Prólogo
Amelia
Y así, sin más, mi vida se fue a la mierda.
Hace unos meses era la chica más feliz del mundo, no podría pedir más. Tenía un novio que (supuestamente) me quería, un trabajo que a pesar de que mi jefe me tratara como un perro, podía mantenerme, que era todo lo que necesitaba.
Hasta que de un día para otro todo cambió.
.
- Amelia, lo siento, ella es mejor. Es más guapa y más inteligente que tú. Ya no te necesito.
No te necesito
-No puedes decirlo en serio, ¿no?- me miró sin cambiar la expresión fría de su rostro. Mi corazón se estaba partiendo a pedazos, había pasado casi mi vida entera con este chico. Fue mi primer beso, mi primer amor. Aún no podía creerme lo que acababa de escuchar. - Dime que es una broma.
A juzgar por su silencio, asumí que la conversación había terminado ahí. La conversación y nuestra relación también.
Quiero pensar que no valía la pena, es lo que todos me llevan diciendo desde que comencé a salir con él, hace 2 años. Antes de eso, éramos amigos. Lo conocía desde la infancia, compartí toda mi vida con él.
Y se esfumó.
Quién iba a saber que nada más llegar a mi casa recibiría una llamada de mi jefe.
-Amelia, realmente no eres lo que necesitamos. Estás despedida. Puedes venir mañana a recoger tus cosas.
No eres lo que necesitamos.
Joder.
Nunca fui a recogerlas. La semana siguiente de eso, ni siquiera salí de mi casa. Recibía llamadas constantes, pero no hice caso a ninguna.
Uno de esos días de mierda, alguien tocó mi puerta. Fui a abrir sin ganas, ya que tal vez era algo importante. Al abrir, hago un paso hacia atrás.
-¡Amelia! Eres tonta, ¿por qué no contestas ninguna llamada?
La miro sin decir nada, estoy demasiado cansada como para discutir. Me tomo un tiempo para pensar en algo que decirle, pero se me adelanta y doy gracias por ello. No sabría qué haber dicho.
-No sabes lo preocupada que estaba. - dice ahora, más calmada. Yo también me calmo un poco y tomo un suspiro para hablar. Es la primera vez que hablo con alguien esa semana.
-Estoy bien, Esther. No te preocupes. -
La miro y sé que no está convencida con mi respuesta. Yo tampoco lo estaría si fuese ella, se nota de lejos que no lo estoy, pero no quiero preocupar a nadie.
Me fijo un poco más en su cara y puedo ver que tiene los ojos hinchados y algo de ojeras. No puedo evitar preguntarme si será mi culpa.
-Sé que no lo estás, ¿qué ha pasado? -
Se le entrecorta la voz. - ¿Puedo pasar? Así hablamos con más calma. Por favor, Amelia.
Asiento y le hago un gesto para que pase. Mi apartamento estaba hecho un desastre, habían cosas tiradas por todos lados y un pedido de comida que hice la noche anterior que no pude terminarme.
En fin, un desorden completo. Como yo.
-Bueno, supongo que te debo explicaciones. -comienzo a hablar.- Perdón por no contestarte a ningún mensaje ni llamada. Sinceramente, no tenía las suficientes ganas para hablar con nadie. Sé que no es tu culpa pero espero que lo entiendas. Me ha dejado Alan. También me han despedido del trabajo.
Veo como sus ojos poco a poco se abren más.
-¿Enserio? Lo siento mucho, yo... no tenía ni idea. Tus padres tampoco lo saben, están muy preocupados por ti. Deberías hablarles más tarde, pero lo importante ahora es que tú estés bien. -
Le sonrio, aun que no me sale muy bien. En el fondo, me alegro de que haya venido. -Si no te molesta decírmelo, ¿qué ha pasado con Alan? ¿Habéis discutido o algo por el estilo?
Noto un nudo en mi garganta.
