Desconexión

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Summary

Relato corto que reflexiona sobre lo diferente que puede ser la realidad con respecto a las fantasías y deseos que tiene una persona.

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1
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n/a
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16+

Desconexión

Álex se pasaba el día en las nubes, soñando con escenarios imposibles y viviendo miles de vidas. Muchas personas no entendían cómo podía preferir la ficción a la realidad, pero no importaba, porque elle vivía feliz en su pequeña burbuja de imaginación. O bueno, al menos, la mayor parte del tiempo, cuando no tenía que experimentar las decenas de emociones que le producían las historias ajenas.

Con su corazón latiendo con fuerza y la ansiedad subiéndole por las venas, Álex cerró el libro que estaba leyendo y fijó la mirada en la pared. En el fragmento que acababa de leer, la pareja –recién iniciada su relación– había decidido darse un tiempo después de una fuerte discusión. Álex no solía leer libros tristes y sabía que el final de este no sería la excepción, pero la ansiedad que le provocaba este tipo de pasajes no se lo quitaba nadie.

Invadiéndole el impulso de saber cuándo se resolvería el drama, Álex volvió a su libro y leyó por encima las últimas páginas. La idea era encontrar la reconciliación para disminuir su angustia y tranquilizarse, pero al final terminó sintiéndose peor que antes.



—Joder, Álex —le dijo Marta al día siguiente—, parece que no hayas dormido en toda la noche.

—Eso es porque no lo he hecho.

Su amiga le fulminó con la mirada.

—Por favor, no me digas que ha sido otra vez por culpa de esa serie.

—Oh, no —Álex casi se ofendió—. Esa serie la dropee, demasiada mierda dramática.

—¿Entonces?

Álex se apoyó en la barandilla y suspiró.

—El nuevo libro de Paloma.

—¿Ese que tanto ansiabas leer?

—Sí. Supongo que exageré con mis expectativas.

—¿Te ha decepcionado?

—Digamos que la historia no fue lo que esperaba.

Marta le dedicó una expresión más seria de lo que acostumbraba.

—Álex... no puedes seguir así. Estás arruinando tu salud por algo que ni si quiera existe.

—No la estoy arruinando —se quejó—. De diez historias, solo tres me hacen sentir así. Las demás me llenan de felicidad.

—Pues últimamente parece que sean seis por lo menos —puntualizó. Álex la miró con reticencia.

—Solo he tenido una mala racha —se justificó—. A veces pasa.

Marta se apoyó a su lado izquierdo y se cruzó de brazos. Ese tipo de conversación la tenían como tres veces al año por lo menos, y no tenía pinta de que se fuera a terminar en los que venían.

—El sábado voy a quedar con algunes amigues del club de atletismo. ¿Te gustaría acompañarme? —propuso Marta tras un breve silencio.

Las cejas de Álex se elevaron con expectación.

—¿También irá Mario?

Marta río.

—Sí, él también —la chica se acercó a Álex, y con una sonrisa divertida, susurró—: ¿vienes entonces?

Hace un año, Álex asistió a los campeonatos regionales para apoyar a su amiga, y sin esperarlo, se terminó pillando de un chico que había en la pista. Lógicamente, no era la primera vez que alguien le llama la atención, pero sí la primera con la que había logrado tener una interacción. Álex no supo si fue suerte o una bendición que Mario asistiera al mismo club que su amiga, pero sin duda, eso hizo que pudiera verle ocasionalmente. Sabía que esas pequeñas oportunidades eran ideales para que pudiera intentar algo con Mario, pero Álex nunca fue capaz de dar el primer paso. No porque no quisiera, sino porque lo veía inútil. Sabía que Mario nunca se fijaría en una persona como elle.

—Sabes que quieres —le incitó Marta—. Además, te vendrá bien para desconectar de la ficción.

Álex suspiró pesadamente. Aunque su relación con Mario nunca se haría realidad, tenerlo cerca ya era más de lo que podía soñar todas las noches. Desperdiciarlo sería un completo error.

—Está bien, iré.



