Capitulo: La Rebelde princesa Lunar
S… En los confines de Lunaris, donde los árboles se alzan como guardianes antiguos y las estrellas tejen hilos de destino, existe un bosque mágico. Sus hojas susurran secretos al viento, y sus raíces se entrelazan con leyendas olvidadas. Era un tapiz viviente de verdes intensos y marrones terrosos, un lugar donde la magia no era solo una posibilidad, sino una certeza palpable. Los troncos de los árboles, gruesos y retorcidos, se elevaban hacia el cielo, sus cortezas grabadas con símbolos antiguos que contaban historias de tiempos inmemoriales.
En este lugar encantado se encontraba Mallory, una niña de unos 8 años, con un vestido blanco elegante y largo aunque algo descuidado. En la cintura tenía un broche de plata en forma de luna. Sus rodillas mostraban vendajes por los recientes raspones producto de una niña inquieta, y sus pies estaban descalzos.
El cabello largo y rubio oscuro de Mallory enmarcaba un rostro de rasgos delicados, destacando unos enormes y expresivos ojos ámbar. Había en ella una inocencia pura, reflejada en su mirada curiosa y la expresión serena de su semblante.
Sin embargo, debajo de esa apariencia etérea, se vislumbraba un carácter fuerte y aventurero. Una niña con un espíritu salvaje y un corazón inquieto desafiando las reglas establecidas por su madre, la Reina Eupheria de Lunaris. Sus pies descalzos se hundían en la tierra húmeda mientras se adentraba entre los árboles que parecían sostener el cielo. Los pájaros de colores vivos la saludaban con trinos alegres, reconociéndola como parte del reino, mientras las mariposas danzaban a su alrededor en un alarde de magia pura y el ambiente nocturno brillaba con luces bioluminiscentes, y con insectos míticos que transmitían esa misma luz azul y morada.
Zio,una mitica criatura , de aspecto gruñon que combina la apariencia de un búho y un gato ,ademas de cumplir su rol de protector y compañero alado con plumas blancas plateadas que brillaban con la luz de la luna, volaba en círculos sobre ella, su mirada atenta y protectora ante las travesuras de la joven.
Su leal guardián de pelaje brillante la buscaba afanosamente entre las ramas. Una cálida sonrisa se dibujó en su rostro cuando una figura diminuta y radiante apareció entre las copas de los árboles.
—¡Te he estado buscando por todas partes! —dijo Zio con preocupación palpable en su voz—. No deberías estar aquí a estas horas de la noche. ¿Te has vuelto a escapar? Eres muy terca.
—¡Eres muy aburrido! — dice Mallory sacandole la lengua de manera burlona—. ¡Solo quería dar un paseo nocturno! Y quién sabe, tal vez podríamos... ¿visitar el portal prohibido?
La pequeña Mallory sonreía maliciosamente mientras hacía equilibrio sin preocupación alguna en las copas de los árboles. La luz de la luna iluminaba su rostro travieso, revelando la chispa de aventura que ardía en sus ojos.
—Quizás sea hora de desobedecer a mamá y explorar lo que nos espera más allá del portal —dijo Mallory con emoción, sus ojos brillando con una chispa de aventura—. ¿No crees, Zio? ¡Atrévete a venir conmigo!
Zio, el protector real de Mallory desde su infancia, se agitaba nervioso ante la propuesta de la joven princesa,Zio escondía su miedo detrás de una pose teatral y dramática.
—¿¡Desobedecer a la reina!? —exclamó Zio, extendiendo sus alas de manera exagerada y dramática—. ¡Eso sería una locura! El portal prohibido es un abismo de peligros desconocidos. ¡Eres la heredera al trono, tu seguridad es primordial para el reino entero! ¡Se me van a salir todas las plumas del nerviosismo que me provocas, joven princesa! ¡Jamás podría perdonarme si algo te sucediera por mi negligencia!
A pesar de su ocasional torpeza y su obsesión por el protocolo, Zio no podía evitar sentir un lazo irrompible con Mallory. Su lealtad hacia ella y hacia el reino era inquebrantable, aunque su sobreprotección a veces chocara con el deseo de libertad de la intrépida Mallory.
Zio sabía que Mallory era la heredera al trono, y que su seguridad era primordial para todo el reino. Por eso, se desvivía por cuidarla y mantenerla a salvo, incluso si eso significaba reprimir sus impulsos aventureros. Sin embargo, en el fondo, entendía que Mallory necesitaba cierta libertad para crecer y explorar el mundo que la rodeaba.
Mallory observaba a Zio con una sonrisa retadora en los labios, sabiendo perfectamente cómo jugar con sus emociones.
