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Sucede que Katsuki es una especie de ermitaño, si se le puede decir así. Trabaja todo el día y su tiempo libre se la pasa encerrado en casa, tiene amigos, claro, pero prefiere evitar las grandes fiestas escandalosas que Kaminari y Mina están acostumbrados a hacer. Especialmente en navidad, oh Katsuki, cómo odia la navidad.
Sus amigos le apodan el Grinch en cuanto diciembre entra.
Pero igual que el Grinch, Katsuki tenía un punto débil, una cosita verde que iba de un lado a otro con esa enorme sonrisa y que se encargaba de llenar su departamento con dulce olor a té verde y miel.
A Izuku le encantaba la navidad, adornaba su departamento y el de Katsuki con luces de colores y coronas de nochebuena, dentro de casa siempre erguía un enorme pino artificial lleno de esferas brillantes y escarcha blanca. Y ni hablar de los regalos, ya que eran una familia medianamente pudiente, el árbol de navidad tenía en sus faldas un montón de cajas envueltas en papeles ilustrados con estrellas, velas y copos de nieves, y era todo tan animoso que Katsuki no podía evitar involucrarse aunque le fuera de nulo interés.
Pero ¿quién era ese tal Izuku y por qué influía tanto en Katsuki? Pues no era ni más mi menos que un niño entrometido que conoció de casualidad en el pasillo fuera de su casa hace unos cinco años. Es poco tiempo relativamente, y a pesar de que Katsuki era un adulto cascarrabias Izuku decidió que sería su amigo, por su regalada gana.
El joven iba ocasionalmente a acompañarlo en su departamento, a veces solo iba cuando Katsuki cocinaba algo rico, o para contarle sobre algo que vivió en la escuela, era literalmente su amigo en contra de su voluntad, pero después de tanto tiempo terminó convirtiéndose en una realidad para Katsuki, ahora Izuku y su madre eran sus amigos y no renegaba por ello.
Era por esos motivos el que ahora mismo estuviera sentado en la mesa de los Midoriya, con un plato de delicioso pavo asado frente a él, con una media sonrisa mientras escucha a Izuku y a su madre contar las mismas historias navideñas de siempre de cuando Izuku era pequeño.
Izuku y su madre estaban solos en aquella ciudad, por lo que antes de conocer a Katsuki pasaban la navidad solos. El menor tenía un padre que no conocía, pero pagaba manutención por lo que tenía una vida cómoda, aún así Izuku creció sin una figura paterna masculina al ser su madre una Omega muy afeminada y cariñosa.
Eso jamás lo olvidará Katsuki, cuando Inko le dijo que Izuku veía en él ese padre que jamás tuvo, y que ese era el motivo por el cual el niño era tan apegado a él.
—Izuku siempre quería usar ese traje de All Might, llegó un punto en que ya no le entraba por la cabeza y aún así quería conservarlo —dijo Inko, después soltó una modesta risita.
—¡Mamá! —renegó Izuku, era humillante, pero no la historia que contaba, sino el hecho de que su madre haya sacado su ropita de bebé para enseñársela a su amigo.
—Jm, me habría gustado verte con eso —comentó Katsuki con un aura relajada pero burlona. Inko rio un poco más, encantada, y el rostro de Izuku se inundó en rojo.
Izuku era así, un chico carismático a más no poder, pero perfectamente equilibrado con prudencia y timidez. Katsuki podía soportarlo, y si le preguntaban, podía admitir que el niño le gustaba, aunque ya no fuese tan niño seguía viéndose como un jovencito inocente lleno de buenas intenciones, contrastaba bastante con la imagen casi terrorífica de Katsuki.
La noche llegó más rápido de lo esperado, los regalos se abrieron dejando en evidencia que Izuku ya no era un niño, pues había desde algunos mangas hasta un par de zapatos nuevos. Inko decía que antes la casa se llenaba de juguetes como carritos o muñecos, probablemente toda esa atención en navidad era para compensarle a Izuku las carencias que ella no podía corresponderle.
