.

—Podrías decirlo, tiene esa órbita como magnética. Hace amigos fácilmente y, bueno sí, es guapo, ¿qué más querrían? — Jeno lo dice de buen humor porque el magnetismo natural de Hyunjin era una verdad obvia de la que ellos habían hablado.

Renjun, sin embargo, lo miró en silencio tomando una calada y negó con la cabeza.

—Creo que tú eres más guapo. — dijo. Jeno lo miró sorprendido y se rió nervioso.

—Ni siquiera lo has visto.

—No hace falta. Hay algo que me gusta de ti — confesó. —Me recuerdas al chico en la películaCorpse Bride...No eres exactamente igual, pero me da esa sensación. Y la verdad, ese chico siempre me gustó.

Jeno lo habría encontrado extraño de no ser porque ya lo había oído. Su compañero de habitación, un inglés adicto a las películas de Johnny Deep, le había dicho lo mismo. Un día particular cuando el coreano llegó al dormitorio usando un abrigo negro, con la piel pálida debido al frío y el cabello desordenado cayendo en su frente.

“— No eres precisamente idéntico, no tienes ojeras en enormes ojos ni eres tan delgaducho. Pero la vibra, amigo, es la misma melancolía de Victor... Como buscando al amor de tu vida y tu lugar en el mundo. —”dijo. Renjun, al parecer, pensaba lo mismo, lo encontraba guapo por eso. Sin tener idea de qué decirle, Jeno lo miró en silencio y recibió una sonrisa de parte del chino.

—¿Fue tu amigo quien te arrastró a venir hoy? — preguntó, evitando que el sonrojo de las mejillas del coreano avanzara hasta arder como incendio forestal.

—Sí, acabo de volver a la ciudad y quería llevarme a una fiesta de inicio de ciclo escolar. Fue más bien una estafa. — dijo — Él dice que siempre estoy en mi burbuja así que me empuja a probar cosas nuevas.

—¿Cómo vas con eso?

—Tan mal como cuando empezó a hacerlo. — rió — Supongo que mi historia de hoy será de cómo me echaron mi trago encima y conocí a un chico genial que me ayudó.

Renjun sonrió, sacudiendo la ceniza del cigarro con un golpe de uña del pulgar.

—Aun así, no es una historia tan larga. Deberías hacerla un poco más genial.

—¿Cómo podría?

El brillo en los ojos del chino lo hizo verse peligroso y su lengua asomó de entre los labios jugando con el aro en su boca. Bajó su cigarrillo y se acercó a Jeno con paso lento, deteniéndose a un pie de distancia. El coreano tragó pesado y trató de retroceder, su espalda golpeó la pared sobresaltándolo, Renjun sonrió poniéndose de puntas.

—Lo sé, ¿verdad? ¿Cómo podrías añadirle emoción? — sugirió en un tono bajo y casi íntimo.

Era casi gracioso ver a un chico tan bajito en chaqueta de cuero encerrando contra un muro a un joven más alto y construido que él. Pero Renjun tenía ese efecto, era peligrosamente tentador. Cuando subió una mano hasta el pecho del contrario, ladeó la cabeza en una expresión adorable de chico puro.

—¿Qué estás...? — empezó a preguntar Jeno y fue interrumpido a media oración.

El chino alcanzó su boca y selló sus labios juntos, su mano apretando en un puño la tela de la camiseta prestada. A Jeno le pareció que su cerebro había hecho un cortocircuito y en medio de aquella dimensión aparte del mundo, los latidos erráticos de su corazón eran el único sonido. Renjun lo besó suavemente, moviendo sus labios contra los suyos casi con dulzura. No fue beso profundo ni muy largo, dejó que Jeno acariciar su mejilla y se alejó repentinamente cuando menos lo esperaba. Con una sonrisa, el chino cayó nuevamente sobre sus talones y se apartó el cabello de la cara con un movimiento de muñeca.

El cigarro había ardido hasta dejar una pila de cenizas que se tambaleó y cayó. Con un suspiro, Renjun se alejó de Jeno y fue a tirar la colilla en el cesto de enfrente.

—Ya tienes un nuevo elemento que añadir. — dijo, mirándolo sobre el hombro. — Fue lindo conocerte,Van Dort.Ten una buena vida.

La boca de Jeno era incapaz de articular palabras, pero le gustó escuchar el mote que el chino había usado.Van Dort, como el chico de la película que siempre le gustó.Con un ademán de los dedos, el chino se despidió y se alejó con las manos en los bolsillos de la chaqueta. La serpiente de su espalda, brillando en la noche como una despedida, susurrando unHasta siempre. El coreano se alejó del muro lentamente, mirando aquella figura sin poder acabar de creer que fuera real.

—¡Jeno! — gritó Hyunjin, saliendo del bar. — Estás aquí, te vi salir, ¿a dónde vas?

Jeno no respondió, su mirada todavía fija en la persona que había tomado su corazón con un beso y un encuentro. Lo vio irse sabiendo que nada volvería a ser igual, porque algo había cambiado desde el año anterior, y quizá no era Seúl, tal vez era él.

Estaba listo para descubrir mundos nuevos.

...

—Love’s a Game, Wanna Play?

—El amor es un juego, ¿quieres jugar?