San Valentín

San Valentín
13 De febrero 2010
La primera vezque lo vi, aun le recuerdo; llevaba puesto ese gracioso vestido blanco que dejaba ver sus piernas infantiles, aunque para ser sinceros, no fue eso lo que pensé cuando le vi, estaba yo muerto de miedo y sólo pensé en lanzarme sobre él y golpearlo por aparecer a medianoche en mi casa.
— Tú, ¿qué haces aquí? — Le pregunté, esas fueron las primeras palabras que le dije y él sólo miró aterrado, negando con un gesto de su cabeza.
— ¿Puedes verme?
— ¿Qué si puedo verte? ¡Claro que puedo verte! — Chillé asustado por que con esa ropa puesta lo único que podía pensar es que se trataba de un completo pervertido, además era mucho mayor a mi en ese entonces y yo sólo tenía doce años. Era el tipo de adulto del que me habían advertido siempre que debía tener cuidado.
— No se supone que esto deba pasar
— Llamaré a mis padres — Dije caminando hacia la puerta de mi habitación, pero él me detuvo tomándome de la mano.
— ¡No! Nadie debe verme, si me ven me traerán problemas.
— ¿Y se supone que debe importarme? Por supuesto que no — Dije soltándome de su agarre — Si soy tu cómplice me encarcelarán contigo.
— No seas idiota, no soy un ladrón, soy… — Se quedó callado, sus palabras en la garganta le hicieron palidecer e imaginé que tal vez pertenecía a “una organización” en la que no se les permitía romper una clausula de silencio, aunque insista en que no lo dijo porque no le creería y terminaría gritando y corriendo hasta la habitación de mis padres, si hubiese hablado con la verdad.
¿Qué hubiese pasado en todo caso? Jamás lo sabremos, porque parte del secreto fue cerrar los ojos y en un simple parpadeo se había desvanecido, volví a dormir entonces, llegó el amanecer y lo olvidé por completo y después la emoción de saber que San Valentín había llegado, di chocolates, una carta y un “sí” en respuesta a mis detalles. El amor llegó aquel día a mi infantil mundo.
13 de febrero 2014
La segunda vez que le vi, era un adolescente, terminaba de bañarme cuando lo encontré sentado en el retrete, con sus piernas en flor de loto, a diferencia de la primera vez no salté de pronto, ni grité a mis padres, mucho menos chillé… o tal vez sí lo hice un poco.
— Vaya jovencito, tendrían que decirte tus padres que desperdicias mucha agua. — Me habló con burla, me estremecía su presencia, pero era innegable que parte de mi personalidad en ese momento era ser arrogante.
— ¿Otra vez tú? — Dije saliendo de la bañera sin cubrirme, tenía dieciséis, estaba acostumbrado a presumir de mis ahora “atributos” de hombre con mis amigos y aunque él no fuese mi amigo, no me importó.
— ¿Qué? ¿No te gusta verme? — Me preguntó, dirigiendo mi mirada hacia mi entrepierna y sonrió.
— Deja de verme, maldito desviado — Le dije girando mi cuerpo por una toalla. — Y para ser sinceros no me alegra verte — tenía algunas lagunas mentales de la última vez que lo había visto — ¿Qué me hiciste la última vez?
— ¿No lo recuerdas? — Me preguntó indignado. — Vaya que mal agradecido, te he enseñado sobre el amor. — Y ante sus palabras un temor me invadió muy rápido, asociando: “vestido, pervertido y te he enseñado sobre el amor” mi rostro se cubrió de terror. Pero antes de que pudiese reclamarle algo, desapareció. Eso ocasionó, y lo aseguro, un enorme trauma en mí.
A la mañana siguiente fui yo quien dio ese “Sí” a la persona más inesperada del mundo. La conversación con el pervertido la noche anterior “me había abierto a nuevas cosas”. Y empezó el juego, siempre supe que había algo “mágico” detrás de ti y de mí.
Y la siguiente vez intenté que aclaráramos lo que había sucedido entre nosotros, dijiste que nada, entendí lo que ese “te he enseñado sobre el amor” había significado. Tus visitas se hicieron más frecuentes, comparadas con el tiempo que tuve que esperar para verte después de la segunda vez.