No había ni un solo regalo para Inko o Katsuki, adultos a quienes no les emocionaba ya el abrir los regalos para descubrir su interior. Tenían suficiente con ver la felicidad de Izuku al abrir los suyos y probarse las camisas de sus películas y héroes favoritos.
Izuku tomó una caja considerablemente pequeña, su nombre estaba escrito con una letra bastante peculiar, muy diferente a la letra de su madre. Sin pensarlo giró su rostro hacia Katsuki esperando afirmar sus sospechas, Katsuki asintió levemente sin cambiar su expresión e Izuku se apresuró a romper la envoltura. En cuanto su interior se asomó, Izuku cubrió su boca para evitar que un grito de emoción se le escapara, era una figura de edición limitada de All Might, una que ya no estaba a la venta desde hace un tiempo.
—No puede ser... —dejó cuidadosamente la caja en el suelo, y corrió, para la sorpresa de Katsuki, a abrazarlo—. ¡Gracias! ¡Gracias Kacchan!
Katsuki correspondió dando unas palmaditas en la espalda del menor, pudo oler su emoción emanar como un perfume recién puesto, tan fresco y dulce.
—Izuku —llamó la atención Inko, creyendo que su hijo estaba incomodando al vecino.
—No no, está bien. Sabía que le gustaría... —sonrió complacido, pues sabía lo mucho que amaba Izuku a los super heroes, era fácil darse cuenta y el regalo era algo que solo él podría conseguir, porque en realidad era de su propiedad.
Izuku se separó del abrazo para rápidamente olvidarse de Katsuki y tomar la figura de acción, ni loco lo sacaría del empaque, por lo que se fue corriendo a su habitación a dejarlo junto a su colección de figuras de All Might.
—Oh, Katsuki, eso fue muy lindo de tu parte. Una vez más debo agradecerte de cuidar tanto de mi pequeño... Me alegro de verdad de habernos conocido.
—No debe de agradecer nada, lo hago porque quiero —respondió Katsuki, hundiéndose de hombros para restarle importancia. La mujer le dedicó una sonrisa enternecida de agradecimiento mientras sostenía su corazón en su pecho.
Izuku llegó cuanto antes, dando brincos de lo más emocionado.
—¡Kacchan! ¿Pasarás la noche aquí? —preguntó sin vergüenza alguna, a pesar de haber vivido todos esos años al lado del otro jamás habían pasado la noche en casa del otro.
—Katsuki seguro tiene cosas importantes que hacer, además vive aquí a un lado —comentó Inko con preocupación para después pasar a un tono más divertido, porque en esencia, Katsuki podría ir y venir en menos de un minuto.
—Tu madre tiene razón, para qué molestarlos si vivo a un lado.
—Oww... —Izuku bajó la mirada desilusionado, pero rápidamente volvió a subirla pero mirando a su madre—. ¡¿Puedo hacer una pijamada en casa de Kacchan?!
—¡¿Eh?! —Inko se sorprendió, miró a Katsuki con una mirada indagadora porque no sabía qué responder, el rubio solo se hundió de hombros—. Eh, bueno, solo si Katsuki está de acuerdo —medio aceptó aún con algo de pena.
—¡Kacchan! ¿Podemos? —preguntó Izuku ahora directamente al rubio, acercándose lo suficientemente para provocar que Katsuki retrocediera levemente. Sus ojos eran tan suplicantes, que Katsuki no pudo evitar aceptar, ¿qué podría salir mal.
—Supongo que está bien...
—¡Sí! —Izuku celebró, corriendo a su habitación de nuevo para recoger su pijama y un par de prendas más para la mañana siguiente.
—Lo siento, Katsuki —dijo Inko, cubriéndose su rostro con pena. No le gustaba que Izuku fuera tan insistente con algo que podría causar molestias.
—Está bien, además es navidad ¿No? Podemos dejar que haga lo que quiera por hoy.
La mujer asintió rendida, y agradeció de nuevo a Katsuki por cuidar de Deku. Conocía a Katsuki de hace tiempo, confiaba en él, y estaba encantada de que su hijo lo quisiera tanto, ambos eran Alphas, por lo que no temía por la relación que pudiera tener Izuku con Katsuki, los veía más como una fraternidad, Katsuki podía ver a Izuku como un hijo e Izuku a Katsuki como un padre o un hermano mayor.