-Me ha puesto los cuernos. Con varias chicas, de hecho, pero supongo que hay una con la que ha decidido quedarse. No lo culpo por eso, hay muchas chicas mejores que yo, pero no esperaba que hiciera algo así. No viniendo de él.
-¿Estás de coña? - Al ver que no le contesto, me mira con rabia. - ¿Es enserio?
Asiento.
-Sí, es normal. Son cosas que pasan, la gente engaña a sus parejas más a menudo de lo que me gustaría pensar.
Noto como Esther me sigue mirando mal. Con enfado. O impotencia, no lo sé.
-No me refiero a eso. -La miro confusa. Entonces, ¿de qué está hablando? No lo entiendo. -Lo que estaba preguntando es, ¿de verdad piensas así de ti misma? ¿Cómo que hay muchas chicas mejores que tú? -Ah, era eso. Bueno, es la verdad. - Eres idiota, y él también, por ponerle los cuernos a una chica tan perfecta como tú.
Ya, claro...
-No, simplemente es la verdad. De todas formas, no quiero hablar de nada de esto ahora mismo, ya tengo suficiente con mis propias palabras comiéndome la cabeza. -Noto como se le tensan los hombros.
-¿Me estás diciendo que has estado sola en tu apartamento una semana pensando en eso? - Asiento sin ganas -necesitamos sacarte de aquí ya. Vístete, nos vamos.
No voy a discutirle nada. La verdad es que yo también tengo muchas ganas de salir de este infierno. Voy a mi habitación y estaba a punto de sacar una sudadera y unos pantalones de chándal, pero recuerdo las palabras de hace un momento. "¿de verdad piensas así de ti misma?" "por ponerle los cuernos a una chica tan perfecta como tú". Ya no sé qué pensar. Decido cambiar de estilo y saco del armario unos vaqueros blancos y un top. No es nada del otro mundo, pero voy algo más arreglada. Me lo pongo, arreglo rápido mi pelo con una pinza y salgo. Esther me estaba esperando, y al verme se le ilumina la mirada.
-Estás preciosa, Amelia. Aunque sé que tú piensas que no. - sonrio, ahora con más ganas. - ¿Dónde te apetece ir? ¿Quieres que vayamos de fiesta a algún sitio? Podemos olvidar al idiota ese de tu ex. Yo invito.
Me paro a pensarlo por un momento. Suena como una buena idea, antes de todo lo que pasó quería probar a ir a una nueva discoteca que abrieron, pero no pude por obvias circunstancias.
-¿Podemos ir a la discoteca que te dije? Porfavor. Tenía muchas ganas de ir. -
Ella asiente con una sonrisa, y también se le nota más feliz. Me agarra del brazo y me arrastra hasta la puerta.
-¡Vamos, te lo vas a pasar genial! -
.
Al entrar, es justo como en las imágenes. No es que sea muy grande, pero tampoco se quedaba corta. Hay música y gente pasándoselo bien, el ambiente sin duda está ahí. La verdad es que me gusta bastante. Parece que a Esther también, porque me arrastra saltando hacia la barra.
-¡Vamos a pedir algo! Así entramos en calor. -Me dice con ganas. Nos acercamos para pedir, no había mucha gente en esta zona así que nos atendieron rápido. -Hola, perdona, ¿nos pones unas cervezas?
-Hola señoritas, discúlpenme un momento. -Se asoma a la puerta de la parte trasera. - ¡Egan, atiende a estas dos chicas hermosas! Estoy bastante ocupado. - se oye un silencio por un momento - ¡Para de hacer el vago y sal ya mismo!
Después de un momento, por esa misma puerta sale el que supongo que será Egan. Es alto, musculado y de pelo negro, algo despeinado. Estaba llevando el uniforme de trabajo. También veo algunos tatuajes en sus brazos. No es feo, pero no le presto mucha más atención.
-Hola, ¿podrías darnos unas cervezas? Porfavor. -Vuelve a repetir Esther.
El chico asiente y rápidamente saca dos botellas. Nos las da sin decir nada más.