El sábado por la tarde, les dos amigues cogieron el metro y se dirigieron a Nuevo Centro –lugar en el que habían quedado para reunirse–. Una vez allí, esperaron a que llegaran Mario, Paula y Lucía, y luego se dirigieron hacia las tiendas.

—Marta me ha dicho que quieres cambiar de modalidad.

—Oh —Álex miró a su amiga que iba andado por delante, y después se giró hacia Mario—. Sí, seguramente solicite para hacer un grado de Informática.

—Pensé que te gustaba dibujar.

El corazón de Álex dio un salto. Que se acordara de esas cosas le resultaba bastante bonito.

—Y me gusta. Pero... —suspiró—, no creo que sea capaz de llegar muy lejos con un trabajo así. ¡Aunque eso no quiere decir que vaya a dejarlo! —se apresuró en decir—, simplemente, quiero tener un plan ‘B’ en caso de que el ‘A’ salga mal. Al igual que tú y Marta con atletismo.

Mario asintió comprensivamente.

—Había esperado que no llegaras hasta ese punto. Es triste tener que sacrificar parte de lo que te gusta para intentar salir adelante.

Álex alzó el rostro y los dos se intercambiaron una mirada empática. Definitivamente, a veces la vida era demasiado injusta para las personas que solo querían trabajar de lo que les gustaba.

—¿Qué hay de ti? —preguntó Álex—, ¿vas a continuar con los estudios, o intentarás buscar trabajo?

Recordaba que Mario estaba estudiando un grado especializado en nutrición; por lo que, si su plan ‘A’ no salía bien, al menos podría trabajar de algo relacionado con lo que más le gustaba.

—Creo que seguiré estudiando por el momento. Así al menos podré gestionar bien mi tiempo en el club.

—Es una buena idea.



Después de mirar varias tiendas y pasar por el McDonalds, emprendieron el camino para regresar a sus casas.

—Tengo dos entradas para el museo de las ciencias, ¿te gustaría venir conmigo?

Álex se quedó atónite. Era la primera vez que Mario le invitaba a ir a algún sitio a solas.

—¿De-deberás? —La sonrisa que desprendía Mario hizo que el corazón de le chique latiera con fuerza contra su pecho.

Mario sacó dos tickets de su bolsillo y se los enseñó con una sonrisa pícara.

—¿Qué me dices?, ¿aceptas la invitación?



—Así que tienes una cita con Mario, ¿eh? —dijo Marta tras sentarse en la parada de metro. Las mejillas de Álex se calentaron.

—No es una cita —la corrigió—. Es... una quedada de amigues.

—A solas.

—Yo también hago cosas a solas contigo —se quejó.

—No es lo mismo.

—¿En qué no lo es? —quiso saber.

—Bueno, para empezar, no eres mi crush. Y tampoco soy el tuyo.

Álex bufó.

—Lo dices como si Mario me considerara su crush. Lo cual, es imposible.

—Eso no lo sabes —respondió la chica divertida—. Tal vez sí le gustes.

Álex ahogo una risa.

—¿Pero tú te escuchas? —contestó, aunque rápidamente cambió el enfoque—, o mejor dicho, ¿ves con claridad?, porque claramente no lo parece. Nadie en su sano juicio querría salir conmigo.

—¿Es lo que piensas? —la voz triste sorprendió a Álex—, ¿o es porque desearías que fuera así?

—¿Por qué dices eso? —Álex frunció el ceño—. ¿Por qué no querría que Mario saliese conmigo?

Marta apoyó su espalda en la pared y miró al frente.

—Solo digo, que las oportunidades están ahí. Y creo que eres una persona lo suficientemente capaz como para tomarlas, al igual que haces con el resto de cosas. Pero no quienes. ¿Por qué? lo desconozco. Pero sé que tiene que haber una razón.

Álex desvió la mirada hacia el otro lado del andén, y observó a la pareja que se encontraba bromeando con su móvil.

Si lo que Marta había dicho era cierto, ¿cómo podía explicar la envidia que sentía cada vez que veía una pareja que se quería?, ¿y la de veces que había soñado con ser una de esas personas?, ¿cogiéndose de la mano y besándose? No tenía ningún sentido.

