Elfenlied

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Summary

"El camino del mal requiere más valentía, más soledad, sufrimiento y despojo. Los que creen seguir el bien se engañan bajo los preceptos de otros, pero los seguidores del mal siempre persiguen lo que está más allá. El mal es la libertad absoluta, es poder elegir en un mundo que se rige por multiplicidad de voluntades. Queremos lo que no podemos y en cuanto podemos nos causa tedio, buscamos la belleza y la destruimos, deseamos encontrarnos en otros y terminamos por convertirlos en nuestros enemigos. Nuestro desasosiego es eterno, nuestra angustia inacabable, estamos condenados a buscar nuestra esencia y destino, a buscar un sentido que no existe ni existirá. Vacilamos con los reveses de la vida, y olvidamos en las venturas y en las dichas. En nosotros hay un abismo que es insondable, hay un horizonte que se aleja y errantes lo perseguimos. Elegir el mal es elegir el conocimiento y la trascendencia; es ir más allá de uno mismo" Es la historia de un hombre trasladado a un mundo de trasfondo europeo medieval, con tintes de mitologías nórdica, griega y celta; sobre las peripecias de un ‘elfo’ que se abre camino en los conflictos de diversos reinos gobernados por criaturas fantásticas. Un hombre que hace uso de su conocimiento e inteligencia para sobrevivir en una realidad caótica.

Status
Ongoing
Chapters
96
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 40.3

Alexi mira sobre el muro y sostiene la lanza; sus ojos extraviados no reflejan el panorama. Un viento gélido le hace recobrar la postura, su cabeza se alinea, aunque sus ojos siguen perdidos; perdidos en los días pasados, días que cambiaron su vida de modo que ya no puede pensar en más; en más de lo mismo, lo mismo que todos sus familiares y conocidos le dijeron desde que tiene edad para tomar esposa; una esposa que quizá no hallé jamás, no importa cuánto lo intenten su madre y hermana. Su madre que lo obligó a unirse al ejército a pesar de que su padre fuera un cobarde, a pesar de que no tuviera la mínima pericia en el manejo de las armas. Aunque las armas ya pronto no serán lo mismo, todos y ninguno hablan de ello, hablan del modo en que los elfos cambiaron el curso de la guerra. Una guerra que espera como esperó el amor de Alina, la única zwergin que le daba la esperanza, y que al mismo tiempo se la arrebataba. Hace dos años que no ve a Alina, que ni siquiera a la distancia ha podido contemplar su sombrío e ilusorio semblante; tan ilusorio que en sus sueños es ella quien le sonríe.

Tanto esfuerzo perdido en apenas un momento, cuando Alina se comprometió y selló todo lo que podría haber surgido de un zwerg tan patético. Muchos días son los que se cree, y continua, patético. Muchos días los que se queda en vela sumido y atormentado por pesquisas vacías y extraordinarias; por eventos absurdos y ridículos, tan ridículos como lo es él. Él, el zwerg al que siempre humillaron todos, sus familiares y sus conocidos; los mismos que ahora desean verlo casado y con hijos; hijos que puedan servir de burla y mofa a los suyos; más no hay ninguna zwergin tan patética y miserable como él. Si tan sólo Alina hubiera, de manera asombrosa y claramente imposible, tomado su mano; no obstante, el tiempo y la vida han caído sobre él, lo ahogan mostrando cuán superado se encuentra a cada momento, en cada día y semana de su miserable, ridícula y más que patética vida.

Unas gotas le golpean el rostro, decorando su patética figura; de aquellos caprichos del clima que parecieran decir que los dioses se burlan siempre de los mortales. No queda mucho para que oscurezca, su guardia acabará pronto (o debiera acabar pronto) más su incapacidad y su débil carácter le impiden oponerse a otros, a aquellos que forman un nuevo grupo de hostiles. Zwerge que también contrastan con su incompetencia de conseguir una zwergin, la medida de todos los que intuyen que la manera más mediocre de trascendencia es la paternidad.

La luz se lanza a la fuga, quizá Alexi se sienta más tranquilo, aun cuando su cuerpo no lo demuestre por el frío que le hace recordar las veces que se quedó mirando desde la distancia a Alina; a la bella y dulce Alina, Alina de la maravillosa figura, Alina de la cándida y alegre sonrisa, Alina del cabello rizado; a la zwergin que todos querían para sí desde que su pecho asomara. Se odia por no recordar con exactitud la primera vez que la vio, sabe que aquello que lo cautivó de ella no reside tan sólo en su belleza, sino en todo lo que ella representa, todo lo que ella es y llegará a ser.

