Ecuación Sith
La luz del sol en Novalis entraba por el ventanal de vidrio de la nave imperial y la twi’lek estaba de ánimo como para empezar su día haciendo eso que tanto le gustaba. No tuvo que hacer ni el más mínimo esfuerzo en pro de sentir los pasos sigilosos del zabrak aproximándose a su puerta y dejó escapar una pequeña risa antes de acomodarse boca abajo, haciéndose la dormida. Respiró hondo y la sensibilidad de sus oídos le permitió escuchar su puerta abriéndose, seguido de una prenda cayendo al suelo y entonces, pudo sentir las sábanas destapando su cuerpo. Las manos masculinas se deslizaron muy suavemente desde la espesura de sus muslos y su culo, pasando por la angostura de su talle hasta su espalda y hombros, bajo sus tentáculos. Un agradable escalofrío terminó de encender el apetito sexual de la lady sith ante el tacto de Darth Maul, así como el deseo del mismo al volver a bajar con sus manos a su trasero, apretándolo. Sabía que ella estaba despierta gozando de sus caricias y lo confirmó al escuchar su respiración acelerándose y dejando escapar un jadeo casi imperceptible.
Una pequeña sonrisa lasciva se dibujó en el rostro del lord sith y reemplazó sus caricias por besos húmedos en la piel de la fémina de cuya boca comenzaron a escucharse sonidos de deleite. Mordisqueó y lamió sus nalgas, lo que le indicó a su propio cuerpo que era momento de penetrarla. Ella se volteó e intercambió una lujuriosa mirada cómplice con él, quien se ubicó a sus espaldas y solo bastó una suave estocada suya para que se diera cuenta de lo húmeda y caliente que se hallaba. Los jadeos y los besos no se hicieron esperar, acompañando las embestidas profundas pero controladas del zabrak.
—Buenos días, Lady Karant... Estás tan apretada esta mañana. —Le susurró, con voz ronca.
—Y tú… tan duro y tan grande —contestó Bex’Lin y levantó su pierna, sosteniéndola con el fin de darle más entrada. Su amante arremetió más fuerte desde atrás, aumentando su velocidad y tomándola algo fuerte del rostro.
—Es que me calientas tanto —dijo y la besó otra vez, llevando su mano al clítoris inflamado de su compañera de misiones.
Maul lo frotó al tiempo que la penetraba más y más duro, gruñendo junto a la lady sith que gemía deleitándose y estrujando su verga cada vez con mayor claridad desde adentro. Y no podía negarlo en su mente. Ella era la mejor mujer que él conocería en toda su vida, hasta podría haberla querido y haber compartido con ella su ambición de poder. Sin embargo, nunca lo admitiría pues eso significaría confirmar que la twi’lek había ganado y él no había nacido para arrodillarse ante una mujer. Todo ello era independiente de cualquier técnica sith de dominio mental, o de lo bien que se sentía cogerla, tocar el fondo de su interior con su virilidad y gozar de su humedad y su calor, al igual que esa decisión que se hacía más certera con el correr de los minutos.
—Aaahh… Maul… —jaedó ella, lujuriosa y sus paredes empezaron a estrecharse mientras la virilidad del aludido palpitaba.
—Ya vas a correrte, ¿cierto, maldita? —preguntó él, estimulando su punto de placer y aumentando la velocidad con que la penetraba.
—Eso… Dame, bastardo… —rogó la hermosa maestra sith y ambos explotaron de esa satisfacción ardiente que tanto disfrutaban. Se tomaron un par de segundos para recuperar el aliento, aún temblorosos del deleite sexual experimentado y sus mentes regresaron a la realidad.