1.- La tierra del pecado
Era un día caluroso cuando Gabriel Santos llegó a Tierra Caliente, un lugar perdido en el mapa, pero él estaba ahí con una misión, reafirmar su fe.
Gabriel bajó del autobús y de inmediato la mirada de hombres y mujeres se posaron en él, no sólo por ser desconocido sino también por su físico... Gabriel es un chico de 20 años, de tez blanca, 1.70 de estatura, delgado, cabello castaño cenizo y unos profundos ojos negros que le daban un toque de misterio combinado con aire angelical.
Gabriel se acercó a una mujer y preguntó: ¿dónde se ubica la iglesia de San Sebastián?... un poco apenada la mujer le indicó el camino y el joven cargando una maleta se dirigió a su destino.
Gabriel es un joven seminarista, proveniente de una familia muy religiosa, por eso desde los 12 años ingresó al seminario para convertirse en sacerdote, ahora estaba a punto de profesar, pero antes de hacerlo debía cumplir con la última prueba, salir un año del seminario y vivir la vida mundana para comprobar su vocación.
El joven fue enviado a este pueblo donde el sacerdote requiere de apoyo.
Gabriel caminaba por las calles viendo las personas de Tierra Caliente, todos dedicados a las actividades de campo... solo en un lugar se escuchaba el bullicio estridente, era la cantina del pueblo, que se encontraba llena de gente; al parecer, era la única diversión en aquel lugar.
El castaño llegó hasta la Iglesia y vio un edificio descuidado con una fachada casi en ruinas.
De pie frente al templo que sería su hogar los próximos meses, las memorias llegaron a Gabriel.
Flashback
“¡TIERRA CALIENTE! pero ¿dónde queda Tierra Caliente?”
Esa era la pregunta que Gabriel Santos le hacía a su madre Martha, una religiosa mujer, que sembró en su hijo la semilla de la vocación cristiana.
M: pues... yo tampoco sé dónde queda Tierra Caliente... pero el padre Cuco me dijo que el sacerdote de ese pueblo es muy viejo y necesita ayuda... él cree que es el lugar ideal para un muchacho como tú, al que le falta muy poco para profesar...
Con dudas el joven castaño comentó: no lo sé, me da cierto temor mudarme a un lugar desconocido... toda mi vida la he pasado entre el seminario y esta casa... quizás el padre Cuco podría conseguirme alojamiento en una parroquia más cercana...
M: entonces volveré a hablar con él... la verdad a mí tampoco me gusta la idea de que te vayas tan lejos...
Esa noche, Gabriel oró como todos los días antes de dormirse pidiendo al Dios en quien tanto confiaba que guiara sus pasos.
Al día siguiente en el desayuno, Martha le comentó a su hijo: en un rato más voy a la iglesia del padre Cuco, le comentaré lo que platicamos ayer y le diré si puede buscarte lugar en una parroquia cercana...
Gabriel contestó con las palabras que sellarían su destino: mejor no lo hagas mamá... si vas a la iglesia, dile al padre Cuco que acepto su propuesta... voy a mudarme a ese pueblo llamado Tierra Caliente...
M: ¿estás seguro, hijo?
G: completamente mamá... estuve pensándolo y si voy a profesar como sacerdote, debo ser humilde y obediente... si en la iglesia de Tierra Caliente necesitan a alguien como yo, ahí debo de estar, mi misión como servidor de Dios es ir a donde me necesitan, no donde a mí me conviene...
La mujer acarició la mejilla de su hijo diciéndole: me da tanto gusto que pienses así... estoy segura que llegarás a ser un gran sacerdote...
Sonriendo, Gabriel respondió: eso espero mamá... así que voy a preparar todo para irme a Tierra Caliente cuanto antes... allá viviré un año, espero que me vaya muy bien...
M: no te preocupes hijo, Dios está contigo y solo estarás en ese pueblo por un año... un año pasa muy rápido... ¿qué podría pasarte en un año?
Fin del Flashback
Gabriel entró al recinto religioso y vio que se oficiaba una misa con tan solo cinco personas, cuatro mujeres y un hombre.
Gabriel se sentó en una banca trasera, desde ahí observó al padre Abraham, un hombre de casi 70 años de edad, cansado y que apenas podía concluir con la ceremonia... minutos después, el sacerdote daba la bendición, señal de que la misa había terminado.
Las mujeres salieron presurosas y cuando Gabriel intentó acercarse, vio que el único varón se acercaba con el sacerdote para decirle: padre, necesito que me diga qué hacer, ya no aguanto la situación en mi casa...
Abraham: pero Juan, ahora dime qué pasó...
Juan: mi padre que no deja de beber, tenemos muchas deudas y no podemos pagar, estamos a punto de perderlo todo...