El frío se intensifica, Alexi aprieta la lanza, recordando las palabras que le sobrevuelan esperando para atacarlo desprevenido. Su hermana y cuñado lo amenazaron de mudarse a la casa de su madre. Está seguro que a la menor oportunidad sacarán sus cosas a la calle, sus terribles pero angustiosos, y por ello al menos aceptables, bocetos de Alina. Sus pertenencias que, aunque poco valiosas, siguen siendo suyas. Todos han aceptado que él no se casará y morirá congelado en la frontera tras el ataque de una bestia, que morirá de manera deshonrosa y poco honorable, como el cobarde de su padre, como el cobarde y patético que es.

Alexi suelta la lanza en algún momento, está por dormirse retumbado sobre el muro cuando un ruido casi imperceptible llama su atención. Un ruido que no debiera alertarlo, pero que decide atender, porque sabe que Alina nunca llega a decírselo, ¡Así es!, ni siquiera en sus sueños le dice que lo ama; y, qué difícil es para él despertar pensando que Alina se lo dirá a su esposo, a quien odia y daría todo por desparecer, si es que tuviera algo que dar a cambio.

Es la primera vez que se siente afortunado de vivir, casi feliz, porque parece ser el primero en contemplar el escenario más bello que pueda tener un zwerg desdichado y miserable, y hundido en el dolor que lleva en el abismo que es él mismo. Es una división, una división de Zwerge del Norte. Alexi baja el muro despavorido al tiempo que los vigías suenan las alarmas sin entender que sus eternos aliados los traicionen. Dos cañones se abren paso en la multitud y se colocan en el frente, se cargan y preparan en tanto la guardia fronteriza hace lo posible para avisar a todos los soldados que acudan, a las zwergin y pequeños que huyan. A pesar de ser una villa pequeña, a pesar de estar a medio día de Liran, a pesar de cientos de años de fraternidad. Liran que es el puerto más importante de Westbergwerk, Liran que ha visto glorias y reveses, Liran que de ser tomada cambiará la historia.

Los cañones aniquilan las puertas, derriban las torres, se mueven para abrir dos boquetes más. Los del norte esperan a que haya tres entradas, escudos y tiradores van al frente, en tanto ballesteros y morteros se quedan al fondo, para reducir los números de los que se aglomeran para recibirlos.

Alexi está a unas leguas de distancia, no lleva una sola arma, después de lo que ha visto sabe que no le servirá de nada, sabe que todo ha dejado de tener importancia; Alina, su madre, su hermana, su cuñado, sus amigables compañeros y conocidos; todos se verán pronto dentro de una tormenta de la que él piensa escapar, una tormenta que apenas ha comenzado.

Aunque la siguiente puerta está demasiado lejos, sabe que hay un túnel a pocas leguas. Es la primera vez que se siente orgulloso de ser el hijo de su padre, el cobarde que venía del norte, el cobarde que ahora le salvará el pellejo. Si pudiera regresar por Alina y su sobrina lo haría; es lo que se repite condenándose y perdonándose, porque la verdad no está clara siquiera en él. Más vale cobarde que muerto; vivo contará a otros el, o al menos uno, de los acontecimientos de la década, del siglo; vivo la encontrará entre las zwergin viudas, la zwergin que perdió la esperanza de conocer.

En la atalaya bajo la que está el túnel siempre hay una numerosa guardia; es uno de los modos de escape de los poderosos e influyentes que dejaron de lado y traicionaron, mientras se les atoraban los bocados y los gritos les aterraban porque tampoco lo esperaban. Es la mayor sorpresa del más ingenuo de todos los reinos de zwerge. El tal Uhu debe estar detrás, vaya apodo tan ridículo, se dice Alexi. Los guardias se sorprenden al verlo y se congelan al escuchar la noticia. En medio de la confusión Alexi huye, huye con toda la ligereza de su pasado, huye sabiendo lo poco que deja atrás, huye porque sabe que si llega a la frontera podrá escapar; podrá comenzar una nueva vida y quizá casarse; ya puede imaginar todos los zwerg que perderán sus vidas, y todas las zwergin viudas y las deseosas de casarse, que lo aceptarán, aunque sea débil y patético. Y todos aquellos que lo humillaron serán asesinados o esclavizados, tal vez algún día pueda comprar a uno de ellos y, de la misma manera, degradarlo.

