Capítulo 1
El pelo marrón, largo y lacio de Eren se movía al compás de sus pasos. El chico iba acompañado por dos guardias de seguridad y, a pesar de que ya no llevaba puesto aquel uniforme naranja de prisionero, seguía esposado de manos.
Una vez que salieron de aquella puerta de barrotes que separaba la puerta principal donde se salía a la calle dando paso a la libertad y la sala donde llevaba a las celdas, uno de los guardias le quitó las esposas a Eren mientras que el otro le entregaba una bolsa oscura donde en su interior albergaba las cosas personales del chico que éste entregó el día en que fue encarcelado.
—Supongo que tú eres Eren Jaeger. —Habló en tono alegre Erwin.
—Y tú serás el hombre que me sacó de mi hotel cinco estrellas. —Con sorna respondió.
—Comisario Smith —corrigió el rubio. —Así es como me llaman mis subordinados y sí, yo soy el causante de que te hayan dado una oportunidad de salir de aquí.
Eren rodó los ojos al saber el cargo que ocupaba aquel hombre. Y no iba a negar que le parecía un fastidio salir de la cárcel y ya tratar a otra persona como su superior.
—Gracias, supongo. —Agradeció monótono soltando un suspiro.
—Ven, acompáñame, te explicaré todo con detalle durante el camino a la comisaría —explicó Erwin con calma, haciendo un ademán con la cabeza segundos antes de poner rumbo al auto.
Eren no dijo ni una palabra más, simplemente siguió los pasos del hombre sin rechistar.
Los primeros minutos del viaje en coche fueron en un completo silencio hasta que Erwin, viendo que Eren no era demasiado sociable, decidió hablar primero.
—Antes de explicarte nada quiero que sepas que antes de elegir un candidato, miramos con detalle cada uno de los expedientes y tras debatirlo optamos por ti. Aunque tu amigo Armin ayudó bastante —informó con calma y sin apartar su vista de la carretera.
—Lo suponía... —susurró Eren para sí mismo en cuanto escuchó el nombre de su mejor amigo.
Armin trabajaba de informático y tenía contacto con la policía, por eso no le extrañaba que su mejor amigo estuviera detrás de su libertad.
—Entonces... ¿El haber matado a una persona no es tan malo al final?
—Depende de quién lo miré —respondió el comisario contundente—. Es ilegal a ojos de la ley, por eso has estado cumpliendo condena. Sin embargo, estás aquí, conmigo y en libertad.
—Mi libertad tiene precio, ¿verdad?
—Así es, tu libertad es a cambio de ayudarnos como un trabajador más. Pero no te preocupes, tendrás un compañero durante tu nueva vida policial.
—Me parece bien, además matar se me da bien, así que será fácil. — Con sorna añadió Eren provocando que Erwin soltase una risa corta y divertida.
—Buenos días, comisario. —Saludó una Hitch animada tomando asiento nuevamente en su lugar de trabajo.
—Buenos días, Hitch —respondió Erwin —. Te presento a Eren, el ex-preso al que le daremos una segunda oportunidad.
—Oh, encantada de conocerte, soy Hitch, me encargo de la parte administrativa y de ser la primera en ver a todas esas personas que vienen a denunciar y todo ese tema aburrido —explicó soltando una risa.
—Soy Eren —contestó él con una sonrisa imperceptible —. Me compadezco de ti, sé que hay mucha gente bastante insoportable.
—Ni lo dudes, hay muchas personas a las que me dan ganas de golpearlas —confesó la chica.
—Bueno, sígueme Eren, te enseñaré las instalaciones —dijo Smith.
—De acuerdo. —Aceptó el chico para después mirar nuevamente a Hitch. —Un placer haberte conocido.
—Lo mismo digo, Eren.
El edificio era bastante amplio, sin embargo, y para no saturar a Eren con tanta información, Erwin decidió mostrarle al chico la primera planta, ya que esa era la zona dónde más iba a moverse el de ojos verdes.
La última sala que visitaron fue la zona donde se encontraban los cubículos que funcionaban como oficina para cada trabajador.
—Este será tu lugar de trabajo, puedes decorar tu zona si así lo deseas.
—La zona está bien, la decoraré en un futuro.
Mientras ambos hombres hablaban, Mikasa se acercaba a paso lento a la zona de oficina.
—Buenos días, comisario —saludó la chica con su tono amable y educado habitual.
Los dos hombres giraron sus cuerpos y miraron hacia atrás, justo donde provenía aquella voz femenina.
Las pupilas de Eren se agrandaron en cuanto contempló aquella figura humana que estaba delante de él.
Una chica de complexión delgada, su cabello era muy corto y de color oscuro, sus ojos eran rasgados y de color grises y su piel era más blanca que la suya. Y a pesar de la belleza descomunal de la chica, Eren no pudo evitar mirar el gran pecho de ella.
—Buenos días, Ackerman —saludó Smith de vuelta —. Ven, quiero presentarte a alguien —añadió el rubio.
Mikasa asintió con una sonrisa acercándose a los dos hombres.
—Eren, permíteme presentarte a Mikasa Ackerman, tu compañera.
Eren se sobresaltó al escuchar su nombre; sin embargo, sonrió estirando su mano.
—Eren Jaeger. —Se presentó el chico mostrando amabilidad.
—Mikasa Ackerman, aunque puedes llamarme Mikasa — agregó ella estrechando su mano con la del chico.