A: Hijo, recuerda que Dios aprieta, pero no ahorca, ya verás que pronto cambiarán las cosas...
J: eso espero padre, porque ya estoy desesperado...
El sacerdote se quitó la cruz de madera que colgaba en su pecho y se la dio a Juan diciéndole: ponte esto, te va ayudar para cambiar tu vida, pero debes tener fe o no funcionará...
J: Le agradezco mucho padre...
Gabriel vio que el joven se despedía del sacerdote dándole un beso en la mano y cuando volteó para irse, el seminarista pudo ver a aquel chico que debía tener más o menos su misma edad, sólo que Juan tenía el cabello castaño, ojos cafés, piel apiñonada, delgado, medía 1.69 de estatura; era un chico atractivo, pero al igual que el resto de los pueblerinos, su ropa era descuidada y sucia.
Las miradas de los chicos se cruzaron sin que ninguno dijera nada.
Los pensamientos de Gabriel fueron interrumpidos por el viejo párroco que preguntó ¿y tú quién eres?
El joven respondió: buenas tardes padre Abraham, yo soy Gabriel Santos, su nuevo sacristán, estoy aquí para ayudarlo...
A: ¿sacristán? y yo para qué quiero un sacristán...
G: pues... tengo entendido que usted necesitaba apoyo y por eso estoy aquí...
A: sí necesito ayuda, pero pensé que enviarían a otro sacerdote, yo ya estoy cansado...
G: lo siento padre, yo aún no he profesado...
A: bueno, qué se le va hacer, acompáñame te voy a enseñar dónde vas a dormir...
Mientras caminaban por los pasillos, Gabriel preguntó: oiga padre, ese chico que estaba con usted ¿tenía algún problema?
A: los tiene todos, espero que Dios lo ayude...
G: y cómo se llama...
A: Juan, se llama Juan...
**********
En ese momento en la casa de Juan, Benito, su padre alcohólico, era desalojado de su hogar y suplicaba porque no lo echaran como un perro.
Rodeado de varios hombres, Bruno, el capataz de la Hacienda Montenegro, le decía al borracho que tenía que irse pues no tenía para pagar su deuda.
Benito se arrodilló ante Bruno, momento en el que Juan regresaba a su casa y al ver la escena se acercó a su padre para ayudarlo a levantarse... el jovencito alzó la vista y vio al capataz, un hombre de 30 años, 1.85 de estatura, musculoso, tez apiñonada, cabello negro, barba negra y ojos oscuros, con un aire de superioridad.
J: por favor señor, tenga piedad, no tenemos a dónde ir...
B: eso a mí no me importa, yo cumplo órdenes de mi patrón, tu padre le debe y no puede pagarle por eso deben irse...
J: por favor, yo le aseguro que le pagaremos sólo denos tiempo...
B: tu padre es un borracho, aunque te dé tiempo él no podrá pagar, debe mucho...
J: él no, pero yo sí...
B: y de dónde vas a sacar el dinero...
J: voy a trabajar y le pagaré hasta el último centavo...
B: jajajajajajaja y de qué va trabajar un maricón como tú o piensas irte al burdel para venderte como puta...
Las palabras del capataz hirieron a Juan, pero tragándose su rabia respondió: trabajaré en lo que sea, pero le pagaré...
B: no me interesan tus promesas, ustedes saquen a estos dos con todo y sus trapos...
Los hombres obedecieron y empezaron por sacar a Benito que gritaba: no lo hagas Bruno, te doy lo que quieras, pero no me eches de mi casa...
B: y qué podría interesarme de un viejo borracho como tú...
El borracho contestó: llévate a mi hijo, te lo doy como parte de mi deuda, haz con él lo que quieras...
Los ojos de Juan se abrieron grandemente al escuchar las palabras de su padre.
B: y pa' que putas quiero a tu hijo... ¿que crees que soy puto?
Benito: yo sé que no, pero a tu patrón le pueden faltar criados o peones, pues hay tienes a mi chamaco, llévatelo...
El capataz lo pensó por un momento y observó de pies a cabeza a Juan, que se encontraba en un rincón, por lo que decidió: hecho, pero esto no cubre toda tu deuda y ya veremos qué dice mi patrón... hey ustedes, llévense al chamaco...
Los hombres se dirigieron a Juan y tomándolo del brazo comenzaron a sacarlo a rastras mientras el joven gritaba: papá no dejes que me lleven, no lo permitas, papááááááááááááááá...
**********
En tanto, en la Iglesia de San Sebastián, el padre Abraham terminaba de indicarle a Gabriel cuáles serían sus actividades.
G: oiga padre y dígame qué sucede en este pueblo...
