PRÓLOGO
Portofino, noviembre de 2023
Llevaba dos días en esa casa, necesitaba estar solo para pensar en todas las cosas que Raven le hacía sentir. Aún estaban frescas en su memoria las cosas que se dijeron días atrás. Sabía que cometió un gran error al decirle que no podía quererla del modo en el que ella anhelaba y se sintió miserable al recordar esa solitaria lágrima deslizándose lentamente por su pálida mejilla.
Mientras saboreaba el contenido de su copa, cerró los ojos, recordando los besos y caricias compartidos, justo antes de que ella le confesara que lo amaba. Ante tal revelación, el miedo atenazó su corazón y no fue capaz de decirle que sentía lo mismo, fue más fácil escudarse tras su máscara de frialdad y decirle que no confundiera amor con sexo.
El sonido del teléfono, lo obligó a volver a la realidad. Al ver el nombre de su hermano en la pantalla, ignoró la llamada mientras llenaba su copa una vez más. Sin embargo, Luka volvió a llamar y al cuarto intento ya no pudo seguir ignorándolo.
—¿Qué diablos quieres? —soltó de malos modos.
—Tienes que venir a Milán lo más rápido posible —le pidió en un tono que lo puso en alerta.
—¿Por qué?
—Apresúrate o puede que no llegues a tiempo para ver a Raven por última vez.
—¿Qué diablos estás diciendo? ¿Puedes ser claro?
—Es muy probable que Raven muera. ¿Fui lo suficientemente claro?
La sangre se enfrió en sus venas, vio la copa caer como a cámara lenta y hacerse añicos sobre el suelo. Sus manos empezaron a temblar sin control y sintió que le faltaba el aire.
—Mirko… ¿Sigues ahí?
—Sí —susurró como un autómata —. Salgo para allá de inmediato.
—Conduce con cuidado —le pidió antes de colgar.
No podía perder más de tres horas en la carretera, tenía que llegar a Milán en tiempo récord, así que recurrió a uno de sus amigos para que le prestara el helicóptero. En menos de una hora, la nave aterrizó en el jardín trasero y subió, rogando en silencio para que a Raven no le pasara nada malo.
Durante el vuelo, no pudo parar de pensar en todas las cosas que hizo mal con ella, empezando porque no debió usarla para llevar a cabo su venganza en contra de los miserables que acabaron la vida de su madre. Cuando el helicóptero aterrizó en Milán, se apresuró en legar al hospital en el que se encontraba Raven. Nada más entrar, se encontró con la mirada abatida de su hermano. Al verlo tan desolado se temió lo peor.
—La están operando —Luka tenía los ojos rojos, como si hubiera llorado.
—¿Qué pasó? —preguntó, sintiendo un nudo en la garganta.
—No lo sé —susurró, llevándose las manos a la cabeza —. Lo único que sé es que cuando logramos echar abajo la puerta de su departamento, todo estaba hecho un desastre y ella estaba en medio de ese desastre, cubierta de sangre, pensé que estaba muerta.
Luka le contó que junto al cuerpo de Raven se encontraban los cuerpos de Renzo y Arabela. La escena era muy extraña y la policía tenía serias sospechas de que además de los tres, alguien más estuvo dentro de ese departamento, cometió los crímenes y se fue al creer que todos estaban muertos. La policía estaba en busca de algo que les ayudara a dar con el culpable de ese crimen, cuyo único testigo se debatía entre la vida y la muerte.
En las circunstancias que estaba atravesando, saber que los asesinos de su madre estaban muertos, no era suficiente consuelo para Mirko. A él le hubiera gustado verlos tras las rejas, pagando por haber cegado la vida de la mujer más importante de su vida hasta la llegada de Raven. En ese momento ya no tenía dudas de que la amaba, por desgracia, no sabía si ella lograría sobrevivir para saberlo.
Esperaron un par de horas hasta que un médico apareció para informarles sobre el estado de Raven y por desgracia no traía muy buenas noticias.
—La paciente fue trasladada a la UCI, su estado es delicado y las siguientes 48 horas son cruciales. No les mentiré, casi la perdemos durante la cirugía y no fue posible salvar al bebé.
—¿Estaba embarazada? —preguntó Luka, mientras Mirko sentía el peso de la culpa caer sobre sus hombros.
—De unas seis semanas —respondió —. Ella es joven, si logra sobrevivir, podrá tener más hijos sin ningún problema.
Cuando el médico desapareció por el final del pasillo, se dejó caer sobre una silla y se cubrió el rostro para que Luka no lo viera llorar. No solo corría riesgo de perderla a ella, también había perdido a ese hijo que no sabía que estaba en camino y le dolía.
—Era tuyo, ¿no es así?
—Sí, lo era —respondió con la pena reflejada en su voz.
Mirko no tenía dudas de que ese bebé era suyo. Sabía que Raven no había vuelto a estar con el otro desde que supo la verdad.
—No debimos involucrarla en nuestra venganza —susurró Luka —. Simplemente, debimos hacer que se alejara de esa gente y buscar otra manera de hacerles pagar por lo de mamá.
—De nada sirve que pensemos que pudimos hacer las cosas de otro modo. No tenemos una bola de cristal para adivinar el futuro. Estoy pagando un precio muy alto por mis errores. Hay tantas cosas de las que me arrepiento, pero no puedo echar el tiempo atrás, no puedo volver al momento en el que ella me dijo que me amaba para corresponderle como merecía.
—Raven me lo contó todo —No lo dudaba, esos dos se habían vuelto buenos amigos —. Te dijo que te amaba y rechazaste su amor de la manera más estúpida. Nadie, absolutamente nadie, va a amarte como ella estaba dispuesta a hacerlo. ¿Eres consciente de que en cuanto sepa que perdió al bebé te va a odiar?
