Dayligth

Summary

A pesar de ser los seres más hermosos y preciados en la humanidad, los donceles vienen acompañados de combos de desdichas. Pero dentro de los matices grises, suelen haber colores brillantes escondidos. Cómo Izuku, que se volvería el dorado brillante como el amanecer para Katsuki.

Status
Complete
Chapters
30
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5.0 3 reviews
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18+

Capítulo 1

Dando un golpe contra el respaldo de la silla, el hombre rubio gruñó molesto al ver que la persona a la que esperaban no se dignaba a llegar, maldiciendo y ofendiendo al tipo encargado del niño que ha molestado y lastimado a su pequeño hijo.

Era increíble, ¿cómo el colegio permitía acceso a ese tipo de niños tan groseros? Era inaceptable, era inaudito ese tipo de comportamientos en un menor, y se lo haría saber a ese sujeto en el momento que lo viera. O eso creyó.

Corriendo con prisa por los pasillos del colegio, un joven llegó con la secretaria de dirección, misma que le dio acceso a la oficina del director donde los dos hombres mayores le esperaban.

—Lamento la demora— consiguió decir sin titubear a pesar de su cansancio y fatiga.

Cierto rubio le miró de pies a cabeza, dándose cuenta de que era el chico al que miraba de vez en cuando en los últimos meses: piel blanca y pecosa, un poco más bajo que él por una cabeza, un cuerpo esbelto que era escondido por sus prendas, manos delgadas que sostenían su móvil a la altura de su regazo, cabello verdoso y rizado, pero lo que más le robaron el aliento sin darse cuenta, fueron esos grandes y expresivos ojos esmeralda.

Carraspeando su garganta y mirando al director Aizawa que le miraba con una pequeña sonrisa burlona en su rostro, habló:

—No se preocupe— dijo, jalando una de las sillas frente al escritorio para que el joven tomara asiento, mismo que le sonrió agradecido.

Después de ver que el señor Bakugo imitaba los movimientos del menor y ahora estaban ambos sentados frente a él, Aizawa procedió a hablar.

—Izuku— lo nombró con familiaridad—, lamento llamarte de repente, pero como se te fue avisado, tu pequeño hermano se ha metido en problemas.

—¿Me pueden explicar lo que sucedió?

—Bueno, de alguna manera u otra la pérdida de sus padres ha llegado a oídos de los niños, hubo burlas y demás y entre esas risas por lo que todos contaron estuvo involucrado el hijo del señor Bakugo— explicó, e Izuku miró al hombre que tenía junto a él, mismo que cubrió su boca con la palma de su mano y bajó la mirada—. La reacción de Jiro fue arrojar tierra en los ojos de su compañero, el niño está en la enfermería, afortunadamente no pasó a mayores, pero debíamos tomar cartas en el asunto.

—¿Y qué pasó con los otros niños? — preguntó con algo de molestia.

—Ya hablamos con sus padres y aceptaron su sanción, misma que Jiro deberá tomar. Pero haciendo eso de lado, sabes que esto no es un comportamiento normal en tu hermano, él solía ser aplicado y amable, pero todo eso ha decaído poco a poco desde el accidente y pérdida de sus padres, por esa razón te recomiendo que tome sesiones de terapia con nuestro psicólogo.

—Claro, entiendo, ¿alguna otra cosa más?

—¿Señor Bakugo? — Aizawa le preguntó al hombre que no le quitaba la mirada de encima al joven peliverde.

—No, creo que ya todos recibieron lo justo— respondió, y Aizawa levantó sus cejas por lo que escuchó, pues antes de que Izuku llegara no dejaba de decir todo lo que quería gritarle al pobre chico.

—¿Puedo llevarme a mi hermano?

—Claro.

Colocándose de pie, Izuku se marchó de la oficina sin decir una palabra más.

—Yo también me retiró — dijo Katsuki.

—Por supuesto, mantenme informado de la salud de Kyo.