A: ¿a qué te refieres?
G: a que no entiendo porque vienen a misa sólo cinco personas, sólo cinco...
A: está mal que yo lo diga, pero este pueblo le pertenece al diablo, todos prefieren estar en la cantina antes que venir aquí y yo ya no tengo fuerzas para cambiar la situación o quizás yo también me he corrompido, algo tiene Tierra Caliente que pervierte a todo aquel que se queda...
Sorprendido por las palabras del sacerdote, el joven afirmó: conmigo no sucederá eso y le aseguro que en poco tiempo tendrá esta iglesia llena...
A: y qué piensas hacer ¿traer a la gente de la calle?
G: pues no sería mala idea, ahora regreso padre...
El viejo sacerdote vio que Gabriel se levantaba lleno de energía y salía de la parroquia.
Sonriendo, el anciano pensó: jóvenes que piensan que todo lo pueden cambiar...
**********
Gabriel llegó a la plaza de Tierra Caliente, donde vio que había pocas personas y ninguna le hacía caso pues estaban ocupados en sus actividades, entonces decidió ir a un lugar donde había mucha más gente, la cantina.
Al llegar a ese lugar, el joven titubeó en entrar... por un momento pensó en retirarse, pero armándose de valor ingresó... era la primera vez que estaba en un lugar de esos y sus ojos revelaban su asombro al ver lo que ocurría ahí dentro.
Lo primero que percibió fue el olor a alcohol y tabaco, pero lo que más llamó la atención de Gabriel fue que las mujeres llevaban muy poca ropa y estaban sentadas en las piernas de los hombres mientras estos las besaban y tocaban lascivamente.
El joven sacristán recordó el pasaje de la biblia sobre Sodoma y Gomorra, por lo que creyó que se encontraba en ese lugar.
La música del lugar era muy alta por lo que tuvo que llenar sus pulmones de aire para gritar: bue-buenas tardes...
Todos voltearon a ver al joven, pero fue el cantinero quien le preguntó: y tú qué buscas acá ¿se te perdió el chupón, bebé?
Las risas de todos resonaron en los oídos del castaño, quien sabía que aparentaba menos edad de la que tenía, por lo que contestó con serenidad: no se me perdió nada, yo soy el nuevo sacristán de la iglesia, me llamo Gabriel... Gabriel Santos...
Una prostituta se acercó al muchacho diciendo burlonamente: ¿y qué hace aquí un sacristán? ¿o será que ya te entró el calor y vienes para que te apaguemos el fuego?
Todos se echaron a reír nuevamente mientras que Gabriel con rostro apacible dijo: si estoy acá es porque vengo a invitarlos para que asistan a misa... vine a pedirles que vayan a la Iglesia a escuchar la palabra de Dios, no importa cuáles sean sus pecados, todos serán perdonados si se arrepienten de verdad... yo les aseguro que...
Interrumpiendo el discurso del sacristán, se escuchó una voz gruesa que provenía de un rincón de esa cantina: ya basta de pendejadas... aquí venimos a divertirnos no a escuchar las palabras de un mariquita...
Gabriel observó hacia el lugar de donde provenía esa voz y por primera vez vio a aquel hombre que sentado con las piernas abiertas y sin camisa tenía en su mesa una botella de tequila y dos mujeres a su lado, una le besaba el cuello y la otra le acariciaba el bulto que se formaba en su pantalón.
Era un hombre de más de 30 años, de tez blanca, cabello lacio y rubio, barba rubia, muy musculoso, 1.90 de estatura, ojos verdes y rostro muy viril, parecía un león por la seguridad que emanaba. Su pecho estaba cubierto de vellos que bajaban hasta desaparecer en su pantalón.
Cantinero: bien dicho Montenegro, no necesitamos de su palabrería, si no escuchamos al viejo cura menos a este sacristán...
"Sí, que se vaya", dijeron todos en coro.
El cantinero replicó: mira sacristán, si vienes a consumir quédate, pero si solo vienes a decir palabrerías mejor vete de una vez, no quisiera sacarte a la fuerza...
Gabriel entendió que no era el momento de continuar y decidió retirarse, pero antes de salir escuchó como aquel hombretón rubio dijo: qué siga la fiesta, a olvidarnos de todo, yo invito una ronda para todos... tequila para todos...
Los presentes vitorearon a aquel hombre mientras que Gabriel salió de la cantina completamente humillado.
**********
En otro lugar de Tierra Caliente se ubicaba la Hacienda de los Montenegro, la familia ganadera más rica del pueblo.
Bruno, el capataz, entró a la casa y se dirigió al despacho de su patrón, pero antes de tocar escuchó los gemidos de una mujer, era una puta que le hacía sexo oral a Lucio Montenegro.
