Situación 1: Noche de luna llena.
Estaba cursando su quinto año en Hogwarts, Harry estaba realmente molesto con Dumbledore por haberle ocultado la verdadera profecía a él.
Gracias a Merlín pudieron recuperar la profecía antes de que los mortífagos llegaran al DOM. Ahora, segura en Hogwarts, Harry podía relajarse un poco antes de la siguiente vez que su vida corra peligro.
Y hablando de seguridad, Remus Lupin volvió a Hogwarts tras la ‘misteriosa’ muerte de Dolores Umbridge, quien fue encontrada flotando sobre el lago negro y con tinta rosa a su alrededor.
Y sabiendo que todo aquel que venía del ministerio era completamente incompetente, Dumbledore decidió usar la cabeza por primera vez en su vida y volvió a contratar a Remus.
Ahora Harry estaba bajo su capa de invisibilidad para ir a ver a su tío honorífico, el hombre que lo cuidó durante su tercer año y que lo encontraba muy hermoso.
En silencio abre la puerta del despacho del hombre y lo ve dormido sobre el escritorio, la copa de Matalobo estaba vacía sobre la mesa y la luna llena no estaba completamente arriba. Sabía que se estaba arriesgando demás, ¿pero que era la vida sin un poco de peligro?
Se acercó al adulto dormido y optó por hacer su mayor deseo desde que tenía trece años.
Levitó su cuerpo hasta los dormitorios privados del hombre, lo depositó en la cama y con el corazón a mil lo desvistió.
Un cuerpo delgado y alto, con algunos músculos suficientes para verlo sexi, las cicatrices por todos lados y el pequeño miembro viril le agradó a simple vista. Sonrió al ver lo hermoso que era su maestro, hizo lo mismo con su cuerpo y allí se comparó con el bello durmiente.
Era más pequeño que él, quizás por veinte centímetros, su cuerpo musculoso gracias al quidditch y los trabajos forzosos por parte de los Dursley ayudaron a eso, sus propias cicatrices se veían bien con las del contrario y lo más notable, su miembro viril completamente despierto que superaba a cualquier regla existente.
Acercó su mano a Remus y comenzó a trazar toda la piel a su alcance, desde su cabeza hasta la planta de sus pies, pasando por su vientre donde se detuvo un momento para pensar en como se vería un adulto con el vientre inflado por su semen.
Bajó un poco más e ignoró el pequeño miembro que se alzaba y no superaba los diez centímetros, pasó las yemas de sus dedos por los pequeños testículos hasta llegar a la zona que tanto deseaba ver.
Empujó uno de sus contra la raja de su maestro y el gemido de placer que soltó Remus lo excitó y que mandó una palpitación a su duro miembro.
Remus se removió sobre la cama y tuvo que sacar su mano rápido de allí, el hombre lobo quedó boca abajo, mostrando una ancha espalda y un firme culo redondo. Curioso, separó ambas nalgas y observó los agujeros de Remus.
Y si señores, algunos magos nacían con dos entradas.
Acercó su boca a ellas y las lamió hacia arriba, el cuerpo entero de Remus tembló y el suspiro de placer hizo que Harry siguiera con lo suyo. Lamió, chupó y besó el que parecía ser el ano del hombre lobo, mientras que con su mano derecha acariciaba el otro agujero que votaba líquido transparente con cada contacto.
“Ha-harry” fue el gemido de Remus.
El mencionado levantó su cabeza y allí observó a un sonrojado y sudoroso Remus Lupin con los ojos brillantes por el placer que sentía. Subió hacia él, acariciando aún su agujero, y empezaron un sucio beso en el que Harry dominó al mayor.
Con la luna llena iluminandolos, Harry se alineó con el ano de Remus y empujó completamente su miembro. El castaño gritó ante la intromisión y trató de alejarse, pero el azabache se lo impidió abrazando al mayor y mordiendo la nuca de Remus.
“Tranquilo, Remus” susurró Harry. “Pronto te sentirás bien”
El hombre lobo se quedó quieto en su lugar, mientras que Harry estaba completamente enterrado en él por su primer agujero. Las grandes bolas del menor descansaban sobre las pequeñas de Remus y emitían calor contra el cuerpo contrario.
Harry esperó unos minutos para poder moverse con libertad, usó mucha magia de forma inconsciente para manejar el cuerpo de Remus a su antojo y que este último gimiera de forma desinhibida contra la almohada.
Los movimientos de caderas de Harry empujaban su miembro contra de próstata de Remus en cuatro de cada cinco empujes, causando en manojo de suspiros, gemidos y jadeos en el mayor.
A la media hora de empezar, nuestro hombre lobo se corrió sobre las sábanas de la cama, suspirando de placer y contrayendo ambas entradas.
Lamentablemente Harry no había terminado aún y decidió seguir con eso, hasta que su maestro supiera que le pertenecía.
Salió de golpe del ano de Remus y se movió hacia su segundo agujero, generó la presión suficiente y poco a poco fue ingresando hacia el útero del mayor.
El receptor abrió los ojos como platos, respirando de forma entrecortada y apretando las mantas bajo él.
“¡Oh dios, oh dios, oh dios!” Gritaba mientras sentía que el menor aún no entraba por completo.
“Mírate, Remus. Estás todo así por mi polla” comentó el azabache sacándose el sudor de la frente. “Sabes, siempre eh deseado una familia y creo que tu también, qué tal su hacemos esto, yo te impregno y tu te casas conmigo, luego huimos de aquí y tenemos una gran camada, ¿qué dices?” Preguntó mientras tocaba fondo.
El grito de placer de Remus fue suficiente respuesta para el menor. Retrocedió lo más que pudo antes de volver a entrar de golpe, cada estocada daba en la entrada del útero del hombre lobo, quien entró en celo cuando la luna estuvo en todo su esplendor.
Golpe tras golpe, mordida tras mordida, y beso tras beso llevó a que ambos volvieran a terminar. Harry lo abrazó dando una última estocada y eyaculó dentro del útero de Remus, quien tomó uno de los brazos de Harry y se lo llevó a la boca para morderlo.
Minutos más tarde, los dos amantes quedaron dormidos sobre la cama, ambos abrazados y con un nuevo hombre lobo naciendo esa noche, quien mataría por proteger a su nueva manada.