Capítulo 1
En la actualidad
POV Amy
Me encontraba en mi apartamento descansando después de un día duro en la oficina. Hoy hubo demasiado ajetreo de documentos. Nuestra superiora estaba realmente ansiosa por adelantar todo el trabajo posible de cara a una inspección que sería la siguiente semana. Exhalé. Tenía la ligera impresión de que a partir del lunes serían días muy estresantes para todos. Cubrí mi rostro con mi brazo y volví a suspirar. No sé cuándo ocurrió que me quedé dormida durante un par de horas. Me incorporé y froté mi sien. Siempre acababa con dolor de cabeza después de una larga siesta. Me levanté para ir a la cocina y tomar un vaso de agua. Mientras lo tomaba, el timbre del apartamento sonó. ¿Quién sería? No esperaba a nadie este fin de semana. En esta ciudad no conocía a nadie, solo a mis compañeros de trabajo. Y mi madre y hermano no vendrían este fin de semana a visitarme. Exhalé. Me dirigí a la puerta y miré por la mirilla. Me sorprendí al verlo ahí. Abrí la puerta rápidamente.
-Hola. –me saludó tímidamente, pero con una enorme sonrisa.
-Hola. ¿Ocurre algo? –pregunté preocupada.
-Esto… Siento si te molesté, Amy, pero… –se quedó callado y se columpió sobre sus pies, nervioso– …pero mi familia vino a visitarme para celebrar mi cumpleaños y… –se calló de nuevo y yo alcé la ceja– …y les hablé de ti y quieren conocerte. –asentí.
-Espera, ¿qué? –pregunté asustada y él rió.
-Les hablé de ti, de la buena compañera de trabajo que tenía y que había resultado ser mi vecina. Por favor, ¿podrías venir a conocerlos un momento? –tomó mi mano entre las suyas y jaló de mí– Será algo rápido, te lo prometo.
-Esp… espera… Richard, espera. –se detuvo– Mira cómo estoy vestida. –me señalé la ropa y él se sonrojó, avergonzado.
-Lo siento. –se rascó la nuca– Pero así está bien, Amy. Sólo son mi familia y unos amigos. –volví a alzar la ceja.
-Richard, llevo un short y una camiseta oversize… Déjame al menos ponerme unos zapatos. –asintió avergonzado.
Fui a mi habitación y me puse unas deportivas. ¿Por qué tenía que conocer a su familia? Suspiré. Suponía que querrían saber cómo era la compañera de trabajo de su hijo. Exhalé. Salí de la habitación, tomé mis llaves y salí de mi apartamento para acompañarlo. Él me sonrió ampliamente antes de entrar en su apartamento y así conocer a su familia y amigos.
-Ya regresé. –gritó y todos quedaron en silencio, volteándose a vernos. Tragué grueso, totalmente avergonzada– Os presento a Amy, mi compañera de trabajo y vecina.
-Ho… hola. –saludé tímidamente.
-Hola. –dijeron todos al unísono.
-Amy, te presento a mis padres, James y Stephanie. –los señaló y yo hice un gesto con la cabeza– Ella es Stella, mi hermana, y él Steven, mi hermano. –volví a hacer el mismo gesto– Ellos son David, su novia Lindsay, Charles y Maddie, mis amigos de la infancia.
-Mucho gusto. –dije.
-Amy… –me llamó su madre– Richard nos ha dicho que no eres de Dublín, que eres de otra ciudad. –asentí– Supongo que no conoces a nadie aquí… –negué– En ese caso, ¿por qué no te quedas y celebras el cumpleaños de Richard con nosotros? –abrí los ojos como platos y totalmente aterrada.
-Mamá… –la llamó el moreno– Amy tendrá cosas que hacer… –lo interrumpió.
-Tonterías. –habló seria– Hay pastel de chocolate. –se me iluminaron los ojitos y mis tripas rugieron en acuerdo de quedarnos, provocando la risa de todos.
La fiesta fue muy amena. Toda su familia era muy cálida. Me hacían sentir como en casa. Me hablaron de su negocio familiar y entonces entendí por qué el pastel estaba tan delicioso. Sus amigos Charles y Lindsay eran muy agradables. David era un bromista y Maddie siempre me estaba mirando con el ceño fruncido. Su familia se marchó antes de llegar la hora de la cena. Charles y Maddie también se marcharon. Cenamos los cuatro mientras me contaban anécdotas de Richard. No pude evitar reír. Después de cenar y recoger, David, con una sonrisa ladina, sacó un juego: Twister. No podía creerlo. Jugamos por equipos, formando él con su novia el equipo rojo y Richard y yo el equipo azul. No podía negarlo, me divertí mucho al ver cómo David y Lindsay siempre acababan cayendo por culpa del primero, ya que no podía apartar las manos de su novia. Richard y yo formamos un gran equipo, cosa que no me sorprendió en absoluto porque en el trabajo también lo éramos. Fue un día diferente y divertido sin haberlo planeado. David y Lindsay se marcharon horas más tarde porque iban a ir a la discoteca. Richard no tenía ganas, así que me quedé con él un rato más. Me despedí de sus amigos y él hizo lo mismo. Al cerrar la puerta, se volteó hacia mí con una sonrisa traviesa y me asusté. Se acercó lentamente a mí y cuando estaba cerca, sonrió ampliamente.
