Llegamos
El atardecer resplandecía pintando la arena alrededor con un color dorado refulgente, cada pisada era dada con precariedad, el calor que emitía la arena era suficiente para sentir las quemaduras, pero para gente con piel una hinchazón era lo mas común o incluso el sufrir ampollas.
Por un momento los hermanos se presentaron con lo mas parecido a un atuendo adecuado para el desierto, las mantas en la espalda los cuidaban del sol inclemente, mientras las vestimentas por delante estaban al descubierto, sintiendo el viento pasar en medio, con un remedio leve de cosquillas y frescura.
En los pocos momentos que se sentían demasiado fríos por zonas con viento constante, se daban la vuelta y esperaban la llegada del sol que los calentaba de manera anormalmente rápida y la mitad de todo el trayecto que tenían de la tribu original se dedicaron a dar la vuelta una y otra ves.
Llegados a las dunas los callos en manos y piernas los ayudaron a poder ascender con prisa, mientras que al tener que bajar sentían incluso mas alegría, un espacio por el cual deslizarse, cálido o te temperatura mas o menos elevada, caso contrario del medio día.
"Hermano, mira", Luz se apresuro a llegar a lo alto de la duna. "Creo que es el refugio", dijo tras tener una mejor visión desde lo alto.
"Eso parece", uso las manos para cubrirse la vista y notarlo con mas facilidad.
Antes de poder esperar una respuesta mas concreta la señorita comenzó a descender con prisa, la seguridad de ver tal lugar la llenaba de gran esperanza.
Después de medio día de por fin llegar para el atardecer lo vieron muy claro, los cristales rojos formando un espacio cerrado en G.
"Hermano, no hay cristales acumulados", la aclaración traía consigo sorpresa y alegría.
"Padre debió irse por la mañana", aclaro deduciendo lo obvio.
"Quizá los alcanzamos, deberíamos seguir", las ansias se acumularon con fuerza.
"Hermana, oscurece y necesitamos descansar, puede que padre pueda caminar sin descansar, pero aun somos menores", de nuevo la voz de la razón.
La chica tubo problemas para procesar eso y tras un rato que dejo caer la cabeza a un lado simplemente espero en el silencio y el suspiro consecuente hizo señal de comprender el problema.
"Sí tienes razón, pongamos las cosas para descansar", se le había olvido con quien viajaba.
"Hoy hay estrellas bonitas", el joven miro al cielo llamando la atención de su hermana.
"Sí", la alegría infantil que siempre sentía se manifestó.
Las túnicas rápidamente se volvieron en mantas tan extensas como para envolverlos y protegerlos de los fuertes viento de la noche y se pusieron por enzima del final de las mismas simulando a los gusanos de ceda, pero con las cabezas al descubierto, algo apretados, mientras manos y abrazos se entrelazaban para compartir calor.
"Empezó a hacer un poco de frio, ¿no?", la vista que posaba en el joven apacible no cambio en nada.
"Si supongo", dijo disimulando bien su temblor con una inquietud típica de los tiempo de infante.
Liberada de sus ataduras por un leve instante se quito la venda de la frente, una flor brillante en su frente, un loto que emitió una luz muy calmada que pronto se extendió formando un domo alrededor de los cristales mientras se liberaban de sus restricciones.
"Las estrellas están muy brillantes", la voz de la chica por un momento robo la atención del cielo estrellado, pero paso de un instante al otro.
La mirada, en las estrellas que se hundían en el cielo y en esos momentos eran mas fáciles de ver, fueron señal suficiente de que habría días muy agradables.
"¿Extrañas a padre verdad?", las palabras traían ternura y calma.
"Sí, como tu hermano", replico lo mas natural.
"Al menos ya entiendo porque no quiso que fuéramos a la aldea de origen, me pregunto", se quedo pensativo un rato largo.
"¿Qué te preguntas hermano?", curiosidad rondo por su mente, mientras sus manos se estiraban, como intentado atrapar una estrella.
"¿Por qué no seguí sus advertencias?, después de todo lo que nos conto, me imagino cuantos látigos me habría ahorrado", las palabras señalaron burla, mas no un desprecio.
"SE, JA, ja, ja, si muchos verdad, como cuando preguntaste el precio de la estatuilla", la risa apenas se cambiaba por palabras y aun así siendo difícil de contenerlo.
La risa inundo a ambos durante mucho tiempo, antes de que el sueño los consumiera completamente y antes de darse cuenta la luz disminuyo lo suficiente para tenerlos a buen resguardo, mientras que la neblina celeste los recubría.
El sueño fue seguido por lo común, un campo de flores brillando de un tono amarillo hipnótico, mientras se dedicaban a jugar alrededor como niños esperando que el día nunca termine y como siempre la oscuridad se presento por el árbol donde se recostaron para descansar y en el primer momento que cerraron los ojos despertaron.
La mañana fue recibida como siempre, con una sonrisa y una rápida mirada encontrada a veces por una sonrisa que resonaba entre ambos.
"Mejor nos levantamos", el joven fue el primero en recordar el detalle del tiempo.
Mientras se levantaban solo Velo miraba a los cristales, algo dudoso y no fue hasta que se froto los ojos que lo noto con toda claridad, habían crecido lo suficiente para tener afloramientos secundarios.
"Hermana, hay que cosechar, han crecido", noto como Luz continuaba vendando su frente.
"¡Cierto!", la mirada y la sorpresa fueron claras mientras miraba los cristales sobresalir de espacios antes lizos. "Ayer hubo neblina", por un momento se dividió preocupación.