En todo momento bromeabas sobre mis cambios, y fueron los diecisiete, dieciocho, diecinueve y luego “veintitantos”. Realmente no estabas haciendo un buen trabajo conmigo.
13 de febrero 2018
Una noche de lluvia, hacía frío, mis amigos en la barra y yo en el baño bastante ebrio, terminé mojando mi rostro en el lavabo y cuando levanté la mirada tu rostro furioso se mostraba detrás de mí, a través del espejo.
— Grandísimo idiota, ¡No! Esta vez no creas que premiaré tu conducta de asco, has decaído mucho tanto moral como visualmente — Dijiste examinando mi cuerpo; anemia segura, apenas comía y cuando lo hacía, era sólo mierda, mi rostro lucía ojeroso, estaba cansado y a pesar de eso prefería pasar las noches bebiendo en bares.
— Estoy en exámenes finales, es por eso — Justifiqué arrastrando mis palabras, intentando escucharme lo menos ebrio posible.
— Ah, lo entiendo, estás en finales y entonces ¿Qué haces aquí? — Murmuró bastante más furioso. Si lo pienso, siempre tuvo ese aire materno que me hacía pensar incluso, que mi madre se quedaría corta frente a él. — ¿Me vas a decir que el hombre que te sirve alcohol es tu maestro de químirca?
— Se dice “Química” — Comenté burlón y acercándose a mí tomó mi oreja y me arrastró en dirección a la puerta. Caminaba a pasos torpes detrás de él porque la altura de su mano me hacía caminar con la mirada baja.
— Idiota, me importa un comino como se diga. — Me deje llevar, hasta que observe su espalda detenidamente, el “vestido” seguía siendo el mismo de siempre, muy poco había cambiado. ¡No!, de hecho, no había cambiado nada y los años pasaban y él estabas tan igual como la primera vez que le vi.
Era igual, pero yo le miré esa noche de manera diferente; sus piernas no me parecieron nada infantiles, eran las piernas más perfectas que había visto en toda mi vida y su cabello rubio a puntas rizadas y juguetonas. Viró tu rostro al notar que me detenía y fue el momento perfecto para mí. Le empujé sobre la puerta y acerqué mi rostro al tuyo.
— ¿Por qué mejor no te dejas de ese juego de siempre? Ninguna de las personas que has escogido para mí, ha sido la adecuada, hagamos algo distinto — Dije rozando mis labios sobre los tuyos.
Mágico, misterioso, perfecto. Fue así como le vi ese día, mi mano se coló por debajo del vestido… acariciando sus muslos suaves, subiendo un poquito más. Llegué a tocar su entrepierna y el soltó un suspiro.
— Detente… — Suplicó.
— ¿Por qué no te hago mío esta noche? —
— ¡Detente! — A mano cerrada golpeó mi mejilla, le miré con los ojos abiertos, que me alejara me había herido. Enfurecí yo también, nos hicimos de palabra.
— Es tu maldita culpa que yo sufra, en verdad eres un fracaso como lo he sido yo siempre con todos —. Abrió bastante los ojos, negó con la cabeza y comenzó a llorar.
— Bien, pues desde ahora encárgate tú.
Desapareció. Pensé que desde ese momento las cosas estarían en mis manos.
13 de febrero 2019
Había salido de casa de mis padres cuatro años atrás, ahora me iba bien en el trabajo, estaba terminando mis estudios y en mi vida no había cavidad para nadie más que no fuese yo. A “aquella otra persona” tampoco volví a verla. No hubo señales ni presencia y poco a poco al pasar de los años aprendí a olvidarle también.
Y de pronto, sin esperarlo, una tarde mientras salía a correr con mi perro, se acercó la chica más guapa de todas, sonreímos, ella era simpática y al parecer yo le parecí un buen partido. La mejor relación de todas, manteníamos metas en común, se mudó a mi casa, salíamos todas las tardes a pasear a nuestros perros.