-¡Muchas gracias por quedarte, Amy! –me abrazó inesperadamente y con bastante ímpetu, provocando nuestra caída.
-Ouch. –nos quejamos los dos a la vez antes de romper a reír– ¿Estás bien, Richard?
-Sí, gracias. –se incorporó y me ayudó a ponerme en pie– Bien, Amy, tengo algo que proponerte. –asentí– Hemos jugado en equipo, pero ahora es hora de ver quién es el mejor de los dos en el Twister. –mi sonrisa orgullosa salió a flote.
-Morderás el polvo, Smith. –saqué mi lengua.
-Serás tú quien lo haga, Carter. –imitó mi gesto.
Comenzamos a jugar individualmente como si fuéramos dos niños pequeños. Los dos éramos unos orgullosos y cabezotas que no querían perder por nada del mundo. Preferíamos luchar hasta el final antes que rendirnos. Una tras otra, fuimos colocando pies y manos donde la ruleta indicaba. Llegó un momento en el que era el turno de Richard. Yo estaba de espaldas al tapete, teniendo mi mano izquierda en el color azul y la mano derecha en el amarillo. Mi pie izquierdo estaba en el color rojo y el derecho en el verde, quedando con las piernas abiertas. Richard estaba de frente al tapete y tenía sus pies entre mis piernas, teniendo un pie en el color azul y otro en el amarillo. Tenía su mano izquierda en el color verde. Lanzó la ruleta y salió que su mano derecha tenía que ir al color amarillo, lo que significaba que tenía que ponerla por debajo de mi trasero. Incliné mi cadera hacia arriba para que él pudiera hacerlo, provocando un sonrojo en ambos. Richard se movió, pero en el último momento resbaló, cayendo sobre mí. Su cara acabó entre mis pechos y su mano derecha en mi muslo.
-Lo siento. –dijo sin moverse– No me puedo creer que haya perdido… –reí.
-Sabía que perderías. –hablé orgullosa– ¡Ouch! –grité al sentir un pellizco en mi pierna– ¡Richard! –me quejé y él rió, incorporándose rápidamente.
-Eso te pasa por idiota. –me sacó la lengua y yo comencé a correr tras él– ¡Amy, no! Por favor, tengo muchas cosquillas. –me pidió una vez que lo atrapé.
-¡Esto es la venganza, Smith! –exclamé riendo también.
Entre risas y bromas acabamos revolcados por el suelo con dolor de estómago y falta de aire. Al cabo de unos minutos, nos calmamos y nos incorporamos. Ese chico era realmente agradable y el tiempo a su lado pasaba muy rápido, tan rápido que había llegado la hora de marcharme. Le agradecí por la invitación y le di un beso en la mejilla. Me dirigí hacia la puerta y, antes de salir, le di una última sonrisa y me marché de nuevo a mi apartamento. Fui al baño y me lavé la cara. Me quedé mirando al espejo. ¿A quién quería engañar? Yo era estúpida. Siempre me habían usado para obtener algo y después se habían deshecho de mí. Me estaba empezando a gustar Richard y eso no era bueno. Nada bueno. Me prometí que jamás volvería a amar. No después de aquellas traiciones. Ya no estaba dispuesta a dar mi corazón después de que dos personas hubieran jugado con él y destruido sin piedad alguna. Sequé mi rostro y fui a la habitación, pero el timbre sonó nuevamente. Miré por la mirilla y era Richard. Abrí la puerta, pero no me dio tiempo a preguntar qué pasaba porque me besó con pasión. Me empujó dentro del apartamento y cerró la puerta con el pie mientras me seguía besando.
-Amy, no quiero que el día termine todavía. –dijo al separarse levemente– Por favor...
-Richard… –sonreí tristemente antes de asentir.
Él sonrió y volvió a besarme con frenesí. Entre besos y caricias, caminamos torpemente hasta mi habitación, donde nos dejamos caer en la cama. Rápidamente la ropa sobró y nos deshicimos de ella. Comenzamos a explorar el cuerpo ajeno, dejando besos húmedos por toda nuestra piel, provocando que jadeos y gemidos salieran con total libertad entre las cuatro paredes. Después de haber tenido sexo con él, ambos caímos en un profundo sueño. Tener sexo con él había sido gratificante y placentero como nunca antes lo había sido para mí. La mañana llegó y me desperté lentamente. Parpadeé varias veces antes de abrir los ojos por completo. Me encontraba desnuda en mi cama, cubierta por una sábana y, aun así, me sentía muy cálida a pesar de ser invierno. Sentí un leve gruñido y un apretón a mi cintura. Fue entonces cuando recordé la noche de sexo con Richard. Sentí un beso en mi hombro y me estremecí. Pensé que se había marchado. Mi corazón comenzó a latir desenfrenado. No. No podía permitir que jugara con mis ilusiones ni sentimientos. No podía permitir que jugara conmigo. Nunca.