"Tranquila, padre mejor que tu controlando esas marcas", la tranquilizo bastante fácil, o eso le mostraba la sonrisa.
"Sí, tienes razón, date prisa, debemos empezar a retirarlo", comenzó a jalarle del brazo, mientras aun se ponía en pie.
Ya despiertos y vestidos para tolerar el frio de la mañana mientras el sol se presentaba comenzaron a retirar los cristales mas flojos, mientras las piedras acumuladas alrededor eran retiradas y usadas de manera poco apropiadas para golpear los cristales.
Así dejando el espacio en G mas claro y en el exterior retirando mas que del interior, notando un cristal bastante mas grande que el resto y tras retirarlo desde la base lo notaron, piedras blancas como base enterrada en la arena y se lo llevaron mas alegre de cuando empezaron, a pesar de ser casi medio día.
El camino fue reanudado mientras continuaban llegaron a divisar un grupo bastante grande, pero con un pequeño domo de oscuridad en lo alto, una flor que los cubría del sol, mientras avanzaban.
"Hermano, es padre, vamos", los ánimos eran altos.
La pronta presencia de buenas noticias hicieron que redoblaran el pazo mientras seguían la flor oscurecida del desierto una Hibisco que hondeaba con el viento, pero que parecía inmutable en su estado general.
Los pétalos negros como la noche sin estrellas contrastaban de tal manera con el blanco purificador del desierto que incluso parecía antiestético, pero para los dos jóvenes no había mejor combinación que esa.
Llegado el atardecer por fin estaban a la suficiente distancia y el primer grito fue presentado por Luz.
"¡PADREEEE, AQUII!", rápidamente mejoro sus sentidos con la luz que invadieron sus ojos y noto como empezaban a darse la vuelta y extender el brazo derecho con la intención de saludar y ordenando al grupo que esperaran.
Rápidamente el grupo se asentó en la espera de los dos jóvenes mientras la noche comenzaba a bajar las temperaturas, pero seguía siendo agradable a la presencia de los humanos.
Los mantos y túnicas despejaron las pieles llenas de cicatrices y despellejadas tanto por cortes como golpes concentrados en espacios no superiores a un dedo.
Las quemaduras estaban presentes en manchas del tamaño de un corazón y la flaqueza no hacia mas que acentuar ese problema de nutrición por la palidez disimulara por la sangre que manchaba la piel pintándola del mismo rojo de su pelo.
Llegada la noche por fin se encontraron el abrazo familiar no fue algo que ignoraran los cuatro acompañantes del viaje y cuando por fin se terminaron las alabanzas de logros personales la chica se quito la venda en la frente, revelando la luz que los envolvió a todos en el mismo momento que los viajeros se ponían de rodillas en reverencia a la elegida de la luz.
"Padre, podemos hablar un poco", los dos únicos presentes fuera de la esfera de Luz estaban mirando el desierto.
"¿Que sucede hijo?", la voz igual de tranquila y apacible que esperaba encontrar.
"Padre, ¿Qué paso para que tu estés igual que todos?", noto a su padre algo desanimado.
La curiosidad también se manifestó en la chica adentro, mientras oía con tanta concentración como pudo acumular, mientras mantenía estable el domo protector en el limite de inconciencia.
"Nacer", la tristeza se reflejo en las palabras, pero era demasiado superficial, como para notarlo.
"Entonces mi t…", las dudas comenzaron a surgir con mas prisa.
"Ella tuvo una buena vida, esos es todo lo que debes saber hijo", se dio la vuelta para que las miradas se encontraran.
"Lo lamento yo no qu…", sintió la calidez de la mano en su hombro antes de devolver la mirada al rostro de su padre igual de malherido y con rasgos faciales apenas notables.
"Hijo, cuando lleguemos pasaran una noche en el pueblo, deben partir para poder cumplir la siguiente parte de su misión", de nuevo la calidez de las palabras.
"Sí padre, me esforzare por cumplirla", velo estaba orgulloso tanto de su familia como de su futuro.
"Lo se hijo, pero recuerda, protegerla es la prioridad", le aclaro mientras caminaba de regreso al domo.
"Lo se", miro por un rato las estrellas, intentado notar que era lo que siempre llamaba la atención de su padre.
La llegada al pueblo fue traído con el mismo regocijo de siempre, mientras de nuevo la chica se sentía extraña al sentir las reverencias, pero hubo un problema mas importante, al día siguiente tomaron suministros para su viaje, mientras seguían las indicaciones de su padre de la noche anterior, que notaron en lo alto de la muralla de roca roja del pueblo.
El atardecer llego mientras miraba alrededor y a punto de rendirse divisaron la luz dorada que venia de en medio de algunas rocas y notando como comenzaba a aumentar en intensidad, la prisa de ambos fue de lo mas común, mientras miraban como la luz se extendía, por un momento reconocieron esas flores, en su sueño incluso podían sentir que eran idénticas, pero un vistazo tan breve les revelaba que fisiqueara estaban cerca de ser iguales.
Pronto el pilar en medio se formo, dejando ver una persona del mismo tono dorado pero siendo traslucido, como un fantasma el mismo traía un par de guantes en el piso, mientras se ajustaba la muñeca y un instante después los observo mientras la luz los invadía.
El espacio se difumino en un ambiente verde, un espacio tan claro y lleno de vida que hacia sentir el sueño común como algo básico, pero mayor fue la sorpresa al notar que se presentaban allí como fantasmas, no como personas y su movimiento en el espacio, a pesar no ejecutar ningún proceso de locomoción