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Bakugou estaba desorientado, le punzaba el cráneo de manera horrible y sentía todo el cuerpo adormecido. Podía captar vagamente los diversos murmullos a su alrededor. Murmullos de tonos graves, masculinos que de seguro parloteaban acerca de su situación. Bakugou apenas podía abrir un ojo, pero eso no impidió que agudizara sus demás sentidos, buscando cualquier clase de información a la que pudiera aferrarse.
¿Qué carajo había pasado? ¿Dónde se suponía que estaba?
Había un olor denso en el aire, que le provocaba molestia. Quizás de personas, alfas para ser más precisos. Feromonas que se mezclaban y opacaban el aroma a limpio. Bakugou soltó un pequeño gruñido, frustrado. Las voces lejanas que escuchaba no conseguían aportar ninguna clase de mensaje. Jodida mierda.
Esa mañana cuando Bakugou salió al parque cerca de su casa a realizar su habitual trote matutino, se vio acechado por un grupo de alfas desconocidos. Los idiotas lo sujetaron por los brazos; fueron bruscos, agresivos, y con un golpe certero al costado de su cuello lo noquearon. Todo eso pasó de forma tan veloz e inesperada que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar o defenderse.
Bakugou no era ningún idiota que no supiera leer las situaciones. Entendía perfectamente que lo habían secuestrado.
—¿Pueden quitarle esa cosa de la cabeza? ¡Quiero verlo! —Pudo escuchar una voz. Esta empleó un lenguaje soez para expresarse, sin embargo, su tono sonaba cálido y reconfortante.
Bakugou escuchó pasos acercarse a él, lo que de manera involuntaria logró tensarlo. La situación era incierta y gritaba peligro.
En su vano intento por reclamar y moverse, se percató de que estaba imposibilitado para hacerlo. Claro, tenía una mordaza y algo sujetaba sus extremidades con fuerza al respaldo de una silla.
Fue despojado de lo que sea que cubria su cabeza, encontrándose de lleno con una molesta luz que le pegaba directo en los ojos.
—¡Por Dios, Red, ¡¿era necesaria esa mordaza?! —se quejó de nuevo esa voz y fue en ese entonces que Bakugou pudo dirigir sus ojos aún desorientados a su origen.
Nada lo preparó para lo que iba a encontrar.
Frente suyo había un chico. Un Omega de ojos verdes y pecas en el rostro. No era muy alto pero tampoco tan bajo, quizás su talla sobrepasaba al promedio de su casta. Su cabello era extraño, de tonos verdes y rizado que le daban un aspecto casi exótico. Su cuerpo no estaba nada mal, delgado, de cintura pequeña, pero su espalda y caderas se veían fuertes. O por lo menos eso podía notar que había bajo el costoso traje que estaba usando.
El chico se le acercó, con pasos firmes y un gesto cabreado, y por increíble que pareciera, el gesto no logró en absoluto opacar la hermosura de su rostro. El chico le miró, brindándole una cálida sonrisa, y sacó una llamativa navaja de alguna parte. Bakugou se tensó, el arma se veía tan filosa que podría cortarlo con un solo toque. Todas sus alarmas se activaron, pero el omega no hizo más que cortar con extremo cuidado (para ser un vil secuestrador), la cinta que cubría sus labios.
—¡¿Dónde demo…?! —Bakugou quiso reclamar, pero no alcanzó a formular la oración cuando una 9mm estaba ahuecando su rostro.
—¡No hables, escoria maldita! —escuchó un gruñido.
Un alfa intimidante de un cabello estúpido y rojizo lo miraba con desprecio. Bakugou alzó su mirada. El sujeto se veía enfurecido, sus cejas fruncidas y su mandíbula apretada eran la prueba de ello.
Bakugou se mordió la lengua y maldijo en sus adentros. Odió con el alma que fuera el mismo desgraciado hostil quien sostenía el arma contra su cabeza.
—¿Puedes calmarte? ¡Por amor de Dios! —le ordenó el chico Omega de antes, al mismo tiempo que soltaba un suspiro.
El alfa gruñó y machacó aún más el arma contra su su mejilla.
El omega rodó los ojos ante esa actitud, y Bakugou no podía estar más de acuerdo con ello. Consideraba que la reacción de ese idiota de pelos parados era exagerada. Es decir, ¿para qué comportarse como un maldito mafioso ante una persona que en definitiva no necesitaba ese tipo de intimidación?