Entonces Katsuki e Izuku partieron a la casa de lado, sin una maleta real o sin ánimos reales de salir de viaje, pues era como seguir estando en casa, ni siquiera salían del edificio.
Al llegar, lo primero que hizo Katsuki fue sacar algunas cobijas para acomodarse en el suelo, Izuku lo siguió a su habitación y se quedó un par de segundos callado.
—¿Qué haces? —preguntó Izuku como si no fuera obvio.
—Preparo mi cama. A menos que realmente quieras hacer una pijamada y no dormir en toda la noche —Katsuki se enderezó para mirar directamente a Izuku, quien abrazó sus cosas algo cohibido.
—No, es que creí que dormiríamos en la misma cama.
Katsuki no respondió enseguida, miró su cama y después frunció levemente el ceño.
—Es una cama individual, no cabríamos.
—Oh...
No dijeron nada más, Katsuki se recostó en el piso y se relajó enseguida. Izuku por intuición se sentó en la cama de Katsuki, dejando su cambio de ropa en la esquina de esta.
—Ya es muy noche, lo mejor será ya dormir —dijo Katsuki sin mayor preocupación. Izuku se recostó igualmente y apagó la luz de la mesita de noche.
El cuarto repentinamente se inundó en un oscuro silencio. Así era siempre la casa de Katsuki, excepto cuando Izuku estaba, así que fue un sentimiento extraño el tener tanta tranquilidad cuando el alma de la fiesta estaba de visita.
El sueño le duró aproximadamente quince minutos, porque Izuku siendo Izuku comenzó a hablar.
—Kacchan ¿Ya te dormiste?
—Mmm... —respondió sin ánimos.
—Oye, siempre he querido preguntarte... ¿Tú tienes pareja?
Katsuki abrió los ojos, no esperaba ese tipo de preguntas, menos en la noche de navidad. Pero era curiosidad del niño, pues que el vecino vaya a su casa a pasar la navidad da la imagen de que no tiene nadie con quién pasarla.
—¿Y eso? ¿Por qué tan repentino interés?
—Mh... No lo sé —Izuku bajó la voz considerablemente, como si sintiera vergüenza de algo.
—Pues no, no tengo pareja.
—¿Por qué no? —y la curiosidad seguía. Katsuki chasqueó la lengua, ¿qué podía decirle?
No es como si Katsuki no hubiese tenido parejas antes, estaban Camie y Todoroki, pero eso había sido hacía muchísimo tiempo en su juventud, más o menos en la edad de Izuku. La cosa es que Izuku preguntaba por qué no tenía una ahora mismo, y no le gustaba pensar en eso.
—Pasa que no soy una persona muy agradable. Cuando la gente termina de conocerme prefiere alejarse —no mentiría, él estaba seguro de que sus parejas lo dejaron por ese motivo—. Aunque ahora mismo no me interesa nada de eso, estoy bien así.
—Vaya... Yo jamás he tenido pareja —Izuku se acostó de lado, muy cerca de la orilla para poder ver a Katsuki en el suelo.
—¿A no? Eres joven, no te detengas.
—Hay alguien que me gusta —reveló. Katsuki se dignó a dirigirle la mirada.
Entonces era eso ¿Eh? Izuku quería consejos para estar con la persona que le gustaba, probablemente consejos que no se atrevería a pedirle a su madre.
—Mh. ¿Una linda Omega? —asumió, esperando que Izuku le hablara más de la situación.
—En realidad es un Alpha.
—Ya veo... —Katsuki ni siquiera se inmutó. Izuku pensó que Katsuki no tenía interés en el tema, pero pronto el rubio volvió a hablar—. Yo estuve con un Alpha hace mucho.
—¿En serio? —de pronto los ánimos de Izuku renacieron, emocionado se levantó levemente de la cama.