Chico de pocas palabras, por lo que veo.
-Gracias. Supongo. - Dice mi amiga y al ver que pasa completamente de su cara, agarra las botellas y nos vamos a otro rincón. -Vaya educación, ¿no? yo flipo, de verdad. Ni un gracias, ni un disfrutar. Era guapo, que lástima.
-Si tú lo dices.
Tras unas cuantas cervezas, nos emborrachamos lo suficiente como para atrevernos a bailar. No era uno de esos pubs que ponen música más o menos decente, no. Sonaba reguetón, dembow... Cosas así.
Justo lo que nos gusta.
Vamos a bailar juntas y como era de esperar, nos volvemos el centro de atención. Nos pasa siempre que salimos, por que realmente nos atrevemos a bailar sin ningún miedo. Y no se nos da nada mal.
Habían varios chicos tratando de unirse a nosotras, pero los rechazamos. Ya habrá tiempo más tarde para eso, y no es que me apeteciera demasiado.
Pasan unas cuantas canciones hasta que nos cansamos. Bueno, eso y que se nos pasa el efecto del alcohol, así que vamos a pedir más.
Y más
Y bastante más.
Y cuanto me despisto, estoy borracha perdida, no sé dónde está Esther y hay dos chicos enfrente mío que no se quiénes son, pero no me gusta la manera en la que me están mirando.
Ah, y también veo a ese tal Egan. A lo lejos.
Egan
Sabía que algo iba mal cuando las mismas dos chicas venían a pedirme copas numerosas veces.
Dejé de servirles al ver que iban algo mal, ya que si ocurría algo la responsabilidad caería sobre mi, y no quería que eso sucediera. No volvieron a acercarse a la barra por un tiempo, así que por mí, bien. Me quedé con sus caras por si volvían en algún cierto punto de la noche.
Bueno, era imposible no hacerlo de todas formas.
Una de ellas era la típica rubia de ojos azules. Pelo corto, vestido.
La otra tenía el pelo castaño claro, los ojos verdes y llevaba puestos unos vaqueros blancos y un top negro.
-Izan, si ves a esas chicas de vuelta por aquí, no les sirvas nada más. Por favor. Ya han tenido suficiente para beber. -Le aviso a mi compañero. Sería un problema si pasara algo.
-Sí, sí. De acuerdo, Egan. No les serviré. - Me dice, pero no suena convencido.
-Hablo enserio.
- Ya. No te ralles tanto.
Suspiro. Supongo que puedo confiar en él, por algo trabaja aquí. Me voy a la parte trasera para pasar el tiempo de mi descanso antes de volver a trabajar.Dios, estoy agotado. Menos mal que solo falta una hora para cerrar.
Tras los 15 minutos de descanso, vuelvo a la barra. Todo parece como antes. A lo lejos, veo a una chica.
¿La chica de pelo castaño? Pero no está con su amiga, la rubia. En cambio, hay dos chicos en frente de ella. Parece que la están molestando. Su amiga no está por ningún lado, ¿se habrá ido?
Bueno, tampoco es de mi incumbencia.
Continuo con mi trabajo, y llega la hora de casi cerrar. Voy pidiéndole a la poca gente que aún está en el local que salgan. De repente, vuelvo a encontrarmela. Con los chicos de antes.
-Eh, guapa, parece que ya van a cerrar. ¿Qué te parece si vamos a mi casa a por el after? - Escucho decir a uno de ellos. Esto no tiene buena pinta. El otro solo se ríe, pero a ella se le ve bastante incómoda.
-Eh... no lo sé, debería irme a mi casa. Quizás otro día. -Dice, le tiembla la voz.
En cuanto veo que el primero le agarra del brazo y la atrae hacia él, me acerco sin pensar.
-Oye, es hora de cerrar. Ya dimos el aviso antes, fuera. -Al escucharme, inmediatamente la suelta.
-¿Has oído, nena? Tenemos que irnos. Será divertido, vamos. - Me enfado al escuchar esas palabras salir de su boca. ¿no entiendes lo que es un no?