—¿Qué se supone que estamos haciendo, eh? ¿Ahora secuestramos a bastardos limpios? —reclamó el idiota, sus ojos se posaron con reproche en el chico de pecas.
Y ese fue el primer indicio de que todo esto estaba realmente jodido.
En esa desconocida habitación, había por lo menos cinco alfas distintos, todos grandes, todos imponentes y lo más importante; armados hasta la médula. Sin embargo, todos ellos se estremecieron en el momento en que el imbécil cabello de mierda soltó aquellas palabras.
Bakugou tragó un poco de saliva, el ambiente se volvió tenso en un instante.
Una ola abrumadora de feromonas enfurecidas cubrió por completo el lugar, lo que hizo que las gargantas de todos los presentes se atoraran. Él mismo se sintió casi ahogado por ellas, cosa extraña, ya que al ser un alfa dominante, tenía una resistencia natural a estas, sobre todo si provenían de un Omega.
—Creo que no tengo por qué explicar las razones del por qué hago lo que hago —murmuró el omega. Su aire era intimidante y su mirada se afiló rígida en el alfa pelirrojo.
Bakugou era inteligente, de a poco comprendía la inusual cadena de mando que mantenían esos bastardos. Al parecer, el omega era su líder y era más que evidente que cuestionar sus acciones era una gran falta de respeto.
El idiota alfa de cabello rojizo hizo una mueca de disgusto casi caprichosa y con la cabeza gacha, mostró su cuello en sumisión.
—Lo siento, Deku —se disculpó.
¿Deku? ¿Así se llamaba el líder? Bakugou quiso reír. Que nombre de mierda.
Más sereno, Deku suspiró y al instante cortó ese flujo de feromonas aterradoras que liberaba.
—Déjenme solo con él —pidió de manera autoritaria.
Y todos los alfas, excepto el pelirrojo, empezaron a moverse en dirección a la salida.
—Todos fuera, sin excepciones —Deku gruñó.
Pero Red, como se apodaba el pelirrojo, no se había movido ni un sólo milímetro de donde estaba.
—Olvídalo, no te dejaré solo con él —replicó.
El idiota era necio y adoptó una posición tan estoica e imponente que podría doblegar a cualquiera.
Más no a ese Omega.
—Sabes que odio repetir mis instrucciones, Red —advirtió Deku. Su voz era calma pero se podía notar su impaciencia. Miró al alfa con seriedad, mientras balanceaba de manera lúdica su afilada navaja entre sus estilizados y delgados dedos.
—Pero...
—¡Fuera, ahora! —Esta vez gruñó, alto.
El aludido calló al instante, sorprendido. Mordió sus labios, vaciló unos minutos y con desgano comenzó a moverse para abandonar la habitación. Sus ojos profundos le dieron una mirada de muerte a Bakugou antes de retirarse.
Bakugou sintió su sangre calentarse. Su posición era desfavorable. Era un maldito rehén, sí, pero eso no quitaba que también fuera un jodido alfa. El que otro idiota lo desafiará de esa manera tan ruda solo lograba activar sus instintos.
Una vez solos, el Omega se ubicó frente a él y le sonrió de forma radiante y con una extraña gentileza que distaba mucho de la actitud amenazadora que había adquirido segundos atrás.
—Ahora puedes preguntar todo lo que quieras —le dijo de forma cálida, como si fuera una persona noble y no una que lo retenía en un lugar desconocido en contra de su voluntad.
Bakugou endureció su mirada, ese maldito Omega era jodidamente extraño. Ya lo odiaba.
—¿Quién mierda eres tú, dónde estoy, y qué carajos quieres de mi? —interrogó. No había una mínima pizca de intimidación en su voz.
Al Omega pareció gustarle eso, porque sonrió aún más y luego lamió sus labios como si estuviera frente a un bocadillo.
—Soy Deku —se presentó—. Estás en mi casa, y de ti... de ti quiero muchas cosas —dijo.
El omega volvió a sonreír y mordió su labio inferior de una manera que Bakugou podría describir como jodidamente caliente.
Esa era una muestra atrevida, Bakugou lo sabía, sobre todo porque el infeliz dejaba a la vista sus afilados caninos de Omega. Ese gesto en particular sería demasiado atrayente para cualquier alfa, sin embargo, Katsuki ni siquiera se permitió inmutarse ante él.
—¿Quieres dinero, rata maldita? Tengo muchísimo, sólo pídelo y lo tendrás —soltó con asco. El omega elevó una ceja, su semblante pasó de coqueto a enojado—. Luego de eso déjame ir, soy una persona ocupada, no tengo ningún interés en perder mi valioso tiempo contigo.