—Aunque... ¿Estás seguro de que puedes seguirme, Zio? —dijo con un tono burlón, inclinando la cabeza a un lado—. No quiero que te pierdas en el camino. —Soltó una risita traviesa—...¿O acaso tienes miedo de aventurarte conmigo?
Sus ojos ámbar brillaban con una chispa de desafío, como retando a Zio a que demostrara su valentía. Mallory sabía que su guardián se preocupaba profundamente por ella, pero eso no evitaba que quisiera romper de vez en cuando las reglas.
Zio intentó agarrar a Mallory con sus garras, pero la joven princesa lo evadió ágilmente, descendiendo de la copa del árbol con una destreza natural.
—¡Vuelve aquí, pequeña traviesa! —exclamó Zio, batiendo sus alas mientras la perseguía por entre los árboles—. ¡Es demasiado peligroso lo que estás proponiendo! ¡Podrías lastimarte, o peor aún, perderte en el portal prohibido!
Mallory soltó una risita traviesa, esquivando con gracia los torpes intentos de Zio por atraparla,la pequeña princesa saltaba ágilmente de rama en rama.
—¡Tienes que ser más rápido que eso, Zio! —se burló, sacándole la lengua mientras daba volteretas en el aire—. ¿Acaso tus plumas se han vuelto más pesadas con la edad?
Zio, frenético, intentaba mantener el equilibrio mientras volaba de rama en rama, tropezando de vez en cuando. Su expresión era una mezcla cómica de preocupación y frustración.
—¡Mallory, por favor, detente! —suplicó, casi sin aliento—. ¡No puedo permitir que te arriesgues de esa manera!
Pero Mallory, con su espíritu travieso y aventurero, no tenía intención de escuchar los ruegos de su guardián.
—¡Usted no me está escuchando! —exclamó Zio, desesperado—. Está terminantemente prohibido ir al portal, ¡usted lo sabe! —Movió sus alas con nerviosismo—. ¿Acaso sabe lo que hay detrás de él?
Mallory puso una expresión aburrida , se sento en una rama moviendo sus piernas y resopló con fastidio por la insistencia de su protector.
—Ay, Zio, siempre tan dramático —dijo Mallory, rodando los ojos—. ¿Acaso crees que no sé lo que hay detrás del portal? — He estado soñando con ese lugar desde que tengo memoria. —Sus ojos brillaron con emoción—. ¿No te da curiosidad saber qué hay ahí afuera? —Ladeó la cabeza, con un aire de inocencia—. Además, no somos tan diferentes a ellos... ¿O sí lo somos?
Zio se apoyó en una rama donde estaba Mallory, tratando de que lo escuchara atentamente.
—Usted solo tiene 8 años... no sabe nada del mundo, créame —dijo con seriedad—. Pero tiene que saber que usted pertenece al reino Lunaris, este es su reino ,cuando crezca lo gobernara y es una gran responsabilidad.
Zio se acercó un poco más a Mallory, bajando la voz a un susurro tenebroso.
—Detrás de ese portal están las tierras prohibidas... un mundo oscuro y peligroso, lleno de seres innombrables, bestias y... —Se detuvo, mirando a su alrededor con nerviosismo—. Hombres. —Tragó saliva—. Se cuenta que solo las mejores guerreras atraviesan el portal para combatir a los invasores que quieren entrar a nuestro reino por la riqueza del "unobtanium" un mineral valioso y la fuente de vida de nuestro reino,contienen la energia de nuestra tierra. —Lo miró fijamente—. Y vuelvo a repetir... habitan hombres. —Sus ojos se abrieron con horror—. ¿Sabes lo que son los hombres, Mallory?
Mallory se detuvo en seco, pensativa.
—Sí, claro... —dijo, haciendo una pausa—. No, no exactamente —continuó, haciendo una mueca—. Aquí solo somos mujeres, nuestra deidad Lorelei nos creó de la tierra. Mamá me contó toda la historia. —Frunció el ceño ligeramente—. Pero eso solo aumenta mi curiosidad por ellos. Quiero saber si son tan terribles como todos dicen. —Sus ojos brillaron con una chispa de emoción—. Además, ¿no te parece aburrido seguir todas estas reglas sin cuestionarlas? —Ladeó la cabeza, con una expresión casi inocente—. Quién sabe lo que podríamos encontrar al otro lado.
Mallory parecía genuinamente intrigada por lo que se escondía detrás del portal prohibido, a pesar de las advertencias de Zio. Su curiosidad infantil y su espíritu aventurero parecían superar su cautela.