Bruno escuchaba cómo su patrón gruñía por el placer que sentía mientras la prostituta succionaba la verga del hombre... el capataz esperó hasta que escuchó que la mujer había terminado con su trabajo y tocó la puerta.
Una voz gruesa y áspera preguntó: ¿quién es?
B: soy Bruno patrón, necesito hablar con usté...
Pasaron unos minutos y Lucio ordenó a Bruno que entrara, al hacerlo vio que la mujer presente se arreglaba la falda y se limpiaba el rostro que aún tenía rastros del semen de su patrón.
En tanto que Lucio se abrochaba el pantalón y se ponía su camisa, aunque sin abotonarla.
Después que la mujer salió, Lucio dijo: qué quieres Bruno, más te vale que sea importante porque ya sabes que no me gusta que me interrumpan cuando estoy con mis putas... ¿cumpliste con lo que te ordené?
B: de eso vengo hablarle patrón, verá no desalojé al borracho de Benito...
L: ¿por qué no?
B: pues porque el borracho me propuso un trato interesante... me dio a su hijo como pago de parte de su deuda...
L: y yo para qué diablos quiero al hijo de ese borracho...
B: pus hace poco se murió una de las criadas y usté necesita a una... yo pensé que este muchachito podría servirle...
L: pero que no dices que te dio a su hijo...
B: sí, pero es que el hijo de Benito es maricón y pues pensé que podría servirle como criado sin tener que pagarle nada y además le puede servir pa' lo que usted quiera...
Sonriendo, Bruno enfatizó sus últimas palabras con un tono lleno de malicia.
Lucio pensó por unos segundos y dijo: tráeme al chamaco para que lo vea...
Después de unos minutos, el capataz entró con Juan que venía con la cabeza baja y llorando.
B: este es el chamaco, patrón...
Lució vio al joven de pies a cabeza y preguntó: ¿cuál es tu nombre?
Juan no contestaba por lo que Bruno respondió: se llama Juan, patrón...
L: ¿es mudo?
B: no patrón, sólo que está asustado...
Lucio vio al capataz y le ordenó: retírate, déjame a solas con él...
Bruno salió sonriendo burlonamente y cerró la puerta del despacho.
Lucio observaba que el joven sollozaba en silencio por lo que dio un fuerte golpe al escritorio y dijo: alza la cabeza, te ordeno que me mires...
Juan no tuvo más remedio que hacer lo que le ordenaban y por primera vez vio frente a frente al hombre más poderoso y temido del pueblo, Lucio Montenegro, quien contaba 35 años de edad, medía 1.90 de estatura, su complexión era gruesa y muy musculoso, tez blanca, cabello negro y rizado, barba espesa del mismo color, que hacía contraste con sus ojos verdes.
Por la camisa abierta se veía un pecho velludo que lo hacían lucir muy viril.
Juan se sintió intimidado ante la mirada de ese hombretón.
L: así está mejor y de una vez te digo que a partir de ahora tienes que obedecerme, tu padre te entregó como parte de su deuda, por lo que me perteneces y puedo hacer contigo lo que quiera...
Juan sólo asintió con la cabeza.
L: bien, cuando uno adquiere nueva mercancía hay que revisarla para ver si no está defectuosa y eso haré contigo, quítate la ropa...
Las palabras asustaron a Juan, que habló con voz temblorosa: ¿cómo dice?
L: ¿también eres sordo? te dije que te desnudes...
J: pero señor yo...
L: ya me escuchaste, obedece y desnúdate o quieres que ahora mismo mande a Bruno para echar a tu padre de su casa y que le den una paliza que no olvidará nunca en su vida...
J: no señor, por favor no lo haga, yo haré lo que me pide...
Lucio vio que el joven se quitó la camisa, después se bajó el pantalón y finalmente se despojó de la trusa quedando totalmente desnudo ante él... el hombre descubrió esa silueta de tentación, piernas torneadas, cuerpo esbelto y sobre todo un culo de infarto.
Apenado, Juan intentaba cubrir con sus manos su intimidad, la cual era de un tamaño promedio.
Temeroso, el jovencito vio que Lucio se acercaba a él como un toro al acecho y lo rodeó hasta ver unos moretones en sus brazos, por lo que le preguntó: ¿quién te hizo esto?
Juan respondió: mi papá...
Lucio continuó examinando con la vista al joven hasta que su grande mano tocó la espalda del joven haciendo que un escalofrío lo recorriera.
De pronto, Juan sintió que era empujado hasta el escritorio y Lucio, detrás de él, le dio una fuerte nalgada que lo hizo gritar: ayyyyyyyyyy...
L: tienes nalgas firmes, eres un puto de buena calidad...