La carcajada casi demente de Deku, resonó por toda la habitación.
—No quiero tu dinero, Alfa. —Lo miró con dureza—. Te quiero a ti, completito para mi. —Un dejo de lujuria se reflejó en sus ojos verdes.
Bakugou se tensó y el entendimiento le golpeó como un puñetazo.
Bakugou era una persona demasiado correcta, jamás haría nada indebido con un asqueroso secuestrador, preferiría que el alfa bastardo de hace rato le volara la cabeza. Sin embargo, aunque se muriera de cólera, debía reconocer que esa pequeña mierdita de ojos cautivadores y sonrisa brillante, era la cosita más peligrosamente atrayente que haya visto.
Bakugou se dio una cachetada mental. Agradecía al cielo tener un control impresionante de sus instintos. En situaciones como estás, era de lo más acertado.
De todas maneras, estaba perdido. Podía entrever claramente a lo que se refería “Deku”. Más, quería saber ¿por qué, él?
—Explícate, ¿a qué te refieres con eso? —exigió, no pretendía verse involucrado en malditos juegos.
Deku lo miró de forma imperturbable, le diría todo, no tenía por qué ocultarle sus motivos.
—Si he de confesar, empezaré por el principio —dijo y aflojó los primeros botones de su elegante camisa. Bakugou no pudo evitar desviar los ojos a su cuello pecoso. Era níveo, delicado, sin antecedentes previos de marcas de mordidas. —En el momento en que te vi, me gustaste muchísimo —comenzó a revelar—. Quería acercarme a ti, saber todo acerca de ti y así lo hice —dijo con orgullo. Bakugou lo miró con atención, su sonrisa estaba torcida y sus ojos penetrantes—. Lástima que lo que descubrí, no terminó de gustarme. —Su rostro se oscureció.
Bakugou arrugó el ceño.
—Ve al jodido grano, maldición. No entiendo de qué mierda hablas.
Deku arrastró una silla y se sentó justo frente a él. Se notaba ansioso y mordió sus labios antes de decir:
—Conozco absolutamente todo de ti —fue directo—. Por meses te investigué, por meses te observé, como te dije, desde la primera vez en que te ví, me gustaste —repitió, su aura era intimidante, pero también algo deprimente.
Y Bakugou estaba a nada de entender el motivo de esa depresión.
—Eres un maldito charlatán… —gruñó, cabreado.
Bakugou maldecía su suerte. Esa maldita mañana, tan sólo salió a trotar. ¿Por qué tantas desgracias?
Deku le sonrió.
Si Bakugou supiera todo lo que él era capaz de hacer y cómo podía conseguir información casi como respirar, no le estaría llamando charlatán.
—Tu nombre es Katsuki Bakugou —comenzó—. Tienes veintisiete años, eres hijo único de la familia Bakugou, los reconocidos diseñadores de moda. Estudiaste Administración en la Universidad de Tokio, hiciste un postgrado en América por dos años, luego regresaste y te hiciste acreedor de varios establecimientos gastronómicos a lo largo de Japón, hoy, eres de los empresarios gastronómicos más alabados en la industria, ¿continúo?
Y si bien, los datos que estaba revelando eran correctos, perfectamente podrían ser de conocimiento público, después de todo, Bakugou era un hombre importante.
—¿Eso es lo mejor que tienes? —replicó en desafío.
Era obvio que este embustero de mierda sólo había googleado su información personal. No había dado ni un dato relevante, aún.
—No, eso no es lo mejor —continuó el Omega. —Eres un alfa dominante, muy posesivo y territorial, o por lo menos eso demuestras con tu prometida. —Esta vez Katsuki sí se estremeció.
Podían meterse todo lo que quisieran con él, pero primero muerto a que tocaran un solo cabello de su novia.
—Qué…
—Camie Utsushimie, Omega, veintisiete años, de de la cual eres novio desde la preparatoria y con quien contraerás nupcias en seis meses más, ¿me equivoco? —Deku interrumpió. Su aire era de extrema suficiencia.
—¡No te atrevas a tocarla, imbécil o juro que te mataré! —Bakugou bufó, colérico. Estaba desesperado, dispuesto a destrozar con sus propios colmillos a ese jodido Omega si algo llegaba a pasarle a Camie.
Deku rodó los ojos.
—Tranquilízate ¿quieres? Nada le pasará a tu amorcito, a no ser que no cooperes, claro —advirtió.