—Sí, era el chico más popular de la escuela, por alguna razón se fijó en mí, estuvimos solo un año. Las personas lo veían mal porque yo era un delincuente o algo así, según ellos. Ya que él era de clase alta, debía estar con alguien de su calibre. Fueron todos unos idiotas. Hoy en día él está casado con otra Alpha.
—Ow... Lo siento...
—No importa, fue hace mucho...
Por un momento el silencio reinó el lugar, Katsuki estuvo expectante de alguna nueva pregunta. Estaba seguro que Izuku no había terminado porque no le dio las buenas noches.
—¿Puedo preguntarte algo? Es un poco más... íntimo.
Y las cosas conectaron en mente de Katsuki. Probablemente Izuku estaba saliendo con un Alpha y quería saber más sobre las relaciones antes de aventurarse.
—Adelante.
—B-bueno... Tú, eh... ¿Tú te acostarías comigo? —y entonces todo lo que había sabido Katsuki hasta el momento se desmoronó.
Al parecer no conocía a Izuku tan bien como creía. Abrió los ojos con sorpresa, se quedó sin palabras. Todo fue tan de repente.
—¿Qué?... —tal vez no escuchó bien, tal vez era su imaginación. Desearía haber bebido alcohol, así estaría seguro de que eso fue una alucinación.
—¿Tendrías sexo conmigo? —Katsuki miró de nuevo a Izuku, no estaba seguro de si estaba tratando con la misma persona de hace un momento. Izuku se veía decidido, estaba todo rojo y su temblor era evidente a leguas de distancia, pero mantenía una pose rígida y no ocultaba su cara, lo estaba mirando directamente a los ojos.
Katsuki movió los labios, como intentando decir algo que no podía pronunciar.
Izuku se bajó de la cama y se arrastró levemente hacía Katsuki. El mayor se sentó en el piso para estar más alerta ante la situación, incrédulo.
—Y-yo... Hace poco hablé con unos amigos sobre esas cosas. Bueno, ellos preguntaban que con quién querríamos acostarnos, y... no pude evitar pensar en ti, Kacchan.
Katsuki se relajó un poco, sin despegar la mirada de Izuku.
—¿Por qué? —preguntó en un murmuro, sin saber muy bien cómo actuar o qué decir. Izuku se hundió de hombros.
—El día de hoy fuiste muy lindo conmigo. N-no sé si sea solo un capricho, o si sea amor, pero me siento muy emocionado cuando estoy contigo, y después de pensarlo, de verdad me gustaría que fueras mi primera vez —todo eso lo dijo con evidente dificultad, siempre intentando mantener un porte fuerte para no humillarse más de lo que ya estaba haciendo.
Katsuki suspiró, y por fin tuvo el valor de desviar la mirada. No podía evitar sentir el denso aroma sexual que de pronto Izuku estaba soltando desde que le hizo aquella pregunta. Olía a té verde concentrado, llegando a tener matices agrios. Siendo un Alpha su cuerpo no reaccionaba de la misma forma que con el olor de un Omega, pero aún así le provocaba una exaltación que le ponía los vellos de punta.
—Maldición, Deku...
Katsuki cerró los ojos y apretó su puño con fuerza. Era muy tentador, tenía al niño básicamente rogándole que tuvieran sexo, para el colmo estaba muy decidido de hacerlo, en ningún momento la mirada de Izuku había flaqueado.
Él no había estado con nadie en casi seis años, se la vivía con su mano derecha y algo de porno de vez en cuando, pero hasta el momento no era algo que su cuerpo pidiera con desesperación, no al menos de la manera en que le pedía hacerlo en ese momento.
Pero, era Izuku ¿Estaba bien si tenía sexo con Izuku? El dulce niño hijo de su agradable vecina, quien se supone lo tenía que ver como una figura paterna según Inko. No quería corromper su relación actual, pero era Izuku quien pensó de esa manera primero.
Estaba metido en un dilema, no sabía qué hacer, si seguir su moral o su deseo, probablemente Izuku sintió en su aroma esa incertidumbre, porque el pequeño se aventuró a acercarse lo suficiente a Katsuki como para besarlo en la mejilla.