Le chique se posó sobre el muro y suspiró. Tal vez Marta sí tenía razón en que Mario se interesaba por elle, aunque fuera solo un poquito. Y si ese era el caso, ¿por qué no aprovechar la oportunidad que se le daba?



En los días siguientes, Álex y Mario acordaron reunirse el sábado por la mañana.

Si vamos a primera hora, nos ahorraremos largas colas y toparnos con gente,le dijo el chico; por lo que ese mismo día, se reunieron a las 9 de la mañana en las puertas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

—Espero no haberte hecho madrugar mucho.

—No más que cuando voy a clases —bromeó, y seguidamente entraron en el edificio—. ¿Sabes?, cuando me ofreciste las entradas pensé que estaba soñando. Siempre quise venir aquí —dijo Álex un tanto nervioso.

Una sonrisa asomó el rostro —ligeramente sonrojado— de Mario.

—Me alegra saber que acerté.

—Completamente —contestó Álex.



Una vez dentro del museo, les dos recorrieron las salas entre sonrisas y anécdotas. Nada diferente de lo que ya acostumbraban, pero definitivamente especial por el lugar en el que se encontraban.

Una hora después, Álex y Mario se sentaron en las butacas para disfrutar de la primera sesión espacial del Hemisfèric. Le chique pensó que el día no podía ir mejor, pero entonces, algo impensable ocurrió. Algo que solo ocurría en sus sueños más profundos y fantasiosos: Mario le cogió la mano.

Por un milisegundo, Álex esperó sentir todo aquello que su mente le hacía sentir cuando se imaginaba estando a su lado; pero para su sorpresa, lo que terminó sintiendo fue algo completamente opuesto.

Sin poder evitarlo, Álex apartó la mano como si a esta la hubieran electrocutado.

—Perdón —dijo Mario al percatarse de su error—, no quería... Es decir, pensé que...

El cuerpo de Álex se tensó, y rápidamente, salió de la sala.

—Álex, ¡espera! —gritó el joven mientras le alcanzaba—. Por favor, perdóname. No quería incomodarte.

Le joven observó el rostro preocupado de Mario, y enseguida se odió por haber tenido una reacción parecida.

—Lo siento, yo... no sé qué me ha pasado —Álex se pasó la mano por el pelo y retrocedió.

¿Por qué había reaccionado así?, ¿acaso unos instantes antes no estaba fantaseando con que fuera su novio?

Álex se apoyó en la columna más cercana, ligeramente mareade y con las piernas temblando, y ponderó como había llegado hasta ese punto.

Tras darle varias vueltas, las palabras de Marta retumbaron en su cabeza, haciendo que finalmente lo comprendiera: la razón por la que no había iniciado nada hasta el momento no era porque pensara que no tenía ninguna oportunidad de tener éxito, sino porque no deseaba experimentar la intimidad que suponía estar en pareja. En otras palabras: quería conectar con Mario emocionalmente, pero no físicamente. Eso fue lo que su cuerpo intentó decirle todo este tiempo, y que terminó malinterpretando.

Sin fuerza, Álex cayó al suelo abatide.



Al día siguiente, Álex declino los planes que tenía con Marta y se quedó en casa. Se encontraba completamente avergonzade y destruíde emocionalmente. Y lo peor de todo, era que lo suyo con Mario había terminado antes incluso de haber empezado.

Marta: Estás despierte?

La notificación le sorprendió.

Álex: Sí, por qué?

Nada más responder, el timbre sonó.

Sin pensar quién podría ser, le chique se levantó de la cama y abrió la puerta.

—¿Marta? —Álex frunció el ceño—, ¿qué haces aquí?, te dije que-

Unos brazos cálidos envolvieron su cuerpo. Álex no comprendía la reacción de su amiga, pero el abrazo lo sintió tan necesario que no dudo en corresponderlo.

—Lo siento, ha sido mi culpa.

—¿Qué? —Álex se apartó y miró a Marta—, ¿de qué hablas?