Sin esperar más, Lucio introdujo el dedo medio de su mano derecha en el culo del chico provocando otro grito.
J: ahhhhhh, qué hace señor...
Lucio sintió la estrechez de ese orificio y dijo: comprobando si ya te estrenaron y por lo que veo eres virgencito, mejor así...
J: por favor señor, ah ah déjeme ir...
Lucio metía y sacaba su dedo de esa cueva del placer.
Hasta que intempestivamente, sacó su dedo y volteó al chico sólo para tumbarlo boca arriba en el escritorio.
El poderoso hombre se quitó la camisa ante el asustado chico que vio esos brazos musculosos, desnudos y velludos.
L: a mí me gusta marcar a mi ganado y a ti te voy a dejar una marca que no olvidarás nunca...
Juan lloraba desnudo en el escritorio suponiendo lo que pasaría, pero no podía hacer nada para evitarlo, estaba a merced de aquel hombre que era su dueño.
Viendo a los ojos de su presa, Lucio se desabrochó el pantalón y se bajó el cierre, un bulto prominente ya sobresalía de su entrepierna.
Juan sintió todo perdido cuando de pronto escuchó unos gritos: hermano, ¿dónde estás hermano?
El gesto de Lucio cambió y rápidamente le ordenó al joven: vístete y lárgate de aquí, que Bruno te diga dónde dormirás... qué esperas, vete...
Velozmente, Juan se levantó del escritorio, se vistió y salió. También Lucio se arregló la ropa y salió al gran salón, donde estaba su hermano, quien lucía borracho y estaba acompañado de dos prostitutas.
L: al fin regresaste hermano, déjame darte un abrazo...
Lucio abrazó a su hermano menor, Damián Montenegro, de 33 años, quien había estado de viaje durante mucho tiempo y regresaba a Tierra Caliente pero antes decidió pasar a la cantina.
Damián era el mismo hombre que se burló de Gabriel en la cantina.
L: mira cómo vienes, parece que empezaste la fiesta desde temprano...
D: ya sabes cómo soy hermano, pero para que veas que no me olvidé de ti te traje a esta lindura...
Damián le mostró a Lucio una de las prostitutas, pero el hombre de cabello negro le dijo: creo que será mejor que hablemos mañana, si quieres seguir divirtiéndote será mejor que te vayas a tu cuarto y te lleves a tus "amigas"...
Dirigiéndose a las prostitutas, Damián dijo: parece que mi hermano hoy no está de humor, vamos chicas ando bien caliente y necesito que me bajen la calentura, vayámonos a mi cuarto...
Lucio se quedó en silencio mientras observaba a su hermano subir las escaleras de la casa para dirigirse a su habitación con las dos putas.
**********
La noche había caído y en su cuarto, Gabriel no podía dormir, sentía demasiado calor por lo que se levantó y se dirigió al baño para ducharse.
Del tubo no salía agua por lo que tendría que refrescarse con unas cubetas llenas de agua.
Gabriel se desnudó y con una jícara comenzó a echarse el agua, sentía que el líquido se evaporaba en su piel que ardía, era como si un fuego se hubiera encendido dentro de él.
El ojinegro no entendía por qué sentía tanto calor y de repente tuvo la necesidad de tocar su cuerpo... sintió una ligera excitación en su miembro, por lo que se cuestionó qué sucedía con él, ¿por qué estaba teniendo deseos impuros?
El joven sacristán se vistió rápidamente y se fue a su cama húmedo.
Acostado, recordó lo que le había dicho el padre Abraham horas antes, sobre que ese pueblo tiene algo que pervierte a la gente.
Gabriel comenzó a rezar hasta quedarse dormido.
**********
En su cuarto dentro de la Hacienda Montenegro, Damián daba rienda suelta a su pasión, penetraba salvajemente a dos putas que gemían al sentir entrar y salir el miembro del musculoso rubio. La fama de Damián como semental era conocida en todo el pueblo y las dos mujeres gozaban y sufrían al ser embestidas por el más joven de los Montenegro.
En su habitación, Lucio el hermano mayor escuchaba los gritos de las prostitutas y no pudo evitar excitarse... sintiendo el bulto en su entrepierna, necesitaba desfogarse, por lo que salió de su cuarto.
Entretanto, Bruno, el capataz jugueteaba con una de las criadas de la Hacienda cuando escuchó la fuerte voz de su patrón llamándolo.
B: ordene usted patrón ¿qué necesita?
L: en dónde está el nuevo criado, el que me trajiste hoy en la noche...
B: ah pues lo mandé a dormir en una de las caballerizas...
L: pues ve por él y tráemelo...
B: como ordene patrón...