Una vez más abrió los ojos y dirigió la mirada a Izuku, sorprendido. El pequeño estaba sonrojado, con el ceño fruncido por la vergüenza y por la frustración de no recibir una respuesta.
Entonces los impulsos más bajos de Katsuki tomaron el control, y tomó a Izuku del mentón para besarlo en la boca.
Y oh, los dulces labios de un Alpha sumiso, no cualquiera, los dulces labios del pequeño Izuku. Era como probar el fruto prohibido, como desobedecer a la razón y ser el dios del edonismo.
Sintió el escalofrío que recorrió el cuerpo de Izuku, sintió el suspiro que soltó ante el roce, lo vio inclinar levemente su rostro porque Izuku quería eso, estaba esperando eso.
Y Katsuki se lo dio.
Profundizó el beso con el silencioso permiso de Izuku, con su lengua forzó la entrada entre los labios del menor para acariciar los dientes y la punta de la lengua de Izuku. El menor aportó al beso, moviendo sus labios de una forma inexperta pero con mucho ánimo.
El olor a té se intensificó hasta inundar la habitación por completo. Al ser un joven con las hormonas a tope, su aroma era mucho más fuerte que el de Katsuki quien estaba bastante "oxidado", ya no estaba en la flor de la juventud, el olor de Katsuki era mucho más sutil y maduro, no tan emocional.
Izuku gimió despacito, acercándose más sin cortar el beso, pasando su mano por detrás de la cabeza de Katsuki para acariciar su cuello. Se estaba emocionando bastante, así que Katsuki decidió que le pondría un control. Se separó de Izuku quien renegó por la acción y fue forzado a recostarse en el piso. El pecoso se dejó, acomodándose para estar más cómodo y abriendo sus piernas para que Katsuki pudiera colocarse en medio de ellas.
Katsuki hundió su cabeza en el cuello del menor, suspiró profundamente y gruñó por lo agrio que se estaba poniendo el aroma de Izuku. Al ser otro Alpha era difícil que sus olores no chocaran de mala manera, seguramente Izuku también encontraba el olor de Katsuki extraño.
Pero eso era lo de menos en un momento como ese. Los aromas sexuales servían como afrodisíaco, y era justo lo que estaba sucediendo con ellos a pesar de todo.
Katsuki comenzó a morder levemente el cuello de Izuku, frotando sus caninos por la caliente y suave piel del menor. Izuku jadeaba ante la sensación, aprovechando para acariciar el pecho del hombre que tenía encima, y terminó enredando sus piernas en la cadera de Katsuki para acercarlo más a su cuerpo.
El rubio dejó en paz el cuello para volver a atacar los labios del menor, aprovechando la posición para recargarse arriba de Izuku y frotar sus cuerpos. De pronto se sintió muy desesperado, con tantas ansias de llegar al final que sin cuidado alguno se aseguró de que sus miembros se frotaran entre sí a través de la ropa. Izuku gimió, y aportó al movimiento con sus propias caderas y apretando más sus piernas.
—Ahh, Kacchan~
—Maldita sea Deku, te oyes tan lindo, quiero comerte todo —murmuró entre sus labios, viajando hasta su oreja para regalarle besos y mordidas ahí.
Izuku comenzó a levantar la camisa de Katsuki desde su espalda, pasando sus dedos por toda la extensión como si quisiera conocer cada detalle y hacer un mapa del lugar.
Katsuki repentinamente se separó de Izuku, sentándose en sus propias piernas para quitarse la camisa. Izuku ni lento ni tonto aprovechó para quitarse la suya y quedar igual de expuesto que Katsuki.
El menor ya había visto al otro sin camisa, después de todo era normal a veces esperar a que termine de bañarse, era un espectáculo que estaba acostumbrado a ver, pero en una situación como esa algo tan simple como un pecho masculino se convertía en la cosa más sexual y caliente del mundo. Sin pensarlo dos veces estiró sus brazos para que sus ansiosas manos tocaran aquel cofre, apretando cada pectoral como si fueran las mejillas de un niño. Pellizco sin permiso los aparentemente sensibles pezones del rubio, quien echó la cabeza para atrás al sentir el cosquilleo característico.