Logra salir del túnel y va hacia el bosque; el frío lo molestaría si su corazón no se hallará lleno de esperanza. La nieve se hace presente, pero no se detiene; no puede parar aún, tiene un largo camino por delante; la próxima villa está a medio día. ¿Qué será de todos aquellos que apenas cruzan los muros para escapar del destino? ¿Qué será de la más bella de todas las zwergin? ¿Su esposo logrará sacarla del reino? Si lo hubiera escogido a él, tampoco tendría muchas posibilidades, pero quizá más suerte; pues ¿Cuántos entre todos los que conoce hablan la lengua de los del norte? La única arma que necesita. Odió a su padre por obligarlo a enseñársela, no al inicio, sino cuando las bromas y burlas iniciaron; ahora es algo de un valor incalculable, no necesita más que recordar las palabras que se fijaron en su excelente memoria, la que prioriza humillaciones sobre conocimiento, pero que de igual forma le permitirá salir adelante.

Se acerca a un pueblo y no puede más, no debe detenerse, mas no tiene opción; su maldita condición física lo sigue condenando y condicionando. Logra escabullirse en un granero, pero el sonido de los animales lo delata; un grupo de zwerge lo descubre y le dan caza; no le dan oportunidad de decir una sola de las más de dos mil que conoce; tiene suerte de que el ejército no esté en el pueblo. Debe ser insignificante y poco digno de defender. Alexi se entierra en la nieve y logra perder a sus captores caminando hacia atrás, el truco más irrisorio que escuchó y que sin embargo funciona; no son cazadores, de lo contrario ahora estaría congelado y muerto.

Una choza deplorable aparece en su camino, la suerte está por fin de su lado; al aproximarse una anciana sale para recibirlo, lo llama por otro nombre y le pregunta por qué ha tardado tanto. Seguro lo cofunde con su hijo, acepta la invitación y entra, necesita algo para calentarse y para reponerse de la mayor carrera que haya tenido. El oficial que lo entrenó se sorprendería de su tiempo; si está seguro no debe está a más de 3 horas de su nueva vida.

La anciana habla más de lo que parece abrir sus labios, Alexi engulle lo que le ofrece y no le da más que unos minutos para hacerle creer que es su hijo perdido, que marchó a la última guerra de la que no tiene ni idea. Recuerda que no conoció a la madre de su padre y que su abuela materna le despreciaba, que en su familia siempre fue una molestia, alguien que sólo estorbaba. Un estorbo que comía, se vestía y se comportaba como un imbécil. Un imbécil que nunca fue capaz de ganar la simpatía de ninguno de sus parientes; quizá de su sobrina, la linda Nicole, tan diferente y tan distinta a él, llena de atributos y de belleza, de cualidades y de carisma. Alguien que le hacía pensar que el mundo no era tan terrible ni desolador como él creía y que, al mismo tiempo, le daba la sensación de lo injusto de la vida; la cruel y desgraciada vida.

Se despide y la anciana lo retiene, lo obliga a seguir escuchando un incomprensible pasado bajo incomprensibles palabras. Nota sus cabellos sucios y sus uñas largas, el angustioso deseo de saberse escuchada; quizá ya sepa que él no es su hijo, sino un patético y débil zwerg. Un zwerg que vino para quedarse con ella y escucharla, para oír su relato de un hijo perdido, de aquellos que se pierden y nunca vuelven.

La anciana va a su cocina para traer más comida, Alexi ve la oportunidad y escapa, escapa una vez más de lo que su instinto le dice muerte. Emprende la marcha con entusiasmo, lleno de júbilo, lleno de libertad, de un mar de posibilidades; de nuevos lugares en los que él no será el patético zwerg, sino el aventurero y osado zwerg, el zwerg que sobrevivió a una invasión, a una guerra, a la guerra de todas las guerras. No sabe lo que sucederá más sus ojos brillan, destellan esperanza; esperanza que se desborda del horrendo, débil, y patético zwerg.