Es increíble entender que dentro de una misma realidad pueden existir tantas percepciones, durante ese tiempo fuimos sólo Ella, Duke, Cady y yo, pudimos haber tenido ciento un mil dálmatas, conocimos a nuestras familias, decoramos nuestro departamento, estaba dispuesto a darlo todo por ella, pero ella decidió que tal vez aquella no podría hacerla feliz por siempre.
13 de febrero 2020
“Esto no está funcionando” Y todo acabó Terminó todo conmigo.
De noche.
— ¿Estás bien? — Me olvidé de todos mis recuerdos, de todo lo que me hacía daño y viré mí rostro su rostro hacia el marco de la puerta. ¿Podría ser verdaderamente él? — Quiero hablar sobre lo que ocurrió la última vez que nos vimos.
Sí era.
— Ya no tengo edad para niñerías — Le observé con indiferencia, el vestido blanco, las mejillas sonrojas y los rulos en punta de su cabello, recuerdo haber pensado antes que lucía adorable. Ahora estaba desecho y justo hoy que lo había perdido todo. Terminé de beber la lata de cerveza y retiré los anteojos de mi rostro para dejar descansar mi cuerpo en el respaldo del sofá, cerré los ojos, aún podía escucharlo respirar. — Fue hace mucho. Ya no importa para mi nada de eso.
— ¿Qué te ocurrió? — Preguntaste como si no te fuese posible reconocerme, entender qué era lo que podría tenerme en ese estado.
— ¿No lo sabes? Pensé que lo sabrías, después de todo, eres tú, ¿No? — Abrí los ojos al no escucharle, pensé que por fin podría estar solo, pero lo miré en el marco de la puerta, en la sala de estar con sus pies descalzos, se acercó a mí de forma silenciosa, me miraba con pena, como si intentara con una mirada, hundirte en toda mi miseria para alcanzarme. Se sentó a mi lado sin pedirme permiso, sin mostrarse ofendido por mis palabras. — Como sea, siempre terminas haciendo lo que quieres. Yo ahora no quiero hablar con nadie, me voy.
Caminé hasta mi recamara, echado en la cama, en un mar de pensamientos.
Fue la primera vez que él se marchó y me dejó solo. Sentado en el sofá, me di cuenta de que no era más ese niño de doce años que me había amenazado con acusarme con sus padres. Era un hombre, uno con el corazón destrozado.
Como fuesen las cosas ahora, había demorado demasiado y no quise demorar más tiempo, unos minutos después de que se había marchado caminé detrás de él, aflojaba las cintas de mi vestido, aún con las manos temblorosas, caminé a pasos lentos mientras desechaba las paquitas pelusas que en mi mente aún pedían que me detuviese. Para cuando estuve en la recamara, parado frente a la cama, la cinta de mi vestido estaba en mis manos, él recostado levantó la mirada y miró mi cuerpo desnudo sin ningún gesto.
— Quiero que sigas, con lo de aquella vez, ¿Por qué no me haces tuyo esta noche?
— Idiota. No voy a hacerlo, tiene años de eso y ya no me van los hombres, además, ¿Te has visto en un espejo? ¿Cuántos años tienes? Es casi como abuso infantil. — Era cierto, no había más esa mirada de deseo en sus ojos, podía notar incluso un poco de compasión en sus palabras. Me sentí molesto, completamente indignado. ¿Cómo podía ser ahora de aquella forma? Tomé mi vestido del suelo y me cubrí de inmediato. Mis manos temblaban, ni siquiera había podido acomodarlo bien al sentir que me observaba.
— Soy mucho mayor que tú, tanto que ni siquiera lo imaginas.
— Sí, ya lo sé, pero no por eso dejas de lucir como un adolescente con las hormonas al mil — Hablaste más, por fin, aunque no había tenido el resultado esperado, que giraras tu cuerpo hacia el costado para mirarme un poco más me hizo sentir un poco más tranquilo, rodee el colchón para terminar sentado a tu lado. Acaricié u cabello y hundiste tu rostro en el colchón sin decir nada más.
