Capítulo 1
Todo el mundo no dejaba de ver a Izuku que se encontraba de pie en la puerta de la iglesia, al mismo tiempo que murmuraban y regresaban su vista a la pareja que se encontraba frente al altar.
El rostro del novio, se miraba un poco confundido, mientras que el de la novia había palidecido, y de un momento a otro, el grito eufórico de uno de los invitados se hizo presente, haciendo sobresaltar al peliverde que de manera rápida secos sus lágrimas, terminando por tragar grueso al ver cómo aquel Alfa se acercaba a él.
Sus feromonas evidenciaban su enojo, y él tampoco podía evitar liberar su miedo.
—¡¿Cómo te atreves a oponerte a este matrimonio?! ¡¿Acaso no sabes frente a quién estás?! — grito, empuñando sus manos, acercándose peligrosamente al menor, mismo que se encogió de hombros.
—¡No me importa quién sea usted! —se armó de valor, gritando de igual manera—. ¡Yo no puedo permitir que Sho-chan se case! ¡Es el hombre al que yo amo!
Al momento de la confesión, el hombre tuvo la osadía de abofetearlo, haciendo girar su rostro, marcando su gran mano en esa piel pálida tersa, provocando que respingara ante el dolor.
—Cariño, ya basta, esas no son formas— murmuró su esposa, acercándose a él para evitar que recurriera a más violencia.
Izuku por su parte, acarició la zona afectada mientras el novio, lo escondía a sus espaldas.
—Haga caso a lo que dice su esposa— habló el joven de nombre Shoto.
El hombre pelinegro al notar la cercanía de ambos, terminó gruñendo molesto, teniendo toda la intención de irse encima del prometido de su hija.
—Dejemos de hacer un espectáculo, hablemos de esto en otro lugar— terminó hablando el mayor de los Todoroki, mirando a su hijo con advertencia, pues no le sorprendería que este hubiera hecho algo con tal de no contraer matrimonio—. Rei, hazte cargo.
—Ven conmigo cariño— la mujer se acercó al peliverde, tomándolo de los hombros para alejarse del lugar.
Izuku al mirar de reojo, pudo ver a la novia de rodillas, llorando a mares mientras sus damas de honor intentaban consolarla un poco. Sentía pena por ella, pero, ¿qué podía hacer él?
(...)
—¡Esto es inaceptable, Enji! ¿Tienes idea de la posición en la que nos ha colocado tu hijo? ¡Mi pequeña hija ha quedado en completa vergüenza!
—Lo sé, y lo sentimos mucho de verdad.
—¿Lo sienten? Pues no lo parece, ¿por qué protegieron a ese bastardo? ¡Debieron correrlo de aquí!
—Las cosas ya estaban bastante tensas, no podíamos hacer más grande todo este drama. Pero no es demasiado tarde, la ceremonia puede retomarse.
Al escucharlo, el menor de los Todoroki frunció el entrecejo, entre abriendo la boca por la sorpresa. Eso no es lo que se supone que debía pasar, la boda debía cancelarse, él no podía casarse con Momo.
—¿Después de esta humillación? Olvídalo, está ceremonia se cancela— dijo el pelinegro, desanudando su corbata, suspirando con pesar. Después de salir de allí, deberá ir al médico e internarse un tiempo para evitar a los periodistas.
—¿Qué? ¡Teníamos un trato! Sí esto se cancela…
—Así es, olvídate de la inversión— finalizó, saliendo de la sala privada, quedando solo Enji y Shoto, quien suspiro aliviado mientras una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro, misma que fue borrada por el fuerte golpe que le había dado su padre en el rostro.
—¿Te parece gracioso? ¿Sabes la cantidad de dinero que me hiciste perder?
—Entonces para la próxima no intentes utilizarme como mercancía— gruño, mirando a su padre por el rabillo de sus ojos.
—¿Cómo tú lo hiciste con ese niño? Porque ese cuento solo se lo tragaron los Yaoyorozu. Tú sigues aferrado a ese beta.
—¿Y que si es así? No iba a someterme a vivir en un matrimonio con alguien a quien no amo sólo para mantener tu bolsillo lleno de dinero.
—Dinero que tú mismo usas, así que cuida tus palabras. Esto no se quedará así.