Zio, con su voz temblorosa, intentaba transmitir la severidad de las leyendas que envolvían a los hombres. Al borde de la histeria, agarró a Mallory con fuerza, sus plumas temblando descontroladas mientras sus ojos reflejaban un terror profundo.
—¡Mallory, por todos los dioses antiguos, debes escucharme! —exclamó, sacudiendo ligeramente a la joven princesa—. ¿No escuchas las leyendas? ¿Lo que cuentan las Valkirias más ancianas? —Sus ojos se abrieron con horror—. ¡Esas criaturas son monstruos inimaginables! —Tragó saliva con dificultad—. ¡Bestias de enormes dimensiones, con cuerpos retorcidos y deformes, cubiertos de pústulas y garras afiladas! —Hizo una pausa dramática, su voz casi un susurro—. Su piel áspera como la roca y sus colores oscuros como la noche, con ojos que arden en furia y expresiones crueles que congelan la sangre en las venas. —Miró a Mallory con desesperación—. ¡Nos devorarán con una voracidad despiadada si nos atrevemos a cruzar el umbral hacia lo desconocido!
Zio esperó con nerviosismo alguna reacción de Mallory, pensando que había logrado asustarla. Pero la joven princesa solo frunció el ceño y ladeó la cabeza.
—¿Por qué me estás escupiendo, Zio? —dijo Mallory, liberándose suavemente del agarre de su protector y limpiándose la cara—. ¿Y si simplemente están inventando historias para asustarnos y mantenernos aquí? —Sus ojos brillaron con una chispa de determinación—. ¡Hay que ver lo que hay detrás del portal! —exclamó, ignorando por completo todo lo que Zio le había dicho.
Zio parpadeó, atónito ante la reacción de Mallory. Había esperado que sus palabras atemorizantes surtieran efecto, pero la joven princesa parecía más interesada que aterrorizada.
—¿Pero es que no me has escuchado? —dijo Zio, exasperado—. ¡Son criaturas terribles, Mallory! ¡Debes entender lo peligroso que es!
Pero Mallory solo lo miró con una sonrisa tierna y sus ojos brillando inocentemente
Zio, ya exhausto, se dejó caer dramáticamente de la rama, su voz cargada de preocupación y desafío.
—¡Solo dime! —exclamó, acercándose nuevamente a Mallory con un gesto casi teatral—. ¿Y acaso con qué se defenderá si atraviesa ese portal, niña? ¿Acaso sabe pelear? ¿Pretende espantar a esos monstruos con sus piruetas en los árboles? —Resopló con frustración— ¿Qué pasaría si algo te sucediera? —Su voz se quebró ligeramente, y sus alas se agitaron con nerviosismo—. No podría perdonármelo. ¡Sería el peor guardián de la historia!
Mallory, bajo de un salto ágil del árbol incorporandose rapidamente con un gesto despreocupado y sacudió algunas hojas que habian quedado adheridas a su vestido
—Claro que sé pelear —dijo, haciendo un puchero— Si algún ser humano se atreve a desafiarnos, ¡les mostraré el poder de las Valkirias! —Sus ojos brillaron con una chispa de rebeldía
—Las mejores guerreras cruzan el portal para proteger nuestro reino de los invasores —continuó, su voz firme—. ¿Por qué no puedo ir yo también? Tal vez sea mi turno de demostrar lo que valgo. —Una sonrisa traviesa se formó en sus labios—. Y si descubrimos algo allá afuera, ¡podremos compartirlo con todos en Lunaris! ¿No sería genial saber más sobre ese mundo misterioso?
Zio, exasperado, exclamó:
—¡Tú eres la futura reina, no una aventurera suicida! —Sacudió la cabeza con desaprobación—. ¿De dónde sacas esas ideas, niña?
Mallory, frunciendo el ceño con determinación y cruzándose de brazos con orgullo, le respondió:
—¡No soy una niña, Zio! —exclamó—. ¡Soy una guerrera! Quiero trepar árboles, luchar con espadas y sentir el viento en mi cabello. —Sus ojos brillaron con desafío—. ¿No hay más en la vida que ser reina?
Zio miró a Mallory y suspiró con resignación ante la rebeldía de la princesa. Implorando silenciosamente a la diosa Lorelei por paciencia y sabiduría, se acercó a Mallory.
—Que la diosa Lorelei me dé fuerzas para seguir tu inocente rebeldía, Mallory —dijo, dandole pequeñas palmadas en la cabeza con sus alas—. Volvamos a casa ya, olvida esta idea. —Hizo una pausa, frunciendo el ceño ligeramente—. Además, te escapaste de tu tutora real... ¿Piensas que no nos están buscando?