Con su propia mano envolvió una de las de Izuku, y con suaves caricias contribuyó al manoseo. La mano libre de Izuku viajó hasta posarse en el resorte del pantalón de Katsuki, intentando bajarlo para poder ver el miembro de Katsuki.
En la fogosidad del momento, no estaban para sentir pena o dudar de hacer las cosas. Katsuki en cuanto notó la intención de Izuku, se levantó sosteniéndose en sus rodillas para bajar sus pantalones con todo y la ropa interior, su miembro saltó al ya estar completamente erecto.
Izuku lo tomó con premura para masturbarlo, apretando con fuerza su puño simulando la acción de exprimir.
—Ah, joder... —Katsuki gimió ante el enorme placer que recorrió su interior, meneando las caderas en la acción de embestir la mano de Izuku. El menor, con uno de sus labios atrapado entre sus dientes, luchó por bajar los pantalones propios.
En cuanto el pene de Izuku estuvo a la vista, Katsuki bajó de nuevo para juntar sus cuerpos y rozar sus miembros ahora sin nada de ropa encima. Piel contra piel frotándose de la forma más exquisita posible, ambos gimiendo y ambos usando sus manos para masturbarse en un solo movimiento.
—Kacchan —habló, deteniéndose levemente.
Katsuki se detuvo también, respirando con dificultad y aún teniendo unos cuantos espasmos. Miró a Izuku esperando que dijera algo.
—¿Cómo vamos a hacerlo? —preguntó el pequeño.
Sonaría tonto, y Katsuki era el tipo de persona que se burlaría por esa pregunta después de la actitud que había tomado Izuku, ¿tan confiado y no sabe cómo hacerlo? Pero claro, no era cualquier cosa, era sexo entre dos hombres Alpha.
—No tengo condones —fue lo primero que dijo, porque no podían preocuparse sobre cómo hacerlo si ni siquiera tenían un punto importante entre manos.
—Pero no podemos quedar embarazados, Kacchan...
—No, pero yo he estado con otras personas antes, me cuido pero más vale prevenir... —con la mente un poco más en claro decidió utilizar ese argumento, aunque no necesariamente el estar con otros antes era el único factor, podían ser ambos vírgenes y aún así.
—Está bien, Kacchan... ¿Entonces será luego? —preguntó desilusionado pero también esperanzado.
—Sí... Pero podemos acabar de otras maneras —Izuku sonrió satisfecho, saber que tenía otras oportunidades de estar con Katsuki eran su mayor preocupación, no quería que el mayor pensara que le estaba haciendo una especie de favor al quitarle la virginidad y que sería la única vez.
Sin decir nada más, Katsuki bajó por completo los pantalones de Izuku y se acomodó entre sus piernas, esta vez un poco más abajo. Puso los muslos internos de Izuku en sus hombros, y dejó el pene de Izuku frente a su rostro. Izuku miraba expectante, mordiendo sus labios ante los nervios. Recibiría su primera felación.
Katsuki lamió, desde la base hasta la punta como si fuera una paleta, saboreó al menor, algo salado y caliente, su piel era suave y contra su lengua se sentía bien. Metió su boca entera, apretando con sus labios hasta abajo, tenía la intención de presionar fuerte en la base donde se encontraba el nudo para forzar la hinchazón.
Con una de sus manos acariciaba al rededor de la base, donde la boca de Katsuki no alcazaba a cubrir, y la otra se dedicaba a apretar los testículos como si fuera simplemente un globo con agua.
—Kacchan, no puedo ¡Me duele! Quiero correrme —Izuku estaba sufriendo, recibir toda esa presión en su entrepierna era algo que jamás había practicado, usualmente se masturbaba con caricias de lo más cariñosas y lentas, y el que Katsuki sea tan duro le causaba incomodidad.
De pronto Katsuki le soltó para simplemente subir y bajar su rostro, follando su boca con el pene de Izuku. Lo hacía rápido y con una presión medida para causar que Izuku eyacule cuanto antes.