—Fui yo quién le di las entradas a Mario —sus ojos se llenaron de lágrimas—, para que tuvierais una cita.

—Marta...

—Y también sabía que a él le gustabas —concluyó con rapidez.

Álex se petrificó momentáneamente en el sitio.

—Entonces, lo que me dijiste era cierto... —susurró—, yo le gustaba.

—Le gustas —corrigió.

Le joven sacudió la cabeza lentamente y luego se giró.

—No le merezco.

—¿Qué? —Marta se adelantó para hacerle frente—, ¿qué estás diciendo?, por supuesto que sí.

—Ni si quiera le he dejado que me cogiera de la mano.

—Es la primera vez que has hecho algo parecido, es normal que te asustaras.

—No, Marta. Te equivocas. No tiene nada que ver con eso.

—No lo comprendo —Marta frunció el ceño—, ¿es por qué ya no te gusta?

—Me gusta —se apresuró en decir—, pero... no de la manera que crees.

Álex se dirigió hacia el sofá y se sentó. De inmediato, Marta captó el nerviosismo de su amigue y decidió ser paciente.

—No siento atracción sexual —dijo al cabo de un largo rato—, y por lo que parece, mis fantasías románticas solo eran un deseo de mi inconsciente —Álex sonrió con amargura y luego añadió—: Mario jamás me querrá así.

Marta se dejó caer a su lado mientras se aguantaba las lágrimas.

—Eso no lo sabes —susurró.

—Es cierto. Pero incluso si lo hiciera, jamás podría darle lo que desea. ¿No ves eso triste?

—¿Y no ves más triste que una persona necesite del sexo para querer a otra?

Álex miró a Marta sin saber muy bien qué responder. Por supuesto, elle también pensaba eso, pero, ¿qué podría cambiar decirlo en voz alta? La gente era como era, y no podías cambiarla por mucho que quisieras.

—¿Y si tampoco puedo corresponderle con contacto físico?, ¿sabes lo fuerte que sería eso?

—Álex —Marta estrechó sus manos y le miró a los ojos—, podrás hacerlo. Incluso si son solo abrazos y caricias, lograrás hacerlo. Al igual que lo lograste conmigo.

Álex bajó su rostro hasta sus manos entrelazadas y la realización le golpeó. Tenía razón. Si podía con ella, ¿por qué no con Mario?

—¿Te acuerdas la primera vez que te abracé? —le recordó—, ¿qué sentiste?

Le chique respiró hondo e intentó acordarse. Había conocido a Marta en primero de Secundaria, justo en el cambio de Instituto. Al principio, era cierto que evitaba cuanto podía el contacto físico, porque le incomodaba, pero tras varios meses y muchas horas juntes, esa sensación de incomodidad terminó convirtiéndose en aceptación y tranquilidad. Por supuesto, tomar la iniciativa no era mucho lo suyo, pero al menos, ya no sentía la necesidad de rechazar el contacto.

—Probablemente me tensé más que una cuerda —bromeó Álex, y Marta se río—. Pero es cierto, después de un tiempo se me pasó. Pero no sé por qué.

—Yo creo que sí lo sé —Álex miró de nuevo a Marta y esta se explicó—: es porque lograste conectar conmigo.

—Quieres decir que...

—Sí. Probablemente seas una persona que necesite de una fuerte conexión emocional para sentirte cómode con les demás. Por eso cuando lo lograste conmigo se te hizo más fácil dar y recibir gestos de afecto.

—Entonces... si logro esa conexión con Mario, ¿dejaré de sentir rechazo por su contacto?

—No sé hasta qué punto, pero sí, la cosa debería mejorar.

Álex se quedó reflexionando por un rato y luego preguntó:

—¿Y qué hay del deseo sexual?, ¿lo sentiré también?

Marta se encogió de hombros.

—Eso es algo que deberás descubrir por ti misme.

—Cuando logré la conexión. —Marta asintió—. Pero podría no sentirlo nunca.

—Es una posibilidad.

Álex suspiró. Aún no sabía si sería capaz de iniciar una relación con tantas incertidumbres.