—Claro que lo sé, así como sé que haré lo que sea necesario para demostrarle mi amor.
—No la viste como yo la vi, estaba destrozada. Me dijo que en cuanto terminara sus estudios, regresaría a Nueva York y se olvidaría de ti para siempre.
—Tuve miedo —se sinceró —. Pero tengo más miedo de vivir en un mundo sin Raven y sé que si muere, se llevará mi corazón y mi alma con ella.
Pasó la noche, rogando en silencio para que Raven lograra sobrevivir, eso era lo único que le importaba, ya se las arreglaría más adelante para que ella lo dejara formar parte de su vida y hacerle olvidar lo estúpido que fue al decirle que no la quería.
Llamar al hermano mayor de Raven para decirle que su hermana estaba en estado crítico en un hospital de Milán, fue una de las cosas más duras que tuvo que hacer. Mientras hablaba con ese hombre y sentía su angustia, se vio transportado al momento en el que le informaron que su madre fue hallada sin vida, años atrás. Sabía perfectamente lo que debía estar sintiendo Garret y solo esperaba que no lo moliera a golpes en cuanto lo supiera todo.
Garret Ross y Freya Magnar llegaron a Milán, sin saber bien lo que había pasado. Cuando Mirko los puso al tanto de la situación, ocurrió lo que había previsto: el hermano de la mujer que amaba se le echó encima dispuesto a molerlo a golpes. De no haber sido por Freya, las cosas se hubieran salido de control.
—Escúchame bien, maldito infeliz… —siseó Garret, tomándolo por la pechera —. No te quiero cerca de mi hermana, en cuanto esté fuera de peligro, la alejaré de ti y no volverás a verla nunca más.
—Amo a tu hermana, da igual cuanto la alejes de mí —respondió, sin achicarse.
—¿Crees que Raven sea capaz de sentir amor por ti cuando sepa que perdió a su hijo? ¿Tan importante te crees para que ella pase por alto algo así?
—Garret —susurró Freya, posando la mano sobre su hombro —. Suéltalo, no ganas nada dándole una paliza.
Raven tardó una semana en salir de su estado crítico, una semana en la que Mirko, estaba muy lejos de simpatizar con Garret. Lo entendía, claro que lo entendía, de tener una hermana, también la protegería con uñas y dientes.
En cuanto el médico dio luz verde para que alguien entrara a verla, quiso entrar, pero la mirada asesina de Garret, bastó para que olvidara sus intenciones. Estaba tan feliz por saberla fuera de peligro, que podía esperar un poco más. Cuando Garret volvió, lo hizo con una expresión que no auguraba nada bueno.
—Raven quiere que te vayas —soltó sin más.
—Mientes…
—No, no lo hago. Mi hermana no quiere verte más, así que te pido que tengas un poco de consideración por ella y dejes que se recupere en santa paz.
—No puedes impedirme la entrada a este hospital. Me quedaré aquí hasta que ella esté bien.
—Haz lo que quieras —Garret lo miró, sintiendo algo de admiración por ese hombre que, pese a todo el daño que le había hecho a su hermanita, seguía ahí, deseando verla.
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Mirko tuvo que esperar dos días hasta que Freya, que se compadeció de su situación y sacó a Garret el Hospital, dándole la oportunidad de entrar a ver a Raven.
Cuando entró en la habitación, la encontró dormida, su piel se veía tan pálida que las venas se notaban sin ningún esfuerzo. Apretó los puños al ver su rostro lleno de moretones y uno de sus brazos escayolados. Ansiaba tanto tocarla, pero no lo hizo por miedo a causarle dolor.
—Te amo —susurró, acercándose a su rostro.
—Eso no es cierto —respondió ella, abriendo los ojos.
—Voy a demostrarte que es verdad.
—Estás confundiendo amor con culpa —Esas palabras golpearon a Mirko con fuerza.
—De lo único que estoy seguro ahora mismo es de que te amo.
Desvió la mirada, recordando la forma en la que días atrás rechazó su amor. En ese momento se sentía tan pequeña, tan desvalida, que le hubiera encantado que las palabras de Mirko fueran ciertas, sin embargo, sabía que los sentimientos no podían cambiar de la noche a la mañana. Estaba convencida de que él creía que con un falso “te amo” la haría sentir mejor y se libraría de la culpa que sentía.
—No soy capaz de amar, no puedo ofrecerte más de lo que tenemos ahora mismo. El sexo contigo es una pasada, no lo arruines hablando de sentimientos estúpidos. Tú no sabes lo que es el amor, si lo supieras, no habrías caído en las redes del primer imbécil que te hizo creer que te quería… ¿No fue eso lo que me dijiste? —Lo miró con pena y con las lágrimas corriendo silenciosamente por sus golpeadas mejillas.
—Me arrepiento de todo lo que te dije, nada de eso es cierto. Te amo y lamento que el miedo no me haya permitido corresponderte como merecías.
—¿Cuándo descubriste que me amabas? ¿Antes o después de saber que podía morir?
—Te amo —repitió, deseando con todas sus fuerzas que Raven creyera en sus palabras.
—Por favor, vete —suplicó, cerrando los ojos. No quería verlo salir de esa habitación y de su vida definitivamente, eso era más de lo que su maltrecho corazón podía soportar.
Mirko no tuvo más opción que obedecerla.
Cuando Raven escuchó el suave clic de la puerta al cerrarse, se permitió llorar como tanto quería, lloró por su amor no correspondido y por ese bebé que jamás podría sostener en sus brazos.