Escuchó al menor ahogar un gemido, después de escuchar únicamente jadeos, supo que ya se venía. Pronto sintió un líquido caliente llenar su boca, y sin consideración alguna salió para que Izuku se corriera fuera, escupiendo lo que tenía en la boca.
El nudo del menor rápidamente se hinchó en demasía, causando algo de dolor en la eyaculación. Izuku gemía con la mirada perdida, casi sin poder respirar, tensaba su cuerpo y joder que esa había sido su corrida más larga, ocho segundos.
Cuando terminó, su cuerpo cayó completamente al piso a excepción de sus piernas que eran sostenidas por los hombros de Katsuki. El mayor no quería terminar, e Izuku estaba muy sensible después de eso, por los que prosiguió para sobre estimularlo.
Tomó el miembro y le regaló varios besos, lamiendo la base con viveza.
—Que nudo más lindo el que tienes, Deku, está tan duro y grande —siseó, apretando con su puño en el lugar. Izuku solo atinó a arquear la espalda, quejándose.
—Kacchan~ —lloriqueó, intentando cerrar sus piernas para evitar que Katsuki siguiera maltratándolo.
—Es mi turno —Katsuki se levantó del lugar, gateando hasta quedar sentado en el pecho de Izuku.
Literalmente puso su entrepierna en el rostro del menor, tomando su pene con una de sus manos para restregarlo en los labios del menor. Izuku sin dudarlo sacó la lengua, lamiendo el glande. El rubio aprovechó la apertura para meter un poco su pene, Izuku cerró la boca al rededor e intentando imitar a Katsuki presionó sus labios y mejillas.
Katsuki, en la posición que estaba, comenzó a embestir y follarse la joven y dulce boquita del pequeño Izuku.
—Deku, joder, te sientes tan suave. Me encanta la forma de tus labios —halagó, acariciando el pómulo de Izuku con sus nudillos mientras veía cómo sus mejillas se inflaban cada que metía su pene.
Izuku le sostenía la mirada en todo ese tiempo, y él estaba encantado de ver su pene salir y entrar, y que Izuku tan gustosamente lo esté recibiendo. Katsuki duró mucho más para correrse, Izuku se estaba cansando de la quijada cuando oportunamente Katsuki derramó todo dentro de su boca.
—Intenta tomarlo todo —dijo, metiendo aún más su pene a la cavidad, intentando que su propio nudo llegara a tocar los labios de Izuku.
Levemente lo logró, pero Izuku intentó alejarlo enseguida al no poder respirar. Sacó su pene, aún lanzando un poco de semen, manchando el rostro de Izuku. El menor quedó con la cara sonrojada por el esfuerzo, y los labios hinchados.
Eso no fue impedimento para que con una de sus manos acariciara el miembro de Katsuki, pasando su dedo pulgar insistentemente por el nudo de la Kacchan.
—Eso que estás haciendo se siente bien —susurró el mayor, sintiendo con complacencia el masaje.
Cuando el pene de Katsuki comenzó a afligirse, se retiró de encima de Izuku y tomó lugar a su lado en el piso. Suspiró, no completamente satisfecho pero sí encantado. Ahí en el piso, Izuku se acercó a Katsuki para levemente abrazarlo. —Me ha gustado —comentó Izuku, ya más tranquilo. —A mí también. Eres demasiado lindo —dicho esto, Katsuki regaló un beso en la coronilla de Izuku. —No puedo esperar para llegar más lejos. Quiero que estemos dentro del otro, mis amigos dicen que ahí hay un punto erógeno en los Alphas. —En cualquier hombre, tonto. Y podremos probarlo cuando estemos listos, condones y lubricante. Te enseñaré a como hacerlo. —¡Gracias Kacchan! —Izuku se levantó para besar a Katsuki en la boca, tan apasionadamente como un beso de agradecimiento debe de ser. —Solo no le digas a tu mamá... —Katsuki palideció al decir eso, pues aquello que estaban haciendo debía ser meditado antes de comentar una estupidez al revelarlo. —No, si se entera me mataría... —Izuku también palideció, él más que nadie sabía en qué lío se había metido.