Con un simple asentimiento el rubio salió de la oficina, corriendo con la gran suerte de que el joven peliverde se encontrara hablando con la secretaria, llevándolo a dar un par de pasos en otra dirección para mantener distancia. Al ver que el menor daba la vuelta, se encontró nuevamente con esos hermosos ojos.

—Lamento lo que hizo mi hermano— dijo en voz baja, inclinando su cuerpo para disculparse.

—Yo lamento que mi hijo se haya burlado, no fue correcto.

Con un ligero cabeceo, Izuku sacó del bolsillo de sus pantalones un gorro de estambre que colocó sobre su cabeza, escondiendo esos rebeldes rulos.

—Bakugo Katsuki— se apresuró a decir, extendiendo su mano.

—Midoriya Izuku— respondió, tomando su mano por unos segundos—. Bueno, me tengo que ir.

—Nos vemos…

.

.

.

Caminando por los jardines de la escuela hasta la salida, Izuku miró de soslayo a su pequeño hermano que tomaba su mano con fuerza, suspirando con pesar, deteniéndose y colocándose de cuclillas frente al infante.

—Jiro— llamó, y el menor se encogió de hombros, haciendo muecas hasta dejar que sus lágrimas salieran—. No mi pequeño, no llores— dijo, levantándose mientras tomaba al niño en brazos para arrullarlo.

—No quería, no quería lastimarlo— gimoteo—. Pero todos se burlaban de mí por no tener papás.

—Lo sé cariño, pero no estás solo, me tienes a mí, tu hermano está aquí para ti.

—¿Por qué mamá y papá tuvieron que irse? — preguntó, limpiando sus lágrimas para mirar a su hermano mayor.

—Porqué la vida así lo quiso, ya hemos hablado mucho sobre eso, y también tenemos que hablar de lo que pasó hoy. Pero por el momento, ¿quieres ir por un helado?

Con un pequeño asentimiento, el menor se acurruco en los brazos de Izuku, apoyando su mejilla sobre su hombro mientras esté daba pequeñas palmadas sobre su espalda.

Izuku, apretó su mandíbula con fuerza, limpiando con rapidez una lágrima que se escapó de sus cuencas, abrazando a su pequeño hermano que al igual que él seguían resistiendo la repentina pérdida de sus padres.

No ha sido fácil, pero ahora más que nunca debían apoyarse el uno al otro.

Katsuki presenció a la distancia esa interacción, apretando un poco el agarre de su hijo, sintiéndose mal al haber juzgado la crianza del niño y su cuidador sin saber por lo que habían pasado, él más que nadie comprendía la pérdida de un ser querido, razón por la cual se colocó a la altura de su hijo.

—Enano, si sabes que burlarte de las personas está mal, ¿cierto? — el menor asintió—. Entonces, ¿por qué lo hiciste?

—No sé, todos se estaban riendo y diciendo cosas, yo solo los seguí.

—Y por hacerlo resultaste afectado. Tu compañero perdió a sus padres, y tú más que nadie debe entenderlo.

Kyo, se encogió de hombros, apresurándose a abrazar a su padre pues tenía razón. Aunque había una gran diferencia, pues él nunca conoció a su otro padre, ya que este murió durante el parto.

—No lo volveré a hacer.

—Confío en que así será, ahora andando, vayamos a casa.

(...)

La sanción para los menores involucrados constaba de tres días de suspensión más una disculpa escrita con ayuda de sus padres/tutores que debía ser entregada en dirección,

Cumplido el castigo, Katsuki alistó a su hijo para llevarlo al colegio, introduciendo su desayuno en su lonchera y revisando su mochila para cerciorarse de llevar todo, notando que hacían falta algunos de sus crayones; buscando en la mesa de la sala dónde los encontró de inmediato, llevándolo a mirar aquella fotografía que estaba junto a ellos y nuevamente fuera de lugar.

Al tomarla, sonrió con melancolía, pues esa foto fue tomada en sus años de estudiante en compañía de Kosei, el padre de su hijo Kyo.

