Aroma a Flores

Summary

En una sociedad donde los alfas son el puesto más alto en la jerarquía, es normal que se les exija y hasta se les idealice de alguna manera. Lamentablemente, Jongho no encajaba en la imagen de un Alfa. Debido a eso, sus compañeros se burlaban de el. Lo que el no sabía, es que no era el único al que marginaban por no entrar en los estándares de su casta. Aclaración: Omegaverse/ Escolar Jongmin/ Jonggi (Jongho x Mingi) Bl/ Pareja homosexual (Chico x Chico) Contenido +18 (Smut/Lemon) Historia corta Prohibido copias o adaptaciones sin mi permiso

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Jongho estaba sentado en su pupitre mientras miraba a sus compañeros jugar desde la ventana de su salón. Era la hora del almuerzo y a pesar de ser adolescentes, aún habían compañeros que seguían comportándose como niños pequeños, corriendo de un lado al otro.


Jongho recordaba su tiempo en la primaria cuando hacía aquello. Jugar con sus compañeros, correr de un lado al otro; pero eso ya no ocurría. Ya no jugaba, ya no tenía amigos.


Desde que se había presentado como Alfa, sus compañeros empezaron a rechazarlo. Muchos pensarían que al ser Alfa tendría respeto de los demás, sería un ejemplo, los demás le admirarían; pero no, todo lo contrario, eso había sido motivo de burlas.


Jongho era bajito de estatura, y debido a aquello, sus compañeros se reían de el, incluso las omegas decían que el era un fraude como Alfa, que probablemente se habían confundido a la hora de darle sus resultados, el no tenía las características físicas de un alfa. Incluso se metían con su peso, a pesar de no estar gordo, pero aún así lo atacaban de esa manera.


Todo aquello había afectado enormemente a el alfa. Que por más que trató de sobrellevar todo aquello, e ignorarlos; lo único que hacía era recriminarse más. Al punto que había dejado de comer y empezado a hacer ejercicio.


El castaño suspiró mientras volvía la mirada a su salón de clases. Habían algunas estudiantes dando vueltas por ahí, y algunos compañeros diciéndoles cosas "bonitas" para tratar de enamorarlas. Las chicas solo se reían entre ellas de manera coqueta.


El Alfa de verdad odiaba todo aquello. Se sentía asqueado al ver cómo sus compañeros hacían de todo para poder hacerlo aunque sea una vez. Y más asco le daban esas omegas que se dejaban hacer de esos chicos.


Se puso de pie y quiso salir del salón, pero uno de sus compañeros se puso frente a la puerta, impidiendo que siguiera.

El chico era más alto que Jongho, por lo que hizo como que no lo vió y dio un paso al frente chocando con el Alfa.


—¡Oh! ¿Qué pasó?— dijo el chico, actuando como si no se esperara chocar con alguien.


Las chicas que estaban en el salón empezaron a reírse.


—Oh disculpa alfita... No te había visto... Es que eres tan pequeño— dijo el chico bajando la mirada y dándole unas palmaditas en la cabeza a Jongho.


El alfa sentía su sangre hervir, y por primera vez, sintió a su lobo rugir de ira hacia el chico frente a el.

Su compañero se asombró al verlo de esa manera, asi que solo se quitó del camino del alfa y lo dejó seguir.


Jongho caminó rápidamente hasta la parte trasera de la escuela. Ahí había un pequeño jardín con algunas bancas, asi que aprovechó y se sentó.


Suspiró repetidas veces. Necesitaba relajarse. Nunca antes su lobo se había sentido de aquella manera; y curiosamente, seguía inquieto; no se había detenido. Era como si su lobo le recriminara el que no se defendiera.


—Tengo que hacer las cosas bien... No puedo solo dejarme llevar por la ira— habló como si su lobo estuviese a su lado sentado.


Miró hacia el cielo y aspiró el olor del lugar. Olía muy bien. El jardín estaba muy bien cuidado; y las rosas, al parecer, emanaban ese hermoso aroma.


Cerró sus ojos y siguió disfrutando del olor. Su lobo estaba agitado dentro de el, asi que volvió a suspirar, mientras trataba por todos los medios, de calmarlo.


—¿Estás bien?— se escuchó la voz grave de un chico.


Jongho dio un pequeño brinco en su puesto, ya que lo había sorprendido, pero levantó el rostro y miró a la persona que le había hablado.


Su corazón se aceleró de un momento a otro y su respiración se agitó. ¿Qué estaba pasando?


El chico frente a el estaba vestido con el uniforme, pero llevaba un overall sobre este. En sus manos llevaba unos guantes y sostenía una regadera.

Sus mejillas estaban sucias con tierra... pero sus ojos...


Aquellos ojos habían vuelto loco al lobo dentro de el. Eran preciosos. Eran chiquitos, rasgados y muy profundos.


