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Había muchas cosas que a Hyunjin le resultaban incómodas: presenciar las muestras publicas de afecto de otras personas, verse obligado a mediar en el drama familiar de sus pacientes, avistar a desconocidos en el gimnasio… pero las “mañanas después”, tendían a ser algunos de sus momentos menos favoritos.
—Entonces —Yizhuo se apoyó contra la puerta de su auto, aparentemente sin prisa por usarla, sus ojos castaños brillaban con picardía—. ¿Haremos esto otra vez en algún otro momento?
—Um —Hyunjin se pasó una mano por sus rizos castaño oscuro. Mierda. Odiaba esta parte. No había querido invitarla a desayunar en lo absoluto, pero ella había estado ahí, en su apartamento, y él se había sentido como un imbécil por pensar en echarla a patadas, así que sugirió ir a buscar algo para comer. Había pedido tomar autos separados, alegando que tenía algo que hacer después. Supuso que podría hacer que esa afirmación fuera cierta si se detenía en casa de Felix en el camino de regreso a casa.
Su hermano pequeño había estado actuando de manera extraña últimamente. Y ese tipo, Changbin, con el que había estado saliendo... A Hyunjin no le gustaba. No le gustaba él.
Yizhuo sonrió ante su vacilación. —Uh-oh. No me digas. ¿Es algo de una sola vez?
Hyunjin se mordió el labio, dándole una sonrisa tímida. —¿No eres tú, soy yo?
No debería haberse acostado con ella. Ella era lo suficientemente agradable, claro. Habían tenido clases juntos en la escuela secundaria, y él siempre había pensado que ella era genial, divertida, inteligente, totalmente sexy. Pero la verdad es que Hyunjin solo había estado buscando algo con lo que aliviar el estrés, y ella había estado en el lugar y momento correcto para proporcionarlo.
Yizhuo se rio de él, su buen humor estaba probando que era demasiado buena para Hyunjin en primer lugar. —No te preocupes, Rey. Conozco tu reputación.
—Oh. ¿Reputación?
Pero Hyunjin no tuvo la oportunidad de averiguar cuál podría ser su reputación, porque lo siguiente que supo es que estaba boca abajo en el pavimento, Yizhuo estaba gritando y el brazo de Hyunjin estaba sujeto detrás de su espalda en un ángulo doloroso.
—Hola, Hyunjin —Hyunjin no reconoció la voz, profunda y áspera, con un toque de acento.
Trató de librarse del agarre del hombre, pero su sujeción era como el hierro. Hyunjin no logró ni una pulgada de margen de maniobra.
—¿Te conozco? —Hyunjin finalmente gruñó, renunciando a sus esfuerzos.
El hombre que lo sujetaba se rio entre dientes. No era un sonido agradable. —Quería enviar mis saludos a Changbin y a su pequeño juguete humano. Sé un buen hermano mayor y pasa el mensaje, ¿sí?
Eso era... ¿qué? Hyunjin tenía preguntas, tantas preguntas, pero antes de que pudiera expresarlas, escuchó un crujido y luego...
Dolor. Un dolor agudo.
Hyunjin gritó. Su brazo. El hombre le había roto el maldito brazo.
Fue volcado sobre su espalda antes de que pudiera siquiera intentar recuperar el aliento. Miró fijamente a… ¿A qué?
El extraño parecía un hombre, más o menos, uno con una cara hermosa y su cabello oscuro ligeramente gris en las sienes. Pero sus ojos eran aterradores, completamente negros, sin siquiera una pizca de blanco alrededor de los bordes.
Los ojos de un monstruo.
Él le sonrió a Hyunjin, y un par de colmillos brillaron a la luz de la mañana.
Hyunjin gimoteo. Ni siquiera sabía que podía gimotear. —¿Qué…? ¿Qué carajos?
En respuesta, el hombre inclinó la cabeza hacia abajo y Hyunjin olvidó el dolor de su brazo ante el repentino e insoportable dolor en su cuello. El hombre lo estaba mordiendo. Y jodidamente dolía.
Hyunjin no tuvo oportunidad de gritar de nuevo. Tan pronto como había comenzado, se acabó. Escuchó un gruñido, quejidos, y luego el monstruo se fue, el cuerpo herido de Hyunjin cayó sin contemplaciones sobre el pavimento.
Parpadeó hacia el cielo sin nubes.
¿Qué mierda acababa de pasar?
Se estremeció cuando una sombra se cernió sobre él. Pero no era el hombre aterrador de hacía unos momentos. Hyunjin conocía a este hombre. Cabello rubio, ojos azul pálido. Un rostro tan hermoso que casi dolía mirarlo.
El pequeño amigo de Changbin. Seungmin.
Por una vez, el hijo de puta no estaba sonriendo de esa forma tan desconcertante; en cambio, las cejas doradas de Seungmin se juntaban con preocupación mientras se arrodillaba en el suelo a su lado.
Hyunjin no sabía por qué, dado que Seungmin por lo general lo ponía inquieto, pero la presencia del hombre ahora se sentía como un bálsamo calmante.
Aun así, no pudo evitar gritar cuando Seungmin lo levantó por los hombros, colocando suavemente la mitad superior de Hyunjin en su regazo. Mierda. Para ser un hombre que parecía tan delicado, ciertamente era fuerte.
—No te asustes —murmuró Seungmin.
Y entonces... cambió.
Las pupilas de Seungmin se dilataron, el negro cubrió primero el azul pálido y luego el blanco de sus ojos. Sus incisivos se afilaron, alargándose en colmillos que sobresalían de sus labios carnosos y rosados.