«Es suave.» Pensó el de cabello marrón en cuanto su piel hizo contacto con la piel adversa.
Después de terminada la presentación, los tres se quedaron hablando sobre los casos que solían ser frecuentes en su día a día.
—Comisario, tiene una llamada. —Interrumpió Bertholdt.
—Gracias por informarme, Hoover, dile que enseguida le atiendo la llamada.
Bertholdt asintió con la cabeza y regresó sobre sus pasos.
—Bueno, les dejo a solas, ya escucharon, debo marcharme —dijo Erwin con una corta sonrisa.
Mikasa se despidió con una sonrisa a su superior. Aquel gesto de felicidad fue borrado segundos después de que la figura de Erwin desapareciera de su campo de visión.
—¿En la cárcel no os enseñan educación? —preguntó Mikasa en tono gélido y con semblante serio.
—Oh, vaya, ya no te caigo bien... —respondió Eren de brazos cruzados y sorprendido por la repentina reacción de la chica.
—No te hagas como el que no sabes. —Con molestia respondió. —¿Acaso crees que no me di cuenta de que me miraste las tetas? Eres un grosero y asqueroso.
—Lo siento porque tengas buenas tetas.
«Paciencia, Mikasa. » Pensó la chica, tenía que ser fuerte mentalmente y no enfadarse el primer día de su nuevo compañero.
—Solo te diré una cosa, Jaeger, para mí es muy importante que todo salga bien. Espero que estés a la altura si no quieres tener problemas conmigo —amenazó ella señalando al chico con su dedo índice.
—¡Sí, mi capitana! —exclamó Eren haciendo el saludo militar.
Mikasa rodó los ojos y después se marchó de la sala, tenía trabajo que hacer y no iba a perder el tiempo con aquel ex-preso.
Durante el resto del día, Eren estuvo ocupado con mucho papeleo, algo que molestó en cierta parte al chico, ya que él quería perseguir y noquear a la gente. El cielo ya estaba completamente oscuro cuando Eren salió de trabajar, estaba caminando sin rumbo aparente, pero en verdad estaba batallando mentalmente en sí, debía de regresar a casa de sus padres o al hogar que tenía antes de ser detenido, aunque dudaba que su casa siga siendo de su propiedad.
—Armin, ¿puedes ayudarme? —Esas fueron las primeras palabras que dijo Eren en cuanto su mejor amigo respondió a la llamada.
—Hola Eren —saludó el rubio al otro lado de la línea telefónica. —¿Ayudarte en qué exactamente?
—Simplemente, responde, si tú estuvieras en mi lugar... ¿Irías a la casa de tus padres o dormirías en una banca de un parque cercano?
Un breve silencio se hizo presente en cuanto Eren terminó de hablar. Armin dio un suspiro rompiendo el silencio.
—Eren, tus padres saben sobre la idea que tuve de sacarte de la cárcel a cambio de que tú trabajes junto a la policía —informó—. Mi respuesta es, iría a la casa de mis padres.
—Eres el mejor, Armin. —Halagó el chico esbozando una amplia sonrisa. —Mañana te contaré todo lo que pase hoy.
—Está bien, cuídate Eren. —Se despidió el rubio antes de finalizar la llamada.
Mientras que Grisha se encontraba en el living ordenando documentación del hospital en el que trabajaba, Carla estaba terminando de lavar los trastes usados en la cena.
—¡Ya voy! —exclamó la mujer, secándose sus manos y dirigiéndose a paso lento a la puerta.
La mujer no pudo evitar preguntarse mentalmente por quién sería la persona que estaba llamando a esas horas al timbre de su hogar. Para su suerte, su pregunta fue respondida enseguida en cuanto bajó la manilla y abrió la puerta.
—¡Eren, has vuelto! —exclamó nuevamente la mujer abrazando a su hijo. —Estoy feliz de volver a verte —añadió con sinceridad usando un tono más bajo y calmado.
—Ya estoy en casa —respondió él sonriendo y correspondiendo al abrazo de su madre. Le había extrañado mucho y es que para él, su madre, lo era todo para él.
Sí, Eren también quería mucho a su padre y a su hermano mayor, sin embargo, desde que era un niño pequeño siempre tuvo una fuerte y especial conexión con su progenitora.
El patriarca de la familia Jaeger había dejado de lado su tarea, escuchar ruido en la entrada provocó que a Grisha le invadiera la curiosidad.
—Eren, hijo mío, bienvenido —saludó Grisha abrazando de manera fugaz a su hijo. —Armin nos contó que saldrías de prisión, pero no el día exacto —añadió.
—Armin me comentó que sabían de su idea de sacarme de la cárcel, más no hablamos mucho del tema —confesó él—. Espero que mañana pueda hablar con él más tranquilamente.
—Por cierto... tu hermano Zeke se quedó a dormir en tu casa. Desde que entraste en la cárcel, siempre íbamos a tu hogar para hacer creer a los demás que la casa estaba en uso —explicó con calma la mujer.
—Zeke debe estar durmiendo a estas horas de la noche, mañana puedes ir a verle.
—Está bien, muchas gracias —agradeció Eren con una ligera sonrisa. —Voy a ducharme y me iré a dormir, mañana les contaré todo e iré a ver a Zeke.
Ambos progenitores asintieron con la cabeza ante las palabras de su hijo.
—Buenas noches, hijo. —Desearon ambos progenitores al unísono.
—Buenas noches — respondió él.