—Con o sin deseo, te aseguro que Mario te aceptará.

—¿Cómo estás tan segura?

—No lo estoy. Pero sé que ese chico te quiere, Álex. Y cuando se ama a alguien, se acepta a esa persona tal y cómo es.



Una semana después, Álex le envió un mensaje a Mario.

Álex: Te gustaría dar una vuelta por el rio?

Mario: ahora?

Le chique tragó saliva. ¿Y si le decía que sí y luego no podía?

Álex: cuando quieras

Mario: a las 5 en la parada de Alameda?

Álex: perfecto

Álex concluyó la conversación y empezó a prepararse. Cuando Marta se despidió de elle aquel día, le prometió hablar con Mario cuando estuviera liste. Y eso era exactamente lo que iba a hacer después de cinco días de reflexión.



—Siento haber tardado tanto en contactarte —le dijo nada más verle.

El chico le sonrió empáticamente.

—El tiempo que necesites.

Con los ojos vidriosos, Álex guio a Mario hasta una mesa de picnic y luego se sentaron.

—Siento lo del otro día en el museo. Perdí los papeles.

—No fue tu culpa, Álex.

—Salí corriendo de la sala –puntualizó.

—En la que no había nadie.

—Y luego hice una escena en mitad del pasillo.

—Por algo de lo que no tenías el control.

Álex suspiró ante la última réplica.

—Pero podría haberlo intentado –susurró.

—Y yo podría haberme esperado más tiempo para intentar cogerte de la mano.

Álex captó la culpabilidad de Mario en sus ojos y el pecho se le estrechó.

—No es que no quisiera que me tocaras... —empezó a decir—, o al menos en mi cabeza. Pero mi cuerpo... es como si actuara de una manera completamente distinta. Por eso cuando me tocaste entré en pánico. Porque nada de lo que sentía en mi cabeza se reflejaba en la realidad. Y cuando por fin comprendí la razón de ello... me asusté.

Le joven desvió la mirada hacia el perro que había a escasos metros de elles e intentó tranquilizarse. Cuando lo hubo conseguido, se giró de nuevo hacia Mario, y dijo:

—No siento atracción sexual —confesó—. Y el contacto físico sin una conexión emocional previa me hace sentir incómode.

—Con razón cometí un error.

—¿Qué?, ¡no! es decir... yo...

Álex bajó la cabeza nerviose. Probablemente ahora pensaría que su relación no llegaría a ningún lado. Y no le culpaba. Ya se esperaba que algo así ocurriría.

—Me gustaría poder corregirme, Álex. Si me das la oportunidad.

Le chique alzó el rostro de golpe.

—¿Oportunidad...?

—De salir conmigo —Mario hizo una pausa y añadió—: Si quieres.

Álex levantó de golpe las cejas. ¿Acaso había entendido mal?

—Quieres... ¿salir conmigo?, ¿Cómo...?

—Pareja, sí.

—Pero... si no podemos...

—No importa.

Las lágrimas empezaron a caer por el rostro de Álex como un torrente sin control.

—No digas eso.

—Es la verdad. No me importa. Hay cosas más importantes que el contacto físico.

—Tal vez pienses eso ahora —dijo sollozando—, pero luego-

—Seguiré pensando lo mismo sin importar los años que pasen —le prometió—. Tener sexo es maravilloso, por supuesto, pero más bonito es compartir la vida con la persona que amas. Y yo quiero lo segundo. Si me dejas la oportunidad, por supuesto.

Álex sonrió entre lágrimas.

—Me... me haría muy feliz eso, Mario.

—Entonces no le des más vueltas. Sé mi novie, Álex.



—¿En qué piensas? —le preguntó Mario tras captar su mirada perdida.

Álex le abrazó con más fuerza y dijo:

—Estaba pensando que Marta tenía razón.

Habían pasado ya tres años desde que habían iniciado la relación, y este no podía evitar pensar que, si no fuera por ella, tal vez jamás habrían llegado tan lejos.

Mario frunció el ceño confundido.

—¿Sobre qué?

Álex le dio un beso en la mejilla y sonrió.

—Todo.