L: no espera, mejor yo voy por él...
El capataz sonrió maliciosamente al ver salir a Lucio rumbo a las caballerizas.
**********
En un catre dentro de una caballeriza estaba Juan, quien rezaba con la cruz de madera que le habían regalado y que supuestamente le iba cambiar la vida.
El chico se decía a sí mismo: debo tener más fe y nada me pasará...
Juan apenas estaba conciliando el sueño, cuando la caballeriza se abrió y Lucio entró, cerró la puerta y llegando hasta el catre del chico le tapó la boca oprimiéndolo fuertemente. Juan muy asustado abrió los ojos y vio a su agresor.
L: no te asustes, vine para terminar lo que habíamos empezado..
Lucio soltó a Juan que dijo: qué hace señor, por favor déjeme ir...
L: ya vas a empezar a chillar, entiende que soy tu amo y te puedo hacer lo que quiera y hoy quiero estrenarte...
Sollozando, el chico dijo: por qué yo...
L: ya te dije que me gusta marcar lo que es mío y a mis putas o putos las marcó con "esto”…
Dijo el hombre agarrándose el bulto de su entrepierna.
El joven sintió que Lucio se abalanzó sobre él besando su cuello e intentando quitarle la ropa, pero Juan se resistía.
L: más te vale que te dejes o al que le va doler es a ti, yo te chingo porque te chingo...
J: por favor déjeme ir, no me haga esto...
Juan sentía los besos calientes de Lucio y sus grandes manos recorrer lascivamente su cuerpo, las manos del mayor llegaron hasta sus nalgas masajeándolas intensamente.
L: Bruno tuvo buen ojo, me trajo un putito muy rico, creo que lo voy a premiar...
Las lágrimas de Juan se escurrían por su rostro mientras intentaba defenderse, en eso sintió que Lucio se levantaba para comenzar a quitarse la ropa. Primero la camisa dejando ver un cuerpo muy musculoso lleno de vellos que lo hacían ver muy varonil.
Asustado, Juan vio que el ojiverde se desabrochó el cinturón bajándose el pantalón revelando un enorme bulto y una "boa" intentando salir de esa apretada trusa negra.
Las piernas del macho eran igual de velludas y gruesas; el hombre parecía un toro parado en dos piernas por su musculatura. El chico estaba aterrado cuando vio a Lucio a punto de despojarse de la última prenda.
Sin apartar la mirada de su presa, el macho se bajó la trusa mostrando su imponente virilidad que era enorme y estaba erecta lista para introducirse en el asustado e indefenso muchacho. Además de una verga gruesa, los huevos de Lucio también eran grandes y lucían hinchados pues estaban llenos de semen.
Lucio se agarró la verga y dijo: ¿te gusta lo que ves? esto te va entrar en el culo...
Aterrorizado y en un último intento de defenderse, Juan se levantó velozmente y empujando a Lucio intentó huir pero tropezó con la paja y cayó antes de llegar a la puerta. Desnudo, Lucio se abalanzó sobre el inocente chico y para tranquilizarlo le dio una bofetada que hizo gritar al joven.
L: grita todo lo que quieras, nadie va a venir a defenderte, soy tu dueño y puedo hacerte lo que quiera, entiéndelo...
Sin esperar más, Lucio desgarró la ropa de Juan dejándolo solo en trusa. La cruz de madera que el joven llevaba en el cuello cayó entre la paja mientras el pobre muchacho rogaba el cielo para que lo salvara y no perdiera su inocencia.
El hombretón besaba lascivamente todo el cuerpo del chico que no dejaba de llorar. Juan se sentía atrapado por el peso del hombre sin tener las fuerzas para aventarlo, en un último intento dio una patada en la entrepierna desnuda del salvaje que hizo que Lucio se levantara un momento y Juan aprovechó para zafarse, sin embargo el hombresote lo agarró de los cabellos y lo detuvo.
L: esto te va pesar pinche puto, ahora voy hacer que te duela, no me vas olvidar nunca...
Y Lució desgarró la trusa de Juan dejándolo completamente desnudo, lo tumbó boca abajo en la paja y se montó sobre él, abrió sus nalgas y sin ninguna preparación, el toro clavó su verga en el virginal culo de Juan que gritó al sentir la invasión...
J: aaaaaggggggggghhhhhhhhhhhhhh...
Al ser un culo virgen, la verga de Lucio no se fue al fondo pues los músculos del ano intentaron defenderse del intruso, pero el mayor de los Montenegro era un experto en desflorar mujeres y hombres, por eso retiró un poco la verga, tomó impulso y volvió a clavarla con mayor fuerza rompiendo las defensas y metiéndose hasta el fondo.