Hyunjin contuvo un grito, tratando de liberarse del agarre de Seungmin, pero el intento de movimiento envió un dolor punzante que le recorrió el brazo.
¿Qué mierda estaba pasando?
Para su mortificación, se encontró gimoteando de nuevo.
—Shh —Seungmin usó ambas manos para mantener inmóvil la cabeza de Hyunjin, obligándolo a mirar sus ojos de aspecto poco natural—. Estás bien —Dijo con firmeza—. Estás seguro. No te haré daño. No me tienes miedo.
Y, mirando ese negro infinito, Hyunjin de repente... no tenía miedo.
Sabía en algún lugar en el fondo de su mente que debería estar asustado. Pero esa oleada de miedo fue reemplazada por una calma antinatural.
Seungmin no le haría daño. Aun así…
—Me duele —susurró Hyunjin—. Todo me duele.
—No —dijo Seungmin, sus pulgares frotaron suaves círculos sobre las mejillas de Hyunjin—. Ya no te duele. No sientes ningún dolor. Ninguno en lo absoluto.
Y así, el dolor se desvaneció. Hyunjin suspiró aliviado, mirando fijamente el rostro que lo observaba desde arriba mientras que su cerebro se saltaba los detalles más alarmantes. Vio rasgos delicados, pómulos afilados, piel pálida de aspecto suave.
Seungmin era...
—Tan hermoso —Murmuró Hyunjin, levantando una mano para tocarlo.
Los ojos de Seungmin se abrieron con sorpresa y sus labios se torcieron. —Nada de eso —Empujó la mano de Hyunjin hacia abajo—. Necesitamos curarte.
Se inclinó sobre Hyunjin y comenzó... ¿lamiéndole la cara? Parecía estar apuntando a todos los lugares lesionados, su lengua tocando suavemente todas las abrasiones que Hyunjin había recibido por culpa del pavimento.
Hyunjin se rio cuando Seungmin alcanzó la mordida en su cuello. —Cosquillas.
Seungmin ignoró la protesta de Hyunjin y continuó con sus servicios. Hyunjin no estaba seguro, pero pensó escuchar a Seungmin murmurando algo como: —¿Por qué sabes tan bien?
Pero eso no podría ser correcto. El cuello de Hyunjin estaba cubierto de sangre. Y la sangre tenía que saber... asquerosa. ¿No?
Hyunjin no estaba seguro de cuántos minutos pasaron así, su mente era una neblina dichosa mientras que Seungmin lamía su piel herida. Finalmente, Seungmin levantó la cabeza y lo miró con una expresión inescrutable. —Hice todo lo que pude, pero tu brazo me supera.
Hyunjin había olvidado incluso que tenía un brazo roto. Qué raro.
—Tenemos que llevarte al hospital —Dijo Seungmin.
—Tal vez me den un descuento para empleados —Hyunjin se rio de nuevo. Sabía que la situación no era exactamente graciosa, pero le estaba costando un poco acceder al miedo y la ansiedad que sabía debería estar sintiendo.
Dejó que Seungmin medio lo cargara medio lo arrastrara a su auto y lo llevara al hospital.
Horas más tarde, la enfermera le colocó analgésicos a través de la vía intravenosa y todo volvió a cambiar. La calma que había estado sintiendo se esfumó, y el miedo de antes regresó multiplicado por diez.
El corazón de Hyunjin se aceleró, sus palmas se humedecieron por el sudor. Volvió la cabeza lentamente hacia el hombre rubio que estaba a su lado —Seungmin no se había apartado de su lado, ni por un momento—. Mantenía una quietud antinatural, su mirada pálida encontrándose con la de Hyunjin.
Los ojos de Seungmin habían vuelto a ser azules y sus dientes tenían el tamaño normal. Pero su expresión era cautelosa, como si estuviera esperando la reacción de Hyunjin, y Hyunjin sabía que no se había imaginado todo lo que había visto antes.
—¿Qué… Quién…? —Tenía problemas para encontrar las palabras.
—Hyunjin... —empezó a decir Seungmin.
Pero Hyunjin conocía ese truco. Si Seungmin empezaba a hablar, volvería a engañarlo. Lo convencería de que todo estaba bien. Haría que creyera todo lo que él quisiera.
—Monstruo —Lo acusó Hyunjin, sin importar que su voz fuera demasiado alta—. Tú… ese tipo. Son unos jodidos monstruos. Fuera.
—Hyunjin —volvió a decir Seungmin.
—Qué. Te. Vayas. Maldición —Hyunjin no podía pensar. No podía respirar. ¿Qué mierda estaba pasando?—. ¡Fuera! —Gritó de nuevo.
Vio a la enfermera hablando con un guardia de seguridad. A Hyunjin no le importaba. Solo necesitaba que ese hombre se fuera. Necesitaba deshacerse de esta nueva e incognoscible amenaza.
Seungmin no era seguro.
Entonces, ¿por qué Hyunjin se había sentido así entre sus brazos? Incluso antes de que Seungmin usara su extraña magia vudú con él, Hyunjin se había sentido… aliviado. A salvo, ¿había sido todo una mentira?
No importaba. Seungmin se fue poco después, el personal del hospital lo sacó por agitar a un paciente. Hyunjin no se perdió de la expresión herida en el rostro del rubio. Pero, ¿eso que significaba?
Ni siquiera era realmente un hombre. No era humano.
A Seungmin no debería importarle.