Saliendo de la sala, dejó a su hijo completamente solo, no tardando en aparecer su hermana, que para gran suerte suya llevaba una bolsa de hielo para su herida, y evitar que se formará un gran hematoma en su mejilla.
—Mamá tenía una idea de lo que pasaría, así que me pidió que lo trajera. Ese niño está bien, su mejilla está un poco lastimada e inflamada, pero sanará pronto.
—Tengo que verlo.
—Shoto— lo llamó, deteniéndolo antes de que saliera—. Papá no se quedará de brazos cruzados, te castigará de alguna manera.
—Mientras no vuelva a apartarme de Hanta, lo demás no me importa— respondió, saliendo del lugar, yendo con dirección contraria para encontrarse con Izuku.
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Cuando su madre salió de la habitación, Izuku se colocó de pie, mirando molesto al joven bicolor.
—¡Esto no estaba en el trato! ¡Me duele muchísimo!
—Lo siento, no sabía que el señor Yaoyorozu se pondría agresivo, pero no te preocupes, añadí algo extra a tú pago. Además, quedamos a mano— habló, señalando su mejilla, dejando ver un pómulo lesionado. Mucho más herido al suyo.
—Está bien, gracias.
—El que debe agradecerte soy yo. Está unión me hubiera destruido la vida.
—Bien, supongo que mi trabajo está hecho, la próxima vez cobraré más y añadiré costo extra si me vuelven a agredir— advirtió, haciendo reír a carcajadas a Shoto.
—La próxima boda será con la persona que amo. Te invitaré, lo prometo.
—¿Y que tú padre me corra? No gracias.
—Será divertido de ver. Pero bueno, andando, te llevaré a casa.
—No es necesario, tengo otras cosas que hacer.
—Entonces cuídate mucho…
Con esas palabras, Izuku salió de allí casi escabulléndose, tratando de no ser visto por ninguno de los invitados.
Al estar lo suficientemente lejos, sacó su teléfono celular solo para abrir la aplicación de su cuenta bancaria. Solo restaba un porcentaje del pago por cubrir, pero al ver el depósito extra, su sonrisa se volvió más grande de lo que era, comenzando a dar pequeños brincos de emoción.
Esta vez no solo pagaría las medicinas de su madre, no, está vez podría comprar comida rica y algunos regalos para ella. Sí, sintió pena por la pobre novia, pero en su situación, la felicidad y comodidad de la mujer que más amaba, era mucho más importante.
Tomando rumbo hacia el centro comercial con gran alegría, no tomó en cuenta que era seguido por un auto negro.
Pero después de todo, ¿quién lo tomaría en cuenta? No era alguien que sobresaliera, ni mucho menos era importante en esa sociedad, ni mucho menos en esa zona de la ciudad ¿quién podría seguirle?
(...)
Al llegar tarde a la boda del hijo de uno de los socios de sus padres, no imaginó encontrarse a esa pequeña sabandija de mera casualidad, fue una gran suerte para él, llevándolo a disminuir la velocidad de su auto para poder seguirle el paso sin que este pudiera darse cuenta.
Era un poco patético una vez que lo miraba con atención, pues desde la primera y última vez que lo vio, no le había prestado mucha atención, pero en ese momento: era bastante enano, demasiado delgado y su cabello era un completo lío, aunque no iba a negar que su rostro era bastante encantador, pero un poco aniñado. Quizá esté rondando los dieciocho años de edad, no más, ni menos.
Seguirlo todo el día fue bastante aburrido, pero en el momento en que tuvo que entrar a una de las zonas media de la ciudad, no dudó en ponerse alerta, pues supuso que ese pequeño enano se dirigió a su hogar.
Estacionando su auto en un lugar más alumbrado, bajando del mismo lo más rápido que pudo, apresurando su paso para alcanzarlo.
Tomándolo del brazo y tirando de este con fuerza hasta hacerlo chocar contra uno de los muros de esas pequeñas casas, provocando que sus bolsas de compras cayeran al suelo, y los medicamentos que llevaba consigo rodaran por todo el suelo.
—Al fin te encontré, pequeño mierdecilla.
Izuku por su parte, sentía su corazón latir con fuerza, mientras los colores de su rostro lo abandonan por completo.
¿Qué hacía ese rubio allí? ¿Cómo dio con él?
—Tú…
—Es grato saber que me recuerdas. Maldito bastardo…
Definitivamente ese día no había sido nada bueno.