Lucio se acercó al oído del chico y le dijo: ya te rompí la virginidad, estoy dentro de ti y no puedes hacer nada para sacarme...
Juan sentía desgarrada su intimidad y sentía mucho dolor al tener en el interior esa verga que se movía como si fuera dueño de su cuerpo.
Lucio no esperó a que el dolor pasara sino que sacó su miembro, el cual salió lleno de sangre debido a la brusquedad de la intrusión solo para volverlo a meter y dar inicio al mete y saca, que hizo gemir al chico que se encontraba debajo del semental, quien sin piedad invadía su interior.
Juan lloraba sin cesar aferrándose con sus manos a la paja. Entonces sintió como el hombre sacó su verga y lo volteó para quedar frente a frente con él.
Juan creyó que todo había terminado pero solo era el inicio.
Lució abrió las piernas de Juan y se las echó al hombro, sin piedad embistió al muchacho introduciéndose aún más profundamente. ¿Qué podía hacer ese chico de frágil complexión contra esa bestia llena de músculos y virilidad?
"Aghhhhhhhh", gritó Juan mientras cerraba los ojos para no ver la cara de triunfo que se dibujaba en el rostro de Lucio, que sentía la estrechez de ese culo provocándole un enorme placer.
L: el culo de los putos siempre son los más apretados pero el tuyo está tan estrecho, se ve que nunca te habían metido ni un dedo...
J: aghhhhh, no más ahhhh ahhh por favor...
Los huevos del toro chocaban con las firmes nalgas y en la caballeriza solo se escuchaba el golpeteo de ambos cuerpos chocando.
De pronto la verga de Lucio dio en el punto exacto dentro de Juan y este abrió los ojos al sentir cierto placer con las embestidas del hombre, entonces este sonrió al notar que los gemidos del chico pasaron de ser de dolor a ser de éxtasis.
J: ah por favor señor ah ah ah ah...
L: ya te está gustando verdad, ah disfrútalo no cualquier puto tiene la suerte de ser desflorado por Lucio Montenegro ahh...
Lucio aceleró sus penetraciones a un ritmo frenético y Juan sentía que le faltaba el aire, sentía que iba a desmayarse por la intensidad del acto.
J: ah ah ah ah ah aghhhhhh...
Juan mordía sus labios para no seguir gimiendo pues sus gemidos excitaban más al toro desbocado pero no podía hacer nada para evitarlo, el intruso que se adentraba le inyectaba fuego en las entrañas.
L: nunca me vas a olvidar porque fui el primero, en tu interior siempre llevarás restos de Lucio Montenegro...
Lucio se inclinó para morder la oreja de Juan provocando que este gimiera aún más fuerte, en ese momento el semental aumentó sus penetraciones a un ritmo imposible hasta que el macho sintió que iba a correrse, entonces sacó de golpe su verga y lanzando un gruñido de bestia salvaje empezó a correrse fuera del culo de Juan bañando a su víctima con leche caliente y espesa.
Juan sintió que sobre su cuerpo caían varios chorros de leche que eran expulsados de la gruesa verga de Lucio que se hinchaba para escupirlo. El semen cayó en su pecho y en su rostro, teniendo que cerrar los ojos.
Cuando los abrió, Lucio resoplaba y se limpiaba el sudor, la imagen estaba cargada de masculinidad, el macho se había desfogado y Juan sólo era un recipiente más para bajar la calentura del hombre.
Lucio se sintió orgulloso al ver a Juan manchado con su semen, estaba marcado como él deseaba y más disfrutó al ver el culo destrozado de su víctima. Ahora el orificio lucía más abierto, palpitando y sacando sangre.
L: ah ah ah me deslechaste muy bien y eso que hoy en la tarde una puta me la mamó pero no hay como un buen culo para quitarse las ganas...
Lucio se levantó y con esa boa colgándole entre las piernas agarró su pantalón, se lo puso, se abrochó el cinturón y llevándose la camisa al hombro, el semental salió de la caballeriza sin decir más.
Juan desnudo tirado en la paja, intentó levantarse pero un fuerte dolor en su trasero lo hicieron caer nuevamente, en eso encontró la cruz de madera que se le había caído y tomándola en sus manos lloró amargamente. Ya no podía hacer nada más que llorar, pues el perverso Lucio Montenegro lo había marcado para siempre.
**********
Era casi de madrugada cuando el padre Abraham despertó a Gabriel para pedirle que fuera al río por agua. La iglesia quedaba a unas cuadras del afluente por lo que el joven sacristán a medio dormir tuvo que obedecer lo que el viejo párroco le ordenaba.