—Papá, ya estoy listo— escucho al infante tan parecido a él, colocando la fotografía en su lugar correspondiente para regresar a su labor.

Terminando de guardar las cosas de su hijo, colocó la mochila en la espalda de su hijo y le entregó su lonchera: —Andando enano.

Cuando llegaron al colegio, saco de su billetera algo de dinero, entregándoselo a su hijo para que comprara un par de cajas de leche y la compartiera con su compañero Jiro; asintiendo, el menor bajó del auto, corriendo hasta la entrada de la escuela para perderse entre la multitud.

Katsuki, estaba por irse cuando noto la llegada de ese par de hermanos, llevándolo a bajar del auto sin pensarlo, acercándose al ver que el menor a su lado se había marchado.

—Buenos días— saludo.

—Oh, buenos días… ¿Señor Bakugo?

—Llámame por mi nombre— dijo, e Izuku asintió.

—¿Cómo se encuentra su hijo?

—Él está bien, el pediatra dijo que no era nada grave, aun así le envío algunas gotas.

—Debió decirme que lo llevó al médico, es mi deber pagar el daño.

—Oh no es nada, de verdad, mi hijo también cometió un error y no podía hacerte pagar algo que él mismo provocó.

—Aun así, debió informarme.

Mirando a su alrededor, Katsuki sonrió y pasó su mano atrás de su nuca: —No tengo tu número, ¿cómo podía avisarte?

—Cierto…

Riendo por sus gestos, Katsuki llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón, apreciando al chico que tenía frente a él.

No mentiría que había pensado en él durante el castigo de los niños, recordando no solo su triste situación, si no también cada facción que lo hacían ver tan lindo, después de todo su gusto por los donceles nunca cambiaría; sus rasgos tan finos eran su mayor debilidad, y ese chico era todo aquello que le gustaba en alguien, mismos motivos que lo llevaron a enamorarse años atrás de Kosei, aunque también debía admitir que había una gran diferencia entre ellos.

Le gustaba, eso era claro, lo supo cuando lo conoció y después de siete años soltero, sentía que debía haber un nuevo cambio en su vida, y ya lo había elegido.

—Estaba pensando, creo que como los adultos que somos, debemos buscar la forma de evitar que los niños entren en conflicto otra vez. Así que, ¿tienes tiempo para hablarlo?

Izuku miro la hora en su celular: —Trabajo en una cafetería cercana, si gusta podemos ir allí.

—Claro, no tengo problema— respondió, dando inicio a los tantos pretextos que utilizaría para acercarse a él.

.

.

.

Durante el receso de los infantes, Kyo corrió a la tienda del colegio para comprar lo que su padre le había pedido, caminando de regreso para buscar a Jiro en el salón y dándose cuenta de que este no está a allí, razón por la cual se dirigió al patio de juegos y comenzó con su búsqueda, fallando en su intento de buscarlo y entregarle la caja de leche que había comprado para él.

—Kyo, juega con nosotros— dijo uno de sus compañeros en el momento en que se acercó a él.

Asintiendo contento, dejó sus cosas junto al resto e ir a jugar con sus amigos.

Por otro lado, Jiro, caminaba con dirección a la oficina del director, dando pequeños toques en la puerta, abriéndola cuando escuchó la voz del mayor.

—Tío… ¿Puedo desayunar contigo? —le preguntó, y el pelinegro asintió sonriente, pidiéndole que tomara asiento frente a él mientras acomodaba las cosas de su escritorio.

—¿Alguien te volvió a molestar? — el menor negó con la cabeza.

—No quiero estar junto a ellos, por eso vine aquí.

—Bien, pero deberás regresar antes del toque.

Jiro era el único que lo llamaba de esa manera, después de todo él solía ser amigo cercano de sus padres, y aunque él no había quedado a cargo de los hijos de Hisashi Midoriya, siempre estaría para ellos cuando se les fuera necesario.