Al Omega no le gustaba en absoluto hacer de tercera rueda en las relaciones, pero había algo casi magnético en ese Alfa que le atraía. Sabía que si no saciaba su hambre de él, jamás podría vivir en paz.
—¡¿Quién carajos eres tú, qué mierda es lo que quieres de mí?! —gritó Bakugou, iracundo.
Se sentía desesperado, se removía insistente y con furia atado en esa silla.
—Ya te lo dije, soy Deku, y qué quiero de ti... pues fácil. —Sonrió—. Lo que quiere todo maldito Omega de un maldito alfa —dijo y sus profundos ojos bosque escanearon todo su cuerpo.
Bakugou tragó duro, el entendimiento lo golpeó de lleno, ¿acaso este Omega quería aprovecharse de su cuerpo?
No lo permitiría, no lo haría. Él era un alfa honorable y con una mierda que traicionaría a Camie con este Omega asqueroso.
—¡Vete al carajo! —gruñó alto—. Contrata un puto prostituto y a mi déjame ir, enfermo mental.
Y Deku sintió como su sangre hirvió de manera abismal ante esa estúpida ofensa.
—¡Sabes qué, alfa, iba a ser lo más condescendiente posible contigo, pero ahora por tu idiotez, te jodes! —le gritó.
Su avasallador aroma a menta, se azuzó repleto de enojo e indignación.
—Jodete imbécil, primero muerto a dejar que me pongas una mano encima —bufó Bakugou.
Su respiración era inestable y el sudor corría por su frente. Estaba haciendo todo lo humanamente posible para no doblegarse ante las amenazantes feromonas de ese Omega.
—Eso lo veremos. —Deku lo miró desafiante. Sus puños estaban apretados y sus pequeños colmillos al aire, señal pura de hostilidad y ataque—. ¡Te quedarás aquí, donde es imposible escapar y durante los próximos seis meses, me entregarás tanto tu jodido nudo que desearás con todas tus fuerzas que te lo arranque —susurró intimidante y muy cerca de su rostro—. Luego de eso, te regresaré a tu aburrida normalidad. —Bajó peligrosamente su mano hasta su flácido pene y lo apretó con saña.
Bakugou gruñó sonoro por el dolor.
—No me gruñas, eso te ganas por todo lo que me dijiste. —Deku se dio la vuelta, furibundo y humillado—. Ah, y otra cosa... —agregó aún dándole la espalda. —Si intentas escaparte o herirme de alguna forma, tu maldita novia se muere —soltó. Bakugou sabía que era una última advertencia.
Se quedó solo atado en esa silla. Estaba extremadamente enojado, pero también asustado como nunca. Como no, si la fragancia de ese omega gritaba odio puro aun y cuando ya había abandonado la habitación.
Estaba jodido.
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Un Omega rubio de ojos ámbar fue el encargado de desatarlo y explicarle dónde se encontraban y cómo le sería completamente imposible escapar de ahí.
Una mansión en las montañas rocosas a las periferias de la ciudad. ¿Cuál ciudad? nadie lo sabía, ni la misma servidumbre, todo era por motivos de seguridad según le dijo el informante. Le advirtió también, que ese tal Deku era su jefe y que sus órdenes eran decreto y ley en ese lugar, que no intentara siquiera comprar aliados que le ayudaran a escapar, ninguno de ellos sería tan estúpido como para hacerlo.
Bakugou, en su afán ansioso de saber más acerca de toda esta mierda sobre su cautiverio, logró de manera brillante sonsacarle información al rubio.
El estúpido, a lo largo de toda la conversación, insistió en reiteradas ocasiones en que le llamara "Rayo"; un apodo bastante idiota para su gusto, sin embargo, agradeció de sobremanera que tuviera la lengua tan floja. Los antecedentes que le otorgó, fueron demasiado concluyentes.
Deku era un Omega Dominante, con un líbido sexual endemoniadamente insaciable. Ningún alfa puro con quien había estado pudo satisfacer del todo sus más bajos instintos y los pocos alfas dominantes que tuvieron el placer de pasar por su cama, no dieron la talla en absoluto, aún y cuando su naturaleza gritaba bestias ávidas de sexo.
Lo que quería decir, es que si Deku tenía una fijación inusual con él, era porque realmente le veía potencial para satisfacerlo.
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Primer cap.
Editado, porque antes era un desastre. Gracias a mi hermosa EstefaniaGab 🧡