Cuando Gabriel llegó vio que el agua de ese río era clara y transparente, él casi no había podido dormir por el calor que hacía en ese lugar. Al ver que no había nadie, el joven se despojó de su ropa y se metió a bañar.... sentía que el agua fría calmaba un poco ese calor que lo abrasaba.
Gabriel se sintió feliz y nadó por un rato mojando todo su cuerpo. Al salir, dio gracias a Dios por ese momento tan refrescante y comenzó con la tarea de acarrear baldes de agua a la Iglesia.
Fue después de varios acarreos cuando Gabriel vio que del otro lado del río, alguien se metía al agua con todo y ropa. El sacristán no lograba observar quién era hasta que cuando el desconocido llegó casi a la mitad del afluente, pudo distinguir el rostro y ver que se trataba de Juan, el mismo chico que un día antes había visto en la iglesia platicando con el padre Abraham.
Pero lo que más llamó la atención del sacristán fue que el joven lloraba mientras se echaba agua sobre el rostro, pero lo hacía de una manera brusca como si quisiera quitarse una mancha que el agua no podría borrar.
Al ver que el joven lloraba más y más, Gabriel decidió que tenía que hacer algo y caminó hacia donde él estaba y le gritó: Juan, Juan, ¿te ocurre algo?
Juan no escuchaba a Gabriel, estaba ensimismado lavando su cuerpo del brutal ataque que vivió hace sólo unas horas.
Por la mente de Juan se repetían las mismas imágenes, Lucio penetrándolo salvajemente, diciéndole que era su dueño. La ira y el dolor del chico le impedían escuchar a Gabriel.
El sacristán al notar que no era escuchado decidió meterse al río, también con ropa, por ello le fue difícil llegar hasta donde estaba Juan.
Cuando por fin estuvo frente al muchacho, Gabriel le dijo: Juan ¿qué te pasa? ¿te ocurre algo? contéstame Juan ¿qué te pasa?
Juan estaba en shock, continuaba lavándose el cuerpo, hasta que Gabriel lo tomó por los hombros y lo detuvo diciéndole: Acaso no me escuchas, ¿qué te pasa Juan?
Hasta ese momento, Juan vio al chico que estaba frente a él, vio a ese joven de mirada misteriosa pero angelical, sin embargo el daño recibido era mucho por lo que sólo pudo reaccionar de manera salvaje: suéltame, ¿quién eres? yo no te conozco, déjame...
G: yo sé que no me conoces pero no me temas, me llamo Gabriel y soy el nuevo sacristán de la Iglesia, yo te vi platicando ayer con el padre Abraham, ¿lo recuerdas?
J: ¿el padre Abraham? el padre Abraham es un mentiroso, es un mentiroso...
G: ¿por qué dices eso?
J: porque él me dio esta cruz, me dijo que me protegería y desde que la tengo me han pasado las peores cosas de mi vida, no la quiero...
En un arranque de ira, Juan se quitó la cruz de madera del cuello y la arrojó al río.
Gabriel se sorprendió por la acción pero veía en los ojos de aquel chico mucho dolor y pensó: Dios, perdónalo, está aturdido y no sabe lo que hace...
G: por favor Juan dime ¿qué fue lo que te pasó?
Juan no pudo contestar la pregunta y se echó a llorar como un niño... Gabriel sólo pudo abrazarlo sintiendo que el chico temblaba en sus brazos y fue así al tenerlo tan cerca que pudo observar que los brazos del joven así como su cuello tenían varias marcas parecidas a chupetones.
La corriente del río empujaba a ambos, por lo que Gabriel le dijo a Juan que debían ir a la orilla, pero el chico se resistía, sin embargo el sacristán logró llevarlo poco a poco hasta la orilla y ya estando ahí lo sacó del río... ambos estaban empapados, aunque al sacristán lo que le preocupaba era que Juan no dejaba de llorar.
G: por favor Juan tranquilízate y cuéntame que es lo que te pasa, confía en mí por favor...
J: yo no puedo...
G: sea lo que sea, te aseguro que puedo ayudarte...
J: nadie puede ayudarme ni cambiar lo que me pasó...
G: dime una cosa, lo que te pasó tiene que ver con estas marcas que tienes en tu cuerpo...
Avergonzado, Juan se retiró e intentó huir pero Gabriel lo detuvo y le dijo: yo sé que tienes miedo, pero hay de dos o me cuentas lo que te pasa y quizás yo pueda ayudarte o sigues llorando sin hacer nada, tú decides...
A pesar de sus lágrimas, Juan miró a los ojos de Gabriel y vio en ellos bondad, era una mirada angelical… pero qué hacía un ángel en ese lugar, se preguntó el desdichado Juan… ¿qué hace un ángel en Tierra Caliente, cuando ahí solo habitan demonios?