Suspirando, extendió una de sus alas, indicándole a Mallory que era hora de regresar al castillo. A regañadientes, esperaba que la razón finalmente prevaleciera sobre el deseo de aventura de la intrépida princesa.
Mallory, desafiante y audaz, se encogió de hombros con una sonrisa traviesa en sus labios.
—No creo que mis tutoras reales puedan seguirme, Zio —dijo con un guiño pícaro—. ¡Soy muy hábil para esconderme! —Se rió entre dientes—. Y si nos persiguen, ¡les daremos una sorpresa! —Llevó una mano a su barbilla, imaginando la escena—. ¿Te imaginas sus caras cuando nos encuentren aquí? —Soltó una risita melodiosa—. ¡Será épico!
Zio la miró con una mezcla de exasperación y admiración. Aunque le costara admitirlo, Mallory tenía un talento natural para las travesuras que a menudo lo dejaba sin palabras.
—¡Mallory, por todos los dioses! —exclamó, llevándose las garras a la cabeza en un gesto dramático—. ¿Acaso no entiendes el peligro en el que nos estás metiendo? —Sus ojos se abrieron con horror—. ¡Imagina la cara de la reina cuando se entere de que dejé que te escaparas! —Comenzó a caminar de un lado a otro, murmurado para sí mismo—. Seguramente me desterrará al bosque oscuro... ¡O peor aún, me convertirá en una rana!
Mallory no pudo evitar soltar una carcajada ante la expresión dramática de su guardián. Era evidente que Zio estaba a punto de perder los nervios por culpa de sus travesuras.
Sin embargo, en medio de la conversación, una voz autoritaria resonó en el bosque, interrumpiendo el diálogo con su tono imponente y seguro.
—Mmm, no puedo imaginar la cara que pondría la reina al ver esta situación... ¿Verdad, hija mía? —dijo la voz.
La risa de Mallory se detuvo abruptamente, y una transpiración involuntaria recorrió su cuerpo.
Mallory y Zio se giraron sorprendidos al reconocer la voz conocida, encontrándose frente a frente con la figura imponente de la reina Eupheria. La soberana del reino Lunaris se erguía majestuosa entre los árboles con dos guardianas valkirias atrás de ella quienes se reian sutilmente por la situación.
Los largos cabellos platinados de Eupheria brillaban con destellos dorados a la tenue luz que se filtraba entre las hojas. Sus ojos amarillos, intensos y perspicaces, parecían perforar a través de la joven princesa y su torpe guardián. A pesar de la severidad de su semblante, había un brillo de complicidad en su mirada que no pasó desapercibido.
Mallory y Zio se quedaron paralizados, conscientes de que habían sido descubiertos en medio de su pequeña aventura prohibida. La presencia de la reina imponía respeto y temor, pero también dejaba entrever una chispa de entendimiento que intrigaba a los dos.
Eupheria avanzó con pasos elegantes y pausados, se presentaba ante ellos envuelta en una impresionante vestimenta digna de su cargo. Su túnica, hecha de una seda fina y brillante, parecía flotar a su alrededor como una nube etérea. Los pliegues de la tela caían con gracia, resaltando la elegancia de sus movimientos.
Cada uno de sus gestos y movimientos transmitían una gracia y porte dignos de su posición, pero también una autoridad que no admitía ningún tipo de desafío.
—A-Alteza... —balbuceó Zio, inclinándose respetuosamente
Eupheria observó a Mallory con una mezcla de afecto y preocupación. Con calma, se acercó a su hija.
—La valentía y la audacia te caracterizan, hija mía. —Sus ojos brillaron con una chispa de orgullo—. Pero recuerda que tu camino como reina también requiere responsabilidad y compromiso. —Hizo una pausa, buscando la mirada de Mallory—. ¿Estás lista para enfrentar ambos desafíos, Mallory?
La voz de Eupheria sonaba firme, pero también había un deje de ternura en ella. Sabía que Mallory había heredado su espíritu indomable, y que, en el fondo, anhelaba que su hija encontrara el equilibrio entre su sed de aventura y las obligaciones que conllevaba su posición como futura soberana.
Mallory levantó la mirada, encontrándose con los ojos de su madre. Por un instante, la rebeldía y la determinación que solían brillar en su mirada se suavizaron, dando paso a una sombra de duda y, tal vez, incluso a una chispa de comprensión.
La tensión entre el deseo de Mallory y las preocupaciones de Eupheria se palpaba en el aire, mientras aguardaban la respuesta de la niña.
La noche en el bosque encantado de Lunaris vibraba con emociones encontradas y decisiones cruciales en el horizonte, mientras Mallory, Zio y la reina se preparaban para un nuevo capítulo en sus vidas lleno de retos y descubrimientos...