Todo su cuerpo se tensó. Las palabras se borraron de su memoria. Sintió que no sabía hablar. Sus mejillas ardían y solo movía la boca, pero nada salía de ella.


El chico de la voz gruesa sonrió al ver al alfa tan perplejo.


—Hola— dijo el chico alto un poco sonrojado, no iba a negar que aquel chico le había parecido atractivo, y algo dentro de el también se emocionó.


—H-hola...— dijo Jongho con dificultad, su lengua parecía que se había dormido.


—Te escuché suspirando y quería saber si estabas bien— dijo aquel chico sonriendo.


Su sonrisa era hermosa, de eso no había duda. Jongho no sabía qué decir. Lo más triste es que tampoco podía disimular. Sus ojos estaban fijos en el chico alto y su boca estaba semi abierta, admirando la belleza del otro.


—¿Estás bien?— volvió a preguntar el chico, al ver que el más bajo no hablaba.


—Em... yo... ah...— ninguna palabra se formaba y su mirada seguía fija en el chico.


—¿Podrías dejar de mirarme así?— preguntó el chico sonriendo de manera nerviosa.


Y como si un balde de agua fría le cayese encima; Jongho reaccionó rápidamente, sacudiendo un poco su cabeza para despertar de aquel trance en el que el más alto lo había metido.


—¡Ah! Yo... ¡Lo siento! No era mi intención incomodarte— dijo Jongho hablando de manera acelerada, mientras se ponía de pie.


—No me incomoda... solo... me da vergüenza— admitió con una sonrisita, que trató de ocultar, pero el Alfa ya lo había visto.


—Yo...— quiso decir algo pero su mente se bloqueó y su boca habló sola —Eres hermoso...—


El más alto abrió los ojos de par en par al oír aquello. Era la primera vez que alguien, a parte de su madre, le decía eso.


—¡Lo siento!— Jongho volvió a disculparse, pero esta vez, ya se estaba muriendo de vergüenza, así que hizo una reverencia y se fue de ahí a paso acelerado.


No sabía qué rayos había pasado ahí, pero era algo muy raro, eso era seguro.


El timbre del fin del receso sonó, por lo que regresó a su salón para prestar atención al resto de las clases que sobraban.


Jongho miraba a la nada metido en sus pensamientos, cuando vio movimiento, de reojo, en su salón.

Todos sus compañeros habían empezado a recoger sus útiles y a guardarlos dentro de sus maletas.


El castaño tuvo que parpadear varias veces para darse cuenta de que el horario de clases había culminado. No había ni escuchado la campana. Y todo porque su mente no había dejado de pensar en aquel chico alto de ojos rasgados.


Ni siquiera sabía su nombre, ni en qué año iba, ni en qué salón estaba, sabía que era estudiante por el uniforme, pero... ¿Quién era? Se empezó a frustrar por no saber nada de aquel chico, pero su lobo quería correr hacia el.


—No entiendo qué te pasa. Ni lo conoces... Ni sabes si es omega o no— dijo Jongho recriminando a su lobo.


—¿Qué pasa, chiquitin?— preguntó el chico que lo había molestado antes.


Jongho suspiró. Lo que menos quería en ese momento era que lo vinieran a molestar, su lobo estaba muy alterado ya.


El chico que se había acercado suspiró al sentir el olor de Jongho.


—Deja de estar enojado, chiquitin... Tu olor se pone amargo cuando estás así— dijo y se acercó un poco más para oler al alfa.


Aléjate de mi— dijo Jongho con su voz de Alfa.


A mi no me das órdenes— el otro chico también usó su voz de Alfa.


Los que estaban a su alrededor se empezaron a esparcir, por miedo a una posible pelea entre aquellos dos alfas. El ambiente se estaba poniendo pesado, por lo que los omegas se alejaron rápidamente de ahí.


—¡Ustedes dos! ¡Se tranquilizan!— dijo uno de los profesores que pasaba por ahí y sintió el olor —¡Hay omegas aquí!— les regañó y ambos bajaron la guardia. No querían problemas y menos ahora que habían salido.


Jongho se puso de pie y tomando sus cosas rápidamente, salió del salón.

Sus piernas caminaron solas y lo llevaron a aquel jardín.

Estaba nervioso, si se encontraba con aquel chico, ¿qué le diría?


Caminó por el jardín y se acercó a la bodega donde guardaban todo, pero no vió al chico.

Suspiró otra vez y decidió que lo mejor era que se fuera a casa.


Su camino a casa fue tranquilo. No se encontró con ninguno de los chicos que le molestaban.


Al llegar, su madre lo recibió con un beso y un abrazo.


—¿Y ese olor?— preguntó ella sonriendo.


—Ah... Me enojé hoy— dijo Jongho suspirando, pero siguió adelante y ya no le prestó atención .


—No me refería a eso— dijo ella, pero Jongho ya no la escuchó, pues se metió a su cuarto. Ella solo suspiró y regresó a ver la televisión.


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