Uno
1
En esa mañana fría solo podía sentir la lluvia fría cayendo sobre mí. Y por un breve momento, mi corazón y mi respiración tuvieron una pausa…tratando de asimilar que ella ya se había ido y que me había dejado completamente sola.
Mamá se había ido…
Mamá me había dejado sola…
¿Cómo fue que terminó así?
— ¿Evely? — dejé de sentir la fría lluvia en mi cuerpo. Esa breve pausa se había esfumado, pues una mujer colocó su mano derecha en mi hombro, mientras sostenía su grande paraguas color negro con su mano izquierda.
Alce mi mirada hacia ella.
—Cariño…lo siento mucho. — ¿Cariño? — Lo siento, me vi mal hablándote con mucha confianza, pero tu madre siempre me hablaba de ti. Mi nombre es Celina, una muy buena amiga de tu madre. -siempre pensé que mi madre nunca tenia tiempo para conocer a otras personas. Al parecer me he equivocado. ¿Cómo es que nunca había visto a esta mujer? Celina llevaba un vestido largo color negro y el torso descubierto, unas zapatillas negras que hacían juego a su vestido; no tenia puesta ninguna joya, y tenia su largo cabello color castaño suelto cubriendo sus orejas.
—Disculpe…con todo respeto, me gustaría estar sola en estos momentos. Ya habrá tiempo de presentaciones. —me asuste un poco al decirle eso, pues sentía que estaba siendo grosera. Para mi sorpresa, ella parecía entenderlo, pues una sonrisa leve había aparecido en su rostro con una mirada mezclada en lastima y en dulzura
—Tienes razón. Tomate tu tiempo, cuando sea el momento me acercare a ti. Quisiera hablar contigo. —no tenía la energía para contestarle y ella pareció entenderlo, pues solo sonrió y se retiró, dejándome nuevamente sola con un hombre alto en traje cargando un paraguas sobre mí. Solo observé eso, pues no quería voltear a verlo y analizarlo como lo hice con Celina…no en ese momento.
Me voltee para seguir mirando el ataúd donde se encontraba la mujer que me dio a luz. Sin embargo, la curiosidad me ganó y dirigí mi mirada a donde se encontraba aquella mujer, Celina.
Una mujer alta de piel blanca y delicada, su cabello era demasiado largo y sedoso color castaño, sus cejas delgadas de un color similar a su cabello, esas largas pestañas tan naturales hacían relucir sus grandes ojos color miel y su nariz no era tan pequeña pero tampoco tan grande, así como sus labios delgados pintados de un color rojo tenue. La señora Celina era de complexión delgada, por lo que su altura era mas observable.
Al terminar de analizarla, volví a mirar ese ataúd color plata apunto de cerrarse; miré a mi madre una ultima vez y me di la vuelta para dirigirme a unos de los sillones que se encontraban un poco lejos de la multitud.
Tras varios minutos, la señora Celina se acercó a mi como lo había dicho anteriormente.
Por fin puedo tener el honor de conocerte. Aunque no es una muy linda forma de conocernos. —me dijo mientras tomaba asiento enseguida de mi—Evelia era una mujer tan hermosa y maravillosa. Cada vez que nos reuníamos, en ocasiones me mencionaba a su preciosa y adorada hija. Tú, Evely. De hecho, sus dos nombres son demasiado parecidos…—sinceramente no sabia que decir, no se si era porque no tenía la energía suficiente para poder seguir la conversación o porque no quería hablar con ella; no negare que esa mujer me causaba cierta curiosidad, pues mi madre no era de socializar, así que me sorprendía todavía la presencia de la señora Celina.
Voltee a verla y parecía que su comodidad había sido reemplazada por incomodidad y nervios. Podía notarlo en sus ojos color miel y la forma en que movía sus dedos. Se me daba muy bien leer a las personas y era algo que me fascinaba, le daba gracias a mi madre por haberme dado ese gran Don.
Lo siento…—susurré mientras mi mirada seguía mirando ese gran piso color café mezclado con color gris. Para mí, no era muy buen color—Creo…que mi mente todavía no asimila que la he perdido. Además, siento que no tengo la energía para poder conversar con las personas. Puedo notar que ahora usted se siente incomoda porque no he hablado y ni siquiera la he mirado a los ojos.
Eres idéntica a ella en ese aspecto, Evely. — me dijo después de unos minutos tranquilos de silencio —No negare nada de lo que dijiste porque tienes razón. Sin embargo, la incomodidad que siento ahora no es porque te estoy hablando o lo que sea que estés pensando negativamente. Quisiera conocerte más, Evely. Yo seré quien te cuide a partir de ahora. —cuando escuche esas palabras salir de su boca, no dude en girar mi cabeza para mirarla con una cara de confusión dibujada en mi rostro
¿Disculpe? ¿A qué se refiere con que usted va a cuidarme—note que esa sonrisa de amabilidad que la señora Celina había puesto en su rostro para decirme aquellas palabras había cambiado por una cara más seria al ver mi expresión— ¿Disculpe, señora Celina? No se de que esta hablando tan de repente. ¿Cuidarme? Por favor, mi madre me crio para ser una mujer independiente, créame que puedo cuidarme sola. No necesito lastimas de nadie, ni de usted.
Evely, discúlpame si te hice enojar. No quiero que pienses eso de tenerte lastima…
¿Entonces qué? Señora Celina, usted dice que fue una muy buena amiga de mi madre, y se que sus intenciones son muy buenas. Pero créame, puedo cuidarme sola. Muchas gracias de todo corazón.
Me levanté de un salto y me dirigí a la puerta de salida para irme de ese lugar.
Espera, Evely. —la señora Celina me alcanzo y me tomo del brazo con un toque suave para no lastimarme o hacerme enojar —Quiero que sepas, Evely, que estaré para ti. Cualquier cosa que necesites puedes pedírmela, e incluso vendré a verte. Cuídate mucho. — me soltó del brazo y me dedico una sonrisa cálida. Yo solo asentí y me fui de ese lugar.
Estaba muy agradecida con ella, pues ella decidió hacerse cargo de todo el funeral. Tal vez no hice bien en irme, pero cada segundo que pasaba ahí era como una tortura. No sentía tristeza o cualquier otra emoción. Parecía estar estancada, pues no podía sentir nada mas que ese sentimiento neutral.
Hasta que llegue a casa
En cuanto cerré la puerta sentí un frio y silencio terrible. Todo empeoro cuando sentí eso. Un ataque de ansiedad se había adentrado y apoderado de mi cuerpo. Mi respiración era rápida asi como los latidos de mi corazón, una sudoración excesiva, un dolor horrible en mi pecho y temblores por todo mi cuerpo.
Después de que termino, me sentía débil, agotada y mareada. Aparte, padecía de asma y necesitaba urgentemente mi inhalador. Estaba echa un desastre.
Después de varios minutos, me fui al cuarto que alguna vez fue de mi madre. Me quede observando su cuarto y los recuerdos indagaron mi mente; recordaba como iba corriendo hacia ella para poder dormir porque los truenos me daban mucho miedo, y la oscuridad que reinaba mi cuarto me hacían tener ataques de pánico, pues tenia nictofobia, que es un miedo irracional y excesivo a la oscuridad. Una imagen de mi madre abrazándome y soplando mi cabeza apareció en mi mente y no pude evitar llorar.
Con unos pasos débiles y lentos, caminé hacia su cama y me acosté. Quedándome dormida. Pues mañana empezaría una “nueva vida” …sin ella.