— Cuando eras adolescente yo… tuve que soportar que te exhibieras y no creas además que no sé cuantas veces me has maldecido cada que rompes con alguien.
— Porque es tu trabajo, ¿no? — Le miré sin entender completamente sus palabras. — No es mi culpa que vengas a visitarme, ni siquiera lo deseo, no conozco a nadie más que tenga contacto contigo, o con alguien como tú. ¿Soy el único que tiene que soportar la tortura de verte en esta época del año?
Me levanté enseguida de la cama. Me hormigueaba las mejillas y el cuerpo por completo.
— ¿Así lo piensas? — Sonreí. — Siempre dices las cosas más crueles, pensé que era algo mío, pero en verdad esto te desagrada. No debiste de haberme tocado aquella noche si tanto te molestaba mi presencia.
¿Y desapareció? ¿Qué si me dejó esa noche después de decirme en mi cara que lo tomara?
Sí, pero no me arrepiento, pensé que tendría que verle el próximo año, en vísperas de san Valentín, pero no fue así, sólo tres días después; cuando regresaba del trabajo escuché el jugueteo de Duke, pensé que “ella” había vuelto, pero le vi a él, un Cupido bastante fuera de tono, con Jeans descastados y camisa negra.
Estaba descalzo pero sus tenis blancos estaban a un lado del sofá.
Su cabello con ondas estaba lacio y peinado hacia atrás, aunque algunos mechones se rebelaban y cubrían ligeramente su rostro. Sus ojos brillosos y las mejillas pálidas ¡pálidas! ¿En dónde había quedado el peque con todos aquellos detalles de inocencia?
— ¿Qué haces aquí?
— Mucho gusto — Dijo sonriendo, sin dejar de sobar la cabeza de Duke — Mi nombre aclaro, no es Cupido, ni Valentín, ni San, es Jean. — Me dijo — Y no es horario de trabajo, pero vengo a traerte una noticia de amor, aunque San Valentín fue antier.
— Déjate de bromas. — Le miré molesto, pero pareció inmutarse nada ante mi tono de voz.
— No soy tan raro como tú, ni tan huraño, ni enojón, pero no sé porque, no me pude sacar nunca ese recuerdo. — Su sonrisa hermosa y esos ademanes exagerados al hablar, se sonrojó bastante y sé que intentó decir “el día que me metiste mano”. — Incluso antes de eso, el día que nos conocimos, una parte dentro de mi cambió. Nunca nadie me había visto por eso me aferré a ti y año tras año intenté volver a verte, aunque muchas veces no tuve tiempo deseaba saber de ti, intenté hacer mi mejor trabajo para hacerte feliz y que las parejas que has tenido fuesen tus personas ideales, pero… ya no quiero hacerlo más. No quiero que nadie más esté a tu lado, yo quiero intentarlo. ¿Quieres ser mi novio?
— Estás diciendo sólo tonterías. —
¿Mi respuesta fue más que Obvia? Tenía una vida casi normal, después de haber pasado por muchas experiencias con hombres, había decidido unirme a una mujer y tener una familia, esos fueron los planes que tuve y ahora ¿Cómo estoy?
Mi novio es Cupido y odio San Valentín porque él está muy ocupado como para estar conmigo.
Tengo que confesarles que, con otro tipo de prendas y peinados, el Cupido es tremendamente Sexy, no se imaginan la imagen que me da cuando llego del trabajo.
Es razonable que enfurezca cuando ve alguna postal con la imagen de cupido siendo un bebé con pañal. Lo odia. A él gusta la música pesada y anda descalzo en ropa mi interior haciendo la merienda para cuando regreso del trabajo.
Lo amo, y por eso, aprovechando tu atención, quiero puntualizar y hacer una advertencia. Si ves a Cupido a medianoche, no se te ocurra tener pensamientos inapropiados con él, ¡Es mío! Y, de hecho, si lo ves, significa que al despertarte habrá alguien para ti.
Ten un buen San Valentín.
|¤°.¸¸. ·´¯`» Doki Amare Peccavi «´¯`·. ¸¸. °¤|
«. ·°·~*~′En tu memoria 2020’~*~·°·. »