-Buenos días, Amy. –habló perezosamente mientras me apretaba contra su cálido y tonificado desnudo cuerpo y dejaba otro cariñoso beso en mi hombro.
-Buenos días, Richard. –dije sin moverme.
-Es la primera vez que duermo tan bien. –rió levemente– Eres muy cálida, ¿sabes?
-Tú también. Es la primera vez que duermo así con alguien. –me mordí el labio por haber hablado más de la cuenta. Él apoyó su brazo en la almohada para sujetar su cabeza y mirarme por encima de mi hombro mientras que con la otra mano me volvía a apretar contra su cuerpo.
-Me gustas, Amy. Me gustas mucho. –dijo fuerte y claro– No sé qué te ha pasado en el pasado, pero quiero que me dejes estar a tu lado y que me dejes entrar a tu corazón. Quiero demostrarte que… –lo interrumpí.
-Richard, no confío en nadie. Ya lo sabes.
-Lo sé, pero yo no soy como quien quiera que sea la persona que te haya hecho daño. Soy lo que ves, Amy. Nos conocemos desde hace siete meses. Si fuera de otra forma, ya lo habrías descubierto. Nadie puede fingir por tanto tiempo ser alguien que no es. No escondo segundas intenciones. Me gustas y no sólo por tu físico. Me gusta mucho tu forma de ser. Eres asombrosa. –mi corazón volvió a latir con fuerza– Eres la persona más maravillosa que jamás haya conocido y me gustaría que me dieras la oportunidad de estar contigo. –me volteé y lo enfrenté, viéndolo a los ojos con miedo– Sé que tienes miedo, pero prometo no hacerte daño.
-Todos prometen no hacer daño y después es lo primero que hacen.
-Amy… –me robó un beso– No soy como los demás. –me sonrió– Dame una oportunidad y te juro por todos los dioses que no voy a desaprovecharla. –habló con determinación– Te lo prometo. –tomó mi mano y la puso en su pecho, a la altura de su corazón, para que lo sintiera latir con fuerza.
-Sí. –susurré y él sonrió ampliamente.
-¡Te quiero! –se lanzó sobre mí y me besó con todas sus ganas, dejándome sin aliento.
Nos levantamos y desayunamos. Teníamos que recuperar las fuerzas que habíamos gastado durante toda la madrugada. Mientras desayunábamos, tomó su teléfono móvil y después de unos minutos, lo dejó a un lado, sonriendo ampliamente. No sabía si era una buena idea lo que había hecho. En este tiempo que habíamos trabajado juntos, siempre fue muy amable conmigo y nunca se propasó conmigo. Nunca. Podría decirse que había sido el único en el trabajo que no intentó nunca nada conmigo, salvo ayer. ¿Y si acababa de decirle a sus amigos y compañeros que por fin me había llevado a la cama? O peor aún, ¿y si tomó una foto mía desnuda y la enseñó a todos? Mi cara se descompuso y él lo notó. Iba a decirme algo, pero el timbre de la puerta sonó. Me levanté rápidamente y abrí. Me sorprendí al ver a un repartidor con un ramo de tulipanes de tres colores: rojo, azul y naranja. Firmé el albarán de entrega y tomé el ramo entre mis manos. Venía con una nota. Entré a la sala donde Richard me estaba esperando y alzó una ceja. Dejé el ramo a un lado y tomé la nota para abrirla y leerla.
“Te ofrezco mi lealtad y amor. Te prometo sólo alegría y nada de tristeza.
Eternamente seré tuyo,
Richard”
Alcé mi cabeza rápidamente y lo miré sin poderlo creer. Él se acercó a mí tímidamente y me dio un casto beso que no pude corresponder porque aún me encontraba en shock.
-Espero que te gusten, Amy. Las acabo de encargar a la floristería de aquí abajo. –me enseñó el móvil– No esperaba que fueran tan rápidos entregándolas. –rió levemente– Pero me alegro, porque ver tu preciosa carita al recibirlo ha sido lo mejor.
-Pero… pero… ¿cómo? –no podía articular palabra.
-Ya te dije que voy en serio contigo. No eres un juego para mí. Realmente me gustas. –acarició mi mejilla– Voy a ir a darme una ducha. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo? ¿Tendrías una cita conmigo? –me dijo mientras se dirigía a la puerta– ¿Amy?
-Sí, sí, claro… –me acerqué a él– Gracias, Richard. –le di un tierno beso– El ramo es hermoso.
-Tú lo eres más. –me dijo y me sonrojé– Ahora vuelvo. –asentí y lo vi marchar.
Me apoyé en la puerta durante unos instantes con una estúpida sonrisa. No podía creer que hubiera vuelto a caer ante alguien. Suspiré. Iba a ir a darme yo también una rápida ducha, pero el timbre sonó, haciéndome dar un sobresalto del susto. Sonreí en automático. Seguro que se le había olvidado algo. Abrí la puerta y mi sonrisa murió en mis labios al encontrarme a esa persona frente a mí.
-Hola Amy. Por fin te encuentro.
-A… Adam…Empieza a escribir aquí...