-Me parece que ella se va a quedar aquí. Vosotros os podéis ir ya, o tendremos problemas. Y no los queréis, ¿cierto?
-Bueno tío... será mejor que nos vayamos, supongo. Adiós, preciosa. Otro día nos haces un show o algo, ¿eh? puta- Le guiña un ojo y le hace un gesto con la lengua antes de irse.
Que puto asco, joder. Gilipollas.
-Gracias.
Me giro a verla de nuevo. Ahora, está bastante más despeinada, con los ojos llorosos y tiene la cara roja del alcohol.
-¿Dónde está tu amiga? -Pregunto, ya que no la he visto por ningún sitio. Se habrá ido.
- No sé. - dice por lo bajo.
En un intento de lo que supongo que sería caminar, veo cómo se tambalea.
Bien, ¿no?
-Oye, no te muevas. Quédate donde estás. -Será peor si la pierdo de vista.
Tras eso, me giro a ver quién queda en la discoteca. Genial, estoy solo. Bueno, con esta chica.
Confío en que me hará caso y se quedará ahí, así que voy a por una botella de agua. Cuando vuelvo, está justo donde estaba antes.
- Aquí tienes, bebe. - le lanzo la botella y por suerte es capaz de pillarla sin que se caiga. Espero a que termine de beber. -¿Te encuentras mejor? ¿Necesitas algo?
-Si, estoy bien. Supongo.
Mentira, no puede ni caminar y le tiembla la voz. ¿Qué se supone que tengo que hacer con ella ahora?
-¿Me vas a llevar a casa?
-¿quieres que lo haga? - Pregunto, aunque en realidad no pensaba dejarla sola de todas formas.
-Sí. Porfavor. No tengo dinero para un taxi.
-¿Vas a confiar en un extraño?
-No me queda de otra. Además, me has ayudado.
-Está bien, si eso quieres.
Me acerco y cuidadosamente la cargo en brazos. Ella me rodea el cuello con los brazos para no caerse. Cuando salimos, cierro la discoteca y me dirijo a mi coche.
Cuando la dejo en el asiento, juraría que por un momento no ha querido soltarse.
-Oye, ¿donde vives?, para saber donde dejarte. - Digo mientras me siento y enciendo el coche.
-Lo pone en mi DNI. Puedes mirarlo, si quieres. Sácalo tú mismo. -No quiero perder mucho tiempo así que saco su cartera. Primero veo su nombre, "Amelia". Después, veo su dirección.
Y su foto, sale bastante guapa.
¿Pero en qué coño piensas, Egan?
Comienzo a conducir. Su casa no está lejos de la mia, pero si está algo lejos de donde estamos. Tardaremos más o menos media hora en llegar. Comenzamos el viaje en completo silencio, no quiero poner música por si la agobio o algo por el estilo. La verdad es que a mí tampoco me apetece.
-Oye, ¿Egan?
-Dime
-¿Crees que alguien me necesitará en su vida alguna vez? - dice, se le entrecorta la voz, pero lo he escuchado.
-¿Por qué dices eso?
-No lo sé, olvídalo. Solo eres un extraño.
-Tienes razón.
Continuo conduciendo en silencio. Ella cierra los ojos y parece dormirse.
¿A qué venía esa pregunta?
Cuando finalmente llegamos a su casa, abro la puerta del coche y la despierto.
-Oye, ¿estás mejor? ¿puedes subir sola?- abre los ojos lentamente y me mira. Sonríe.
-Sí, gracias, Egan. Adiós.
¿Así, nada más?
-Adiós.
La veo de espaldas caminando hacia su puerta y se desvanece poco a poco.
•
Holaaa, es la primera historia que me atrevo a publicar. Llevo años escribiendo historias y nunca me he atrevido, así que espero que tenga mucho apoyo.
Subiré un capítulo por semana más o menos<3
¿Os ha gustado Egan? ¿Y Amelia?